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domingo, abril 06, 2025

Hagamos un trencito: Chile, país de cumbias



 El Mercurio

La partida de Tommy Rey desató múltiples expresiones de pesar en el medio artístico nacional y masivas muestras de cariño popular. Su propia trayectoria de casi 60 años en el ámbito de la cumbia sintetiza toda la evolución musical y social de este baile desde que se tornó dominante en los gustos del público. Gracias a Tommy Rey y otros grupos, la cumbia desarrolló numerosas variantes propias de Chile, un baile popular que se ha hecho totalmente transversal.


Juan Pablo González 

Universidad Alberto Hurtado


La partida de Tommy Rey, nombre artístico de Patricio Zúñiga (1944-2025), ha dejado en Chile una sensación de orfandad. Es como si la cumbia perdiera a un padre muy querido que nos acompañó por muchos años en momentos cruciales de nuestras vidas. Las múltiples manifestaciones de pesar del medio artístico nacional y las masivas muestras de cariño del público dejan a Tommy Rey en un lugar muy alto en la historia de la música popular en el país. Incluso se ha llegado a pedir que el 26 de marzo, día de su partida, sea declarado el Día Nacional de la Cumbia. ¿Porqué tanto fervor y durante tanto tiempo por Tommy Rey y por la cumbia en nuestro medio?

Siendo justos, al hablar de cumbia estamos hablando de una variedad de ritmos de la costa atlántica colombiana como el porro, el fandango, la puya, o el paseo, que junto con la propia cumbia y sus derivaciones fueron denominados simplemente “cumbia” por la industria discográfica internacional. Es así como estas músicas colombianas se han proyectado hacia Centroamérica, México, Venezuela, Ecuador, Perú, Uruguay, Argentina y Chile, demostrando su adaptación a distintas sensibilidades locales. De hecho, el primer grupo de “cumbia” de impacto internacional, Los Wawancó (1956), fue formado en Argentina por un costarricense, un peruano, un chileno, un argentino y dos colombianos, expresando muy bien la capacidad de la música costeña de adquirir distintos acentos y ropajes.

Parece un misterio la capacidad de lo que llamamos cumbia de constituirse en música de tantas naciones y de desarrollar sus propias variantes locales a la vez. ¿A qué se puede deber eso? ¿Tal vez a la simplicidad de su baile? ¿A la estrategia de la industria de ofrecer distintos ritmos bajo una misma etiqueta? ¿A su vínculo con el imaginario de García Márquez, que la promovió ante la élite política e intelectual bogotana que tanto la despreciaba?


Explosión de cumbias

Lo que tenemos claro es que la explosión de la cumbia en América Latina fue un fenómeno que se produjo en la década del sesenta, justamente cuando Cuba dejaba de exportar nuevos bailes tropicales a la región como lo venía haciendo desde los años treinta con la ayuda de la industria musical y cinematográfica mexicana y estadounidense. Primero fue la rumba, luego vino la conga, y después llegaron el mambo y el chachachá. Entonces, el triunfo de la revolución interrumpió el vínculo cubano con la industria internacional y nos quedamos sin un nuevo baile tropical de moda para los movidos años sesenta. Ese es el vacío que fue ocupado por la cumbia hasta el día de hoy, pues ha sabido compartir espacios con la salsa desde los años setenta, con el merengue desde los ochenta y con el reguetón desde los noventa.

Los bailes costeños colombianos ya eran conocidos fuera de Colombia a mediados de los años cuarenta, en pleno reinado de la conga, especialmente por las giras de Lucho Bermúdez y su Orquesta del Caribe, quien los vistió de frac y logró imponerlos ante la sociedad blanca de Bogotá. La necesidad de grabar en Buenos Aires expuso a la orquesta de Bermúdez al desarrollo instrumental del tango, mejorando el sonido de su agrupación. Esto de algún modo marca el destino de la cumbia, que es su capacidad de adaptación, lo que en gran medida explicaría su dispersión y longevidad. Entonces, a lo largo del tiempo y de la geografía, la cumbia se ha adaptado a distintos estilos y formatos instrumentales, casi todos practicados, sorprendentemente, en Chile.

En efecto, no resulta fácil encontrar un país donde se practiquen hasta nueve variedades de cumbia, como ocurre en el nuestro. En esta larga y angosta faja de tierra podemos encontrar la cumbia orquestal de la colombiana Amparito Jiménez y del venezolano Luisín Landáez; la adaptada al formato de la sonora cubana (con trompetas y percusión latina) de La Sonora Palacios y de La Sonora de Tommy Rey; el chucu-chucu con guitarras eléctricas de Los Viking 5; la cumbia norteña mexicana de Los Luceros del Valle; la cumbia tecno de Amerikan Sound; la cumbia romántica de Américo, y la nueva cumbia de Chico Trujillo, a las que se suman la cumbia villera argentina y la chicha peruana, derivaciones de la cumbia también bailadas en el país.

Sin embargo, estimado lector, es muy probable que usted no haya bailado ninguna de estas cumbias en sus fiestas o bailoteos de adolescente en el siglo pasado, pero que se haya encontrado con alguna de ellas durante la celebración de un Año Nuevo o de un matrimonio en el presente siglo. Como nadie ha tomado clases para bailar cumbia, quizás se haya animado a ingresar a la pista y hasta se haya sumado a un trencito. ¿Qué sucedió, entonces, para que la cumbia se hiciera tan transversal en Chile?


Hagamos un trencito

La respuesta nos remonta a los años noventa, que fue una década revisionista en el campo de la música popular. Bandas que se habían separado en los setenta se volvían a juntar, canciones olvidadas se grababan nuevamente, estilos del pasado volvían a estar en boga, el sonido analógico se ponía de moda en plena era digital, y géneros asociados a otras épocas o sectores sociales ampliaban su alcance. Todo esto promovido por una industria discográfica que no paraba de crecer.

Es así como la cumbia empezó a ser valorada por sectores que en el pasado la ignoraban o simplemente la despreciaban. Entonces, estrellas juveniles de entonces como Joe Vasconcellos encontraron en La Sonora de Tommy Rey una nueva fuente de inspiración, produciendo un cruce de estilos que la industria no tardaría en apoyar. Esto permitió legitimar la cumbia ante sectores más expuestos a músicas de autor, pero también señaló el camino de una cumbia de fusión que se cristalizaría en los años dos mil con la nueva cumbia chilena, apelando a públicos que en el pasado la rechazaban. Tal como había ocurrido con la música costeña para la élite bogotana en los cuarenta, pero también con el tango en Buenos Aires en los años diez y con la samba en Río de Janeiro y el son en La Habana en los años veinte.

Es que en forma recurrente se han blanqueado en América Latina manifestaciones culturales que permanecían al margen de los imaginarios hegemónicos de nación por haber surgido de clases y razas subalternas. Sin embargo, en el caso de la cumbia, también se trata de la tendencia posmoderna del “gusto por el mal gusto”, expresada en el cine de Almodóvar, por ejemplo, o en el auge de la llamada música cebolla en Chile, donde la cumbia comparte espacios con el bolero de Los Panchos o el vals peruano de Lucho Barrios. Es así como el siglo XX terminaba con toda la música de baile a nuestra entera disposición, y con una industria musical que solo acumulaba ganancias.


El papá de la cumbia

La longeva carrera de Tommy Rey, primero como vocalista de la orquesta de música tropical Los Peniques (1953), luego de La Sonora Palacios (1962), y finalmente independizándose con su propia agrupación, La Sonora de Tommy Rey (1982), lo mantuvo vigente en los escenarios chilenos por más de seis décadas. Si bien el comienzo de los años ochenta no era el mejor momento para que un cantante iniciara una carrera independiente debido a las restricciones a la industria y la vida nocturna imperantes en el país, hubo dos factores que ayudaron al despegue de Tommy Rey: el auge del casete, que reducía los costos de producción, favoreciendo la masificación de la música grabada, y el auge de la televisión abierta y en color. En efecto, fueron dos los programas de televisión que contribuyeron a popularizar a Tommy Rey y su sonora: “Sábados Gigantes” de Canal 13 y, en especial, “El Festival de la Una” de TVN, que le permitió a la nueva agrupación aparecer a diario en las pantallas de las familias chilenas tocando cumbia a mediodía, en una época de enorme consumo de televisión abierta.

El modo de cantar pausado de Tommy Rey, con una voz redonda y suave, similar a la de un baladista, dignificaba la cumbia y la hacía propicia para el ambiente familiar de celebración. Entonces, más que el padre de la cumbia en Chile, como se le ha llamado, Tommy Rey sería el papá de la cumbia chilena: el que nos canta en familia en momentos cruciales de nuestras vidas, que lo hace sin estridencias ni gestos extraños, bien vestido, con respeto, discreto, todo un caballero. Curiosamente, en su canto se percibe algo de nostalgia, quizás porque el “año más” que celebramos sea también un año menos; porque está pensando “dejar a Daniela” mientras bailamos con aparente felicidad; porque canta “Cumbia para adormecerte” cuando debemos mantenernos despiertos, o sencillamente, porque en sus cumbias impera la tonalidad menor asociada a la tristeza.

En este país de gustos tan diversos, la cumbia ha contribuido a amalgamarnos como sociedad, desempeñado un papel central en nuestros modos de celebración y permitiéndonos experimentar nuestros cuerpos. La liberación que sentimos al bailar cumbia nos puede llevar a usar la corbata de cintillo o hacer girar a nuestra pareja como si fuera la reina de la pista. Además, la cumbia nos entrega la única coreografía grupal que podemos practicar, sumándonos al famoso trencito en el clímax de la celebración. Todos nos sentimos bien bailando cumbia, así que la próxima vez que la toquen en una fiesta, estimado lector, anímese y báilela con fervor. Esa sea tal vez la única forma de mantener a raya el reguetón.


El grupo de nueva cumbia chilena Chico Trujillo.

La Banda Viking 5, en el Festival de Viña del Mar. TOMAS FERNANDEZ

La Sonora de Tommy Rey , formada en 1982, luego de independizarse su titular de la Sonora Palacios Sonora Tommy Rey

Funerales de Tommy Rey el 26 de marzo pasado, a la salida de la Catedral. Metropolitana. Aton


lunes, septiembre 11, 2023

Tommy Rey, a sus 79 años: “Felizmente y gracias a Dios tengo la suerte de mantenerme cantando”



 El Mercurio


No son 20, ni 30, ni 40, son 60 años de cumbia. La voz de “Un Año Más” repasa su larga trayectoria musical, sus inicios en Radio Portales, cómo todavía algunos creen que se llama Tomás y los duelos de la vejez. “Cuando estoy en el escenario, me siento joven”, dice.

María Florencia Polanco

El rey de la cumbia, la voz melódica inconfundible que —sagradamente— cada 31 de diciembre entona “un año más que se va” mientras su público gasta las suelas, en realidad es una persona tranquila. Cuando Patricio Fernando Zúñiga Jorquera se sube al escenario, impecablemente vestido de traje, humita y comienza a cantar, se transforma.


Tommy Rey, como le gritan en la calle, tiene 79 años, pero no lo parece. “Dicen que no se me nota mucho”, comenta acomodándose en el sillón principal del living de su departamento en Reñaca, el que tiene una vista preferencial a un televisor plasma en el que navegará buscando videos de sus shows más antiguos. Uno es del 31 de diciembre de 1982, cuando con la recién conformada “Sonora Tommy Rey” que lidera participaron en el programa “Esperando El Año Nuevo”, conducido por Enrique Maluenda.


—“Es el tiempo el que no se detiene”, canta en “Un año más”. ¿Lo siente así?

“Cuando estoy en el escenario me siento joven. Después, cuando me bajo, me siento cansado. Es que a veces tocamos más de una hora”.


Hace meses, confiesa el vocalista, convive con un fuerte dolor lumbar que se le irradia a una pierna y que se intensifica de noche o cuando está acostado. “Tengo que operarme, pero le dije al médico que después de las Fiestas Patrias”, dice la voz de “Daniela”. Como cada septiembre, la sonora “corre de aquí para acá” para llegar a las distintas fiestas y eventos que tienen programados.


—¿Sus 60 años de cumbia y trabajar de noche no le han pasado la cuenta?

“A veces ando decaído, pero cuando voy a actuar me doy ánimo. Cuando me subo al escenario me olvido de todo. Uno tiene que entregarle alegría a la gente”.


—¿Ha sentido alguna vez, ‘ya, Tommy, hasta aquí llegaste'?

“No puedo, porque es mi trabajo. Tengo que seguir hasta que Dios diga. Yo creo en Dios y le doy las gracias por los tantos años que llevo trabajando en la música. En noviembre voy a cumplir 61 años trabajando, partí a los 18”.


—¿Cómo fue pasar de ser el alma de la fiesta a estar encerrado en pandemia?

“Fue muy triste. Hacíamos ciertas cosas por Zoom, cada uno tocando en su casa. La pandemia fue fatal para todos los músicos”.


—¿Qué fue lo que más le costó?

“La gente, que es muy buena con nosotros. Siempre, en todas partes donde vamos, el público disfruta. Es muy bonito. Se nota un cariño. Eso le agradezco a Dios. Después de tantos años, la gente se me acerca y me pide fotos. Están todos descansando y cambiándose de ropa en el camarín y yo sacándome fotos, pero es bonito. Es bonito que la gente lo quiera a uno, lo disfrute, lo admire”.


—Y usted, ¿lo disfruta?

“Sí, en todas partes. Especialmente en lugares al aire libre, llenos de gente”.


—¿Cómo es la relación con sus compañeros de la Sonora, después de tantos años juntos?

“Somos como una familia. Son todos muy amigos y muy cariñosos conmigo. Me cuidan, me ayudan”.


—¿Qué ha sido lo más bonito y lo más difícil en esta etapa de su vida?

“Cuando uno empieza a hacerse más viejo le cuesta un poquito más. Pero felizmente y gracias a Dios tengo la suerte de mantenerme cantando. A veces ando un poquito mal de la garganta, pero me tomo unas aspirinitas”.


Cueva musical


Casi nadie lo conoce por su nombre real. Patricio Zúñiga fue rápidamente reemplazado por “Tommy” en todas las esferas de su vida. El autor intelectual de su —supuesto— nombre de fantasía fue el baterista de “Los Peniques”, Silvio Ceballos. Le dijo que Patricio no pegaba para una banda de cumbia, así que lo bautizó como “Tony Rey”. Pero Tony parecía nombre de payaso, así que se rebautizó como “Tommy”.


—¿Alguna vez le han dicho “Tomás”?

“Más de una vez (ríe). Todos creen que me llamo Tomás Reyes”.


—Su nombre incluso inspiró a otra banda de músicos, “Tomo como Rey”.

“Nosotros los conocimos en el Instituto Nacional. Siempre íbamos a tocar para la fiesta de los profesores. Un día se nos acercaron unos muchachos jovencitos y dijeron: ‘Oiga, Tommy, sabe qué, estamos formando un grupo y queremos ponerle un nombre, pero no sé si se puede enojar usted'. ¿Y cómo es el nombre?, les digo, ‘Tomo como Rey'. Nosotros nos reímos. Y al final se hicieron bien populares. Hemos estado con ellos. Nos dicen ‘llegaron los papás', y yo les digo ‘llegaron los abuelos'”.


Tommy Rey —que no toma alcohol— vive hace tres años en Reñaca. Emigró buscando tranquilidad. Con él viven su esposa, Gloria Sáez, una de sus nietas y el gato Darwin.


—¿Cómo es Tommy Rey en su casa?

“Yo soy súper tranquilo. No tomo. Antes me tomaba un whiskicito antes de actuar y todo eso, pero ya no, porque tengo hipertensión. Cuando vamos a tocar nos ponen una botella de tequila, y nada. Tomo pura agua mineral sin gas, porque el gas me hace mal, me produce calambres. Hay que cuidarse, es la única manera”.


—¿Qué hace cuando no está arriba del escenario?

“Me entretengo en el computador, buscando cosas. Tengo una colección enorme”.


Este hombre tranquilo, de personalidad nerviosa y noctámbulo —se queda despierto hasta las cuatro de la mañana— tiene una guarida en su casa que llama cariñosamente su “cueva musical”. La enseña con orgullo, como si la habitación hablara por él. Es un espacio amplio e iluminado donde exhibe una colección de figuras de Cantinflas, compact disc y fotos con rostros emblemáticos de la canción chilena. Posa sonriente con Cecilia “la incomparable”, el Puma Rodríguez, Zalo Reyes, Peter Rock, Antonio Prieto, Buddy Richard y Myriam Hernández.


También tiene acumulados cientos de galardones y reconocimientos que ha recibido en sus 60 años de trayectoria musical. Algunos son el primer cassette de oro que logró la “Sonora Tommy Rey”, en 1989, el Premio a la Música Nacional Presidente de la República, que le otorgaron en 2005, y una gaviota de oro del Festival de Viña del Mar, de 2013, la última vez que cantaron frente al monstruo.


“Salimos a las tres de la mañana y cuando terminamos ya habían cortado la transmisión. La gente no alcanzó a ver que nos habían entregado la gaviota. Estábamos enojados. Eso no se hace. ¿Por qué prefieren a los artistas extranjeros? A los artistas chilenos se nos ningunea”, dice molesto.


—Y a los adultos mayores, ¿se los ningunea?

“Hay gente que no respeta mucho a la gente mayor, pero generalmente sí. Yo la respeto mucho. Bueno, yo soy mayor ya. Pero siempre los respeté”.


—¿No se aburre de cantar siempre las mismas canciones?

“A casi todos les gusta escuchar lo que conocen. Las cantan y bailan. Hay muchos temas que uno los quiere mucho, les toma cariño”.


—Como el infaltable “Un Año Más”

“‘Un Año Más' es de un coquimbano, Hernán Gallardo, que murió desgraciadamente. Él hizo ese tema, y era leeeeento, más nostálgico. Y nos dejó una grabación en cassette. En ese tiempo no existían los pendrive. Y lo escuchamos. Bonito el tema, pero no hubo mucho interés en grabarlo. Entonces yo dije, ‘¿por qué no lo cambiamos a cumbia? Y quedó bien bueno. Yo estaba en la ‘Sonora Palacios' en ese tiempo”.


—¿De dónde vino el talento musical?

“Mi papá tocaba la guitarra, pero no era músico, era mueblista. Yo después aprendí a tocar la guitarra, mirando, sin clases, sin nada. Después, como a los 16 años, empecé a ir a un programa en la radio Portales que se llamaba “Calducho”, donde iban los aficionados, Fresia Soto, Luis Dimas, yo. Incluso, la Fresia iba vestida de colegial en ese momento”.


—¿Y qué cantaba?

“Yo cantaba melódico. En ese tiempo estaba de moda el rock and roll y el twist. No me daban mucha esférica. Una sola vez me hicieron cantar, entonces me fui a la radio Agricultura”.


—Donde le cambió la vida.

“Allí estaba Enrique Valladares, que fue un gran locutor y cantante. A él le gustó como cantaba. En las noches había un show, con la orquesta ‘Los Peniques', que acompañaba a otros artistas. Y entonces Valladares les dijo, ‘¿por qué no lo prueban a él?'. Y un día en la tarde ensayé con ellos y les gustó. Sabía varios de sus temas, los escuchaba desde chico. En poco tiempo nos fuimos a trabajar a Concepción en el Hotel City, donde estuve un año”.


Cuando volvió a Santiago supo que quería seguir en el mundo del espectáculo. Itineró por varios grupos hasta que integró la “Sonora Palacios”, donde grabó canciones emblemáticas como “Un año más”, “El caminante” y “La peineta”. “Grabé más de 100 temas en los casi 20 años que estuve con ellos, hasta que nos separamos”. Con la “Sonora Tommy Rey” grabó otros, como “Daniela” y “La parabólica”.


—¿Hay algún show que recuerde con especial aprecio?

“Una gira por Europa en los años 80. En las Fiestas Patrias, estaba lleno de chilenos. Y no empezamos tocando el tradicional repertorio, empezamos con el himno nacional y la gente se puso a llorar. Después tocamos tres pies de cueca y bailables. Eso fue muy emocionante e inolvidable. Era como llevarles un pedacito de Chile. Había muchos exiliados”.


—¿Qué es lo que más le agradece a la vida?

“Le agradezco a Dios que me haya dado esta voz. La gente se me acerca y me dice que sigo cantando igual. Eso me llena de satisfacción. Son cosas lindas. Y bueno, le agradezco especialmente a mi esposa, que me cuida mucho”.

martes, diciembre 15, 2020

“Un año maldito que se va”: Las cumbias serán virtuales en las fiestas de fin de año

 El Mercurio

Hasta la fecha, Tommy Rey no tiene actuaciones y Américo y Noche de Brujas trasladarán sus espectáculos al streaming . Para el verano, la situación no ofrece mejores perspectivas.

José Vásquez


Tommy Rey cuenta que todavía siente demasiada nostalgia cuando pasa por su clóset y ve sus impecables trajes colgados, con los que ha hecho bailar a miles de personas junto a su sonora. “Cada vez que voy a sacar algo de ahí y veo la ropa me da pena, porque antes la usaba todos los fines de semana. Siempre había trabajo”, dice el cantante, prácticamente un sinónimo de fiesta con su conjunto y que ahora por primera vez, en cuatro décadas, no tiene un escenario donde actuar.


El 31 de diciembre era uno de los días más rentables, junto con el 18 de septiembre, para los músicos tropicales. Una fecha que la pandemia obligó a modificar también en todos los habituales planes artísticos, como ha sido la tónica de este año. El retroceso a la fase 2 en el plan “Paso a paso” en la Región Metropolitana, a solo semanas del Año Nuevo, echó por tierra cualquier intención de espectáculo presencial, como lo habían alcanzado a negociar algunas bandas como Noche de Brujas y que los obligó a buscar alternativas dentro del streaming.


Para Tommy Rey ––parafraseando la canción “Un año más”, el himno de Año Nuevo––, este “más que ser ‘un año menos', será ‘un año maldito que se va'”, señala. Su conjunto no toca frente al público desde comienzos de marzo en Calama, cuando lo hicieron para un show que realizaron para conmemorar el Día de la Mujer y todavía no tienen ninguna certeza de cuándo volverán a actuar con gente.


“Hasta el momento no hemos tenido ninguna oferta de trabajo. Con esto de la pandemia nadie puede contratar nada, como no se pueden hacer eventos, así que aquí estamos aguantando”, expresa Tommy Rey, quien ha tenido ingresos a través de la publicidad con un comercial que grabó para un supermercado y reinventándose, vendiendo saludos virtuales. “Hemos hecho videos para empresas y a mí me han pedido saludos para cumpleaños por los que me han pagado”, cuenta.


Así, la fiesta de Año Nuevo, animada por los habituales conjuntos de cumbia, se deberá trasladar al streaming. Noche de Brujas tendrá su Festream 2021, junto a Garras de Amor y otros conjuntos, y Américo se unirá a Luis Lambis en el espectáculo “Te queremos ver 2021”, ambos planificados para comenzar antes de la medianoche del 31 de diciembre y que se extenderán por varias horas hasta la madrugada del 1 de enero. Otra alternativa la presenta Cristián “Chico” Pérez en su faceta de DJ con una fiesta basada en los éxitos de los 80 y los 90.


El padre y manager de Kanela, Manuel Muñoz, cuenta que el propósito de Noche de Brujas era apoyar con este evento a otros conjuntos que han sido más afectados económicamente durante esta pandemia y que todavía están en negociaciones para realizar presentaciones virtuales para celebrar el Año Nuevo en algunas comunas del sur del país. Incluso, habían tenido conversaciones para tocar ayer en Villarrica en un espectáculo con motivo del eclipse, que finalmente se descartó por las restricciones del covid-19.


Para el verano, la situación sigue siendo de incertidumbre, señala Muñoz, quien admite conversaciones con algunos municipios, aunque todavía no firma ningún contrato.


Las entradas para el Festream se consiguen en Eventrid; para “Te queremos ver 2021” en Puntoticket y para “¡Chao 2020!” en Passline.

sábado, mayo 19, 2012

Tommy Rey: "Nunca me ha gustado ser el centro de la fiesta"



La Tercera


A 30 años del debut de su sonora, Patricio Zúñiga (67) habla de su perfil tímido y de su alergia a las grandes reuniones sociales.

por Claudio Vergara


El 18 de septiembre de 1999 la escena era la misma de cada año: La Sonora de Tommy Rey aparecía sobre la tarima principal de la Yein Fonda para animar a una masa dispuesta a hacer el trencito, brindar varias veces por la bandera tricolor y extender el borroso orgullo patrio hasta el filo de la madrugada. La escena era la misma de cualquier 18 de Septiembre de los últimos 50 años, salvo un detalle: esa jornada, el cantante no debía estar ahí. Tenía que estar en un funeral: 24 horas antes, el día 17, su madre había fallecido a los 93 años.

“Pero nosotros teníamos que tocar: no nos quedaba otra”, recuerda el intérprete. Luego justifica: “El 17 fuimos al velorio un ratito y después tocamos. Al otro día, fuimos al funeral otro ratito y de ahí de nuevo a actuar. Estábamos comprometidos y jamás pensé en cancelar el show. Pero lo soporté bien, todo el mundo estaba vuelto loco y no tenía idea de mi problema. En la última presentación, cuando canté el bolero Angustia, me liberé y lloré. Pero así es nuestro sistema: en el grupo somos 10 y, si a uno le pasa algo, no puede parar al resto. Me sentía muy triste, pero lo demostraba en el camarín, cuando me iba a un rincón a descansar solo y en silencio”.

La escena no sólo refleja los costos de una vida que en 2012 festeja 50 años en escena -desde que en 1962 fichó como voz de Los Peniques- y 30 al frente del combo tropical más popular del país -desde que en 1982 dejó la Sonora Palacios-; su mutismo dieciochero es el reflejo exacto de un hombre retraído, formal y parco. Si Don Francisco tiene a Mario Kreutzberger, Tommy Rey es el reverso de Patricio Zúñiga. Como simbolismo, el artista, de 67 años, está ahora en la confitería Torres, de esmoquin impecable y refugiado en un rincón, mientras, para recalcar aún más el carácter solemne, un compilado de Sinatra suena de fondo. “Soy tímido y la gente cree que soy pesado. ‘¿Por qué tan serio?’, es lo que me dicen siempre”, comenta el músico, que precisamente celebrará el cumpleaños de su banda el 16 de junio en la Estación Mapocho, con 17 invitados, como Chancho en Piedra y Joe Vasconcellos.

¿Y siempre mantuvo ese perfil?

Sí, no me gusta ser el centro de la fiesta y no soy de ésos que son como florerito. En el colegio, el profesor me decía que era demasiado apático, porque no jugaba en el recreo con los demás y prefería dibujar en un rincón. Solo y apartado. No era bueno ni para el deporte ni para compartir. Qué le voy a hacer: nací así.

Y cuando usted es el invitado, ¿le gustan las fiestas?

No voy a fiestas, porque siempre son los fines de semana y me toca trabajar. Y si existe la opción de ir a alguna, prefiero quedarme tranquilo en mi casa, viendo una película o bajando música orquestal antigua. Pero las fiestas no, porque eso es mi trabajo. Y además soy tranquilo y de bajo perfil, a veces, no sé cómo hacerlo para caerle bien a todo el mundo. Y, sinceramente, creo que uno no le puede caer bien a todos. A mí tampoco me gusta que me digan “El rey de la cumbia” o esos calificativos. A otros les encanta, pero a mí no.

El Festival de Viña que no fue

Con su sonora empezó en 1982, cuando la vida nocturna era mínima. ¿Fue complejo?

Demasiado, empezábamos a las 20 horas, teníamos que terminar a la medianoche y después corríamos para tomar el taxi por el toque de queda. Además, muchas veces los militares nos contrataban para sus fiestas y no había forma de negarse. Ellos mismos me iban a buscar, no me dejaban llegar solo. Y, en esos shows nos obligaban a decirles: “¡Muchas gracias por estar salvando al país!”. Fue muy desagradable. El 87 estábamos listos para el Festival de Viña, pero supieron que habíamos ido a tocar para exiliados en Suecia y nos sacaron.

Además de no estar en el funeral de su madre, ¿tuvo otros costos trabajar 50 años sólo en la noche?

Sí. Por ejemplo, durante todos los años que llevo, casi nunca he pasado un Año Nuevo en familia. Lo más duro ha sido dejar sola a mi esposa (Gloria Sáez) durante muchas noches de Año Nuevo. La llamo y lo celebramos al otro día, pero tiene claro que no podemos pasar esa fecha juntos, por la tranquilidad económica.

¿Nunca se ha aburrido de la rutina de tocar las mismas canciones?

Sí, un par de veces. Es natural, pero es nuestra pega y debemos aguantarlo. Muchas veces me ha pasado que quiero decir ‘ya, no voy a seguir más con lo mismo’, porque son cinco décadas en esto. Por lo mismo: esto es mi vida. Muchos jubilan, pero yo no, prefiero seguir hasta donde me dé el cuero. No se gana tanta plata, pero se tiene un buen pasar.

Ustedes han hecho hasta seis shows en un día. Con ese ritmo, cualquiera diría que el asunto es muy rentable...

Trabajamos mucho, pero no para hacernos millonarios. Somos 10 más un ayudante y la plata la repartimos de manera equilibrada. Han existido cerca de 30 miembros en 30 años de carrera, lo que refleja que aquí los músicos están felices. Y yo, el único gusto que me doy es comprar CD piratas para grabar películas antiguas. Tengo como 500. También me compré hace un tiempo una parcela en Curacaví.

Con su estilo de trabajo, ¿invierte en su salud?

Sí, tengo cerca de 20 años de hipertensión y tengo que tomarme un remedio de por vida. Me la detectaron en los 90 y desde ahí que no puedo comer cosas con sal. Tampoco puedo tomar mucho. De hecho, hace dos meses que tengo prohibido los tragos, aunque nunca me gustaron.

¿Ha sido difícil acatar ese estilo?

Es que tengo que cuidarme, porque me puede venir un alza de presión. Además, me pongo muy tenso y estresado antes de cada show. Me preocupo de que todo esté bien y que resulte perfecto. Puede que a veces hasta sea medio tonto con este trabajo (se ríe).

jueves, enero 12, 2012

La lucha de Tommy Rey por imponer sus nuevas canciones

El Mercurio

José Vásquez
No se detiene. Si el 2011 fueron 115 shows a lo largo del país los que realizó en su maratónico año la Sonora de Tommy Rey, este 2012 comenzó igual de movido. Tres presentaciones para la noche de Año Nuevo y cinco nuevos conciertos antes de llegar este sábado hasta el Centro Cultural Amanda, para lanzar oficialmente su último disco titulado "Los padres de la cumbia".

Una dinastía musical que ya lleva treinta años sobre los escenarios nacionales, pero que ve enfrentado al dueño del micrófono, al eterno Tommy Rey, a un dilema artístico: ¿Cómo lograr que el público le dé espacio a sus nuevas canciones cuando siempre le exigen sus clásicos?

"Es un problema. Si queremos tocar algo nuevo, la gente no prende igual que cuando tocamos "El galeón español" o "Daniela", ¡nos piden siempre lo mismo! Estamos tocando un tema nuevo y la gente grita desde abajo: 'El galeón español'. Queremos que las radios nos apoyen para que conozcan lo nuevo, si no, la gente no las pide. Como decimos, no cachan bien la onda", reclama.

En su última producción disponible en el mercado desde finales de diciembre, Tommy Rey cuenta orgulloso que como gran novedad incluyeron guitarras eléctricas y que planean grabar un videoclip de la canción "Doña Juana", dedicada a las asesoras de hogar. Pero ahí nuevamente choca con otra pared: ¿Dónde se podrá ver ese video?

"En televisión pasa lo mismo. Vamos con material nuevo para tocar y nos dicen que no, que sólo quieren que toquemos los clásicos. Yo ya no sé qué responder cuando hay gente y amigos que nos preguntan por qué siempre tocamos lo mismo... Si nos obligan a eso".

Por eso este sábado, la voz más característica de la música tropical chilena, intentará imponer "Los padres de la cumbia" por sobre sus inagotables clásicos.