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sábado, septiembre 04, 2021

A 200 años del fusilamiento de José Miguel Carrera: El Monte se consagra a su héroe máximo

 

Los 200 años de su muerte ocurrida en Mendoza serán conmemorados con una recreación, además de una visita a la histórica casa de la familia, un concierto y, sobre todo, la inauguración de un espacio donde descansan restos del prócer de la Independencia.

IÑIGO DÍAZ

Misterios irresolutos

“Tras el fusilamiento, Carrera fue decapitado. Su cabeza fue exhibida en la plaza de Mendoza como muestra de escarnio, y su cuerpo fue depositado en una fosa común, donde también estaban los restos de sus hermanos”, relata la chozna de Carrera (nieta en cuarta generación), Ana María Ried.

La historia continúa con la repatriación de esos restos, que hoy descansan en la Catedral, pero en algún momento se pierde el hilo, dice ella: “El cráneo fue custodiado por María Huidobro, quien se lo habría entregado a un arriero de apellido Rojas, que cruzó la cordillera. De pronto el cráneo apareció en El Paico (localidad próxima a El Monte). Hace unos años se realizó en Europa un examen de ADN, que no fue concluyente. El cráneo podría no ser de él, pero la tradición y el culto popular dicen que lo es”.

“Llevo a Dios en el corazón, no en los labios”, le dijo —o le habría dicho— José Miguel Carrera a su confesor en la ciudad de Mendoza, en vísperas de su fusilamiento, el 4 de septiembre de 1821. Fray Benito Lamas lo instó a un arrepentimiento, pero el prócer chileno de la Independencia se mantuvo firme.

Así rememora el episodio final de la vida de su trastatarabuelo Ana María Ried Undurraga. En su rol de presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, también ha sido depositaria de un legado y de una historia que hoy está cumpliendo justos 200 años.

La muerte de Carrera en circunstancias que siguen siendo centro de debates históricos, se conmemora el día de hoy, sobre todo en El Monte, el lugar donde creció y se formó. Desde esa localidad campesina de unos 40 mil habitantes que aún mantiene vestigios de esa época, se celebra su figura en el proceso de emancipación con una serie de actividades.

Por ejemplo, el bicentenario del fusilamiento será recreado al mediodía en la Plaza Independencia de El Monte por un centenar de actores, siguiendo un guion escénico escrito a partir de los testimonios del propio Benito Lamas. “El Monte tiene una identidad muy propia, a partir de la figura de José Miguel Carrera y sus hermanos, Luis, Juan José y Javiera. Se le conoce como el lugar ‘donde nació la patria', porque ahí se gesta el primer ímpetu independentista”, dice Francisco Yávar, director de la Fundación Javiera Carrera.

La fundación busca proyectar ese patrimonio histórico a través de acciones de arte contemporáneo. Es parte de los organizadores de la conmemoración, junto con el municipio de El Monte y el propio instituto que lleva el nombre del prócer. Su sede se encuentra, además, en las dependencias de la Hacienda San Miguel, el monumento histórico Casas de los Carrera, un conjunto del siglo XVIII que hoy también se abrirá al público con aforos controlados.

Los visitantes podrán recorrer sus espacios, jardines y corredores coloniales. Entre ellos destaca el bodegón subterráneo de 250 años de antigüedad y la pileta donde Javiera Carrera confeccionó la primera bandera de la Patria Vieja, según el mito.

En la casa, Los Chinganeros —elenco de cueca estrechamente vinculado a la memoria carrerista— darán un concierto con música de las chinganas. Ese es el lugar donde se cantaba la cueca chilena y donde, han dicho los mismos Chinganeros, “comenzó la conspiración patriota. Las chinganas fueron cuna de la resistencia, hogar para el guerrillero Manuel Rodríguez y lugar de contacto clandestino de los Carrera”.

Un digno descanso

Pero el principal acontecimiento de la conmemoración de este bicentenario tendrá lugar a las 11:00 de la mañana, en la parroquia San Francisco de El Monte, otro monumento histórico. Se trata de la inauguración y bendición del nuevo osario donde descansará el cráneo de Carrera, una vitrina instalada junto al altar de la iglesia, creada por la artista Josefina Guilisasti junto a la arquitecta Josefina González.

“Este proyecto invita a relacionar la dimensión histórica de la figura de Carrera desde un sentido de contemporaneidad, donde los cruces entre patrimonio, arte, saberes y oficios, permiten acceder a nuestra historia desde la vigencia y desde las múltiples lecturas que requiere”, dice Guilisasti.

De 190 x 134 cm, el osario está diseñado en acero y mármol, con bordados, terciopelo y un sistema de iluminación led creado por Pascal Chautard. “Esta obra encargada por la Fundación Javiera Carrera permitirá darles un lugar más digno a los restos del prócer”, cierra Yávar.



La casa patronal, la casa de los inquilinos y el bodegón forman el conjunto monumental del siglo XVIII. Allí opera la Fundación Javiera Carrera. La hacienda estará abierta hoy al público para conocer la historia viva. MAX DONOSO


martes, enero 21, 2014

Los Chinganeros lanzan documental educativo

El Mercurio

"Su Majestad la Cueca , su historia: el canto bicentenario de Chile", investigación de Luis Castro González y Litzi Mantero, se titula el documental pedagógico y cultural que el conjunto-escuela Los Chinganeros (en la foto) presentará en el Museo Casa Colorada el próximo 29 de enero, y en el Centex de Valparaíso, el 19 de febrero. Se proyectará una versión resumida.

lunes, julio 29, 2013

Más de 200 cuecas contarán la historia de José Miguel Carrera

El Mercurio

Al ritmo de la "chilena", cueca nacida en los albores de la Independencia entre Santiago y Valparaíso, asoma una investigación sobre las aventuras del prócer de la Patria Vieja. Está a cargo del descendiente de cantores Luis Castro González.

IÑIGO DÍAZ

Los responsables de esta investigación saben bien que volarán chispas: "Existen más de cien cuecas a Carrera en la historia de la Patria Vieja, y ninguna a O'Higgins", dice Ana María Ried Undurraga, presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera.

Al mismo tiempo, ella, que es chozna de Carrera -nieta en cuarta generación-, celebra el hecho de que las estatuas a ambos próceres de la Independencia, y enfrentados en su posición histórica hasta nuestros días, compartan un mismo espacio en la Plaza de la Ciudadanía.

"La historia de José Miguel Carrera ha sido olvidada y tapada, pero ya es un triunfo que su monumento ecuestre, de 1984 creado por Héctor Román, esté en ese lugar de privilegio. La Alameda lleva el nombre de O'Higgins, y a nosotros nos costó mucho tiempo que la Gran Avenida tuviera el de mi trastatarabuelo", completa Reid Undurraga.

Ese relato acerca del héroe es el que hoy un grupo de investigadores e integrantes del conjunto-escuela de cueca tradicional Los Chinganeros está transportando a un registro, a partir de la recopilación de añosas y épicas cuecas cantadas en los albores de la patria, pero también de la composición de nuevas piezas biográficas. La investigación se convertirá en un libro.

"La historia de Carrera sobrevive a través de la tradición oral. Nunca se escribió en libros, sino que se refugió en el pueblo. Nosotros la conocemos y la vamos a contar a través de cuecas", dice Luis Castro González, investigador, cultor y director de este grupo depositario de la tradición más profunda del canto a la rueda, que hoy, dicen, apenas unos cuantos cultores en Valparaíso -Mascareño, Osvaldo Gajardo, Juan Pou, Elías Zamora- y otros en Santiago, como Luis Hernán Araneda y Carlos Navarro, preservan en tiempos donde nacen y mueren día a día todo tipo de cuecas fusionadas.

Memoria chinganera

Castro González carga una carpeta que hoy contiene unas 150 cuecas, aunque estima que superará los 200 títulos. Además, el libro "Vida y obra de don José Miguel Carrera" irá acompañado de un disco con 30 cuecas tradicionales -o "chilenas", como se les conoció desde el siglo XVIII- interpretadas por Los Chinganeros, con arreglos musicales del arpista Manuel Espinoza.

"La chilena se cantaba en las chinganas, espacios sociales de recreación donde comenzó la conspiración patriota, pues fueron cuna de la resistencia, hogar para el guerrillero Manuel Rodríguez y lugar de contacto clandestino de los Carrera con el erróneamente denominado 'bajo pueblo', como se les llamó históricamente a los rotos chilenos y a las mujeres luchadoras", contextualiza la investigadora Litzi Mantero.

"Carrera defendió la chingana, y después O'Higgins no sólo la clausuró, sino que también prohibió las peleas de gallos, las corridas de toros, los carnavales, y hasta la cueca", dice Ana María Reid Undurraga. "Pero las chinganas siguieron funcionando en Santiago y Valparaíso con el nombre de casas de canto, atendidas por familias que mantenían esas tradiciones populares. Había cantores y músicos, no usaban publicidad, y por eso fueron inadvertidas por la prensa. Allí reinaba la cueca tradicional, la chilena", agrega Mantero. "Es el espíritu del Gallo Carrera, como lo llamaron los rotos en el barrio de La Chimba, por su gallardía y empuje. Es lo que Los Chinganeros vamos a rememorar todos los domingos de agosto por la tarde en Los Leños (Av. Portugal 1288)", cierra Castro González.

domingo, junio 03, 2012

Los Chinganeros celebran sus 70 años



Comunicado de prensa

La Cueca ha permanecido en la Familia González Marabolí por más de doscientos años.  El heredero de esta Tradición es Luis Castro González, Director de Los Chinganeros, agrupación que forma parte de la historia y leyenda del folclore chileno.

La Cueca es poesía, canto, danza y pertenece a toda América.  Su música es número, sonido y sílaba.   Tiene relación con los planetas y perteneció a antiguas civilizaciones como Egipto.  Su estructura está basada en el 6x8, es decir 48 compases que sumados dan 192 sonidos sílaba, al cual pertenecen las diez formas del canto.  Se transmite por cultura oral en familias de la Tradición y su construcción piramidal es un ingenioso juego matemático.

El canto ancestral y melismático de los árabes, el estilo de sacar la voz en la cueca fue introducido por los moros en Andalucía, desde allí transportado en la conquista al Nuevo Mundo, donde se han dado maña los andaluces con panderos gitanos.  A la colonia de Chile tiene que haber llegado mucha gente de las morerías, trayendo la sal y sol de Arabia en sus labios.

Al llegar con los conquistadores a América, a la Cueca se le llamó “Canto a la Daira” (o Canto a la Rueda) y era lo que entonaban los Patriotas a punta de palmo y tañío previo a sus luchas contra la Corona Española… porque la guerra de Bolívar no fue de españoles de España contra españoles de América, sino que de españoles contra los mestizos de este continente.  La Cueca era el Himno Patrio de los Carrerinos y gracias a esos patriotas hoy tenemos este hermoso país llamado Chile.  Don José Miguel Carrera eligió el día 18 de Septiembre para celebrar el sarao presidencial y así se bendijeron las fiestas nacionales, la primera bandera y el escudo chileno, que serían los símbolos divinos de la patria.  El sueño carrerino consistió en que no hubiera linajes, complejos raciales ni diferencias entre indios, negros ni mestizos, sino que fuéramos CHILENOS unidos como una gran familia, porque no hay más nobleza que la valentía ni más patria que las costumbres.  Esos son los valores que defiende la Cueca.

Con el exilio de los Carrera y el asesinato de Manuel Rodríguez, los patriotas fueron perseguidos y la Cueca huyó con ellos a recónditos lugares; la Cueca fue perseguida porque en ella se plasma la historia, que es un arma muy poderosa en manos del pueblo.  La Cueca llegó al campo “castrada” y con el ritmo acelerado de la vitrola fue perdiendo la forma en que la cantaban los antiguos cultores.

Durante la Independencia de los Carrera a la Cueca se le llamó “Chilena” y así se le conoció también en el Perú, donde durante la Guerra del Pacífico  se le denominó “Marinera” en honor a la Escuadra Peruana.

Por ello es que decimos que la Cueca es mucho más antigua en el pueblo que como la presentan los escritores que la han estudiado.  Pablo de Rokha no estuvo equivocado al decir que “José Miguel Carrera, todo de oro y romanticismo señorial, la bailaba en la aurora roja de la Independencia”.  Bajo el patronato de don Diego Portales, el dieciocho de septiembre se convirtió en la fiesta típica del pueblo y el Jefe de Estado bailaba la primera patita, “la Cueca Presidencial”, recibiendo el día diecinueve a los diplomáticos extranjeros.  La Alameda de Las Delicias se llenaba de chinganas o fondas para que el pueblo celebrara la Independencia.

Actualmente muchos relacionan la Cueca con baile, olvidando que la tremenda importancia de los cantores, pues a excepción de la nortina, en la Cueca no hay baile sin canto.  

El conjunto que mantiene vigente la más pura expresión del canto en la Cueca son Los Chinganeros, que actualmente celebran su septuagésimo aniversario. Esta agrupación fue fundada por el investigador, poeta y compositor Fernando González Marabolí a inicios de la década del 40.   Por allá en los años '50, a las fondas del Parque Cousiño (hoy Parque O’Higgins), Los Chinganeros llevaban en sus manos los panderos fabricados por Mario Grondona del cerro Yungay de Valparaíso. La gente se acercaba a los músicos en silencio religioso... hasta que de pronto, sonaban firmes los compases del piano, la batería, repiqueteos de panderos, el rasguear de guitarras y comenzaba la algarabía.

El aporte de Don Fernando González Marabolí a la cultura chilena consiste en más de tres mil cuecas (recopiladas en su familia como también en sus viajes por Chile, asimismo muchas composiciones de su autoría) y cientos de melodías.  Tardó veinte años en escribirse su libro “Chilena o Cueca Tradicional”, que desarrolló junto al musicólogo Samuel Claro Valdés (Ediciones UC); esta publicación es el mayor texto de Cueca escrito hasta hoy, donde se habla de la relación directa que tiene la Cueca con los planetas y las Pirámides de Egipto.  Su estructura perfecta no se compone en pentagrama, sino que numerológicamente.

Fernando González Marabolí fue pilar fundamental en los discos grabados por “Los Centrinos”, “Mesías Lizama” y “Los Chileneros”.  A la luz del fallecimiento de Marabolí, Luis Araneda “El Baucha” mencionó: «Él nos regaló casi todas las cuecas que grabamos en nuestro primer disco (La cueca centrina, 1967).  Salimos nosotros como autores, porque a él no le interesaba figurar, no era interesado para nada en la plata. Entonces nunca las registró. Le gustaba ayudar a otros. Él buscó por todas partes para que nosotros grabáramos.  Se juntó con Héctor Pavez Casanova, don Rubén Nouzeilles [entonces director artístico de Emi-Odeón]. Fernando fue quien más hizo para que nosotros grabáramos. Con él compartí muchos momentos de juventud. Incluso en la pega (Matadero Franklin) fue un sujeto excepcional.  Era un hombre muy educado. Leía mucho. Salíamos a tomar once, íbamos a las piscinas de Peñaflor, de Maipú. Las conversaciones que yo tenía con él eran diferentes a las que yo tenía con cualquier otra persona», recuerda el cantor.

Entre sus integrantes, Los Chinganeros, ha contado con varios de los mejores músicos y cantores de cueca que ha tenido nuestro país: Rafael Andrade “Rafucho”, Luis Araneda “El Baucha”, Luis Téllez Viera, Raúl Lizama “El Perico Chilenero”, Mario Catalán Portilla, Carlos Navarro “El Pollito”, Luis Contreras Reyes “El Burrito” y  Carlos Godoy Araya, quien también fuera unos de los fundadores de este grupo.

Los Chinganeros han sabido mantener vigente el canto puro de la cueca chilena, el mismo que fue sagrado para Los Hermanos Carrera, que se refugió en los barrios populares del Antiguo Santiago (Matadero Franklin, Estación Central, La Vega) y que se cultivó en todo Chile durante la gloriosa época del Salitre.

Actualmente esta histórica agrupación, que investiga las canciones perdidas en el tiempo, cuenta con una nueva formación heredada por familia, dirigida por Luis Castro (sobrino de Fernando González Marabolí), Carlos y Eduardo Godoy, hijos de uno de los grandes cantores de este género, el virtuoso músico Aladín Reyes y por último Jorge Salinas Andrade, sobrino de Rafucho.  A su vez cuenta con una nueva camada de jóvenes que se han interesado por el verdadero arte de la Cueca.  Han sido merecedores de varios premios Fondart y el año pasado fueron nominados como favoritos ganadores al «Copihue de Oro» gracias a su tercera publicación y trabajo discográfico “Por la güeya del Matadero - Memorias de la Cueca Centrina”.

Este legendario conjunto, revive la riqueza de la identidad de barrios y sonidos de un Santiago que se va.  Ser Chinganero es un modo especial de entender y sentir la Cueca… es una forma de vivir.

TALLERES DE CANTO A LA RUEDA EN LA CUECA BRAVA:
Básico: miércoles de 20 a 21 hrs en "LA CHIMENEA"  pasaje Príncipe de Gales N°90 (metro Moneda).
Avanzado: lunes de 20 a 21 hrs en "EL SINDICATO"  calle Maipú N° 424 (metro Quinta Normal).

Próximas tocatas:
*Miércoles 6 junio, 22hr: Café Brasil (Av. Ricardo Cumming 562, metro Cumming).
*Sábado 9 junio, 23hr: Peña del Nano Parra (Ernesto Pinto Lagarrigue 80, Barrio Bellavista).
*Viernes 15 junio, 23hr: Club Matadero (Santa Rosa 2260, 2° piso - esquina Placer).
*Jueves 28 Junio, 19hr: II Festival Afroperuano, Marineras y Cuecas (Cúpula Parque O'Higgins, metro Rondizzoni)

sábado, junio 04, 2011

Libro y disco recuperan el acervo del barrio Matadero Franklin a través de sus cuecas

 
"Por la Güeya del Matadero" Luis Castro, Karen Donoso y Araucaria Rojas Toro, Diseño Cooperativo Autoedición (095727365) $12.000


El Mercurio

Un sobrino músico de Fernando González Marabolí, y dos jóvenes licenciadas en Historia redescubren el legado de los matarifes y su canto gorgotero en "Por la Güeya del Matadero". "En el ámbito de la historia de ciudad hay mucho de La Chimba y de la Estación Central. Pero nada del Matadero", dicen.

Romina de la Sotta Donoso

Ambas conocían bien la fama musical del Matadero, uno de los tres epicentros de la cueca en Santiago, junto con La Vega y la Estación Central. También sabían que la cueca del Matadero es única. Pero las licenciadas en Historia Karen Donoso y Araucaria Rojas desconocían cómo se consolidó esta tradición. Buscaron, sin resultados, referentes historiográficos. Sin embargo, intervino la fortuna.

Como compiladora del libro "Y se va a la primera... Conversaciones sobre la cueca" (2010), Karen Donoso le pidió un artículo a Luis Castro, sobrino de Fernando González Marabolí y cantor y director de Los Chinganeros.

 
Las autoras. Karen Donoso (1983) y Araucaria Rojas (1985). 

"Ahí supe que él quería hacer un libro sobre la historia de la cueca. Le recomendé que fuera por partes, ya que don Fernando (González Marabolí) se había demorado toda su vida en publicar un libro", recuerda Karen Donoso. Se refiere a "Chilena o cueca tradicional de acuerdo con las enseñanzas de don Fernando González Marabolí", de Samuel Claro Valdés.(Descarga legal desde el sitio memoria chilena)

"Don Fernando decía que el único lugar donde se conserva la 'chilena' es el Matadero Franklin", apunta Araucaria Rojas, autora de "Piernal de cueca chora" (2009).

Qué tiene ese barrio que provoca esa forma particular de cantar la cueca, es lo que pretendían averiguar. "Don Fernando partió del Matadero para hacer su teoría musical; nosotros quisimos hacer el recorrido de vuelta", anuncia Donoso.

El resultado es "Por la Güeya del Matadero", libro que incluye un disco con curatoría de Luis Castro. En él, Los Chinganeros interpretan catorce cuecas. Algunas describen el trabajo de los matarifes; otras, las hazañas de personajes mitológicos del barrio. Las demás se refieren a las picadas, los restaurantes y las "casas de niñas" del sector.

"Rescatamos la tradición del Matadero, que es de animar la cueca con los floreos que la adornan y que van llenando los vacíos que quedan en el canto", explica Luis Castro, quien preparó un capítulo sobre la cueca centrina. Además, sumó a la investigación documentos inéditos de González Marabolí.

"En el ámbito de la historia de ciudad hay mucho de La Chimba y de la Estación Central. Pero nada del Matadero", comenta Rojas.

 
Cumbre cuequera Fernando González Marabolí (a la izquierda), quien además de músico e investigador fue matarife, púgil y director del sindicato de matarifes, de jarana con Hernán "Nano" Núñez (a la derecha). Esta cumbre de la cueca del Matadero y la de Estación Central se realizó en el restaurante "Las Tres B", en 1960. 

"Tomamos sus cuecas como una fuente para averiguar qué pasaba con sus habitantes", explica Donoso. "Y además buscamos testimonios. Los cuatro hermanos de don Fernando -Mario, Sergio, Jorge y Flor María- fueron nuestros primeros entrevistados. Seguimos con matarifes y sus hijos. Se nos abrió otro mundo".

Un universo, dicen, que no está marcado a fuego por la criminalidad, a diferencia de la visión que ofrece la literatura, desde "La mala estrella de Perucho González", de Alberto Romero; "Hijuna", de Carlos Sepúlveda Leyton, hasta "Los Matarifes", de Luis Rivano.

"En la literatura y en la historia, el Matadero ha sido significado como la periferia del hampa, del crimen y de lo sucio", denuncia Rojas. "El barrio tiene dos referentes: el Zanjón de la Aguada y la Penitenciaría. En medio está la Población Modelo Huemul, que es el oasis bello e ilustrado, con sus escuelas, teatro y biblioteca".

"Sin embargo", acota Donoso, "para los matarifes tener un hijo matarife es un orgullo, y no un destino fatal, porque el Matadero representa la abundancia".

Así lo consignan los testimonios. "Nos agarrábamos a combos para pagar una cuenta", recuerda un entrevistado. Es que el trabajo era duro, pero bien pagado.

"Éramos más poderosos que los mineros"

El Matadero Municipal de Santiago empezó a funcionar en 1850. Pronto se instalan fruterías y verdulerías en Las Pilastras (Franklin con Arturo Prat), sector cuyos adoquines sobreviven hasta hoy. Con el tiempo surgen cocinerías, picás y "casas de niñas".

 
Frontis original Frontis del Matadero de Santiago en 1909, justo antes de su primera remodelación, que quedó inconclusa. 

En 1910 se construyen dos grandes pabellones de matanza: el de vacunos (Placer con Biobío) y el de cerdos (frente a Plaza Magallanes), que hoy es el Mercado Matadero Franklin.

Como nunca hubo frigoríficos en Franklin, los animales se beneficiaban (sacrificaban) de madrugada. Vestían orgullosos los matarifes sus uniformes, pero a pata pelá , para no ensuciar la sangre que era utilizada en subproductos.

La fortaleza física era necesaria y motivo de orgullo. Los matarifes consumían cuatro "desayunos": caldo de pata a las 2:30 horas, a las 4:00 horas café con sándwich de arrollado; a las 7:00 horas cazuela de ave, y a las 10:00 horas bistec con ensalada.

Se organizaban en cuadrillas que eran lideradas por un maestro; cada una volteab a entre 20 y 90 novillos por jornada. Y los aspirantes a matarifes eran trabajadores "a la aventura", siempre atentos.

Sus regalías (carne) las llevaban a las cocinerías, y brotaban las jaranas , bien regadas.

En los alrededores del Matadero se instalaron restaurantes míticos. Uno de ellos, fundado en 1925 y famoso por su chicha, funciona hasta hoy: "El Manchao" (Chiloé 2042). Las chinganas del siglo XIX van siendo reemplazadas por sitios como el Club Social y Deportivo Comercio Atlético (San Diego 1130), fundado en 1932 y que existe hasta hoy. En 1936 tenía mil socios, salón de baile, teatro e instalaciones de billar, fútbol, ciclismo y atletismo. También sobrevive el "Gremio de abastos" (Nataniel 1910), fundado en 1897, que contaba con una escuela nocturna.

Muchos matarifes practicaban boxeo y, además, toreo. Así lo recuerdan los testigos: los animales se arrancaban de los pabellones, y los matarifes debían lacearlos, ante arengas de todos los vecinos. Los mejores se convirtieron en toreros aclamados en Madrid y Lima.

 
Extenuante jornada laboral En el Matadero se entraba a las 2:30 horas y se trabajaba a pata pelá , para no ensuciar la sangre que se recuperaba, a través de canaletas, para generar otros subproductos.
"En todos los testimonios apareció el sindicato, a quien le atribuyen desde la seguridad social hasta las fiestas. Es raro que en la historia sindical chilena no se mencione. Cuando se conforma el sindicato, en sus estatutos dicen que no permitirán que el Matadero se privatice, porque la elite siempre quiso modernizarlo, y ésa era la manera de hacerlo", comenta Donoso.

Tras varios intentos, en 1971 el Matadero Franklin es reemplazado por Lo Valledor.

"Ya no se trabajará a pata pelá sino con botas de hule, y traje blanco y guantes, en instalaciones limpias, con frigoríficos. Pero también cambia la cultura de los trabajadores; ya no son matarifes sindicalizados, sino que empleados de una industria. Por lo mismo es que muy pocos se fueron a Lo Valledor", agrega.

"Éramos más poderosos que los mineros", declara con nostalgia un ex matarife.

Conciertos y conferencias

Parte de los 500 ejemplares de "Por la Güeya del Matadero" -que contó con un Fondart Regional de Patrimonio Inmaterial- será distribuida en la red de bibliotecas de la Dibam y en Bibliometro. No habrá un lanzamiento, sino varios concierto-conferencias. El itinerario: 30 de junio, en la Biblioteca Nacional; 2 de julio, en el Mercado Matadero Franklin; 12 de julio, en el Campus Oriente UC, y 29 de julio en el Bar Victoria. Horarios en www.facebook.com/cuecacentrina

 
Herederos de González Marabolí Los Chinganeros en el Mercado Matadero Franklin. Cristián Campos (guitarra), Luis Castro (pandero), René Alfaro (pandero), Carlos Godoy (pandero), Rodrigo Pinto (guitarra), Giancarlo Valdebenito (contrabajo), Manuel Espinoza (arpa) y Felipe Bórquez (acordeón). 

Origen arábigo- andaluz de la cueca

"La cueca del Matadero se preserva por el canto a la rueda. Es el mismo canto de origen arábigo-andaluz que llegó en la Conquista y se mantuvo en la Independencia en las galleras de José Miguel Carrera. Por generaciones se preservó en familias de la tradición cuyos descendientes después trabajaron en el Matadero", dice Luis Castro.

En el canto a la rueda, indica, "había entre quince y veinte cantores, que iban llevando el compás con las manos, sin necesidad de instrumentos. En el Matadero le llamaban 'canto a la alta escuela', porque era para formar cantores; ahí se enseñaban las melodías más difíciles y los registros altos".

Este canto, explica, es "un grito melodioso, como el pregón de la calle. La sílaba se va desgranando en pequeños gorgoreos. Los métricos les llaman vibratos, y los más populares le llamamos 'canto del gorgotero'".

Aunque siempre se respetó las melodías, las cuecas eran improvisadas. "Se llamaban 'versos huachos', y cada cantor elegía su verso. No como ahora, que se hace una letra completa para cada cueca".

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