El Mercurio
Perteneciente a un linaje de estos cultores colchagüinos, el cantor, guitarrero y educador pone en relieve la sabiduría y el oficio ancestral con “La voz de los arrieros”.
IÑIGO DÍAZ
Metido muy adentro en la cordillera de San Fernando con sus animales, a unos 60 kilómetros de Puente Negro, Sergio Catalán divisó de pronto a una persona que no tendría que haber estado allí. No era un espejismo ni mucho menos. La corriente del río no les permitía escucharse de un lado a otro, de manera que se comunicaron por escrito: “Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo”.
El papelito de ese contacto con el mundo realizado por Fernando Parrado, uno de los 16 sobrevivientes del accidente aéreo de 1972, subsiste como testimonio de la tragedia. Y también el nombre de Sergio Catalán, arriero fallecido en febrero pasado a los 91 años, permanece como parte de esa historia que hoy recoge en una dimensión mucho más amplia su nieto José Pablo Catalán.
“A mi abuelo siempre lo escuché con una voz muy bajita. A los 16 años lo acompañé a la cordillera a él y a mi padre, también arriero. Lo vi en su territorio, distinto a como se comportaba en el plan. Y ahí mi abuelo sacó una voz tremenda. La misma cordillera la amplificaba”, dice Catalán, cantor, guitarrero, profesor y autor de un disco donde pone en relieve esa sabiduría: “La voz de los arrieros”.
Músico él e ingeniero su hermano menor, el linaje de los arrieros Catalán parece haber llegado a su fin. “Antes eran unas 15 o 20 familias completas de arrieros. Mi padre literalmente nació en la cordillera porque mi abuela no alcanzó a bajar a Puente Negro. Ahora quedan muchos menos”, dice Catalán. “Mi manera de poner en valor ese oficio y darle una vuelta de mano a los arrieros es con canto y música. Es lo menos que puedo hacer”, agrega.
El álbum se centra en esa imaginería, el mundo que se construye en el lento arreo del ganado hacia las praderas de la precordillera, donde entre noviembre y mayo tienen lugar las “veranadas”. Catalán da cuenta de ello en sus canciones. Una es “Arriero ausente”, que describe el momento en que un cultor fallece, sus sombreros quedan colgados, sus aperos en silencio y su oficio detenido. Otra es “En una escoba monta'o”, donde Catalán vuelve a su niñez, cuando jugaba a ser arriero.
Y otra es “La voz de los arrieros”, en la que se escucha a Sergio Catalán y su voz muy gastada por una vida en movimiento entre Puente Negro y las zonas altas, pegando el grito. Allí declama unas décimas de Óscar Castro, mientras José Pablo Catalán simboliza en él al universo de todos los arrieros.
“Los uruguayos vinieron a la ceremonia cuando lo nombraron hijo ilustre de San Fernando, a la Fiesta del Arriero y a su funeral. Lo querían mucho. Fue invitado muchas veces a Uruguay por Parrado, Canessa o Zerbino. En 1973 lo llevaron al estadio Centenario”, cuenta Catalán, y concluye: “Mi abuelo decía que él solo los ayudó como cualquier persona. Hizo lo que tenía que hacer, siguiendo la máxima del campesino: el que más sabe es el que menos habla”.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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miércoles, julio 15, 2020
sábado, septiembre 15, 2018
Un largo Dieciocho musical: cinco días, cinco discos
El Mercurio
Brillan las cuecas y tonadas, pero también boleros, valses, foxtrots y guitarra traspuesta. Aquí, otra panorámica del trabajo de cultores, autores y folcloristas.
IÑIGO DÍAZ
De Patienquincha: meta primera
Equivale a poner la primera en un automóvil. Según algunos, la expresión "de pata en quincha" indica el momento en que un cantor apoya el pie en una quincha, rústica construcción de barro y coligües, lo que le permite estabilizarse, apoyar la guitarra en el muslo y proyectar su voz. Así lo describe Marco Palma, del grupo De Patienquincha. "Cambiamos el sonido de la frase porque queríamos destacar la presencia de Patricia Díaz, la Paty, nuestra cantora", agrega.
Formado por integrantes de El Parcito, Los Dos Maulinos y Los Chinganeros, el conjunto de tres guitarras, contrabajo y voz presentará su primer disco, "Vanidad", bolero de Armando González Malbrán que ellos interpretan como slowfox. "También grabamos el bolero 'No vuelvas más', de José Goles y Carlos Ulloa. El repertorio es amplio, no solo cueca. Hay una tonada de Petronila Orellana, un vals de Derlinda Araya y una mapuchina de Fernando Lecaros. Hicimos un recorrido por la música popular entre los años 30 y 50", apunta Palma.
En vivo: Museo de la Memoria (3 octubre).
De Caramba: Deconstrucción de la cueca
Las búsquedas de esos jóvenes estudiantes de música los llevaron directo a La Viseca, esa picada de calle Exposición que ha sido epicentro de la cueca en Estación Central. "Nos pusimos a rondar y llegamos ahí. Salimos eufóricos con ese folclor plenamente vivo que encontramos", recuerda el baterista Gustavo San Martín, quien desde 2008 integra el cuarteto De Caramba.
Hoy, el grupo que forma junto a Ignacio Andrade (acordeón), Diego Cabello (guitarra) y Daniel Bertín (contrabajo) se ha encaminado desde la tradición hacia una experimentación propia. Su nuevo disco, "Frente a frente", sostiene raíz del seis octavos de la cueca y la tonada, pero abre el campo completamente para un lenguaje propio. "La cueca tiene siempre la misma estructura. Nosotros detectamos en ella subestructuras que eran posibles de modificar: desde lo poético a lo rítmico. Y así lo hicimos", cierra.
En vivo: Club de Huasos Gil Letelier (martes 18).
Andrea Andreu: Temples de acero
Cantora, autora, profesora e investigadora, Andrea Andreu se ha convertido en una nueva referencia alrededor de la guitarra campesina y sus diversas afinaciones. Anoche actuó en Matucana 100, en la "Segunda cumbre de guitarra traspuesta chilena", y por estos días está presentando además su nuevo disco, el resultado de un largo estudio académico que la llevó a cruzar el desierto y la cordillera: "La guitarra y sus temples en Chile, Perú y Argentina".
"Encontré 85 afinaciones. Nueve de ellas que se comparten entre los tres países. En Chile es el único lugar donde a esta guitarra se le llama 'traspuesta'. En Perú y Argentina se le dice 'con temple'", indica Andreu, quien grabó repertorio tradicional de los tres países y unas 15 afinaciones junto al peruano Rolando Carrasco y el argentino, de 79 años, Atilio Reynoso.
En vivo: Fiesta de la Chilenidad de Talagante (mañana).
José Pablo Catalán: La otra guitarra
Siendo niño, el sonido de la guitarra traspuesta que tocaba su abuelo José Miguel Guajardo lo había hechizado. Él mismo aprendió a afinarla "por tercera alta", uno de los trasportes más utilizados en su zona, entre San Fernando y Puente Negro. José Pablo Catalán está presentando un trabajo que regresa a esa tradición oral. "Lo que la guitarra dice" expone una serie de adaptaciones de piezas de raíz a diversos finares: "la españolita", "por la argentina" o "media música".
"No hay canciones mías ni tampoco voces. Está la guitarra sola o acompañada. A veces con Miguel Molina, de Los Dos Maulinos, que toca la 'guitarra derecha' (con afinación regular), por ejemplo en la versión que hicimos del Himno Nacional de Chile", comenta. El repertorio escoge principalmente recopilaciones, algunas de la maestra Margot Loyola -quien hoy cumple 100 años-, otras de Miguel Lastra, de San Fernando, o de los hermanos Morales, de Lolol.
En vivo: Fiesta de la Chilenidad en Quilicura (mañana).
Los Tricolores: Conventillos y remoliendas
Ya tienen categoría de neoclásicos de la cueca tradicional de traje y pañuelo al cuello forjada en la chingana. Los Tricolores aparecieron justo con el resurgimiento de esa música aguerrida, que tuvo lugar a inicios de este siglo al alero de los viejos chileneros. Ya en su primer disco, del año 2003, habían explorado una historia con las "Cuecas de remolienda". Quince años y seis discos después vuelven al campo de batalla con "Viva la fiesta chilena", álbum que se inspira en la vida apretujada de los conventillos, pero también en la vida disipada de esas mismas casas de remolienda.
"Queríamos hacer un disco con temas nuevos, pero rescatando de alguna forma al Dúo Rey-Silva, agrupación chilena que desde los años 50 se transformaron en uno de los cuequeros más renombrados", explica Daniel Pezoa, baterista de Los Tricolores, respecto del repertorio, en el que brillan cuecas, tonadas, valses peruanos y foxtrots.
En vivo: Calama (mañana), Parque O'Higgins (lunes 17).
Brillan las cuecas y tonadas, pero también boleros, valses, foxtrots y guitarra traspuesta. Aquí, otra panorámica del trabajo de cultores, autores y folcloristas.
IÑIGO DÍAZ
De Patienquincha: meta primera
Equivale a poner la primera en un automóvil. Según algunos, la expresión "de pata en quincha" indica el momento en que un cantor apoya el pie en una quincha, rústica construcción de barro y coligües, lo que le permite estabilizarse, apoyar la guitarra en el muslo y proyectar su voz. Así lo describe Marco Palma, del grupo De Patienquincha. "Cambiamos el sonido de la frase porque queríamos destacar la presencia de Patricia Díaz, la Paty, nuestra cantora", agrega.
Formado por integrantes de El Parcito, Los Dos Maulinos y Los Chinganeros, el conjunto de tres guitarras, contrabajo y voz presentará su primer disco, "Vanidad", bolero de Armando González Malbrán que ellos interpretan como slowfox. "También grabamos el bolero 'No vuelvas más', de José Goles y Carlos Ulloa. El repertorio es amplio, no solo cueca. Hay una tonada de Petronila Orellana, un vals de Derlinda Araya y una mapuchina de Fernando Lecaros. Hicimos un recorrido por la música popular entre los años 30 y 50", apunta Palma.
En vivo: Museo de la Memoria (3 octubre).
De Caramba: Deconstrucción de la cueca
Las búsquedas de esos jóvenes estudiantes de música los llevaron directo a La Viseca, esa picada de calle Exposición que ha sido epicentro de la cueca en Estación Central. "Nos pusimos a rondar y llegamos ahí. Salimos eufóricos con ese folclor plenamente vivo que encontramos", recuerda el baterista Gustavo San Martín, quien desde 2008 integra el cuarteto De Caramba.
Hoy, el grupo que forma junto a Ignacio Andrade (acordeón), Diego Cabello (guitarra) y Daniel Bertín (contrabajo) se ha encaminado desde la tradición hacia una experimentación propia. Su nuevo disco, "Frente a frente", sostiene raíz del seis octavos de la cueca y la tonada, pero abre el campo completamente para un lenguaje propio. "La cueca tiene siempre la misma estructura. Nosotros detectamos en ella subestructuras que eran posibles de modificar: desde lo poético a lo rítmico. Y así lo hicimos", cierra.
En vivo: Club de Huasos Gil Letelier (martes 18).
Andrea Andreu: Temples de acero
Cantora, autora, profesora e investigadora, Andrea Andreu se ha convertido en una nueva referencia alrededor de la guitarra campesina y sus diversas afinaciones. Anoche actuó en Matucana 100, en la "Segunda cumbre de guitarra traspuesta chilena", y por estos días está presentando además su nuevo disco, el resultado de un largo estudio académico que la llevó a cruzar el desierto y la cordillera: "La guitarra y sus temples en Chile, Perú y Argentina".
"Encontré 85 afinaciones. Nueve de ellas que se comparten entre los tres países. En Chile es el único lugar donde a esta guitarra se le llama 'traspuesta'. En Perú y Argentina se le dice 'con temple'", indica Andreu, quien grabó repertorio tradicional de los tres países y unas 15 afinaciones junto al peruano Rolando Carrasco y el argentino, de 79 años, Atilio Reynoso.
En vivo: Fiesta de la Chilenidad de Talagante (mañana).
José Pablo Catalán: La otra guitarra
Siendo niño, el sonido de la guitarra traspuesta que tocaba su abuelo José Miguel Guajardo lo había hechizado. Él mismo aprendió a afinarla "por tercera alta", uno de los trasportes más utilizados en su zona, entre San Fernando y Puente Negro. José Pablo Catalán está presentando un trabajo que regresa a esa tradición oral. "Lo que la guitarra dice" expone una serie de adaptaciones de piezas de raíz a diversos finares: "la españolita", "por la argentina" o "media música".
"No hay canciones mías ni tampoco voces. Está la guitarra sola o acompañada. A veces con Miguel Molina, de Los Dos Maulinos, que toca la 'guitarra derecha' (con afinación regular), por ejemplo en la versión que hicimos del Himno Nacional de Chile", comenta. El repertorio escoge principalmente recopilaciones, algunas de la maestra Margot Loyola -quien hoy cumple 100 años-, otras de Miguel Lastra, de San Fernando, o de los hermanos Morales, de Lolol.
En vivo: Fiesta de la Chilenidad en Quilicura (mañana).
Los Tricolores: Conventillos y remoliendas
Ya tienen categoría de neoclásicos de la cueca tradicional de traje y pañuelo al cuello forjada en la chingana. Los Tricolores aparecieron justo con el resurgimiento de esa música aguerrida, que tuvo lugar a inicios de este siglo al alero de los viejos chileneros. Ya en su primer disco, del año 2003, habían explorado una historia con las "Cuecas de remolienda". Quince años y seis discos después vuelven al campo de batalla con "Viva la fiesta chilena", álbum que se inspira en la vida apretujada de los conventillos, pero también en la vida disipada de esas mismas casas de remolienda.
"Queríamos hacer un disco con temas nuevos, pero rescatando de alguna forma al Dúo Rey-Silva, agrupación chilena que desde los años 50 se transformaron en uno de los cuequeros más renombrados", explica Daniel Pezoa, baterista de Los Tricolores, respecto del repertorio, en el que brillan cuecas, tonadas, valses peruanos y foxtrots.
En vivo: Calama (mañana), Parque O'Higgins (lunes 17).
lunes, julio 02, 2012
Un canto a Los Andes: el espíritu en el payador que narra la tragedia de los rugbistas
Radio Bio Bio
Publicado por Javier Cisterna
¿Qué podría tener en común el ‘Milagro de los Andes’, el accidente del vuelo 571 de los rugbistas uruguayos en 1972, con la poesía popular, la paya chilena y la composición folklórica? ¿Alguien osaría esbozar algún claro ante esta interrogante? Es de dudar. Mas, ante la indecisión y el desconcierto, esta vez no cabe abstenerse. Porque sí, hay un lazo entre ambos hechos y se llama José Pablo Catalán.
Profesor de música, profesional de las rimas, trae consigo además de un arsenal de frases para el ‘aro’, una historia genética que sorprende: José Pablo Catalán es nieto de Sergio Catalán, el arriero chileno que se encontró con Fernando Parrado y Roberto Canessa, los sobrevivientes del siniestrado avión charrúa que caminaron por la cordillera hace casi 40 años en busca de la anhelada salvación.
“Trato de pasar desapercibido, pero si alguien me pregunta por el parentesco, respondo ‘Sí señor, yo soy su nieto’, pero no quiero colgarme de ese título que heredé accidentalmente”, asegura en un arrebato de autonomía, pero sin desconocer su raíz. José sabe que carga con un peso histórico, sin embargo lucha porque no se transforme en karma.
¿Cuán importante es la figura de tu abuelo en tu carrera como payador?
“La tradición campesina que heredé de mi padre y de mi abuelo ha sido fundamental a la hora de forjar mi estilo y mi tendencia para escribir o cantar. Yo sostengo que para cantar hay que hacerlo con propiedad o conocimiento de causa (…) De mi abuelo, siempre vestido de huaso, aprendí que cada vez que estoy en un escenario, por humilde que sea, es importante para mí.”
¿Tú condición de ‘nieto de’, te ha ayudado en tu carrera?
“Sin duda que cuando se supo que había un payador que era nieto del arriero, las gestiones se apresuraron. Definitivamente eso ayudó, de otra forma tal vez nunca hubiese llegado a salir de Chile como payador”, esgrime dando cuenta de sus viajes a Uruguay, que ya suman 2: uno como cantor y otro en reencarnación del heroico Catalán.
José Pablo vibra con el folklor y la costumbre campesina, y aunque está al tanto de las dificultades imperantes para difundir las composiciones de esa índole, se rehúsa a abandonarlas. La clave de la subsistencia es la seriedad y la infaltable cuota de suerte, sin ellas no podría haberse abierto camino entre los históricos de la materia.
“Los cantores saben a quién dejan entrar y a quién no. Siempre he tratado de ser muy respetuoso con todos, ellos ven la admiración que le tengo a esta tradición. Eso se ve reflejado en las invitaciones que me hacen a los encuentros de payadores a nivel nacional”, subraya.
¿Qué detonó tu afición a este arte?
“Una carta que leí, en la que los payadores reclamaban a los profesores por el desconocimiento de éstos respecto a la poesía popular. Intenté responder dicha misiva en décimas (estrofa formada por 10 versos octosílabos), aunque vale decir que más que décimas eran ‘pésimas’. Con el tiempo conocí al payador Leonel Sánchez Moya de Rancagua, quien amablemente me corrigió el escrito. Mantuvimos un férreo contacto vía mail y gracias a eso se me fueron abriendo las puertas del selecto grupo de los payadores chilenos”.
Un relato para la memoria
El sanfernandino compositor cuenta que tiene hace años guardada una historia completa en décimas, que narra al dedillo los hechos de la tragedia que hace casi 40 años terminó en proeza. “A lo mejor este es el año de publicarla”, señala al culminar.
En octubre se cumple un nuevo aniversario del accidente aéreo de los rugbistas uruguayos, y en la medida que los años siguen sumando, la gesta adquiere mayor tinte de leyenda.
En la pluma de José Pablo Catalán, poeta popular, descansa el anhelo de que los detalles no decaigan en los vicios de la ficción y conserven su brutal humanidad y sentido social.
Publicado por Javier Cisterna
¿Qué podría tener en común el ‘Milagro de los Andes’, el accidente del vuelo 571 de los rugbistas uruguayos en 1972, con la poesía popular, la paya chilena y la composición folklórica? ¿Alguien osaría esbozar algún claro ante esta interrogante? Es de dudar. Mas, ante la indecisión y el desconcierto, esta vez no cabe abstenerse. Porque sí, hay un lazo entre ambos hechos y se llama José Pablo Catalán.
Profesor de música, profesional de las rimas, trae consigo además de un arsenal de frases para el ‘aro’, una historia genética que sorprende: José Pablo Catalán es nieto de Sergio Catalán, el arriero chileno que se encontró con Fernando Parrado y Roberto Canessa, los sobrevivientes del siniestrado avión charrúa que caminaron por la cordillera hace casi 40 años en busca de la anhelada salvación.
“Trato de pasar desapercibido, pero si alguien me pregunta por el parentesco, respondo ‘Sí señor, yo soy su nieto’, pero no quiero colgarme de ese título que heredé accidentalmente”, asegura en un arrebato de autonomía, pero sin desconocer su raíz. José sabe que carga con un peso histórico, sin embargo lucha porque no se transforme en karma.
¿Cuán importante es la figura de tu abuelo en tu carrera como payador?
“La tradición campesina que heredé de mi padre y de mi abuelo ha sido fundamental a la hora de forjar mi estilo y mi tendencia para escribir o cantar. Yo sostengo que para cantar hay que hacerlo con propiedad o conocimiento de causa (…) De mi abuelo, siempre vestido de huaso, aprendí que cada vez que estoy en un escenario, por humilde que sea, es importante para mí.”
¿Tú condición de ‘nieto de’, te ha ayudado en tu carrera?
“Sin duda que cuando se supo que había un payador que era nieto del arriero, las gestiones se apresuraron. Definitivamente eso ayudó, de otra forma tal vez nunca hubiese llegado a salir de Chile como payador”, esgrime dando cuenta de sus viajes a Uruguay, que ya suman 2: uno como cantor y otro en reencarnación del heroico Catalán.
José Pablo vibra con el folklor y la costumbre campesina, y aunque está al tanto de las dificultades imperantes para difundir las composiciones de esa índole, se rehúsa a abandonarlas. La clave de la subsistencia es la seriedad y la infaltable cuota de suerte, sin ellas no podría haberse abierto camino entre los históricos de la materia.
“Los cantores saben a quién dejan entrar y a quién no. Siempre he tratado de ser muy respetuoso con todos, ellos ven la admiración que le tengo a esta tradición. Eso se ve reflejado en las invitaciones que me hacen a los encuentros de payadores a nivel nacional”, subraya.
¿Qué detonó tu afición a este arte?
“Una carta que leí, en la que los payadores reclamaban a los profesores por el desconocimiento de éstos respecto a la poesía popular. Intenté responder dicha misiva en décimas (estrofa formada por 10 versos octosílabos), aunque vale decir que más que décimas eran ‘pésimas’. Con el tiempo conocí al payador Leonel Sánchez Moya de Rancagua, quien amablemente me corrigió el escrito. Mantuvimos un férreo contacto vía mail y gracias a eso se me fueron abriendo las puertas del selecto grupo de los payadores chilenos”.
Un relato para la memoria
El sanfernandino compositor cuenta que tiene hace años guardada una historia completa en décimas, que narra al dedillo los hechos de la tragedia que hace casi 40 años terminó en proeza. “A lo mejor este es el año de publicarla”, señala al culminar.
En octubre se cumple un nuevo aniversario del accidente aéreo de los rugbistas uruguayos, y en la medida que los años siguen sumando, la gesta adquiere mayor tinte de leyenda.
En la pluma de José Pablo Catalán, poeta popular, descansa el anhelo de que los detalles no decaigan en los vicios de la ficción y conserven su brutal humanidad y sentido social.
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