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domingo, mayo 12, 2024

Quilapayún: “Siempre hemos estado angustiados con la repetición”


 

El Mercurio


Próximos a cumplir 60 años de historia, el conjunto prepara un concierto inédito en su carrera, con el atractivo de un sonido inmersivo y una selección especial de su repertorio.

José Vásquez

Lo de romper esquemas no es nuevo para Quilapayún, figuras capitales dentro del movimiento de la Nueva Canción Chilena, asociados primero al folclor, por sus reconocibles ponchos negros, pero por contrapartida, siempre atentos a la vanguardia. Es por esto que Eduardo Carrasco, director de la banda, llama a no sorprenderse con que ellos vayan a realizar, este 18 de mayo en el Centro Cultural Ceina, un inédito concierto con sonido inmersivo, porque lo del conjunto y la tecnología es una historia ya de larga data.


“Siempre nos ha interesado hacer ese tipo de experimentos”, señala Carrasco, quien recuerda que en 2003 realizaron un show en vivo y en directo, con músicos en Chile y en Europa, gracias a una incipiente versión de una videoconferencia. “Fue un concierto donde algunos miembros de Quilapayún estaban en Francia y otros acá en Santiago, en el auditorio de la Torre Telefónica y, al final, lo que escuchaba la gente era la suma de los dos lugares. Fue muy bonito; de hecho, eso salió en las páginas de Tecnología de ‘El Mercurio'”, recuerda el músico, quien hace 21 años ya visualizaba las posibilidades que iba a ofrecer el futuro.


“Las proyecciones son asombrosas, muy pronto asistiremos a conciertos donde la orquesta estará tocando en Chile, el solista en Japón y otra parte en Nueva York”, declaraba el director del grupo entonces, en agosto de 2003 a este diario y hoy también postula algo similar, antes de su show con este sonido en 360 grados: “Desde el punto de vista puramente musical, es un recurso artístico importante y es probable que después se vuelva más común hacer este tipo de cosas”, señala Carrasco.


La idea surgió luego de que Sergio Stecher le presentara al grupo las posibilidades que ofrecía el sonido inmersivo. “Él, que hace sonido a casi todos los grandes espectáculos que se realizan en Chile, nos mostró su sala donde lo tenía instalado y quedamos en utilizarlo en un concierto cuando tuviéramos un teatro adecuado, porque no se puede hacer en cualquier parte”, destaca el músico sobre la particularidad de esta propuesta, que se caracteriza porque se podrá oír el concierto desde todos los sectores del recinto, es por eso que al show lo titularon: “P´aquí, p´acá, p´allá, payún”.


“Los parlantes no están solo al frente dirigidos al público, como habitualmente se hace en los conciertos. Aquí estarán alrededor de la sala, donde se podrá oír una voz que llega de atrás, otra de adelante, de al lado, todo en un sonido envolvente”, describe Carrasco, que dice que utilizarán esta tecnología, “sin que se transforme en una cosa artificiosa” y “aprovechándola como una especie de instrumento más”, señala. “Será como escuchar nuestra música habitual, pero de otra manera”, explica.


Para Quilapayún, este concierto nació con la idea de hacer un espectáculo “con las canciones más logradas en nuestra historia y no necesariamente las más populares”, plantea el músico que cuenta que hicieron un listado que se cerró en 20 temas, que serán los que interpretarán.


“Una característica nuestra es siempre estar haciendo cosas nuevas, entonces con un repertorio enorme, de unas 400 o 500 canciones, donde se encuentra una gran variedad de estilos, damos cuenta que siempre entendimos al grupo como una especie de taller de creatividad porque siempre hemos estado angustiados con la repetición”, explica Carrasco.


“Nos gusta experimentar, estar atentos a cosas nuevas, por eso el grupo es una cosa difícil de definir en lo musical, porque hemos hecho cuecas, cantatas, música clásica, hasta trap con Pablo Chill-E”, sostiene el director de la banda y reafirma su compromiso de “romper con la monotonía, salir de la repetición y buscar la renovación”, como objetivo invariable del conjunto a lo largo de estos casi 60 años de trayectoria.

domingo, junio 11, 2023

La canción protesta desafía a la ultraderecha en la mítica Grândola

Estravagarios, grupo formado por excomponentes históricos de Quilapayún, en su actuación de este viernes en Grândola. De Izquierda a derecha: Álvaro Pinto, Patricio Lisboa, Patricio Wang, Christian Goza, Rodolfo Parada, Renato Freyggang /MUNICIPIO DE GRÂNDOLA


 El Periódico.com

La localidad portuguesa, inspiradora del himno de la Revolución de los Claveles, ‘Grândola, vila morena’, de José Afonso, conserva muy viva su aura revolucionaria y organiza el Encontro da Canção de Protesto, que este fin de semana acogió conciertos y charlas con figuras como Estravagarios (miembros históricos de Quilapayún), Vitorino, A Garota Não, Bernardo Fuster y Luís Cília


Grândola es ese lugar de Europa donde, un caluroso sábado por la tarde, un centenar de vecinos se levantan del sofá para acudir a una charla sobre el papel de los cantautores en tiempos de las dictaduras latinoamericanas. Y donde la etiqueta de ‘canción protesta’ sigue tan o más viva que cuando, cinco décadas atrás, el trovador José Afonso dedicó a una batalladora institución local, la Sociedade Musical Fraternidade Operária Grândolense, la composición que, el 25 de abril de 1974, devendría himno popular de la Revolución de los Claveles, ‘Grândola, vila morena’.


Las credenciales imprimen carácter a esta localidad del Alentejo, a una hora de Lisboa, que luce no solo un aura simbólica: es aquí, en este municipio de consistorio comunista, donde cinco años atrás surgió el Encontro da Canção de Protesto, inspirado en el Encuentro que acogió La Habana en 1967 (germen de la Nueva Trova). Un ciclo de conciertos y actividades culturales, todas de acceso gratuito, con presupuesto público (ayuntamiento, Associação José Afonso y tres institutos lisboetas) que, muy a contracorriente, rechaza la noción de ‘festival’. “No es un evento festivo sino un espacio para la concienciación y la reflexión”, un lugar de encuentro de “artistas ajenos al entretenimiento, con una dimensión social”, explica José Abreu, el joven y entusiasta (30 años) representante municipal en el Observatório da Canção de Protesto, que en estos últimos años ha traído a figuras como Paco Ibáñez, Pi de la Serra y Maria del Mar Bonet.


Aquella primavera

Su sexta edición, este fin de semana, ha apuntado en buena parte a los trovadores en las dictaduras de España y Latinoamérica, ahora que se acerca a el 50º aniversario del asesinato de Víctor Jara (el 16 de septiembre). El pase del documental ‘El derecho de vivir en paz’, de la chilena Carmen Luz Parot, se sumó a una parrilla de actividades que no resultó oceánica, sino selecta y muy mimada, con conciertos, una exposición y sendas mesas redondas.


Actuó un grupo de leyenda, Estravagarios, veteranos de Quilapayún como son Rodolfo Parada y Patricio Wang, que recordaron “la ilusión y la esperanza” que les transmitió aquella primavera portuguesa de 1974. Fue paradójico, hizo notar Parada, que en aquel tiempo “unos militares derribaran una dictadura mientras otros levantaban otra”, deslizó comparando a Portugal y Chile. Estravagarios lucieron sus poderosas voces y sus minuciosas instrumentaciones, con guitarras, charango, flautas y percusiones, evocando tanto a Víctor Jara como a Violeta Parra, y citando la ‘Cantata de Santa María de Iquique’ (creada a partir de la matanza de un millar de obreros en una protesta en 1907), ‘La muralla’ y el himno de himnos ‘El pueblo unido jamás será vencido’.


Sentimiento fraternal

En cada butaca del Cine Granadeiro habían colocado un clavel. El Encontro cuida los detalles y propaga un ambiente de camaradería entre organizadores, creadores y público. Lo percibió Rodolfo Parada, yendo más allá si cabe, cuando en su mesa redonda (donde tomó parte el histórico cantautor portugués Luís Cília) señaló que en Grândola, “sin ser una capital, existe un sentimiento fuerte, solidario, fraternal, que nutre a todo aquel que la visita”. Otros dos veteranos ofrecieron conciertos, el portugués Vitorino y el gallego Miro Casabella (miembro, en los 60, de Voces Ceibes), así como una atractiva voz de nueva planta, A Garota Não, reflejo de que esta ‘canção protesta’ no es cosa de melancólicos provectos.


La plática sustanciosa la desató también Bernardo Fuster, que recordó cuando operaba como cantautor clandestino, en la órbita del FRAP, bajo el nombre de Pedro Faura (antes de unirse a Luis Mendo en Suburbano), y confesó que, escuchando a José Mário Branco, descubrió “que era posible hacer canción política con un nivel altísimo de calidad”. Tema de eterna discusión, este, ante el que José defiende la exigencia artística, si bien observa que, en ocasiones, “una canción sencilla, panfletaria, puede ser muy importante”.


Quizá sea el momento de crear algunas de ellas, nuevas y, si es posible, muy buenas, ahora que la extrema derecha no solo enseña las fauces a escala europea, sino que merodea por el Alentejo y el conjunto de Portugal, asentada en la marca Chega! (es decir, ‘basta’). “Nos preocupa la perspectiva nacional, que esto se contagie como un virus”, cavila José Abreu. Mientras llega, o no, un nuevo himno, el culto a José Afonso sigue resonando en estas calles y, con él, la melodía de “Grândola, vila morena, terra da fraternidade”.


Rodolfo Parada y Patricio Wang (de Estravagarios), con Luís Cília y Nuno Pacheco./MUNICIPIO DE GRÂNDOLA


martes, junio 14, 2022

Quilapayún trae de regreso a Murieta al Municipal de Santiago

 

Quilapayún en pleno ensayo, antes de su presentación en el Municipal de Santiago. Macarena Pérez

El Mercurio

La cantata “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta” se presentará este sábado en el teatro de Agustinas. “Hay una continuidad de nuestro legado”, dice Eduardo Carrasco, líder de este grupo.

Maureen Lennon Zaninovic

Basado en el episodio cuatro del libro “La Barcarola”, de Pablo Neruda, “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta” da cuenta de las dramáticas vicisitudes de un buscador de oro que llega hasta la costa de California, en EE.UU. La tragedia es ineludible: Teresa, la amada del protagonista, es quemada viva y finalmente el bandido Murieta termina asesinado y decapitado.


La fascinación del poeta de Parral hacia la época de la llamada “fiebre del oro” ha tenido varios hitos. En 1967, bajo la dirección de Pedro Orthous, el entonces Teatro Experimental de la Universidad de Chile estrenó un montaje con textos del Premio Nobel 1971 y música del compositor Sergio Ortega. Este último transformó este proyecto nerudiano en una ópera que se estrenó con gran éxito, en 1998, en el Municipal de Santiago (se volvió a repetir en 2003 y en el Festival de Savonlinna, en Finlandia). Veinticuatro años después, ahora es el turno del conjunto Quilapayún con una cantata que ya tuvo un elogiado debut en enero, en el marco del Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán.


Versión multimedia

“Lo nuestro es completamente distinto a la ópera”, explica Eduardo Carrasco, director de la agrupación que mostrará este trabajo el sábado, a las 20:00 horas, en el teatro de Agustinas (entradas desde $6.720). “En nuestra propuesta, los recitativos van en la línea de lo que hicimos en ‘La cantata Santa María' con instrumentos similares: guitarras, charangos, quenas, cellos, contrabajos y voces. También modifiqué y acorté algunos textos del original de Pablo Neruda y ordené para evitar reiteraciones”, dice Carrasco. El director de Quilapayún complementa que las canciones son “ilustraciones musicales. El diálogo amoroso entre Teresa y Murieta es muy bello. Hay momentos en que la música encarna a los personajes y al final habla la cabeza de Joaquín Murieta”, expresa.


Carrasco considera que el proceso de creación fue como un reencuentro con la estética de la Nueva Canción Chilena donde se dio un vínculo entre la música docta y la música popular. “A diferencia de la ‘La cantata Santa María', acá no están las armonías que creó Luis Advis, pero sí hay una continuidad y cierre de una época de nuestro legado”, agrega el músico.


En esta versión de “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta” la narración está a cargo del reconocido actor Francisco Melo y la dirección, de Mariana Muñoz. Esta comenta que en el verano la invitó Carmen Romero, directora ejecutiva de la Fundación Teatro a Mil, a sumarse a este proyecto liderado por la productora musical Macondo. “Acepté encantada, porque Quilapayún es un referente y parte de la banda sonora de mi vida, y también porque venía hace rato haciendo un cruce entre el teatro y la música. Dentro de esa experimentación me matriculé en un magíster de la UC y estudié la Nueva Canción Chilena, y en especial a este grupo”, explica.


Muñoz —quien además da vida a Teresa— agrega que la puesta en escena fue desafiante y, en particular, dar vida a la cabeza de Murieta. “Trabajamos con el ilustrador Pablo de la Fuente quien, además, tiene la herencia de toda esta gráfica propia de la Nueva Canción Chilena y es deudor del trabajo de los hermanos Larrea”, apunta. Con respecto a la cabeza, advierte que se diseñó un dibujo “que se va desmembrando. La cabeza habla en un efecto que podría parecer gore, pero sentimos que se logró transmitir una metáfora”, expresa. También aplaude el trabajo de la artista visual Gabriela Lazcano, quien estuvo a cargo de la animación. “Ella hizo que los dibujos tuvieran una secuencia asociada a la música y al dramatismo del relato”, explica la directora.


Mariana Muñoz señala que en este montaje hay una referencia a las legendarias carátulas de los vinilos de Quilapayún, y manifiesta que el texto es crudo, “pero, a la vez, es muy tierno, y eso me seduce muchísimo, como si fuera una contracara o contradicción. En las palabras de amor hay una ternura muy emotiva, sensible y hermosa”, cierra.


Para Eduardo Carrasco, en tanto, estamos ante una obra de gran actualidad. “Neruda hizo una crítica a la violencia muy inteligente. No la aborda de manera confrontacional, sino que nos muestra que la violencia conduce al desastre, a la tragedia, a un camino sin salida”, declara.


Aunque es solo una función en el Teatro Municipal de Santiago, Quilapayún decidió grabar esta pieza y se puede escuchar y descargar a través de distintas plataformas como Spotify y Itunes.


Imagen de la portada de la obra de teatro con textos de Neruda.



viernes, enero 01, 2021

El streaming fue latino y los conciertos, virtuales en un 2020 fracturado por la pandemia

 



El Mercurio

Bad Bunny hizo historia al alcanzar la cima de los rankings globales. Con él, la música en español lideró el planeta en un año que también fue de una gran crisis para la industria del espectáculo.

JOSÉ VÁSQUEZ


El año del conejo

Los número uno del 2020 tuvieron un denominador común: Bad Bunny. El puertorriqueño consiguió varios hitos durante una temporada en la que lanzó tres discos para multiplicar su dominio en las plataformas de streaming. “YHLQMDLG” en febrero, “Las que no iban a salir” en mayo y “El último tour del mundo” en noviembre pasado, solo llegaron a abultar sus registros que lo coronaron como el artista más escuchado en Spotify ––incluido Chile–– con más de 8.300 millones de reproducciones en estos 12 meses, un éxito arrollador que también llegó al tradicional ranking Billboard, donde con su último lanzamiento, por primera vez un álbum completamente cantado en español, se ubicó en el número uno.


Este 2021, Bad Bunny planea alejarse momentáneamente de la música para probar suerte en la actuación, donde ya tiene roles en la serie “Narcos” y en su debut en Hollywood junto a Brad Pitt en la película “Bullet Train”.


Taylor Swift, la gran diva pop del siglo XXI, nombrada la mujer de la década por Billboard en 2019, también sacudió sus propias marcas este año lanzando dos exitosos álbumes con menos de seis meses de diferencia, “Folklore” y el reciente “Evermore”, ambos llegando al número uno del tradicional listado estadounidense.


Los chilenos de la temporada


Los músicos locales contrarrestaron el turbulento 2020 de crisis, al no poder trabajar durante la pandemia, con éxitos internacionales y grandes lanzamientos. Mon Laferte volvió a ganar un Latin Grammy, convirtiéndose en la artista chilena más triunfadora en esta cita, con tres gramófonos ––superando a los dos que tenía La Ley––. La cantautora se impuso en la categoría de Mejor Canción de Rock con su sencillo “Biutiful”. Cami, en tanto, recibió una nominación al Grammy estadounidense en Mejor Álbum Latino de Rock o Alternativo por “Monstruo” y es la chilena más joven en llegar a esta premiación que se realizará el próximo 31 de enero.


Los mejores títulos nacionales fueron “Aló!” de Pedropiedra, una colección de canciones con varios temas sobresalientes como “Amar en silencio” y la homónima que le da el nombre al disco, su trabajo más equilibrado hasta la fecha; “MMXX” de Como Asesinar a Felipes, ganadores del Álbum del Año en los Premios Pulsar por su anterior entrega “Naturaleza muerta”; Ases Falsos con su entrega doble “Tacto”, y “Chocadito”; la atractiva propuesta de pop experimental de Rubio con su “Mango negro”, que completa su trilogía de lanzamientos de este 2020; la potente propuesta lírica a ritmo de folclore alternativo que presentó Paz Court con su disco “La fuerza” y el prometedor debut de Cancamusa con su “Cisne: Lado negro”.


Los shows online y la crisis


Este debía ser el año de Dua Lipa luego de su formidable “Future Nostalgia”, una gema pop y el primer gran lanzamiento en época de pandemia, que frustró la que también se proyectaba iba a ser una de las giras más atractivas de la temporada. Pero prácticamente no hubo conciertos en el mundo desde marzo, generando una gran crisis en la industria del espectáculo global, que aún mantiene la incertidumbre de su regreso. Desde entonces, todo se trasladó al streaming, iniciándose con hogareñas transmisiones a través de las redes sociales, hasta evolucionar a otros shows más elaborados con ventas de entradas. En general, las grandes estrellas globales se alejaron de este formato virtual con venta de boletos, para mantener el interés cuando puedan volver a salir de gira, pero la voz de “Physical” quiso igual mostrar algo de lo que tenía preparado, con un espectáculo especial, uno de los mejor logrados en estas características y que sirvió de anticipo, con muchas coreografías, a lo que podría montar cuando vuelva a los escenarios. La puesta marcó un récord de más de 5 millones de personas conectadas.


Hubo diversos resultados en el mundo, con llamativas presentaciones de Billie Eilish y Sam Smith, entre otros, que ofrecieron conciertos globales en línea.


En Chile destacaron por su factura el show virtual de 31 Minutos y la nueva versión de la “Cantata Santa María de Iquique”, realizada por Quilapayún, junto a una selección femenina integrada por Javiera Parra, Camila Moreno y María José Quintanilla, entre otras.


Viejas glorias, nuevos éxitos


Los nombres más clásicos de la música popular presentaron nuevo material con elogiosos resultados. Desde la entrega de un nuevo sencillo de los Rolling Stones en pandemia, “Living in a Ghost Town”, a los macizos álbumes de Bob Dylan, “Rough and Rowdy Ways”; Bruce Springsteen, “Letter to You”, y Paul McCartney, “McCartney III”, todos trabajos con una evaluación sobresaliente de la crítica, que los ubicó incluso como sus mejores discos del último tiempo y que sirvieron para continuar extendiendo su leyenda. Otra vieja institución del rock que regresó con la formación más original que le permite este momento ––con Brian Johnson incluido en el micrófono–– fue AC/DC con su “Power Up”.


En Memoria


Neil Peart,7 de enero.

Kenny Rogers,20 de marzo.

Luis Eduardo Aute,4 de abril.

Little Richard,9 de mayo.

Sergio Denis,15 de mayo.

Pau Donés,9 de junio.

Vera Lynn,18 de junio.

Ennio Morricone,6 de julio.

Rosario Bléfari,6 de julio.

Peter Green,25 de julio.

Trini Lopez,11 de agosto.

Toots Hibbert,12 de septiembre.

Juliette Gréco,23 de septiembre.

Helen Reddy,29 de septiembre.

Eddie Van Halen,6 de octubre.

Pepe Fuentes,5 de diciembre.

Armando Manzanero,28 de diciembre.


miércoles, noviembre 25, 2020

Ana Tijoux se suma a la versión femenina de la “Cantata Santa María de Iquique”

 



El Mercurio


La voz de “1977” también será parte del inédito proyecto de Quilapayún, que se emitirá por streaming el próximo 12 de diciembre.

José Vásquez


“Vino la pandemia y todo se fue al diablo”, sintetiza Eduardo Carrasco sobre los proyectos que junto a Quilapayún tenía programados para este 2020 con el plan de conmemorar los 50 años de la “Cantata Santa María de Iquique”. Pero con un camino cerrado por la contingencia sanitaria, de pronto se abrió toda una autopista completamente despejada para romper los esquemas de la tradición masculina del conjunto e invitar a cantar con ellos, de manera inédita, a un grupo de voces y referentes femeninos como las anteriormente anunciadas Javiera Parra, Camila Moreno, María José Quintanilla, Elizabeth Morris, Magdalena Matthey, Ema Pinto y Colombina Parra, y a quienes se les unirá ahora virtualmente, grabando su participación desde Francia, Ana Tijoux, señalada ayer por la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes de este año.


“Quisimos hacer algo nuevo e interesante, y no solo como una versión más actual, sino que fuera de acuerdo a los tiempos. Por eso se nos ocurrió tener la participación de mujeres, reconociendo con ello sus derechos y buscando un discurso de igualdad. La mujer se ha puesto en el centro de la sociedad y quisimos asumir esa realidad”, señala Carrasco sobre la línea editorial que engloba esta nueva versión.


“Anita tiene una voz muy dulce y se incorporará al elenco donde cada una va a cantar una parte solista”, cuenta el director musical de Quilapayún, sobre una dinámica donde las intérpretes tendrán la misma participación que los miembros del conjunto. “El protagonismo de la pieza estará repartido entre hombres y mujeres, quisimos hacerla con una sonoridad mixta respondiendo a la situación histórica que estamos viviendo. No cambiamos una sola coma de la música ni del texto. Se cantará tal como se cantó la primera vez”, anticipa.


Al igual como ocurrió en enero pasado, cuando iniciaron las celebraciones por los 50 años de la obra escrita por Luis Advis en el centro cultural Matucana 100, el actor Alfredo Castro estará a cargo de su relato tal como hace cinco décadas lo hiciera Héctor Duvauchelle. Además, la grabación, que se realizará en los días previos a su emisión del 12 de diciembre, será en un estudio de La Red. Las entradas están disponibles a través de Puntoticket.


“Vamos mujer”


María José Quintanilla señala que su relación con la obra comenzó desde niña, al cantarla junto a su padre cuando la iba a dejar al colegio. “Él me regaló el CD y hablábamos de la lucha de los obreros por sus derechos. Es una obra que conozco mucho y cuando me invitaron a participar sentí que mi viejo, en alguna parte de este universo, me estaba haciendo este regalo”, señala la también figura de Mega.


Esta versión lleva en su título la lectura “Vamos mujer”, que Colombina Parra valora como una “abertura”. “Los hombres están reconociendo que nacieron de una madre mujer y están dando pasos con gestos humildes como invitarnos a hacer algo que hace unos pocos años era impensable. Por más que gritáramos cantando, los oídos estaban sordos. Siento que es un paso gigante, porque no es cualquier banda, es Quilapayún que cede su espacio y nos pasa sus ‘ponchos'”, destaca.


Elizabeth Morris refrenda esta situación. “Esta es una señal que debería ser mucho más común, y es bonito que se haga con los Quila, que representan a una generación distinta, la de la Nueva Canción Chilena, donde todos los grupos eran masculinos”, plantea Morris, quien agrega: “Esto es muy potente y simbólico. Compartimos un escenario asociado a lo masculino, y el resultado es el de una complementación total que hace crecer la obra”.

jueves, octubre 10, 2019

Ismael Oddó rescata grabaciones de su padre y le rinde homenaje en concierto “Canciones con mi viejo”


Comunicado de prensa

7 de Noviembre - Teatro Nescafé de las Artes - 21 horas

Durante los años del exilio en Francia, Willy Oddó, músico y emblemático integrante del grupo Quilapayún, como muchos de sus compañeros, grababa cassettes. Como cartas para su familia en Chile, en fiestas y “canturreos” o, simplemente, solo cantando lo que era su repertorio personal y que  fundamentalmente se trataba de zambas argentinas y tangos. El año 2019, tras casi 30 años de la muerte de su padre, su hijo Ismael encontró y tomó ese archivo, mejoró los sonidos, sumó otros músicos e incorporó su voz y su guitarra. Ahora lo presenta como Canciones con mi viejo.

Octubre, Santiago 2019.- Ismael y Willy nunca coincidieron en vida en el oficio musical. Willy Oddó había sido músico desde niño. Tocaba en grupos folclóricos, estudiaba Ingeniería en la Universidad Técnica y cuando tenía 23 años, en 1967, se integró a Quilapayún. Con el grupo vivió más de veinte intensos años: cinco en Chile, hasta el Golpe Militar, y quince de exilio en París. Allá fue donde, en 1975, nació Ismael, su único hijo con Rayén Méndez, la  compañera de toda su vida.

Los tres regresaron a Argentina primero, y luego a Chile en 1989. Tres años después,  un también jueves 7 de noviembre (pero de 1991), Willy fue asesinado en una calle de Santiago. Ismael tenía 16 años. Tiempo después estudió composición, luego teatro, y el 2003 los compañeros de su padre en Quilapayún lo invitan a sumarse al conjunto, donde permanece hasta hoy.

Ismael también forjó una carrera solista de dos discos (Bando N°1 el 2011 y Ecce Homo, el 2015), que se multiplicó en muchos otros proyectos (Colectivo Cantata Rock, Las Últimas Composiciones de Violeta con Ángel y Javiera Parra, Maestro Juba, la colaboración permanente con Álvaro Henríquez, con Ana Tijoux, con Chancho en Piedra, el grupo Tikitiklip y varios otros).

En medio de eso tomó los cassettes de su papá, que conocía hacía mucho tiempo y seleccionó diez canciones. La mayoría son zambas argentinas, siete en total, que Willy cantaba regularmente desde los tiempos de la Peña de la Universidad Técnica en la década del ‘60. Una inédita musicalización del poema de Mario Benedetti “Porque cantamos” y dos tangos completan la lista. Uno de ellos es “Re-volver” - de Eduardo Carrasco y Desiderio Arenas- que cantaba con Quilapayún, y que narra la melancólica sensación del regreso al país después del exilio: “Volver con tanta espera sin abrir”.

Junto al ingeniero Jorge Fortune, Ismael también mejoró y restauró las canciones, que habían sido grabadas en radiocassettes, en un proceso largo y acucioso. A partir de esa base, puso su voz en algunas,  agregó su guitarra e invitó a experimentados músicos, como Raúl Céspedes, Danilo Donoso, Federico Faure, Ángela Acuña, Federico Terranova, Camilo Salinas y DJ Pizza. Con ellos grabó en los estudios del GAM y en  estudios Triana, y finalmente mezcló y masterizó nuevamente con Jorge Fortune.

Canciones con mi viejo no es su tercer disco solista, ni tampoco es el primer disco solista de Willy. Es, en rigor, el primero de ellos como un dúo, de padre e hijo, cantado en distintas épocas, pero en el mismo momento de sus vidas.

La grabación más “nueva” de Willy en el disco es “La zambita de San Rosendo”, que cantó en la fiesta de despedida que le dio Quilapayún en París, cuando partió a Argentina en marzo de 1988. Willy tenía entonces 44 años. La misma edad que hoy tiene Ismael.

Canciones con mi viejo los reúne en diez canciones. Por primera vez.

Ficha técnica Canciones con mi Viejo:
Ficha técnica Willy Oddó:
Willy Oddó: canto, guitarra.
Ismael Oddó: canto, guitarra, bombo, acordeón, armonías y arreglos.
Raúl Céspedes: 1era guitarra, tiple y arreglos vocales en “Zambita pa’ Don Rosendo”.
Federico Faure: contrabajo.
Danilo Donoso: bombo, toms y percusiones.
Angela Acuña: cello.
Camilo Salinas: composición y producción en “Lunita”
DJ Pizza José Dal Pozzo: tratamiento sonoro en “Revolver” y en “Lunita”
Matías Astudillo: mezcla en “Lunita”
Hernán Gómez: canto en “No te puedo olvidar”
Federico Terranova: violín en “Revolver”.
Eric Llaguno y Pedro Yáñez acompañan a Willy en “La Estrellera” y en “Niña Dormida” respectivamente.
Grabación por Gonzalo Rodriguez en Estudios GAM los días Martes 5
Miércoles 6, Viernes 8 de Junio, 19 y 20 de julio y 3 de Agosto de 2018.
Digitalización, restauración, edición de audios originales y analógicos por Jorge Fortune.
Grabación de overdubs, co-producción y mezcla por Jorge Fortune.
Asistencia de Simón Ibarra.
Co producción por Ismael Oddó y Jorge Fortune.


lunes, abril 29, 2019

Daniel Alcaíno se suma a especial show de Inti+Quila por una nueva justicia para Víctor Jara



José Vásquez
Espectáculos
El Mercurio

El espectáculo, una obra tan musical como teatral, tendrá al actor en el papel del cantautor, enfocado en su universo artístico y su extravertida personalidad, quitando el estereotipo político que marcó su figura tras su asesinato.



Se entusiasma y apunta el cielo blanco de la Galería Vala, en Providencia. Daniel Alcaíno se define más que un fanático de Víctor Jara, como un recopilador de sus historias, tanto desde el boca a boca como en un trabajo casi enciclopedista, escarbando en viejas entrevistas del cantautor para llegar hasta el pensamiento literal del dueño de "Te recuerdo Amanda".

El actor está junto a Eduardo Carrasco, uno de los fundadores de Quilapayún; Horacio Salinas, director musical de Inti Illimani Histórico, y Patricio Pimienta, en su rol de director de "A Víctor Jara justicia", las cabezas tras el espectáculo que traspasa el tributo musical y cuyo título busca llevar a una nueva dimensión precisamente la palabra "justicia", quitando el estereotipo político que carga su nombre tras su asesinato en 1973 y enfocándose en su dimensión artística y su extrovertida personalidad, que los músicos reunidos recuerdan en primera persona.

Alcaíno, sigue apasionado y dice que esos días, el 29 y 30 de junio en el Teatro Caupolicán, donde se realizará el show, espera invocar al mismo Víctor Jara para que lo posea y comienza a improvisar -"voy a inventar", advierte- sobre lo que imagina diría el cantautor si apareciera en el escenario impartiendo instrucciones a este ensamble de Inti+Quila, como si fueran dos fuerzas como el yin y el yang:

"Ustedes de blanco, ustedes de negro, como una montaña de roca, porque ustedes son duros, azuzan a la gente. Y ustedes de blanco, son agua y también desierto, ustedes golpean; ustedes acarician...", declama el actor y todos en la sala celebran su inspiración.

El espectáculo, dice Patricio Pimienta, busca rescatar el punto de vista más cotidiano del músico. "A eso queremos hacer justicia con esto", dice el director de un show que tendrá un hilo central concentrado en sus canciones interpretadas por ambos conjuntos con intervenciones de Alcaíno, quien personificará a Jara. "Queremos que la gente tenga acceso a este otro Víctor, al que los mismos músicos conocieron y la invitación a Daniel tiene que ver con eso, quien, además de ser un gran conocedor de su vida, tiene una energía que empatiza mucho con ese Víctor que yo visualizo, ese más inquieto, más palomilla".

Eduardo Carrasco dice que hay aspectos de la vida del artista que aún están escondidos para mucha gente, "detrás de una imagen demasiado, tal vez, politizada y con razón, por lo que él ha significado en toda esa época de lucha contra la dictadura y lo que fue su horrendo crimen; pero hay una justicia que hacerle también en el sentido de recuperar toda su amplitud".

Un multiartista

"En algún momento", recuerda Alcaíno cuando era un niño, "pronuncié el nombre de Víctor Jara y me hicieron bajar el volumen, yo creo que ahí nació mi interés por él", cuenta sobre una inquietud que siguió en la Universidad de Chile, donde estudió Teatro y su primer profesor fue Humberto Duvauchelle, quien trabajó en varias obras con el músico. "Siempre preguntaba por él y me transformé en un coleccionista de momentos, porque él fue muchas cosas: quiso ser contador, cura, se interesó por el canto gregoriano, entró al Teatro Municipal por los coros, fue mimo, actor, director, trabajó con Alejandro Sieveking y lo consagró como el gran dramaturgo que es. En fin, hay todo un mundo que la gente no conoce".

De alguna forma, señalan los músicos de ambas bandas, esta es la evolución natural de un espectáculo con el que comenzaron a tributar su figura desde 2003. "Después de un concierto que dimos el año pasado nos pareció que quedaban en el tintero muchas vivencias que nosotros mismos tuvimos con él, recuerdos y anécdotas que dijimos había que ilustrar de alguna manera", dice Salinas, quien conoció al músico a los 16 años en la Peña de los Parra, dada su destreza con la guitarra. "Nosotros trabajamos con él, tiramos la talla, jugamos a la pelota, hicimos asados, viajamos a Cartagena en micro, andábamos para arriba y para abajo. Era un tipo muy inquieto, cantaba en inglés los temas de Pete Seeger, miraba mucho a Nueva York, a Londres, estaba muy al tanto de todo, era una persona fascinante para quienes lo conocimos".

Carrasco recuerda que incluso participaron en un campeonato de baby fútbol con el "Pollo" Fuentes, el ídolo de la Nueva Ola, una figura diametralmente distinta a ellos en la esfera musical. "En esa época había una mayor comunicación entre distintos tipos de artistas", destaca enumerando anécdotas.

Todas estas experiencias buscan que se reflejen en un show que tiene el apoyo de la Fundación Víctor Jara, que proporcionó un importante material fotográfico el cual será revelado en las visuales de un espectáculo que planean llevar a ciudades como Concepción y Temuco y a Europa el próximo año.

Registro audiovisual
El espectáculo tendrá un making off con la producción del show, siguiendo el camino a su realización, un trabajo que planean termine como un documental.

sábado, marzo 16, 2019

Quilapayún con Inti Illimani Histórico realizan concierto en homenaje Víctor Jara

Comunicado de prensa

Los dos  grupos más reconocidos de la Nueva Canción Chilena realizarán el tributo “A Víctor Jara Justicia”, el que está dirigido por Patricio Pimienta.

Los días 28 y 29 de junio en el Teatro Caupolicán, se realizarán los dos espectáculos tributo a la figura de Víctor Jara. Los protagonistas serán Quilapayún e Inti Illimani Histórico, quienes a través de este homenaje expresarán su intención de justicia para el gran cantautor quien fue ejecutado durante el Golpe de Estado en 1973. Asimismo la intención de sus homologos radica en mostrar la esencia de Víctor desde una perspectiva humana tanto desde el ámbito musical como teatral así como un sinfín de vivencias durante su carrera artística.

“A Víctor Jara Justicia” es un concierto dirigido por el actor, guionista y director de teatro, Patricio Pimienta, quien escogió repertorio que refleja gran parte de la obra del cantautor chileno. Esta reunión de canto, memoria y justicia, será un show único realizado por dos de las agrupaciones más importantes de la música chilena y latinoamericana.

De acuerdo con lo expuesto por Horacio Salinas y Eduardo Carrasco "este espectáculo lo abordaremos pensando en Víctor como nuestro director artístico y musical", rescatando la mirada de Víctor Jara, su rigurosidad respecto a la puesta en escena, su sentido del humor, sus anécdotas y su creatividad la cual ocupa un gran compromiso hacia el arte.

Víctor Jara fue actor, director teatral, dramaturgo e investigador del folclore, que además, entre los años 1966 y 1969 ejerció como director artístico de Quilapayún. En el año 1966 grabó su primer disco, con el cual comenzó a dar cuenta de su gran talento y de composiciones llenas de poesía y fuerza, con las cuales se convirtió en uno de los máximos exponentes de la Nueva Canción Chilena, de fama y reconocimiento a nivel global hasta el día de hoy.


QUILAPAYÚN JUNTO A INTI-ILLIMANI HISTÓRICO REALIZARÁN CONCIERTO EN HONOR A VICTOR JARA

Los dos  grupos más reconocidos de la Nueva Canción Chilena realizarán el tributo “A Víctor Jara Justicia”, el que está dirigido por Patricio Pimienta.

Los días 28 y 29 de junio en el Teatro Caupolicán, se realizarán los dos espectáculos tributo a la figura de Víctor Jara. Los protagonistas serán Quilapayún e Inti Illimani Histórico, quienes a través de este homenaje expresarán su intención de justicia para el gran cantautor quien fue ejecutado durante el Golpe de Estado en 1973. Asimismo la intención de sus homologos radica en mostrar la esencia de Víctor desde una perspectiva humana tanto desde el ámbito musical como teatral así como un sinfín de vivencias durante su carrera artística.

“A Víctor Jara Justicia” es un concierto dirigido por el actor, guionista y director de teatro, Patricio Pimienta, quien escogió repertorio que refleja gran parte de la obra del cantautor chileno. Esta reunión de canto, memoria y justicia, será un show único realizado por dos de las agrupaciones más importantes de la música chilena y latinoamericana.

De acuerdo con lo expuesto por Horacio Salinas y Eduardo Carrasco "este espectáculo lo abordaremos pensando en Víctor como nuestro director artístico y musical", rescatando la mirada de Víctor Jara, su rigurosidad respecto a la puesta en escena, su sentido del humor, sus anécdotas y su creatividad la cual ocupa un gran compromiso hacia el arte.

Víctor Jara fue actor, director teatral, dramaturgo e investigador del folclore, que además, entre los años 1966 y 1969 ejerció como director artístico de Quilapayún. En el año 1966 grabó su primer disco, con el cual comenzó a dar cuenta de su gran talento y de composiciones llenas de poesía y fuerza, con las cuales se convirtió en uno de los máximos exponentes de la Nueva Canción Chilena, de fama y reconocimiento a nivel global hasta el día de hoy.

Quilapayún, en tanto, es un poderoso proyecto artístico que desde sus inicios estuvo comprometido con la política nacional. Sus creaciones musicales, con ritmos e instrumentos andinos, contienen potentes mensajes sobre la contingencia y contenidos latinoamericanistas. Luego del exilio, la agrupación continuó con su compromiso social con Chile y posteriormente vivió un proceso de renovación que los trajo de nuevo sobre los escenarios.

Por su parte, Inti Illimani Histórico es otro de los grupos emblema de la Nueva Canción Chilena de gran presencia y connotación. Actualmente, el conjunto que está liderado por Horacio Salinas, continúa entregando su música de raíz folclórica latinoamericana, donde además integran variados instrumentos de otros lugares del mundo.

El imperdible concierto “A Víctor Jara Justicia” se realizará los días viernes 28 y sábado 29 de junio, a las 20:30 horas en el Teatro Caupolicán. Entradas a la venta a través del sistema Ticketek. 

miércoles, octubre 24, 2018

Quilapayún presenta inédito concierto Sinfónico


Comunicado de prensa

La trascendental banda chilena realizará un concierto excepcional con una selección de temas orquestados nunca antes escuchados en el país en este formato.

La agrupación nacional Quilapayún, uno de los emblemas de la Nueva Canción Chilena, realizará un concierto sinfónico el próximo 2 de diciembre en el Teatro CorpArtes. En esta ocasión, interpretarán sus principales temas en conmovedoras versiones sólo para orquesta, algunas de ellas serán interpretadas en ese formato por primera vez en el país.

“Mi patria”, “Patria de multitudes”, “Entre morir y no morir”, “Dos sonetos”, “Los destacagados”, “Trompe” y “El pueblo unido” en su versión para piano y orquesta, son algunas de las canciones que la connotada banda tiene preparadas para el concierto.

Las obras que interpretarán en esta oportunidad, han sido trabajadas por el músico chileno Homero Letelier, quien ha sabido reproducir muy fielmente el espíritu y la estética característica de Quilapayún. Asimismo, la participación de la orquesta Nuevo Mundo, dirigida por Marcelo Vidal, asegura una presentación de la más alta calidad artística.

En el comienzo de su trayectoria, la agrupación realizó los primeros aportes de la Nueva Canción Chilena a la música sinfónica, debido a que sus canciones, por su carácter expresivo y sus valores musicales, son extraordinariamente apropiadas para llevarlas a la forma orquestal. Posteriormente, en el exilio, fueron memorables las interpretaciones de Quilapayún en este formato, como las que realizaron en la Segunda Cadena de Televisión de Francia, con orquestaciones de varias de sus canciones a cargo del músico francés, Pierre Rabath.

A partir de su vuelta a Chile, el grupo ha vuelto a presentar sus obras orquestadas en varios conciertos, algunos con la “Cantata Santa María” en versión orquestal y otros con selecciones de temas, como los que Quilapayún realizó con la orquesta Juvenil de Santiago en el Teatro Municipal a fines de 2016. 

La cita es el domingo 2 de diciembre, a las 20:00 horas, en el Teatro CorpArtes, ubicado en Rosario Norte 660, Las Condes. Entradas a la venta a través del sistema TICKETEK

domingo, octubre 14, 2018

Rescatan grabaciones inéditas de Claudio Arrau y Ramón Vinay

El Mercurio

Los dos chillanejos fueron estrellas internacionales de la música y la ópera. Y ahora un par de fanáticos ha recuperado y comparte con toda la ciudadanía decenas de registros que tienen un valor universal. 

Romina de la Sotta Donoso
Hace dos años, la remodelación del hotel La Leonera, en Codegua, reveló un tesoro patrimonial: unas cajas llenas de cintas Reel (magnéticas), casetes y videos que había guardado allí el dueño del recinto, Luis Ángel Ovalle, expresidente de la Corporación de Arte Lírico, ya fallecido.

Su hijo Gerardo, al ver que se repetía en los archivos un nombre escrito a mano, decidió donárselos al sicólogo Francisco Marín (37), quien es uno de los mayores fanáticos de Ramón Vinay (1911-1996).

"Gerardo Ovalle me pasó mil cintas Reel", recuerda Marín. Y como también se repetía el nombre de otro chillanejo que fue uno de los mayores pianistas del siglo XX, Claudio Arrau (1903-1991), convocó a Jaime Reyes (44), tecnólogo médico tan fanático como él, pero del pianista. Luego sumó al musicólogo José Manuel Izquierdo (33), profesor de la Facultad de Artes UC, y se adjudicó un Fondo de la Música de $2,3 millones para rescatar este acervo.

"Los dos mayores intérpretes chilenos de música clásica del siglo XX son Claudio Arrau y Ramón Vinay. Vienen de la misma ciudad y son los que llegaron más lejos internacionalmente, pero son polos opuestos, y no solo en lo político, sino en su mirada del arte. Arrau es un obsesionado por la partitura, mientras que a Vinay le importaba relativamente poco. También hay diferencias enormes de carácter, que se notan en las grabaciones: Vinay es canchero y apachotado, y Arrau es mucho más tímido, serio e intelectual", comenta Izquierdo.

El gigante Arrau

"Algunas grabaciones de Arrau son verdaderos tesoros, pues son interpretaciones de obras de las que no existía ninguna grabación, y además son realizadas en un período clave de su vida", apunta Izquierdo.

Reyes profundiza: "Son justo anteriores a la Integral de Beethoven que grabó para el sello Philips y que lo volvió mundialmente reconocido. Hay varias grabaciones en vivo inéditas; dos son de Schumann: el 'Humoresque' opus 20 y el 'Carnaval de Viena' opus 26, también el Primer Libro de Preludios de Debussy y el Valse Oubliée N° 1 de Liszt. ¡Son las únicas grabaciones suyas en vivo que existen de estas obras!".

Entre los documentos más valiosos se destacan dos registros donde Arrau habla de interpretación musical. "Uno es la grabación en estudio de la Sonata K. 311 de Mozart. Cuando termina, el propio Arrau habla sobre los problemas de esa obra con los técnicos", detalla Reyes.

El otro audio es de una clase magistral que dio el célebre pianista, en 1966, sobre la Sonata "Appassionata" de Beethoven. "Él habla y después la toca. Hace alusión, una y otra vez, a la técnica interpretativa, a lo importante de la relajación para la obtención del sonido. ¡Es emocionante! Claudio Arrau es fundamental para explicar la historia del piano, pero mucha gente no sabe ni siquiera cuándo murió. Ojalá este proyecto estimule a más personas a indagar y que llegue el momento en que se emocionen igual que nosotros al saber que encontramos el 'Humoresque' de Schumann, en vivo", dice Reyes.

Estrella lírica

"Las grabaciones inéditas de Ramón Vinay que encontramos son ocho sesiones de estudio de fines de 1954, con Hermann Weigert, el famoso maestro correpetidor alemán, quien preparó a las principales figuras wagnerianas de la época, como Kirsten Flagstad y Astrid Varnay. Ahí está estudiando 'Lohengrin', que supuestamente no cantó, porque no le quedaba tan bien a la voz, y también están sus caballos de batalla wagnerianos: el Tristán, el Siegmund de la 'Walkiria', Parsifal y Tannhäuser", detalla Marín.

"Esto es un patrimonio universal porque permite entender cómo se construía el rol de un cantante a mediados del siglo XX, que es cuando surge la idea del cantante actor, algo en lo que Vinay fue clave", agrega Izquierdo.

El extrovertido sentido del humor del famoso tenor se permea, asimismo, en un par de entrevistas que le hacen en Nueva York, en 1958. "En una de ellas habla del miedo que tenía al cantar Otello frente a Toscanini, dice que estaba más blanco que su camisa, y que al día siguiente, cuando escucharon la grabación, el maestro tenía el ceño fruncido", ríe Marín.

Hay un tercer capítulo del rescate, que bautizaron "Materiales Históricos", y son registros testimoniales de 1970, grabados en el Teatro Municipal. "Son bien emocionantes, aparece Víctor Jara cantando 'Plegaria a un labrador' con Quilapayún, en un evento que se llamó 'Homenaje al pueblo', y también hay una reunión donde Luis Antonio Ovalle, Ramón Vinay, Anton Guadagno y Barry Morell hablan con el sindicato sobre qué iba a pasar con la ópera con el nuevo gobierno elegido", describe Marín.

De todos estos documentos los investigadores hicieron copias digitales por un equivalente a 12 gigas, que ya entregaron a cuatro entidades culturales en Chillán. Ahora seguirán con Santiago, partiendo por la Biblioteca Nacional y el Teatro Municipal.

En paralelo, dispusieron en Operachile.com una completa guía con selecciones sonoras. "Es para que la gente se haga una idea y si quieren escuchar más, que me contacten. Nuestro objetivo es darle acceso universal a todo esto", cierra Marín.



martes, octubre 09, 2018

Estrenan cantata Allende en Festival de Música Contemporánea de Valparaíso

Gustavo Becerra
Compuesta en 1978 por Eduardo Carrasco y Gustavo Becerra, la obra debutará en el encuentro de música Darwin Vargas, que se realiza del 8 al 12 de octubre en el Parque Cultural de la V Región.

Por Álvaro Gallegos

Era agosto de 1970, y en el segundo Festival de la Nueva Canción Chilena se produjo un hito que marcaría la creación musical nacional por venir. En ese escenario se estrenó Santa María de Iquique, obra que su autor, el compositor Luis Advis, denominó “cantata popular”. Fue la consumación total del flirteo que se venía dando desde un poco antes, entre los artistas del movimiento que renovó la música de raíz folkórica, y los compositores de la tradición escrita.

El impacto de “la cantata”, como la conocen muchos, fue tal, que abrió toda una línea de creación explorada por compositores chilenos hasta hoy. Después vinieron más obras emblemáticas, como Canto para una semilla, del propio Advis, y La Fragua de Sergio Ortega; otras inconclusas, entre ellas Cantata del Carbón de Cirilo Vila, y algunas que simplemente quedaron inéditas.

Entre estas últimas, una que dejará ese estatus ahora. Justo 40 años después de ser compuesta, la cantata “Allende”, concebida para el conjunto Quilapayún, tendrá su estreno absoluto este martes 9 de octubre en el Parque Cultural de Valparaíso, como parte del Festival de Música Contemporánea Darwin Vargas, que organiza el Instituto de Música de la PUCV. El texto es de Eduardo Carrasco (1940), líder del mencionado grupo chileno, y la música es de Gustavo Becerra (1925-2010), una de las figuras claves de la composición en Chile, y quien fuera profesor de Advis.

Un documento histórico

Dos grupos de la V Región, Su-Venir y Tinku, serán los encargados de mostrar por primera vez al público esta obra que ensalza a la figura del ex presidente, bajo la dirección de Félix Cárdenas, quien es además el curador del festival porteño. “Quisimos rescatar este documento histórico”, explica Cárdenas, “primero por tratarse de uno de los compositores más importantes de nuestra historia, como es Becerra, y segundo, porque al ser el lenguaje de la Nueva Canción nos permite enganchar con nuevos públicos para nuestro festival”.

Desde Francia, Eduardo Carrasco lamenta no estar presente para el estreno y relata el origen de la obra: “Gustavo había escrito varias cosas para nosotros, como la canción “Memento”, la fuga vocal “Revolución” y la cantata “Américas”. Un día se me ocurre presentarle este texto en homenaje a Allende, y a él le encantó, notando de inmediato su potencial como libreto para una nueva cantata”.

“Hizo una primera versión, y le sugerí algunos cambios”, prosigue Carrasco. “Le pedí que recompusiera la canción final para que quedara más grandiosa, más dramática”, dice y añade que este cierre es “un himno de esperanza que va subiendo de las notas más bajas, hasta las más altas que podíamos dar”.

El proyecto se truncó por un tema económico. “Llegamos a armarla entera, pero no encontramos financiamiento ni para presentarla en público, ni grabarla en disco”, se lamenta Carrasco, por lo que encuentra que “es fantástico que no se pierda, y la gente pueda finalmente conocerla, ya que es contundente, y refleja la evolución de Quilapayún como el único grupo de la Nueva Canción que ha experimentado en formas más elaboradas”.

El texto dista de ser explícito y panfletario, dice Félix Cárdenas. “Es alegórico, muy poético, pero tiene ingredientes de relato histórico”, apunta. Carrasco lo describe como “un relato a través de un diálogo entre personajes simbólicos, denominados El Amor y Una Voz, donde se narra y se comenta la muerte de Allende”.

En lo musical, Cárdenas advierte que “en muchos aspectos es similar a la cantata “Santa María”, pero con momentos bastante experimentales, usando armonías modales, a ratos eludiendo tonalidades, e incluso hay una parte electroacústica”. Carrasco lo explica así: “Para Gustavo había ningún límite creativo, él combinaba todo tipo de recursos”.

Otro rescate patrimonial
Hace treinta años falleció prematuramente Darwin Vargas (1925-1988), funcionario bancario devenido en compositor, que logró cierto reconocimiento en los años sesenta, con obras premiadas en los Festivales de Música Chilena de la Universidad de Chile. Probablemente nunca imaginó que, a contar de 2003, su nombre adornaría uno de los más originales y consolidados encuentros de música contemporánea del país.

Conjuntos y solistas chilenos, además de invitados internacionales, presentarán estrenos de compositores chilenos, además de obras de autores referenciales como Toru Takemitsu, Frank Zappa, Alban Berg y Sofia Gubaidulina. “Este año buscamos fortalecer la línea histórica, y por eso se incluyen, además de Becerra, a Alfonso Letelier y José Vicente Asuar”, explica Cárdenas.

Precisamente de Asuar será Luis Alberto Latorre el encargo de interpretar sus Invenciones para piano el jueves 11. Más conocido por impulsar la electrónica en este país, sus obras puramente instrumentales están siendo revalorizadas. Latorre opina que “es importante mostrar esta otra faceta de un compositor genial”. Y describe las piezas como “un trabajo de joyería en el material rítmico”, a la vez que “es una elaboración musical increíble, que tiene algo de Hindemith”.

Los conciertos son gratuitos y se llevan a cabo a las 19 horas en el Parque Cultural de Valparaíso (lunes 8 y martes 9), CENTEX (miércoles 10), y Cine Arte Viña del Mar (jueves 11 y viernes 12). Habrá además conferencias, talleres y mesas redondas. El detalle de la programación en www.imuspucv.cl.

martes, diciembre 05, 2017

SCD distingue a artistas por sus 50 años de trayectoria

El Mercurio

En una ceremonia realizada anoche, en el Hotel Manquehue, la Sociedad Chilena del Derecho de Autor distinguió a 25 artistas que cumplieron 50 años de carrera. Entre los homenajeados estuvieron Gloria Simonetti , José Luis Arce, Antonio Skármeta, Giovanni Cultrera, Dióscoro Rojas, Patricia Maldonado, Sergio "Tilo" González, Sylvia Soublette, Ricardo de la Fuente y Hernán Gómez, de Quilapayún.

sábado, noviembre 25, 2017

Quilapayún: “Es el momento de mirar atrás y ver qué hemos hecho”

Eduardo Carrasco

Radio U de Chile

El director del grupo, Eduardo Carrasco, habló en Radio Universidad de Chile del Premio Presidente de la República que acaban de recibir y del concierto del próximo jueves 30 en el Teatro Oriente.

“Ya ha pasado mucha agua bajo los puentes y es como el momento de sacar conclusiones”, dijo el director de Quilapayún, Eduardo Carrasco, en conversación con el periodista Patricio López, en la primera edición de Radioanálisis.

Esto, en referencia al Premio a la Música Nacional Presidente de la República que el conjunto acaba de recibir en la categoría música popular, y que también reconoció al musicólogo Luis Merino y al folclorista Jorge Yáñez.

“(Es tiempo) de echar una mirada hacia atrás, ver qué hemos hecho y qué importancia ha tenido. Eso es lo que pasa con un conjunto con tantos años como el nuestro y empezamos entonces a recibir respaldos, premios”, explicó Carrasco.

Por otra parte, Carrasco adelantó detalles del concierto que Quilapayún realizará el próximo jueves 30 en el Teatro Oriente (ver detalles acá) y dijo que será “una especie de resumen de lo que ha sido el Quilapayún en estos 52 años y con muchas canciones nuevas de los últimos discos, de cosas que estamos haciendo ahora”.

“Nosotros no paramos, hemos seguido haciendo cosas muy creativas. Por ejemplo, acabamos de hacer una canción que se llama ‘La paradoja de Olbers’, que es un intento de vincular nuestra música con la electroacústica del ABC Trío, un conjunto argentino de fama mundial y especialista en este tipo de música. Es un intento de música complejo, pero al mismo tiempo expresivo. También hemos hecho cosas campesinas. Además, tenemos toda esa onda teatral que el conjunto siempre ha tenido y estarán las canciones de siempre, obviamente”, explicó.

En la entrevista, el músico hizo un repaso por la historia de Quilapayún y recordó cómo el exilio en Francia cambió su rumbo: “Nos vimos obligados a vivir en otro país, con otra cultura, con otro lenguaje, otras tradiciones y maneras de hacer, todo distinto. Tuvimos que adaptarnos a eso y responder a un público que era mucho más exigente desde todo punto de vista. Eso hizo que nos viéramos obligados a desarrollar toda una parte creativa del conjunto. Es una época muy osada en ciertos sentidos, porque nos metimos en músicas bien complejas y fue una época muy interesante”.

En ese sentido, Carrasco consideró que el reencuentro que el grupo vivió hace 14 años se tradujo también en un nuevo vínculo con el público local: “Como estábamos lejos de Chile no podíamos mostrar eso, no podíamos explicar por qué lo hacíamos y eso no fue asimilado por nuestro público. De 2003 en adelante logramos rearmar un grupo en Chile y la cosa fue más fácil, porque tuvimos un contacto directo con la gente, empezamos a dar a conocer muchas de esas canciones del exilio y hoy toda la gente ya las canta con nosotros. Hay canciones como ‘Mi patria’ que adquirieron el lugar que les correspondía, porque estaban como en el reino de ninguna parte y ahora forman parte de lo que se conoce como Nueva Canción Chilena. Ya están asimiladas”, afirmó.

Finalmente, revisando la historia del grupo, el director de Quilapayún lamentó la pérdida del espíritu latinoamericanista que dominó la música de los ‘60 y ‘70: “Todos éramos más latinoamericanos que locales. Había mucho intercambio, teníamos muchos vínculos con Mercedes Sosa, con (Daniel) Viglietti, con (Alfredo) Zitarrosa, con Atahualpa (Yupanqui). Era como una gran familia latinoamericana con la Nueva Trova, con los venezolanos. Con todos ellos tuvimos vínculos de amistad muy profunda e hicimos cosas muy bonitas juntos. Eso se perdió un poco porque los países volvieron a sus nacionalismos, se volvieron a encerrar en sí mismos, se perdió ese espíritu bolivariano que era tan bonito en esa época y del cual nosotros somos exponentes. Si te das cuenta, muchas canciones nuestras están ancladas en la tradición chilena, pero muchas son latinoamericanas, están hechas dentro de un contexto continental”, concluyó.

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lunes, noviembre 20, 2017

Quilapayún, Jorge Yáñez y Luis Merino obtienen el Premio a la Música Nacional Presidente de la República 2017

Ministerio de Cultura

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes cada año otorga el galardón más relevante de la música local, que premia en las categorías música popular, folklórica y docta. Los destacados en estas tres variantes obtienen un reconocimiento en dinero de 270 UTM.

Luego de una extensa sesión, esta tarde el Consejo de la Música, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, anunció los nuevos ganadores del Premio a la Música Nacional Presidente de la República 2017, el galardón más importante para la música local.

El grupo Quilapayún, que está cumpliendo 53 años de carrera, obtuvo el máximo reconocimiento en la categoría música popular debido a su larga y destacada trayectoria, Jorge Yáñez fue distinguido en música de raíz folklórica y Luis Merino, en música docta.

El Ministro de Cultura, Ernesto Ottone Ramírez, expresó: “Ha sido un inmenso honor anunciar a los tres ganadores de este año, porque sin duda todos poseen una vasta trayectoria, y nos sentimos orgullosos porque representan distintas visiones de la música chilena. Quilapayún es un grupo que sigue vigente, asociado a himnos a la libertad y a las necesidades más relevantes de la sociedad chilena. Hablar de Jorge Yáñez, es hablar de nuestra identidad cultural, y así como expresó el Consejo de la Música, es impresionante que antes no haya surgido su nombre. Respecto al maestro Luis Merino, es uno de los recopiladores más relevantes a nivel internacional, un aporte invaluable para la memoria de los compositores nacionales”.

A estas distinciones se suman las menciones que obtuvieron KLI Records, en Edición musical y Álvaro Gallegos, en producción fonográfica.

El acta de votación destaca que este reconocimiento es otorgado “en respuesta al mérito de excelencia, creatividad, destacada labor y por su aporte trascendente al repertorio de la música nacional”.

Cada uno de los distinguidos en las tres categorías principales recibirá un diploma firmado por la Presidenta de la República y la suma única de 270 UTM.

En su versión 2016 el premio fue entregado a la cantante Cecilia Pantoja, conocida como Cecilia la Incomparable, en el género popular; a Nano Acevedo en música de raíz folklórica y a Luis Alberto Latorre en el apartado de la música docta. Además, el sello Quemasucabeza fue premiado en la categoría Producción Fonográfica y La Vitrola fue reconocida en la categoría Edición Músical.

En el pasado, nombres como Verónica Villarroel, Luis Advis, Jorge González de Los Prisioneros, Tommy Rey, Patricio Manns, Tito Fernández han sido distinguidos por este galardón.

Sobre los ganadores

Quilapayún fue fundado por Julio Carrasco, Julio Numhauser y Eduardo Carrasco. Su estilo incorporó elementos enraizados en la música chilena y latinoamericana. Luego de trabajar con Ángel Parra, se integra Víctor Jara como director artístico.

Durante la Unidad Popular, la elección de incluir en sus temáticas las preocupaciones sociales los catapultan a un primer plano, convirtiéndose en la voz principal del proceso socialista chileno. En agosto de 1973, Quilapayún emprende una gira a Europa, sin saber que la ruptura de la democracia los dejaría en el exilio por largos años.

En Francia inician una gira mundial en solidaridad con la causa chilena. En 1974 graban el “El Pueblo Unido”, cuya canción homónima se convertirá en un himno de lucha para los pueblos del mundo.

Jorge Yañez Reyes es uno de los artistas fundamentales del folklore nacional, con más de 54 años de trayectoria, a lo largo de la cual ha destacado como actor, payador, cantor popular, poeta y guitarrero.

Durante su carrera ha formado agrupaciones con niños en riesgo social en la comuna de La Pintana, donde ha implementado talleres de folklore y teatro.

Luis Merino Montero
Musicólogo, Licenciado en Ciencias y Artes Musicales con Mención Musicología por la Universidad de Chile, Magíster en Musicología por la Universidad de California Santa Bárbara y Doctor en Musicología por la Universidad de California. Es autor de dos libros, varios capítulos de publicaciones y más de cien artículos en medios académicos.
Ha recopilado un corpus inmenso tanto de obras musicales como de información relacionada con sus compositores, intérpretes, oyentes y, en términos más amplios, su contexto socio-cultural. Sin duda, sus mayores contribuciones se relacionan con los compositores activos en Chile desde los inicios de la república hasta el presente.

lunes, junio 19, 2017

Quilapayún es nombrado Figura Fundamental de la Música Chilena 2017



El Mercurio

El grupo recibió el martes pasado, en el Centro de Eventos Botánico, el reconocimiento de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) que ya obtuvieron artistas como Margot Loyola, Cecilia y Los Jaivas.

Magdalena Bordalí

Con más de 50 años de carrera, la agrupación musical sigue tan vigente como en sus inicios. El mes pasado, luego de agotar en solo días las entradas para su concierto en el Teatro Municipal junto a Inti Illimani Histórico, tuvieron que agregar otra fecha, añadiendo también una tercera, en el Teatro Caupolicán, ante la alta demanda. "Tenemos hasta hoy muchas demostraciones de afecto, reconocimiento y respaldo de nuestro público, no nos podemos quejar", comenta Eduardo Carrasco, líder de Quilapayún.

Ese cariño de sus seguidores, que también se demuestra en países como España y Francia y en América Latina, los ha hecho acumular más de mil conciertos y más de 30 discos grabados alrededor del mundo, siendo uno de los conjuntos más emblemáticos de la Nueva Canción Chilena.

Es por esto que la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) nombró a Quilapayún Figura Fundamental de la Música Chilena 2017, reconocimiento que considera la trayectoria, influencia y legado de los artistas. Y donde el Consejo Directivo destaca al grupo, en este caso, como uno de los mayores referentes de la música nacional de todos los tiempos. "Estamos muy felices de que la SCD nos otorgue este premio. Es un honor, son nuestros pares los que nos reconocen. Además, nosotros que venimos de una época sin SCD, vemos el cambio tremendo que ha tenido el valor y la difusión de la música nacional. Hay iniciativas de enseñanza y aprendizaje. Todo esto ha facilitado y mejorado la obra de los músicos chilenos", expresa Carrasco.

La ceremonia, que años anteriores ha premiado a artistas tan disímiles como Margot Loyola, Valentín Trujillo, Cecilia y Los Jaivas, entre otros, será hoy a las 20 horas en el Centro de Eventos Botánico de Peñalolén y contempla presentaciones de homenaje al conjunto de parte de Manuel García, Pascuala Ilabaca y Jimmy Fernández, y una Intervención coreográfica. El reconocimiento a Quilapayún será entregado por el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, y el presidente del consejo directivo de la SCD, Álvaro Scaramelli.

El conjunto, además, contempla una serie de presentaciones, tanto en Chile como en el extranjero, para las próximas semanas. "Estamos constantemente haciendo conciertos y creando cosas. Hoy en día no es viable hablar de discos, porque ya no se venden. Por eso subimos música a internet. Pero los conciertos siempre se llenan. En algunas semanas más tenemos conciertos en Francia, Argentina y Uruguay. Nos piden mucho y nosotros siempre respondemos a sus requerimientos", agrega.

El discurso de Eduardo Carrasco, director de la agrupación, al recibir el premio fue el siguiente:

Amigos y amigas, tengan ustedes muy buenas noches.

Es el momento en que la SCD nos concede este alto honor y es el momento de agradecerles a ustedes por ello. En nuestros 52 años de vida hemos recibido muchos reconocimientos, pero no les quepa ninguna duda de que este es el más importante de todos. Primero, porque viene de nuestros pares, esto es, de los que verdaderamente saben sobre el posicionamiento de un artista en nuestro medio. Segundo, porque viene de la SCD, esto es, de una institución creada por los propios artistas, y que en la actualidad está consolidada como la mas representativa de los músicos nacionales. Nosotros somos tan viejos que vivimos en la época en que no había SCD, y sabemos la diferencia que existe entre un medio cultural nacional sin la SCD y uno con la SCD. Entre un Chile donde la mayor parte de los derechos de autor se los llevaba la institución que los administraba, y un Chile donde existe una sociedad de gestión que los reparte cuidando cada peso para que los músicos nacionales puedan tener una justa remuneración por su trabajo. Pero además, una institución que colabora en la formación de los músicos, en la difusión de sus obras, les da asistencia social cuando no tienen los medios y les otorga un reconocimiento, como este que estamos recibiendo nosotros hoy día. No es poco, es mucho. Por eso, me voy a permitir una cursilería y voy a decir: ¡SCD, gracias por existir! Si esta institución es la que nos nombra “Figura fundamental de la música Chilena” entonces capaz que sea cierto. En nombre de todos mis compañeros les repito: muchas gracias.

Esta sería una estupenda ocasión para lanzarme a contarles con lujo de detalles los 52 años de existencia del Quilapayún. Pero no se preocupen, no lo voy a hacer. Lo dejamos para otro día. Tampoco voy a nombrar uno por uno a todos los que han pasado por este grupo. Son muchos y cual mas, cual menos, todos han jugado su rol en nuestra historia. Pero lo que sí me gustaría hacer es aprovechar este momento para hacer un acto de justicia y recordar a aquellas personas dentro y fuera del conjunto que cumplieron un rol relevante en nuestra existencia. Digo un acto de justicia porque en un conjunto como este el carácter de grupo muchas veces esconde las individualidades, disuelve a las personas y si bien es verdad que todos los que han pasado por el Quilapayún han puesto su granito de arena para que este conjunto exista, no todas las contribuciones han pesado lo mismo. No quiero menoscabar el aporte de nadie, solo quiero poner de relieve a quienes han tenido un rol relevante, y me siento obligado a ello, precisamente porque este es un momento de reconocimiento.

Para empezar, no puedo olvidar entonces a los tres chiflados que Inventaron este grupo. Me refiero a Julio Numhauser, con quien hace tres días estaba en un restaurante comiendo porotos granados y haciendo recuerdos de esos primeros tiempos, a mi hermano Julio, que vive en Paraguay, y a quien sus amigos todavía llaman “el Quila”, y a mí mismo, que estoy aquí tratando de descubrir con serias dificultades lo que mis demás compañeros hubieran querido decir en este acto. Es diferente sostener un sueño que no existe, trabajar por darle algún sentido a ese sueño, pero sin contar todavía con los aplausos del público, con el interés de productores y casas de discos y con las distribuciones de derechos de la SCD. Esto es mucho mas difícil que acoplarse a un grupo que tiene éxito, que llena los teatros, que hace exitosas giras, etc. La llamita era muy débil en esa época y esos tres la soplaron hasta que se transformó en fogata. Y digamos además que esos tres chiflados inventaron el nombre del grupo, sus vestimentas en el escenario y sus definiciones esenciales. Hacen la diferencia.

Tampoco puedo olvidar a Víctor Jara. Y no hablo del mártir de la revolución chilena, de esa imagen que insiste en hacerse presente como un mal sueño y que nos recuerda la ferocidad de los militares, la valentía de su postura política y la impotencia de la justicia chilena. Hablo del amigo cercano, del artista delicado, del director que nos enseñó la disciplina del trabajo profesional y que revisó minuciosamente cada nota, cada acorde, cada postura para que todo fuera mas expresivo y mas perfecto. Hablo del artista que nos enseñó a pararnos en un escenario y que compuso para nosotros canciones inolvidables que seguimos cantando en todos nuestros conciertos. Él también hace la diferencia.

Y también hacen la diferencia, Willy Oddó, que tuvo una muerte que no se pareció en nada a su vida y que desparramó luces en los escenarios con su humor y con sus inolvidables interpretaciones con su voz desgarrada y dramática. Y también Carlos Quezada, la voz mas hermosa y expresiva que le da su impronta al Quilapayún y que con el peso de sus años sigue cruzando el océano Atlántico para venir a cantar a su país como en sus mejores tiempos con una musicalidad inigualable.

También está Hernán Gómez, con su hermosa voz de barítono, con su talento escénico que se ganó con simpatía el cariño del público en todos los países que visitamos durante el exilio. Y para todos nosotros, ese carácter de bulldog jurídico con que apareció de repente y que mordió y no soltó su presa hasta que logró que los jueces franceses le dieran plena satisfacción a nuestras reivindicaciones, despejando definitivamente las sombras que se habían alzado sobre la historia del Quilapayún en Francia. Junto a él Pascaline, su mujer que ha sido una colaboradora formidable y que ha mostrado de mil maneras su compromiso con el Quilapayún. También hacen la diferencia.

Y tampoco podemos olvidar al que mejor encarna el espíritu de nuestro grupo, hasta tal punto que su quilapayunismo ya es objeto de canciones, un ejemplo de dedicación, de lealtad, de entusiasmo arriba del escenario que ha sido un fundamental factor de unidad entre nosotros. Creo que el que más ha gozado cantando en el Quilapayún es sin duda alguna Ricardo Venegas. Es tanta la felicidad que extrae de pertenecer a este grupo que alguna vez se me ha pasado por la mente la idea de cobrarle por cantar con nosotros.

Por cierto, no me olvido de Hugo Lagos, de Guillermo García, de Rubén Escudero (Palabra de hombre) y de Fernando Carrasco, el Huaso. Todavía no hemos encontrado el parentesco, pero ya vendrá. Tampoco me olvido de la generación de los jóvenes, Sebastián Quezada, Caito Venegas, Ismael Oddó, todos hijos de Quilapayunes, que nacieron en medio de la gran familia Quilapayún y que cantaron nuestras canciones desde niños. Espero que ellos también celebren algún día la nominación de Figura fundamental 2. Lo que no significa que no hayan contribuido decisivamente a la existencia de nuestro grupo pues el que menos lleva ya 10 años cantando con nosotros. También ellos son figuras fundamentales dentro de la figura fundamental.

Hay otros más que ya no están con nosotros. Más allá de los conflictos que hemos tenido con algunos de ellos, en ningún momento se nos ocurriría negar su contribución: Rodolfo Parada, Patricio Castillo, Patricio Wang han dejado también su huella en esta historia. Son o fueron excelentes músicos y ojalá que encuentren su camino propio sin dañar las hermosas páginas de la historia que escribimos juntos.

También están los que no pertenecieron al grupo, pero sin los cuales no es posible comprender su historia: los grandes músicos Luis Advis, Sergio Ortega, Cirilo Vila, Gustavo Becerra, Juan Orrego Salas. Todos colaboraron con nosotros, hicieron músicas pensando en nuestras voces e instrumentos, nos ayudaron a descubrir nuevos caminos, nos permitieron abordar obras más ambiciosas y nos ayudaron a poner nuestra música en un nivel que jamás habríamos alcanzado con nuestros propios medios. Y también están esos otros músicos que dejaron su huella en nuestros discos, que tocaron junto a nosotros lo que nosotros no podíamos hacer. No me van a creer, pero uno de ellos es Valentín Trujillo, a quien pasábamos a buscar en su casa de Ñuñoa para llevarlo al estudio y nos recibía interpretando el himno de la República Popular China y después se despedía de nosotros ofreciéndonos los libros de Mao Tse Tung. El llegó mucho mas lejos que nosotros en esto de la revolución. Si en un disco del Quilapayún suena un piano, es Valentín el que está tocando. También está Giolito con su batería, Cazavón tocando el bajo y Rareza tocando las tumbas y los bongoes. Nunca supimos como se llamaba Rareza, pero los músicos lo llamaban así. También fue importante la contribución de Pierre Rabath quien hizo todas las grandes orquestaciones con las que el Quilapayún se presentó en la televisión francesa y que enriquecieron algunos de nuestros discos. Está Desiderio Arenas con sus canciones y colaboraciones que están dentro de las más preciadas por nosotros y que fueron fundamentales en un momento de búsqueda y desconcierto. Y está Miguel Zabaleta que también se hizo presente en algunos arreglos.

Pero también hay otras personas que no fueron músicos y sin las cuales la historia del Quilapayún sería otra. En primer lugar Raúl Gomez, el Guarren, infatigable e improvisado manager que organizó conciertos, consiguió entrevistas, y ocupó buena parte de su vida en intentar convencer al mundo de que el Quilapayún era el mejor grupo musical que jamás había existido. Y está Guillermo Hashke, chileno residente en Francia que gestionó nuestra primera actuación en el Olympia, la que providencialmente nos hizo salir de Chile pocos días antes del golpe militar ahorrándonos el dolor que vivieron muchos de nuestros compatriotas. También está Rubén Nouzeilles, que convenció a los ingleses de la Emi que era muy importante grabar nuestros discos y así lo hizo aunque los ingleses nunca estuvieran muy convencidos de la idea. Está Ricardo García, que se la jugó por editar los discos del Quilapayún con gran valentía cuando nuestra música estuvo prohibida. Amigo entrañable que reconoció el valor de nuestra música desde el primer día en que lo conocimos. Está el periodista francés Jacques Chancel que nos abrió las puertas de su programa y que hizo posible la actuación mas importante del Quilapayún durante los 15 años de exilio. Denise Barbey y los esposos Salou, que fueron nuestros managers durante nuestro exilio en Francia, artífices fundamentales de nuestro éxito artístico en ese país. Dominique Frelaut, alcalde de Colombes que nos invitó generosamente a vivir en su comuna donde pasamos los años mas difíciles del exilio. Está el gran artista nacional Héctor Duvauchelle que descubrió junto a nosotros la cantata Santa María y que logró una interpretación insuperable del relato, Daniel Messguich que nos ayudó en Francia a montar el espectáculo mas ambicioso que fuimos capaces de presentar en el Olympia de Paris, desarrollando la línea de acción teatral nacida de nuestro trabajo con Victor Jara. Y está también Alfredo Troncoso, nuestro manager actual, que nos quiere casi tanto como al Inti illimani, lo que es mucho decir, y cuyo aporte ha sido esencial en todos estos años desde el Reencuentro hasta ahora. Creador de grandes iniciativas que nos han permitido volver a existir con fuerza en nuestro medio y en particular de ese grupo rival, el Inti Quila, que con las últimas exitosas actuaciones ha estado a punto de destronarnos.

Tampoco hay que olvidar a los ingenieros de sonido y a los técnicos que con su magia supieron disimular todas nuestras desafinaciones mostrándonos con un ropaje sonoro casi perfecto: Son muchos, pero sobresalen: Ángel Arados, que grabó la Cantata Santa María y que encontró el pedacito de cinta que se nos había perdido, Daniel Michel, que grabó casi todos nuestros discos en Francia, Patrick Gonties y Pierre Redón que sonorizaron mas de 1000 conciertos en diferentes países del mundo, Eduardo Vergara, que desde nuestra vuelta a Chile grabó casi todos nuestros discos, Jorge Fortune, nuestro actual ingeniero al que le sobra cuerda para sonorizar todo lo que hacemos. Y como ahora hasta tenemos Roudy, no puedo dejar de nombrarlo, Juan Pablo Rojas.

Y como olvidar a los hermanos Larrea y al Flaco Albornoz, que nos ayudaron a forjar nuestra imagen pública inventando el logo, las carátulas, las fotografías y los afiches que han hecho historia por su originalidad y por su exacta interpretación gráfica de nuestras definiciones artísticas y políticas.

Y mención especial para Roberto Matta. Nuestro encuentro con él nos dio la solución en un momento de desconcierto en que parecía que todo se venía abajo. Frente a la hecatombe ideológica y política en la que fuimos a parar nos dio la clave para no arriar nuestras banderas y para reconocer que el camino era ahondar en la locura y no cejar en la confianza de que es la cultura y el arte la finalidad verdadera del ser humano. De eso vino la idea de la revolución y las estrellas que hizo mas utópico nuestro ideal político, lo hizo mas lejano e imposible, pero mas indispensable e irrenunciable. Porque no hay que olvidar que el Quilapayún no es solo un grupo de gente que canta con ponchos negros, sino también una decisión sobre los valores fundamentales de la historia, la cultura y el arte.

Y finalmente hay un niño que desde las rejas de su casa que estaba frente a la mía siempre miraba como nosotros descargábamos nuestros instrumentos cuando veníamos a ensayar o cuando salíamos con Víctor Jara en caravana a actuar los fines de semana. Se le grabó en sus pupilas esta imagen y en su corazón de niño quedó la sensación de que lo que hacían estos tipos entrando y saliendo de la casa de enfrente con bombos y guitarras era muy importante. Por eso seguramente cuando pasaron los años y estuvo en disposición de hacerlo se dedicó a convencer a todos los que todavía no estaban convencidos de que el Quilapayún era el grupo que tenía que ser homenajeado esta noche. Hablo de Álvaro Scaramelli, Presidente de la SCD.

Todas estas personas y muchas mas han hecho la historia del Quilapayún. A todas ellas les debemos nuestro agradecimiento y en este momento de homenaje es justo recordarlos.

Estimados amigos del directorio de la SCD, Álvaro, les reitero a todos ustedes nuestro agradecimiento. Ahora somos una figura fundamental de la música chilena. Nos vamos a transformar en unos tipos insoportables, engreídos y soberbios. Ustedes son los responsables, los que nos otorgan este honor. Ahora vamos a seguir con lo nuestro, pero llevando en nuestros corazones esta convicción de la importancia de nuestro grupo que ustedes nos entregaron. Tengan la seguridad de que eso genera en cada uno de nosotros un racimo de orgullo y un canasto lleno de felicidad. Muchas gracias.

jueves, enero 19, 2017

Pancho Amat, músico cubano: «Yo empecé en Chile»

Facebook Marisol García

Le llaman el «tresero mayor», porque es hoy uno de los músicos cubanos más requeridos para colaboraciones internacionales, en todo tipo de géneros. El talento superlativo de Pancho Amat sobre el tres no es sólo técnica: es apego a la tradición, amor por la búsqueda sonora y disposición a encantar con ese conocimiento a la audiencia que tenga enfrente. Es Premio Nacional de la Música; «¡y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba!», dice con cierto pudor. En su segunda visita —invitado este mes a los conciertos de Inti-Illimani Histórico—, Amat se reencuentra con una vieja memoria de privilegio, forjada hace cuarenta y cinco años junto a muchos de los protagonistas de la Nueva Canción Chilena: «Yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé».
Por  Marisol Garcia Correa

Cuando, en 1971, Pancho Amat vino a Chile por primera vez no tenía cómo saber que esos pasos que daba como estudiante en gira de intercambio cultural iban a ser tan significativos en su vida. Para siempre, y por al menos dos razones.

La primera, más amplia, es que fue una visita que le permitió estar al centro de un movimiento musical todavía bullante, como lo era entonces la Nueva Canción Chilena. Amat era un extranjero de 20 años que se topaba en ensayos con Inti-Illimani, recibía lecciones musicales de Quilapayún, iba a un estudio y conversaba con Luis Advis… incluso llegó a grabar junto a Víctor Jara («la primera vez que entré a grabar a un estudio fue con Víctor», asegura).

La segunda razón, más personal, es cómo ese primer enfrentamiento con la canción chilena de entonces lo marcó como auditor y músico.

«Yo empecé en Chile»,  dice ahora, categórico, una de las figuras más importantes para la actual música cubana; hombre de viajes incesantes, de encargos constantes desde todo el mundo, de premios y de grabaciones sin pausa. Fundador del grupo Manguaré y luego director del proyecto Cabildo del Son, Pancho Amat está en los créditos de discos de Silvio Rodríguez, Ry Cooder, Oscar D'León, Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Santiago Auserón. Es, para el mundo musical, «el tresero mayor»: el hombre que más sabe, mejor toca y a más alto vuelo ha llevado ese cordófono nacido en las zonas rurales de Cuba, tensado con tres órdenes de cuerdas dobles, y capaz de un sonido preciso y envolvente.

Pancho Amat conoció Santiago como un estudiante de Pedagogía sin aspiraciones musicales de alto rango, y vuelve ahora, cuarenta y cinco años más tarde, convertido en una figura con una poderosa historia a cuestas. Permanecerá todo enero en el país, acompañando a Inti-Ilimani Histórico en la primera parte de su gira de verano en celebración por sus cincuenta años.

«Ahora que estoy junto a Inti-Ililmani choco con mi primera experiencia como músico profesional, la de 1971 en Chile», dice Amat con una voz cálida en una conversación matinal tranquila en un departamento de Ñuñoa. Nadie más nos escucha: no hay necesidad de complacer con palabras de extranjero halagador:

—Fue una visita muy bonita y vibrante para mí, porque yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé. Hasta entonces, yo tenía el sueño de ser músico, pero no se me había dado la posibilidad. Aunque tú ya sabes: la cabra tira pa’l monte.

Llegó entonces a Santiago como parte de un conjunto de seis integrantes, y luego de una invitación hecha en La Habana por Quilapayún. Habían sido, simplemente, «El grupo de Pedagogía», por su vínculo como estudiantes en la universidad, pero ya luego serían Manguaré. Interpretaban música tradicional cubana, y comenzaban a interesarse por la raíz latinoamericana y la emergente Nueva Trova. Escuchar por primera vez a Quilapayún los impactó:
—Fue una sorpresa chocar con aquella música que entonces en Cuba no se conocía. Escuchar quenas, charangos… ese trabajo vocal. Nos entusiasmó mucho la idea de seguir en contacto con ellos, y Eduardo Carrasco se ofreció a recibirnos en Santiago y trabajar en las lecciones que pudieran ayudarnos como conjunto.

Una de las primeras versiones que montaron con una canción chilena fue “A mi viejo profesor”, del Trío Lonqui. Eran estudiantes de Pedagogía asomándose a nuevos sonidos y temáticas.

—Hablas de lecciones importantes en Santiago. ¿Cuáles y con quiénes, exactamente?
—En un primer momento, con Quilapayún. Eduardo Carrasco nos enseñaba la quena, y con Hernán Gómez aprendí charango. Willy Oddó me enseñó sobre guitarra sudamericana (más rasgueada que la nuestra), y me decía algo que nunca olvidé: «¡Mírame!». Con eso quería decirme que no basta con escuchar a un músico, que al mirarlo captas cosas fundamentales que no hay cómo enseñar. Al instrumento hay que sentirlo, hay que entenderlo. Y si estás tocando con alguien, es importante que te conviertas en su cómplice. No basta con que te pares ahí, y toques; tienes que vibrar con él.

»Los Inti-Illimani eran muy jóvenes, no tocaban cómo lo hacen ahora, pero estaban llenos de curiosidad. Ernesto Pérez de Arce me enseñó a construir las quenas [sonríe]. Además, junto a ellos viví una anécdota que fue muy importante para mi aprendizaje. Estábamos juntos en un ensayo, y llegó el maestro Lucho Advis. Él había hecho para el grupo unos arreglos de orquestaciones para unas canciones de Violeta Parra [para el disco Autores chilenos, publicado por Dicap]. Me pareció que tenía una imaginación muy grande para darle forma a la música, agregar elementos, introducir nuevas armonías. Y además, él hacía algo con el cambio de tono que me llamó muchísimo la atención.

Normalmente, los tocadores de bolero lo que hacemos es que, cuando cambiamos de tono, preparamos el camino para que el cantante se enganche. Pero aquí no había nada de eso. Él iba de aquí para allá como si fuese muy fácil… y sonaba muy lógico.

»Entonces yo voy y le pregunto: “Maestro, en tal canción usted hace un cambio de tono que a mí me resulta interesante, muy diferente a lo que yo conozco. ¿Cómo lo hace usted? ¿De dónde saca usted ese criterio?”. Y él me contesta: "Yo no".
—¿Cómo “no”?
—Yo no: Brahms, Cuarta Sinfonía.
»El mensaje estaba dicho: estudia. Entonces, con el maestro Advis aprendí que no tiene por qué haber divorcio entre lo culto y lo popular. Y llegué a Cuba e inmediatamente me matriculé en un Conservatorio para estudiar guitarra clásica. Más tarde hice posgrados de composición.

—¿Y Víctor Jara?
—Víctor Jara nos enseñaba la proyección escénica, porque tú sabes que él venía del teatro. Sus consejos eran qué decir para presentar la canción, dónde tienes que ponerte de pie, lo importante de estar concentrado sobre el escenario. Porque llegar al público es responsabilidad del artista, eso lo aprendí también aquí.

—También grabaste con él.
—La primera vez que entré a un estudio de grabación fue con Víctor Jara. Porque Víctor hacía entonces la música para los entreprogramas del canal 7, ésos donde salía un Perrito. Y entonces yo llevaba el tres, el bongó; a veces tocaba charango, quena. Recuerdo que en una ocasión él llevó un arpista al estudio, y aprendí sobre ese instrumento en el folclor chileno. Víctor era alguien que no necesitaba explicarte todas las cosas. Él predicaba con el ejemplo.

»Hicimos una gira al norte: La Serena, Copiapó, Antofagastsa, Chuqui, una salitrera que ya estaba casi abandonada, a Concepción y a Lota. Los mineros nos decían: "¿Cuba? Qué duro que debe ser el trabajo de la caña...", y nosotros les respondíamos: "Sí, pero al menos sabes que no te va a caer el cielo encima". Porque la mina sí que es peligrosa.

—Todo lo que cuentas coincide con otra de las marcas que ha tenido tu trabajo, que es el de la colaboración. Tienes tus grupos, tienes tus discos, pero también estás en los discos de muchísima otra gente.
—La capacidad de adaptarse a otros estilos: eso es lo enriquecedor. Trabajar con otras personas te empieza a quitar el polvo, porque en la medida que tú haces tu música, y sigues en lo mismo, sin salir, te empiezas a empolvar. Las colaboraciones te permiten ir renovando tu sonoridad. Y además te dan ilusión de vivir, porque si no uno piensa que todo está hecho, hasta ahí llegaste.

—Te has convertido en algo así como un promotor internacional del tres. A tu condición de música sumas algo cercano a lo pedagógico, desde el escenario y las entrevistas.
—Yo me siento muy honrado con que a mí en 2010 me dieron el Premio Nacional de la Música. ¡Y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba! Si fuese por tocar bien un instrumento, creo que merecería un premio después de tocar quinientos años. Por eso creo que el premio vino por lo que he hecho con la difusión del tres, que hoy ya es considerado como el cordófono nacional. Tiene hasta un monumento en Santiago de Cuba. Pero no todos los cubanos saben lo que el tres. Entonces, cada vez que se da la oportunidad trato de que el público entienda qué es el instrumento… para que lo ame. Para que vea todo lo que se puede lograr con él y la estatura que tiene.

»Y, te soy sincero, no me lo propuse. Cuando me interesé en el tres, en el año ‘73, me di cuenta de que a ninguno de los músicos alrededor mío les interesaba. Tuve que buscar todas las cosas antiguas que estaban grabadas por ahí, ir a músicos más viejos, llegar por supuesto a Arsenio Rodríguez, quien llegó a ser dueño y señor de ese sonido en los años cincuenta, radicado en Estados Unidos. Poco a poco, los músicos que querían hacer una referencia al aquel sonido antiguo de la trova tradicional me fueron convocando. Sucedió con Silvio [Rodríguez], con Pablo [Milanés], con Sara González. El tres les daba otro color a sus discos y conciertos. Y luego comenzaron a invitarme los viejos soneros. Eso me estimulaba. El tres dejó de ser visto como un instrumento acompañante, y se entendió que podía tener un lugar protagónico. Empezó a aparecer en los festivales de jazz; incluso en conciertos de música clásica. Y en torno a mí se dio todo este fenómeno que, te seré franco, fue espontáneo.

Pancho Amat estará hasta fines de enero en Chile, apoyando las presentaciones de Inti-Illimani Histórico (con quienes ya estuvo hace unos meses en el estudio Abdala de La Habana durante la grabación del disco Fiesta).

—Es un grupo que me gusta porque no ha abandonado su concepto inicial pero mira cómo su música se ha ampliado. Eso significa que han tenido que crecer. De otro modo, estaríamos aplaudiendo su obra, pero en pasado... como si fuesen los Beethoven de la Nueva Canción Chilena [sonríe]. Los grupos deben avanzar desde aquello que los ha ubicado en la atención del público. Cada historia es diferente, pero en general esa exigencia es fundamental. Mirar atrás, saber de dónde vienes, y entonces puedes saber mejor a dónde vas, y entonces avanzar.

—Pensé que hablaríamos sobre todo de música cubana. Pero la música chilena está mucho más presente en tu trabajo de lo que uno pensaría.
—Claro. El proceso de aprendizaje que tuve acá, de la manera en que se hizo, a mí me marcó mucho. Son consejos que me sirvieron para toda la vida. Por ejemplo, yo estuve dos años dando clases de tres en el Conservatorio de La Habana, y recordaba eso de aprender mirando. Una cosa es tocar lo que está en el papel, y otra cosa es la salecita que le pone el pueblo. Para mostrar cómo quiere que se toque una obra, un compositor no puede anotar hasta la saciedad en la partitura detalles sobre gente, época, estilos por regiones… hay cosas que no caben en el papel: hay que verlas, hay que oírlas. Y eso es algo que yo aprendí aquí en Chile: salir y ver en directo cómo se hace la música. Que la música es más tronco que ramas.

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Para escuchar Grabaciones registradas en Chile les sugerimos visitar este Link del Blog Discoteca Nacional Chile