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Mostrando las entradas con la etiqueta Francisco Molina. Mostrar todas las entradas
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lunes, octubre 29, 2018
El nuevo proyecto de Francisco Molina fija su debut en Santiago
Jodelase, el nuevo proyecto del ex baterista de Los Tres, Francisco Molina, agendó su primer concierto en Santiago. El show se realizará el miércoles 14 de noviembre en Bar el Clan y tendrá como invitados a Jonás Sanche y Grone. En la ocasión Jodelase mostrará las canciones que conforman su primer ep “No como otros”, que ya está disponible en Spotify. Las entradas estarán a la venta a través de Eventrid.
La nueva aventura musical de Francisco Molina se dio a conocer hace un par de meses cuando reveló el trabajo que venía realizando con Jodelase, colectivo encabezado por el rapero José “Jodelase” Díaz. De regreso en Concepción tras radicarse más de diez años en EE.UU, Molina se integró a la agrupación y produjo el ep “No como otros”, el cual fue mezclado en Nueva York por el ganador del Grammy, Jeremy Loucas y tuvo como invitados a los músicos de Calle 13, Elías Meister (guitarra en ‘No los maten’) y Leo Genovese (teclado Hammond en ‘Estoy Fuera’).
Jodelase está compuesto por José Díaz en voz, Fabián Núñez en bajo, Gonzalo Nova en guitarra y coros, DJ Massivo en tornamesas y Francisco Molina en batería. La banda debutó en vivo el 1 de septiembre abriendo el show que los raperos Delinquent Habits ofrecieron en la Bodeguita de Nicanor de Concepción. Dos semanas antes estrenaron el video para su single “Como Tú”.
Para su concierto del 14 de noviembre en Bar El Clan (Bombero Nuñez 363), Jodelase presentará su ep “No como otros”, además de algunos temas nuevos y más de una sorpresa. El show tendrá como invitados a Grone y también a Jonás Sánche, uno de los personajes más activos de la escena hiphop nacional. Las entradas para ver a Jodelase estarán disponibles a través de Eventrid a un valor de $3000 en preventa y $4000, entrada general.
jueves, agosto 23, 2018
Francisco Molina: “Cuando supe que Álvaro volvió a cantar fue una alegría increíble”
La Tercera
El baterista y fundador de Los Tres hoy está dedicado enteramente al hip hop, con una nueva agrupación que se abre paso en el circuito de su natal Concepción. Si bien cuenta que no ha hablado con sus excompañeros desde su salida del grupo penquista, hace casi dos décadas, asegura “estar en paz” con ese capítulo de su historia.
Por Andrés del Real
Desde hace tres años, la vida de Francisco Molina transcurre nuevamente en su natal Concepción. Tras más de una década radicado en Estados Unidos, donde desarrolló una destacada y prolífica carrera en el circuito del jazz de la Costa Este, en 2015 el baterista y fundador de Los Tres regresó al Biobío para reiniciar su vida en Chile junto a su familia, montar un estudio casero y adentrarse en ritmos que hasta ahora no había explorado, como el hip hop. De hecho, en su más reciente proyecto, Jodelase, vuelca muchas de las influencias que recibió de la música afroamericana durante su estadía en Norteamérica, en este caso de raperos como The Roots, Talib Kweli y Kendrick Lamar. “Un visionario”, dice sobre este último.
Pero hay momentos en que Molina inevitablemente se ve transportado a su pasado más visible, ese que lo tuvo como miembro estable y pieza fundamental del sonido de Los Tres desde sus orígenes, hace 30 años, hasta el memorable La sangre en el cuerpo (2000), el último disco en el que participó antes de dejar el grupo. “Hace un rato venía en un taxi y en la radio pusieron “He barrido el sol”. Y la chica que la presentó hablaba de una manera bien emotiva. Ahí me puse a pensar que no la escuchaba hace mucho tiempo, y que no está tan mal. Éramos re pendejos y ya veníamos tocando eso en Concepción… es bonito, lo veo de una manera casi poética”, relata.
A 18 de su salida del grupo penquista, hoy Molina asegura estar en paz con esa prehistoria musical, al tiempo que inicia una suerte de tercer tiempo en su carrera, como parte de un cuarteto que acaba de editar su primer EP y con actividad en vivo en bares y pubs de Concepción. Y aunque dice no haber sostenido una conversación formal con ninguno de sus excompañeros de banda desde su partida, sí ha seguido con atención la recuperación de Álvaro Henríquez, y no le ha cerrado la puerta a un eventual reencuentro de Los Tres.
– ¿Cómo surge este nuevo grupo y su incursión en el hip hop?
– Estuve viviendo muchos años en Brooklyn e inevitablemente me empapé del rap de muchas bandas, de un vibrato que estaba ahí, en lo que escuchaban hasta mis vecinos. Fueron muchos años de esa música y me di cuenta que, donde me terminara instalando, quería tocar hip hop. Así que fue como natural llegar a Conce a eso. Empecé a preguntar si había un rapper con buenas letras y tres personas distintas me dijeron el mismo nombre. Y un día se me acerca Jodelase [el rapero José Díaz, cuyo apodo da nombre al conjunto], conversamos un rato, le pedí que me mandara sus letras y me llamaron mucho la atención. Me impresionó mucho esa claridad que tiene para ver la vida, sin filtro pero elegante, además de su ritmo para cantar. En ese sentido, he tenido la suerte de trabajar y estar en contacto con los mejores liricistas de Chile: el Álvaro, la Colombina Parra, compartí también con Jorge González y ahora reconocí eso en Jodelase.
– ¿Ha contactado a Álvaro Henríquez desde que empezaron sus problemas de salud?
– Ese un tema bien importante para mí. No sólo el Álvaro: Los Tres también, la familia. Si bien no lo he llamado desde que se enfermó, mandé mensajes, estuve en contacto con su mamá en este proceso. Para mí es importante, en cuanto a la obra que creamos desde Concepción. Y todo mi respeto, considero que Álvaro Henríquez está a la altura de compositores como Víctor Jara y Jorge González. Cuando supe que estaba enfermo, fue como… todo el mejor vibrato para que se recupere, porque sería una lástima que se perdiera eso. Y cuando supe que volvió a cantar con Café Tacvba, fue una alegría increíble, porque así hay chance de que podamos tener más canciones, y seguramente de todo este proceso va a salir algo. Cuando pienso en Álvaro y en Los Tres, a estas alturas de la vida, yo soy parte del público. Me gusta, me emociona. Estoy súper en paz con eso. Entonces todo el respeto del mundo. No he tenido conversaciones con Álvaro hace casi 20 años, y creo que ha sido para mejor, en el sentido de tener esa relación intacta.
– ¿Tampoco ha hablado con Titae Lindl o Ángel Parra?
– No tengo ningún contacto con la banda desde el 2000. Algún saludo con Titae por ahí quizás. Pero tiene que ver con quién está trabajando cada uno musicalmente, no es una cuestión personal. Yo ahora estoy trabajando con músicos mucho más jóvenes, en Concepción, tengo un mundo que todavía no está muy asentado en Chile.
– El año pasado, cuando Henríquez intentó juntar a Los Tres originales por los 20 años de Fome, se dijo que había aceptado sumarse. ¿Por qué no resultó esa reunión?
– Sí, para tocar yo no tengo ningún problema. Me encantaría tocar con muchas personas, y entre ellos Los Tres, obviamente. El tema es que perdí completamente la noción de cuál es la estructura al interior de Los Tres. Cuando yo me fui al menos ya estaba bien claro que Álvaro iba a ser el jefe de jefes, pero ya no sé cómo es esa estructura adentro. Entonces depende de muchas cosas, pero creo que ahora no es el momento. El Álvaro se tiene que recuperar y yo estoy aquí fascinado con el hip hop. Y bueno, efectivamente hubo unas conversaciones pero no directamente con Álvaro, sino con una mánager. Mi condición siempre fue que tenía que estar el Ángel, y entiendo que él no se montó. A veces lo simple se transforma en un lío y no soy yo el que lo tenga que resolver, yo estoy bien lejano a eso. Todo lo que me ha pasado desde el 2000 ha sido intenso y soy feliz con eso. Es mi estilo de vida: tengo que hacer música y la estoy haciendo con otra gente hace mucho rato.
El baterista y fundador de Los Tres hoy está dedicado enteramente al hip hop, con una nueva agrupación que se abre paso en el circuito de su natal Concepción. Si bien cuenta que no ha hablado con sus excompañeros desde su salida del grupo penquista, hace casi dos décadas, asegura “estar en paz” con ese capítulo de su historia.
Por Andrés del Real
Desde hace tres años, la vida de Francisco Molina transcurre nuevamente en su natal Concepción. Tras más de una década radicado en Estados Unidos, donde desarrolló una destacada y prolífica carrera en el circuito del jazz de la Costa Este, en 2015 el baterista y fundador de Los Tres regresó al Biobío para reiniciar su vida en Chile junto a su familia, montar un estudio casero y adentrarse en ritmos que hasta ahora no había explorado, como el hip hop. De hecho, en su más reciente proyecto, Jodelase, vuelca muchas de las influencias que recibió de la música afroamericana durante su estadía en Norteamérica, en este caso de raperos como The Roots, Talib Kweli y Kendrick Lamar. “Un visionario”, dice sobre este último.
Pero hay momentos en que Molina inevitablemente se ve transportado a su pasado más visible, ese que lo tuvo como miembro estable y pieza fundamental del sonido de Los Tres desde sus orígenes, hace 30 años, hasta el memorable La sangre en el cuerpo (2000), el último disco en el que participó antes de dejar el grupo. “Hace un rato venía en un taxi y en la radio pusieron “He barrido el sol”. Y la chica que la presentó hablaba de una manera bien emotiva. Ahí me puse a pensar que no la escuchaba hace mucho tiempo, y que no está tan mal. Éramos re pendejos y ya veníamos tocando eso en Concepción… es bonito, lo veo de una manera casi poética”, relata.
A 18 de su salida del grupo penquista, hoy Molina asegura estar en paz con esa prehistoria musical, al tiempo que inicia una suerte de tercer tiempo en su carrera, como parte de un cuarteto que acaba de editar su primer EP y con actividad en vivo en bares y pubs de Concepción. Y aunque dice no haber sostenido una conversación formal con ninguno de sus excompañeros de banda desde su partida, sí ha seguido con atención la recuperación de Álvaro Henríquez, y no le ha cerrado la puerta a un eventual reencuentro de Los Tres.
– ¿Cómo surge este nuevo grupo y su incursión en el hip hop?
– Estuve viviendo muchos años en Brooklyn e inevitablemente me empapé del rap de muchas bandas, de un vibrato que estaba ahí, en lo que escuchaban hasta mis vecinos. Fueron muchos años de esa música y me di cuenta que, donde me terminara instalando, quería tocar hip hop. Así que fue como natural llegar a Conce a eso. Empecé a preguntar si había un rapper con buenas letras y tres personas distintas me dijeron el mismo nombre. Y un día se me acerca Jodelase [el rapero José Díaz, cuyo apodo da nombre al conjunto], conversamos un rato, le pedí que me mandara sus letras y me llamaron mucho la atención. Me impresionó mucho esa claridad que tiene para ver la vida, sin filtro pero elegante, además de su ritmo para cantar. En ese sentido, he tenido la suerte de trabajar y estar en contacto con los mejores liricistas de Chile: el Álvaro, la Colombina Parra, compartí también con Jorge González y ahora reconocí eso en Jodelase.
– ¿Ha contactado a Álvaro Henríquez desde que empezaron sus problemas de salud?
– Ese un tema bien importante para mí. No sólo el Álvaro: Los Tres también, la familia. Si bien no lo he llamado desde que se enfermó, mandé mensajes, estuve en contacto con su mamá en este proceso. Para mí es importante, en cuanto a la obra que creamos desde Concepción. Y todo mi respeto, considero que Álvaro Henríquez está a la altura de compositores como Víctor Jara y Jorge González. Cuando supe que estaba enfermo, fue como… todo el mejor vibrato para que se recupere, porque sería una lástima que se perdiera eso. Y cuando supe que volvió a cantar con Café Tacvba, fue una alegría increíble, porque así hay chance de que podamos tener más canciones, y seguramente de todo este proceso va a salir algo. Cuando pienso en Álvaro y en Los Tres, a estas alturas de la vida, yo soy parte del público. Me gusta, me emociona. Estoy súper en paz con eso. Entonces todo el respeto del mundo. No he tenido conversaciones con Álvaro hace casi 20 años, y creo que ha sido para mejor, en el sentido de tener esa relación intacta.
– ¿Tampoco ha hablado con Titae Lindl o Ángel Parra?
– No tengo ningún contacto con la banda desde el 2000. Algún saludo con Titae por ahí quizás. Pero tiene que ver con quién está trabajando cada uno musicalmente, no es una cuestión personal. Yo ahora estoy trabajando con músicos mucho más jóvenes, en Concepción, tengo un mundo que todavía no está muy asentado en Chile.
– El año pasado, cuando Henríquez intentó juntar a Los Tres originales por los 20 años de Fome, se dijo que había aceptado sumarse. ¿Por qué no resultó esa reunión?
– Sí, para tocar yo no tengo ningún problema. Me encantaría tocar con muchas personas, y entre ellos Los Tres, obviamente. El tema es que perdí completamente la noción de cuál es la estructura al interior de Los Tres. Cuando yo me fui al menos ya estaba bien claro que Álvaro iba a ser el jefe de jefes, pero ya no sé cómo es esa estructura adentro. Entonces depende de muchas cosas, pero creo que ahora no es el momento. El Álvaro se tiene que recuperar y yo estoy aquí fascinado con el hip hop. Y bueno, efectivamente hubo unas conversaciones pero no directamente con Álvaro, sino con una mánager. Mi condición siempre fue que tenía que estar el Ángel, y entiendo que él no se montó. A veces lo simple se transforma en un lío y no soy yo el que lo tenga que resolver, yo estoy bien lejano a eso. Todo lo que me ha pasado desde el 2000 ha sido intenso y soy feliz con eso. Es mi estilo de vida: tengo que hacer música y la estoy haciendo con otra gente hace mucho rato.
viernes, agosto 03, 2012
Pancho Molina tras la extensión de un sonido
El Mercurio
El músico de jazz inició una temporada de conciertos con su nuevo trío, calibrando el ingreso al estudio para grabar "La continuación del sonido".
IÑIGO DÍAZ
"Un código musical que no se puede quebrar es que si un partner tuyo aparece sin avisar, tienes que invitarlo a tocar", dice Pancho Molina en referencia al primero de los conciertos que tenía programados en su agenda de julio. Uno de esos músicos espontáneos fue el trompetista Cristián Cuturrufo, compañero suyo desde mediados de los 90, la época del grupo Los Titulares. "Si Cutu is in the house , Cutu viene a tocar con nosotros", dice.
Pero ese encuentro retrasó levemente los propósitos de Molina frente al nuevo proyecto que está liderando en Chile, poco antes de su regreso a Nueva York, donde vive desde 2010: una temporada de conciertos con su nuevo ensamble, un trío "pianoless" que integran Rodrigo Galarce (contrabajo) y Agustín Moya (saxo tenor), para el que Molina está escribiendo música especial. Su objetivo es foguear al grupo antes de grabar este mes el disco que sucederá a "Open for business" (2011).
"El formato del trío sin piano te exige mucho. No puedes descansar en una armonía explícita, sino que debes conectarte con el contrabajo, el instrumento con más pega en este tipo de grupos. Todos los músicos tienen que estar despiertos, porque si una mínima sombra de duda aparece, todo el sistema se desestabiliza", explica el baterista, que aprovechó bien los seis años que estuvo en Berklee para tocar y estudiar composición de jazz. Los resultados se pueden apreciar en ese primer disco grabado en Nueva York con sus creaciones, y también en el inminente "La continuación del sonido".
La serie de presentaciones con el trío se inició ayer en la Universidad Autónoma en Temuco y seguirá hoy en la Sala Artistas del Acero, en Concepción. El 8 y 16 de agosto Molina vuelve al club capitalino Thelonious, para finalizar el 18 de agosto en La Piedra Feliz de Valparaíso.
"Rodrigo Galarce ha sido siempre uno de mis músicos cercanos. Él me alertó de la posibilidad de tocar con Agustín Moya, lo que ha sido todo un acierto. Moya is the man . Tiene el espíritu que uno busca. En Nueva York grabé con músicos que tenían la idea del ritmo muy asimilada. Con ellos, la batería prácticamente sonaba sola. Es algo que he percibido que falta en Chile, donde existe una carencia de ritmo".
-¿Ocurre en toda la música?
"La cueca lo tiene, con la magia de los 3 y los 6 tiempos, y con tipos como Pepe Fuentes y Rabanito Berríos. Hemos estado más preocupados de subir el nivel de los músicos que de compenetrarnos con el ritmo. El jazz se puede convertir en una tortura si no tiene estos elementos, porque es una música sin letra que necesita sostenerse sola. 'La continuación del sonido' es como una representación de la confluencia de lo que es el jazz: la espiritualidad, el intelecto, la armonía y el ritmo. Y para un músico, esa continuación es como un antídoto contra todos los males de este mundo".
El músico de jazz inició una temporada de conciertos con su nuevo trío, calibrando el ingreso al estudio para grabar "La continuación del sonido".
IÑIGO DÍAZ
"Un código musical que no se puede quebrar es que si un partner tuyo aparece sin avisar, tienes que invitarlo a tocar", dice Pancho Molina en referencia al primero de los conciertos que tenía programados en su agenda de julio. Uno de esos músicos espontáneos fue el trompetista Cristián Cuturrufo, compañero suyo desde mediados de los 90, la época del grupo Los Titulares. "Si Cutu is in the house , Cutu viene a tocar con nosotros", dice.
Pero ese encuentro retrasó levemente los propósitos de Molina frente al nuevo proyecto que está liderando en Chile, poco antes de su regreso a Nueva York, donde vive desde 2010: una temporada de conciertos con su nuevo ensamble, un trío "pianoless" que integran Rodrigo Galarce (contrabajo) y Agustín Moya (saxo tenor), para el que Molina está escribiendo música especial. Su objetivo es foguear al grupo antes de grabar este mes el disco que sucederá a "Open for business" (2011).
"El formato del trío sin piano te exige mucho. No puedes descansar en una armonía explícita, sino que debes conectarte con el contrabajo, el instrumento con más pega en este tipo de grupos. Todos los músicos tienen que estar despiertos, porque si una mínima sombra de duda aparece, todo el sistema se desestabiliza", explica el baterista, que aprovechó bien los seis años que estuvo en Berklee para tocar y estudiar composición de jazz. Los resultados se pueden apreciar en ese primer disco grabado en Nueva York con sus creaciones, y también en el inminente "La continuación del sonido".
La serie de presentaciones con el trío se inició ayer en la Universidad Autónoma en Temuco y seguirá hoy en la Sala Artistas del Acero, en Concepción. El 8 y 16 de agosto Molina vuelve al club capitalino Thelonious, para finalizar el 18 de agosto en La Piedra Feliz de Valparaíso.
"Rodrigo Galarce ha sido siempre uno de mis músicos cercanos. Él me alertó de la posibilidad de tocar con Agustín Moya, lo que ha sido todo un acierto. Moya is the man . Tiene el espíritu que uno busca. En Nueva York grabé con músicos que tenían la idea del ritmo muy asimilada. Con ellos, la batería prácticamente sonaba sola. Es algo que he percibido que falta en Chile, donde existe una carencia de ritmo".
-¿Ocurre en toda la música?
"La cueca lo tiene, con la magia de los 3 y los 6 tiempos, y con tipos como Pepe Fuentes y Rabanito Berríos. Hemos estado más preocupados de subir el nivel de los músicos que de compenetrarnos con el ritmo. El jazz se puede convertir en una tortura si no tiene estos elementos, porque es una música sin letra que necesita sostenerse sola. 'La continuación del sonido' es como una representación de la confluencia de lo que es el jazz: la espiritualidad, el intelecto, la armonía y el ritmo. Y para un músico, esa continuación es como un antídoto contra todos los males de este mundo".
viernes, junio 29, 2012
Pancho Molina vuelve a Chile con su debut como solista
La Tercera
Pancho Molina ofrecerá una serie de conciertos en Santiago y en Concepción para presentar su álbum Open of business.
Pancho Molina, ex baterista de Los Tres y miembro fundador de la banda nacional, regresa a Chile para ofrecer una serie de conciertos en Santiago y Concepción, con el objetivo de presentar ante el público nacional su debut en solitario, Open for business.
Se trata de un álbum grabado, producido y editado en Estados Unidos, registrado en los estudios Sear Sound de Nueva York, junto a un quinteto de músicos estadounidenses.
El próximo concierto del artista nacional tendrá lugar esta noche a partir de las 23 horas en Thelonious. Las entradas se pueden adquirir en $3500.
Pancho Molina ofrecerá una serie de conciertos en Santiago y en Concepción para presentar su álbum Open of business.
Pancho Molina, ex baterista de Los Tres y miembro fundador de la banda nacional, regresa a Chile para ofrecer una serie de conciertos en Santiago y Concepción, con el objetivo de presentar ante el público nacional su debut en solitario, Open for business.
Se trata de un álbum grabado, producido y editado en Estados Unidos, registrado en los estudios Sear Sound de Nueva York, junto a un quinteto de músicos estadounidenses.
El próximo concierto del artista nacional tendrá lugar esta noche a partir de las 23 horas en Thelonious. Las entradas se pueden adquirir en $3500.
viernes, noviembre 25, 2011
Francisco Molina, ex baterista de los tres "No sé por qué ellos me tiran mala onda"
Wiken
El grupo de Álvaro Henríquez se reúne pero no lo llaman y le cierran las puertas a través de las entrevistas. Una situación rara que a Pancho Molina no le preocupa, porque sus intereses están en otros lados. "La distancia hace maravillas", dice el músico que vive hace siete años en Estados Unidos y que hoy está en Chile para presentar su primer disco solista de jazz.
Por Magdalena Andrade N.
Me siento como un dinosaurio cuando vengo a Chile -dice Francisco Molina sentado en una mesa del café literario del Parque Bustamante, mientras sus dedos, largos y simples, golpetean el borde de la mesa como una extensión de las baquetas de su batería.
-En siete años, las cosas en Chile han cambiado demasiado -agrega. Y lo dice con un tono ingenuo, como si estos años viviendo en Estados Unidos -en Boston y en Nueva York- los hubiera pasado congelado en el tiempo. Como si las cuatro semanas que lleva ya en el país no le hubieran bastado para ponerse al día sobre los cambios que ha tenido la escena musical chilena. Para saber, por ejemplo, que la radio Rock & Pop ya no suena como cuando él era parte de Los Tres, el grupo estrella del rock nacional de los 90. O que hay una banda de cumbia -Chico Trujillo- que desde hace años está presente en todas las fiestas.
Francisco Molina (42) se fue a vivir a Estados Unidos en 2004, cuatro años después de que Los Tres decidieran separarse. Necesitaba darse un respiro. Fue una especie de huida autoimpuesta, no tanto porque su separación del grupo hubiera sido en malos términos (y lo fue: cuando Los Tres volvieron a juntarse en 2006, Álvaro Henríquez, Titae Lindl y Ángel Parra ni siquiera lo llamaron), sino porque, en los casi quince años que estuvo tocando junto a ellos, la carrera que desarrolló como baterista "fue como un avión despegando en la inconsciencia", dice.
Qué significó eso: que cuando terminó con Los Tres en 2000, y quiso ampliar su experiencia como músico de jazz -una veta que le apasionaba desde los comienzos de su carrera y que había desarrollado en forma paralela al rock con su grupo Pancho Molina y Los Titulares- se dio cuenta de que, por ejemplo, no sabía escribir música para todos los instrumentos. De que su inspiración era ciento por ciento intuición y cero academia.
Francisco Molina quería y necesitaba perfeccionarse, pero el tiempo le jugaba en contra: tenía 35 años y una cantidad de conocimiento importante que debía acumular en el menor tiempo posible. La gran oportunidad se le presentó sobre la mesa. Literalmente.
-Un día estaba comiendo en Buenos Aires con unos bateristas argentinos cuando me contaron que el Berklee College of Music de Boston estaba audicionando en la ciudad. Mientras me tomaba un vino pensé: "Sería interesante ir y ver cómo lo hacen". Entonces uno de los bateristas me dijo: "¿quieres ir realmente?" Se paró, pidió el teléfono del restaurante, llamó y me dijo: "mañana hay una audición al mediodía y tienes que ir". Fui y mi nombre estaba allí.
Francisco Molina llegó nervioso a dar la prueba. No dijo nada de lo que había hecho en Los Tres ni dio mayores pistas sobre su currículum. Cuando lo escuchó tocar, el músico que tomó su audición -un saxofonista- sólo le dijo: "cool, man". Tres meses después lo llamaron: le darían una beca para estudiar en Estados Unidos.
Cuando iba en el taxi que lo llevaba camino al aeropuerto -solo-, Francisco Molina se acordó de algo: a él nunca -ni en el colegio- le había gustado mucho estudiar.
-Me di cuenta de que si quería seguir en esto, el proceso no iba a parar. Estando ya en Boston, un tipo me dijo que el oído y la mente humana siempre se pueden seguir desarrollando, y que si ejercitaba el oído iba a empezar a escuchar todo: los colores, las notas, todo.
Back to school(y partir de cero)
¿Qué hace un tipo que alguna vez tuvo fama y dinero, groupies y reconocimiento, cuando se convierte en un estudiante más en una escuela de música?
"Se vuelve humilde", contesta Francisco Molina. Y así fue como partió de cero.
-Me costó dejar de lado el ego, cambiar el switch de que había ganado mucha plata, de que había tocado en bandas de rock y jazz junto a todos los músicos importantes de Chile. Me costó olvidarme de mi currículum. Pero tuve que decir: ahora soy Pancho Molina y debo ser paciente.
Cuando llegó a estudiar a Boston en 2004, lo hizo pensando que nadie en la escuela de música iba a saber quién era. "Pero en cualquier parte del mundo que esté, de alguna manera esta cuestión de la fama sale", dice. En su caso salió de la mano de una chilena, quien luego de reconocerlo le presentó al pianista de jazz panameño Danilo Pérez. Y con eso, también se le abrió un mundo musical que, en sus primeros dos años en Berklee, estuvo reducido sólo a sus compañeros de clase, todos músicos entre 20 y 25 años.
-Me aburría a ratos. La verdad es que no lo soportaba mucho. La mejor forma de conectarte con los músicos es tocando y ellos tenían la fuerza para ir al carrete, yo no. Con el tiempo me la tuve que hacer.
Trabajé mucho en eso.
Durante sus años de estudio, también empezó a buscar otras formas de ganarse la vida. Sus primeras incursiones fueron en la danza: una amiga bailarina le ofreció tocar la percusión para la compañía en la que ella participaba. Luego trabajó para el Boston Ballet, el Boston Conservatory y también para el departamento de danza de Harvard.
Su cambio de giro fue radical.
-A mí me ayudaron los chilenos -dice-. Me ayudaron los poetas. Empecé a leer a Huidobro y a Pablo de Rokha. También a Jodorowsky. Yo no era nadie al lado de ellos. También me ayudó Claudio Arrau. Un día hice una comida en mi casa y puse a Arrau. Todos se quedaron callados. Me preguntaron quién era. Después, en todas las comidas me decían: ponte a Claudio Arrau. Estar ahí hizo que me diera cuenta de que la fama es emífera... ¿así decía Iván Zamorano? Eso me salvó de tener que estar sacando el currículum, que además no me servía de nada a la hora de aprender.
Luego de terminar sus estudios, Francisco Molina se mudó de Boston a Nueva York. Eligió esa ciudad porque le gustaba de toda la vida; desde la primera vez que fue a especializarse en batería entre el 90 y el 91, cuando Los Tres recién empezaban.
-En Nueva York el circuito es mucho más dinámico: todos los días conoces a alguien nuevo y armas así tus redes.
Sin embargo al alejarse del rock, de su país y dedicarse al jazz, ha tenido que acostumbrarse a la otra cara de la moneda: la del músico que debe ganarse día a día el derecho de pertenecer a este mundo. Y ese proceso no ha sido fácil.
-Estoy solo, peleando un lugar, en un circuito súper exigente. Ahora, por ejemplo, un guitarrista indio que conocí en Boston y que trabajó con los Strokes me invitó a tocar rock de nuevo. Tuve que hacer un acuerdo conmigo mismo para volver a tocar rock.
Haber cambiado radicalmente de vida -después de más de 10 años alejado de la fama- tiene todavía algo de morbo, dice.
-Aún es un juego para mí. Todavía me pasa en Estados Unidos que chilenos me quedan mirando y, como a la media hora, se acercan: "¿tú tocabas en La Ley?" "No, con Los Tres". Te miran de nuevo y es un shock. No se acuerdan de tu nombre pero te reconocen. Aunque cada vez va a pasar menos con las nuevas generaciones -reconoce con un tono de nostalgia.
Barrer la casa por dentro
En marzo del año pasado, después de seis años en Estados Unidos, se sintió recién con la confianza de poder plasmar en música todo lo que había aprendido en la escuela y en la vida. Y el origen de su disco "Open for Business" -el primero como solista y donde participó en la composición de todos los instrumentos- estuvo aquí, en Chile. Fue en el verano que Francisco aprovechó un viaje que hizo para ver a sus padres para hacer un par de tocatas. Lo hizo acompañado de dos músicos que conoció en Nueva York y de los que se hizo amigo: George Garzone -quien fue saxofonista de Elvis Presley en sus shows de Las Vegas en los 70- y el argentino Leo Genovese. Y aquí, en estos shows, descubrió que su música tenía fans muy jóvenes. Seguidores que eran unas guaguas cuando él tocaba la batería en Los Tres.
-Llegar a trabajar en Nueva York es como llegar a la Fórmula Uno: tienes que estar bien sintonizado y saber que los tipos con los que estás hablando son los que inventaron la música que a ti te gusta, y que a ellos no les interesa que tú toques lo que ellos tocan sino que les muestres lo que traes en el bolsillo. Tienes que hacer cosas. Yo, entonces, necesitaba recopilar mis siete años de viaje y ponerlos en un disco -dice.
Así, con esa convicción, entró a grabar su disco en Nueva York, con seis pistas que, según él mismo define, mezclan jazz, soul, funk y rock. Hacerlo ha sido su sueño del pibe, aún cuando ha tenido que autoeditarlo y financiarlo para traerlo. Y aun cuando ha implicado que ésta sea la primera vez, desde que se fue a EE.UU., que se quede tanto tiempo en Santiago.
-¿Por qué traer tu disco a Chile si implica tanto esfuerzo hacerlo?
-Porque veo que aquí hay toda una efervescencia y que la gente está conectando con una música que no es con letra. Por eso vale la pena el esfuerzo, porque traer (el disco) para acá lo hago absolutamente solo. Es importante para mí dejar el testimonio.
-¿Qué sentimientos te genera haberlo grabado?
-Este disco es producto de haber limpiado la casa por dentro. Es primera vez que estoy escribiendo todos los instrumentos y por eso hay mucho más de mí. En Los Titulares era más compartido, y además estábamos tratando de hacer una música que fuera más comercial. Pero tampoco teníamos el nivel de ahora. Yo nací tocando con Los Tres y fue un crecimiento inconsciente. Ahora que estoy mayor, tengo 42 años, puedo ver eso.
-¿Traer el disco significa que empezarás una carrera más constante acá?
-Es que eso es como tener una novia aquí estando allá. A mí no me funciona. Hoy es Nueva York el lugar donde me siento más a gusto. Echo de menos las empanadas, Concepción, pero en lo profesional, esto es lo que más me interesa y lo que quiero hacer de mi vida.
Adiós a Los Tres
Le pasa cada vez que viene a Chile. Hace once años que perdió el contacto con sus ex compañeros de Los Tres y no lo ha retomado, pero todavía le siguen preguntando por qué no toca con ellos.
"Cada vez que vengo a Chile es como si me metiera en una máquina del tiempo. Yo ya no me preocupo del tema pero vengo para acá y me lo preguntan. Ayer estaba en una comida, relajado, y de repente una amiga me pregunta: '¿has visto a tus amigos?' Y yo le contesté: 'no, hace rato que no veo a Los Tres...'. Y ella me estaba preguntando por otros amigos. Nos vino ataque de risa.
Francisco Molina dice que no lo llamaron ahora que están tocando permanentemente juntos y han hecho homenajes con los miembros que ha tenido el grupo en toda su historia, y tampoco el 2006 cuando se juntaron por un tiempo. Incluso hay más: el año pasado, en una entrevista a El Mercurio, Álvaro Henríquez lo dejó claro: "Francisco Molina es un tema cerrado para la banda", dijo.
-Mi proceso con Los Tres fue tan personal como mi historia con la batería. No sé si alguna vez busqué reconocimiento. A los 13, 14, 15 ya estábamos rockeando. Lo único que queríamos eran chicas, hacer rock y bailar apretado. Concepción en los 80 era la cosa más oscura que podía existir. El panorama era juntarse, ir a la protesta y después ir a comer. Concepción estaba muerto en la tarde. Por eso a esa hora tocábamos y después, en la noche, carrete. Éramos el Titae, el Álvaro y yo en el bosque hablando de música, tomando cervezas y fumándonos un porro. Por años. Escuchando David Bowie, Frank Zappa, los Stones, los Beatles. Eso hizo que Los Tres fueran Los Tres. Teníamos la necesidad de hacer canciones mejores que Los Prisioneros. Teníamos que sonar mejor. Aprendí a tocar batería con ellos. Estuve con ellos en ocho discos. Pero llega un momento en que no puedes seguir estirando el chicle.
-¿Nunca te han dado ganas de volver con ellos?
-No. Me acuerdo de haber conversado, en la época de la separación, de que eso del reencuentro nunca sería. Y, por lo menos para mí, Los Tres se acabó. Pero hasta hoy no sé por qué ellos me tiran mala onda. Creo que tiene que ver con opciones de vida. Cuando empezaron los rumores de vuelta no fue tema para mí. La distancia hace maravillas. Y el tiempo también.
El músico presentará su disco "Open for Business" mañana sábado 26 en bar Catedral ($5.000 después de las 22:30 hrs.) y el miércoles 15 de diciembre en el GAM, a las 21 horas. Las entradas valen $6.000 y $4.000. A la venta en boleterías GAM y Ticketmaster. El disco será distribuido en el bar El Perseguidor y en Feriamix. Más info en www.panchomolina.com
Por Magdalena Andrade N..
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