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viernes, noviembre 18, 2022

“Espacios resonantes”: Festival de arte sonoro desafía a escuchar la arquitectura

 


El Mercurio

Una copa de agua y un estanque en Recoleta serán escenario de conciertos e instalaciones.

IÑIGO DÍAZ

En su investigación acerca de lo que llaman “arquitectura oral”, los arquitectos y artistas sonoros Mathias Klenner y Sofía Balbontín han recorrido diversos lugares donde existe una infraestructura industrial abandonada capaz de producir una u otra resonancia: una torre de control aéreo de la Guerra Fría en Alemania, un estanque de almacenamiento de petróleo de la Segunda Guerra Mundial en Escocia, un depósito para inundaciones en España.


Klenner y Balbontín son los impulsores del festival de arte sonoro “Espacios resonantes”, en marcha en Santiago hasta el próximo 26 de noviembre. A su vez, es la etapa decisiva de ese estudio realizado en Europa.


“Espacios resonantes”, que tiene conferencias, talleres y exposiciones en el MAC Parque Forestal como la “Asamblea de la escucha”, conectará los hallazgos de la investigación con el público común (gratis, con inscripciones). Sobre todo, a los vecinos del barrio Quinta Bella de Recoleta, que por años han visto como parte de su propio paisaje la antigua copa de agua de 20 metros de altura y el estanque de 220 m2 enterrado a cinco metros de profundidad.


En esos espacios habitualmente inaccesibles, que son hitos del patrimonio industrial en Santiago norte, este sábado y el próximo habrá una serie de conciertos e instalaciones diseñadas para capturar y descifrar el sonido. “Buscamos reconocer la arquitectura desde la escucha, lo que es una incógnita. Por sus características como lugar en abandono, por su materialidad y la resonancia que genera, se transforma en un instrumento musical”, dice Balbontín. “Cuando un músico toque al interior de la copa o el estanque, estará haciendo un dúo con ese espacio. Eso es escuchar la arquitectura”, agrega Klenner.


Habrá presencia de artistas sonoros e investigadores internacionales, como Brandon Labelle (EE.UU.), Sandra Volny (Francia) o Alex Arteaga (España), quien presentará una instalación de video, texto y sonido. También los alemanes Mark Bain, cuyo concierto generará vibración de la arquitectura para crear la sensación de un terremoto, o el célebre Atom Heart con su obra de electrónica ambient “Texturen”, que va en busca de la resonancia más acentuada en el estanque de agua.


Desde luego el programa incluye creadores chilenos, como el compositor Sebastián Jatz y su celebrada obra performática “El sueño del conde”, y el saxofonista de free jazz Edén Carrasco, explorando las distintas resonancias del espacio a través de tubos conectados a su saxo. Programa y detalles, en Festival.EspaciosResonantes.com.


miércoles, mayo 29, 2019

Tres obras de teatro sonoro en escena


lunes, enero 23, 2017

La trilogía electroacústica de Alejandro Albornoz

El Mercurio

"Fluctuaciones" se titula la serie de discos publicados por el sello Pueblo Nuevo de este compositor e investigador.  

IÑIGO DÍAZ 

Ha sido un nombre en la revitalización de la música electroacústica desde 2004, con la puesta en marcha del festival Ai-Maako. Ha sido jurado del Concurso Latinoamericano de Composición Electroacústica y Electrónica Gustavo Becerra-Schmidt. Ha participado en encuentros como "Cruces sonoros" y en el concierto "Noche blanca", que dura diez horas y termina a las 9:00 de la mañana.

Pero hasta aquí el compositor, artista sonoro y visual e investigador Alejandro Albornoz (1971) no había terminado de estampar su nombre en una obra editorial. "Fluctuaciones" se titula una reciente serie de obras suyas de carácter acusmático (música compuesta por medios electroacústicos).

Son tres discos publicados en simultáneo por el netlabel Pueblo Nuevo y con libre descarga en su plataforma de internet, que Albornoz reunió de distintas épocas, y que terminó de procesar en Inglaterra. Allí se encuentra desde 2015, realizando un doctorado en la Universidad de Sheffield, donde estudia la voz humana, el lenguaje y la poesía en función de la música electroacústica.

"Mi trabajo tiene que ver con el tránsito que tiene la voz desde que es solo sonido hasta cuando se convierte en el soporte de un mensaje. La poesía, el texto recitado, siempre ha estado presente en la eletroacústica", señala Albornoz.

Los dos primeros volúmenes de "Fluctuaciones" consideran obras acusmáticas creadas en laboratorio durante el período 2004-15. Incluye piezas que Albornoz produjo en Sheffield, como "La lumière" y "Un regalito misterioso", dedicada a la fallecida artista cinética Matilde Pérez. "Lo veo como un recorrido autobiográfico. Estos discos son el cierre de un ciclo de creación que fue muy fluctuante, con cosas muy diversas a través del tiempo", dice el músico.

El tercer volumen, en tanto, lleva el subtítulo de "Live electronics". Incluye solo improvisaciones suyas con laptops, osciladores analógicos y circuitos reproductores de ruido, capturadas en directo en lugares como el Centro Cultural de España o Piso Tres. Una experiencia que vuelve a conectar a Albornoz con sus inicios en la música. "Comencé en la electrónica no académica. De adolescente, en los 80, con el grupo Arteknnia, editando casetes. Luego usé el alias de Mankacen y así hice dos discos con el sello Crisis Records. El desarrollo de las tecnologías y el lenguaje ha ido avanzando, hasta entrar ahora en una etapa nueva", completa.

viernes, agosto 26, 2016

MAC de Valdivia será un instrumento musical

El Mercurio

Mañana al mediodía se inaugura la obra del artista e ingeniero estadounidense Brett Van Aaslburg, invitado por la U. Austral.  

IÑIGO DÍAZ 
Se lo ha presentado como ingeniero, diseñador, artista, músico. Él prefiere autodenominarse "antroingeniero". "Fue un término que inventó un amigo y me identifiqué con él. Tiene que ver con la experiencia que genera en las personas una obra de arte. No hago cosas necesariamente bellas, ni arte para vender. Es un arte pensado para las personas y su interacción con la obra", dice el neoyorquino Brett van Aaslburg.

Activo esta semana en Valdivia con una serie de charlas y talleres organizados por la Facultad de Arquitectura y Artes de la U. Austral, a esta hora Van Aaslburg ultima los detalles de lo que será la rúbrica de su visita a Chile: una instalación sonora de características infraestructurales.

Mañana al mediodía se inaugura la muestra que pretende transformar al Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en un instrumento musical o en un emisor de sonidos inescuchados. Tal como en 2008 participó en el proyecto "Playing the Building", que consiguió convertir al Battery Maritime Building -antiguo terminal de ferry de Nueva York- en un instrumento, esta vez Brett van Aaslburg ha diseñado dispositivos para obtener sonidos del edificio valdiviano.

"Con David Byrne (impulsor del proyecto) trabajamos esa vez con un órgano de tubos que se vinculaba con el edificio. El diseño aquí es distinto. Trataremos de emular un videojuego y que la experiencia del público sea la de jugar", dice el artista, quien quedó sorprendido con el sonido factible de capturar en lo que allí llaman "las catacumbas".

"Los túneles y la bóveda del museo equivalen a una cámara de eco de 60 metros. Eso es muy raro de encontrar", dice. Junto a un equipo de estudiantes de la universidad, el artista fabricó una escultura sonora con acero y madera reciclada, que se conecta a una gran consola. Esta piloteará el movimiento de la escultura por las catacumbas.

"Cuando la gente maneje la consola podrá mover libremente la escultura por el espacio y así generar distintos tipos de sonidos, a partir del eco y la reverberancia", dice Van Aaslburg. "Porque la acústica del edificio es fundamental. Hay una atmósfera muy especial, con una luz siempre tenue, lo que permite tener una experiencia muy íntima. La audiencia aquí es parte de la instalación", concluye.

jueves, febrero 20, 2014

El progresivo ascenso de la poesía sonora en Chile

El Mercurio

La unión entre verso y sonido ha alcanzado visibilidad en compañía del arte sonoro. Hoy, un grupo de artistas lanza discos, improvisa y se presenta en festivales.

Victoria Ramírez M.

Es probable que lo primero que piense al leer "poesía sonora" sea en versos musicalizados. Sin embargo, este tipo de experimentación literaria va desde sonidos imposibles de decodificar hasta un complejo entramado de voces, efectos y ritmos. "Hay un trabajo más allá de las letras, tiene que ver con los ruidos, con la materialidad de las palabras", explica Felipe Cussen, poeta sonoro.

En este tipo de trabajo poético, el artista pone especial énfasis en la voz, en la entonación, el ritmo, los silencios y la música. En otras palabras: la poesía actúa conjuntamente a los recursos sonoros que pretenda desplegar el artista. "Es más el cómo suena que el cómo se dice", aclara Ana María Estrada, artista sonora y coautora del libro "Sonidos invisibles", una investigación acerca de los antecedentes del arte sonoro en Chile.
"Hay mucho escepticismo respecto a este tipo de experimentaciones, porque es un trabajo muy inquietante. No se sabe si es música o arte visual y se parece muy poco a la poesía como la entendemos tradicionalmente", aclara Martín Gubbins, también poeta sonoro.

El auge de la poesía sonora en la última década ha ido acompañado del también cada vez más recurrente arte sonoro. "Gracias al boom de este tipo de arte se están preocupando de la poesía sonora", apunta Cussen. Y Gubbins explica: "Es una disciplina hermana, porque explora la materialidad del sonido. Pero es diferente su vocación, ya que no tiene ningún propósito de cuestionar los límites de la poesía, sino más bien los del arte en general".

Creciente visibilidad

La poesía sonora tiene bastante tradición en países como Francia, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos y Brasil y su práctica en Chile es relativamente nueva. Sin embargo, existe un referente de antigua data. Como señala Gubbins, una pieza clave habría sido el "Canto VII" de Vicente Huidobro en "Altazor", poema que luego fue musicalizado por Patricio Wang de Quilapayún.

Tras ese hito, no se profundizó mucho más en lo que hoy llamamos poesía sonora, hasta que, hace unos diez años, progresivamente se empezó a visibilizar. Hoy, además de Cussen y Gubbins, también realizan poesía sonora Pía Sommer e Ivo Vidal, quien el año pasado lanzó un disco llamado "Trabajos para combatir la dislalia". En cuanto a los chilenos en el extranjero, están Martín Bakero en Francia, y Andrés Anwandter, en Inglaterra.

La poesía sonora se ha desarrollado en dos líneas: una más ligada a la intervención, a lo corporal; y otra que tiene que ver con el uso de la tecnología, que fue lo que atrapó a Cussen. Hoy el artista está desarrollando un proyecto Fondecyt sobre mezclar música electrónica y poesía y prepara un disco que espera lanzar pronto. Paralelamente pertenece a "La orquesta de poetas", una banda de cuatro músicos que escriben y realizan espectáculos de improvisación.

Por su parte, Martín Gubbins lanzará este año un tercer disco de poesía y asistirá, a fines de febrero, a las jornadas de poesía sonora de la feria del libro de la UNAM, en México, y en mayo, al London Poetry Festival para exponer sobre su trabajo.

sábado, enero 18, 2014

Lanzan primera revista sobre arte sonoro en Chile "Aural"

El Mercurio

Presentada ayer en el Centro Cultural Palacio La Moneda, "Aural" se convirtió en la primera experiencia de una revista chilena que busca analizar, reflexionar, reseñar investigaciones y realizar crítica de las prácticas contemporáneas del arte sonoro, disciplina que integra diversas áreas de la creación en torno al sonido como elemento central.

El primer número de "Aural" -brazo editorial del festival porteño de arte sonoro Tsonami- aborda el tema de "sonoridad y poder" a través de ensayos, crónicas y entrevistas encargados a artistas y escritores. La revista será presentada nuevamente mañana en Casa E (Lautaro Rosas 344, Cerro Alegre), en Valparaíso, a las 19:00 horas.

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