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jueves, noviembre 09, 2023

Una madre y una hija: valiosos cancioneros de Violeta e Isabel Parra

 

Violeta con Isabel Parra en 1957.

El Mercurio


La reconstitución de un cuerpo de creaciones de ambas autoras se encuentra en los volúmenes de Ediciones UC, “Violeta Parra. Virtud de los elementos” e “Isabel Parra. Libro de mis canciones”.

IÑIGO DÍAZ

“Me encontré con tesoros desconocidos al reescuchar una a una las canciones, cosas que aparecían en las versiones de Violeta Parra y que se han ido perdiendo con el tiempo. Ella tenía una intencionalidad especial: deliberadamente creaba compases irregulares que le daban valor a una canción. Nada de eso fue al azar”, dice Greco Acuña, un percusionista con larga historia en la música latinoamericana.


Él participó en la transcripción a partituras de 63 canciones de Violeta Parra, del total de 116 que se consideran en su catálogo y que incluyen material desde 1948 hasta esa serie de canciones reencontradas en París. Es un auténtico traspaso de la oralidad a la tradición escrita, en un libro que en realidad es un cancionero: “Violeta Parra. Virtud de los elementos” (Ediciones UC, $16.000).


Pero en rigor este material es una actualización del libro homónimo de 1993, que contó con transcripciones y correcciones de Osiel Vega, editado entonces por la Fundación Violeta Parra.


“Muchos conjuntos que han tocado la música de Violeta Parra tienden a eliminar esos elementos ‘irregulares' que creaba para sus canciones. Entonces, a partir las versiones originales las repusimos y las reprodujimos ahora por escrito, en la partitura”, señala Greco Acuña.


Las transcripciones corregidas llevan al pentagrama la línea melódica de la voz de cada canción, acompañada por la letra y la armonía en clave americana, junto con una serie de notaciones: el tempo, el tipo de rasgueo, las introducciones de guitarra o bombo o la afinación campesina si se trata de guitarra traspuesta.


Desde lo musical, el proyecto fue encabezado por Tita Parra, pero no solo para este libro, sino también para “Isabel Parra. Libro de mis canciones” (Ediciones UC, $16.000), que incluye 74 piezas. “Por primera vez se publica un trabajo de este tipo con la obra de Isabel Parra. Era un paso muy importante en su historia personal, pero también para nuestro medio, porque reconocemos su cancionero como parte de un patrimonio chileno”, señala María Angélica Zegers, directora de Ediciones UC.


“Isabel Parra. Libro de mis canciones” cuenta con un prólogo de Silvio Rodríguez, una biografía escrita por Tita Parra y cuantiosas fotografías nunca vistas o poco difundidas, además de una discografía razonada. En el caso de “Violeta Parra. Virtud de los elementos”, el cancionero se acompaña por otra presentación de Silvio Rodríguez, fotos, afiches recuperados y una serie de cartas y manuscritos obtenidos de sus cuadernos.


Allí aparecen, por ejemplo, el puño y letra para canciones como “Arauco tiene una pena”, titulada entonces como “Levántate Huenchullán” y otras piezas medulares como “Arriba quemando el sol” o “Gracias a la vida”, ni más ni menos. “El próximo año vamos a publicar esos cuadernos de Violeta Parra en una edición facsimilar. Son una maravilla porque además de canciones, tienen reflexiones, notas al margen y apuntes domésticos”, concluye Zegers.

lunes, septiembre 11, 2023

Isabel Parra: “Hay muchas cosas estimulantes para seguir viviendo”





El Mercurio

 

La cantautora y guardiana de la obra de Violeta prepara la publicación de su primer cancionero y del nuevo espacio que albergará el patrimonio de la folclorista. “Me he hecho cargo de esa mochila, y me alegro de haberlo hecho”, dice a sus casi 84 años. Aquí repasa parte de su vida, sus duelos y renacimientos.

María Florencia Polanco


Si Isabel Violeta Parra Cereceda fuera un árbol, probablemente sería un roble, y si fuera un animal, un águila. Su espíritu es como el de un bosque milenario cuyo eco nunca deja de cantar: sobre el amor, las tragedias, la vida, el renacer.


Son casi 84 años. El suicidio de su madre. El exilio. La muerte de su padre. El regreso a Chile. El último aliento de Antar, su único nieto. El incendio del Museo Violeta Parra.


“Yo me he sostenido con la música. La música ha sido el árbol potente, inspirador, protector, amable, permanente de mi vida”, dice una mujer de cuero curtido, convicciones fuertes, opiniones tajantes, de signo géminis y devota, desde niña, de la Virgen de Lourdes.


Sentada en su departamento en Providencia, que es la sede de la fundación que lleva el nombre de su madre, la cual preside y es responsable del patrimonio de la folclorista, enumera los proyectos que la tienen “cantando por la vida”.


No solo sigue haciendo recitales, también está preparando su primer cancionero, que será publicado por Ediciones UC, y trabaja en manuscritos inéditos de Violeta. “Estoy súper entusiasmada. Tengo que empezar a recordar, remontarme para atrás”, cuenta.


—¿Qué recuerdos se le han venido a la memoria?

“Yo he tenido una vida complicada. Mi mamá era re buena mamá, pero andaba en su gitanería y buscando su destino. Lo buscó toda la vida. Sufrimos esta irregularidad afectiva y de tanto movimiento”.


—¿Cómo es repasar esa etapa con la distancia que dan los años?

“A estas alturas de la vida, no lo califico. No es bueno ni es malo. Es lo que a uno le tocó. No reniego de la vida que tuve. Jamás de los jamases. Creo que es positivo que, en medio de estos desórdenes, yo me haya convertido en una cantante profesional”.


—También volvió a presentar “Canto para una semilla”, después de medio siglo.

“Están pasando cosas. Yo creo en el año del conejo. Ese conejo está haciendo bien las cosas y nos está ayudando. Y tengo a la Virgen de Lourdes ahí, la veo desde mi balcón. Le doy las gracias, le pido ayuda. Es de esos pilares fundamentales para la existencia”.


—Se ve radiante. ¿Cuál es el secreto?

“Soy cuidadosa. Nunca he sido una artista bohemia. Yo vengo de una familia alcohólica. Eso me ha abierto los ojos y el corazón para salir de ese recuento deprimente y doloroso. Así como dejé de fumar de un día para otro. Yo me quiero mucho, me respeto mucho”.


—¿Cómo es ser adulto mayor en Chile?

“Hay altanería, un desprecio por la historia de otros, quienes han sido gestores”.


—¿En qué nota ese desprecio?

“En una falta de cariño tremendo por los que han hecho cosas importantes para Chile. Pero es un desprecio antiguo. Con la Gabriela Mistral, con la Cecilia Vicuña (Premio Nacional de Artes Visuales, a sus 75 años) que dice ‘Este premio cambia mi muerte', con Gastón Soublette, que recién lo recibió (el de Humanidades y Ciencias Sociales) a los 93 años”.


—¿Cómo ve a sus pares generacionales?

“Empobrecidos. No se arreglan los problemas básicos, como las pensiones, la seguridad social, la vivienda, los alimentos. Los artistas no tienen jubilación que los proteja”.


—Y usted, ¿cómo está?

“Haciendo las cosas que quiero hacer. Soy jefa de mí misma. Mientras sienta que tengo las herramientas para hacer las cosas que me he propuesto, que pueden ser insignificantes o importantes, las hago con la misma pasión”.


Isabel Parra es una joven que, el 29 de septiembre, cumple 84 años. Se desplaza con agilidad para preparar el té, contestar el celular y silenciar las notificaciones de WhatsApp. Camina a diario, toma clases de respiración, canturrea, toca el cuatro, cuida a “Brunito”, el perro que comparte con su hija Milena, que vive en su mismo edificio, va al cine y navega por Netflix. “Ahora estoy viendo un documental sobre la gente más longeva del planeta, que está en Japón. Hay una señora que tiene 101 años y baila con una botella en la cabeza. Los consejos que ella da son no enojarse y reírse”, dice.


—¿Le hace sentido?

“Llegar a eso sería estupendo”.


Vaciar la mochila


“Qué suerte llamarse Parra y qué desgracia también, lidiar con este apellido y con nombre de mujer”, confiesa la cantautora en “Con los pies en la tierra”, tema de su disco homónimo. Es el grito de desahogo de una artista que, a corta edad, se transformó en la guardiana del inagotable patrimonio de Violeta.


—¿No se cansa?

“No de mi trabajo, sino que me he cansado de la mochila que se llama Violeta Parra, que a veces es muy pesada. Amorosamente, me he hecho cargo de esa mochila, y me alegro de haberlo hecho. Admiro a mi mamá por encima de todas las cosas. Ahora la vamos a dejar feliz y tranquila en la Universidad Católica”.


El 7 de febrero de 2020, las manifestaciones en la “zona cero” no daban tregua tras el estallido social, cuando la tragedia volvió a golpear a la familia Parra. El museo que resguardaba las arpilleras y creaciones de Violeta —exhibidas en el pasado en el Louvre de París— era devorado por el fuego. Veinte años demoró concretarlo, un día destruirlo.


“Lloré mucho. Todavía están los carbones. Nos quedamos huérfanos, de nuevo. Y ocurrió este milagro”, dice, refiriéndose a la llamada que recibió del rector de la Universidad Católica, Ignacio Sánchez, proponiéndole crear la “Casa de Violeta Parra” en el Campus Oriente. “Nos volvió el alma al cuerpo”. Tendrá 350 metros cuadrados, 60 obras, una sala de música y un área infantil. Su apertura se proyecta para octubre.


—¿Cómo la pilla este proyecto?

“Estoy en un período de mucho agradecimiento. Ando cantando por la vida. Es una cosa tan mágica. Cuando se cuelgue cada cuadro, cada bordadito de lana, cada instrumento, que va a ocurrir pronto, va a ser una fiesta de dicha. Me salta el corazón y me emociono. A mí no me desalientan los fracasos”.


—¿Qué la mantiene en pie?

“Fortaleza, optimismo, confianza en que las cosas serán mejores, que tendremos un mundo mejor”.


—¿Ese optimismo nunca la ha abandonado?

“Nunca. Siempre que se cierra una puerta se abre otra. No hay mal que por bien no venga. Hay muchas cosas estimulantes para seguir viviendo”.


—¿De dónde saca la fuerza?

“No tengo idea, pero está ahí. No me ha pasado que me deprima, que me desaliente, que no tenga ganas de levantarme, que no quiera seguir luchando, que no pueda hacer una canción, un texto, que deje de reírme. Dios quiera que no me ocurra todavía, porque hay cosas que me faltan por ver”.


—¿Cómo cuáles?

“Como la ‘Casa de Violeta' llena”.


—¿Quién le gustaría que siguiera su posta?

“No sé, porque no quiero dejarle mochilas a nadie. Quiero vaciarla y que mis hijas vivan sus vidas felices y hagan lo que quieran”.


Una vida que contar


Era 1982 y un niño de pulmones fuertes se hacía escuchar mientras su mamá, “Tita”, sostenía el auricular de un teléfono público en Horcón, a 11 mil kilómetros de París. “Hay una nueva vida que contar. Lo escuché en el teléfono llorar. Dicen que lo llamarán Antar”, le cantaba desde el exilio a su nieto, que conoció a los cuatro meses. A los 28 años, lo despidió. “No tengo nieto y me muero de dolor”, dice con la triste serenidad de quien aprende a convivir con la muerte. “Yo disfruté de mi Antar”, sigue.


—¿Tenían una relación cercana?

“Estrechísima. Hacíamos giras, recitales los dos solos. En su corta vida, le sacó el jugo al estar vivo, y se enfermó de un tumor cerebral. Con la mamá y la abuela ausente”.


—Un nuevo duelo para la familia Parra.

“Un duelo enorme y permanente. La vida que se extingue de alguien que uno adora no se explica. No hay consuelo para eso. Siempre lo estoy viendo. Él mismo se ha encargado de que este sufrimiento no sea tan tremendo. Me acompaña y me está consolando”.


—¿Cómo era Antar?

“Era adorable. Un niño muy iluminado. Tenía mucho talento para la música y un carácter estupendo, puro, fresquito, risueño”.


—¿Cómo se conecta con él?

“Creo que todos los seres humanos estamos rodeados de nuestros muertos. De eso no me cabe duda. Es una buena y necesaria compañía. La pérdida de mi madre la tengo presente en mi vida. Estos seres me sostienen, no me tiran para abajo”.


—¿Eso lo ha sentido siempre?

“Lo empecé a sentir con mi padre, que murió cuando yo estaba en el exilio; con mi madre, que decidió poner fin a su vida, y con otros seres que he amado mucho, como Víctor Jara”.


—El día que se publica esta entrevista, se cumplen 50 años del golpe de Estado. ¿Cómo debería conmemorarse?

“Con una cosa muy sencilla y que la necesitamos: que algún día el 11 de septiembre sea duelo nacional. Sería una acción benéfica para todos”.


Nicanor Parra y su hija Colombina, junto a Isabel.


Ángel, Tita e Isabel cantando en los 90 una canción de Violeta Parra. 


Isabel Parra y Paulina Esquenazi en “El Mercurio”, durante la ceremonia de distinción de “100 Líderes Mayores 2022”. Yasna Kelly

lunes, diciembre 19, 2022

Ediciones UC publica vinilo de “Canto para una semilla”



 El Mercurio


Es el primer álbum musical que lanzará este sello de la U. Católica e incluye una grabación histórica de la obra de Luis Advis con versos de Violeta Parra.

Maureen Lennon Zaninovic

“Parte fundamental de la labor de Ediciones UC es abrir nuevos espacios para la cultura e innovar con propuestas que releven nuestro patrimonio inmaterial. Esta nueva edición de ‘Canto para una semilla' es un verdadero deleite para los sentidos y es la primera de varias iniciativas que están planificadas en conjunto con la Fundación Violeta Parra y que creemos serán un aporte fundamental para la divulgación del legado de la más insigne artista chilena”, señala María Angélica Zegers, directora de Ediciones UC. Se trata del proyecto que está emprendiendo este plantel y que significa dar forma al primer vinilo en la historia de este sello; un ambicioso rescate que verá la luz en las próximas semanas y que incluye la obra “Canto para una semilla”.


Ignacio Sánchez, rector de la UC, complementa que este álbum es parte de la alianza que suscribieron con la Fundación Violeta Parra. “Es nuestra primera exploración en vinilo y se suma al reconocimiento y a la difusión en torno al legado de esta gran artista nacional”, manifiesta. La autoridad añade que desde hace meses “estamos trabajando en el traspaso de la obra a la UC y en la habilitación del espacio Violeta Parra que debería estar listo muy pronto. En esa línea de apoyo, la Radio Beethoven acaba de emitir un programa, con producción de Erik Rojas, donde los auditores pudieron escuchar una edición de ‘Canto para una semilla'”.


Como se lee en el sitio Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional, a esta obra se la suele definir como una elegía/cantata para voz recitativa e instrumentos tradicionales (charango, cuatro, guitarra, quena, bombo), compuesta por Luis Advis (1935-2004) a partir de las décimas de Violeta Parra. Este trabajo fue estrenado por Inti-Illimani e incluyó la voz de Isabel Parra, hija de la autora de “Gracias a la vida”.


Esta última rememora que comenzaron a ensayar esta pieza en 1972 y su estreno tuvo lugar en el Teatro Antonio Varas. “Para mí es la obra más profunda de la historia de la música chilena. La más verdadera. Son versos de mi madre y yo tuve la suerte de estar muy cerca de Luis Advis y él, en un acto de amor, decidió que yo debía cantarla y así lo hice, en medio de muchísimas actividades. El estreno tuvo como narradora a la destacada actriz chilena Carmen Bunster”. Isabel Parra cuenta que la presentaron en diversos escenarios, “pero llegó el golpe de 1973 y la semilla quedó sin florecer. Después, cuando nos fuimos al exilio, la canté muchas veces con Inti-Illimani. Alcanzamos a grabarla en Chile y en Europa, pero luego quedó en el olvido”.


El aporte de Nydia Caro


La presidenta de la Fundación Violeta Parra aplaude el interés de la U. Católica por volver a editarla en un vinilo. “Esto es un acontecimiento patrimonial y, sobre todo, una magnífica oportunidad para que los jóvenes accedan a esta composición, a través del rescate de una grabación que hicimos en Roma, en 1978, al abrigo del legendario cineasta Vittorio Gassman. El sello Discoteca del Cantar Popular (Dicapi) tuvo muchos problemas y desapareció, pero afortunadamente sus dueños me pasaron el master y hoy podemos volver a sacar este disco”.


Isabel Parra explica que el registro sonoro de Roma tiene una narración en italiano, pero ahora tendrá un rol la cantante puertorriqueña Nydia Caro, quien en 2013 vino a Chile e Isabel Parra la asesoró en un disco con canciones de su madre. “Le pedí si podía grabar la narración en español y aceptó de inmediato. Lo que hicimos para este vinilo fue reemplazar el italiano original por la voz de Caro. ¡El resultado es estupendo!”, cierra Isabel Parra.

sábado, junio 20, 2020

Isabel Parra: "“No queremos reconstruir el museo”"



El Mercurio

En febrero de este año, el Museo Violeta Parra, ubicado a pasos de la Plaza Baquedano, fue atacado e incendiado en tres ocasiones en medio del estallido social. Isabel Parra, hija mayor de Violeta, habla de su desolación por la violencia, de los años de trabajo recolectando la obra de su madre, de la controversia con los herederos de Nicanor Parra y de su discrepancia sobre cómo estaba siendo manejado el museo en el último tiempo: “Se fue convirtiendo en un museo fome”.
Por Antonia Domeyko

Cuando Isabel Parra se levanta por las mañanas durante estos días de cuarentena, lo primero que ve son los cuadros de su madre que tiene colgados en los muros de su departamento en Providencia.

—Veo un mono de la Violeta Parra ahí, bailando cueca en el living. Voy a la otra pieza y tengo otros monos más chicos, maravillosos. A mí me da mucha energía eso, ¿sabes? Me contenta en los momentos más desolados. Miro un cuadro de mi mamá y siento que ella está. Hay muchos monos que se parecen a nosotros, porque éramos sus modelos; también están los perritos, los quiltros que ella cuidaba en La Reina. Esos son mis tesoros. Es una cosa muy fuerte, muy linda. Es mi compañía.

Isabel Parra vive sola. Pero durante el confinamiento ha tenido cerca a su hija Milena Rojas, que vive en otro departamento en el mismo edificio, y a su mascota, un perro salchicha. También mantiene contacto telefónico con su hija Tita. Pero lo que más la acompaña, a sus 80 años, son las canciones, dice. En estos meses se ha dedicado a escribir y componer, reflexionando sobre la pandemia y el “estallido social truncando”, para el nuevo disco que está grabando junto a Manuel Meriño, que se suma a la veintena de álbumes que ha lanzado durante su extensa carrera.

Sin embargo, añade, lo que acapara la mayoría de sus pensamientos hoy es el Museo Violeta Parra. Este proyecto, que albergaba y exhibía una gran colección de la obra de la artista, que Isabel y su hermano Ángel habían recopilado por décadas, está cerrado desde octubre, luego de que detonara el estallido social. Unos meses después, en febrero de este año, en medio de las manifestaciones, fue incendiado y atacado tres veces consecutivas en un mismo mes. Las reiteradas llamas devoraron la infraestructura casi por completo.

—Lo que más me preocupa ahora es el destino de lo que fue el Museo Violeta Parra, del ex Museo Violeta Parra.

—¿Por qué exmuseo?

—Después de los incendios, en la última reunión de directorio, salí con esa idea. Para mí se acabó el museo. No existe.

El trabajo de juntar y recopilar la obra de Violeta Parra, dice Isabel, ha sido una labor que ella ha realizado continuamente a lo largo de su vida.

—La Viola era muy itinerante, hacía sus trabajos, y se iba de viaje, dejaba cosas aquí, cosas allá, y me tocaba a mí, siempre me tocó, ir detrás de las cosas, ordenarlas y guardarlas. Ella me decía de repente “qué bueno tener una secretaria”. Me parecía una frescura esa cuestión, porque yo no era su secretaria. Yo la ayudaba porque ella era mi mamá, porque yo la quería y porque había que ayudarla, simplemente. La palabra secretaria no me caía muy bien. Pero de cierta manera había que hacerse cargo.

Recuerda especialmente los años en que su madre trabajaba en el proyecto de un centro cultural en una carpa instalada en un terreno baldío cedido por el alcalde de La Reina.

—Le costó tanto a mi pobre madre hacer ese proyecto, que era un proyecto loco, descabellado. Cuando la cosa funcionaba, entre comillas, ella se iba a Bolivia, y dejaba todo ahí. Eran muchos cachos todo eso, porque mi hermano y yo éramos grandes ya, y teníamos una vida, pero así y todo estábamos siempre ahí junto a ella.

Tras la muerte de Violeta Parra, en 1967, Isabel, que entonces tenía 27 años, se quedó con varias de las obras de su madre, que más tarde guardó en su propia casa en Ñuñoa. Unos años después, luego del golpe militar, Isabel y Ángel partieron al exilio y se instalaron finalmente en París.

—Si nosotros teníamos que trasladarnos, nos trasladábamos con ese patrimonio. Pasaron las cosas más increíbles que yo te pueda contar para sacar en plena dictadura, hacia un destino de exiliados, parte importante de la obra visual de la Violeta Parra —relata.

Desde París, al igual que su madre, visitaba diferentes países cantando sus canciones, y en el camino buscaba obras que Violeta Parra había dejado en sus viajes por Europa. Recuerda que en una presentación en Ginebra, al llegar al camarín, se encontró con un mensaje en un papelito que decía en francés: “Yo tengo cuadros de Violeta Parra”.

—La Violeta había dejado también montones de pinturas en el taller de Ginebra, pensando que volvería a buscarlas. Y aparece este suizo milagrosamente para decir: “Tengo los cuadros de la Violeta”. Después, este señor nos los entregó. Tenía prácticamente todos los óleos que se han exhibido. Todo fue así, son años de trabajo, de espera, de energía, de andar preguntando, tocando puertas a personas que uno no conoce, que te dieron un dato.

De a poco, su departamento en París se comenzó a llenar de obras de su madre.

—Yo iba a la cocina a pelar papas y tropezaba con un cuadro de mi mamá. No era uno, eran cinco, 10 cuadros, además de los que tenía colgados (…). Tenía mi casa invadida de obras de la Viola. En el edificio había una bodeguita comunitaria con los otros propietarios, y yo la tenía llena de Violeta Parra con arpilleras, papel maché, cartas, manuscritos, etc. Estaba exiliada sin saber qué iba a pasar con todo esto.

En 1987, Isabel Parra regresó a Chile. Una de las razones, entre muchas otras, dice, era volver a hacer algo con el legado de su madre. Cuatro años después, en 1991, creó junto a su hermano Ángel la Fundación Violeta Parra.

—Creamos la fundación para proteger la obra. Nosotros lo vimos como una gran manera de protección, porque cualquiera cae en la tentación de querer vender.

—¿No han vendido alguna?

—Las hemos cuidado como si fueran hijos de nosotros. Jamás hemos vendido, creo que ni un monito ni un dibujo.

Tras la creación de la Fundación, en la mente de Isabel estaba el objetivo final de crear un museo.

—Me demoré cerca de 20 años en convencer a los gobiernos democráticos de lo importante que era tener un Museo Violeta Parra. De andar enseñándole a los chilenos quién era Violeta. Fue arduo. El nombre de la Violeta es muy querido y muy amado en todas partes del mundo. Chile es el país número uno para desconocer y estar ciego de las cosas que ocurren a los grandes artistas chilenos. Y a mí me tocó la pega chica, de andar cargoseando con la Violeta Parra.

En octubre de 2015 se inauguró el museo, construido con fondos del Estado y hoy financiado por el Ministerio de Cultura. Isabel y Ángel Parra donaron las obras al Estado chileno para la colección. Ella, como parte de la Fundación Violeta Parra, es la vicepresidenta del directorio del museo.

Aún Isabel sigue recibiendo contactos de personas que tienen cuadros y obras de su madre, y, dice, el museo ha comprado también algunas piezas que han ido apareciendo. Pero, asegura, hay parte del trabajo de Violeta Parra que está en la casa de su tío, el poeta Nicanor Parra, fallecido en enero de 2018.

—En su casa de La Reina se acumularon montones de arpilleras, de cuadros, que están ahí hasta el día de hoy. Quienes tienen la palabra son los hijos del tío. Ya todos están grandotes, no son los cabros chicos, tendrían que pronunciarse, y devolver lo que no les pertenece. Frente a la gran herencia que tienen, que se ha publicitado en todos los medios, estamos todos con la boca abierta de la mansa fortuna que hay ahí. Entonces, con mayor razón que devuelvan esos cuadros. Si bien tienen un valor económico, supongo, muy elevado, deberían volver a sus dueños. Y espero que ocurra.

Hace poco más de un mes se hizo público en varios medios un informe elaborado por el abogado interventor de la herencia de Nicanor Parra que indicaba que el patrimonio corresponde a $3.400 millones, además de cinco inmuebles, y que hoy está en medio de una disputa legal entre los hijos herederos.

—Usted presentó una carta formal pidiendo los cuadros, habló también de tomar posibles acciones legales.

—Acciones legales he tomado tantas veces en mi vida, que no me voy a meter en esa cuestión a esta altura. Yo apelo a la cordura, a la generosidad, a la comprensión y, en definitiva, apelo a no quedarse con lo ajeno. Así de simple. Yo tengo confianza en que en la medida en que se desenrolle el enredo que tienen los hermanos, que este patrimonio de cuadros de la Violeta Parra no pase a ser parte de la fortuna, bastante grandota, que se van a repartir.

—Se decía que Nicanor Parra le había comprado esos cuadros a Violeta.

—Es que hay todo tipo de cuentos. Hubo una historia de que “pobre Violeta que no tenía plata”. Esa es una falsedad total y absoluta. Los hermanos, el Nicanor con la Viola, siempre tenían historias de plata. La Viola, siendo una mujer pobre, le prestaba plata al hermano. Hasta yo me acuerdo en un momento que el tío Roberto llegó a mi casa y me dice que a Nicanor le estaban ofreciendo una casa muy barata en Isla Negra, pero que necesitaba unos dineros. Yo tenía mis ahorros y le presté, y el tío vino después y me pagó. Se prestaban plata los hermanos. Ellos tenían sus transacciones económicas privadas.

—¿Ha mantenido contacto con sus primos, los hijos de Nicanor Parra?

—Fui en una época muy amiga de la Catalina, era mi prima más querida. Ahora está en Nueva York, pero no escribe, no sé lo que pasa. Después de todos estos enredos mediáticos que han ocurrido con la familia Parra de ese lado, me imagino que es por eso. No tengo idea. Pero yo he conversado con la Colombina sobre este tema. Yo tengo su número y le he mandado recado, pero no me pesca, hasta el día de hoy.

Al lado del río/ donde se encontraba el corazón vivo de Violeta Parra/ queda el humo negro/ quemada la historia/ y el corazón vivo de Violeta Parra.

Es la estrofa final de una de las canciones que Isabel ha estado escribiendo en el último tiempo. Es de febrero de este año, cuando ocurrió el incendio del museo. Dice que cuando comenzó el estallido social tuvo sentimientos encontrados.

—Lo que me pareció muy dramático fueron los actos violentos. Todo lo que signifique destruir, quemar, romper, a mí me parece de una violencia que no soy capaz de justificar. No me gusta esa forma, para nada. Yo estoy desolada de constatar lo que ha ocurrido, pero al mismo tiempo estaba contenta con el estallido, por supuesto. Cuándo la gente iba a mostrar esta desigualdad chilena, esta injusticia, esta sociedad que vive a expensas de la explotación de otros, un país que desprecia las minorías, un país donde los hombres matan a sus mujeres, y la lista es muy larga. La gente aquí no tiene qué comer. Entonces, por supuesto que encuentro razonable que haya una explosión de reclamo. Cómo no.

Con el comienzo de las manifestaciones en Plaza Baquedano, en Vicuña Mackenna, a una cuadra de la plaza, el Museo Violeta Parra tomó la decisión de cerrar sus puertas. Y hasta hoy, ocho meses después, no ha vuelto a abrir.

—Se clausuró. Yo no estaba de acuerdo. El Museo Violeta Parra no tuvo ningún compromiso social durante esta revolución. No se proyectó el espíritu social de la Violeta, jamás.

—¿Cómo hubiese querido que fuera?

—Bueno, yo nunca pretendí ser la directora del Museo Violeta Parra, no tengo nada que ver con eso. No soy funcionaria pública y no ando buscando esa pega. Soy una mujer artista, que hace música (…). Como a mí no me tocó, las cosas que nosotros inventamos nunca se pudieron concretar, ideas que planteábamos. Yo creo que hay personas que podrían hacerlo mejor, que podrían tener otra visión. Por ejemplo, el centro cultural del GAM se la jugó a muerte con el estallido social y organizó miles de cosas. Claro, ellos tienen una gran infraestructura, pero el Museo Violeta Parra se cerró.

La noche del viernes 7 de febrero, Isabel Parra se enteró por la televisión de que el museo se quemaba en medio de una protesta. La infraestructura, que este 2020 cumplía cinco años desde su inauguración, se caía a pedazos. Las obras, por suerte dice Isabel, las habían retirado al inicio del estallido para resguardarlas.

—Cuando lo vi en la televisión, partimos con la Milena (su hija) de inmediato para allá. No hay nada peor que un incendio; esas llamaradas incendiarias, es como una guerra, como sentirse estropeada, humillada. Quemar un lugar de encuentro, un lugar creativo, que costó tanto hacerlo.

—Antes de que esto ocurriera, ¿usted pensó que podría llegar a pasar algo así al museo que representa a Violeta Parra?

—Viendo el desastre en el transcurso de los días, era como para pensar que se podía empezar a romper; rompieron vidrios, pero siempre con una esperanza estúpida de que no iban a tocar el Museo de Violeta Parra. La ingenuidad perfecta. Eso era lo que yo sentía.

Hoy hay una investigación en curso, pero Isabel dice que aún no ha tenido información de quiénes habrían originando el incendio. Al día siguiente del ataque, Carabineros hizo una declaración en la que indicaba que algunos testigos habían visto un grupo de encapuchados iniciar el fuego.

—Al lado del museo había un sitio baldío, que era como de guerra, ahí pasaban las fuerzas del orden, los encapuchados y los locos que quemaron el museo; qué Dios sabrá quiénes son. No ha llegado ningún resultado de la investigación.

El 28 de febrero hubo un segundo incendio en el museo. Y al otro día, la infraestructura volvió a arder por tercera vez.

—Yo estoy confiada en que esta revolución, que quedó trunca, continúe. Tiene que continuar, pero de otra manera. Yo me opongo a los actos violentos.

Como todos los centros culturales, abrir las puertas al público no es una posibilidad hoy debido a la pandemia. Y en el caso del Museo Violeta Parra, esa opción, con la infraestructura destruida, es aún más lejana.

—Nosotros, como Fundación Violeta Parra, no queremos reconstruir el museo, considerando en el estado catastrófico en que se encuentra la economía chilena. Construir ese museo fue carísimo, mantenerlo es carísimo. Es bueno que la gente sepa que los Parra no han recibido nunca un peso por entregar esa obra y que los dineros que entrega el Consejo de la Cultura es para mantener a los funcionarios y para hacer las actividades que tiene que hacer un museo.

—¿Cuál sería, entonces, para usted el futuro del museo?

—No vamos a reconstruir ese museo por miles de razones. Ese museo fue destruido. La intención que nosotros tenemos como fundación es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero de otra manera. De una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente, en una casa, que no tenga que tener 25 personas que hagan aseo. La sencillez de la Violeta es la que tenemos que poner frente a un nuevo proyecto. La gente tiene que saber cómo era la Violeta Parra. ¡Por Dios! Si la Violeta se fue a vivir a una carpucha de tierra. Yo no te digo que vamos a hacer la carpa, porque yo odio la carpa, pero tenemos que hacer un proyecto cariñoso, amable con las personas, entretenido, creativo.

—Cuando fue el incendio, usted dio declaraciones en las que mencionaba que no coincidía en cómo se estaba manejando el museo. ¿Sigue pensando eso?

—Reafirmo lo que digo. Yo creo que hay personas que no están preparadas para dirigir un Museo Violeta Parra. Creo que mi hermano y yo nos equivocamos profundamente en confiar en esta persona, en creer en ella. No creo que sea fácil dirigir un museo, pero este es un museo bien dirigido en lo administrativo y en lo técnico, y eso a mí me importa un rábano. Está lleno de gente que puede hacer eso, pero hay muy poca gente creativa que inventa cosas, que se deleita creando. Eso no lo tenemos y no lo tuvo nunca el museo.

—¿A qué se refiere?

—Mientras el museo existió, creo que ocurrieron cosas buenas, como que se bailaba cueca el primer sábado de cada mes, era una cuestión maravillosa (…). Pero fue muy difícil, porque hacer un museo Violeta Parra vivo es muy complicado. El museo se fue convirtiendo en un museo fome, sin divisar a la Violeta en sus múltiples facetas. Nunca hubo una programación profunda. Nunca hubo estudios sobre la Violeta Parra, nunca salió a las regiones, nunca tuvo proyección con museos del mundo. Se quedó ahí en la calle Vicuña Mackenna con unos talleres. Mejor ni hablo de eso, porque me deprimo.

—…

—Hacer talleres de cómo se hace el terremoto, qué se toma para el 18, es para morirse. Te pongo ese ejemplo que es dramático. La Violeta, además, era contra el alcohol, y hacer talleres así en un país de alcohólicos como el nuestro… Ese tipo de cosas puede ser un detalle risible, pero en el fondo es una mierda... o talleres de sopaipillas. Yo adoro las sopaipillas, pero haber luchado todo lo que te conté para terminar haciendo sopaipillas. Por favor, tenemos que cortarla.

—La directora del museo, Cecilia García-Huidobro, dijo que las decisiones se han tomado en el directorio, al cual usted no había asistido en el último tiempo.

—Lo que pasa es que esas reuniones de directorio son un chiste, porque ahí llega el pastel cocinado, y la Fundación Violeta Parra no tiene mayoría en el directorio. Los pasteles vienen cocinados a las reuniones y no creo que solamente en este directorio, yo creo que todos los directorios funcionan así.

Hoy, el museo funciona en formato digital, ofreciendo actividades en línea. Pero Isabel piensa en otra cosa y mira hacia atrás:

—Después de todo ese esfuerzo, de todo lo que pasó, de tanto patalear y pelear, viene el estallido social con las consecuencias que conocemos. Entonces, en realidad, si uno se pone a sacar la cuenta de lo que ha sido esta historia, quedamos en punto cero.


Isabel Parra dice que la intención es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero “de una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente”. En la foto, ella junto a su madre. ZIG ZAG

lunes, mayo 06, 2019

Gobierno de Cuba otorga a Isabel Parra la Medalla Haydée Santamaría

Radio U de Chile

Además de Parra, otros dos chilenos fueron recocidos con la medalla: la doctora en letras y académica de la Universidad de Santiago, Ana Pizarro; y el artista audiovisual, Hugo Rivera Scott.

Isabel Parra, Vicepresidenta del Directorio del Museo Violeta Parra, fue notificada por la Casa de las Américas de su decisión de reconocerla con la Medalla Haydée Santamaría, entregada por el Consejo de Estado de la República de Cuba desde 1989.

El premio, otorgado a artistas y escritores de prestigiosa trayectoria que hayan tenido un vínculo con Cuba, reconoce la contribución a “hacer realidad los objetivos con que, desde su fundación, trabaja la Casa de las Américas, en aras del enriquecimiento y defensa de la genuina cultura de América y el Caribe, y de su integración por las vías culturales”. Así lo destaca el documento que recibió Isabel Parra como notificación de este título.

La artista manifestó públicamente su agradecimiento a la institución con un saludo dirigido a Roberto Fernández, director de Casa de las Américas.

“Desde Chile me llega la comunicación de la emocionante noticia (me encuentro en Europa de paso) que he sido distinguida y honrada por ustedes con el premio medalla Haydée Santamaría. La vida me ha premiado al tener la suerte de conocer y recibir la palabra y el aliento en persona de nuestra heroína. Les agradezco esta distinción en nombre de mi país y de sus artistas y creadores”, expresó.

Además de Parra, otros dos chilenos fueron recocidos con la medalla: la doctora en letras y académica de la Universidad de Santiago, Ana Pizarro; y el artista audiovisual, Hugo Rivera Scott.

lunes, abril 22, 2019

Isabel Parra: "Siento que este familión ya se extingue"

Raimundo Flores
Espectáculos
El Mercurio

A días de cumplir 80 años, la cantautora acaba de publicar un nuevo álbum. Además se muestra crítica del Premio Nacional de Música y reflexiona sobre la obra familiar.



Isabel Parra ya perdió la cuenta de cuántos discos ha publicado. "Por lo menos unos 100", dice sentada en una oficina del Museo Violeta Parra, mientras la duda hace aflorar los recuerdos de más de seis décadas de trayectoria. "En la Peña de los Parra a cada rato hacíamos discos. Nos íbamos al estudio y grabábamos un long play en una tarde. El bombo, el cuatro, el Ángel y yo", agrega.

"Saludos a todos", el más reciente álbum de ese largo catálogo, se publicó el pasado viernes 12. Un trabajo que la volvió a unir con Inti Illimani y que contó con los arreglos de Manuel Meriño, director musical del conjunto. En total son 10 canciones que incluyen en su mayoría reversiones de temas propios -como "Ni toda la tierra entera" y "No me gusta no", famosa por su aparición en la franja del NO- y dos cuecas inéditas que compuso recientemente. Una de ellas, "Los amores mal nombrados", demuestra la vigencia de la obra de Parra, abordando un tema en boga en la actualidad. "Tengo temor a los amores opresores, de todo tipo, no solamente de pareja. Todas las relaciones opresoras son fatales para el ser humano", afirma.

Consultada sobre el movimiento feminista y por cómo su madre ha sido considerada muchas veces como un referente para la causa, Parra reflexiona: "La Violeta Parra fue la primera feminista chilena de la música, diría yo. Con su postura, su crítica, sus cantos de amor y desamor y con esta capacidad de luchar a través del canto. Entonces cómo no va a ser referente". Luego, aborda su experiencia personal en la masiva marcha del pasado 8 de marzo: "Nunca fui a una marcha de esa envergadura en Chile. En este momento nosotras seguimos postergadas y maltratadas y hay un despertar de la conciencia femenina que estuvo muy dormida".

Otra novedad que trajo "Saludos a todos" fue el acercamiento de Parra a las redes sociales, un mundo que le ha permitido compartir el proceso creativo del disco y acercarse a nuevas generaciones de seguidores. "Hay una cantidad de gente joven que ni te cuento. Eso es bien impactante porque se supone que lo que hacemos nosotros ya pasó, que estamos todos viejos, que nos repetimos, que somos todos picantes y upelientos, y resulta que no es así. Hay cabros y niñas jóvenes que me dicen que cantan mis canciones desde que son chiquititos", cuenta entusiasmada.

"No creo en la permanencia de los legados"

El 2018 para Parra estuvo marcado por su postulación al Premio Nacional de Música, que finalmente quedó en las manos de Juan Allende-Blin. "Ese premio ha sido siempre chueco, siempre ha estado destinado a los hombres, siguiendo la dinámica esta del hombre con la pata encima. Puros académicos, lo popular ahí no corre. Académicos que se van premiando los unos a los otros", dice crítica, aunque también hace hincapié en que su candidatura fue "una buena experiencia" y no cierra la puerta a volver a postular.

Parra aclara que no trabaja por los premios y que se mantiene con energía y entusiasmo planeando nuevo proyectos, aunque también tiene presente que eso no durará para siempre: "Siento que este familión que estaba tan potente en un momento ya se extingue. No sé hasta cuándo me durará la cuerda, me durará hasta que me dure. No me pongo a pensar qué será de mi vida el año que viene".

-Usted dice que la familia se extingue, pero en los últimos años ha encabezado un trabajo por mantener el legado de sus parientes...

"Le hemos hecho harto empeño para que no se extinga pero también creo que el tiempo va borrando, las cosas se van quedando atrás. No creo en la permanencia de los legados. Que no se malentienda, porque naturalmente el legado de la Violeta está vivito, igual que el de Nicanor, del tío Roberto, del tío Lalo. Eso existe, pero no doy fe de que sea eterno, eso durará lo que la gente quiera supongo yo, pero no me puedo preocupar de eso. Mientras tenga energía y esté sana, voy a seguir trabajando para que eso no se olvide.

Gira europea
El 26 de abril la cantautora se presentará junto a su hija Tita en Bruselas, en la inauguración de una muestra que exhibirá una arpillera de Violeta Parra. El 18 de mayo estará en la reinauguración del Centro Cultural Ángel Parra en París.

jueves, octubre 18, 2018

Isabel Parra: “El ‘clan Parra’, para mí, es inexistente”

The Clinic

La artista Isabel Parra (78), previo a esta entrevista, estaba enojada con The Clinic. Quería hacer sus descargos y hablar sobre lo complejo que ha sido el proceso de llevar adelante el museo de su madre, Violeta. Ahora se prepara para postular al Premio Nacional de Artes Musicales, uno que hasta ahora le ha sido esquivo y el que sabe que “ha castigado a las mujeres históricamente”.

Por Valentina Collao López

“Hace tiempo que al Clinic le perdí la pista. Por diversas razones, pero la última fue cuando hace algunos años tomaron una portada de un disco de la Violeta y pusieron encima la cara de Jovino Novoa. Una cuestión terrible, no era ni cómico. Era tan burdo. Por último si ponen a un personaje de la izquierda que se haya portado mal, te creo, ¿pero con él?”. Esas son las primeras palabras de Isabel Parra al encender la grabadora.

Quiere que salga publicado.

Eso sí, aclara, que hace poco volvió a comprarlo. “Cuando apareció la portada de este cabro político, Mayol y Jim Morrison, en el post 18, me gustó. Es divertida, no es sucia. La otra que me gustó por razones obvias fue cuando apareció una gorda inmensa que está comiendo y le pusieron la foto de la Maldonado. Ese es un personaje bien siniestro”, dice.

Estamos en pleno periodo de conmemoraciones políticas. El plebiscito, la detención de Pinochet en Londres, etcétera. ¿Cómo observas esos procesos y qué diagnóstico tienes del país hoy?

-Las celebraciones por fechas históricas como el SÍ y el NO, muestran que están todos encajonados en distintos grupos. No hay una celebración, no nos alegramos en conjunto, nos alegramos por grupos. Eso lo encuentro espantoso.

Altiro pienso en la frase “la alegría nunca llegó”…

-Yo creo que tiene ver. Te estoy hablando de cómo uno ve que el país se va desperfilando de lo que uno creía. El proceso de recuperación del país lo he vivido con mucho desencanto, por ponerle una palabra suavecita. Y es una cosa generalizada, no es algo que me esté imaginando yo. No soy la única que lo ve así, por suerte. Yo diría que el resultado del plebiscito hoy ya no tiene mucho que ver conmigo.

¿Qué es lo que te desencanta de este presente?

– Mira, yo creo que lo que me frustra o molesta es lo que le pasa a la mitad de Chile, no es una cosa original, en absoluto. Son las grandes carencias que hemos tenido como habitantes de Chile, las grandes frustraciones, la permanencia de los crímenes, la no búsqueda intensa de la verdad, la impunidad, que es una cosa que ya no tiene nombre ni color. También están los grandes problemas que tiene Chile, que no se arreglan nunca: la pobreza, la desigualdad, ahora estamos teniendo un poquito de esperanza porque se está repensando la condición de la mujer, eso alienta, claro está. Pero somos un país súper atrasado, súper conservador y partido por la mitad. Lo bueno es que nunca me va a pasar eso de quedarme indiferente con lo que pasa a mi alrededor, eso sí que no. Cualquier cosa menos eso. Entonces paso rabias, me frustro, pero son emociones comunitarias.

¿Te sientes parte de una comunidad que vive indignada?

-Sí, me siento parte de una comunidad que está enojada y que es indefinida, pero yo sé que pertenezco a un grupo de personas. Aunque no me junte con ellos, yo sé que hay un grupo enorme de chilenos que sienten como yo, que se enojan como yo, que se frustran como yo, que esperan como yo… etcétera. Así es la vida po, enclenque.

Leí una nota tuya en La Tercera en donde decías lo siguiente: “No podría decirte que somos una familia aclanada, ni yo misma soy de choclones. Más bien somos separatistas”. ¿Qué querías decir con esa frase?

-Los mitos con la familia son Parra infinitos. Esa es otra cosa chilena, hacer un juicio a cada grupo, dar una etiqueta. El “clan Parra”, para mí, es inexistente. No estoy en eso, no siento que ese sea “mi” clan o que “este otro” podría serlo. No lo veo así. Yo creo que somos parte de una familia con una tremenda diversidad y encuentro que eso es bueno. ¿Te imaginas que fuéramos igualitos unos a otros? Ahora, de toda esa diversidad y de toda esta forma de pensar, de ver la vida, de sentir el arte y la cultura y la cacha de la espada, también es bueno porque en los temas culturales artísticos somos más diferentes que cualquier otra. Además, no nos metemos en la vida de los otros. No damos lecciones a nadie o andamos diciendo “creemos que las cosas tienen que ser así”. Simplemente, como todos, veo, opino, me gusta o no me gusta, pero no participo en meterme en la vida de otro. Ni escarbar ni en los Parra ni en nadie. Entonces esa soledad que puede ser muy mal vista, es una soledad que comparto con la mitad de la población solitaria en Chile.

Este 2018 se concluyen las celebraciones en torno a la figura de Violeta. ¿Cómo viviste todo ese año?

-Estos cumpleaños son apoteósicos, en la sencillez más absoluta o en los grandes despliegues de personas, de proyectos, de cariño. Y por suerte, estos últimos tres años han sido principalmente en la casa de la Violeta, que es este museo. Ella no tenía casa, la Viola perdió su casa y no la recuperó nunca más. Entonces tener este espacio es un logro. Son motivos y razones para que sienta profundamente que no se ha perdido el tiempo, que no nos hemos quedado sólo en la frustración.

¿Qué ha sido lo más complejo de todo este proceso?

-Te puedo contar lo que yo he hecho, de lo que ha significado para mí que la Violeta tenga este lugar, de la tarea que nos impusimos con Ángel de escarbar en el mundo entero donde estaban las cosas de la Viola, en pleno exilio. De guardarlas, para traerlas a este Chile dislocado del que te hablo.

Y que ella también identificaba, ¿no? Sin este contexto de la dictadura quizás, pero que ella leía muy bien.

-Eso que yo desordenadamente trato de decirte, ella lo esclareció y lo puso clarito en sus letras.  Cuando ella nos decía a nosotros esto lo hago por Chile, yo sabía de qué era lo que estaba hablando. Yo tenía la certeza de cuál era el Chile del que ella hablaba. Ese mandato amoroso por decirlo de alguna manera, se convirtió en una frase sagrada para mi hermano y para mí. Nos tomamos muy en serio este patrimonio de la Violeta, este legado no lo hemos vendido, no lo hemos puesto en la bolsa. Lo hemos traído para acá. Pero ha sido un gran esfuerzo.

¿Por qué crees que costó tanto tiempo ejecutar el museo?

– Yo creo que hay una indiferencia del poder por la cultura. Creo que eso es verdadero. Siempre se ha dicho, incluso amigos nuestros, políticos cercanos  se habla de la “Cosa cultural”. Durante años lo escuché. La Violeta les pasó de largo, eso fue sistemático.

Cuando salieron los dineros para concretar el museo yo estaba sola con un cheque y tenía que hacerme cargo. Eso es muy cruel, porque no sabía nada de gestión, yo soy cantante, compositora. Creo que de verdad han sido muy crueles. Yo soy la hija de la Violeta Parra y no puedo pedirles que funcionen como funciono yo, pero a mí me duele mucho por que yo sé, y es lo que me ha guiado, que su obra es magnífica. Tengo la certeza y siempre la tuve. Eso es lo que a mi me sostiene.  Eso es lo que me da paz y es lo que da fuerzas para seguir en esta pelea.

Pensando que hicieron la gestión juntos, ¿cómo viviste la muerte de Ángel?

– A pesar de que no vivíamos bajo el mismo cielo, estábamos muy conectados. Ángel hacía lo que podía cuando venía. Mucho más metido que yo con la gente. Ayudó mucho a su manera a que este proyecto saliera adelante. Por eso es terrible que no esté aquí, es muy doloroso y deja un gran vacío. Yo familia ya no tengo, así tan cercana como él, no. Mi hermana se murió antes, se murieron todos los tíos adorables, uno en uno. Pero tenemos a la Violeta y eso es un consuelo de toda esta adversidad.

LA NUEVA CANCIÓN CHILENA

¿Qué visión tienes hoy sobre la música popular? Recuerdo haber leído un punto de vista bien crítico con respecto a la música que se hacía actualmente.

-En la medida que una se va poniendo más vieja, va escuchando más música y va sabiendo más del mundo musical, es como que esto que no me entusiasmaba, se multiplicó por mil. Claro, es evidente, yo no puedo decir ahora me gustan todos. Me cuesta entusiasmarme con la música actual.

Yo creo que hay algunos nombres que son respetables pero que no te los voy a nombrar porque después se enojan si no nombro a todos.

Sí me llama la atención cuando las mujeres se ponen a hacer sus canciones, eso es lo que más motiva, porque siento que tenemos pocas creadoras en Chile. O son baladistas o son folcloristas que cantan la tonada y la cueca, y sería todo. No sé por qué no ha brotado esa corriente tremenda de componer canciones espectaculares, no hay relevo, ¿cuando va a haber una Violeta Parra o una Mercedes Sosa? ¡Jamás de los jamases!

¿Tan así?

Es muy debiliucho el movimiento del canto chileno. Ahora, hay baladistas que son estupendas, que son amorosas y qué sé yo, pero que normalmente cantan canciones hechas por los hombres. Así es la realidad, entonces están metidas en todo un circuito comercial. Pero uno siempre añora una mujer que haga poesía, que cante, que toque instrumento, que se abra camino más amplio con la música y eso yo, en este momento no lo veo.

Pero hay un montón de artistas que también son compositoras. Pienso en las mujeres que van al festival Rabiosa. Ese es un espacio donde hay un cultivo de voces femeninas, de discurso.

Sí, claro, hay otra producción musical que no es la mía y yo no tengo nada que ver con eso. Ellas son dueñas y señoras de sus espacios y de su forma de componer, pero yo añoro a una gran poeta que cante. Yo disfrutaría eso, estaría súper feliz. Hemos invitado a bastantes muchachas jóvenes al museo a cantar, que tienen su propia temática, su propia forma de hacer música. Yo no te estoy diciendo que las mujeres tienen que convertirse en Violeta Parra y ser folclorista y pasarla mal, ¡No!, por favor.

Entonces en eso, hay que ser muy claritos, yo respeto todo lo que hacen todas las mujeres, todos los hombres, pero algunas me interesan, otras nada. Pero no es mi preocupación. Yo no estoy todo el día pensando, oye ¿por qué no pasa esto?, en absoluto, por dios, sería terrible que me pasara eso. Pero pienso que ahora no hay un Víctor Jara. Entonces eso es doloroso porque eso significa que no va a haber relevo, que no nos vamos a entusiasmar como nos entusiasmábamos con el Víctor, con su presencia, con su canto.

¿Y eso no será parte del contexto político en el que estábamos también?

-Tiene que ver, porque nosotros vivimos un proceso que fue único, muy extraordinario, mucha inspiración, de mucha libertad para crear y además con los antecedentes de poder cambiar el mundo, de aportar su pequeña canción por aquí, por allá. Claro, son otros los alicientes. No son los mismos, la historia es otra.

Entonces, yo añoro una época. Pero quiero ser peyorativa ni mirar en menos a nadie, pero yo tengo mis niveles de gustos y exigencias.

¿Qué es lo que no te gusta?

Los espacios chilenos están tomados por los hombres, si tú ves el Mercurio y vas hojeando, una foto acá, el empresario acá, fotos de hombres, fotos de hombre y de repente aparece una mujer ahí destacada.  Ese es el contexto permanente, en la música pasa lo mismo.

Los grandes grupos que funcionan son puros hombres, 14 por acá, 8 por acá, con poncho, sin poncho, viejos, enojados, disgustados, ¿y la mujer? Entonces yo no veía eso antes, pero en la medida que uno va aprendiendo más cosas y que se ha enfrentado a mundos culturales externos y ha vivido en otra parte, se cuenta que somos súper rudimentarios acá, y que las cosas no cambian. El movimiento de la Nueva Canción Chilena es un movimiento machista, yo lo digo ahora con todas sus letras.

Leía también que no tenías tan bien considerado al Premio Nacional de Música, como que encontrabas que era antimujer ¿Por qué postular?, ¿por qué hacer también el proceso?  Me llama la atención. 

Sí, a mí también, porque a mí me llama la atención por lo siguiente. Mira, yo creo que el asunto del Premio Nacional es un asunto re serio, y que ha castigado a las mujeres históricamente, y yo creo que lo han hecho así, con esa odiosidad que deben sentir los que no premian a las mujeres, que las descalifican. Postulo en rebeldía a eso.

jueves, agosto 30, 2018

"Biografías" la gira que reúne a Isabel Parra e Inti Illimani en concierto por Chile



Comunicado de prensa

Después de dos concurridas presentaciones en Linares y Curicó los músicos preparan detalles para continuar un viaje que los llevará por diversos escenarios del país.

Se trata de un show único, que celebra los 50 años de Inti Illimani y homenajea la obra y carrera de Isabel Parra.

Con la finalidad de acercar la música a distintos rincones de Chile es que Isabel Parra e Inti Illimani recorrerán algunos de los escenarios más importantes del país presentando “Biografías”, un concierto con todo el virtuosismo de quienes son parte de la historia de la música chilena.

La gira, que fue inaugurada con dos presentaciones en Linares y Curicó, continúa su camino por la sexta región para presentar un concierto el sábado 08 de septiembre a las 20:30 hrs. en el Teatro Regional de Rancagua, para luego dar paso a las fechas programadas en Valparaíso y Santiago.

En esta ocasión interpretarán los temas más destacados de la cantautora, con nuevos arreglos musicales que la agrupación realizó especialmente para esta oportunidad. Además, presentarán algunos temas de la Cantata “Canto por una Semilla”, álbum basado en las décimas de Violeta Parra, que Isabel e Inti-Illimani grabaron en 1978.

“Este es un homenaje a la carrera y obra de Isabel Parra y una celebración de los 50 años de Inti-Illimani, pero sobre todo, es un reconocimiento a la música chilena y al salto enorme que ha tenido en las últimas décadas, en las cuales se ha posicionado en el mundo entero como una propuesta interesante y novedosa”, explica Jorge Coulon, líder de Inti-Illimani.

Se trata sin dudas de una gira única en cuanto a su esencia musical, que cuenta con todo el sentimiento de un tiempo pasado, pero completamente actual y pensado en el mañana. En él, sus protagonistas harán gala de sus historias musicales, que se entrelazan desde el comienzo de sus carreras, donde han colaborado en conciertos, giras y grabaciones.   

El nombre de la gira fue tomado del término griego bios (“vida”) y graphein (“escribir”), es decir una narración que resume los principales hechos de la vida de una persona. En esta línea entonces, es que Isabel Parra e Inti-Illimani harán un repaso por sus historias, marcadas desde siempre por la música.

Isabel Parra es una de las grandes exponentes de los ritmos populares chilenos y latinoamericanos. Hija de Violeta Parra, ha dedicado su vida al folclore de las formas poéticas y musicales propias de nuestra tierra, formando una destacada discografía como solista y transformándose en la más destacada figura femenina de la Nueva Canción Chilena. Este año, la cantautora postula al Premio Nacional de Música, moción que Inti-Illimani apoya plenamente.

Por su parte, Inti-Illimani comenzó su carrera en 1967 como un grupo de estudiantes unidos por sus intereses e ideales. Desde entonces son parte fundamental de la música chilena, que se ha mantenido en el tiempo y traspasado generaciones. En 2017 la agrupación celebró el aniversario de sus 50 años y la conmemoración de los 100 años de la Violeta Parra, realizando un homenaje en su gira “El Canto de Todos”, donde entregaron un nuevo sonido a las composiciones de la gran artista nacional.   

“Biografías” será una gira imperdible que contará con lo mejor de estos dos grandes de la música, quienes han dejado huella en la historia artística chilena.

Fechas de la gira “Biografías”:

- Teatro Regional de Rancagua - 08 de agosto - 20:30 horas
Valores de las entradas $14.000, $20.000, $28.000 y $36.000, a la venta a través de Ticketpro (más cargos por servicio).

- Teatro Municipal de Valparaíso - 31 de octubre - 20:30 horas
Valores de las entradas $6.000, $15.000, $20.000, $25.000 y $30.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio).

- Teatro Corpartes, Santiago - 18 de noviembre - 20:30 horas
Valores de las entradas $12.000, $20.000, $28.000, $32.000 y $37.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio). 

sábado, agosto 04, 2018

Isabel Parra: “El Premio Nacional nunca ha sido democrático; es sectario y antimujer”

La Tercera

La hija de Violeta irá tras el galardón que históricamente le ha sido esquivo a la música popular y que ha recaído en solo tres mujeres. Además, habla de las obras de su madre que aún permanecen en las casas del antipoeta, y que reclamó hace dos meses: “Estamos en una postura de unirnos”.

Por Pedro Bahamondes

Solía ser la más silenciosa del montón. “La pesaíta que pasaba de largo y sin saludar” y, también, la más solitaria entre los Parra. “Siempre he sido muy sola. Esa es mi premisa”, dice Isabel, la mayor y única hija viva de Violeta, y una de las voces de la Nueva Canción Chilena. Con ese mismo tono, entre dulce y nostálgico, agrega: “Cuando digo que me siento sola no es que me sienta abandonada ni que no me quieran. Pero tengo certeza de mi soledad y no me duele. Vivo con ella y hasta la quiero”.

Está sentada en una oficina del museo que lleva el nombre de su madre. De chaqueta de cuero y una falda tejida y que apenas deja ver sus pies, casi ni se le notan 78 años encima. Tampoco ha perdido energía, dice: durante todo el año pasado, para el centenario de Violeta Parra, se la pasó haciendo y rehaciendo maletas, y subiendo y bajando de aviones. “Fue intenso, trabajamos mucho y personalmente quedé muy contenta con todo lo que ocurrió. Hubo cosas rescatables y serias, y el balance en general es positivo. Pero también las hubo al lote y con cierto aprovechamiento, como la biografía que publicó Víctor Herrero (Después de vivir un siglo). Estaba solo llena de anécdotas y eso no profundiza ni aporta, por eso sigo esperando el gran libro sobre la Violeta”, opina sobre el libro en el que no colaboró.

El presente sigue igual de movedizo para Isabel Parra. Anoche, la cantautora, ex dueña de la popular peña en calle Carmen y compositora de “Ni toda la tierra entera” (1975), himno del exilio y al que ella llama su “sinfonía”, inauguró en Rancagua una gira que la tendrá junto a Inti Illimani en otras cuatro ciudades del país: Curicó, Linares, Valparaíso y Santiago. En paralelo, Cecilia García-Huidobro, directora del mismo museo ubicado en Vicuña Mackenna, acaba de postularla nuevamente al Premio Nacional de Música, que se fallará antes de octubre y para el que ya suenan otros 10 nombres, incluidos los de Sylvia Soublette, Roberto Bravo, Horacio Salinas y Patricio Manns.

“Es un tema complejo e ingrato para mí. Me he informado mucho sobre este premio, que fue creado en 1942 para proteger a los artistas que ya no tienen la capacidad de sustentar sus vidas, enfermedades y carencias. Visto así, no entiendo cómo hasta ahora, que ha pasado un gobierno tras otro, ni uno se preocupó de este sectarismo y menosprecio por la música popular”, comenta. “Y entre todo ese ninguneo están las mujeres. Solo tres lo han ganado, como Margot Loyola (1994), pero es vergonzoso. Y para qué recordar el caso de la Mistral, ¿no?, mucho menos se lo iban a dar a la Viola. Así las cosas, el Premio Nacional nunca ha sido democrático; es sectario y antimujer”.

–¿Por qué aceptó ser postulada?

-Quiero saber cómo fue preparado este suculento plato que es el Premio Nacional. Qué ingredientes lleva y con qué lo aliñaron, si con mucho ají o mucha azúcar, pero descartando a la mujer y a todo un grupo de artistas. El error aquí está en creer que hay música culta e inculta, académica y popular, y que solo la primera tiene valor. Entonces, es una humillación para varios de nosotros, como dijo la Diamela, y por eso estoy de postulante. Además, sé que no me quieren nada. Digamos que es mi derecho a pataleo.

La misma sombra
No hace mucho le quedó dando vueltas la imagen de un grupo de niños que recorría el museo. “Una niña cantaba Run Run se fue pal norte, y otro chiquitito que andaba con su mamá se me acercó. No tenía más de 5 o 6 años, me saludó y preguntó por qué mi mamá se había suicidado. Yo me quedé helada, la verdad, pero preguntó con tanta ingenuidad que le dije: yo no lo sé muy bien, pero creo que ella tenía mucha pena”, cuenta Isabel.

–¿Qué le contestó el niño?

-Inmediatamente me preguntó por qué no la había consolado, y no supe qué más decir. He estado siempre cercana a la muerte, pero no sé cómo lidiar con esas sombras. Todas esas respuestas están en las obras de la Violeta, en sus canciones, en sus pinturas. En todo.

–Ud. suele referirse a su madre como “la Violeta” o “la Viola”. ¿Qué tan suya siente hoy a Violeta Parra, siendo el ícono popular que es?

-La Violeta es lo que yo más tengo. Para mí es de mi propiedad. Es mía y también del Angel, de la Carmen Luisa (fallecida en 2007) y de mi hermanita que murió güagüita (Rosita Clara). Por eso nunca hemos vendido ni un solo cuadro suyo, y yo pude haber sido evangélica, machi y modista, pero a nosotros ella nos llevó por otro camino, que es la música. Ella inventó esta garganta que tengo, pues traía la música en su sangre. Pero de toda esa familia desordenada quedé yo no más.

El 11 de marzo del 2017, un llamado desde París la puso al tanto de la muerte de su hermano Angel a los 73 años, víctima de un cáncer pulmonar. “Fue tremendo y se agregó a ese dolor de orfandad que hace años siento”, relata. En la que fue su última visita a Chile, a comienzos del año pasado, el cantautor estaba solo en su casa en la calle Arturo Claro, en Providencia. Isabel fue a visitarlo. “Casi no conversamos. Ya estaba muy deteriorado, decaído y flaquito. Supe que era nuestra despedida, y toda esa sensación de quedarme sola y de perderlos a todos reapareció y siguió con la muerte de mi tío Nicanor”, el 23 de enero pasado.

–¿Cómo ve hoy a la familia Parra?

-No podría decirte que somos una familia aclanada, ni yo misma soy de choclones. Más bien somos separatistas (ríe). Los achoclonados fueron los tíos, mi abuela con sus hijos. Pero con nosotros pasó otra cosa. Tuvimos otra vida. Viajamos muy tempranamente y eso puso distancias en las historias de cada uno. Nosotros rompimos ciertos esquemas: mis hijas fueron a la universidad y tuvieron vidas ordenadas y en patota, como yo no la tuve.

En junio, la Fundación Violeta Parra, encabezada por ella, solicitó a través del abogado Jorge Frei “la restitución” de 17 obras de su madre, en su mayoría óleos, que aún permanecen en las casas del antipoeta y que él mismo fue a buscar a Suiza tras la muerte de la autora de Gracias a la vida, en 1967. “Esa disputa está más del lado de los hijos de Nicanor. Ahí hay un desacuerdo que ellos van a tener que solucionar”, comenta. “Ahora, yo he hablado con la Colombina y tenemos muy buenas relaciones. Estamos en una postura de unirnos y considerando la manera de recuperar los cuadros para que estén disponibles en una fundación que ella quiere hacer con el nombre de su padre, y le vamos a ayudar”, cuenta.

–¿Aun cuando las obras no se expongan en el Museo Violeta Parra?

-Por supuesto. Lo importante es que las obras queden a la vista del público, para eso se crearon. Antes, eso sí, habrá que restaurarlas porque no están en buen estado, pero yo creo que vamos a llegar a un buen acuerdo con la Colombina, que es la que toma las decisiones. Como fundación, como familia y yo misma como su prima, estamos haciendo todos los esfuerzos para que todo esto sea transparente y puro.

domingo, julio 29, 2018

Isabel Parra e Inti Illimani consolidan su alianza con nueva gira

El Mercurio

El conjunto aportará nuevos arreglos al repertorio de la hija de Violeta Parra, quien pretende dar una muestra de su vigencia. "No estamos jubilados en la casa mirando por la ventana", asegura la cantautora. 

Raimundo Flores S.
Jorge Coulón lo recuerda bien. Fue en 1968, durante una presentación de Atahualpa Yupanqui en Santiago, cuando por primera vez Inti Illimani e Isabel Parra compartieron un escenario. Ese encuentro dio paso a una amistad y sociedad musical que se desarrolló en la Peña de los Parra y que siguió creciendo sobre la base de múltiples trabajos en conjunto.

En los próximos meses, la unión entre la hija de Violeta Parra y el grupo escribirá un nuevo capítulo gracias a una gira que preparan por distintas ciudades de Chile. En ella, Inti Illimani aportará nuevos arreglos musicales al repertorio clásico de Isabel Parra. "No estamos jubilados en la casa mirando por la ventana, estamos activos", asegura la cantautora, quien junto a Coulón destacan la vigencia que mantienen.

"Pasa eso con esta manera de hacer música. Creo que lo que tenemos en común los músicos de lo que se llamó la Nueva Canción Chilena no es tanto una temática musical, sino que una actitud frente a la música. Un tremendo respeto por la poética, por su rol social y por el lugar principal que ocupa en la vida de las personas", dice Coulón.

Más allá de su etiqueta de referentes de una época de la música chilena, Isabel Parra enfatiza que su actividad actual no se justificaría sin un presente y una evolución a lo largo de los años. "A la gente le encanta escuchar todo lo que hicimos en el pasado y adora ese tiempo, así como lo adoramos nosotros. Pero también estamos vivos y estamos sintiendo lo que pasa ahora, lo que nos ha pasado. Cómo está el mundo cambiado, cómo las personas son diferentes y cómo nosotros en ciertos aspectos somos diferentes", expresa.

Las presentaciones comenzarán el 4 de agosto en el Teatro Regional de Rancagua y seguirán con un recorrido que incluye el Teatro Municipal de Linares, el 24 de agosto; el Teatro Provincial de Curicó, el 25 de agosto; el Teatro Municipal de Valparaíso, el 31 de octubre, y el Teatro Corpartes, en Santiago, el 18 de noviembre.

"Ya hay unos arreglos súper interesantes de lo que estamos haciendo. Personalmente, me encantaría dejar un registro de este trabajo con Isabel", señala el líder de Inti Illimani, quien asegura que estos conciertos saldarán una deuda que tenía su grupo con Isabel. "Tiene composiciones que son bien cardinales en la historia de la música chilena. Creo que también es un homenaje a ella como compositora", plantea Coulón.

Concierto con Villa Cariño

Estas presentaciones con Isabel Parra no serán la única combinación en vivo que mostrará Inti Illimani durante el segundo semestre.

La banda ya tiene agendado un concierto junto a Villa Cariño, una de las agrupaciones más destacadas en la cumbia chilena de la última década. "Víctor Jara trabajó con nosotros cuando éramos re chicos y siempre estuvo en esa idea de que los más viejos tenían que abrir camino y eso explica de una manera la vigencia de nuestra música. No nos hemos cerrado en nuestra misma generación, sino que siempre hemos estado en contacto con los artistas jóvenes", sostiene.

Esa actuación tendrá lugar el 16 de agosto, en el Teatro Caupolicán.

miércoles, julio 11, 2018

“BIOGRAFÍAS” La gira que recorre las trayectorias de Isabel Parra e Inti-Illimani


Comunicado de prensa

Dos grandes de la música nacional presentarán en Santiago y otras ciudades un espectáculo único en cuanto a su esencia musical, donde interpretarán lo mejor de su repertorio y algunas piezas de Violeta Parra.

Un concierto con todo el virtuosismo de quienes son parte de la historia de la música chilena, es el que están preparando Isabel Parra e Inti-Illimani como parte de su gira “Biografías”. Con la finalidad de acercar la música a distintos rincones de Chile, recorrerán algunos de los escenarios más importantes del país. El primero de los conciertos se realizará en RANCAGUA el 4 de Agosto en el Teatro Regional

En esta ocasión, interpretarán los temas más destacados de la cantautora con nuevos arreglos musicales, los que la agrupación realizó especialmente para esta oportunidad. Además, presentarán algunos temas de la Cantata “Canto por una Semilla”, álbum basado en las décimas de Violeta Parra, que Isabel e Inti-Illimani grabaron en 1978.

“Este es un homenaje a la carrera y obra de Isabel Parra y una celebración de los 50 años de Inti-Illimani, pero sobre todo, es un reconocimiento a la música chilena y al salto enorme que ha tenido en las últimas décadas, en las cuales se ha posicionado en el mundo entero como una propuesta interesante y novedosa”, explica Jorge Coulon, líder de Inti-Illimani.

Se trata sin dudas de una gira única en cuanto a su esencia musical, que cuenta con todo el sentimiento de un tiempo pasado, pero completamente actual y pensado en el mañana. En él, sus protagonistas harán gala de sus historias musicales, que se entrelazan desde el comienzo de sus carreras, donde han colaborado en conciertos, giras y grabaciones.   

El nombre de la gira fue tomado del termino griego bios (“vida”) y graphein (“escribir”), es decir una narración que resume los principales hechos de la vida de una persona. En esta línea entonces, es que Isabel Parra e Inti-Illimani harán un repaso por sus historias, marcadas desde siempre por la música.

Isabel Parra es una de las grandes exponentes de los ritmos populares chilenos y latinoamericanos. Hija de Violeta Parra, ha dedicado su vida al folclore de las formas poéticas y musicales propias de nuestra tierra, formando una destacada discografía como solista y transformándose en la más destacada figura femenina de la Nueva Canción Chilena. Este año, la cantautora postula al Premio Nacional de Música, moción que Inti-Illimani apoya plenamente.

Por su parte, Inti-Illimani comenzó su carrera en 1967 como un grupo de estudiantes unidos por sus intereses e ideales. Desde entonces son parte fundamental de la música chilena, que se ha mantenido en el tiempo y traspasado generaciones. En 2017 la agrupación celebró el aniversario de sus 50 años y la conmemoración de los 100 años de la Violeta Parra, realizando un homenaje en su gira “El Canto de Todos”, donde entregaron un nuevo sonido a las composiciones de la gran artista nacional.   

“Biografías” será una gira imperdible que contará con lo mejor de estos dos grandes de la música, quienes han dejado huella en la historia artística chilena

Fechas de la gira “Biografías”:

- Teatro Regional de Rancagua - 4 de agosto - 20:30 horas
Valores de las entradas $14.000, $20.000, $28.000 y $36.000, a la venta a través de Ticketpro (más cargos por servicio).

- Curicó - 25 de agosto - 20:30 horas
Valores de las entradas $15.000 y $20.000, a la venta a través del sistema Misterticket (más cargos por servicio).

- Linares - 24 de agosto - 20:30 horas
Valores de las entradas $7.000, $12.000, $16.000, $18.000 y $24.000, a la venta a través del sistema Misterticket (más cargos por servicio).

- Teatro Municipal de Valparaíso - 31 de octubre - 20:30 horas
Valores de las entradas $6.000, $15.000, $20.000, $25.000 y $30.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio).

- Teatro Corpartes, Santiago - 18 de noviembre - 20:30 horas
Valores de las entradas $12.000, $20.000, $28.000, $32.000 y $37.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio). 

domingo, junio 03, 2018

Herencia de Nicanor Parra: la disputa por las obras de Violeta



La Tercera

La fundación de la artista, encabezada por Isabel Parra, solicitó a través del abogado Jorge Frei “la restitución” de los cuadros que mantiene la sucesión del antipoeta fallecido en enero pasado. Reclaman 17 trabajos, la mayoría óleos, que Nicanor fue a buscar a Suiza tras la muerte de la autora de Gracias a la vida.

Por Javier García

Era una vieja mansión sin electricidad ni agua potable ubicada en la rue Voltaire en Ginebra, Suiza. En ese lugar, en enero de 1963, se instalaron en el que sería su hogar y taller la pareja conformada por Gilbert Favre y Violeta Parra.

Entonces la artista chilena, de 45 años, se cubría del frío europeo con sacos de papas. Bolsas de género que además de frazadas también usó para bordar con hilo y lana. A falta de materiales, un día tomó los calcetines de lana de Gilbert y los deshilachó para usarlos como hilo.

Un año después, el 8 de abril de 1964, y tras reunir una serie de obras, entre pinturas y esculturas de alambres, se inauguró la primera exposición individual de una autora latinoamericana en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre, en París.

El vínculo de Violeta Parra con las artes visuales había comenzado cinco años antes, en 1958, estando en Santiago. La compositora y recopiladora del folclor nacional estuvo un mes en cama debido a una hepatitis. En ese estado, Violeta del Carmen comenzó a ampliar su registro creativo. En su obra visual reflejaba escenas de la vida cotidiana, leyendas, cuentos, oficios y personajes de la cultura popular.

“Tenía las sábanas pintadas, las almohadas, todo pintado, porque como era ella, pintaba y limpiaba los pinceles en la almohada”, contó sobre los nuevos trabajos de Violeta, su amiga Silvia Urbina.

Gran parte de las obras de Violeta Parra no tienen título. Muchas llevan el nombre que le colocaba, a petición de ella, su hermano mayor, Nicanor. Como ocurre con una de las primeras obras, una tela bordada llamada La cantante calva (1960). Las protagonistas son Violeta, Isabel y Tita. Madre, hija y nieta.

“Nicanor, el hermano que siempre ha sabido guiarme y alentarme”, dijo Violeta en una entrevista en 1958. Una frase que siempre repitió: “Sin Nicanor no hay Violeta”. Ella lo llamaba cariñosamente “Tito” o “Guachito culebra”.

“Era una comunicación a través de la mirada, del tono de voz, a través de la expresión corporal. Éramos prácticamente una sola persona. O sea, bastaba con que yo estudiara algo para que eso automáticamente pasara a propiedad de ella, sin necesidad de que yo se lo mencionara”, le dijo el antipoeta a Leonidas Morales en el libro Conversaciones con Nicanor Parra.

El autor de Poemas y antipoemas falleció hace cuatro meses, el pasado 23 de enero, a los 103 años en su casa de La Reina. Dos días después, el jueves 25, se efectuó su funeral en Las Cruces, en el patio de su hogar, donde hoy descansan sus restos. Pocas horas después del fin de la ceremonia, Isabel Parra, la única hija viva de Violeta, señalaba a la prensa: “Hay que cuidarlas y recuperarlas para hacer lo que quería ella, una obra para Chile”.

Isabel Parra se refería a las obras de Violeta que durante décadas se hallan en las casas de Nicanor, en Las Cruces y La Reina. No era la primera vez que la cantautora y creadora de la Fundación Violeta Parra (1992) reclamaba trabajos de su madre en propiedad del hermano mayor del clan. Sin embargo, tras la muerte de Nicanor, el tema es ahora a través de abogados.

“Solicitamos la restitución de las obras en tenencia de los herederos de don Nicanor. Hace un par de semanas se hizo formalmente la solicitud”, señala Jorge Frei Toledo, abogado de la Fundación Violeta Parra. Esto ya que el propósito “ha sido que la obra se exhiba al pueblo chileno y para eso hay un museo y esa es la finalidad. Recurriremos, si es necesario, a todas las acciones legales”, agrega Frei sobre el museo ubicado en Vicuña Mackenna 37, inaugurado en octubre de 2015. Su colección la componen 47 obras, entre óleos, papel maché y arpilleras.

Inventarios

Un total de 17 obras de la artista posee, según la Fundación Violeta Parra, la sucesión de Nicanor. Entre ellas hay nombres y medidas como los óleos Casamiento de negros (104 x 182 cm), El pájaro y la grabadora (122 x 148 cm) y La muerte del angelito (164,5 x 136,5).

En el catálogo del museo se informa que “Nicanor Parra tiene en su poder cuadros y objetos que Violeta le llevaba. Después del golpe militar en septiembre de 1973, Ronald Kay lleva cuadros de Violeta que Isabel Parra tenía en su casa en Ñuñoa a la parcela de Nicanor en La Reina, como medida precautoria”. Kay en esos años era pareja de Catalina, hija mayor de Nicanor.

“El problema es complejo, porque están muertos, Violeta y Nicanor, los protagonistas. Y mientras no haya posesión efectiva, esta solicitud es prematura”, señala sobre ese proceso del testamento que aún no se realiza, Luis Valentín Ferrada, abogado de cuatro de los seis hijos del autor de los Artefactos, Francisca, Ricardo, Colombina y Juan de Dios.

“Estos cuadros estaban en manos de Nicanor hace muchos años, una parte de ellos desde que murió Violeta. Otros de antes. La fundación dice que son 17, pero son 14. Pero más allá de la cifra, lo relevante es que Nicanor siempre sostuvo que estos cuadros le pertenecían. Una forma de ayudar a Violeta era comprándole estos cuadros, entonces la sucesión cree que son parte de la herencia”, dice Ferrada, quien señala que le envió la solicitud de “restitución” de las obras a Arturo Majlis, abogado de los dos hijos mayores de k poeta, Catalina y Alberto. Pero no obtuvo respuesta.

“Siempre fueron hermanos muy unidos, por qué tener una discusión pública respecto a propiedad como si se tratara de una fábrica. Ahora estos cuadros están inventariados por la UC y hay un compromiso de restaurarlos”, comenta Ferrada y agrega: “Si hay coincidencia en los propósitos, si ambas fundaciones, de Nicanor y Violeta, están trabajando en lo mismo, es cosa de hacer las exposiciones comunes”.

La directora del museo, Cecilia García-Huidobro, comentó en febrero pasado a este diario: “Violeta Parra no llevó registro de sus obras. Regaló muchas, vendió otras tantas, por lo que no conocemos a cabalidad lo que existe ni en qué manos están”.

Lo que sí está claro es que fueron 47 las obras expuestas desde 2007 en el Espacio Violeta Parra ubicado en el Centro Cultural La Moneda. Fue un comodato que duró hasta que abrió el museo.

“En sus inicios el Centro Cultural tenía poco flujo, pero la muestra de Violeta tenía asistencia. Siempre fue una sala concurrida”, señala Alejandra Serrano, directora del Centro Cultural La Moneda desde 2007 hasta hace un mes. “Si ahora señalan que las obras son un préstamo, eso es una interpretación que resulta atractiva para la situación. Yo creo que la única manera de encontrar una solución es pensar en el bien de la Violeta y de Chile”, agrega Serrano y comenta que a Isabel Parra “le cuesta ceder y es difícil dialogar con una persona que le cuesta ceder en sus posiciones. Yo creo que uno no puede obligar a nadie a regalar algo a ningún museo. Ahora, ¿por qué Isabel cree que la obra es de ellos si Violeta se las regaló a Nicanor? Porque cree que las obras en el museo estarán mejor”. Además, Serrano hace una analogía con la obra de Roberto Matta: “Hay muy pocas obras de él en los museo, la mayoría están en colecciones privadas y nadie va a ir a quitárselas a los coleccionistas”.

Regreso a Ginebra

Ocurrió en marzo de 2012. La PDI llegó hasta la casa de calle Julia Bernstein, en La Reina. Luego se sumó la prensa y la noticia se propagó en Latinoamérica.

“Hoy día nos dimos cuenta que faltaban los cuadros de la Violeta y fue lo único que se robaron. Claramente se trata de gente profesional”, dijo en la oportunidad el nieto de Nicanor, Cristóbal Tololo Ugarte. Finalmente fue una verdadera “comedia de equivocaciones”, como señaló el diario La Segunda. Esto luego de que se supiera que Catalina, la hija mayor, fue quien se llevó, sin aviso, 14 cuadros de Violeta, que devolvió de inmediato. Además, se informaba que eran las obras que Nicanor rescató de Ginebra tras el suicidio de la artista ocurrido en 1967, cuando tenía 49 años.

“Por mediación cubana pude pasar por Ginebra, de regreso de La Habana, y traerlos. En cambio en Chile se realizaron toda clase de gestiones y siempre llevaban a cero”, le relató Nicanor al poeta Jorge Teillier en una entrevista publicada en 1968.

Violeta regresó definitivamente a Chile en 1965. En la casona de rue Voltaire dejó pinturas, óleos, máscaras, esculturas en alambre y cuadros en relieve en papel maché. Hay una fotografía que registró el momento que Nicanor visitó la casa del galerista Edwin Engelberts, quien conservaba las obras de su hermana en Ginebra. Al comienzo Engelberts no quería entregárselas. Entonces Nicanor, de cuello y corbata, sacó un pañuelo de su bolsillo y frente a él y su familia bailó solo, en silencio, una cueca.

miércoles, abril 09, 2014

Cancha, tiro y lado: Violeta la gran poeta

El Mercurio

Paula Miranda no se conforma con la imagen que a veces predomina de la artista de Chillán. Por eso estudió durante veinte años su vida-obra, y ahora publica su libro sobre la que, según Nicanor Parra, es "la verdadera poeta de la familia".

Juan Ignacio Rodríguez Medina

A inicios de los años 60, Nicanor Parra escribió para su hermana Violeta "La cueca de los poetas", que ella musicalizó y cuyos últimos versos dicen: "corre que ya te agarra / Nicanor Parra". En 2009, el antipoeta la rescribió: "Qué lindos son los faisanes / qué lindo el pavo real / + lindos son los poemas / de la Gabriela Mistral / Pablo de Rokha es bueno / pero Vicente / vale el doble & el triple / dice la gente / Dice la gente sí / no cabe duda / que el + gallo se llama / Pablo Neruda / Corre que ya te agarra / Violeta Parra".

Si la poesía chilena tiene un Olimpo, en sus habitaciones de seguro viven Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Vicente Huidobro y Nicanor Parra. Tal vez Pablo de Rokha. ¿También Violeta Parra? Lo cree, como vimos, su hermano olímpico; lo cree además Paula Miranda, una académica de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, especialista en poesía chilena e hispanoamericana, y autora de "La poesía de Violeta Parra". Libro que, según se lee en el prólogo, ha optado por "asomarse a la obra y vida de Violeta desde la poesía o, más bien, entendiéndola a ella como poeta, como una de nuestras mejores poetas". Para eso, en el libro se considera toda la obra musical de Parra, algunas arpilleras ("porque ella consideraba que eran canciones que se pintan"); escritos y cartas de los años 40, 50 y 60 publicados en "El libro mayor de Violeta Parra"; sus proyectos culturales y, por supuesto, los tres libros que concibió: "Décimas. Autobiografía en versos chilenos", "Poésie populaire des Andes" y "Cantos folklóricos chilenos".
Más allá de la anécdota

En el libro, Miranda reconoce que hace unos veinte años que a Violeta Parra se la considera como parte de la tradición poética chilena. Sin embargo, dice, "echaba de menos un libro que se dedicara detenidamente al valor que tiene esta poesía. Eso no está. Hay algunos estudios -muy valiosos- que la trabajan en relación con la tradición folclórica, pero que no dan con esa Violeta Parra que se apropia, transgrede y supera ampliamente esa tradición. Otros estudios me parecen excesivamente biograficistas, donde el centro está en la anécdota, a excepción de una biografía excelente que hizo Fernando Sáez".

La obra -cuya etapa final de publicación contó con el aporte de la Vicerrectoría de Investigación de la UC- le tomó a su autora veinte años. Tal cual. "Supuso conocer en profundidad cada una de las tradiciones poéticas y musicales con las que Violeta dialogó (canto a lo poeta, tonada, cueca, música española y mapuche, canción social, canción comercial, poesía moderna, etc.), tanto en documentos como en fuentes vivas; exigió madurar un modelo de análisis y escritura, y también supuso un largo proceso, del cual surgieron varios artículos, una tesis de magíster y mi tesis doctoral", explica Miranda. (Hay que advertir, sí, que de académico el libro solo tiene la investigación acuciosa, paciente, la erudición; y no una batería de notas y citas porque sí, ni de tecnicismos que aparentan ciencia, como ocurre a veces). Claro, es un libro de crítica literaria, sin embargo también tiene aspectos biográficos y es además -según dijo Raúl Zurita en la presentación del mismo- una elegía: "Parece que estuviera a punto de abandonar la tercera persona y pasar a la primera", dijo en esa ocasión el poeta.

Amor y revolución

Se lee en el libro: el pensarla como poeta implica "inscribirla entre la tradición, la restauración y la ruptura; con aspiración de trascendencia, pero sujeta a las limitaciones del mundo secularizado, en diálogo con sus coetáneos, con la experimentación y la incomodidad de las vanguardias, con la intertextualidad y la irreverencia de los años 60, pero a la vez en contacto con el clasicismo del folklore y con su permanente reinvención en la cultura popular. En resumen, estamos frente a una conciencia poética excepcional y genial, pero que ha ido sedimentando e integrando a su propio quehacer, muchas otras voces, visiones y tradiciones: las de las tonadas, las del canto a lo poeta, especialmente la del canto a lo divino y a la daira (cueca), las de la cultura de masas, las de las culturas indígenas, las de la canción social, las de la poesía moderna, incluida la antipoesía; de ahí que podamos pensar en una poeta dialógica y que solo realiza su quehacer a plenitud cuando está en comunión con otros".

El de Violeta Parra, cree Miranda, es un caso único en la poesía y la música chilena, "auroral", cuya "eclosión" se produce especialmente a partir de 1957, año en el que compone, o escribe, "El gavilán", las anticuecas y sus décimas autobiográficas.

Un aspecto que revela la originalidad de esta poesía es la diversidad de sentidos que hay en una misma composición. Por ejemplo: "'Gracias a la vida' no es solo un himno de gratitud, es una propuesta de otra forma de relacionarnos por medio de la gratitud y la compasión. Y lo logra, además, porque es una canción ritual, es un ritual de la gratitud. Entonces Violeta Parra nos está ofreciendo un poema, pero también un objeto para que nosotros realicemos ese ritual. Lo mismo ocurre con 'Maldigo del alto cielo' pero en el ámbito de la maledicencia".

Miranda cree que en la temática social y en la amorosa el aporte de Violeta Parra también es fundamental: "Introduce formas únicas de plantearse frente a estos temas". "Si uno la compara con los discursos sociales de fines de los 60, su apuesta (que es de principios de esa década) es distinta de la de la canción social más coyuntural, aunque ella sea luego la inspiradora de la Nueva Canción. Ella reconoce las estructuras más profundas de la injusticia en Chile, a los grandes responsables". Pero, agrega, "sobre la base de imágenes muy concretas y bajo complejos tonos de denuncia y hasta de invocación. Por eso su confrontación nunca es tan directa ni este tipo de poesía se agota en lo coyuntural. Su mirada es siempre más amplia y compleja. Ahí están 'Arauco tiene una pena', 'El Guillatún', 'Según el favor del viento', 'Puerto Montt está temblando' o ´Yo canto a la diferencia'. Violeta bebió productivamente de muchas tradiciones para llegar a esta nueva propuesta".

Parra, sin embargo, no habla de canto social ni político. Lo suyo, según los bautizó ella misma, son "cantos revolucionarios". "Hay un concepto de la necesidad de un gran cambio, no solo de ese momento en el que ella está pensando, sino que de las grandes estructuras". Y, a la vez, agrega Miranda, "se plantea desde una responsabilidad ética, más que política coyuntural. La canción tiene que redimir a los pobres, el cantor tiene que ser luminoso frente a su dolor, acompañarlo; tiene que denunciarlo, pero también sanarlo".

En cuanto al amor, no es solo que Violeta Parra llegue a un concepto donde la mujer se emancipa, "lo que ya estaba en las tonadas", es que "lo amoroso aparece en todas sus pulsiones vitales, en toda su vida y su estética: tiene dos matrimonios importantes, con Luis Arce y Luis Cereceda, algunos amores platónicos, otros amores menores en los años 50 y 60 y luego, coincidiendo con el descubrimiento del gran amor -Gilbert Favre-, empieza a desarrollar nuevas formas de decir este amor, más allá de la relación de pareja. Y así, en 'Las últimas composiciones' llega a una concepción sublimada. 'Volver a los diecisiete', por ejemplo, es una canción amorosa, pero también es una canción de reencuentro con las fuerzas de lo divino. En ese retroceso hacia un lugar de origen, todos nos salvamos", dice Miranda. "Ella empieza a concebir el amor como una forma de saber, de conocer, como un poder en el mundo".

Pero -ya lo dijimos, los sentidos son diversos en Violeta Parra- "también juega muchísimo con la recriminación". "En 'Las últimas composiciones' hay al menos dos canciones de una mujer que hace lo que quiere con el hombre, que lo recrimina de una manera absolutamente incontrarrestable, muy poderosa. En 'El albertío', por ejemplo: '¡Yo no sé por qué mi Dios / le regala con largueza / sombrero con tanta cinta / a quien no tiene cabeza!'". "Es una canción que golpea fuertemente a un otro que no está a la altura de esta mujer".

La última canción

Si uno sigue a Miranda -y a pesar de que la misma autora ocupa el término-, en el caso de Violeta Parra no cabe hablar de etapas en su obra, sino de relevos. De supresión, preservación y cambio, a la vez, en el mismo movimiento. Como una espiral.

"Infancia e iniciación", "La investigadora alternativa, las cantoras y los cantores a lo poeta", "Eclosión creativa y multiartística: primeras composiciones", "Los 'cantos revolucionarios' y Francia" y "Pulsión erótico-amorosa en sus últimos proyectos" -las "etapas" que propone la autora- no son cinco diversidades, sino un universo, una identidad creativa, donde el todo suma más que las partes... porque no hay partes. "En Violeta Parra, las diversas tendencias y búsquedas estéticas se van superponiendo en su obra, enriqueciéndola y renovándola permanentemente, sin jamás detenerse", se lee en el libro.

La última "etapa" de esa vida está marcada, según Miranda, por "una pulsión pasional-amorosa en lo musical y tanática en lo pasional. Una es de signo positivo y creativo, la otra la lleva a la autodestrucción". Es la época de la "Carpa de La Reina", que -sabemos- fracasó; de varios intentos de suicidio hasta el definitivo de 1967; y de "Las últimas composiciones".

"Este LP no puede ser considerado como un disco más en su fecunda producción -escribe Miranda en el libro-, sino que debe ser pensado como la acumulación y resultado de todas las experiencias, estéticas y vitales, de Violeta durante su vida. Cada una de las canciones fue cuidadosamente elegida por Violeta y el disco puede ser considerado una suerte de síntesis crítica y plena de su obra".

Es evidente, y lo hace notar Miranda, que esas últimas composiciones son las últimas palabras de Violeta Parra, su canción final. Ya el título del disco lo señala, también "el tono de clausura" de varios de sus versos: "y más no cántico por que no quiérico", "cuando se muere la carne / el alma se queda a oscuras", "cierra tu canto / tira la llave al mar", "que la vida es mentira / que la muerte es verdad". Sin embargo, su última canción es también "Un domingo en el cielo": la que le cantó a Nicanor Parra -su "hemano-padre"- un día antes de suicidarse; esa que habla del Paraíso como el lugar de la alegría, el canto y la fiesta: "De lejos sentía el Amo / fragancia de chicha crú'a / Pa' sus adentros pensaba / '¡Qué fiesta tan macanú'a!'".

La nueva versión de "La cueca de los poetas", el manuscrito con la inconfundible letra de Nicanor Parra, abre el libro de Paula Miranda: "Me lo regaló Don Nicanor para ponerlo en el libro como un marco de lectura, allí su hermano reemplaza su propio nombre por el de Violeta, para que la pensemos entre los grandes de la poesía chilena", porque para él "es ella la mejor poeta de la familia". "La Violeta nos da cancha, tiro y lado", le dijo. En el libro, Miranda recuerda que el antipoeta le contó un sueño -persistente- que tiene con su hermana: hay un paisaje oscuro, Violeta Parra está subida en una escalera de caracol "que da al vacío"; desde allí le extiende la mano a su hermano y le dice: "Tito, mátate, vente conmigo, allá atrás ya no queda nada".

Ahora, en su oficina, preocupada de lo que vaya a decir Nicanor Parra al leer estas líneas, Miranda recuerda que cuando fue a dejarle el libro, el antipoeta le dijo que se habían equivocado en decir que Violeta Parra era la número uno de la familia. "¿Y quién es, Nicanor?". Medio en broma le dijo: "La mamá Clarisa". "Porque su mamá, Clarisa Sandoval, fue cantora, recopiladora de tonadas, de cuecas, de canto a lo humano y a lo divino, y Violeta Parra en sus libros de recopilación transcribe parte de esta herencia. Entonces me dice Nicanor: 'Acabo de leer los textos que están en 'Cantos folklóricos chilenos', y es ella la poeta de la familia'".

 Hojas de Violeta

Para acercarse a la vida y obra de Violeta Parra están las alternativas familiares: "Violeta se fue a los cielos" , recuerdos de su hijo Ángel; "Mi hermana Violeta Parra" , de Eduardo Parra, quien cuenta a su hermana en décimas; "Vida, pasión y muerte de Violeta Parra" , de su hermano Roberto, biografía póstuma, que mezcla verso, prosa y diálogos; "El libro mayor de Violeta Parra" , de Isabel Parra, que si bien no es una biografía, reúne textos y fotografías de su madre. Más allá de la familia están: "Violeta Parra o la expresión inefable" , de Marjorie Agosín e Inés Dolz-Blackburn, un análisis crítico de la obra de "Gracias a la vida"; "Yo, Violeta" , biografía novelada, escrita por Mónica Echeverría; "Violeta Parra, la guitarra indócil" , un ensayo de Patricio Manns; "Violeta Parra: la última canción" , de Leonidas Morales, donde el autor vuelve a la obra de la poeta para mirar detrás de la cultura del espectáculo; "Violeta Parra. Instantes fecundos, visiones, retazos de memoria" , de Jorge Montealegre Iturra; y "La vida intranquila. Violeta Parra. Biografía esencial" , de Fernando Sáez, según se dice, la mejor biografía de la cantora.

Museo Violeta Parra

En marzo, a propósito de una visita del entonces Presidente Sebastián Piñera a las obras del Museo Violeta Parra que se ubicaría en Vicuña Mackenna, el diario La Segunda anunció que la apertura del mismo sería en junio. Consultada por correo electrónico al respecto, Isabel Parra -hija de Violeta- señaló: "No tenemos fecha de inauguración". El museo, según el sitio web del "Legado Bicentenario", se llamará "La jardinera", asunto que también desmintió Isabel Parra.