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sábado, junio 15, 2019

La arremetida de Helmuth Reichel


martes, marzo 19, 2019

La consolidación de Helmuth Reichel, batuta chilena formada en Alemania

Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio

El director de 35 años de edad está trabajando por cuarto año consecutivo con la Orquesta Sinfónica de Chile, en las espectaculares obras que él programó para cuatro conciertos: "La Consagración de la Primavera" de Stravinsky y "Concierto para orquesta" de Bartók, entre otras.



Sigue consolidándose la carrera de Helmuth Reichel Silva (1983), el único director chileno que ha logrado ser finalista en el Concurso Besançon. Residente en Alemania desde 2002, además de su actividad constante con orquestas europeas, en 2017 debutó con la Sinfónica de Tokyo, que lo volvió a programar para enero próximo. "Es bien especial que te inviten por segunda vez porque implica una decisión consciente de la orquesta de continuar el trabajo en conjunto", comenta.

Una voluntad que también están exhibiendo los conjuntos chilenos. En los últimos tres años, a Reichel lo han invitado todas las orquestas de la capital -con la única excepción de la Filarmónica de Santiago-, y prácticamente todas lo han vuelto a programar.

Así, en junio retomará la batuta frente a la Sinfónica Nacional Juvenil; en agosto, dirigirá a la Orquesta de Cámara de Chile, y en octubre debutará con la Sinfónica U. de Concepción. Y ahora mismo está trabajando con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, que lo ha invitado cada año desde 2016, y que lo eligió para abrir su temporada 2019.

"Los músicos de la Sinfónica han sido muy generosos", confiesa Reichel, quien diseñó los dos programas que conducirá. En cada uno incluyó una obra capital de la música universal que la orquesta no toca desde 2013: "La Consagración de la Primavera" (1913) de Stravinsky y el "Concierto para orquesta" (1943) de Bartók.

Hitos del siglo XX

El primer programa lo presentarán este viernes 22 y sábado 23 en el Teatro U. de Chile, y se construye en torno al famoso ballet de Stravinsky, obra que, a juicio de Reichel, "refleja la vulnerabilidad del ser humano ante la naturaleza, y por eso su tema sigue siendo muy actual; es el ser humano rindiéndose ante la vida".

Articularán esta célebre obra con la suite "Panambí", de Ginastera, y con el Concierto para clarinete de Copland, con la actuación solista del virtuoso venezolano David Medina.

"La idea de la danza y del ritmo está presente en todas las obras. 'La Consagración', por ejemplo, tiene un carácter musical ligero, flexible y fluido, que contrasta con cierta brutalidad, y la suite 'Panambí' tiene elementos musicales similares, pero con un acento latinoamericano", explica.

El ballet de Ginastera tiene raíces en una leyenda guaraní, y el de Stravinsky, en un ritual ancestral ruso. "Es interesante contrastarlos y ver qué tienen en común", dice.

Potencial orquestal

El segundo programa lo presentarán el viernes 29 en el Teatro U. de Chile; y el sábado 30, en la U. Santa María, en Valparaíso. El influyente "Concierto para orquesta", de Bartók, se articulará con el Concierto para violín de Brahms -donde actuará como solista el excepcional Tobias Feldmann (Alemania)- y con la obertura "Las ruinas de Atenas", de Beethoven.

"El 'Concierto para orquesta' de Bartók es una de mis obras preferidas. La primera vez que la escuché, gatilló mi atención hacia la música sinfónica, pues tomé conciencia de cómo podía llegar a sonar una orquesta", revela Reichel. Una exuberancia que Bartók logra al tratar a todos los instrumentos como solistas.

"Además, me identifico con el lenguaje musical de Bartók y su mezcla única de elementos folclóricos, desde lo húngaro y eslavo a lo árabe y chino. Para mí, es la obra cúspide del compositor. El quinto movimiento es una cosa fantástica, no sé cómo expresarlo en palabras", dice.

-Sus actuaciones en Chile han sido aplaudidas por la crítica. ¿Qué siente ante eso?

"Uno agradece que se valore el trabajo que hace, son comentarios relevantes. Pero los músicos de la orquesta son igual o quizá más importantes que el director. ¡El director ni siquiera suena! Esto yo lo veo como un trabajo en conjunto, que se hace desde dos perspectivas. Para mí, un buen concierto es aquel en que la orquesta toca al nivel más alto de sus posibilidades".

-Usted estudió violín y fue instrumentista de orquesta antes de tomar la batuta. ¿Qué le aporta esa experiencia?

"Es una ayuda muy práctica, porque uno entiende mejor las necesidades de la orquesta y la dinámica de grupo que se produce, y puede trabajar con esa misma sicología para alcanzar un sonido específico, con instrucciones claras. El desafío es cómo llegar desde el primer ensayo hasta el concierto, pero no sólo de la forma más eficiente, sino también más agradable en cuanto a la atmósfera de trabajo".

lunes, octubre 01, 2018

Helmuth Reichel debuta con la Sinfónica Nacional Juvenil

El Mercurio

A los 35 años, es una de las batutas chilenas más prometedoras.
Vive en Alemania y viaja cada año a Chile. Mañana dirigirá la Cuarta de Tchaikovsky y "Tonada para orquesta", de Jorge Peña Hen. En noviembre va a La Serena. 

Romina de la Sotta Donoso
Helmuth Reichel Silva (1983) es el único director chileno que ha sido finalista en el concurso Besançon, en 2015. Tras estudiar violín en Chile, se radicó en Alemania hace 16 años, donde se formó como director.

En los últimos dos años ha debutado con la Orquesta Usach, la Sinfónica de Chile y la Orquesta de Cámara de Chile. Y las orquestas suelen volver a invitarlo. "Ese es el regalo más valioso que a uno pueden darle, porque en esta profesión uno tiene que tomar decisiones y hacer las cosas de la forma que estima correcta. Si la orquesta está de acuerdo con eso y quiere seguir trabajando con uno, es un enorme voto de confianza, que agradezco sinceramente", comenta Reichel, quien llegó a Chile el domingo 23.

Lo invitó la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI) para que conduzca, por primera vez, a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil (OSNJ). El debut será mañana, en el Teatro Municipal de Ñuñoa (Irarrázaval 1564, 19:30 horas, gratis), y repetirán el concierto el miércoles en el Teatro Regional del Maule, después de que la Juvenil del Maule, que dirige Leonardo Carvajal, toque piezas de Verdi y Tchaikovsky.

"La Sinfónica Nacional Juvenil tiene un nivel instrumental altísimo, son músicos fantásticos a nivel individual. Lo que puedo transmitirles son elementos para evolucionar como grupo; por ejemplo, recordarles que para hacer un trabajo en equipo tienen que escucharse el uno al otro. Lo hice y el resultado cambió inmediatamente. Con eso te das cuenta del potencial que tienen. Sin embargo, todo eso no es más que un asunto de forma de trabajo; la exigencia musical es la misma que si fuera una orquesta profesional, ya que el objetivo artístico que queremos alcanzar es el más alto posible", asegura.

Abrirán el concierto con "Tonada para orquesta", de Jorge Peña Hen, el pionero que creó la primera sinfónica infantil de toda Latinoamérica, en 1964, como homenaje al cumplirse 45 años desde que fue ejecutado por la Caravana de la Muerte. "Es una obra muy breve y muy bonita. Es simbólico que la OSNJ interprete a este compositor que hizo tanto por las orquestas juveniles y que es parte de la historia musical chilena", dice Reichel.

También tocarán la Sinfonía N° 4 de Tchaikovsky, que la OSNJ abordó en mayo con Gustavo Dudamel. "Es su sinfonía más complicada de interpretar, porque Tchaikovsky nos da muy poca información concreta en su partitura en cuanto a la dinámica y el fraseo. Además, creo que el primer movimiento es muy personal y trágico, porque hace alusión a su homosexualidad, que en esa época podía implicar hasta una pena de muerte. Hay un vals que transmite mucho de su frustración y sufrimiento", agrega.

El cierre será con el Concierto para violín de Bruch, con la actuación solista de Jarec Rivera, ganador de un concurso FOJI. "Ese Concierto lo tocamos con la Sinfónica Nacional Juvenil, acompañando a Freddy Varela como solista. Yo estaba en los segundos violines, y fue justamente en el ex Teatro California", recuerda.

Han pasado 20 años. "La Sinfónica Nacional Juvenil ha crecido mucho, sería bueno a futuro darle una sala de conciertos. Sería un buen momento ahora que se ha desarrollado tanto la FOJI, gracias, por ejemplo, al trabajo que está haciendo Rodolfo Fischer formando a los instructores", dice.

Reichel volverá en noviembre, para conducir por tercera vez a la Sinfónica U. de La Serena, en el XV Festival de Música Contemporánea MusicAhora. "Para mí es importante hacer música chilena, y tocaremos una obra muy interesante de Alejandro Guarello y el Concierto para violín de Gustavo Becerra-Schmidt, con Alberto Dourthé de solista. Será un honor porque él fue mi profesor de violín en la Universidad de Chile", adelanta.

miércoles, julio 04, 2018

Es uno de los músicos nacionales con mayor potencial mundial: El renovado compromiso de Helmuth Reichel con Chile

El Mercurio

La batuta nacional debutará con la Orquesta de Cámara de Chile y con la Sinfónica Nacional Juvenil. Abordará a Mendelssohn y Tchaikovsky, pero también a Tomás Brantmayer y Jorge Peña Hen. 

Romina de la Sotta Donoso
Es una de nuestras batutas sub 40 con mayor proyección internacional. La crítica alaba su "técnica irreprochable", su gestualidad y la comunicación que logra con las orquestas.

Helmuth Reichel Silva (1983) es el único chileno que ha sido finalista del Concurso Besançon, y más de una docena de orquestas europeas y asiáticas lo han invitado a dirigir. El año pasado fue a China con la Juvenil de Baden-Württemberg, y también debutó con la Sinfónica de Tokyo. "Es como manejar un Ferrari, por su calidad humana. Es una orquesta flexible y técnicamente impecable. Encajamos muy bien y me volvieron a invitar para la temporada 2019-2020", cuenta Reichel.

Este director chileno está radicado en Alemania desde 2002, pero todos los años vuelve, invitado por distintas orquestas. Ya debutó con la Sinfónica U. de La Serena, la Orquesta Usach y la Sinfónica de Chile. Esta última, además, lo eligió para hacer tres programas juntos en las Semanas Musicales de Frutillar 2017, y también lo invitó para dar un concierto fuera de temporada hace dos semanas, en el Teatro de Carabineros.

"Estuvo muy bonito. Ya se desarrolló un vínculo con la Sinfónica, al menos por mi parte. Ojalá podamos coordinar algo para el próximo año, ya lo estamos conversando. Si los músicos quieren seguir trabajando conmigo, ¡yo, feliz!".

Este año, además, marcará el debut de Reichel con otras tres orquestas. El viernes pasado actuó con la Filarmónica de Temuco; la próxima semana conducirá a la Orquesta de Cámara de Chile y, en octubre, a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil.

Ambos programas incluyen obras nacionales, en lo que ya se está constituyendo en una tradición de este director: con la Sinfónica U. de La Serena abordó a Esteban Correa en 2014, y en 2016 interpretó una obra de Leni Alexander con la Sinfónica de Chile y otra de Andrés Alcalde con la Orquesta Usach.

"Siendo chileno, sería muy extraño no querer hacer música de mi país. Además, me interesa tener un repertorio de música chilena, porque cuando uno está afuera y tiene una oportunidad de presentar una de esas obras es algo importante. Si no lo hace uno, ¿quién más lo va a hacer?", comenta.

Sus conciertos con la Orquesta de Cámara de Chile serán del 11 al 14 de julio (ver recuadro), y los ensayos partieron ayer. El programa incluye la Sinfonía N° 4 de Beethoven y "La Bella Melusina" de Mendelssohn.

El director chileno destaca que Mendelssohn es un heredero de Beethoven, y la belleza de la historia de la sirena de "La Bella Melusina": "Si alguien no la conoce puede imaginársela al escuchar la obra, porque los motivos musicales que crea Mendelssohn son muy evocadores".

La obra chilena que completa el programa es "Canción de cuna para Fuegia Basket", de Tomás Brantmayer (1992), que fue estrenada hace dos meses por Rodolfo Fischer y la Sinfónica U. La Serena, y que evoca la historia de esa kawésqar de nueve años que FitzRoy secuestró y cuidó por un año en Inglaterra, donde aprendió inglés, antes de devolverla a Tierra del Fuego.

"Esta obra tiene ideas muy claras, y hay mucha honestidad en la música, así que llega directo al público", dice el conductor.

Gran rescate

En octubre, Reichel volverá al país para debutar con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Tocarán la Sinfonía N° 4 de Tchaikovsky y la "Tonada para orquesta" de Jorge Peña Hen, el pionero que creó la primera orquesta infantil de Latinoamérica y fue asesinado en 1973.

"Debemos reconocer la importancia de Jorge Peña Hen en la historia musical chilena, no solo como director y gestor, sino también como compositor. Estoy feliz de ser parte de este homenaje y de trabajar con esta orquesta que he seguido a través del tiempo y he visto cómo ha crecido", asegura Reichel.

 COORDENADAS
Los conciertos de Helmuth Reichel y la Orquesta de Cámara son gratuitos. El miércoles 11, en la parroquia La Transfiguración del Señor (Las Condes, 20:00 horas); el jueves 12 en San José de Maipo; el viernes 13 en el Teatro Municipal de Ñuñoa (20:00 horas), y el sábado 14 en Navidad.

miércoles, febrero 01, 2017

Helmuth Reichel, un debutante en Frutillar

La Tercera

El director chileno de 33 años, radicado en Alemania, dará tres conciertos junto a la Orquesta Sinfónica de Chile a partir de hoy.

por Pedro Bahamondes

Uno de sus primeros recuerdos: la Radio Beethoven encendida a todo volumen, y cuando no, su hermana mayor tocando el piano en la habitación contigua a la suya. Pero el sonido que el pequeño Helmuth Reichel buscaba era otro. Quinta generación descendiente de alemanes, el director de 33 años, nacido en Santiago en 1983, cuenta que sus padres no fueron ni son músicos, pero eso no le impidió crecer rodeado de grandes compositores.

A los cinco años fue inscrito en la Escuela Experimental Artística, en el centro de Santiago. Fue un profesor, recuerda, quien dio con el instrumento que alguna vez había oído y que desde entonces quiso ver, solo para saber cómo lucía: el violín. Un año después, ya dominaba algunas notas y movimientos, y tanto sus padres como maestros notaron en él una sensibilidad inusual para un niño de su edad.

“Entré al Conservatorio Nacional de Música de Santiago con seis años, y estuve ahí hasta el 2001. Ese mismo año asistí a una clase magistral en la UC en la que conocí a un alemán que tiempo después se convirtió en mi maestro, y en 2002, apoyado por él, partí a Würzburg, al sur de Alemania”, cuenta.

Ese fue el inicio de la carrera que terminaría por conducirlo a la dirección musical. Al frente de la Orquesta Sinfónica de Chile, Helmuth Reichel debutará esta noche en el Teatro del Lago, para las Semanas Musicales de Frutillar, donde dará tres grandes conciertos, incluido el de clausura.

Joven figura de la batuta, tras formarse como violinista en Würzburg, fue llamado a integrar la Orquesta Filarmónica de Stuttgart, y meses después la Filarmónica de Westfalen, en el Teatro de la Opera de Gelsenkirchen. “Mis acercamientos con la música fueron algo bien natural e intuitivo. Toqué jazz por varios años, y luego pasé incluso por el violín gitano, pero ya había notado que mi inquietud era otra”, agrega.

En 2010, seducido por la idea de sostener la batuta, ingresó a la cátedra de Dirección Orquestal de las universidades de Stuttgart y Trossingen, y cuatro años después fue designado director titular de la Orquesta Sinfónica Katholische Hochschulgemeinde de Friburgo. Desde entonces, ha estado al frente de las Radio de Stuttgart, la de Basel y la Victor Hugo Franche-Comté, entre otras, además de dirigir a las orquestas juveniles de Nordrhein-Westfalen y la Filarmónica Alemana.

Diálogo con los músicos

“Mi interés en la dirección siempre estuvo centrado en la actividad misma, algo que vi y viví en mi paso por distintas orquestas. Fue estando ahí que me llamó la atención el rol del director, y cómo él mismo podía influir en cómo una pieza vuelve a cobrar vida, además de otras lecturas y ritmos. Y eso era lo que yo quería hacer: volver a dialogar con los compositores y hallar en sus partituras las indicaciones exactas para interpretar sus obras”, dice.

Se reconoce un admirador de otros pares suyos, “como Maximiano Valdés y Rodolfo Fischer”, pero para Helmuth Reichel “la edad no es garantía de nada”, opina: “Aquí o allá, siempre hay y habrá directores jóvenes y otros más experimentados en todo tipo de nivel. La dirección tiende a variar en unos y otros a partir de la edad en que comiencen sus estudios. Yo tengo 33, y seguro me queda mucho por madurar musicalmente, y siempre digo que hago la música como la estoy sintiendo ahora. Después, en 20 o 30 años, claro que será distinta, esa ruta no se termina nunca. Al final, lo que nos diferencia es la experiencia de vida, nada más”.

La primera vez que vino a Chile en calidad de director fue en 2012, invitado por la Orquesta Sinfónica de La Serena. “Fue un gran regalo. En 2014 nuevamente me invitaron a dirigirlos, y hasta había un tercer compromiso para este año, pero no logramos coordinar”. Luego, en 2015, obtuvo el segundo premio del Sexto Concurso Alemán de Dirección Orquestal en Stuttgart, y ese mismo año se convirtió en el primer sudamericano en ser uno de los tres finalistas del Concurso Internacional para Jóvenes Directores de Besançon, en Francia.

“No gané, y por lo general los segundos lugares no consiguen mucho, pero ese año fue distinto. Yo sabía que los japoneses ponían especial atención al concurso, y para esta temporada, en mayo, me invitaron a dirigir la Orquesta Sinfónica de Tokio, que abrirá la temporada en el teatro Muza Kawasaki Symphony Hall”, cuenta. Allí dirigirá Sherezade, la suite del ruso Nikolái Rimski-Kórsakov que ya condujo en Santiago en junio pasado, al frente de la Orquesta Sinfónica de Chile.

Con la misma agrupación se estrena hoy en Frutillar: presentará Andante para cuerdas, de Alfredo Leng; las Danzas Polovetsianas, de la ópera Príncipe Igor, de Alexander Borodin, y la Sinfonía N° 5 en mi menor, de Tchaikovsky. El viernes, en tanto, el programa estará dedicado a los Strauss, padre e hijo, para continuar con las Danzas húngaras número 5 y 6, y algunas polkas de Brahms. Para el cierre del certamen, este domingo 5, volverá al escenario junto a la Orquesta y el Coro Sinfónico de la U. de Chile con la Sinfonía N°9 , de Beethoven.

“Son autores a los que siempre he admirado y que además estudié y sigo estudiando en Alemania, donde me casé y tuve a mis dos hijas”, cuenta Reichel. “Es complejo definir qué sello tendrán sus obras bajo mi dirección, pues el trabajo de un director es, guardando las proporciones, reemplazar a sus compositores y tratar de identificarse con ellos, dejando un poco de lado las ideas personales. Como director tienes la responsabilidad de montar una obra, aunque eso pueda destruirlas o realzarlas. Yo prefiero detenerme en las partituras: en ellas está el material necesario para guiar a otros”.