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domingo, mayo 12, 2019
sábado, mayo 04, 2019
viernes, mayo 04, 2018
Los Amigos Invisibles: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes"
El Mercurio
La banda habla de la gran colonia de compatriotas que vive en Chile. Hoy los artistas de ese país se toman la cartelera local con música, teatro y humor.
Por José Vásquez
José Rafael Torres, el bajista de Los Amigos Invisibles, hace memoria histórica y termina la frase con una ironía demasiado ajustada al presente: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes de toda Sudamérica, y ahora estamos cobrándoles el recibo", cuenta al teléfono desde Ciudad de México, donde reside, antes de un nuevo viaje a la capital.
El músico vendrá con su banda para una presentación inédita junto a sus compatriotas de Desorden Público, el próximo 2 de junio, en La Cúpula Multiespacio, una fecha que se promociona como "una fiesta venezolana", que suma al DJ Rui y una barra de bebidas y comidas típicas de su país.
"Sé que en Chile hay una diáspora venezolana bien grande de gente que llega allá a diario buscando un mejor futuro, porque hoy en nuestro país no hay opción para eso", cuenta Torres, quien, consultado por las nuevas políticas chilenas para obtener una visa de residencia, dice: "Entiendo los contextos y que cuando mucha gente de un país se comienza a ir a otro se van a poner más duros. Me parece lamentable, pero, al mismo tiempo, inevitable, aunque sea de la idea de que la inmigración es un proceso humano ancestral que existe desde el inicio de los tiempos".
En cartelera
En 2017 se otorgaron 73 mil visas para inmigrantes provenientes de Venezuela, una cifra en aumento y que los ubica como la nación que más ha crecido en Chile en el último año, junto con los haitianos, y donde la mayoría (el 43,5%) son jóvenes de entre 15 y 29 años, según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior.
Esta nueva realidad social ha tenido una repercusión importante en la cartelera de espectáculos no solo en el apartado musical, sino que también en el teatro y el humor. Mañana hay panoramas por partida doble: mientras en el Club Chocolate debutará en suelo nacional el dúo SanLuis, en el Teatro Teletón habrá una función de la obra "Orgasmos", protagonizada por Norkys Batista.
Ricardo Montaner regresará el 21 de julio al Movistar Arena y el 30 y 31 de agosto llegará el stand up de George Harris, quien ya agotó la primera de sus dos presentaciones en La Cúpula Multiespacio.
La banda habla de la gran colonia de compatriotas que vive en Chile. Hoy los artistas de ese país se toman la cartelera local con música, teatro y humor.
Por José Vásquez
José Rafael Torres, el bajista de Los Amigos Invisibles, hace memoria histórica y termina la frase con una ironía demasiado ajustada al presente: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes de toda Sudamérica, y ahora estamos cobrándoles el recibo", cuenta al teléfono desde Ciudad de México, donde reside, antes de un nuevo viaje a la capital.
El músico vendrá con su banda para una presentación inédita junto a sus compatriotas de Desorden Público, el próximo 2 de junio, en La Cúpula Multiespacio, una fecha que se promociona como "una fiesta venezolana", que suma al DJ Rui y una barra de bebidas y comidas típicas de su país.
"Sé que en Chile hay una diáspora venezolana bien grande de gente que llega allá a diario buscando un mejor futuro, porque hoy en nuestro país no hay opción para eso", cuenta Torres, quien, consultado por las nuevas políticas chilenas para obtener una visa de residencia, dice: "Entiendo los contextos y que cuando mucha gente de un país se comienza a ir a otro se van a poner más duros. Me parece lamentable, pero, al mismo tiempo, inevitable, aunque sea de la idea de que la inmigración es un proceso humano ancestral que existe desde el inicio de los tiempos".
En cartelera
En 2017 se otorgaron 73 mil visas para inmigrantes provenientes de Venezuela, una cifra en aumento y que los ubica como la nación que más ha crecido en Chile en el último año, junto con los haitianos, y donde la mayoría (el 43,5%) son jóvenes de entre 15 y 29 años, según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior.
Esta nueva realidad social ha tenido una repercusión importante en la cartelera de espectáculos no solo en el apartado musical, sino que también en el teatro y el humor. Mañana hay panoramas por partida doble: mientras en el Club Chocolate debutará en suelo nacional el dúo SanLuis, en el Teatro Teletón habrá una función de la obra "Orgasmos", protagonizada por Norkys Batista.
Ricardo Montaner regresará el 21 de julio al Movistar Arena y el 30 y 31 de agosto llegará el stand up de George Harris, quien ya agotó la primera de sus dos presentaciones en La Cúpula Multiespacio.
domingo, abril 29, 2018
Los venezolanos arman escena
La Tercera
En sólo unos meses, la cartelera santiaguina se repletó de bandas, comediantes y productores de ese país. Un fenómeno impulsado por una creciente colonia de migrantes decidida a salvar su patrimonio.
Por Andrés del Real
Mientras afinaban los últimos detalles del regreso a Chile de Ricardo Montaner, los encargados de su próximo concierto en el Movistar Arena informaron de la visita del baladista en una página de Facebook de venezolanos residentes en Chile. La idea, cuentan, era sondear el interés entre la colonia por ver a su compatriota en vivo en estas tierras. La respuesta fue contundente: 6 mil comentarios en 8 horas, que los convencieron de lanzar una preventa especial de entradas para el público venezolano. “Se vendieron cerca de tres mil tickets en tres días”, cuenta Claudio Castro, de la productora Free Time.
La experiencia piloto es una de las primeras que una compañía de este tipo impulsa en el país, y da cuenta de un fenómeno del que la industria local de los espectáculos en vivo ya toma nota. Con los cambios en las olas migratorias que se han producido en Chile en los últimos años, y una cifra total que según las últimas estimaciones supera el millón de personas nacidas en el extranjero viviendo actualmente en el país, la cartelera ha ido de a poco adecuando su oferta para un público que hoy es multicultural. Y en ese panorama, los venezolanos llevan la batuta.
Quienes conocen de cerca la situación ya hablan de una escena, un circuito paralelo que mueve a miles de personas y que en sólo meses convirtió a Santiago en una plaza ineludible para los más populares artistas del país llanero. Fue el caso de Guaco, orquesta tropical de Maracaibo que el mes pasado juntó a más de 5 mil asistentes en el Teatro Caupolicán, y de Desorden Público, institución del ska caraqueño que en junio regresa a un año de su exitoso paso por la capital. “Los trajimos en 2014 pero lo de junio pasado fue una locura, con mucha gente en el público llorando emocionada, porque son bandas que les recuerdan a su tierra, a sus familias”, cuenta Francisco Padilla, el mismo productor tras el debut de los venezolanos Rayawana, que a fines de 2017 agotaron dos Club Chocolate.
La próxima visita de Desorden Público grafica el estado de las cosas, con un show en conjunto con Los Amigos Invisibles, otro nombre fundamental del rock de la nación caribeña, en un evento en el Teatro La Cúpula que tendrá barra con cervezas y comida típica venezolana además de un DJ popular entre la comunidad residente. Las entradas para el concierto, que se promociona como “la fiesta para los venezolanos en Chile”, son comercializadas en tiendas y restoranes que son punto de encuentro para la colonia, como Guaio-io Marketplace y Papelón Sabroso.
“Comenzamos a trabajar con más cuidado los contenidos, porque a medida que llegan más venezolanos, más gente se interesa en hacer conciertos y la idea es generar un negocio suficientemente competitivo y ético para que todos puedan participar. De hecho, sumamos decenas de venezolanos a nuestro trabajo, desde el volanteo hasta el catering, así nos integramos y generamos alianzas”, explica Padilla sobre el show del 2 de junio.
No sólo músicos de ese país han convertido a Santiago en destino recurrente. También exponentes de otras disciplinas, como la comedia y el teatro. Así, el pasado 28 de marzo, debutó en la capital actor Carlos Fraga, con un “monólogo teatral de humor reflexivo” en el Teatro Nescafé de las Artes llamado Hombres, mujeres… sexo sin guerra. En tanto, este sábado 5 en el Teatro Teletón, regresará con su monólogo Orgasmos la comediante y ex Miss Venezuela Norkys Batista, declarada enemiga del gobierno por el presidente Nicolás Maduro.
“Los artistas también ponen de su parte para venir a Chile, a veces sin priorizar lo económico porque podrían ir a Miami y hacer cinco shows allá. Sin la colaboración de ellos no lo podríamos lograr”, comenta Belkys Massó, promotora detrás de las presentaciones de Batista. Nacida en Venezuela, llegó a Chile en 2002 y tras varios años dedicada a la producción de espectáculos ha puesto su foco en eventos dirigidos a la cada vez más numerosa colonia llanera en el país, que se estima supera las 300 mil personas.
La casa
Massó no es la única productora venezolana que realiza espectáculos para sus compatriotas en Chile. A ella se sumó La Sordera, compañía dedicada al entretenimiento que en 2016 se mudó a Santiago, y luego de regularizar sus trámites migratorios ha logrado levantar una interesante cartelera de conciertos en la capital con grupos como Mesoneros, el rapero Apache, La Vida Boheme -que se presentó ante un repleto Club Subterráneo- y próximamente el comediante George Harris, popular exponente del stand up comedy venezolano que agotó todos los tickets en un solo día para su actuación en el Teatro La Cúpula del próximo 31 de agosto.
“La audiencia se ha ido mezclando y va creciendo porque ahora muchos chilenos tienen un amigo venezolano, así que se termina dando un fenómeno súper interesante”, asegura Francisco Méndez, fundador de La Sordera, quien también ha incursionado en la gestión de shows de bandas chilenas. El promotor suma otra tesis para explicar el éxito de estos espectáculos: “En Venezuela, la misma crisis terminó centralizando los shows en las grandes ciudades, como Maracaibo y Caracas, pero como aquí los migrantes son de diversas regiones para muchos termina siendo la primera vez que ven a los artistas”.
El próximo evento de La Sordera es el retorno de Caramelos de Cianuro (16 de mayo, La Cúpula), otro emblema del rock venezolano, quienes también han vivido de cerca la crisis social que atraviesa su país. De hecho, en 2012, el mánager histórico de la banda, Libero Iaizzo, fue secuestrado y asesinado en las calles de Caracas. Su éxito La casa, de 2010, se ha convertido en himno en cada recital ante sus paisanos fuera de su patria.
“Creo que tiene que ver con la añoranza, con lo difícil que es emigrar y dejar tantas cosas atrás. Es algo que nosotros vivimos día a día. Me gusta que la gente mantenga sus raíces y para nosotros, los artistas, eso muy bueno también”, comenta Asier Cazalis, vocalista del cuarteto, consultado por la cada vez más nutrida cartelera venezolana en Santiago.
Si bien para muchos el fenómeno responde en gran medida al mayor poder adquisitivo que tendrían los inmigrantes de esa nacionalidad -en comparación con el de extranjeros de otros países vecinos-, Méndez cree que la explicación radica en factores más emocionales. “Los otros países no están en crisis humanitaria, nosotros migramos de uno que está quedando en el olvido. Por lo mismo, tenemos la responsabilidad de mostrar y rescatar nuestra cultura, tenemos que mantener vivas nuestras comida, nuestras fiestas y nuestras bandas”, explica.
En sólo unos meses, la cartelera santiaguina se repletó de bandas, comediantes y productores de ese país. Un fenómeno impulsado por una creciente colonia de migrantes decidida a salvar su patrimonio.
Por Andrés del Real
Mientras afinaban los últimos detalles del regreso a Chile de Ricardo Montaner, los encargados de su próximo concierto en el Movistar Arena informaron de la visita del baladista en una página de Facebook de venezolanos residentes en Chile. La idea, cuentan, era sondear el interés entre la colonia por ver a su compatriota en vivo en estas tierras. La respuesta fue contundente: 6 mil comentarios en 8 horas, que los convencieron de lanzar una preventa especial de entradas para el público venezolano. “Se vendieron cerca de tres mil tickets en tres días”, cuenta Claudio Castro, de la productora Free Time.
La experiencia piloto es una de las primeras que una compañía de este tipo impulsa en el país, y da cuenta de un fenómeno del que la industria local de los espectáculos en vivo ya toma nota. Con los cambios en las olas migratorias que se han producido en Chile en los últimos años, y una cifra total que según las últimas estimaciones supera el millón de personas nacidas en el extranjero viviendo actualmente en el país, la cartelera ha ido de a poco adecuando su oferta para un público que hoy es multicultural. Y en ese panorama, los venezolanos llevan la batuta.
Quienes conocen de cerca la situación ya hablan de una escena, un circuito paralelo que mueve a miles de personas y que en sólo meses convirtió a Santiago en una plaza ineludible para los más populares artistas del país llanero. Fue el caso de Guaco, orquesta tropical de Maracaibo que el mes pasado juntó a más de 5 mil asistentes en el Teatro Caupolicán, y de Desorden Público, institución del ska caraqueño que en junio regresa a un año de su exitoso paso por la capital. “Los trajimos en 2014 pero lo de junio pasado fue una locura, con mucha gente en el público llorando emocionada, porque son bandas que les recuerdan a su tierra, a sus familias”, cuenta Francisco Padilla, el mismo productor tras el debut de los venezolanos Rayawana, que a fines de 2017 agotaron dos Club Chocolate.
La próxima visita de Desorden Público grafica el estado de las cosas, con un show en conjunto con Los Amigos Invisibles, otro nombre fundamental del rock de la nación caribeña, en un evento en el Teatro La Cúpula que tendrá barra con cervezas y comida típica venezolana además de un DJ popular entre la comunidad residente. Las entradas para el concierto, que se promociona como “la fiesta para los venezolanos en Chile”, son comercializadas en tiendas y restoranes que son punto de encuentro para la colonia, como Guaio-io Marketplace y Papelón Sabroso.
“Comenzamos a trabajar con más cuidado los contenidos, porque a medida que llegan más venezolanos, más gente se interesa en hacer conciertos y la idea es generar un negocio suficientemente competitivo y ético para que todos puedan participar. De hecho, sumamos decenas de venezolanos a nuestro trabajo, desde el volanteo hasta el catering, así nos integramos y generamos alianzas”, explica Padilla sobre el show del 2 de junio.
No sólo músicos de ese país han convertido a Santiago en destino recurrente. También exponentes de otras disciplinas, como la comedia y el teatro. Así, el pasado 28 de marzo, debutó en la capital actor Carlos Fraga, con un “monólogo teatral de humor reflexivo” en el Teatro Nescafé de las Artes llamado Hombres, mujeres… sexo sin guerra. En tanto, este sábado 5 en el Teatro Teletón, regresará con su monólogo Orgasmos la comediante y ex Miss Venezuela Norkys Batista, declarada enemiga del gobierno por el presidente Nicolás Maduro.
“Los artistas también ponen de su parte para venir a Chile, a veces sin priorizar lo económico porque podrían ir a Miami y hacer cinco shows allá. Sin la colaboración de ellos no lo podríamos lograr”, comenta Belkys Massó, promotora detrás de las presentaciones de Batista. Nacida en Venezuela, llegó a Chile en 2002 y tras varios años dedicada a la producción de espectáculos ha puesto su foco en eventos dirigidos a la cada vez más numerosa colonia llanera en el país, que se estima supera las 300 mil personas.
La casa
Massó no es la única productora venezolana que realiza espectáculos para sus compatriotas en Chile. A ella se sumó La Sordera, compañía dedicada al entretenimiento que en 2016 se mudó a Santiago, y luego de regularizar sus trámites migratorios ha logrado levantar una interesante cartelera de conciertos en la capital con grupos como Mesoneros, el rapero Apache, La Vida Boheme -que se presentó ante un repleto Club Subterráneo- y próximamente el comediante George Harris, popular exponente del stand up comedy venezolano que agotó todos los tickets en un solo día para su actuación en el Teatro La Cúpula del próximo 31 de agosto.
“La audiencia se ha ido mezclando y va creciendo porque ahora muchos chilenos tienen un amigo venezolano, así que se termina dando un fenómeno súper interesante”, asegura Francisco Méndez, fundador de La Sordera, quien también ha incursionado en la gestión de shows de bandas chilenas. El promotor suma otra tesis para explicar el éxito de estos espectáculos: “En Venezuela, la misma crisis terminó centralizando los shows en las grandes ciudades, como Maracaibo y Caracas, pero como aquí los migrantes son de diversas regiones para muchos termina siendo la primera vez que ven a los artistas”.
El próximo evento de La Sordera es el retorno de Caramelos de Cianuro (16 de mayo, La Cúpula), otro emblema del rock venezolano, quienes también han vivido de cerca la crisis social que atraviesa su país. De hecho, en 2012, el mánager histórico de la banda, Libero Iaizzo, fue secuestrado y asesinado en las calles de Caracas. Su éxito La casa, de 2010, se ha convertido en himno en cada recital ante sus paisanos fuera de su patria.
“Creo que tiene que ver con la añoranza, con lo difícil que es emigrar y dejar tantas cosas atrás. Es algo que nosotros vivimos día a día. Me gusta que la gente mantenga sus raíces y para nosotros, los artistas, eso muy bueno también”, comenta Asier Cazalis, vocalista del cuarteto, consultado por la cada vez más nutrida cartelera venezolana en Santiago.
Si bien para muchos el fenómeno responde en gran medida al mayor poder adquisitivo que tendrían los inmigrantes de esa nacionalidad -en comparación con el de extranjeros de otros países vecinos-, Méndez cree que la explicación radica en factores más emocionales. “Los otros países no están en crisis humanitaria, nosotros migramos de uno que está quedando en el olvido. Por lo mismo, tenemos la responsabilidad de mostrar y rescatar nuestra cultura, tenemos que mantener vivas nuestras comida, nuestras fiestas y nuestras bandas”, explica.
lunes, octubre 23, 2017
Del vodoun al konpa : Radiografía a los sonidos de Haití
El Mercurio
En Santiago son cada vez más los músicos haitianos que fusionan sus ritmos tradicionales con los estilos urbanos de hoy. Son la puerta de entrada a una rica historia que atraviesa cuatro siglos y celebra el baile como una forma de resistencia.
Por Guillermo Tupper.
En Santiago son cada vez más los músicos haitianos que fusionan sus ritmos tradicionales con los estilos urbanos de hoy. Son la puerta de entrada a una rica historia que atraviesa cuatro siglos y celebra el baile como una forma de resistencia.
Por Guillermo Tupper.
La vida de John Billy Rameau (26) se reparte entre dos trabajos: por un lado, es ayudante de patio en una empresa de metales en Lampa. Y, por otro, es Billy-G, uno de los cantantes de New Vision C, un grupo de música bailable de cuatro haitianos asentados en Quilicura. "Yo nací con el hip hop en mi sangre", cuenta. "Fue un estilo que pegó mucho en Haití y yo salía a improvisar rimas en la calle".
Con el single "Quiero hacerte mía" como carta de presentación, los New Vision C son cultores de un estilo que ellos mismos han bautizado como kopatón : es decir, la fusión entre el konpa, un popular género haitiano que se asemeja al merengue, y el reggaetón . "El konpa es una música muy dulce, se acerca a lo que en Chile sería la bachata", dice el cantante. "La diferencia es que, en esta última, los pasos son más violentos. El konpa , en cambio, se canta y se baila suave".
Si bien su trabajo principal es como facilitador intercultural en el Hospital Roberto del Río, Ralph Jean Baptiste (26) también es músico y actor. En octubre del 2011 llegó a Santiago, con la idea de reunirse con su hermano Roody y, luego, estudiar una carrera en Argentina. Pero con el tiempo, su propósito fue cambiando. "Yo hago música desde los 13 años: cantaba gospel en la iglesia y, al llegar a Chile, empecé mi proyecto como solista", dice.
Tras inscribirse en el programa de Escuelas de Rock y Música Popular Migrante, Jean Baptiste grabó con el productor local Charlie Checkz (Shamanes Crew, Movimiento Original). Así moldeó a un estilo que define como world music o una fusión de tambores africanos con el konpa . Su single más conocido es "Ella baila", donde se luce con un fluido castellano, aunque también canta en créole , francés e inglés. "La música de Haití es la música de la independencia", dice. "El créole es un idioma de lucha, creado por los esclavos africanos que llegaron a Haití. Lo que calmaba sus sufrimientos era el vodoun , el folclor haitiano. Nuestra música viene de un sufrimiento".
Crisol de ritmos
En los últimos cinco años, New Vision C y Jean Baptiste -además de otros nombres, como Prestige Band, Haitian Fuego y M.O.B. Gang- integran la creciente armada de músicos haitianos que se presenta en festivales autogestionados y actos municipales en Santiago. La mayoría de ellos combina sus sonidos tradicionales -como el konpa o el vodoun - con la música urbana de hoy. "Cada ritmo tiene su sentido. El konpa es un poco más romántico, pero también habla de política. En cambio, el vodoun habla de los espíritus y la magia", dice Widner Darcelin, miembro de New Vision C y presidente de la Comunidad Haitiana en Chile.
Entre los estilos preferidos de la comunidad destacan el zouk -música rítmica rápida de carnaval- y el rabòday , un tipo de electrónica bailable, que recoge elementos del ancestral rara , y que se masificó en Haití tras el terremoto del 2010. Este último género es el que explora el grupo Haitian Fuego en su canción "Betina". "En Haití yo no canto reggaetón, pero, aquí, tuve que hacer canciones de ese tipo. Mi idea es llegar a ser como Daddy Yankee", dice Tison Flow (30), integrante de la banda y que trabaja como operador de maquinaria.
A pesar de no tener la fama del reggae jamaicano, la música popular haitiana -especialmente el konpa - ha dejado su huella por distintas zonas del Caribe, Europa y África. "La música de Haití proviene de África", dice Sanba Zao, álter ego de Louis Lesly Marcelin, percusionista, profesor de la Escuela Nacional de Artes de Haití y fundador del Movimiento Sanba que, en los 70, desafió la dictadura de los Duvalier. "Mucha de esa música es alegre, festiva, tiene que ver con ritos, pero eso se mezcló mucho y también con nuestra forma de vida. No solo es alegre, vibrante y rítmica, también es nostálgica. Desde que fundé Sanba, viajé por el mundo y encontré muchos vínculos en todas partes. Está todo traspasado; pienso en el tango argentino, por ejemplo. Es sorprendente".
En los años 20, los primeros sonidos caribeños en boga fueron los de Cuba y Trinidad y Tobago. La música haitiana no emergió hasta fines de los 50 y, como sus letras estaban en créole , no fue muy comprendida fuera de sus fronteras. "Los fáciles vínculos coloniales de Gran Bretaña con Jamaica ayudaron al ska y al reggae a alcanzar mercados internacionales", apunta Gage Averill, decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Columbia Británica y etnomusicólogo especialista en músicas populares del Caribe. "Las desventajas para los músicos haitianos son difíciles de reducir a un solo factor, pero ciertamente incorporan cuestiones lingüísticas, de reputación externa y la difícil situación política y económica del país en los últimos 50 años".
Un nuevo estilo de baile
La primera música de baile haitiana popular -es decir, que fue disfrutada por sus distintas clases sociales y difundida a través de la radio, grabaciones y clubes de baile- fue el meríngue (o meréng en créole ). Este era interpretado por bandas muy influenciadas por la música de baile cubana de los años 30 y 40, así como también de las big bands de jazz norteamericanas. "A mediados del siglo XIX, el merengue no solo estaba en República Dominicana, sino que también en Haití, Puerto Rico y Venezuela", explica Paul Austerlitz, músico de jazz y profesor de etnomusicología en el Gettysburg College. "Pero en la década de 1950, los haitianos empezaron a escuchar música dominicana, la fusionaron con sus propios ritmos y es ahí cuando nació el konpa ".
El auge del konpa estuvo marcado por la rivalidad de dos saxofonistas surgidos de la escena de clubes nocturnos. Nemours Jean-Baptiste y Wéber Sicot, cada uno con su propia banda, popularizaron un derivativo del merengue de la región dominicana del Cibão al que llamaron, respectivamente, konpa-dirèk y kadans-ranpa. "Sus respectivos conjuntos se enfrentaron en múltiples ocasiones a través de sus letras y, eventualmente, la competición culminó en un partido de fútbol. El juego terminó en un empate", dice Rebecca Dirksen, profesora del Departamento de Folclor y Etnomusicología de la Universidad de Indiana.
El siglo XX también vio surgir al twoubadou , un sonido más rústico de pequeños conjuntos callejeros y cantantes solistas con guitarras. Quizás ninguno alcanzó la popularidad de Henri Gésner, más conocido como Coupé Cloué, famoso por sus letras de doble sentido. Y para las celebraciones en espacios públicos, la música festiva es el rara . "Es un estilo que, en un comienzo, se daba en Haití cuando había protestas", dice Ralph Jean Baptiste. "Tiene instrumentos específicos, como el tambor haitiano, que es más chico y suena distinto al africano. Suena guau . El rara es puro África".
La música de resistencia
A comienzos de los 60, el duvalierismo subvirtió todas las industrias del país, incluyendo la de la cultura y la música, a su versión totalitaria de lo que debía ser la "nación haitiana". "Muchos músicos apoyaron al Presidente (y a su hijo) e hicieron canciones en su honor", dice Averill. "Los que no, a veces, eran forzados a tocar para eventos gubernamentales y algunos eran reprimidos, censurados y sus instrumentos eran destruidos".
A finales de esa década, los tonton macoutes (una de las fuerzas represivas del régimen) adoptaron el konpa-dirèk como su música preferida y obligaron a sus compositores a alabar a Duvalier y a los propios macoutes . Como respuesta a eso nació el Movimiento Sanba, con referentes como Sanba Zao, Theodore Beaubrun Jr. y Aboudja, seudónimo de Ronald Derenoncourt. "El Movimiento Sanba representó la determinación y el logro de un grupo de jóvenes que dijeron 'no' a la música colonial, mediante la revalorización del legado de nuestros ancestros", cuenta este último.
El Sanba fue el precursor de lo que después se conoció como mizik rasin , un género de fusión que incorporó la instrumentación occidental moderna a los ritmos tradicionales de la isla. Una de sus bandas ícono fue Boukman Eksperyans, cuyo nombre tributaba al sacerdote de vodoun que dirigió la ceremonia que significó el comienzo de la revolución de 1791. En la mayoría de sus letras, los grupos de rasin denunciaban la situación de los campesinos haitianos marginados. "El uso y la fusión de nuestros ritmos y los instrumentos musicales de occidente, con referentes como Bob Marley y otros, nos dieron un nuevo escenario para la expansión de nuestras creaciones", añade Aboudja.
Desde finales de los 80, el rap en créole ha sido una forma dominante en la industria de música popular en Haití y la diáspora haitiana. Uno de los referentes es Wyclef Jean, ex miembro fundador de Fugees y que luego siguió una prolífica carrera como solista. En canciones como "Hold on", Jean les habla a sus compatriotas: "Resiste/Sé fuerte/No importa lo que estés pasando/Sabes que va a estar bien hoy (...)/ Más allá puedo ver la luz del sol / Y si cae la lluvia / No es nada más que un día bendito/ El sol brillará después de que la lluvia se seque".
Los orígenes
En el siglo XVIII, Santo Domingo era la colonia más próspera del Nuevo Mundo, debido a sus exportaciones de azúcar, café, índigo y algodón. Sus grandes ciudades -como Léogâne, San Marcos y Puerto Príncipe- presumían de una opulenta vida operística y los primeros conciertos de música clásica datan de 1740. "Cantantes célebres, músicos y actores venían de París para presentar de todo, desde 'El adivino de la aldea', de Rousseau, hasta 'Orfeo y Eurídice', de Gluck", dice Rebecca Dirksen. "Para completar las orquestas, se les enseñaba a los esclavos a tocar violín, trompeta, corno francés, mandolina y percusión".
La era colonial vio surgir varios bailes, influenciados por la mezcla de tradiciones europeas y africanas. Algunos historiadores plantean que los ritmos haitianos tuvieron mucha injerencia en el desarrollo de las culturas musicales de República Dominicana, Cuba y el estado de Luisiana. "En el período de la colonia, la música bailable europea -específicamente, un estilo de danza francés llamado contredanse - se bailaba por todo Santo Domingo", señala Gage Averill. "Sus versiones sincopadas se convirtieron en un elemento básico de los músicos caribeños que hablaban créole , dominadas por un ritmo llamado cinquillo ".
Entre 1791 y 1804, Haití vivió un proceso revolucionario que lo consagró como el primer país latinoamericano y del Caribe en lograr su independencia. En medio de la rebelión, algunos hacendados, junto con personas de color libres y esclavos abandonaron la isla. Mientras unos se instalaron en Cuba, para expandir los cultivos de azúcar, otros se establecieron en la colonia francesa de Nouvelle Orléans . "Estos ritmos creolizados y formas de canto se difundieron en el este de Cuba, dando vida a prototipos del son rural y, por supuesto, de la contradanza cubana, la que después se simplificó en la danza cubana y el danzón", añade Averill.
En las zonas campesinas, los haitianos bailaban al ritmo de la música vodoun , la que hasta hoy es interpretada en diferentes rituales religiosos. Se dice que hay 101 ritmos de música vodoun -este número es debatible, pero hay muchos ritmos con un número infinito de variaciones- y cada uno se relaciona con alguna zona de África, el continente de origen de la mayoría de su población. Por ejemplo, el petwo lo hace con los ritmos del Congo, el ibo con el pueblo igbo y el wangol con Angola. "Los ritmos son una conexión con alguna parte de África, tal como el contredanse y el minuet hacían lo propio con Europa", dice Paul Austerlitz.
Haití Soundsystem: 10 clásicos de la "Perla de las Antillas"
Michel Mauléart Monton y Oswald Durand - "Choucounne"
Super Jazz des Jeunes - "Denise"
Manno Charlemagne - "Banm yon tilimye"
Micheline Laudun Denis - "Valse aux Étoiles"
Azor - "Gangan Move Tèt O"
Skah Shah - "Renmen"
Coupé Cloué- "Fam'm Kolokinte"
Master Dji - "Sispann"
Boukman Eksperyans - "Kem Pa Sote"
BélO - "Lakou Trankil"
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