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martes, enero 13, 2026

Melissa Aldana “La música es un motor que me ayuda a salir de las situaciones complicadas”

 
El Mercurio

Desde Nueva York, la saxofonista chilena habla de un proceso de cambio personal, del estudio como eje de su vida y de un nuevo disco de baladas en español que marca un giro en su carrera, justo antes de su regreso a Chile en febrero. Sobre el éxito que ha alcanzado en el jazz , asegura: “Para mí, siempre lo más importante ha sido tener el tiempo para estudiar y mejorar como músico”.

Por Juan Toro. Fotos: Travis Bailey, cortesía Blue Note Records.

El fin de año en Nueva York es frío. Para la saxofonista chilena Melissa Aldana, eso ya es parte de su vida. Desde 2010 que la ciudad se convirtió en su hogar y desde 2007 que vive en Estados Unidos. Aun así, extraña el calor veraniego de Chile.

—Llevo mucho tiempo aquí. Ya son 18 años —dice en una llamada el último martes del 2025, pocos días después de llegar de Europa, donde tuvo dos conciertos y desde ya se alista para la publicación de su próximo disco “Filin” el 13 de febrero, que viene acompañado de su regreso a Chile para dos conciertos en Viña del Mar el 17 y Santiago el 18 del mismo mes.

En estos años en Estados Unidos, con cinco discos publicados, Aldana se convirtió en una de las figuras más relevantes del jazz contemporáneo. En 2013 fue la primera mujer en ganar el Thelonious Monk International Jazz Saxophone Competition, en 2022 debutó en el prestigioso sello Blue Note Records y al año siguiente fue nombrada por la revista Downbeat como una de las mejores saxofonistas tenor del mundo.

Pero el paso de los años y los logros no han sido en vano:

—He cambiado mucho en estos últimos meses y como que me estoy viendo. Todos los pensamientos o recuerdos de cuando me mudé acá, de dónde estoy ahora, de lo que he logrado, de lo que estoy haciendo con mi vida… todo se pasa súper rápido. Es como verse a una misma y la separación del ego.


—¿Cómo se separa del ego en este momento de su carrera?

—Para mí, siempre lo más importante ha sido tener el tiempo para estudiar y mejorar como músico. Ese es el motor de todo, por eso necesito una carrera: para crear oportunidades y poder tocar y seguir desarrollándome.

***

A pesar de los hitos de su carrera, la música, para Aldana, no aparece como un resultado ni como una meta alcanzable, sino como un proceso continuo:

—Hay una parte del proceso en que imitas a alguien para entender lo que tú eres como individuo, y a través de eso entiendes quién eres y te transformas en ti mismo. Tuve que aprender a desprenderme de algunas cosas, también de la idea de lo que significa ser un buen y un mal saxofonista.

Lo importante, asegura, es la presencialidad:

—Aprender a estar en el momento cuando estoy tocando… cómo puedo estar lo más presente posible para poder contar la historia que estamos creando como músicos.

Cuando eso ocurre, dice, aparece una experiencia difícil de explicar sin que suene exagerada:

—Es como un tipo de telepatía entre los músicos, con gente con la que tocas mucho tiempo y que son muy buenos músicos, esa comunicación es mucho más profunda. Pero para lograr esa profundización como músico, tuve que hacerlo como persona y aprender a dejar ir cosas, tuve que parar de identificarme con mi historia y verlo como algo separado.


—¿Cómo puede separarse de su historia?

—Hay muchas cosas que pasaron cuando era niña que me marcan ahora como persona y que también me estancan como persona. Tuve que aprender a ver esas cosas dolorosas, verme a mí misma y soltar para ver quién soy realmente sin todo ese bagaje.

Ese proceso se reflejó en la música de manera natural. Es algo que había estado viviendo sobre todo al momento de incorporar nuevas influencias en sus composiciones y su interpretación:

—Yo tengo mucho de Coltrane, de Wayne Shorter, mucho de Sony Rollins, pero al final, todas esas personas son quien soy yo. Antes, cuando terminaba de transcribir a alguien, trataba de huir del proceso, de no escuchar a esa persona nunca más, porque era parte del pasado.


—¿Ya no?

—Me di cuenta de que la suma de todas esas personas es quien soy yo. Igual que en lo personal, creo que había corrido toda mi vida de quien soy, había estado en modo sobrevivencia. Estoy muy agradecida de que tuve la música, la pasión. La música es un motor que me ayuda a salir de las situaciones complicadas en que crecí para llegar donde estoy ahora.


—¿Es una búsqueda de la originalidad?

—Claro, pero al final lo que haces es único porque eres tú. Eso lo hace único.


—¿Y encontró lo suyo?

—No. Pero es parte normal del proceso estar cuestionándose el cómo puedes mejorar, incluso qué es mejorar. Es una parte un poco mística del proceso que tiene que ver con encontrar algo que no sabes qué es realmente. Pero ese es el proceso.

***

El día a día de Melissa Aldana está marcado por el estudio. No como preparación puntual para un concierto o una grabación, sino como una forma de habitar el tiempo. Tres o cuatro horas al día. A veces menos, cuando la logística lo impide. Pero siempre algo:

—Estoy constantemente estudiando de una u otra manera. Cuando estoy de gira siempre mantengo una horita o dos, a menos que sea realmente imposible.

Viajar —dice— es una locura: aeropuertos, vuelos largos, traslados que consumen el día entero. En medio de eso, estudiar se vuelve una forma de orden y de conexión con lo esencial.

—Estudiar y mantenerme cercana a lo que importa, que es la conexión con mi instrumento, me ayuda a conectar todo lo que estoy haciendo y a disfrutarlo.


—¿No cuesta hacer esas pausas a medida que el ritmo de vida se acelera por su carrera?

—Trato de pausar o tomar descansos y tener un balance. Estudiar es importante.


—Hace unos años decía estar más enfocada en practicar que componer. ¿Y hoy?

—Sigo en lo mismo. Pero también estoy escribiendo más y tratando de tener el balance, pero lo que en realidad me encanta hacer es tocar. Y escribir es algo que necesito para poder tocar más.

***

Hoy la atención de Melissa Aldana va a su próximo trabajo, algo que se sale del sonido que ha experimentado hasta ahora. Un disco de baladas en español que grabó en abril y que saldrá el 13 de febrero. Aldana lo describe como un momento de claridad, pero también como el resultado de un período exigente.

—Se me ocurrió grabar un disco de palabras, porque sentí que estaba lista para decir algo y quería profundizar en mi sonido.

La idea apareció en un momento complejo, marcado por relaciones profesionales desgastantes y una necesidad urgente de romper con ciertas dinámicas:

—Tuve malas relaciones con mánagers… y pensé “quiero hacer algo completamente diferente”.

Convocó a músicos con los que probablemente no volverá a tocar pronto, entre ellos el presidente de Blue Note, Don Was, que produjo el disco; el pianista Gonzalo Rubalcaba, el bajista Peter Washington y la vocalista Cécile McLorin Salvant. Grabaron todos juntos, en una misma sala:

—Grabé con amigos. Estábamos todos juntos, con audífonos, tocando despacito. Grabamos el disco y quedó muy lindo. Es un disco balada, pero realmente balada.

Para la composición, entró de lleno en el sonido cubano de las décadas del 40 y 50, en la mezcla del jazz y el bolero. El trabajo fue meticuloso. Transcribir, imitar, internalizar. Aprender las melodías como si fueran voz, incluso sin palabras.

—Cuando empiezas a poner el sonido más lento, empiezas a encontrar todos los detalles, los melismas, las pequeñas cositas que hacen que la voz de esa persona sea esa persona.


—¿Qué tanto difiere de lo que ha hecho antes?

—Es interesante aprenderse y tocar temas en tu mismo idioma, es diferente a los temas norteamericanos que suelo tocar. Hay una conexión más profunda, entiendo lo que dicen y lo siento. Así que cuando grabé, toqué las melodías, de lo primero que sentí y lo primero que se me vino a la cabeza.

***

Nueva York para Melissa Aldana no es solo el lugar donde reside. Es también la escena donde aprendió a hacer una vida. Se define como introvertida, pero capaz de construir relaciones profundas cuando hay una conexión genuina.

—No tengo muchos amigos, pero la gente que es mi amiga es como familia para mí. Y tengo la suerte de que muchos de esos amigos son también músicos o ingenieros con los que puedo trabajar. No soy parte de una comunidad específica, siento que soy parte de muchas comunidades.


—¿Y Nueva York ya se siente como el hogar?

—Absolutamente. Es un lugar difícil para vivir como músico de jazz, sobre todo lo que está pasando en estos tiempos. Pero yo tengo mi departamento, mi comunidad de amigos, hay muchos conciertos. Estoy además en una parte de mi carrera en que voy subiendo y es importante estar acá.


—¿No se vuelve muy competitivo?

—Sí y no. Aunque más sí, depende de la persona. En mi caso, mi mayor competencia la tengo conmigo misma, pienso en cómo puedo ser una mejor versión de mí misma. Si entras en la volada de pensar quién es el mejor e intentar competir con ellos, es diferente. Para mí no se trata de eso.

Aunque extraña Chile, admite que estar en Estados Unidos es lo que mejor funciona hoy profesionalmente:

—No podría vivir en Chile por una cuestión de carrera; si quiero seguir creciendo y mejorando, siento que tengo que quedarme acá.


—¿Y después de tantos años, qué queda de Chile en usted?

—Yo soy chilena y me siento chilena. Echo de menos Chile, el mote con huesillo, el calorcito, mi mamá y mis amigos. Pero hoy mi identidad es mitad chilena y mitad neoyorquina.

Al comparar Chile y Nueva York, para un músico de jazz, dice, las diferencias son gigantes. Pero no es solo por la industria chilena:

—El nivel de Nueva York es incomparable. Uno sabe cuando los músicos son de Nueva York, hay una energía, una fuerza en cómo tocan. Incluso dentro de Estados Unidos, comparando con otros estados, lo que sucede aquí es otro nivel. Eso no quita que en Chile hay muy buenos músicos.

***

A pesar de que Melissa Aldana está hoy entre las mejores del jazz, medir el éxito no es lo suyo. Al hablar sobre números, ventas, audiencias o premios, Aldana los ubica en un segundo plano:

—No es mi volada. Obviamente yo sé que todo eso es importante, si quiero tener una carrera y sobrevivir en esta ciudad necesito la plata y que me vaya bien, pero ese no es mi motor. Necesito números para que me vaya bien, para crear oportunidades y tocar… pero eso no es lo que está en mi cabeza.

El éxito, insiste, no llegó como una idea abstracta ni como un objetivo grandilocuente. Llegó como algo mínimo y concreto: estabilidad, calma, tiempo.

—Para mí, el éxito era poder tener un departamento en Nueva York y estar tranquila.

Esa forma de medir las cosas sigue operando hoy. Por eso, cuando piensa en el futuro, no habla de metas cerradas ni de conquistas definitivas. Habla de procesos que no se acaban.

—Tengo metas infinitas… termino algo y estoy pensando en lo próximo. Pero son metas como nuevas cosas que quiero estudiar, siempre me estoy preparando para algo y siempre siento que me falta. Eso siempre ha sido parte de mi felicidad.


—¿Pero no es síndrome del impostor?

—Es algo que tengo, pero creo que es parte de la vida de todos los artistas. Es diferente y tiene que ver con la historia de cada uno.


—¿Aun hoy con lo que ha logrado?

—Con los años va pasando y cambia, con el tiempo tu relación con esa parte tuya es diferente. Pero no desaparece, es solo una relación diferente. Cuando entiendes de dónde viene, entiendes lo que es, es un pensamiento que existe, pero no es lo que soy.


—Y después del síndrome del impostor y de los cambios de estos años, ¿quién es Melissa Aldana?

—Estoy explorando aún. Es una persona que está explorando y que constantemente está tratando de ver una situación desde diferentes puntos para poder crecer y aprender de los errores. Es una persona que está aprendiendo a sentirse segura de sí misma. Pero con tranquilidad, con amor y paciencia, es un proceso eterno.


Travis Bailey, cortesía de Blue Note

martes, agosto 29, 2023

Los ecos de una nueva Melissa Aldana llegan hasta Chile

 El Mercurio




El próximo 14 de septiembre la chilena reaparece con su cuarteto en el Teatro Nescafé de las Artes. Viene con la música de su próximo disco para el sello Blue Note y como parte de los cinco mejores saxofonistas tenor del año, según la revista Downbeat.

IÑIGO DÍAZ

Diecinueve años atrás, la saxofonista Melissa Aldana apareció una noche para tocar en el club Thelonious como invitada en el conjunto del contrabajista Felipe Chacón. Era un día de semana, de manera que en un momento dado el músico interrumpió el concierto para indicar al público que Melissa debía volver a su casa porque “mañana tiene que dar una prueba en el colegio”.


De ahí en más, un caudal de otros momentos y de otros episodios han concatenado la biografía de la saxofonista, todavía la figura más importante del jazz chileno en nuestros tiempos, desde varios ángulos.


Becada a los 18 años para estudiar en Berklee, en Boston, llegó definitivamente a Nueva York en una caída libre en 2010. Pero su momento divisorio tuvo lugar en 2013, cuando ganó la prestigiosa Thelonious Monk Jazz Competition, lo que le valió grabar el disco “Melissa Aldana & Crash Trio” y poner definitivamente su nombre no solo en el mapa neoyorquino del jazz, sino también en los circuitos internacionales.


Después de una década de ese acontecimiento, la solista, compositora e improvisadora de 34 años regresa a Chile. Dará otro concierto en el Teatro Nescafé de las Artes con su cuarteto: Glenn Zaleski (piano), el chileno Pablo Menares (contrabajo) y Kush Abadey (batería). La escena se repite 11 meses después de su anterior aparición allí, a sala llena, cuando presentó al público chileno su primer álbum con el sello Blue Note: “12 stars”. Melissa Aldana tocará este 14 de septiembre (20:30 horas, entradas desde $23 mil a $39 mil).


“Estuvimos viajando mucho con el grupo, con una gira por Europa. Cuando volvimos a Nueva York, tocamos una semana completa en el Village Vanguard y luego entramos al estudio con música nueva, que contó con arreglos del guitarrista Lage Lund. Es una música para quinteto, que incluyó al pianista cubano Fabián Almazán”, dice a “El Mercurio” desde el barrio de Prospect Park, en Brooklyn, un territorio plagado de músicos que han encontrado allí alquileres a precios más “humanos”.


Las cinco estrellas


En el lapso de este año calendario, las cosas volvieron a cambiar para ella. En 2022 había sido escogida como la “estrella emergente del jazz” por un círculo de especialistas —el Critics Poll— convocado por la revista Downbeat, un comité que desde 1952 elige a sus músicos destacados. Esa misma revista, que en abril del año pasado dedicó su portada a Melissa Aldana, la eligió ahora como el quinto nombre en la lista de tenoristas del año, detrás de Charles Lloyd, Chris Potter o Joe Lovano, nada menos, y por encima de Branford Marsalis, Joshua Redman o Kamasi Washington.


Pero hay más. Si la música de “12 stars” el año pasado había sido un ejercicio de composición empujado por los devenires de la pandemia, la pérdida de trabajos, su separación, la incertidumbre y la condición de inmigrante, hoy se abre otro capítulo en la historia, con este disco programado para 2024.


“Hoy me encuentro en otro proceso, que es como una continuación de lo que viví antes, pero es completamente diferente. Me siento en un momento de mayor madurez, de estar más tranquila conmigo misma”, dice. Aldana mostrará aquí los primeros pasajes de “Echoes of the inner prophet”.


“Los ecos del profeta en el interior, ese es el maestro que me va guiando en silencio”, define. “Cuando miro atrás y veo toda la música que he grabado desde que llegué a Nueva York (“Free fall” fue su primer álbum, esa caída libre en la ciudad) veo que todo tiene relación con todo. Son momentos conectados unos con otros y son autobiográficos”, cierra la chilena.

martes, agosto 18, 2020

Los nuevos acordes de Melissa Aldana

El Mercurio

Hace diez años la jazzista se radicó en Nueva York y se abrió paso en la escena musical, ganó competencias y se consagró en escenarios de prestigio mundial. Hoy habla de lo más duro de vivir el apagón de la ciudad y de cómo se reinventa en una metrópolis sin espectáculos.

Por Muriel Alarcón desde Nueva York. Ilustración: Francisco Javier Olea.

Casi llegando a Prospect Park por Lincoln Road, colgando de las escaleras de emergencias de sus edificios, en lienzos pintados se leen mensajes como: “Cancelen el pago de la renta” y “Las vidas de los negros importan”. Frente a la ventana corredera de un camión rosado, que parece como de juguete, cinco personas hacen fila con distanciamiento social para comprar un cono de helado.

—Vengo todas las mañanas y las tardes aquí. Es sagrado, necesito mucho la naturaleza, me hace muy bien —dice Melissa Aldana, 31 años, una de las saxofonistas más respetadas de Nueva York.

Son las 8 de la noche y el sol y la humedad pegan todavía fuerte. Melissa camina a paso rápido, ocupando una mascarilla negra y se adentra a Prospect Park, el Central Park de Brooklyn, lleno de árboles, sombras, puentes de piedra y calles serpenteantes recorridas por ciclistas. Aquí pasa gran parte de sus días, después de un confinamiento voluntario que la tuvo cerca de cuatro meses varada en la misma ciudad.

En Nueva York, donde vive hace diez años, la cuarentena siempre fue un asunto opcional para sus residentes. Incluso cuando, en abril, se convirtió en el foco mundial de la pandemia del coronavirus, con 800 muertes reportadas a diario, y luego, en mayo, fuera uno de los puntos de las movilizaciones ciudadanas en respuesta al racismo policial tras el asesinato de George Floyd.

A Prospect Park, Melissa viene a caminar. También a tocar el saxofón con sus músicos en un rincón al que solo ellos saben llegar. Melissa y sus músicos tocan, pero sin público.

—Poder volver a hacerlo es un privilegio. Me ha hecho muy bien para el espíritu. Me ha motivado mucho. Estoy contenta y agradecida por tener esto, que es un contexto, con lo que estoy estudiando y con lo que estoy tratando de hacer.

***

Si las cosas hubiesen sido como estaban planificadas, este 2020 su saxofón la habría llevado a países como Finlandia, Alemania, Italia o Inglaterra, entre otros. Pero Melissa Aldana no tiene planes de moverse. Estos meses de encierro su vida ha transcurrido entre conciertos y festivales online, Lives en los que mantiene conversaciones en línea con sus seguidores y clases particulares por Zoom y Skype que ella misma promociona por sus redes sociales a chilenos, pero también a aprendices de otras partes.

—Me gusta mucho enseñar. No es un problema. Aprendo mucho teniendo que hacer clases a buenos y a malos estudiantes.

A Brooklyn llegó a vivir hace solo unas semanas, cuando abandonó el departamento en el que vivía en Harlem, a unas cuadras del río Hudson, para venirse a vivir a una pieza en la casa de su amiga, la músico Camila Meza, al otro costado de la ciudad. “Se siente como que hay una comunidad”, dice de su nuevo barrio.

—Tengo muchos amigos chilenos que viven por acá. Amigos americanos. Amigos de todas partes. Veo a gente todos los días. Dentro de todo se siente como más en casa.

Antes del confinamiento por la pandemia, Melissa dio su último concierto en vivo el 14 de marzo pasado. Entonces volcó su vida profesional puertas adentro. Con presentaciones suspendidas y salas de jazz de culto cerradas hasta nuevo aviso, el apagón temporal de la ciudad para ella “ha sido un shock”.

—Para mí es muy nuevo darme cuenta de que (el lugar) por el que uno ha luchado toda su vida ya no existe. Nueva York, (la ciudad) por la cual yo me mudé, en la cual yo he vivido tantos años, ya no existe. ¿Qué quiero hacer? ¿Dónde quiero vivir? No sé. Mentiría si digo: “esto es lo que pienso”. Son muchas cosas en las que pienso.

Por estos días recibe invitaciones de clubes de jazz legendarios de la ciudad como el Smalls, en el Greenwich Village (reconocido, entre músicos, como el semillero de nuevos talentos), y Jazz Gallery, un centro cultural de jazz en el midtown (que funciona en el quinto piso de un edificio de la calle Broadway). Este último ofrece residencias y talleres, y a Melissa le gustaba venir cuando todavía se podía ver jazz en vivo. Ahora estos lugares han innovado en su formato, tal como lo han hecho algunos eventos deportivos. Organizan espectáculos en sus locales, sobre sus icónicos escenarios, y ocupando la iluminación baja de siempre, pero al modo pandémico: sin público ni aplausos.

—Con todo lo que estamos viviendo, estoy muy contenta de tener la posibilidad de tocar. He estado pasando por un proceso más personal y musical, entonces no me estoy preocupando ni cómo es (el presente) o cómo va a ser el futuro. Estoy intentando vivir el día a día. No es algo que me lo haya planteado. Nueva York no va a ser el mismo, pero el mundo no va a ser el mismo tampoco. ¿Cómo puedo tratar de aprovechar este tiempo para que no pase en vano a nivel personal y a nivel musical? Pienso cómo puede estar presente (este momento), en vez de estar preocupada de lo que va a pasar o no. Creo que es la forma más sana de llevar esta situación.

***

Melissa Aldana aprendió el jazz gracias a su papá, el saxofonista chileno Marcos Aldana, hijo del saxofonista Kiko Aldana, director de la banda de música tropical Huambaly.

—Pero de mi abuelo no me acuerdo. Él murió cuando yo era muy chica —dice Melissa Aldana, quien creció en una casa antigua, en la comuna de Independencia, escuchando a Charlie Parker y a John Coltrane. Su padre montaba ahí su academia musical.

—Nunca tuve una buena relación con Marcos. Crecí con un asunto familiar medio conflictivo que yo creo fue el empujón grande para irme a Estados Unidos y no querer volver más. Yo creo fue un escape de Marcos y de la familia. Ahora tengo una muy buena relación con mi mamá y con mi hermana, pero con él no tengo ninguna —dice y luego agrega:

—Él me enseñó a tocar saxo, pero eso no significa que yo tenga que tener una relación con él o estar agradecida, porque yo no sé quién es. No nos conocemos.

Melissa Aldana llegó a vivir a Nueva York una semana después de haberse graduado de Berklee College of Music en Boston, Massachusetts, la universidad de música contemporánea más grande del mundo, con una lista larga de exalumnos ganadores de premios como el Grammy, Emmy y Tony Awards. Había llegado a vivir a Estados Unidos en 2007 becada, tras intensos años de estudio en Chile.

Tenía 21, tenía el talento y tenía la determinación de que su viaje era uno sin retorno.

—Cuando yo tomé el avión desde Chile para venirme, sabía que no iba a volver. Yo creo que en gran parte es porque no tengo ese apego familiar. Siempre he estado sola. Esa transición no fue tan difícil. Lo que me costó mucho fue aprender a hablar inglés. Y luego acostumbrarme a la cultura, y entenderme yo como adulta, crecer, entender relaciones, con amigos, como el típico desarrollo.

Reconoce que a Nueva York “se mudó súper a las locas”.

—No lo haría así de nuevo.

Para integrarse al circuito, empezó a tocar todas las noches en Smalls.

—Fue mi inicio en Nueva York. Fue como conocí gente, como empecé a tocar conciertos, como empecé a armarme y a crecer.

En 2013 ganó el Thelonious Monk, la competencia de jazz mundial más importante para menores de treinta años. Fue la primera sudamericana y la primera mujer instrumentista en conseguirlo. Y su nombre pasó a sonar en circuitos más sénior, en los que le empezaron a pedir ‘exclusividad'.

—Pero yo siempre trato de negar el hecho de que ‘porque soy mujer' debería estar orgullosa por el Thelonious Monk. Siempre he querido que me consideren más como músico. Yo estaba en el lugar adecuado en el momento preciso. Eso abrió muchas más puertas rápido.

El premio le permitió ahorrar, comprarse un piano, estabilizarse y la puso en el mapa de los talentos que hay que mirar. Hoy está a la espera de presentarse online en 2021 en el Village Vanguard, un club abierto en Greenwich Village en 1935. De acuerdo con The New York Times “el mejor club de jazz en Nueva York y posiblemente de cualquier lugar”, donde se han presentado leyendas como John Coltrane y Bill Evans. A pesar de cerrar el 16 de marzo —tres semanas después de su cumpleaños número 85—, para ella hoy significa su máximo orgullo.

—Es como lo mejor que te puede pasar como músico de jazz aquí en Nueva York. Es un lugar donde se grabaron los discos de jazz más importantes, es donde todos mis héroes tocaron.

***

Melissa aparece en un cuadrado por Zoom con su saxofón dorado. Delgada y minúscula, sentada de cara a su computador, audífonos inalámbricos negros, con el pelo tomado, los ojos cerrados, el ceño fruncido, las cejas arqueadas, toca con fuerza la balada “Spring can really hang you up the most”, original de la poeta y compositora estadounidense Fran Landesman. Los auditores de su live-stream se multiplican en segundos. 103, 180, 208.

—Lo sentimos mucho. Teníamos muchas ganas de estar ahí con ustedes presentando nuestro último proyecto —dice Melissa a sus auditores virtuales. La acompañan, en pantalla, los músicos estadounidenses Sam Harris, Joel Ross y Kush Abadey, también desde lo que parece el living de sus casas.

Su más reciente proyecto es “Visions”, un álbum musical inspirado en la obra de Frida Kahlo y que incluye la improvisación del solo que la llevó a ser nominada este año a los premios Grammy en la categoría de Best Improvised Jazz Solo. “Visions” es también el resultado de un trabajo terapéutico.

—Es como abrazar tu historia, y representarla en el arte. Yo no tengo la familia ideal, pero esta soy yo. Esta es Melissa. Y el hecho de no haber tenido un suelo firme me permitió crecer y ser madura desde chica. Yo partí de la nada en Nueva York. Saber que no iba a contar con nadie si me pasaba cualquier cosa, me hizo fortalecerme desde chica, y estar clara en lo que quería hacer.

Un auditor virtual le pregunta: “Cuando compones, ¿confías más en tu inspiración o en la experimentación?”

—Yo creo que en la experimentación —dice ella, muy atenta a la cámara —. Quiero decir, obviamente hay días donde me siento y puedo escuchar, y todo fluye muy fácilmente, pero eso no ocurre siempre. Lo trato y soy disciplinada con esto. Tiene que ver con compromiso y con tratar de sacar ideas cada día.

Pero Melissa dice, más tarde, en privado, que le cuesta. No le ha sido fácil compartir su proceso personal en estas “sesiones” online que en tiempos pandémicos se han convertido en el lugar donde los músicos hoy se muestran en pantalla sin sus instrumentos.

—Me ha costado. Porque todo el proceso (creativo) es súper personal. Me siento como muy desnuda frente a la audiencia. Qué es lo que estás haciendo, qué es lo que estás estudiando. Yo estoy como en un período donde uno está con uno mismo, replantéandose y tratando de mejorar. Compartirlo se me hace difícil.

Melissa dice que estos meses se ha vuelto a conectar con la primera vez que tocó saxofón.

—Con ese mismo sentimiento que uno tiene de niño cuando está enamorado del instrumento. Recuerdo cuando quería practicar, absorber información y saber lo que más pudiera. Si bien siempre practico, hoy lo hago en una forma más profunda y consciente. Me he vuelto a encontrar con esa esencia del músico y de su instrumento.

Cuando empezó la cuarentena, meses atrás, imaginó que este sería un tiempo disciplinado, con prácticas diarias de diez horas y un período “de aprender esto y esto otro”.

—Yo me he sentido forzada a lidiar con cosas a las que hasta ahora no me había visto enfrentada, por la vida que llevaba, siempre viajando o trabajando. Ahora estoy tratando de estar sana. Haciendo ejercicios. Tratando de hacer lo que sea que me ayude a mantener mi mente estable y positiva.

La pausa —la de ella y la de la ciudad— la ha llevado a ver en su encierro una oportunidad.

—Evado mucho las cosas. Y este es un buen momento para pensar en mí misma. Aunque lo creas o no, siendo tan independiente, como que me cuesta mucho estar en silencio y tener tiempo para pensar. Es un privilegio como artista poder tenerlo.

lunes, febrero 12, 2018

Seis rostros del jazz chileno

El Mercurio

Estas mujeres están dando que hablar en la escena actual del jazz chileno. Mientras algunas prefieren el género tradicional, otras se han volcado hacia la parte más experimental. Más allá de sus propios estilos, todas estas artistas reconocen al jazz como la escuela que las motivó a seguir sus propios caminos musicales.

Por Maritza Peña Delgado

Melissa Aldana, saxofonista
Triunfo en Nueva York

Creció escuchando tocar a saxofonistas en su casa: es hija y nieta de músicos de jazz. "Yo tenía seis años y estaban haciendo una clase grupal, me mostraron cómo hacer tres notas y me enamoré. En 2007 me fui a estudiar saxo a Boston y cuando terminé la pregunta era: ¿Me vuelvo a Chile o me voy a Nueva York? Pero yo me dije: 'bueno, en realidad no tengo nada que hacer en Chile, tengo 21 años, veremos lo que pasa'. Me fui y no he vuelto desde entonces (...) Yo les digo a los músicos jóvenes que es importante viajar, abrir los ojos y ver el mundo. En Nueva York te codeas con lo mejor de lo mejor y eso es lo que te hace crecer como músico y eso no pasa en ninguna otra parte".

Hace cinco años ganó el Thelonius Monk Competition, un prestigioso concurso mundial para jóvenes jazzistas. "Ser la primera mujer y latinoamericana en ganarlo no significa nada. Que gente como Wayne Shorter (saxofonista estadounidense) me haya elegido, es lo que importa".

"Lamentablemente para la mujer existen diferencias, discriminación, pero hay que ser fuerte con lo que quieres hacer, debes estudiar para entregar algo valioso, luchar por lo tuyo y todas esas cosas van a pasar de lado".

Este año Melissa (29) espera grabar un disco en formato quinteto, para lo que está coordinando con sellos discográficos. "Además tengo otro proyecto que se llama Artemis, un colectivo de puras mujeres donde participan Cécile McLorin Salvant, Renee Rosnes, mujeres muy potentes".


Thais Marie Antoine Cantante
"El jazz en la voz"

Nació en Francia en un ambiente impregnado por la música, pero fue en Chile donde comenzó a desarrollar su potencial en el canto. "Me gusta desde que tengo memoria, escuchaba harto en la casa, sacando melodías e inventando otras. Mis papás son melómanos, pero cuando les dije que quería estudiar música me dijeron 'estudia algo más seguro', tuve que insistir un poco hasta que lo aceptaron.

Coordinó la primera versión del Ciclo Voces del Jazz a finales de 2017, que tuvo presencia de artistas nacionales e internacionales. "Fue un proyecto mío en el que participaron varios cantantes, grupos y bigbands. Hoy ese proyecto sigue en desarrollo".

Thais (34) también está trabajando en el disco "Luna de Mar" para el que tuvo apoyo de un grupo de cinco instrumentistas. "Mi disco tiene composiciones propias y un par de standards (temas conocidos y reversionados por varios músicos). No busco algo complicado, busco algo emotivo, más emocional, pero sigue siendo jazz actual. La historia de cada canción son momentos que he vivido, cosas que he pensado, a veces más desde la música que desde la letra".


Paulette Buera, trombonista
Jazz-ska para bailar

"Comencé a tocar el trombón cuando tenía 13 años. Gherhard Mornhinweg (músico de la Universidad de Chile) llegó a mi colegio para invitarnos a dar una prueba para entrar a la Conchalí Big Band. Al final de la prueba te decía tu aptitud para tal instrumento, y a mí cuando me pasó el trombón. Yo le dije: '¿trombón?, es como grande, es como para hombre'. Yo quería el saxo barítono, porque veía Los Simpson.

En 2001 Paulette Buera (30) participó de una gira a Europa, recorriendo Italia, Alemania y Suiza con la Conchalí Big Band. Participa en la Banda Conmoción hace tres años. "Además toco ska jazz en la banda Mercurio Paradise, tenemos unos discos grabados y queremos grabar otro en septiembre. Me gustaría poder intervenir espacios con la música, ir a poblaciones donde se escucha harto reguetón y mostrar que lo que tocamos es música igual, se puede bailar, que se llama ska y tiene jazz, y a la gente que no le gusta el jazz pero sí el ska, puede juntarlo.


Natalia Ramírez, cantante
Interpretación histriónica

Entró a la Escuela ProJazz y su primera influencia fue la cantante estadounidense Ella Fitzgerald. "Fue amor a primera audición. Me gustó porque es súper histriónica, carismática y graciosa, me sentí súper identificada con ella".

Natalia Ramírez (28) inició su carrera en el jazz en Santiago Downbeat, una orquesta inclinada a la fusión del jazz y el ska. "Saliendo de la carrera empecé a visitar locales de jazz, ahí fue donde me escuchó Roberto Barahona, curador del Festival de Jazz de Providencia, y me invitó a crear un proyecto. Ahora estoy trabajando en una grabación a dúo con el maestro Valentín Trujillo. Además quiero seguir con la docencia, clases particulares que realizo en mi casa y que han tenido harta convocatoria".


Bernardita Fiorentino, cantante y guitarrista
Notas experimentales

Su gusto por la música comenzó en el colegio, mientras formaba parte del coro y de un taller de guitarra. En 2016 quedó seleccionada en una universidad en Estados Unidos pero prefirió quedarse en Chile. "Estaba teniendo un buen momento musicalmente con mi grupo 'Cómo suspender su incredulidad desapareciendo por completo', tocando mis temas y haciendo improvisación libre".

Según Bernardita (24), la baja popularidad del jazz en las radios se debe a que es música de nicho. "Encuentro que es su naturaleza y los que tocamos jazz, a los que nos gusta, lo honramos y seguimos manteniendo la tradición, somos muy fanáticos de una cosa muy puntual de la historia. Es como un té club, un club de jazz, un club social".

Hoy está trabajando en dos proyectos, pero no quiere adelantar detalles porque aún están en fase de preparación. "Uno de ellos es más jazzero, con repertorio de jazz tradicional, y el otro es más personal, con mis composiciones".


Luz Cuadros, clarinetista
Música con carácter

Está convencida de que la presencia minoritaria de mujeres en el jazz tiene una explicación. "Son pocas porque se necesita mucho carácter para surgir en esta sociedad. Estuve en Francia y conocí a muchas mujeres músicos, todas tenían mucho carácter, y yo soy una de ellas, dirijo un ensamble y para esto necesitas ser firme, y no solo firme, necesitas tener un trabajo impecable".

Un profesor de filosofía le regaló un disco de Charlie Parker en el colegio y a Luz (30) le encantó. A los trece años se encontró frente a un clarinete en el Club de Jazz. Le sorprendió su elegancia y decidió que sería su instrumento.

Lleva varios años trabajando en el proyecto Ensamble de Luz, antes compuesto por nueve músicos. "El primer disco tiene composiciones que empecé en 2010, y luego en 2014 gracias a un Fondart pudimos grabar. Ahora son otros músicos, somos un sexteto y estamos proyectándonos con giras. Se viene el segundo disco en mayo, y concierto-obra con performance". *


Las pioneras del Jazz en Chile

El jazz se instaló en Chile en la década del 20, cuando se formaron las primeras orquestas nacionales de este estilo, asociado a clubes nocturnos, donde las mujeres no tendrían cabida. Salvo en el teatro de revistas, donde la argentina Alicia Vignoli era una de las figuras más reconocidas por su talento musical.

En 1943 se fundaba el Club de Jazz de Santiago, reflejo del alcance que estaba teniendo este género, al que se empezaron a incorporar voces femeninas, como las actrices Carmen Barros y Malú Gatica. Como "reina del jazz chileno" se conocía a mediados de esa década a Kerry Keller, intérprete de spirituals que también realizó giras al extranjero, presentándose en Buenos Aires y Montevideo. Posteriormente se dedicó a la actuación teatral.

En los años 60, Inés Délano, quien tenía formación en música lírica y popular, se integraba como lady crooner al grupo dixie Santiago Stompers. Luego se dedicó a enseñar canto. En esta década surgirían las intérpretes nacionales de mayor trayectoria en el jazz local,Rita Góngoray Luz Eliana. La primera, comparada con Billie Holiday, debutó en 1965 con el trío de Roberto Lecaros; incursionó en el bossa nova y siguió en el jazz con el grupo "Seis a la Dixie" y como solista. Luz Eliana fue una de las estrellas de la mítica Nueva Ola antes de dedicarse al jazz, llegando a ser considerada la Ella Fitzgerald chilena.

lunes, junio 27, 2016

Melissa Aldana y una vuelta a casa

El Mercurio

Con "Back home" completa otro ciclo en Nueva York. Ahora inicia una gira europea, una residencia en Dinamarca y pone en marcha dos inéditos grupos.

IÑIGO DÍAZ
El episodio tuvo lugar en la casa familiar del barrio Independencia, donde ella vivió antes de viajar a Estados Unidos, en 2007. Melissa Aldana tendría unos 11 o 12 años, mucho antes ya había sido descubierta como niña prodigio de la música y entonces practicaba duro el saxofón alto, con las referencias de Charlie Parker y Phil Woods. "Pero un día escuché otro sonido y otro enfoque del jazz que había conocido hasta ahí. Era Sonny Rollins al saxo tenor. Entonces me cambié a ese instrumento", dice en retrospectiva Melissa Aldana desde Nueva York, donde llegó a vivir en 2010, después de estudiar en la escuela bostoniana de Berklee.

Hoy tiene un nuevo disco en su catálogo solista, el cuarto que graba y publica en esa ciudad. Se titula "Back home" y fue editado por el nuevo sello de la chilena, Wommusic. "Es el recuerdo de ese momento clave, cuando escuché a Sonny Rollins por primera vez, fue mi inspiración y un enamoramiento. El disco lo veo como un regreso a esa casa y también como un tributo a este músico histórico", dice Aldana.

Fue entonces cuando recibió el saxofón Selmer Mark VI, de 1959, que había pertenecido a su abuelo Kiko Aldana, músico de la Orquesta Huambaly. La historia es transgeneracional.

Del trío al sexteto

"Toqué como invitada en el concierto en honor de Sonny Rollins en el teatro Apollo de Harlem, con saxofonistas como Jimmy Heath y James Carter. Toqué una de sus composiciones más populares: 'St. Thomas' (1956). Él tiene 85 años y ya no puede tocar, por un problema pulmonar", dice.

El vínculo de ambos no es casual. Tanto en su disco "Crash Trio" (2014) como en el reciente "Back home", Melissa Aldana ha tomado como propio el enfoque del saxo en el contexto del trío sin piano, impulsado por Rollins a fines de los 50. Esa geometría instrumental lleva al grupo a una búsqueda por la recuperación de la armonía, suspendida con la exclusión del piano, y acrecienta de paso los roles dentro del trío, que esta vez ella forma con el chileno Pablo Menares (contrabajo) y Jochen Rueckert (batería).

Mientras da clases en el Lincoln Center y en la Juilliard, Melissa Aldana iniciará este verano boreal una larga gira europea, que incluye una residencia en Dinamarca y la puesta en marcha de sus próximos sexteto y cuarteto, para los que ya está escribiendo música. "Cuando comienzo de nuevo, nunca estoy segura hacia dónde van las cosas. Pero esa es la idea cuando estás creando música", cierra.

domingo, abril 13, 2014

Jazzista chilena Melissa Aldana suma un nuevo premio internacional

La Tercera

La saxofonista radicada en Nueva York obtuvo el Martin E. Segal Awards, que entrega el Lincoln Center Society.
por J. Letelier

Un nuevo premio internacional sumó la jazzista chilena Melissa Aldana a su destacado palmarés internacional. La saxofonista tenor acaba de obtener el Martin E. Segal Awards, un premio entregado a músicos emergentes por el Lincoln Center Society de Nueva York.

El premio a Aldana se suma al obtenido el 2013, del Thelonious Monk Institute of Jazz, el más prestigioso del mundo que premia a jazzistas jóvenes. El  Martin E. Segal Award reconoce a talentos nyevos de la música contemporánea y está compuesto de US7.500. La chilena comparte el premio con el ensamble de cuerdas Jack Quartet.

Algunos de los anteriores ganadores del premio, que se entrega desde 1987, son la cellista Alisa Weilerstein, el coreógrafo Christopher Wheeldon y el director de orquesta Xian Zhang.

Aldana está ad portas de lanzar su nuevo disco, Melissa Aldana & The Crash Trio, la placa que grabó por el premio obtenido por el Thelonious Monk Institute. La presentación será en junio en Nueva York y estará bajo el sello Concord Records. Crash Trio está formado además por el chileno Pablo Menares en contrabjo y el baterista cubano Francisco Mela.

sábado, septiembre 21, 2013

Melissa Aldana en la cima: "Me acaba de cambiar la vida"

El Mercurio

La saxofonista chilena ganó el concurso mundial de jazz y firmó con el sello Concord Music.

Iñigo Díaz

"Melissa parecía una rockstar . Estuvo rodeada de jazzistas mundiales, productores de festivales y representantes de sellos", según indican testigos del triunfo que la saxofonista chilena de jazz concretó el lunes por la noche en el Kennedy Center de Washington DC ante unas 500 personas. Según trascendió, el jurado -que incluyó a Jimmy Heath, Wayne Shorter y Branford Marsalis- no tuvo mayores problemas en la deliberación de su nombre como la ganadora de la Thelonious Monk International Jazz Competition. En tres etapas, Aldana se impuso a cientos de saxofonistas y en la final superó a Tivon Pennicott y Godwin Louis, solistas neoyorquinos, como la chilena. "Dijeron que yo había sido la más clara en la transmisión del mensaje. Al comienzo estaba tensa, pero cuando comencé a tocar ya me relajé. Me concentré en no racionalizar el momento, en comunicarme con la sección rítmica y sacar la música delante de manera natural", cuenta Melissa, quien incluso tocó un tema propio: "Free fall".

La saxofonista ganó US$ 25 mil y un contrato con el prestigioso sello Concord Music, con el que editará su próximo disco "The crash trio". "Me acaba de cambiar la vida, pero mi perspectiva de la música sigue siendo la misma", señaló.

domingo, agosto 25, 2013

La saxofonista dará cuatro conciertos: A clases magistrales con Melissa Aldana

El Mercurio

Seleccionada como semifinalista de la Thelonious Monk International Jazz Competition, la chilena hará una intervención académica en Projazz y presentará el disco "La resistencia".

IÑIGO DÍAZ

"Nueva York es mi casa y acá me quiero quedar a vivir, pero siempre es rico volver a Chile para tocar y ver a los amigos. Así que cada viaje me viene muy bien", dice al teléfono la saxofonista Melissa Aldana desde el barrio de Harlem, donde está instalada desde el año pasado. Si bien su visita de esta semana la tendrá con variadas actividades, al menos representa un paréntesis en un nuevo momento determinante de su carrera jazzística.

Aldana acaba de ser seleccionada entre los catorce semifinalistas de la Thelonious Monk International Jazz Competition, prestigioso certamen mundial organizado por el instituto educativo que lleva el nombre del músico. Este año está dedicado al saxofón, instrumento con el que en 1991 también concursó su padre, Marcos Aldana. Melissa envió una grabación y fue escogida entre centenares de participantes.

"Las semifinales se realizan en Washington el 14 de septiembre. Tengo media hora para ensayar con una sección rítmica y al día siguiente debo tocar por quince minutos ante un jurado con gente como Wayne Shorter, Jimmy Heath y Branford Marsalis", cuenta Aldana, quien de paso viene de actuar en el neoyorquino Dizzy's Club del Lincoln Center.

En Chile sus planes se multiplican. Mañana la chilena dará una clase magistral en el Instituto Projazz, titulada "Una mirada integral al músico", donde "veremos asuntos como el trabajo grupal, las funciones fundamentales de los instrumentos y el liderazgo de un músico: cosas que parecen básicas, pero que nunca se verbalizan". Para ello, Melissa trabajará con los jazzistas chilenos Pablo Menares (contrabajo) y Félix Lecaros (batería), radicados también en Nueva York e integrantes del conjunto que esta semana estará en acción.

El 28 de agosto, la saxofonista dará un concierto en Thelonious con esta agrupación, y luego se sumará al quinteto organizado por el sello Discos Pendiente -que a ese trío añade a Sebastián Jordán (trompeta) y Nicolás Vera (guitarra)- para presentar en vivo durante tres noches el disco "La resistencia", inspirado por el ensayo homónimo de Ernesto Sábato y grabado durante el verano en el GAM.

Esos conciertos serán el 29 y 31 en el mismo Thelonious, mientras que el 30 el quinteto compartirá escenario con el saxofonista estadounidense Jerry Bergonzi y el pianista danés Carl Winther en el ciclo Jazz Up que se realiza en el Teatro Universidad de Concepción.

sábado, marzo 23, 2013

La joven reina del jazz chileno

El Mercurio


Melissa Aldana -nieta de Kiko Aldana, el mítico saxofonista de la orquesta Huambalí- vive en Nueva York, pero acaba de estar de paso por Chile. Y, junto con dar una pequeña tocata, aprovechó de repasar su carrera, la que hoy la tiene tocando junto a los mejores jazzistas del mundo. Y, aparte, preparando un disco con su trío The Crash, para lo cual se acaba de ganar un Fondart. Las preguntas parecen naturales: ¿Qué hace una mujer tocando un saxo tenor? ¿Qué hay de nuevo en el jazz? ¿Qué es el jazz? Vamos.  

SERGIO PAZ Melissa Aldana tiene 24 años. Y también carácter; mucho carácter. Fuerza. Uno le dice algo y ella responde. Con energía, con chispa. Melissa Aldana nunca se queda callada.

- ¿Tomamos un café? 

- No tomo café

- ¿Almorzamos? 

- Ya almorcé.

- ¿Nos juntamos en el mall?

- No quiero ir al mall. Ven donde estoy.

- Voy donde estás.

Hay que decirlo: al día siguiente de esta entrevista, Melissa partía otra vez a Nueva York, donde vive. Y, claro, mucho tiempo no tenía tampoco. Aparte, estaba lejos: en la casa de su pololo en el cerro Apoquindo.

Aunque igual Melissa es Melissa.

No por nada alguna vez compitió tocando su saxo en "Quiero ser una estrella" en Miami. Y aunque no ganó, poco después se las ingenió para tocar con Randy Brecker y, ese mismo año, con el pianista Danilo Pérez quien, fascinado con esta chica menuda, que vaya que sabe cómo arrancar notas de furia a su gigantesco saxo tenor, la invitó al Panama Jazz Festival. Ahí Melissa, decidida como ella sola, aprovechó la ocasión y se contactó con la gente de Berklee, la prestigiosa escuela de música, quienes terminaron dándole una beca presidencial para que estudiara con ellos. Y en Berklee trabó amistad con músicos como Greg Osby, Frank Tiberi y George Coleman: este último, un maestro vivo del be bop, quien la invitó a grabar dos discos en su sello Inner Circle Music.

Melissa se las trae. Melissa es seca.

Monk, Thelonius Monk, solía decir que en todo músico hay un matemático. Deber ser.

Respecto a otras mujeres tocando saxo tenor, Melissa dice: "Hay varias buenas, pero para ser honesta, todavía no he escuchado a ninguna que admire. ¿Me entiendes?".

Y respecto a su lugar en la escena, dice: "Soy un aporte al jazz en Nueva York".

Melissa no cree que lo de ella sea tocar y ya. Ella piensa que puede agregar lo suyo: "Tratando de sonar como yo misma, seré un referente. No porque traiga ritmos latinoamericanos, sino porque mis experiencias son distintas. De partida, porque soy mujer y veo las cosas de un modo diferente".

Melissa la tiene clara: "El jazz es una sola cosa y no está relacionado con que seas gringo o chileno. El jazz es una cultura, una manera de sentir la música que ha ido madurando y evolucionando con todas las influencias alrededor".

En Nueva York, Melissa vive una vida particular. Arrienda un departamento en Washington Heights con la 172, en el corazón del Manhattan más latino; ahí tiene el apoyo de leyendas como George Coleman, el maestro que incluso grabó con Miles Davis, quien apoya a Melissa porque encuentra que es seca, buena, capa.

Y lo es: a Melissa la invitan a Canadá, a Europa. Melissa viaja. Toca. Vuelve a viajar.

Cuando está en Nueva York ensaya en su departamento: hasta no más de las 9. Melissa es buena vecina. Y en las noches sale a ver en qué están sus amigos. Va al Village Vanguard, al Smalls Jazz Club, al Blue Note, al Jazz Standard, al Puppets, al Fat Cat, al Kitano. Son tantos. Nueva York, en buena medida, es jazz e improvisación.

"Es como mi vicio, me encanta", dice Melissa.

A veces, ella también toca en Nueva York. Recientemente en el Lincoln Center, donde se presentó con Crash, el trío que tiene con Pablo Menares y Francisco Mela, este último alguna vez baterista de Joe Lovano y ahora de McCoy Tyner. Con ellos, Melissa se ganó un Fondart para sacar un disco este año. Ya el 2012 se había ganado el Altazor por su última producción.

Melissa nació en Santiago y de chica vivía en Independencia. Un día, a los 6, tomó una caja que su papá atesoraba en un closet. Lo abrió; ahí estaba el saxo alto de su abuelo: Kiko Aldana, mítico saxofonista de la Huambalí, quien había muerto un año antes. Cosa rara: de inmediato le sacó al rudo instrumento tres notas más que afinadas.

- No te digo que haya tocado increíble, como Charlie Parker ni nada, pero me sonaron y fue el gancho para empezar a estudiar. Fue un enamoramiento instantáneo -dice Melissa.

Desde entonces no soltó nunca más el instrumento. Y en eso la apoyó Marcos Aldana, su papá, otra leyenda del jazz local, alguna vez músico de bandas como Cometa y hasta hoy un activo protagonista de la escena chilena y que, estos días, prepara un homenaje a Chick Corea con Espinoza y Sylleros.

Melissa, nuestra Lisa Simpson, iba a un colegio normal, el Álvaro Covarrubias en Independencia. Ya en casa, mientras su papá creaba algún jingle (los saxos no faltaban en la publicidad de los 90) ella repasaba escalas y armonías, ajustaba la afinación y, lentamente, el instrumento pasaba a ser parte de su cuerpo.

A los 12 la cosa se puso más radical. Escuchó tocar a Sonny Rollins y se enamoró del saxo tenor. Entonces tomó el Selmer Mark 5 que también había dejado su abuelo. Y no solo se la pudo sino que, al demandante instrumento, le puso su propio estilo. Melissa no renunciaba a ser parte del clan. Ella iba a ser una Aldana más.

Hoy Melissa tiene 24 años. Ya a los 15 frecuentaba el Thelonius en Bellavista. Un año después vino a Chile Wayne Shorter y, con él, el pianista panameño Danilo Pérez, quien la invitó a un festival en Panamá. Fue ahí donde, además, conoció a la gente de Berklee y entonces partió a Boston, más encima con la beca presidencial de Estados Unidos en el bolsillo.

Era el verdadero comienzo: ahí abrió sus oídos al nuevo sonido de guitarristas como la de Kurt Rosenwinkel o de saxofonistas como Mark Turner. Especial amistad trabó con Greg Osby, uno de los dueños del sello discográfico Inner Circle Music quien la entusiasmó para que grabara un par de discos.

Lo que estaba haciendo Melissa no pasaba inadvertido.

- Hoy hay mucha fusión. La música tiene cada vez más influencia de distintos países, distintos ritmos, hay más libertad.

Tras Berklee, Melissa se mudó a Nueva York y este será su tercer año ahí. No fue fácil: en un principio no conocía a casi nadie y, para ganarse un espacio, ella misma se convirtió en su propia agente. Melissa tomaba el teléfono. Mandaba mails. Un día le envió un mensaje al productor del Blue Note. El señor escuchó el tema adjuntado y pronto agendó una tocata.

Hoy Melissa la tiene clara.

- Mi sueño es ser lo mejor que pueda conmigo misma. Quiero sentirme realizada. Encontrar mi centro y encontrar quién soy, tocando saxo.

- El jazz, al menos en su formación, implicó romper con las barreras de la música, pero también con los límites físicos. El jazz siempre fue una aventura que, incluso corporalmente, implicaba ponerse fuera de sí. ¿Tú has buscado por ese lado también?

- Creo que más que nada tenía que ver con la conciencia, con poder relajarse y expresarse libremente. Pero imagínate en esa época cuántos problemas de racismo y de dinero había. Entonces hay un montón de cosas anexas, pero estoy segura -y es lo que yo veo en las generaciones de hoy- que ahora la gente tiende a ser súper sana, a ser vegetariana, a no fumar, a cuidarse y darle mucha importancia al cuerpo. Pero, claro, el jazz coincide con una época en que todo el mundo se inyectó heroína, pero al final no está absolutamente relacionado tampoco. Es un mito que hayan tenido que inyectarse heroína o tomar copete para llegar a ese estado. Es algo que puedes leer en los libros de la historia del jazz: el hecho de que ellos tocaran así no estaba absolutamente relacionado con las drogas. Obviamente era gente que se sacaba la mugre estudiando.

Tras dejar Chile, Melissa Aldana viajaría a Montreal para tocar en un par de clubes. Después de eso, a México: a un festival en Morelia. Y a otro en Italia. Entre medio, se da tiempo para venir a Chile y tocar en esos festivales que organiza Cuturrufo; por ejemplo el que se hace en Punta de Choros. Ojalá pronto en el Festival de Jazz de Providencia, donde aún no ha sido invitada.

- ¿Piensas, en algún momento, hacerle un homenaje a tu abuelo: Kiko Aldana, de la Huambalí?

- Si en algún momento se da la oportunidad, definitivamente es algo que me gustaría hacer. Pero es algo que se hará en el momento en que se tenga que dar.

lunes, enero 07, 2013

Melissa Aldana amplía sus fronteras en el Norte Chico

El pueblo de Choros no supera los 200 habitantes.
Ahí, el concierto de Melissa Aldana congregó 150 espectadores,
 incluyendo vecinos, turistas y mochileros.
El Mercurio


La saxofonista de jazz que triunfa en Nueva York actuó en el pueblito de Choros, frente a más de la mitad de sus habitantes, y anoche el grupo tocó en el Club de Golf La Serena para 250 personas.

IÑIGO DÍAZ Desde Choros

La saxofonista chilena de jazz Melissa Aldana, que tomó su maleta y su instrumento Selmer a los dieciocho años para estudiar en Boston y hoy, a los 24, suma tres temporadas y dos discos grabados en Nueva York, los llama "tíos". Más allá de lo folclórico que puede resultar, es una muestra de cercanía con los músicos Mariano Casanova y Alejandro Espinosa, con quienes está tocando esta semana en el Norte Chico.

Melissa Aldana los conoció de niña como activos jazzistas en los inicios de los años 90, cuando los escuchaba tocar junto a su padre, el también saxofonista tenor Marcos Aldana. El "tío" pianista Mariano y el "tío" baterista Alejandro, junto al bajista peruano Enrique Luna, forman parte del conjunto donde Melissa Aldana es la máxima atracción.

Es una iniciación para casi todos en el pequeño pueblo de Choros, ubicado a unos 80 kilómetros al norte de La Serena, y que es paso obligado para llegar a la caleta Punta de Choros. Aldana aparece en los afiches, el público habla de ella, quieren conocerla, verla de cerca. Nunca han asistido a un concierto de jazz. La experiencia es nueva incluso para estos jazzistas de gran trayectoria y roce internacional, ex alumnos de Berklee, que han tocado en muchos lugares del mundo, menos en uno como Choros.

En la Casa La Esquina, un centro cultural comunitario que un grupo de gestores y artistas instaló hace cerca de un año para revitalizar al pueblo, el grupo liderado por Casanova dio el sábado un espectáculo de poco más de una hora. Según los cálculos de sus dirigentes vecinales, el 75% de los habitantes de este pueblo, dedicado al cultivo de olivos, son de la tercera edad, y al día de hoy Choros no supera las 200 personas. Por eso la congregación de 150 espectadores, entre vecinos, turistas y mochileros deja prácticamente desierto al vecindario.

El repertorio, uno similar al que anoche el cuarteto ofreció en el Club de Golf La Serena ante unas 250 personas, se mueve entre standards, tocados a gran velocidad, aunque también con aires de bossa nova y balada melódica: "On green dolphin street", "Joshua", "Invitation", "Barquinho", y el magistral dueto entre Aldana y Espinosa para "Bye bye blackbird" se oyen ajustadas a ese canon. Pero cuando el grupo toca un antiguo arreglo de Casanova para "Gracias a la vida", la audiencia se siente más cerca de la música. Primero les resulta extraña, pero familiar. Poco después la melodía se descubre y todos aplauden más fuerte que en cualquier otro momento de la noche.

Tras los conciertos de Choros y La Serena, Aldana, Casanova, Luna y Espinosa emprenden hoy un viaje al Valle del Elqui, donde cerrarán esta gira por escenarios de la Cuarta Región. Hoy, la plaza de Paihuano, donde se esperan otras 200 personas, tendrá la experiencia de conocer y escuchar a la jazzista chilena que viene desde Nueva York, y a sus "tíos" chilenos.

NUEVO DISCO

El 13 y 14 de febrero, Melissa Aldana dará conciertos en el club Thelonious de Santiago, para estrenar en Chile su nuevo trabajo, editado por Inner Circle Music: "Second cycle".



jueves, enero 03, 2013

La imparable Melissa Aldana vuelve a Chile

El Mercurio

Toca en Choros, Paihuano y La Serena y también anuncia para febrero el estreno de su disco "Second cycle".  

IÑIGO DÍAZ 

Su itinerario de giras de 2012 marcó estaciones en Italia, España, Dinamarca, México y Chile. Aquí, Melissa Aldana fue protagonista de dos importantes momentos. En julio actuó en el Teatro del Lago de Frutillar junto al cubano Paquito D'Rivera, y en octubre integró el elenco de músicos del festival Jazz Duit, incluido el saxofonista Greg Osby, a la vez editor de su nuevo disco: "Second cycle".

La consolidación de ese trabajo le significó una reciente aparición en The New York Times. Un artículo del crítico Ben Ratliff, autor de la biografía de John Coltrane "Historia de un sonido", se titula "Traveling paths of their making" ("Han creado su propio camino", en una traducción aproximada), donde el autor perfila a nuevos músicos.

"'Second cycle' suena como un momento de síntesis y desafío, como cuando un jazzista quiere exprimir la música y probarse a sí mismo en niveles más profundos", dice acerca de la chilena de 24 años.
"Con las buenas críticas recibidas se ha producido mucho interés de la gente por verme tocar. Este año estaré en el Smalls Jazz Club con la banda de Greg Hutchinson. En febrero presentaré mi nuevo disco en el club Thelonious, y para 2014 me gustaría traer a mi banda al Festival Providencia Jazz", dice desde Nueva York.

Con estas credenciales llega a Chile la saxofonista para arrancar el nuevo año de inmediato. Dará tres conciertos en la Cuarta Región junto a un conjunto de músicos de trayectoria: Mariano Casanova (piano), Enrique Luna (bajo) y Alejandro Espinosa (batería). El cuarteto actúa este sábado en la Casa La Esquina (19:30, gratis), de Choros, un pequeño pueblo cabrero en resurgimiento. El domingo lo hará en el Club de Golf de La Serena (20:30), y el lunes en la plaza de Paihuano, en el Valle del Elqui (19:30, gratis).

martes, julio 10, 2012

Melissa Aldana : "Un músico siempre está en busca de su sonido"


El Mercurio

La saxofonista radicada en Nueva York actuará en Santiago y en el Teatro del Lago de Frutillar.  

IÑIGO DÍAZ

"Si te vas de Manhattan, entonces te diriges hacia ningún lado", dice un eslogan acerca del epicentro de Nueva York, que vale aun más para los músicos de jazz, como la saxofonista chilena Melissa Aldana (1988). Ella se fue acercando a Manhattan de manera paulatina: primero llegó a Boston, en 2007. Tres años después ya vivía en Brooklyn, frente a Manhattan: "Pero siempre tenía que viajar, para tocar y trabajar. Mi vida, al final, ocurría allá. Por eso ahora, después de dos años, estoy a punto de mudarme". Aldana se instalará en Harlem, a la altura de la Calle 173, en la parte norte.

En 2010 la saxofonista sacó en Nueva York su primer disco con el sello Inner Circle Records, que dirige el saxofonista Greg Osby, con cuyo quinteto la chilena tocó una semana completa en el Village Vanguard, el club de jazz más importante del mundo. Dentro de poco tendrá un segundo trabajo hecho con músicos del frente neoyorquino: "Second cycle".

"Me he ganado una buena reputación entre los músicos de la ciudad y he estado tocando mucho fuera de Estados Unidos. Voy tres veces al año con mi banda a tocar a España. Me han invitado a festivales en México", dice. "Estos años han sido de trabajo intenso, y ahora estoy en busca de un sonido. Un músico nunca deja de buscarlo", agrega.

En su nueva visita a Chile, Aldana dará dos conciertos en el club Thelonious, este viernes en formato de trío (con el contrabajista Eduardo Peña y el baterista Andy Baeza), y el sábado en quinteto (al que sumará al trompetista Sebastián Jordán y el guitarrista Nicolás Vera). El 17 y 18 ofrecerá dos clínicas en la Sala SCD, para luego cerrar sus actuaciones en el Festival Jazz Patagonia del Teatro del Lago, el 19 de julio como parte de la banda de Paquito D'Rivera, y el 21 con su trío.

 Nuevo ciclo


Después de su debut neoyorquino con "Free fall", que se grabó con un cuarteto clásico, Aldana dispuso un cambio sustancial en el formato para "Second cycle", y pasó a una estructura "pianoless" (sin instrumento de armonías). "Para mí es natural, porque es la clase de música que escucho cuando escribo. Hace tiempo que estoy pensando en música con saxo tenor y sin piano".