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domingo, diciembre 09, 2018

Juan Antonio Muñoz: "He tratado de descubrir el misterio de estos artistas"

El Mercurio

El destacado periodista cultural y crítico de ópera de "El Mercurio" presentará este jueves al mediodía -en el Municipal de Santiago y con el apoyo de la Fundación Ibáñez Atkinson- una recopilación de su elogiado trabajo en este diario: el volumen "Conversaciones con la música". 

Maureen Lennon Zaninovic

"¿Merecía escribirse este libro que el lector tiene en sus manos? Este prologuista piensa categóricamente que sí, pero el autor fue renuente a hacerlo por varios años".

Son palabras de Francisco José Folch, reconocido melómano y crítico de ópera de este diario, que se leen en el prólogo de "Conversaciones con la música", de Juan Antonio Muñoz. El volumen -publicado por Ediciones El Mercurio con el apoyo de la Fundación Ibáñez Atkinson- será lanzado este jueves, al mediodía, en el Municipal de Santiago por el propio Muñoz (editor de Vidactual, crítico de ópera de este periódico y autor de numerosos títulos, entre otros de "Un siglo en la escena"), con el apoyo de dos destacados presentadores vinculados al quehacer artístico: la pianista Erika Vöhringer y Gonzalo Saavedra, profesor de la Facultad de Comunicaciones de la UC y crítico de música.

Folch añade que en 2014, el también corresponsal en Chile de la Revista Ópera Actual (España), cedió a la evidencia de que este material no debía permanecer disperso y accesible solo a ocasionales investigadores especializados y, finalmente, accedió a que se publicara en un volumen que incluye una selección de sus entrevistas publicadas en este suplemento y en otras secciones de "El Mercurio", cubriendo más de tres décadas de carrera. "¿Qué se encontrará en la páginas que siguen? Desde luego, una constelación de astros y estrellas de la música que genéricamente llamamos clásica -cantantes, solistas instrumentales, directores de orquesta, compositores-. Varios de ellos son de primera magnitud, cuyos nombres conoce todo aficionado, ya sean del pasado no lejano -Birgit Nilsson, Elisabeth Schwarzkopf, Sergiu Celibidache, Alicia de Larrocha, Itzhak Perlman, entre otros- o del más activo presente- como Anna Netrebko, Simon Rattle, Jonas Kaufmann, Diana Damrau-. Otros son nombres que atesoran los conocedores y no siempre encuentran cauce para expresarse en la bibliografía", escribe el prologuista.

Juan Antonio Muñoz reconoce a "Artes y Letras" que Francisco José Folch fue el gran impulsor del libro. "Yo era bien renuente, sobre todo por el trabajo que significaba. Finalmente, me convenció de que este material había que reunirlo en un solo texto, para que quedara como un libro de consulta y referencia para los lectores", dice, y agrega que la edición resultó un desafío porque solo se incluyeron 70 entrevistas de un corpus infinitamente mayor. "Están entrevistadas personalidades que son absolutamente claves en la música de los siglos XX y XXI, tanto en la interpretación como en la creación. Al releer estas conversaciones resulta increíble, que un diario como este, que se imprime en un país más bien alejado de los grandes centros musicales del mundo, tuviera acceso a estos creadores". Muñoz se explaya en el contenido del libro y dice que todas las entrevistas revelan "la pasión de estos artistas, su necesidad de hacer música y de hacerse música. Todas estas personalidades son fabulosas y a través de estas conversaciones he tratado de descubrir cuál es su misterio, qué los mueve a explorar el alma para ofrecer su arte".

Cartas a Nilsson

El editor de Vidactual advierte que suprimió algunos aspectos de las entrevistas originales y que remitían a un contexto particular, como por ejemplo el programa de un concierto en Santiago. "Esos elementos vinculados a la contingencia no son un aporte para el espíritu del libro, por eso no los incluí; pero en muchos otros casos las entrevistas fueron ampliadas con material que tenía guardado y que, por espacio, no alcanzaron a publicarse en una primera instancia. La gran mayoría de las conversaciones se dieron en vivo, de forma presencial, pero hay otras -como en el caso de la soprano sueca Birgit Nilsson- que fue por carta. Cartas iban y volvían. A ella le parecía impresionante que una persona, desde tan lejos, estuviera interesada en su trabajo y que incluso quisiera venir a Suecia a entrevistarla. Esa inolvidable conversación, acompañada de una carta manuscrita, se publicó en 'Artes y Letras'", adelanta Juan Antonio Muñoz.

Para un periodista, sacar lo mejor de un entrevistado no es siempre una tarea fácil. "La soprano Anna Netrebko, por ejemplo, siempre pone una distancia, no se entrega. Elisabeth Schwarzkopf, Sergiu Celibidache, Alicia de Larrocha, Sylvia Sass, Diana Damrau, Jonas Kaufmann y Pierre Boulez sí fueron un encanto y grandes entrevistados. Con la adorable pianista Alicia de Larrocha tuve una conversación fantástica y me confesó que le fascinaba cantar y, en especial, las arias de las óperas de Wagner. Me relató, además, sus vínculos familiares con Granados. La entrevista a la cantante británica Emma Kirkby resultó sumamente significativa, sobre todo por sus consideraciones sobre el silencio. De otra destacada intérprete de música antigua, Evelyn Tubb, rescato sus reflexiones en torno a la palabra y el alma. También considero muy valiosas las entrevistas al tenor Jonas Kaufmann y a la soprano húngara Sylvia Sass, dos de los artistas vivos que más han aportado a mi alma. Rara vez ocurre que uno entra en una comunicación profunda con el entrevistado y eso me pasó con Sylvia Sass, a quien conocí por primera vez en 1984 y con la que mantengo una amistad que continúa hasta el día de hoy. Destaco de Sylvia su entrega. Ella me dijo una frase preciosa: 'Cuando canto, debo sentirme como un sacerdote al servicio de la misa'. Su devoción por el trabajo es total".

De Jonas Kaufmann -considerado una de las más grandes voces de todos los tiempos- comenta que se trata de un artista "fuera de lo común, en términos de espectro de repertorio y sensibilidad, además de un liederista de estatura histórica. En el mundo del Lied , Kaufmann emite un canto desde lo profundo. Son raras las veces que el público cae en trance y eso lo he visto en los recitales de este cantante. Sus conciertos, con un control absoluto de lo emotivo que él dosifica y administra con devoción, son verdaderas peregrinaciones a un templo. Lo que él logra, es propio de grandes artistas".

El crítico de "El Mercurio" añade que, sin duda, la pasión y sus gustos personales se cuelan en las páginas de este volumen. "Algunos pueden enloquecer con las composiciones del músico polaco Witold Lutoslawski. A mí, en cambio, me fascina la obra de Claude Debussy y de Claudio Monteverdi. Cuando quiero estar en paz, vuelvo a Monteverdi", revela.

De las conversaciones con artistas fallecidos, Juan Antonio Muñoz cita al tenor español Alfredo Kraus (1927-1999) y a la soprano Elisabeth Schwarzkopf (1915-2006). "Esta última me reveló, de manera impactante, que nunca estuvo satisfecha con sus presentaciones, que siempre podría haberlo hecho mejor y que nunca fue suficientemente buena. ¡Increíble! Sobre todo que lo diga ella que fue un modelo de un canto sofisticado y preciso. La entrevista a Alfredo Kraus resultó políticamente incorrecta. Él declaró que no había que hacer música para las masas, sino más bien para una élite de entendidos, para que luego la masa se eleve y crezca. Él fue muy crítico del fenómeno de marketing de los tres tenores. El director de orquesta rumano Sergiu Celibidache, fallecido en 1996, me dio una entrevista muy divertida donde confesó que no le gusta la ópera y si le daban a elegir entre 'Tristán e Isolda', de Wagner y la cárcel, él preferiría los barrotes".

También se explaya en la conversación con la legendaria soprano chilena Claudia Parada, quien partió a fines de 2016. "No solo abrió caminos, sino que también abordó un repertorio insólito, que muy pocos conocen. Uno asocia a Claudia Parada a Donizetti, a Verdi y a la Scala de Milán; pero ella también cantó 'Peter Grimes', de Britten; cantó 'Salomé', de Richard Strauss en su versión original, en francés; cantó 'Wozzeck', de Alban Berg y fue escogida por Gian Carlo Menotti para interpretar su ópera 'La médium'. No estamos hablando de una artista cualquiera".

Juan Antonio Muñoz confía en que "Conversaciones con la música" resulte un aporte para los jóvenes, en especial para los estudiantes del conservatorio. "Las entrevistas son muy valiosas para conocer las experiencias de vida, los consejos y la fortaleza que supone llevar adelante una carrera. Los entrevistados revelan sus exigencias y los esfuerzos para no dejar trunca una carrera artística".

Encuentro con los Amenábar

Exalumno del Colegio San Ignacio (El Bosque), el periodista titulado de la UC agradece la formación que recibió en sus primeros años estudiantiles. "A mi profesor Gilberto Ponce le debo mucho. Fui parte del coro del colegio que él dirigió y, siendo muy pequeño -en Quinto Básico- cantamos la Pasión Según San Mateo de Bach, junto a la Orquesta Sinfónica. También me ha marcado profundamente conocer a mi mujer, la soprano Magdalena Amenábar, y a través de ella, a mi suegro: el fallecido compositor Juan Amenábar (considerado un pilar en el desarrollo de la música electroacústica). Entrar a la casa de los Amenábar me abrió un mundo insospechado. Juan fue un artista de lujo, inteligentísimo, culto y abierto de mente. Escuchar con él las canciones de Liszt fue todo un aprendizaje", revela el autor de "Conversaciones con la música".

El primer concierto de música clásica al que asistió, dejó en él una huella imborrable. "Fue en 1972, en pleno gobierno de la UP. Me llevó mi cuñado al Museo de Bellas Artes. Yo era un niño y en la presentación había mucho público universitario. Dirigió Juan Pablo Izquierdo, quien en ese momento era una verdadera estrella de la música en nuestro país. La atmósfera fue irrepetible. A la salida, nos encontramos con un paro de la locomoción colectiva, así que nos devolvimos hasta la casa caminando. Fue muy especial", rememora.

-¿Qué le parece el marketing que hoy está presente en los cantantes, intérpretes y directores de orquesta?

"No me parece malo, siempre que no signifique perder lo fundamental. Lamentablemente, el marketing está diluyendo lo importante y el público más masivo difícilmente va más allá del primer impacto que genera. Es fácil quedarse en la superficie y, además, es fácil para los intérpretes buscar ese brillo superficial. Sin duda muchos músicos hoy consiguen reconocimiento masivo, pero pierden el alma, el misterio, el apelar a su interior. Todo eso se pierde con tanta parafernalia. Muchos pianistas orientales ofrecen un virtuosismo sorprendente. ¿Pero qué queda después de todo eso?".

-¿A qué artistas de las nuevas generaciones admira?

"El contratenor polaco Jakub Józef Orlinski es un artista de primer nivel. También tengo muchas esperanzas puestas en la mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa, quien acaba de encarnar a Adalgisa en el Teatro Colón de Buenos Aires. En Chile tenemos una estrella. Me refiero al director de orquesta Paolo Bortolameolli (protagonizará la Gala El Mercurio 2019, en el Municipal de Santiago). Para mí es un crack de la música clásica, por la lucidez y la pasión con que conduce. Herbert von Karajan fue lúcido e inteligente, Leonard Bernstein, en tanto, fue pura pasión. Paolo tiene una mezcla perfecta entre la lucidez y la pasión desatada".

domingo, abril 08, 2012

Música de la Pasión: el Calvario en viaje hacia Bach


 
El Mercurio

Tal como la liturgia transforma la crudeza de la Pasión de Cristo en un sagrario abstracto, la música evolucionó desde las representaciones dramáticas de la Edad Media y el Renacimiento para alcanzar en Johann Sebastian Bach una cima estética, expresiva y religiosa.

Juan Antonio Muñoz H.

Los comentarios del coro griego sobre la suerte de Hécuba y sus hijos. Los gritos de la turba pidiendo la vida de Jesús y el rescate de Barrabás. Eurípides y Bach unidos por la pasión del dolor puesta en escena, vuelta a representar. Sin duda, todo lo dicho y hecho por Cristo -desde la Concepción en Nazaret a la Vía Dolorosa y la Resurrección- puede trasladarse de inmediato a la esfera del arte y "allí realizarse completamente", como escribe Oscar Wilde en "De Profundis".

Bien temprano la humanidad cristiana comprendió el significado de la Pasión, y la transformó en un santuario cuyas imágenes sirven como correlato de la existencia particular. Cada hombre y mujer vivirá en sí mismo ese camino, incluidos el gozo de Belén, los años de anonimato, la vida pública y el misterio de la muerte.
Pronto a eso se iba a unir la música

Apuntan a Gregorio Nazianzeno (siglo IV) como responsable de dar a la Pasión forma dramática y musical, adaptando los diálogos de la tradición griega a recitativos cantados e incorporando coros. Existe un antiguo canto llano titulado "Cantus Passionis", de data ignota, preservado gracias a una versión publicada por el Papa Sixto V en 1586. También la antigua liturgia bizantina tiene un extenso número de obras para la celebración de Semana Santa, que impresionan por la teología incorporada; uno de los números más destacados es el canto de maitines del sábado, cuando se medita sobre el misterio de Cristo adormecido en la tumba. Es una suerte de nueva Anunciación, con el ángel visitando otra vez a la Théotokos (Madre de Dios) para anticiparle el triunfo de la Resurrección. Se trata de "Inna-I-Malak": "Alégrate, te lo digo, alégrate. Tu Hijo ha resucitado el tercer día. Resplandece, nueva Jerusalén, pues la gloria del Señor se eleva sobre ti. Y tú, Madre Inmaculada, alégrate en la Resurrección de tu Hijo" (escuchar a la hermana Marie Keyrouz cantando esto es una experiencia inolvidable. Sello Harmonia Mundi).

¿A quién buscáis?


Dicen que cuando San Francisco de Asís se consagró al servicio de Dios, partió cantando por los caminos.
También Martín Lutero defendería a ultranza el poder de la música y del canto: "De entre los dones más bellos y amados de Dios, uno es la música. Satanás es enemigo de ella porque borra las tentaciones y los malos pensamientos", comenta en "Conversaciones de sobremesa".

Pero mucho antes, en el siglo VIII al menos, el rito de la música era parte del altar y se ofrecía entremezclado con elementos teatrales destinados a impactar a los fieles. Para la celebración de Pascua, por ejemplo, el drama litúrgico era solemne e infaltable. Un cantor se situaba en el ara para encarnar al Ángel de la Resurrección; allí acogía a otros tres cantores, que tendrían la misión de asumir la parte de las mujeres visitadas. Preguntaba el ángel: "¿A quién buscáis?". Y ellas-cantores respondían: "A Jesús el Nazareno", mientras daban vueltas, sin resultado. Más tarde seguía "¡Aleluya! ¡Ha resucitado!". Así era el "Quem Quaeritis".

Alfred Colling, en su "Historia de la música cristiana" (Andorra, 1958), señala que el nacimiento del teatro litúrgico al interior del templo no tiene por qué escandalizar, "pues la misa es el drama divino por excelencia".

Y si se repasa, aunque sea mentalmente, el tránsito de Cristo desde la Última Cena con su venta por uno de sus amigos, la angustia del huerto, el beso traidor, el triple canto del gallo, la exposición ante el pueblo y el epílogo sangriento, con la inocencia coronada de espinas y clavada al madero, no queda más que aceptar que todos los elementos teatrales posibles laten en la Pasión: un sagrario en crudo, nada abstracto.
Wilde observa esto desde el punto de vista del arte y, sobrepasado por la sugestión y el estremecimiento, agradece que el oficio supremo de la Iglesia sea poner en escena esta tragedia, pero sin derramamiento de sangre.

Misterios en la calle


El drama litúrgico -cuya gran novedad y mérito fue devolver a los personajes de la Biblia una existencia humana- se liberaría pronto del altar de los sacrificios, del oficio, para pasar a ser semilitúrgico. Allí, las posibilidades "dramáticas" serían mayores y bastante más imaginativas. Los dramas "de milagro" darían paso luego a la representación de los "misterios", que tenían su acento más puesto en la teatralidad y en los que la música era un elemento extra, a veces independiente de los textos. Y aquí, otra vez, un misterio dominó sobre el resto: la Pasión, con el santo temor de Dios presidiendo la tarde en que se rasga el velo del templo y con el pueblo en las calles, teas en mano, siguiendo la representación.

Ni siquiera el Giotto florentino pudo sustraerse al atractivo de tales escenas. Sus episodios en fresco, con la pátina implacable del tiempo nublando la atmósfera, parecen imágenes de teatro callejero. Fue también en el Renacimiento cuando cristalizó en el arte la imagen de María Magdalena como la pecadora arrepentida. Fueron muchas las obras musicales dedicadas, especialmente en los años del primer Barroco; una de las más importantes es "Maddalena alla croce", de Frescobaldi, con frases inflamadas como "jamás las Indias o la Atlántida produjeron oro o perlas más sublimes que las lágrimas que salían de sus bellos ojos, o que el oro de su cabellera ondulante". Su extensión a la pintura es indesmentible al observar los cientos de obras dedicadas al "Noli me tangere", "No me toquéis" (San Juan), palabras de Jesús a Magdalena después de resucitar y volverse ella a Él y llamarle "Maestro".

Es probable que el Giotto, espectador en alguna callejuela sobre el Arno, también accediera a alguna repetición del antiguo lauda "Il Pianto della Vergine", de Iacopone da Todi, a quien se indica como creador del texto del "Stabat Mater", y que presenciara el nacimiento de las sacra rappresentazione , cantadas de principio a fin, con carros alegóricos que simulaban las escenas bíblicas respectivas.

Camino a Leipzig-Emaús


El modelo antiguo de la Pasión consideraba fragmentos de cada uno de los evangelios, mezclándolos en la narración. Desde Lutero en adelante, cada Pasión sería liderada por su evangelista.

"¿Me podré salvar?", se preguntaba Lutero. La respuesta no tardó en llegar y vino junto con el poder de la música y de la palabra, que consideraba indivisibles. "Una sólida fortaleza es mi Dios", compuso, y así selló el compromiso definitivo de su reforma con la música; el canto en comunidad, en lengua alemana, sería parte del servicio religioso. Santo Tomás de Leipzig tendría mucho que decir.

El modelo protestante de la Pasión fue el de Johannes Walter, quien jamás se apartó del oficio divino. Fue en la Alemania de los siglos XVI a XVIII donde el género Pasión (si se puede llamar así) se asentó en la forma que hoy conocemos, con números corales y meditaciones piadosas en la forma de arias. Así por lo menos son las obras de Heinrich Schütz, alumno de Giovanni Gabrielli, uno de los principales precursores del Barroco italiano, quien antes de morir le dio en herencia su anillo, señalándolo como continuador de su mensaje musical.

La Pasión, en sus manos, tuvo una dimensión distinta como obra musical. Schütz murió un 6 de noviembre de 1672, indicando con su dedo que Jesús vivía en su corazón.

Schütz se había también limitado al texto evangélico, incorporando un Narrador por influencia de Carissimi y de los maestros italianos. Luego, Neumeister y los suyos amplificaron el sentido de la música dentro de la liturgia y lo liberaron de sus pautas estrictas. Fueron ellos los que incorporaron definitivamente los corales, que no pertenecen a la narración de los evangelios.

En 1723, Johann Sebastian Bach fue nombrado cantor de la Iglesia Santo Tomás de Leipzig. Su obra es una suerte de coronación de toda la música precedente; una cima técnica y a la vez expresiva. La primera de sus Pasiones que llegara hasta nosotros (San Juan) data del mismo año en que asumió su cargo.

En la calzada hacia Emaús, el gran objetivo era re-conocer al peregrino. O darlo a conocer, anunciarlo. Las instancias recorrieron desde las imágenes más dramáticas hasta la contemplación. Y en el viaje sucede con Cristo lo que con el arte: uno cambia en su presencia. "Al menos una vez en su vida cada hombre camina con Cristo hacia Emaús", escribe Wilde.

Bach lo reconoció a tiempo, ya que el inmenso oratorio que es cada una de sus pasiones -incluso en su dramatismo- conserva la intimidad del que descubre que el sufrimiento es medio para concebir lo bello. Así su Pasión - su música- actúa como gracia.

En una punta del camino, el coro griego. En el otro extremo, la turba de Bach pidiendo a Barrabás (Pasión según San Mateo). La pasión de los hombres y la Pasión del Hijo del Hombre. El cáliz, puesto en drama, derramado en las calles medievales. Finalmente, en Leipzig, el regreso al sagrario abstracto, con el drama contenido en la música y en la voz, sin escena: Jesús reconocido en Emaús, sin derramamiento de sangre. Transfigurado.