Mostrando las entradas con la etiqueta Inti illimani. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Inti illimani. Mostrar todas las entradas

domingo, julio 19, 2026

Inti Illimani sigue el camino: “Si estuviéramos viviendo de glorias pasadas, ahí sí deberíamos colgar los botines”

 


La Tercera

El célebre conjunto publica Caminos, un disco que reafirma su vocación de crear y mantiene su interés en explorar sonidos latinoamericanos, incluso con la presencia de Pablo Chill-E y la voz del fallecido Patricio Manns. Jorge y Marcelo Coulon también proyectan el futuro de la agrupación cuando sus integrantes históricos se acercan a los 80 años. “Hay Inti Illimani para mucho rato”.

Por Felipe Retamal. Imágenes de Andrés Pérez.

“Caminos cierra el disco, pero en realidad lo abrió”, comenta Jorge Coulon cuando se refiere a la canción que le da título al nuevo disco de Inti Illimani. En efecto, es la última canción del repertorio, pero fue la primera que el grupo trabajó en su sala de ensayo en La Reina. En realidad, tomaron una idea que venia circulando y la desarrollaron. “En el disco anterior, había una canción que se llama Chile es un camino, un poco de ahí partió -rememora Coulon-. Chile es un camino, pero pucha, todos son caminos, trayectorias”.

La idea de celebrar ese camino, con música, cruzó al nuevo trabajo del célebre conjunto, grabado durante tres semanas en el estudio Santuario Sónico y disponible desde esta semana en las plataformas digitales. “Caminar, caminar, sin volver la vista atrás”, cantan en aquella canción que les sirvió de farol creativo. Un camino que revisita lugares de memoria, ofrece momentos de reflexión y encamina hacia la celebración de los 60 años de vida del grupo que completan César Jara, David Azán, Daniel Cantillana, Christian “Búho” González, Efrén Viera, Juan Flores Luza y Camilo Lema. “Es el camino a los 60 años, es un camino en el sentido de que el conjunto tiene una vía muy larga por delante, aunque tengamos este aniversario que suena como muy rimbombante”, acota Marcelo Coulon.

A pesar de la impronta de los hermanos Coulon, como los nombres históricos del grupo, en realidad, se articulan como un colectivo a la hora de trabajar. “Este es un disco muy colectivo, como la mayoría de los discos de Inti Illimani -explica Jorge Coulon-. Ha habido mucha intervención, mucha colaboración en los arreglos, incluso en los textos, siempre buscar palabras o de repente frases que hacían más sentido de otra manera”.

Esa colaboración es la que les permitió trazar el universo sonoro del disco, en que la exploración por la música latinoamericana, los llevó hacia los rincones del vals peruano, la cumbia, entre otros. De alguna forma, resumiendo los intereses del conjunto. “Una vez que teníamos los 10 temas nos dimos cuenta que no nos faltaba ninguna temática que tocar, cuando uno dibuja un disco va viendo qué puede faltar -detalla Marcelo Coulon-. Nos dimos cuenta de que estábamos pisando en un terreno bien nuestro, haciendo algunas cosas que no son las más típicas del Inti Illimani, buscando cierta sonoridad o ciertos ritmos que van de a poquitito haciéndose parte de nuestro repertorio”.

Ante todo, el Inti no abandona su interés en plasmar una reflexión. Una mirada profundamente humanista, es la que abre el disco con El Fuego de la Memoria, escrita por Daniel Cantillana y con música de David Azán, en una referencia a la esperanza en clave de poesía. “Como un fuego subterráneo que incendia en su rebrotar/desde las mismas raíces hasta lo alto del Tepual/El fuego de la memoria que no dejara de arder/Vieja luz que anunciará el amanecer”, canta el grupo con sus característicos arreglos vocales. A Jorge Coulon la letra le gatilló de inmediato una conexión. “Tengo un amigo que es un filósofo sufí turco con el que tengo una amistad desde hace ya varios años, y el texto me evocó inmediatamente, más que el sufismo, el sufismo es un fuego de la memoria, al Zoroastrismo, la cuna de las religiones monoteístas, donde claro, el símbolo o la ritualidad estaba en conservar un fuego. Y eso hace mucho sentido con la época actual. La gran mística no tiene edad”.

El Inti también se expande hacia la música de vocación bailable, en la animada cumbia Todo en ti, cuyo videoclip fue protagonizado por los actores Katty Kowaleczko y Daniel Alcaíno. Un trabajo delicado, que a su vez, remite a una idea que hay en el conjunto respecto al género ineludible en fiestas universitarias y fondas. Una mirada que ya han plasmado en temas como Sobre tu playa. “Nosotros tenemos una posición al respecto -subrraya Jorge Coulon-. La cumbia chilena dieciochera es un género nacional, pero de alguna manera mira la cumbia desde el punto de vista de la diversión, de la festividad. Pero la impresión que nosotros siempre hemos tenido conociendo de la música colombiana como la hemos conocido durante tantos años, es que hay una elegancia en la cumbia colombiana que de alguna manera se pierde en esta cumbia austral. Como que se nos sueltan las trenzas de la diversión y se pierde una finura y una elegancia que la cumbia tiene. La danza de la cumbia, es súper elegante”.

A tono con la historia del Inti, el disco contiene una reflexión contingente. Escrita en letra y música por David Azán, La Verdad no Obedece, plantea una mirada que podría remitir a Chile como a otros puntos del orbe. “Dicen patria escondiendo la espada, dicen paz invocando la ley/Pero el trigo no crece en la sombra y mi pueblo pueblo se postra en tu rey”, dice la letra, construida con imágenes de clara vocación poética. “Es una canción que tenía que estar presente de esa manera u de otra, pero en ese carril de expresión”, dice Marcelo Coulon. Por su lado, a Jorge Coulon, lo convenció de inmediato. “Yo la recibí con mucha alegría, como que hacía falta algo así -comenta-. Hemos ido derivando a una especie de tibieza general, de no pisar huevos, de no pisar callos, pero en esa deriva se han ido corriendo mucho los cercos también. Yo lo veo mucho como navegar en velero; de repente tienes que cargarte mucho para un lado, porque si no el velero se te da vuelta para el otro”.

También hay espacio para tributar a un viejo amigo del grupo, el fallecido Patricio Manns. En su memoria, Daniel Cantillana escribió La Copa Alzada, un tema de guitarra arpegiada que parece perfilar al cantautor y celebrarlo con un brindis a la eternidad. “No soy yo quien para escribirte un homenaje/Y la verdad es que te debo tanto y más/Siempre tus páginas te vi de los paisajes, de un mundo justo que hoy nos toca imaginar”, dice la letra. Y para remarcar la sorpresa, se oye al mismo Manns recitando un extracto de Sonata Solidaria, pieza compuesta para el film cubano, Cantata de Chile, de Humberto Solás. “Teníamos esa grabación que la hemos usado en más de una ocasión en los conciertos”, apunta Jorge Coulon. “La idea es que no se pierda nada de Patricio Manns”.

Manns también flota en otro momento del álbum. Originalmente, La Tramontana, era un texto del cantautor que nunca se grabó. Empeñados en recuperarla, David Azán, quien fue guitarrista de Manns durante 10 años, intentó reconstruirla a partir de sus recuerdos. Y allí ocurrió una coincidencia. El cantautor italiano Giulio Wilson, quien grabo el disco Agua junto a los Inti en 2023, se llevó a Europa un ejemplar de Cantología, el libro que reúne todo el trabajo en verso del hombre de Arriba en la Cordillera. “Y yo creo que intervino el Pato desde alguna parte, porque Giulio nos comentó ‘esta canción me tiene loco’ -recuerda Jorge Coulon-. Y nos mandó una idea de música. Y resulta que esa música que nos mandó tenía mucho que ver con la que recordaba David”. Ahí terminó de encajar.

Entre los surcos de Caminos, se escucha la voz de otro invitado; el precursor del trap chileno, Pablo Chill-E suena en Abya Yala. Una canción que hace referencia al antiguo nombre con el que algunos pueblos originarios llamaban al continente americano. Se trata de una composición con vocación de himno, que con sus trabajadas armonías vocales podría emparentarse con otros temas del Inti, como Simón Bolívar o América novia mía. El encuentro entre dos universos musicales, a primera vista muy diferentes, se gestó a partir de un encuentro. “El año pasado con Marcelo hicimos un trabajo en el centro cultural Shishigang, que se llamaba Paya y batalla, juntando la improvisación en décima con las batallas de rap. Fue una experiencia extraordinaria, aprendimos muchísimo. Entonces por ese lado teníamos el contacto”, explica Jorge Coulon. Al trapero le acercaron la idea, fue al estudio, escuchó la canción y luego envió su parte. “Hemos tratado de mantener un contacto que no siempre ha sido fácil, porque los prejuicios funcionan para un lado y para otro, digamos. Pero la buena disposición que él mostró inmediatamente, habla muy bien de la posibilidad de no crear mundos incomunicados”, agrega el músico.


-¿Cómo han visto ustedes la irrupción de gente joven que cultiva el interés por la música latinoamericana? De alguna forma, siguiendo lo que han hecho ustedes, o gente como Victor Jara…

Jorge Coulon: Mira, en general nosotros tenemos bastante contacto con juventud, por una parte a través de nuestra actividad con el colegio [NdR: Sol del Illimani] ahí en La Florida, pero también porque se nos acercan muchos cabros a conversar. Bueno, ya hemos vivido suficiente para saber que esta historia se repite cíclicamente, hay cosas que vuelven, cosas de las cuales uno se satura, y después la siguiente generación retoma. Nosotros mismos lo vivimos así, digamos. Entonces yo creo que viene una necesidad de identidad, sobre todo de saber desde dónde conversamos con el mundo. Porque si no, y voy a citar a Albert Camus, el sentido de no pertenencia, el sentido de lo que él llamaba el “de paysament”, el de no ser de ninguna parte, es tremendamente doloroso, especialmente para los jóvenes, que siempre andan buscando de dónde vienen. Entonces yo creo que se viene una generación interesante en ese sentido, nunca se ha interrumpido. Y ahora, por ejemplo, está el caso de este muchacho argentino, el Milo J, que tiene un perfil, una búsqueda …¿si escuché su disco? Sí, me encantó.

Marcelo Coulon: Nosotros crecimos con gente como el Víctor, gente que nos ayudaba a pararnos en el escenario. Entonces es como un deber nuestro que esos eslabones nunca se corten entre los artistas y tenemos que estar muy ligados porque de esa manera crecemos todos.


-Al principio hablaban de esta idea del camino, para el disco. Y uno ve a los Rolling Stones que acaban de sacar disco, a McCartney, es decir, gente alrededor de los 80 años ¿ustedes, que ya se acercan a esa edad, se han preguntado si ese camino continuará o le pondrán un final?

JC: Yo voy a cumplir 80 años el próximo año, entonces no me resulta tan lejano, digamos (rie). Yo creo que uno no se proyecta así, o sea, si me preguntabas hace 20 años atrás yo te habría dicho no, no me imagino a los 80 años. Pero hemos seguido, el grupo ha seguido con una vitalidad extraordinaria. Y si, con Marcelo hemos conversado más de una vez, en algún momento esto se va a terminar, o por propia voluntad o por voluntad divina. Pero es una pregunta que hay que hacerse nomás en el momento. Personalmente, hay cosas que me cuesta más hacer ahora, pero comparado con lo que yo me imaginaba que era llegar a los 80 años, me siento súper bien.

MC: ¡Yo tengo bastante menos que él! Ajaja (ríe) Lo bonito es que esto lo hemos conversado en el grupo muy seriamente, también con su tallita, porque es un tema que es bueno conversarlo. Si por una razón querida o involuntaria ocurre, la pregunta queda más bien al lado de los muchachos ¿quieren seguir? Porque ya no va a haber ninguno de los de antes. Y la respuesta es un sí absoluto porque hay muchas ganas de hacer cosas, muchas ganas. Lo difícil sería si estuviéramos ya viviendo de glorias pasadas, haciendo el mismo repertorio siempre sin creación nueva, ahí es cuando deberíamos todos colgar los botines. Pero este es un disco hecho aquí, en esta sala que tú ves salió todo, desde la primera nota hasta el último de los textos. Con esa fuerza, con esas ganas de hacer, hay Inti Illimani para mucho rato, estemos o no estemos. Eso se decide en el camino.

Mientras, Caminos estará disponible en formato de CD, vinilo y en plataformas digitales. El conjunto además se apresta a lanzarlo de manera oficial con una presentación en el Teatro Caupolicán, el próximo viernes 7 de agosto. Aquel será el punto de partida de una gira nacional, en la que grupo se presentará en Coquimbo, Calama, Arica, Iquique, Rancagua, Buin, Osorno, Puerto Varas, Temuco, Los Ángeles, Valdivia, Punta Arenas, Valparaíso, Chillán y Concepción, para cerrar en diciembre con sendos shows en el Nescafé de las Artes. “Queremos mostrarles todo el disco y que ojalá les guste, como nos gustó a nosotros -dice Marcelo Coulon-. Las puertas están más que abiertas para que esta buena idea que es Inti Illimani, tenga para rato”.





jueves, julio 09, 2020

Inti Illimani desmiente a Baradit por colaboración de Morricone en himno del FPMR: "Es una idiotez"

Bio Bio

Por Emilio Contreras

¿Colaboró realmente Ennio Morricone en la grabación del “Himno del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR)”? La pregunta se instaló en redes sociales esta semana a raíz del fallecimiento del célebre compositor italiano ocurrido este lunes en Roma, pero las dudas abundan.

El rumor se acrecentó con un tweet del escritor Jorge Baradit, en el que relataba una anécdota a raíz del deceso: “Muchos buenos amigos cuicos fueron a ver a Morricone al parque centenario en Vitacura pagando altas sumas. Después me burlaba contándoles que Ennio era comunista y que había prestado su estudio y músicos en Italia para grabar el himno del FPMR”, escribió.

“Me lo recordó un comentario que escuché en la radio, donde contaban que esas entradas se peleaban “a capa y espada”, la reventa fue feroz. Uno de ellos pagó 100 lucas. No poco en esa época”, agregó.

Pero, ¿qué tan verídica es esta historia? Lo cierto, es que la pieza fue escrita y compuesta por el exvocero y uno de los colaboradores más cercanos del FPMR: Patricio Manns, quien grabó el tema con la formación en el exilio de Inti Illimani en el estudio Forum Music Village, propiedad de Morricone, en 1982.

Editado primero como single, fue el lado A de un disco que incluyó en su cara B El cancán del piojo, publicado -entre otros- por el sello Aconcagua. La canción trascendió para los integrantes del grupo armado: otro mito, cuenta que fue esa pieza la que utilizaron como una de las señales sonoras en su atentado a Pinochet en 1986.

De acuerdo a Horacio Salinas, director de Inti Illimani en esa época y ahora líder de Inti Illimani Histórico, la veracidad de la colaboración “es de una lejanía sideral”, resume a BioBioChile.

“No prestó ningún estudio, tiene que haber sido contratado el estudio para grabar, pero eso de ‘colaborar’, es un poquito una idiotez”, agrega. “Decir que lo hizo Morricone es demasiado”, afirmó.

Alejandra Lastra, esposa y principal colaboradora de Manns, recuerda con matices la historia detrás de la canción. “Era el estudio donde grababa Morricone, Inti Illimani y Patricio. Era el estudio más importante que había en Roma”, cuenta.

“Los músicos que acompañaron a Patricio fueron del Inti Illimani, pero es una producción de Patricio ese disco… Él estaba grabando un álbum con el Inti. Estaban todos en Roma, pero nosotros no vivíamos ahí. Grabamos el himno con la ayuda del Inti, que hicieron coros y otras cosas”, recordó la que también fue productora de la canción.

Jorge Coulon, líder de Inti Illimani (agrupación que montó junto a Baradit el espectáculo de música e historia “Siempre”, en 2019), y quien también estuvo en dicha sesión, constata el hecho. “El lugar donde se grabó es verdad, en el estudio de Morricone. Nosotros lo arrendábamos, pero no tenía nada que ver con el himno”, rememora en diálogo con BioBioChile.

“Era suyo, donde grababa la música de sus películas, donde nosotros grabamos muchísimo tiempo”, recuerda sobre la estadía de la banda en el inmueble, construido en las inmediaciones de la Iglesia Sagrado Corazón de María, y que se prolongó alrededor de diez años.

Sin embargo, el músico aclara: “Morricone no tuvo nada que ver con el himno, ni se enteró siquiera que lo habíamos grabado”. De hecho, ni siquiera estuvo presente en la grabación.

“Muchas veces asistimos a grabaciones de artistas, pero él no estuvo ahí. La parte mitológica, es que él prestó el estudio, pero no fue así. Pasa que todo lo que grabábamos (en Roma), lo hicimos ahí”, explica.

Y de pasada, desmiente otro mito del compositor italiano: “Lo otro que no es cierto, es que él fue comunista”. La leyenda, cuenta que fue esta afiliación política la que lo marginó de los premios Óscar durante tantos años: recién en 2006 recibió el Óscar Honorífico.

“No habría sido raro que lo fuera, Raffaella Carrá por ejemplo… Era de lo más normal serlo, pero él no era comunista: era independiente”, aclara.

Alejandra Lastra, por su parte, aporta otro matiz a la historia: “Que Morriccone se haya entusiasmado con la idea de que se estaba grabando el himno del Frente (en su estudio), es totalmente factible, pero eso no quiere decir que haya estado ahí”.


martes, noviembre 20, 2018

Danko Ulloa, productor de Inti Illimani y de "Daniel Muñoz y los Marujos" fallece tras accidente

La Cuarta

Accidente a las 3.10 de la madrugada en el kilómetro 82 de la ruta 5 Sur, terminó con la vida del productor Danko Ulloa. Hoy será velado en “La Hormiguita”.  El actor no resultó herido porque iba en otra van.

Por Luis Escares

Daniel Muñoz y los Marujos venían de tocar en la muestra de cultura y vino de San Javier, cuando a las tres con 10 minutos de la madrugada de ayer con su minibus colisionaron por alcance a un camión estanque destinado al transporte de cloruro ferrico, en la pista oriente del kilómetro 82 de la ruta 5 Sur, cerca de Rancagua, según reporta el parte policial del accidente.

En el choque Danko Ulloa, asistente de producción de la agrupación, resultó con muerte cerebral y falleció horas más tarde en el Hospital Regional de Rancagua, donde fueron derivados los 14 ocupantes de la van, con heridas de diversa consideración, pero fuera de riesgo vital. Hoy se entregarán sus restos, ya que era donante de órganos y será velado en “La Hormiguita” de Santiago. Muñoz, en tanto, no participó del choque porque iba en otra van.

Rodrigo Agüero, productor de la banda, contó que “se investiga el accidente, el conductor está con un shock nervioso, es un chofer muy responsable, hace años trabaja con nosotros. No entendemos bien qué pasó”.

Agüero añadió: “Compartimos algunos técnicos con los Inti, uno de los heridos más complicados es un sonidista antiguo del grupo, el Talo, tiene riesgo de perder su ojo. Entonces, ahí está luchando”.

Daniel Muñoz no se refirió al tema, pero la agrupación sí lo hizo por medio de un comunicado. “Queremos agradecer infinitamente las innumerables muestras de cariño y preocupación que hemos recibido, y que nos ayudan a mitigar este doloroso momento que estamos pasando como banda y que también ha afectado a parte del equipo técnico de nuestros grandes amigos del Inti Illimani”.

Inti Illimani lamentó la partida de su integrante, afirmando que “lo despediremos como lo merece, como el gran hombre que fue”.

Personalidades del mundo político se manifestaron tras la partida de Ulloa. La diputada Carmen Hertz (PC) afirmó que Danko fue un “luchador incansable contra la impunidad, destacado activista cultural”, mientras el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, se unió al “honor y gloria” de Hertz.

Danko Ulloa será velado este lunes en “La Hormiguita” de Santiago.

domingo, noviembre 18, 2018

Productor de Inti-Illimani terminó con muerte cerebral luego de un accidente automovilístico

El Desconcierto

Danko Ulloa quedó en estado grave luego de que el vehículo donde viajaba con parte de la banda de Daniel Muñoz sufriera un accidente en el ByPass Rancagua.

El productor de Inti-Illimani, Danko Ulloa, terminó con muerte cerebral luego del accidente automovilístico que sufrió durante la madrugada mientras viajaba con la banda de Daniel Muñoz.

El militante del Partido Comunista fue trasladado junto con las otras víctimas al Hospital Regional de Rancagua donde se determinó que su condición estaba fuera de alcance quirúrgico.

El accidente ocurrió en el ByPass Rancagua del kilómetro 82 de la Ruta 5 Sur y dejó heridos a parte de la banda y su staff técnico. El actor Daniel Muñoz, por su parte, viajaba en otro auto por lo cual está ileso.

Inti-Illimani sacó una declaración donde dio a conocer lo ocurrido.”Parte de nuestro staff técnico ha tenido un grave accidente en horas de la madrugada, mientras viajaban de regreso a Santiago luego de un concierto con un grupo amigo”, señalaron.

Además de esto, la agrupación anunció la suspensión de su show programado para este 18 de noviembre en el Teatro CorpArtes.

“Acompañamos a nuestros queridos técnicos y sus familias en estos complicados momentos, esperando de corazón que todos logren recuperarse satisfactoriamente”, concluyeron.

Inti Illimani Suspende Concierto de este 18 de Noviembre en CopArtes

Comunicado de prensa

Informamos que nuestro concierto de hoy, 18 de noviembre en Teatro CorpArtes ha sido SUSPENDIDO debido a que parte de nuestro Staff Técnico ha tenido un grave accidente en horas de la madrugada, mientras viajaban de regreso a Santiago, luego de un concierto con un grupo amigo.

Lamentamos los inconvenientes que esto pueda ocasionar. Avisaremos en forma oportuna respecto de la nueva fecha y la devolución de entradas.

Acompañamos a nuestros queridos técnicos y sus familias en estos complicados momentos, esperando de corazón que todos logren recuperarse satisfactoriamente.

INTI-ILLIMANI

jueves, agosto 30, 2018

"Biografías" la gira que reúne a Isabel Parra e Inti Illimani en concierto por Chile



Comunicado de prensa

Después de dos concurridas presentaciones en Linares y Curicó los músicos preparan detalles para continuar un viaje que los llevará por diversos escenarios del país.

Se trata de un show único, que celebra los 50 años de Inti Illimani y homenajea la obra y carrera de Isabel Parra.

Con la finalidad de acercar la música a distintos rincones de Chile es que Isabel Parra e Inti Illimani recorrerán algunos de los escenarios más importantes del país presentando “Biografías”, un concierto con todo el virtuosismo de quienes son parte de la historia de la música chilena.

La gira, que fue inaugurada con dos presentaciones en Linares y Curicó, continúa su camino por la sexta región para presentar un concierto el sábado 08 de septiembre a las 20:30 hrs. en el Teatro Regional de Rancagua, para luego dar paso a las fechas programadas en Valparaíso y Santiago.

En esta ocasión interpretarán los temas más destacados de la cantautora, con nuevos arreglos musicales que la agrupación realizó especialmente para esta oportunidad. Además, presentarán algunos temas de la Cantata “Canto por una Semilla”, álbum basado en las décimas de Violeta Parra, que Isabel e Inti-Illimani grabaron en 1978.

“Este es un homenaje a la carrera y obra de Isabel Parra y una celebración de los 50 años de Inti-Illimani, pero sobre todo, es un reconocimiento a la música chilena y al salto enorme que ha tenido en las últimas décadas, en las cuales se ha posicionado en el mundo entero como una propuesta interesante y novedosa”, explica Jorge Coulon, líder de Inti-Illimani.

Se trata sin dudas de una gira única en cuanto a su esencia musical, que cuenta con todo el sentimiento de un tiempo pasado, pero completamente actual y pensado en el mañana. En él, sus protagonistas harán gala de sus historias musicales, que se entrelazan desde el comienzo de sus carreras, donde han colaborado en conciertos, giras y grabaciones.   

El nombre de la gira fue tomado del término griego bios (“vida”) y graphein (“escribir”), es decir una narración que resume los principales hechos de la vida de una persona. En esta línea entonces, es que Isabel Parra e Inti-Illimani harán un repaso por sus historias, marcadas desde siempre por la música.

Isabel Parra es una de las grandes exponentes de los ritmos populares chilenos y latinoamericanos. Hija de Violeta Parra, ha dedicado su vida al folclore de las formas poéticas y musicales propias de nuestra tierra, formando una destacada discografía como solista y transformándose en la más destacada figura femenina de la Nueva Canción Chilena. Este año, la cantautora postula al Premio Nacional de Música, moción que Inti-Illimani apoya plenamente.

Por su parte, Inti-Illimani comenzó su carrera en 1967 como un grupo de estudiantes unidos por sus intereses e ideales. Desde entonces son parte fundamental de la música chilena, que se ha mantenido en el tiempo y traspasado generaciones. En 2017 la agrupación celebró el aniversario de sus 50 años y la conmemoración de los 100 años de la Violeta Parra, realizando un homenaje en su gira “El Canto de Todos”, donde entregaron un nuevo sonido a las composiciones de la gran artista nacional.   

“Biografías” será una gira imperdible que contará con lo mejor de estos dos grandes de la música, quienes han dejado huella en la historia artística chilena.

Fechas de la gira “Biografías”:

- Teatro Regional de Rancagua - 08 de agosto - 20:30 horas
Valores de las entradas $14.000, $20.000, $28.000 y $36.000, a la venta a través de Ticketpro (más cargos por servicio).

- Teatro Municipal de Valparaíso - 31 de octubre - 20:30 horas
Valores de las entradas $6.000, $15.000, $20.000, $25.000 y $30.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio).

- Teatro Corpartes, Santiago - 18 de noviembre - 20:30 horas
Valores de las entradas $12.000, $20.000, $28.000, $32.000 y $37.000, a la venta a través del sistema Ticketek (más cargos por servicio). 

jueves, enero 19, 2017

Pancho Amat, músico cubano: «Yo empecé en Chile»

Facebook Marisol García

Le llaman el «tresero mayor», porque es hoy uno de los músicos cubanos más requeridos para colaboraciones internacionales, en todo tipo de géneros. El talento superlativo de Pancho Amat sobre el tres no es sólo técnica: es apego a la tradición, amor por la búsqueda sonora y disposición a encantar con ese conocimiento a la audiencia que tenga enfrente. Es Premio Nacional de la Música; «¡y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba!», dice con cierto pudor. En su segunda visita —invitado este mes a los conciertos de Inti-Illimani Histórico—, Amat se reencuentra con una vieja memoria de privilegio, forjada hace cuarenta y cinco años junto a muchos de los protagonistas de la Nueva Canción Chilena: «Yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé».
Por  Marisol Garcia Correa

Cuando, en 1971, Pancho Amat vino a Chile por primera vez no tenía cómo saber que esos pasos que daba como estudiante en gira de intercambio cultural iban a ser tan significativos en su vida. Para siempre, y por al menos dos razones.

La primera, más amplia, es que fue una visita que le permitió estar al centro de un movimiento musical todavía bullante, como lo era entonces la Nueva Canción Chilena. Amat era un extranjero de 20 años que se topaba en ensayos con Inti-Illimani, recibía lecciones musicales de Quilapayún, iba a un estudio y conversaba con Luis Advis… incluso llegó a grabar junto a Víctor Jara («la primera vez que entré a grabar a un estudio fue con Víctor», asegura).

La segunda razón, más personal, es cómo ese primer enfrentamiento con la canción chilena de entonces lo marcó como auditor y músico.

«Yo empecé en Chile»,  dice ahora, categórico, una de las figuras más importantes para la actual música cubana; hombre de viajes incesantes, de encargos constantes desde todo el mundo, de premios y de grabaciones sin pausa. Fundador del grupo Manguaré y luego director del proyecto Cabildo del Son, Pancho Amat está en los créditos de discos de Silvio Rodríguez, Ry Cooder, Oscar D'León, Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Santiago Auserón. Es, para el mundo musical, «el tresero mayor»: el hombre que más sabe, mejor toca y a más alto vuelo ha llevado ese cordófono nacido en las zonas rurales de Cuba, tensado con tres órdenes de cuerdas dobles, y capaz de un sonido preciso y envolvente.

Pancho Amat conoció Santiago como un estudiante de Pedagogía sin aspiraciones musicales de alto rango, y vuelve ahora, cuarenta y cinco años más tarde, convertido en una figura con una poderosa historia a cuestas. Permanecerá todo enero en el país, acompañando a Inti-Ilimani Histórico en la primera parte de su gira de verano en celebración por sus cincuenta años.

«Ahora que estoy junto a Inti-Ililmani choco con mi primera experiencia como músico profesional, la de 1971 en Chile», dice Amat con una voz cálida en una conversación matinal tranquila en un departamento de Ñuñoa. Nadie más nos escucha: no hay necesidad de complacer con palabras de extranjero halagador:

—Fue una visita muy bonita y vibrante para mí, porque yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé. Hasta entonces, yo tenía el sueño de ser músico, pero no se me había dado la posibilidad. Aunque tú ya sabes: la cabra tira pa’l monte.

Llegó entonces a Santiago como parte de un conjunto de seis integrantes, y luego de una invitación hecha en La Habana por Quilapayún. Habían sido, simplemente, «El grupo de Pedagogía», por su vínculo como estudiantes en la universidad, pero ya luego serían Manguaré. Interpretaban música tradicional cubana, y comenzaban a interesarse por la raíz latinoamericana y la emergente Nueva Trova. Escuchar por primera vez a Quilapayún los impactó:
—Fue una sorpresa chocar con aquella música que entonces en Cuba no se conocía. Escuchar quenas, charangos… ese trabajo vocal. Nos entusiasmó mucho la idea de seguir en contacto con ellos, y Eduardo Carrasco se ofreció a recibirnos en Santiago y trabajar en las lecciones que pudieran ayudarnos como conjunto.

Una de las primeras versiones que montaron con una canción chilena fue “A mi viejo profesor”, del Trío Lonqui. Eran estudiantes de Pedagogía asomándose a nuevos sonidos y temáticas.

—Hablas de lecciones importantes en Santiago. ¿Cuáles y con quiénes, exactamente?
—En un primer momento, con Quilapayún. Eduardo Carrasco nos enseñaba la quena, y con Hernán Gómez aprendí charango. Willy Oddó me enseñó sobre guitarra sudamericana (más rasgueada que la nuestra), y me decía algo que nunca olvidé: «¡Mírame!». Con eso quería decirme que no basta con escuchar a un músico, que al mirarlo captas cosas fundamentales que no hay cómo enseñar. Al instrumento hay que sentirlo, hay que entenderlo. Y si estás tocando con alguien, es importante que te conviertas en su cómplice. No basta con que te pares ahí, y toques; tienes que vibrar con él.

»Los Inti-Illimani eran muy jóvenes, no tocaban cómo lo hacen ahora, pero estaban llenos de curiosidad. Ernesto Pérez de Arce me enseñó a construir las quenas [sonríe]. Además, junto a ellos viví una anécdota que fue muy importante para mi aprendizaje. Estábamos juntos en un ensayo, y llegó el maestro Lucho Advis. Él había hecho para el grupo unos arreglos de orquestaciones para unas canciones de Violeta Parra [para el disco Autores chilenos, publicado por Dicap]. Me pareció que tenía una imaginación muy grande para darle forma a la música, agregar elementos, introducir nuevas armonías. Y además, él hacía algo con el cambio de tono que me llamó muchísimo la atención.

Normalmente, los tocadores de bolero lo que hacemos es que, cuando cambiamos de tono, preparamos el camino para que el cantante se enganche. Pero aquí no había nada de eso. Él iba de aquí para allá como si fuese muy fácil… y sonaba muy lógico.

»Entonces yo voy y le pregunto: “Maestro, en tal canción usted hace un cambio de tono que a mí me resulta interesante, muy diferente a lo que yo conozco. ¿Cómo lo hace usted? ¿De dónde saca usted ese criterio?”. Y él me contesta: "Yo no".
—¿Cómo “no”?
—Yo no: Brahms, Cuarta Sinfonía.
»El mensaje estaba dicho: estudia. Entonces, con el maestro Advis aprendí que no tiene por qué haber divorcio entre lo culto y lo popular. Y llegué a Cuba e inmediatamente me matriculé en un Conservatorio para estudiar guitarra clásica. Más tarde hice posgrados de composición.

—¿Y Víctor Jara?
—Víctor Jara nos enseñaba la proyección escénica, porque tú sabes que él venía del teatro. Sus consejos eran qué decir para presentar la canción, dónde tienes que ponerte de pie, lo importante de estar concentrado sobre el escenario. Porque llegar al público es responsabilidad del artista, eso lo aprendí también aquí.

—También grabaste con él.
—La primera vez que entré a un estudio de grabación fue con Víctor Jara. Porque Víctor hacía entonces la música para los entreprogramas del canal 7, ésos donde salía un Perrito. Y entonces yo llevaba el tres, el bongó; a veces tocaba charango, quena. Recuerdo que en una ocasión él llevó un arpista al estudio, y aprendí sobre ese instrumento en el folclor chileno. Víctor era alguien que no necesitaba explicarte todas las cosas. Él predicaba con el ejemplo.

»Hicimos una gira al norte: La Serena, Copiapó, Antofagastsa, Chuqui, una salitrera que ya estaba casi abandonada, a Concepción y a Lota. Los mineros nos decían: "¿Cuba? Qué duro que debe ser el trabajo de la caña...", y nosotros les respondíamos: "Sí, pero al menos sabes que no te va a caer el cielo encima". Porque la mina sí que es peligrosa.

—Todo lo que cuentas coincide con otra de las marcas que ha tenido tu trabajo, que es el de la colaboración. Tienes tus grupos, tienes tus discos, pero también estás en los discos de muchísima otra gente.
—La capacidad de adaptarse a otros estilos: eso es lo enriquecedor. Trabajar con otras personas te empieza a quitar el polvo, porque en la medida que tú haces tu música, y sigues en lo mismo, sin salir, te empiezas a empolvar. Las colaboraciones te permiten ir renovando tu sonoridad. Y además te dan ilusión de vivir, porque si no uno piensa que todo está hecho, hasta ahí llegaste.

—Te has convertido en algo así como un promotor internacional del tres. A tu condición de música sumas algo cercano a lo pedagógico, desde el escenario y las entrevistas.
—Yo me siento muy honrado con que a mí en 2010 me dieron el Premio Nacional de la Música. ¡Y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba! Si fuese por tocar bien un instrumento, creo que merecería un premio después de tocar quinientos años. Por eso creo que el premio vino por lo que he hecho con la difusión del tres, que hoy ya es considerado como el cordófono nacional. Tiene hasta un monumento en Santiago de Cuba. Pero no todos los cubanos saben lo que el tres. Entonces, cada vez que se da la oportunidad trato de que el público entienda qué es el instrumento… para que lo ame. Para que vea todo lo que se puede lograr con él y la estatura que tiene.

»Y, te soy sincero, no me lo propuse. Cuando me interesé en el tres, en el año ‘73, me di cuenta de que a ninguno de los músicos alrededor mío les interesaba. Tuve que buscar todas las cosas antiguas que estaban grabadas por ahí, ir a músicos más viejos, llegar por supuesto a Arsenio Rodríguez, quien llegó a ser dueño y señor de ese sonido en los años cincuenta, radicado en Estados Unidos. Poco a poco, los músicos que querían hacer una referencia al aquel sonido antiguo de la trova tradicional me fueron convocando. Sucedió con Silvio [Rodríguez], con Pablo [Milanés], con Sara González. El tres les daba otro color a sus discos y conciertos. Y luego comenzaron a invitarme los viejos soneros. Eso me estimulaba. El tres dejó de ser visto como un instrumento acompañante, y se entendió que podía tener un lugar protagónico. Empezó a aparecer en los festivales de jazz; incluso en conciertos de música clásica. Y en torno a mí se dio todo este fenómeno que, te seré franco, fue espontáneo.

Pancho Amat estará hasta fines de enero en Chile, apoyando las presentaciones de Inti-Illimani Histórico (con quienes ya estuvo hace unos meses en el estudio Abdala de La Habana durante la grabación del disco Fiesta).

—Es un grupo que me gusta porque no ha abandonado su concepto inicial pero mira cómo su música se ha ampliado. Eso significa que han tenido que crecer. De otro modo, estaríamos aplaudiendo su obra, pero en pasado... como si fuesen los Beethoven de la Nueva Canción Chilena [sonríe]. Los grupos deben avanzar desde aquello que los ha ubicado en la atención del público. Cada historia es diferente, pero en general esa exigencia es fundamental. Mirar atrás, saber de dónde vienes, y entonces puedes saber mejor a dónde vas, y entonces avanzar.

—Pensé que hablaríamos sobre todo de música cubana. Pero la música chilena está mucho más presente en tu trabajo de lo que uno pensaría.
—Claro. El proceso de aprendizaje que tuve acá, de la manera en que se hizo, a mí me marcó mucho. Son consejos que me sirvieron para toda la vida. Por ejemplo, yo estuve dos años dando clases de tres en el Conservatorio de La Habana, y recordaba eso de aprender mirando. Una cosa es tocar lo que está en el papel, y otra cosa es la salecita que le pone el pueblo. Para mostrar cómo quiere que se toque una obra, un compositor no puede anotar hasta la saciedad en la partitura detalles sobre gente, época, estilos por regiones… hay cosas que no caben en el papel: hay que verlas, hay que oírlas. Y eso es algo que yo aprendí aquí en Chile: salir y ver en directo cómo se hace la música. Que la música es más tronco que ramas.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para escuchar Grabaciones registradas en Chile les sugerimos visitar este Link del Blog Discoteca Nacional Chile

miércoles, enero 18, 2017

Inti-Illimani salta a la pista de baile

La Tercera

La facción histórica del conjunto lanza esta semana Fiesta, el primer álbum bailable de su carrera y que grabaron el año pasado en La Habana. Un festejo justificado: este 2017, cumplen medio siglo desde su formación.

por Claudio Vergara

La historia dirá que 2016 emparentó a Barack Obama, The Rolling Stones e Inti - Illimani. Los tres pasaron por La Habana en una era definitiva para Cuba -la visita del presidente estadounidense, la reapertura al mundo, la muerte de Fidel Castro-, pero bajo propósitos muy dispares. En el caso de los chilenos, la travesía fue personal.

“Lo que decidimos fue festejar nuestros 50 años, que se cumplen este 2017, con un disco con mucha energía. Un álbum enteramente bailable, algo que nunca habíamos hecho, algo que haga a la gente saltar de su silla. Entonces, tomamos música de distintas épocas y vimos que gran parte de ella venía del Caribe. Y ahí pensamos en viajar a la capital del mundo donde esta clase de sonidos funcionan de manera espléndida”, narra Horacio Salinas, director, compositor y guitarrista de la facción histórica del conjunto, en torno a la cuna de Fiesta, la producción de título oportuno que llegó esta semana a las disquerías locales.

Y la misma que en junio pasado se registró durante 15 días en Abdala, los cotizados estudios que pertenecieron a Silvio Rodríguez y que hoy son propiedad del Ministerio de Cultura de la isla. Ahí, el grupo, que entre otros completan Horacio Durán y José Seves, se encerró para transformar con nuevos arreglos composiciones ya conocidas de su equipaje -Mulata, La fiesta de San Benito, Medianoche, todas reforzadas con bronces y percusiones, ganándole espacio al charango- junto a clásicos cubanos como la cumbia La negra Tomasa.

Salinas, cuyo último paso por Cuba al frente del grupo fue en 1985 para el festival de Varadero, continúa: “Estuvimos mucho tiempo encerrados en el estudio, porque esta ciudad te permite eso: descansar de esa manía contemporánea de estar conectados a internet. Te conectas una vez al día y el resto puedes hablar con la gente. Grabamos con varios músicos de allá”. Durán agrega: “Cuba nos toca el alma, porque es parte constitutiva de los cambios que siempre hemos soñado”.

Los renovados vínculos con el Caribe también reactivaron lazos más privados. Para Fiesta, el conjunto invitó a Francisco “Pancho” Amat, tresista cubano y uno de los instrumentistas más reputados de su país, de profunda cercanía con Víctor Jara y con los propios Inti desde los 70, cuando Fidel Castro lo envió en una comisión a investigar la música del fin del mundo. También hay amistades consumadas en los años recientes, como la intérprete peruana Eva Ayllón y el cantaor español Diego el Cigala, ambos protagonistas del juego de voces de Un son para Portinari.

En lo inmediato, la agrupación está en una gira que festeja su medio siglo, con fechas hasta febrero en distintos puntos del país. “Para nosotros, los 50 años que han pasado son el presente, porque aún nos nutrimos de nuestros inicios. La verdad, nada es pasado”, remata Durán.

jueves, septiembre 08, 2016

Corte de Apelaciones falló en contra de Jorge Coulon por uso de canciones de Inti Illimani



Bio Bio

La Corte de Apelaciones de Santiago rechazó durante la jornada de ayer el recurso de protección presentado por el músico de Inti Illimani Jorge Coulon en contra de la decisión de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), que lo sancionó con una censura por escrito.

La medida hace alusión a una censura que la SCD interpuso contra Coulon por no respetar un acuerdo referido a no interpretar canciones compuestas por Horacio Salinas, José Seves (ambos ex Inti Illimani, hoy Inti Illimani Histórico) y Patricio Manns.

El fallo, que fue reproducido en la web del Poder Judicial, dice: “En fallo unánime (causa rol 93197-2016), la Sexta Sala del tribunal de alzada –integrada por los ministros Leopoldo Llanos, Elsa Barrientos y la abogada (i) Claudia Chaimovich– rechazó la acción cautelar presentada por el artista en contra de la medida que sancionó por no respetar acuerdo de no interpretar composiciones de Horacio Salinas, José Seves y Patricio Manns, en el marco de disputa sobre el uso de la marca comercial Inti Illimani“.

En definitiva, el fallo del tribunal de alzada descartó una supuesta infracción a la ley en el actuar de la Comisión de Disciplina de la SCD, que a su vez interpuso la censura.

El documento del fallo señala que Coulón recibió vía correo electrónico “una nota escrita por el abogado de don Horacio Salinas Álvarez, quien perteneció al grupo Inti Illimani hasta el año 2001 cuando renunció voluntariamente al grupo y con quien mantienen una disputa respecto al uso de la marca comercial Inti Illimani. En dicha nota, se le informaba la prohibición para él o cualquier integrante del grupo, de interpretar cualquiera de las obras musicales que fueran de autoría de don Horacio Salinas, don José Seves y don Patricio Manns“.

Luego, el documento narra: “Posteriormente, recibió junto a su hermano una invitación de la Comisión de Disciplina de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, de la que es asociado, para conversar acerca de un reclamo presentado en contra suya y de sus compañeros de grupo por una supuesta vulneración a la prohibición antes señalada, hecho que habría ocurrido el 22 de septiembre del año 2014 en el Parque Inés de Suárez en la comuna de Providencia. Refiere haber acudido a dicha entrevista, en la cual se le informó de la prohibición sin tener más noticias al respecto y sin que ninguno de los miembros del conjunto fuera citado a declarar“.

Según lo que indica Inti Illimani Histórico sobre el origen de este fallo "La marca Inti Illimani pertenece legalmente a seis personas. Jorge Coulon en medio del arbitraje y subrepticiamente inscribió a su nombre la marca en EEUU y Europa.
Con el propósito de impedir y obstaculizar el trabajo de nuestro Inti Illimani Histórico, J. Coulon mantiene una demanda económica en Londres contra nosotros.Se basa en este robo o apropiación indebida de la marca para decir que solo él es Inti Illimani. Según Coulon nosotros no somos Inti Illimani (¡).Sin embargo seguía cantando los temas de nuestra creación. ¿Cómo se entiende esto?: TE ATACO EN TU DERECHO A TRABAJAR Y TOCO TUS CANCIONES (?¡) Lo mínimo es prohibirle que toque nuestras creaciones.Pato Manns se sumó a esta medida teniendo muy claro lo sucedido.Exigimos la honestidad que la historia de este grupo merece.
QUE JORGE COULON LEVANTE LA DEMANDA DE LONDRES Y RESPETE NUESTO DERECHO A MOSTRAR NUESTRO ARTE.
Inti Illimani Historico."

domingo, diciembre 15, 2013

Horacio Salinas:"La creación desde la raíz folclórica es mas interesante en términos musicales que lo creado desde la Academia"

Cancioneros.com

Por Víctor Tapia

Horacio Salinas, director del Inti-Illimani histórico acaba de lanzar La canción en el sombrero. Historia de la música de Inti-Illimani (Catalonia 2013), un libro que, desde la música, cuenta la historia de cómo se han construido las canciones y el estilo del Inti-Illimani a lo largo de casi medio siglo sin eludir de las tensiones propias de la larga convivencia y las circunstancias que rodearon su escisión.

“He tratado de ser descarnadamente honesto en la narración, o por lo menos quitarle el velo a tanta especulación en relación con nuestros conflictos. Ahora siento que he hablado desde la música y no desde otro interés que pudiera transformar el libro en algo apetecido en la farándula”. Con estas palabras define Horacio Salinas, director del Inti-Illimani histórico, el espíritu con el que ha escrito La canción en el sombrero. Historia de la música de Inti-Illimani (Catalonia 2013).

¿Sus padres tenían cercanía con la música por eso tenían ese piano en su casa natal en Lautaro?

Seguramente, aunque no sé cómo llegó ese piano. Era un piano francés, pero desde que yo tengo uso de razón existió ese piano y sigue existiendo. Mi madre profesora, mi padre funcionario público, hombre más dedicado a la política, tenían con las letras y la literatura una relación muy intensa. En mi casa eran común las veladas en donde se recitaba poesía y se cantaban canciones y creo que el ambiente era propicio para que alguien con una necesidad respecto a la música pudiera desarrollarlo.

Yo nunca le presté demasiado asunto al piano, en cambio me resultaba muy misterioso cuando se desarmaba y uno veía los martinetes y toda la estructura mecánica del piano que es muy intrincada, eso me despertaba más curiosidad que el instrumento mismo. En mi casa en esa época sucedió algo curioso, se compró un acordeón y a los 7 u 8 años tomé espontáneamente este instrumento, y eso le dio a entender a mis padres que yo podía aprender acordeón y el profesor de acordeón estaba en otro pueblo, a 40 kilómetros, en Victoria.

Después sucede su venida a Santiago, y usted menciona el impacto que provocó en usted en esa época, a principios de la década del 60, el disco Toda Violeta Parra, en donde se producía todo un cambio en el discurso social dentro del canto. Uno con el tiempo sabe que en forma paralela en Argentina se estaba dando un proceso similar, con Atahualpa Yupanqui…

Fundamentalmente Atahualpa y otros poetas como Óscar Matus y Hamlet Lima Quintana que incorporan esto que en Chile se daba de forma bastante vehemente a través de Violeta Parra, que es la condición del ser humano en el centro de la poesía, (además de dar a conocer) los atropellos, las injusticias. El canto de la Violeta Parra eso es lo que tiene de extraordinario, de distinto, de diferente de lo que conocíamos como música folclórica.

Con Atahualpa Yupanqui en Argentina nace este canto de reivindicación, de denuncia, de protesta con las Preguntitas sobre Dios, El payador perseguido, es consonante, pero en el caso de Chile la propuesta poética es muy densa, variada y con mucha originalidad musical. Violeta Parra no solo introduce esta gran revolución en los textos sino que indaga muy bien, de una forma muy original, en la búsqueda de música que también sea de ruptura con esa forma de hacer la música folclórica.

También en el caso de Violeta se da el caso de la fusión que realiza al utilizar los instrumentos para interpretar repertorio que no necesariamente corresponde a la región en el cual nace el instrumento…

Claro, y eso tiene que ver con una de las características fuertes de la Nueva Canción Chilena (NCCH) en el sentido de apropiación del patrimonio de la música latinoamericana, una condición indispensable para hacer música chilena por las características modestas de nuestra tradición folclórica, por la tradición de este país, por la carencia de tradición africana y Violeta junto con sus hijos fue una de las primeras que toma el charango, el cuatro, etc. Curiosamente descubre estos instrumentos en París, no en Venezuela.

Francia era donde se producía todo el movimiento cultural en esa época a fines de los 50.

Los Andes estaban muy presentes en la retina de los franceses…

Usted en otro libro, menciona la importancia del Grupo Chileno Los de Ramón en hacer presente a comienzos de la década de los 60 los instrumentos folclóricos latinoamericanos dentro del mundo musical chileno...

Efectivamente, ellos fueron los grandes difusores de la música latinoamericana, incluso cantaban y hacían bailes y era toda una familia que se ponía atuendos bolivianos, ecuatorianos o colombianos, y eran las únicas referencias que teníamos nosotros, no había nadie más que música así.

Si uno lo mira a la distancia éramos países bastante desmembrados, un continente con sus propios países muy separados, con una comunicación muy básica.

Y ahora su forma de interpretar la guitarra de modo argentino. Por lo que percibo se trata de buscar un sonido muy limpio, mucha pulsación de las cuerdas más que el rasgueo, ¿cómo le vino el interés de seguir ese sonido en la guitarra?

El descubrimiento de la guitarra para mí fue algo muy poderoso, yo era muy pequeño y me di cuenta que con la guitarra yo tenía cierta familiaridad y aprendí rápidamente. Claro, estando en esa situación, descubriendo el año 1963 a Violeta Parra, empecé a escuchar, a informarme con discos de la guitarra y de sus principales intérpretes y ahí descubrí a Atahualpa Yupanqui y a Eduardo Falú que eran una combinación de técnica por un lado y de contenido por otro que a mí me encantó, que me despertó un cierto fanatismo a ellos cada vez que venían a Santiago. Eso no se daba con lo que yo escuchaba en esa época acá con los guitarristas chilenos en Santiago, no había ningún exponente que realmente tuviera una técnica y tuviera un conocimiento también del folclor. Y en ese sentido la escuela argentina no solo significó para mí una referencia, una fuente para nutrirme, sino que en el canto fue muy importante para el Quilapayún, para nosotros. Cantar al modo argentino, armonizar de esa forma era casi una obligación.

Después fui descubriendo que es fundamental la técnica, la guitarra clásica. Hay maravillosos compositores, Granados, Albéniz, que es fundamental tocar, conocerlos, pulsar la guitarra sacando la musicalidad que tienen esas obras porque son importantísimos para hablar de música con la guitarra.

Lo que es muy curioso, es que mucho repertorio de la guitarra es música para clavecín, para piano o para otros instrumentos, pero estas transcripciones que se hacen para guitarra son fundamentales porque amplían el vocabulario posible que tiene este instrumento.

En esa época, fines de los 60 principios de los 70 se produjo un cruce muy fructífero entre la academia y la música popular, pero actualmente se percibe que ese camino no existe.

Tienes razón, se han divorciado nuevamente porque las instituciones en Chile vinculadas a la música están un poco divorciadas de la realidad y de nuestra condición de ser latinoamericanos que nos une. Esta idea, de comunión entre la academia y la música popular que nace en la NCCH requiere de una revolución en todo el proceso educativo relacionado con la música.

Actualmente se considera que todo lo que tiene relación con la música folclórica es algo que se puede no estudiar, o se puede hacer en el tiempo libre. Hay una actitud muy pedante desde la academia que piensa que esto es un asunto que se despacha fácilmente, que no requiere mucha profundización y yo creo que ese es el grave error que hace paradojalmente que lo que se ha hecho desde la raíz folclórica sea mucho más interesante en términos musicales puros que aquello que se hace desde la academia y esa es una constatación que yo la hago recorriendo el mundo y dándome cuenta de que es lo que realmente despierta la curiosidad a las personas que miran la música no solo como una nomenclatura enigmática, sino la música como una posibilidad de conocimiento del pueblo.

Usted comenta en el libro que Luis Advis se merecía el Premio Nacional de Música, y esto es una constatación que desde la academia no se valora todo el aporte que se hace en la música cuando se hace un cruce con la música popular. No se entiende que el mayor aporte a la música chilena viene desde la música popular, en la obra de Violeta, de Víctor Jara, de Luis Advis, en lo que hizo usted, en todo lo que hicieron en el movimiento de la NCCH por ejemplo.

Esto se produce por criterios de quienes otorgan esos premios. Uno se da cuenta que varios de los que han recibido el premio Nacional de música, su obra, o su aporte han pasado muy sonambulescamente por el patrimonio, muy pocos los conocen, no son referencia en el mundo musical, puede que lo sean para un grupo restringido o familiar pero no más que eso. Y ahí yo constato que un modo de medir este distanciamiento es la mezquindad melódica en la creación llamada académica en Chile. Muy poco o nada recordamos de aquel compositor premiado. No lo digo en términos populares sino en el ambiente de la música propiamente. La música es una combinación de varios elementos: ritmo, armonía, melodía, polifonía; pero hay algo que es inconfundible en su memoria y en el recuerdo que nos deja y nos cobija: es la melodía, que la repites, que la silbas, que está flotando por ahí, melodías que acompañan momentos de la vida, y nuestra producción académica es avara en ese punto. Tú no puedes decir "voy a recordar una melodía de Carlos Riesco". No quiero decir que solo sea un asunto de la melodía, pero es un elemento fundamental en toda la creación académica histórica a nivel mundial. El caso de los creadores académicos brasileños no ocurre así como en los mexicanos, venezolanos, argentinos, etc. Y capaz que una explicación se deba a la lejanía con que el arte musical llamado "culto" ha convivido con la raíz popular y folclórica, como sí ha sido la historia de la música "culta" y clásica europea.

Y yo creo que este problema, este divorcio entre la música como un material de consumo público y la música como un ejercicio "intelectual" medio clandestino, es muy fuerte y bastante ingrato también.

Yo sigo pensando que la mujer que ha revolucionado en términos contemporáneos la música chilena, desde la vanguardia en la música chilena, ha sido Violeta Parra, que de música no había estudiado formalmente nada. Es una paradoja que da para pensar. El Gavilán, en versión académica orquestada, dice mucho más sobre los chilenos que varias páginas de obras orquestales de compositores "cultos".

El trabajo de colaboración que ustedes realizaron con Víctor Jara, a inicios de la década del 70, y su trabajo de taller, en la cual nacieron por ejemplo La Partida y Cai cai Vilú, implicaba que ustedes hacían aportes creativos en la composición…

Absolutamente, aunque bastante fragmentario, porque como que la columna vertebral de eso la iba manteniendo Víctor, era una idea que esbozaba Víctor pero luego nosotros metíamos la cuchara bastante, de hacer algunos cambios, de hacer algunos motivos musicales, pero con clara conciencia de que estamos trabajando bajo la conducción de Víctor. Yo incluso una vez intervine en el ritmo de una canción de Víctor Jara, la canción era una especie de canto a lo humano, se llamaba El derecho de vivir en paz, y le dije "Víctor, esto podría tener este otro ritmo y hacerlo con Los Blops, una especie de balada": Esa era la relación de trabajo que teníamos, incluso le cambiamos la armonía, pero siempre partiendo de una idea bastante bien concebida por Víctor.

Pero lo que yo recalco a la distancia es el hecho de la tremenda confianza que tenía en mí por una parte porque él podría haber dicho "¡que te metes tú!", pero no, era un mutuo respeto y detrás de eso había una relación de afecto también que permitía que trabajar con la música fuera bastante suelto.

Lo que llama la atención es que usted se metió en este mundo siendo muy joven, y tomando muy tempranamente un papel de director, en el cual sus compañeros de ruta eran bastante mayores.

Este libro me ha permitido de alguna forma a mí revisar mi vida con mucha emoción también porque me di cuenta que casi paralelamente a los juegos que uno tiene en la niñez o en la primera juventud como el volantín, el trompo, las bolitas, en ese mismo instante de la vida yo comencé a codearme con la música y a descubrir que era algo parecido, que esto era un juego más virtual por así decirlo, pero algo de eso hay, y yo creo que esa exposición en mí ha permanecido en el tiempo. Tampoco nunca sentí que yo fuera 19 años menor que Víctor en la relación que teníamos, cuando yo tenía 18 años él tenía 37 y no recuerdo haberlo sentido como un señor, al contrario él era un alma muy fresca, entonces era muy fácil trabajar con él e inventar cosas. Lo bonito que tenía Víctor era eso, era muy inquieto artísticamente, más bien sentía cierta inseguridad respecto de lo que hacía, que es algo típico de la gente que crea, cuando al final concluye algo nuevo viene la angustia de lo que va a venir después, da la impresión de que todo fue efímero, y él vivía así de una manera un poco inquieta, pero lo hacía con un abanico de alternativas muy variadas.

Yo estoy muy feliz que mi vida haya coincidido con ese mundo, con el mundo de la NCCH, con el mundo de Allende, que yo creo que fue un entorno muy poético, muy propicio para libremente imaginar cosas que después resultaron imposibles, pero creo que esos sueños nos condicionaron muy fuertemente en términos éticos.

En otras fuentes se señala que independiente de este colaboración que se había dado con Los Blops, en el mundo de la NCCH había un alejamiento con los exponentes que en esa época desarrollaban el rock.

Eso era cierto porque eran grupos que estaban recién formándose. Yo recuerdo que nosotros nos formamos y Los Jaivas aparecieron inmediatamente después, no los recuerdo antes, tal vez contemporáneos nuestros, todos éramos grupos en formación, pero lo que nos unía mucho era esta alternativa de cambio que era utópica por un lado, pero lo que es muy cierto es que esto corresponde en términos sociológicos a esta época, una época de ruptura, una época de cambio completa. Víctor era una persona que tenía esta capacidad de aliarse con distintos artístas, él caminaba buscando siempre alternativas. Había otros casos que no eran así, por ejemplo Patricio Manns era mucho más introvertido en su creación, reconociéndolo como un portento de la Nueva Canción Chilena.

Yo creo que si no hubiera venido esto del Golpe la NCCH se podría haber ampliado como un movimiento variado musicalmente. El golpe fue un mazazo muy fuerte a todos estos aires de cambio que se daban también el mundo de la cultura, se produce el desbande, se produce un shock muy fuerte espiritualmente en los artistas. El exilio tal vez nos libró de la cárcel pero nos sumió a muchos artistas también en un ambiente raro, extraño, enfrentar eso no fue fácil, muchos artistas sucumbieron al vivir en países con otra lengua. Y esta sensación, con la muerte de Víctor, de que se pierde también un eslabón importante de lo que es este movimiento.

En el libro ustedes mencionan cierto grado de divergencias que tuvieron en el exilio con Sergio Ortega en relación al tipo de mensaje que había que desarrollar, en una época en que tendría que darse una amplitud en el mensaje y que todo no tenía que ver con la Solidaridad con Chile. ¿Cuándo se afianza en ustedes esta nueva visión?

Eso sucede de manera tajante con el disco Palimpsesto que es del año 1979-1980, y esto coincide con el plebiscito del año 1980 en Chile (Nota de redacción: El plebiscito de 1980 realizado por la dictadura en Chile aprobó una Nueva Constitución), la cual fue una pésima noticia para nosotros que pasábamos todo el tiempo soñando casi de manera irresponsable que podíamos volver a Chile. Cuando supimos lo del plebiscito y de la constitución que se aprobaba, que todos queremos derribar ahora, ahí dijimos: "estamos muy complicados y capaz que se nos venga encima el exilio de los españoles". Y yo creo que ahí hubo una soltura nuestra y una predisposición a vivir de otra manera, de vivir pensando que tal vez no íbamos a volver a Chile. Entonces comenzamos a vivir escuchando con más atención, a apropiarnos de la música que escuchábamos. Si en la década del 60 nos apropiábamos de la música de Venezuela, de Colombia, ahora se dio en Italia de apropiarnos de la tradición popular, y eso fue súper importante porque coincidió con conversaciones que tuvimos con Luigi Nono, con musicólogos que tenían características de lo que nosotros hacíamos que eran un poco comunes a la música popular del mundo.

Yo ahí fui descubriendo que me impactaba igualmente la música griega, de los Balcanes, que la música folclórica sueca, que las tradiciones populares estaban emparentadas por un mismo pulso, que traduce un poco la vida de la comunidad. Hay algunas cosas que rápidamente afloran cuando escuchas música folclórica en cualquier país del mundo, por un lado la gallardía de la comunidad, y por otro la pesadumbre de la condición humana que no siempre es muy gloriosa por así decirlo. Esos dos elementos son constitutivos de casi todas las músicas, y si tú te dispones a escucharlas vas a encontrar que hay ahí una estética parecida en la composición. El folclor finalmente no es otra cosa que la decantación de aquellos elementos que musicalmente más identifican a una comunidad, y que los hace suyos. Por ejemplo por un lado está el son cubano, por el otro el bolero, el carnaval y la pesadumbre. Yo creo que eso lo entendimos en la música que escuchábamos.

Harina de otro costal es la posibilidad de que haya surgido una nueva música en nosotros, porque esto que yo digo no sucedió en todos los grupos, ni sucedió con todos los artistas. Hubo artistas que justamente también padecieron el exilio en el sentido de no encontrar este vínculo, no encontrar una familiaridad en este espacio extremadamente amplio en el cual uno vive que ya no es la propia tierra si no que es la tierra de todo lo que es, en donde puedes encontrar signos familiares con mucha extrañeza.

¿Y la forma de componer en esos años era aun mirando a Chile, que esos mensajes llegarán de alguna u otra forma acá?

Yo creo que uno nunca dejó de pensar en Chile. Yo creo que en el proceso de la composición musical hay un fantasma presente que es la propia comunidad. Como decía el maestro Sergio Ortega "yo creo que uno no se predispone para hacer música para el ropero", uno trata de enviar comunicaciones a la gente, "miren lo que estoy haciendo", "esto es por mí pero es algo de mí que quiero que sea de ustedes". Yo creo que efectivamente las cosas son así.

Ahora ahí se entra en un campo fortuito porque lo que yo quiero que escuches no es lo que estoy diciendo y puede no ser entendido, o sea la gente no necesariamente entiende lo que quieres decir, eso es válido y ocurre la mayoría de las veces. A mí eso me llama mucho la atención porque es algo absolutamente inmanejable.

Siempre me dicen "como se te ocurrió esta melodía tan linda", pero yo no sé cómo se hace, si lo supiera podría entregar la formula. Creo que un requisito para que eso se produzca tiene que ver con el modo, con la intensidad afectiva con que uno se relaciona con aquello o con la gente que a uno le interesa.

Y eso nos pasó a nosotros felizmente en un asunto que tiene que ver mucho, aunque puede parecer pedante, con disposiciones muy particulares de cada cual. Nosotros pasamos muchos meses, pasamos años, con un punto de interrogación muy grande en relación a qué es lo que íbamos a hacer, y muchas dudas también, y resulta que se repente se produce una composición, una creación, y esa duda se cancela, y salen alternativas, vamos descubriendo cosas, y esa es un antecedente para otra, y para otra. Pero si eso no se hubiera dado tal vez nos hubiéramos quedado toda la vida cantando el Canto al Programa, tocando el Rin del angelito, El aparecido.

¿Y cómo es su proceso para componer?

Uno se hace un cierto rito de tener la imaginación como bien fresca, de mantenerla, de ejercitarla. Yo siempre no silbo melodías que conozca sino melodías que se me ocurren, y de repente silbando melodías me doy cuenta que hay algunas que tienen un encanto según mi parecer, y cuando de repente esas aparecen las anoto y es una hebra que uno va tirando y se puede estructurar alguna cosa. Pero yo creo que componer es parte de una necesidad insoslayable de índole biológico, si no se me ocurren empiezo a andar complicado.

Hay un estado previo que es un poco ansioso también, y creo que eso tiene que ver con mi biología, y es muy extraño porque tomo una guitarra e invento melodías, no es que lo intelectual en ese momento sea una condicionante muy importante. El entorno en que uno vive, el entorno en relación a las artes, como contemplas la cultura, como escuchas a los demás; pero llegado el momento de componer es un ejercicio, una mecánica muy extraña y maravillosa por lo demás porque de repente te das cuenta que inventaste algo que es muy sorprendente para uno, es casi un acto de liberación. Y luego viene el proceso de comunicarlo a los demás y correr este riesgo que te digo, en que puede no producir nada o que puede ser muy potente. Y te confieso que cuando me dicen "que bonita la melodía que hiciste" a mí se me sale una lágrimas de emoción porque digo "era algo que esperaba que sucediera y sucedió" y ahí uno cierra un ciclo, y la música pasa a ser un abrigo maravilloso.

Usted menciona en el libro que todo lo que usted deseaba desarrollar y crear también necesitaba de otro lado que los compañeros de ruta también estuvieran en las condiciones musicales adecuadas como para poder interpretar lo que usted deseaba expresar, y que en el Inti-Illimani no necesariamente se cumplían esas condiciones, y también usted menciona que esta fue una de las razones que dieron origen a la idea de terminar el Inti-Illimani llegando a la década del 2000, pero ¿fue solo esa situación la que dio origen a la idea de terminar el Inti-Illimani?

Yo creo que en parte fue eso y en parte fue una fatiga también de un tren de vida extremadamente monótono e intenso, porque nosotros nunca paramos de tocar, es decir hasta el año 2001 desde el año 1967 estuvimos siempre tocando, nunca nos planteamos el decir "paremos unos tres meses, seis meses o un año" o "hagamos un año sabático" que fue una de las propuestas que yo hice, o "dejémonos de vernos", "hagamos una pausa en este asunto"

Y los años 1999, 2000, fueron años muy intensos de trabajo, fue una época en que grabamos muchas cosas. Después mirándolo con el tiempo me di cuenta que esa época de crisis nos sorprende con un ritmo de muy intenso, y yo creo que eso nos pasó la cuenta.

Pero la verdad es que en lo medular imaginarse el futuro del conjunto con estos problemas que arrastrábamos antiguos, no era verdaderamente agradable. Yo dije: "a ver, tengo 49, 50 años y no me veo 10 años más o 20 años más con esta misma situación", además que esta actividad no tienen edad de jubilación. Pero yo dije "así, de esta forma, no". Porque los grupos como lo concebimos nosotros deben cumplir una condición, y se puede comparar como un matrimonio, la vida de un grupo es una constante seducción entre sus miembros, tú necesitas que el otro te diga algo que le dé un sentido, cuando eso no existe se torna una relación casi burocrática. Y lo que es cada cual en el grupo depende del punto de vista que los demás tienen, no depende necesariamente de lo que uno diga, lo que uno es, sino de lo que verdaderamente sucede. Y eso, en aquella época ya no sucedía, lo que nos decíamos ya no era un estímulo, no nos producía nada, entonces qué sentido tiene. Y así el año 1998 o 1999 la idea de Jorge Coulón fue de "cerrar el boliche", dicho exactamente en esos términos, "cerremos el boliche", "si nos vamos a agarrar aquí de las mechas, cerremos el boliche". Y a mí me pareció algo muy sabio, doloroso pero muy sabio porque la fama al año 1999 era muy alta, estábamos haciendo muchas actividades.

Haber cerrado el boliche tenía grandes posibilidades hasta de poder más adelante juntarnos nuevamente, pero de manera irresponsable se pensó esto de que el Inti-Illimani, —que es algo muy ofensivo para quienes hemos hecho gran parte de sus creaciones— era un espacio para hacer música, así como decir que casi era una institución de las Naciones Unidas o de la Unesco para hacer música latinoamericana.

Pienso que hubo una desinteligencia muy grande en mis excompañeros de no entender que el Inti-Illimani era un asunto que produjimos todos y que para entenderlo en el tiempo se tienen que dar determinadas condiciones, porque aquí lo que sucede finalmente es un fenómeno musical. O sea el Inti-Illimani como cualquier grupo, como Los Beatles, como Los Rolling Stones, son fenómenos musicales muy precisos. Bueno, existen varios grupos que imitan unos a otros, como los aquellos que imitan a Los Beatles, pero hacer esa imitación no es solo algo oportunista sino que es algo muy feo en términos estéticos. "Voy a hacer canciones como las de Horacio Salinas" que es un ejercicio que hizo el grupo de Coulón. Dijo: "a ver, hace algo parecido al Testaccio", y sacaron una melodía, "algo parecido a La fiesta eres tú" y sacaron una cumbia, "compongamos como… para que no parezcamos que somos otro grupo". Todo esto es fruto de esa ceguera. Era mejor haber cerrado el boliche.

Esta es una opinión personal, pero lo que usted comenta se ve claramente en la escasez creativa que ha tenido la agrupación que dirige Jorge Coulón desde que se produjo el quiebre.

Claro, porque yo creo que ahí además se ha dado una forzatura, un forzar las cosas.

Yo no tengo nada, ni tampoco soy nadie para calificar las capacidades creativas de Manuel Meriño o de Daniel Cantillana, porque como decía Roberto Matta "Todos somos santos pero se trata de hacer milagros", yo creo que ellos tendrán más o menos talento para hacer lo que necesitan hacer, su propia música. Cuando yo veo que hacen música imitando al Inti-Illimani me da un poco de vergüenza, pero yo veo más coherente a Manuel Meriño en lo que él hace para Entrama, lo veo bastante coherente con eso, música experimental, una búsqueda armónica, melódica y rítmica con determinados parámetros pero lo del Inti-Illimani es otra cosa, es algo que partió hace más de 40 años, con ciertos antecedentes; e imitarla o pretender continuarla bajo otro impulso creativo encuentro que es un riesgo muy grande, una operación muy extraña e impúdica.

Independiente de la característica y el talento de Meriño o Cantillana… pero fíjate que ellos ni siquiera nacían cuando nosotros ya teníamos discos grabados, entonces darles a ellos una responsabilidad de continuar con el Inti-Illimani es ponerle un problema muy grande encima. Ellos tienen que hacer su música, que la del Inti la hacen otros.

En el libro usted se manifiesta vagamente sobre la situación actual de Jorge Ball, por una parte dice que es un buen músico pero que ve difícil tenerlo por una cuarta vez en el grupo, y por otro lado dice que sería maravilloso compartir nuevamente con él en el escenario.

Es otro de los problemas de tener un grupo, la vida de un grupo es muy compleja, se requiere tanto talento musical como tino en la convivencia de manera de no invadir espacios. La vida de los grupos como que de repente desdibuja la propia intimidad de los miembros, tú tienes que viajar con las mismas personas por horas y horas, y al final te acostumbras a tener todo el rebaño ahí y que andemos todos juntos. Es una cosa muy extraña por lo menos la vida de un grupo como el nuestro, tal vez la vida de un grupo de rock star es distinta o tal vez es lo mismo. Y ahí con Jorge lamentablemente hubo una incompatibilidad de caracteres porque Jorge es un frenesí que, según nuestro modo de ser, resulta invasor. Formas de relacionarse en su personalidad, modos caribeños que para nosotros era muy complicados.

Yo creo que todos le tenemos un gran cariño a Jorge Ball, él es un músico muy excepcional, y también su personalidad es excepcional, y si él fuera más timorato a lo mejor no tendría la genialidad que tiene. Si uno mira la vida del conjunto, y yo en la dirección del conjunto lo que a mí me sucedía cuando él adquiría roles importantes, era percibir una gran frescura interpretativa dentro del conjunto, porque Jorge estudió Flauta, estudió Cuatro, canta muy lindo, muy entonado, tiene mucho eso que se da en el caribe, y particularmente en el pueblo venezolano, que es un pueblo musical por excelencia, que es la melodiosidad. Su aporte fue muy importante, por nosotros le hubiéramos cambiado el carácter para que nunca se fuera. De repente lo invitamos a tocar, pero es solo eso, y después uno dice "tan lindo que toca el Jorge", le imprime una energía a las cosas que hacíamos, y también momentos de simpatía muy grande.

Siempre Jorge, desde que entró al conjunto ha sido como una especie de elástico, con nervio, un muchacho con mucha energía que estalla de repente. Jorge es increíble, por ejemplo es capaz de encaramarse por acá (estamos en un patio de un café del primer piso, y me muestra la terraza del segundo) rápidamente. Tenía que quemar mucha energía. Es una de las cosas que lamento, porque su musicalidad a mí me encanta y le dio al conjunto mucho brillo, mucha espectacularidad que no es fácil hacerlo acá con los músicos chilenos.

Hace poco estuve revisando declaraciones suyas en el exilio sobre su nostalgia por Chile. Ahora que han pasado varios años en que usted ha vuelto, ¿siente nostalgia por Italia?

Sí, sin duda, no es un exilio el que siento de Italia, pero sin duda que hay días en que yo no quisiera estar en Santiago y me gustaría andar paseando por Roma, entrar a un bar, tomar un café, tomarme un vasito de vino blanco, mirar, recorrer, escuchar a los italianos que es un pueblo muy sabio. Hay una cierta maqueta que se hace de ellos que no tiene mucho que ver con la gran humanidad que hay detrás de la historia de los italianos. Entonces eso me gustaría.

Pero el amor entrañable está por esta tierra (por Chile), por esta gente, por ver que este país salga por algún lado, rompiendo la prepotencia, los abusos y esta cosa clasista tan tremendamente odiosa en que vivimos. Este parece cinco países en uno.

Entonces uno piensa en Italia y uno ve una sociedad mucho más homogénea, y la nostalgia con Italia se supera cada vez que vamos allá y podemos reencontrarnos con los italianos, y uno lo percibe en la forma familiar en que es recibido ya que formamos parte de la banda sonora de años de crecimiento de la izquierda. Esta nostalgia es una pequeña molestia, pero no es el tremendo dolor que uno siente con el exilio.

Usted menciona en el libro que tiene la idea de por lo menos un par de discos, tal vez si nos puede mencionar estas ideas, o por lo menos los próximos proyectos que tienen.

Estamos a mitad de camino haciendo un trabajo, y que paralizamos por este tema de las elecciones. Estamos haciendo un disco con Patricio Manns, con su repertorio más amoroso, de su primera época revisitando canciones como Bandido, Ya no canto tu nombre, Valdivia en la niebla, El cautivo de Til-Til, Balada de los Amantes del Camino de Taverney, son canciones de un rigor poético, de una altura, que uno pierde el calibre de la obra poética y musical de Patricio Manns. Entonces estamos abocados en sus primeras canciones. Esta bastante avanzado y bonito lo que estamos haciendo.

Después hay proyectos distintos, con bosquejos de ideas. Te voy a decir que no es muy fácil que esto se produzca después de 40 años porque cada disco sirve como un antecedente para el siguiente y uno espera que toda la discografía tenga una coherencia, así como uno arma con 12 canciones un disco, uno espera que los cuarentaitantos discos que ha hecho en la vida sea un trayecto audible y coherente.

Que tenga su relato.

Que tenga su relato, claro, y sea también una historia. Lo importante es hacerlo con rigor.

¿Y lo que van a hacer con Claudia Acuña ahora a fin de año?

A nosotros nos tiene felices esta colaboración porque ella es una gran cantante, una cantante con mucha profundidad expresiva en el canto, tiene mucha fuerza, es dúctil. Con ella vamos a empezar a trabajar ahora, algo de un Canto para la semilla, algo de Bolero, tenemos músicos en el conjunto como para poder acompañarla en un estándar de Jazz. Que podamos diversificarnos dentro de las posibilidades de ella y nuestras.

¿En qué situación se encuentra todo el material que ustedes grabaron bajo este ambiente del conflicto?

Hay con la Warner un contrato que es antiguo de hace como 15 años, que ha permitido que se haya podido reeditar, independientemente del conflicto, toda la música que hicimos hasta que estalló el conflicto. En realidad este divorcio ha tenido, como todo divorcio que se respete, intolerancias e intransigencias en el entendimiento que ha impedido muchas veces una continuidad inteligente a todo nuestro catálogo que es muy poderoso… y no ha sido fácil.

miércoles, septiembre 11, 2013

Frederic Rzewski habla de sus variaciones sobre "El Pueblo Unido Jamás será vencido"


El Mercurio

Su versión para piano de la canción homónima de Sergio Ortega.

Romina de la Sotta Donoso

Conocida como "las Variaciones Diabelli del siglo XX", por su exigencia interpretativa y riqueza expresiva, la han grabado decenas de pianistas. La última versión, del alemán Stefan Litwin, acaba de salir al mercado. Este año, ha sido tocada al menos una vez por mes en alguna parte del mundo, y este sábado el estadounidense Bobby Mitchell la abordará en el Festival i=u de Londres.

"The People United Will Never Be Defeated!" (1975) son 36 variaciones sobre la canción homónima de Sergio Ortega. Escritas por el pianista y compositor estadounidense Frederic Rzewski (1938), duran una hora, y son la obra más interpretada de su extenso catálogo.

"No sé cuántas veces la he tocado. Quizás unas 200. La toqué hace dos semanas en Neuchâtel y debo presentarla en 2015 en Colonia. Constantemente me piden que vaya a algún lugar para tocarla", dice Rzewski, desde Bruselas.

"La primera vez que escuché la canción fue en 1974. Con mi colega Ursula Oppens fuimos a un concierto en Nueva York donde Inti Illimani cerró con ella. Los dos salimos tarareándola. La música es lo que más me gustó", asegura.

Entonces, él vivía entre Roma y Nueva York: "En muchas manifestaciones en Italia la gente cantaba 'El pueblo unido'. Pero en Nueva York no sucedía esto". En 1975, Oppens le encargó una obra para estrenarla en la celebración oficial del bicentenario de Estados Unidos del Kennedy Center de Washington.

"Decidí escribir una pieza basada en la canción de Sergio Ortega, pero suficientemente larga para que algunos empezaran a pensar", dice Rzewski. "Naturalmente, no a todos les interesan sus implicancias políticas. En 1983 fui a Moscú y la toqué, con mucha curiosidad. Un crítico muy respetado me dijo: 'Es muy buena, quizás un poco larga'. Eso fue todo (ríe)".

Confidencia que conoció a Ortega en 1978, en Venecia, y que le mostró sus Variaciones: "Le gustaron mucho, especialmente la parte más juguetona, donde hay cosas típicas de música contemporánea, que no tienen nada que ver con la idea de la canción. Nos convertimos en buenos amigos".

El musicólogo Juan Pablo González, director del Instituto de Música de la U. Alberto Hurtado, recuerda que conoció la pieza de Rzewski en un asado, a fines de los años 70: "El anfitrión colgó una radio de un árbol, puso un casete y nos dijo 'Escuchen esto'. En el piano se reconocía la raigambre brahmsiana de la canción. Estábamos contentos: esa música prohibida había sido legitimada desde el mundo del arte y subida al pedestal de la música clásica".

La canción de Ortega también tuvo influencia en otras creaciones. La compositora y musicóloga argentino-uruguaya Graciela Paraskevaídis, identifica citas de esta en dos obras contemporáneas alemanas: "El sonido silencioso" de Mathias Spahlinger, y "Darabukka" de Nicolaus A. Huber.

También menciona otras piezas inspiradas en el Once: "Lernen von" del propio Nicolaus A. Huber, "Wooden pajamas" de Gordon Mumma y "Cantata de Chile" de Leo Brouwer.

A nivel local, una veintena de autores ha compuesto piezas al respecto, entre ellos, Gustavo Becerra, Juan Orrego-Salas, Juan Allende-Blin, Leni Alexander y Fernando García. El musicólogo Luis Merino, director de la Revista Musical Chilena, aclara que "existe una línea de trabajo compositivo vinculado al acontecer social que inaugura 'Balmaceda' (1955) de Acario Cotapos". Y asegura que "la más representativa, por su calidad, es la Cantata 'Caín y Abel' de Alejandro Guarello, que incluso se hizo en Chile". Con textos del sacerdote Esteban Gumucio, se estrenó en un simposio de la Iglesia Católica, en 1978.


domingo, mayo 05, 2013

La English Chamber Orchestra graba obras de Inti-Illimani

El Mercurio


El guitarrista clásico John Williams escogió la  suite "Danzas peregrinas" de Horacio Salinas, una adaptación para solistas y orquesta de sus famosas melodías.

I.D.

"Nunca me preocupé de ser un músico del folclor, ni de la raíz folclórica, ni clásico, ni selecto. Creo que ahí hay una confusión de conceptos: una música que es culta frente a otra que pareciera ser inculta", dice desde Roma Horacio Salinas (abajo en la foto), el creador de un repertorio que hace mucho tiempo dejó de "pertenecerle".

Con este dilema resuelto, Salinas viajó recientemente a Londres con las partituras de su suite "Danzas peregrinas", una adaptación de algunas melodías clave que escribió para Inti-Illimani durante el exilio en Italia. Ahora en Inglaterra, Salinas las entregó al director Paul Daniel, quien grabó este material con la English Chamber Orchestra para el venidero disco del guitarrista John Williams.

"Estructuré cinco piezas, incluyendo un preludio para violoncello y guitarra clásica. Las orquestaciones están basadas en esas melodías del grupo: "Danza", "Palimpsesto", "El mercado de Testaccio" (todas de 1981) y "Danza di cala luna" (1986). Fue un proceso nuevo recuperar la música creada para un conjunto de siete integrantes y crear partituras que fueran un recuento de danzas, ahora en la sonoridad de una de las más grandes orquestas británicas y tres solistas", dice Salinas.

Salinas y Williams son dos viejos conocidos. Desde fines de los 80 realizaron discos emblemáticos del grupo: "Fragmentos de un sueño" (1987) y "Leyenda" (1990).

"A sus 72 años, John es el más grande guitarrista clásico vivo", señala Salinas, y recuerda que sus "Danzas peregrinas" nacieron en atención a un pedido especial que le hizo el australiano en 2004, con motivo de la celebración de los 150 años de la Orquesta Sinfónica de Londres. "Dirigido por Lorin Maazel, él tocó en el Barbican una suite de Leonard Bernstein, el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, y estas 'Danzas peregrinas'", recuerda.

Los solistas de la grabación fueron John Williams (guitarra), Richard Harvey (clarinete) y Horacio Durán (charango, arriba en la foto). El chileno es otro referente de Inti-Illimani, desde la época previa a la disputa y litigio por el nombre que hoy tiene dividido al grupo en facciones.

-¿Cómo imaginabas que la orquesta iba a recibir esta suite de ritmos folclóricos?
"Fue una duda muy presente para mí: qué iría a suceder. Algunos músicos me dijeron que era la primera vez que la English Chamber Orchestra grababa música chilena. La cellista que participó en el preludio estaba tremendamente agradecida de haber tocado, y Paul Daniel me señaló que la suite era una música muy bonita y distinta. No lo niego: a mí me gusta y me emociona lo que hago, pero que otros lo digan es halagador".

jueves, mayo 02, 2013

De cómo el músico Ramón Castillo se convirtió en Antares de la Luz

The Clinic

Antes de convertirse en Antares de la Luz, Ramón Castillo Gaete fue profesor de un liceo en Lo Hermida y jugó tardes enteras al fútbol con sus amigos en la ex toma de Peñalolén. También cantaba en las micros, jugaba tenis, andaba en moto, era scout e iba al estadio a ver a la U. Así era hasta que un día del año 2006 se quejó de que tenía “un ser” dentro de su abdomen y algo cambió en él. Todos quienes lo conocieron sabían que algo le pasaba, pero nunca lograron entender qué era sino hasta ayer, cuando se sorprendieron con su final: murió ahorcado en una casa abandonada en Perú. Éste es su relato.


En el 2006, antes de su viaje a China junto al grupo Amaru, Ramón Gustavo Castillo Gaete llegó a la casa de uno de sus integrantes. Llevaba una cámara digital con unas fotografías que se había sacado recién. Quería mostrárselas a alguien porque estaba seguro que en esas imágenes aparecía la respuesta que lo atormentaba hacía años: Ramón repetía cada cierto tiempo que estaba enfermo, que sentía dolores y que se quería sanar.

Las fotografías no eran perfectas. Eran a la altura del abdomen y estaban fuera de cuadro. Pero, según Antares de la Luz, como se hizo conocido entre sus seguidores y en la secta que lideraba, en ellas se veía claramente el rostro de alguien. “Ahí se ven los seres que tengo adentro de mi cuerpo”, le dijo.

Los Amaru, el grupo al que perteneció Castillo entre el 2003 y 2006, ya habían notado cambios en el comportamiento de Ramón. Llegaba tarde a los ensayos, se llevaba mal con quien hacía pareja para tocar los instrumentos de viento y los había cansado de tanto repetir su conexión con la naturaleza y con seres a los que él llamaba “seres de luz”. Por eso el viaje a China -así lo habían decidido- sería su última gira.

Pese a que se ha insistido en que ese viaje lo habría cambiado para siempre, los ex Amaru no lo creen. Junto con recordar el extraño episodio de las fotografías, dicen que la gira no fue distinta a otras. “Como no sabíamos el idioma, prácticamente no nos separamos nunca. En esos días nunca vimos algo extraño. A Ramón le llamó mucho la atención la medicina china y los instrumentos que trajo de allá, pero no vimos nada raro”, comenta un ex Amaru.

Lo cierto es que poco tiempo después de dejar su grupo comenzó a radicalizar su actitud. Un amigo de su época de infancia dice que pasó periodos en que vivió como ermitaño en un sector cercano a Colliguay en la Quinta región y que hacía ayunos para limpiar su cuerpo. Luego vendrían los seminarios de sanación y la secta que lo llevó a matar a su hijo recién nacido en una hoguera.

El nickname del Profe

Antes de hacerse llamar Antares de la Luz, Ramón Castillo era un joven que se trasladaba en una bicicleta mountain bike por Peñalolén desde José Arrieta al liceo Antonio Hermida Fabres, conocido como el “171” de esa comuna en el sector de Lo Hermida. Allí lo conoció Camilo Pizarro y Marcos Fuentes, dos de sus ex alumnos de la clase de música. Ambos formaban parte de la orquesta del colegio en la sección de vientos que estaba a cargo de Antares.


Camilo, que hoy es profesor de Clarinete y termina sus estudios en el Conservatorio de la Universidad de Chile, tiene buenos recuerdos de Ramón. Dice que tenía un talento único con el clarinete, el oboe, la zampoña y el saxo, entre otros.

En su casa de Peñalolén Camilo junto a Marcos, ex cabo segundo del ejército y que hoy maneja un taxi, cuenta que antes de comenzar las clases tomaban desayuno y que siempre Antares les hablaba de su conexión con la naturaleza. Les contaba de ovnis y de seres de luz, pero ellos se reían. No lo tomaban en serio. “Tampoco es que nos anduviera tratando de convencer. Le gustaban esos temas”, recuerda Camilo, quien actualmente es director de la Orquesta Sinfónica ArteMás.

Durante tres años Ramón llegó al “171” para enseñarles a sus alumnos el clarinete. Aunque le gustaba el jazz y el folclor, Camilo y Marco recuerdan que “el profe” era fanático de la Novena Sinfonía de Beethoven. Los chicos escuchaban con atención cuando Antares les hablaba de la música y la disciplina. Muchas veces les traía de regalo las boquillas para los clarinetes que sus alumnos no podían costear. “A veces nos invitaba a su casa y nos preparaba fideos con carne de soya. Nos decía que nosotros éramos sus primeros alumnos. Jugábamos a la pelota y en septiembre encumbrábamos volantines”, recuerda Camilo.

En la Casa de la Cultura de Peñalolén lo conocieron por su madre, que hacía clases de inglés según recuerdan funcionarios de ese tiempo. Ahí llegaba Ramón en la semana a buscarla. Hasta que ella se enfermó y no pudo continuar como profesora. María de la Luz Gaete o Lulita, como le decían en el barrio, era el sostén de la familia. Se había separado de su esposo, un comerciante de artículos eléctricos, cuando Ramón tenía 14 años. Fue en ese entonces que se mudaron junto a sus hermanas desde La Reina a Peñalolén.

Camilo recuerda que a él lo había bautizado como “el canuto” por su fe evangélica, mientras que a su compañero como el “satánico” porque escuchan heavy metal.


Marcos se acuerda cuando lo llamaron al servicio militar y se lo contó a su profesor. Antares era de izquierda y siempre decía que era “antidictadura” y un férreo enemigo del servicio. Uno de sus amigos cuenta que cuando niños fueron juntos a hacer un rayado a un muro del Parque Pucará, en Nuñoa, con la leyenda “Al servicio ni cagando” junto a un casco con una X encima. Por eso, cuando Marco le contó, Antares le dio un consejo: “tenís que hacerte el loco”. “El profe me dijo que él se había sacado asi el servicio, que cuando lo llamaron le había pedido a una tía de él que era médico, que le hiciera un certificado. Nunca nos dijo qué decía el papel pero sí cómo se hizo pasar por loco. Estábamos todos sentados en un semicírculo y se puso a mirarnos y abrir los ojos como de huevo frito”, dice Marcos.

Camilo tiene otro recuerdo. Dice que siempre recibía las partituras desde un correo donde Ramón se llamaba “Dragón Castillo”. Y que sólo ahora que se enteró de quién era, entendió por qué hace más de 6 años Castillo Gaete se presentaba como “Antares” en su nickname del messenger.

“Amuleto africano”

En vida, Ramón tuvo varios sobrenombres. En su barrio donde jugaba a la pelota le decían “Monra”. Fanático de la U y delgado al extremo, pasaba tardes enteras peloteando con los amigos en las canchas de la ex toma de Peñalolén. Uno de sus mejores amigos cuenta que fue al estadio hasta el año 95 cuando la U salió campeón frente a Temuco. Ramón ese día estaba en la galería y lo celebró como nunca. Años después, cuando con su grupo se reunía a ver a la selección, les reprochaba el hecho de que sus amigos se molestaran si Chile perdía. “Siempre le gustaba llamar la atención. Una vez nos juntamos a la semifinal de Chile sub 20 y lo invitamos porque no lo veíamos hace tiempo. No paró en todo el partido de decir que cómo nos preocupaban esas cosas, que habías weás más importantes en la vida”, comenta un amigo de ese entonces.

Pero Ramón ya había cambiado. Ahora ya no se trasladaba en bicicleta. Andaba en una moto estilo chopera, usaba el pelo largo y su barba había comenzado a crecer. Se ganaba la vida haciendo clases de yoga y de música. Cobraba 15 mil pesos por una hora de clase de clarinete. Y tenía varios alumnos que hasta hoy están impactados con lo que ocurrió.


Sus ex compañeros del grupo Amaru también. Dicen que nunca lo pescaron con “la volá” mística. Que más bien lo molestaban porque comía vegetales, tomaba mate y té verde. Era tan delgado que lo habían bautizado como el “amuleto africano” porque “era puro hueso y pelo”. Castillo había mostrado con ellos un grado de obsesividad que lo llevó a formar parte del grupo luego de varias insistencias que habían durado años. Cuando por fin lo logró, fue parte de la composición de “Tibaplejo”, uno de los temas del primer disco de la agrupación. Como pudo y con la ayuda de sus amigos del grupo y del músico de los Inti Illimani Max Berrú, según recuerdan los ex integrantes de Amaru, Antares compró su primer clarinete marca “Luis Rossi”, conocido solista y luthier.

Castillo estudió en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y en el Conservatorio de la Chile. Aunque no hay mucha claridad sobre su paso por el colegio, se sabe que estuvo en varios liceos. Que la enseñanza básica la cursó en el Teresiano Enrique de Ossó entre 1984 y 1989 y que su licencia de enseñanza media, según fuentes del Mineduc, fueron en una escuela vespertina de Adultos del DUOC y que se graduó con un 4,9.

Pese a que alguna vez cantó en micros para costear sus gastos, cuando comenzó con los seminarios de autoconocimiento y a formalizar lo que sería la secta de Colliguay, su vida cambió.

Seminarios de sanación

“Antares de la Luz” vivía de su secta. Según lo que ha informado la fiscalía y la PDI, sus seguidores aportaban económicamente las altas sumas con las que lograban arrendar las parcelas donde vivían. En ellas, además de los abusos en contra de las mujeres y los supuestos golpes que le daba principalmente a su articulador Pablo Undurraga, Antares organizaba seminarios.

Sus “cursos” de autoconocimiento y sanación, generalmente eran de dos días y contemplaban extensas jornadas de meditación y comida sana. Así fue como cautivó a su séquito. En las charlas invitaba a repensar la vida, oraba y tocaba algunos de los instrumentos que se había traído de China. Uno de los participantes, que prefiere mantener su nombre en reserva, cuenta que nunca vio droga en ellos ni nada extraño. “Fui a un seminario en Quilpué. Recuerdo que era una casa enorme. Pagabas 60 mil pesos y eso incluía el alojamiento y la comida, que consistía en leche y avena al desayuno y pastas o arroz con muchas verduras de almuerzo y comida”, comenta.

A los seminarios asistían hasta 25 personas y se inscribían vía facebook bajo el nombre de la productora Calypso, que usaban como chapa. Pese a que todos los expertos entrevistados por televisión hablan del poder de convencimiento de Antares, eso no le alcanzaba para su amigos. Quienes se toparon con él en esta faceta de sanador o gurú se sonríen. Y dicen que muchas veces le enrostraron esta supuesta facultad divina. “Nunca le compramos”, comentan. Al igual que algunos en Ecuador que lo bautizaron como “Chantares” cuando Castillo les decía que sanaba con las manos.

La nueva vida que llevaba con la secta estaba lejos del Ramón Castillo indigente de los registros de FONASA. En la investigación de la PDI se determinó que Antares intercambiaba parejas y a todas las sometía sexualmente. Fue así como la diseñadora Natalia Guerra quedó embarazada del hijo que a las 72 horas de nacido incineró en una hoguera hecha por ellos mismos.