Maureen Lennon Zaninovic
Música
El Mercurio
Destacados intérpretes hoy ocupan importantes roles en las principales orquestas y conservatorios de nuestro país. Aquí revelan las dificultades, los sueños y éxitos que están cosechando lejos de su tierra natal.
Hace más de diez años, el legendario director Claudio Abbado (1933-2014) señalaba al diario español El País su impacto ante un sistema orquestal que, a su juicio, para los europeos es absolutamente inspirador. "En Venezuela, la música tiene una función social muy fuerte que no he observado en ningún otro lugar, en ningún otro país. Todo esto ha sido posible, y sigue siéndolo, gracias al maestro José Antonio Abreu (fallecido en marzo del 2018), quien, con el apoyo del Estado, ha dado vida a un sistema musical que salva a los jóvenes de la calle, de la criminalidad, de la droga, y les ofrece la oportunidad -gratuita- de adquirir una cultura, lo que, en última instancia, significa hacerse una vida", señalaba Abbado.
Son varios los artistas del "Sistema" que brillan en las principales orquestas de todo el mundo. Algunos -como es el caso del director Gustavo Dudamel, que cuenta con una elogiada carrera internacional- siguen ligados laboralmente a su tierra; pero la gran mayoría, a raíz de la crítica situación por la que atraviesa el país latinoamericano, se han visto en la obligación de emigrar, con todo el esfuerzo y dolor que supone volver a empezar lejos de la familia y de las orquestas que los vieron nacer artísticamente.
La dramática situación de Venezuela impulsó hace un par de días al propio Gustavo Dudamel (director titular de la Filarmónica de Los Angeles, en Estados Unidos) a pedir en Twitter a las autoridades venezolanas el ingreso de ayuda humanitaria para sus compatriotas. "En momentos de crisis, la ayuda y la solidaridad deben ser recibidas. ¿Por qué no aceptarlas? Hay que abrir las puertas para que la ayuda humanitaria llegue imperiosamente a los venezolanos", expresó el músico.
Según cifras recientes entregadas por el INE, Venezuela se transformó en la primera población migrante en Chile con 288.233 personas. En esa línea, Claudio Pavez, director musical de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), complementa a "Artes y Letras" que en 2017 se produjo un éxodo importante de músicos de ese país a Chile. "En los años siguientes ese número se ha mantenido estable. En nuestros conjuntos hay varios casos emocionantes, entre otros, el pequeño cornista de ocho años Santiago de Jesús Castro Correa. Nacido en Caracas, integra la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana (OSIM)", dice. Pavez considera que "lo que más rescato de estos músicos es su actitud y seriedad. Son dedicados, disciplinados y entregados. ¡Son muy serios! No hay que generalizar, pero aquí notamos la diferencia entre la disciplina de un chico chileno y otro venezolano". El director musical de la FOJI remata que le impresiona esta diáspora artística. "Los venezolanos están repartidos por todos lados: en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. Nosotros conocemos a los famosos, como Dudamel, pero hay muchísimos otros intérpretes notables", concluye.
El concertino venezolano de la Filarmónica
Richard Biaggini, concertino de la Orquesta Filarmónica de Santiago, ha sido ampliamente elogiado por la crítica local y en particular sacó aplausos en 2017, cuando a raíz de una enfermedad de último minuto de la mezzosoprano Evelyn Ramírez, brindó -en el Municipal y en reemplazo- una estupenda versión del Concierto Nº 4, de Mozart.
En conversación con "Artes y Letras", el músico rememora que formó parte del "Sistema" y que gracias al profesor José Francisco del Castillo pudo acceder a una beca y formarse profesionalmente como violinista. A los 15 años audicionó para la Orquesta Simón Bolívar y fue aceptado, pero como quería seguir creciendo como intérprete, decidió continuar sus estudios en Estados Unidos. "Mi escuela violinística es franco-belga y buscando a un gran profesor llegué a Indiana y conseguí formarme con Yuval Yaron", adelanta.
En 2009 regresó a su país y continuó apoyando a José Antonio Abreu a través de clases a jóvenes talentos. Posteriormente fue concertino en Colombia y en Texas (Estados Unidos) y desde el 2016 se integró a la Filarmónica de Santiago. "Chile ha sido para mí una gran experiencia, sobre todo porque antes estuve ligado a proyectos como solista y en la música de cámara. Al Municipal de Santiago se lo conoce por la ópera y el ballet, y eso hoy me permite desarrollar otros lenguajes", afirma.
Biaggini también valora sus inicios formativos en su tierra natal y el aporte del fundador del "Sistema". A su juicio "José Antonio Abreu nos dejó un gran legado musical y humano. Nos enseñó a mirar a la orquesta como si fuera una gran familia, con muy buena voluntad entre todos sus integrantes, sin necesidad de egos y peleas. Después, y eso es lamentable, este programa se vio ensuciado por temas políticos. Hoy está a un paso del desastre, sobre todo porque hay gente que se ha encargado de que no funcione. Para mí, el gran éxodo de venezolanos es una tragedia. Duele ver a un país que lo tuvo todo y hoy está tan mal. Es hora de un cambio y estoy seguro de que una vez que vuelva a su estabilidad, despegarán nuevos talentos".
La experiencia de un clarinetista
David Medina (36) es desde hace un año clarinete solista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile (además de él hay otro instrumentista venezolano en este conjunto: el trombón Obeed Rodríguez). Medina comenta que ingresó al "Sistema" a muy temprana edad. "A los cinco años partí con el violín, siguiendo los pasos de mi mamá; pero a los 12 años lo cambié por el clarinete, como mi tío Valdemar Rodríguez. Él siempre fue mi ídolo. ¡Siempre quise tocar como él! Mi tío se formó con Luis Rossi, quien por la década del 70 estuvo en Venezuela (Rossi es un reconocido virtuoso argentino del clarinete y desde hace 40 años está radicado en Chile). En la decisión de trabajar en Santiago también primó la posibilidad de encontrarme con el maestro que formó a tantos intérpretes en mi tierra".
El músico venezolano rememora sus años de "gloria" en la Orquesta Simón Bolívar. "Grabamos discos, hicimos giras increíbles por todo el mundo y contamos con directores invitados de alta categoría, como Simon Rattle y Claudio Abbado". Medina confiesa que "vi cómo poco a poco muchos de sus integrantes originales comenzaron a emigrar, pero yo me mantuve. Aguanté hasta lo que más pude en Venezuela, pero a raíz de una situación personal tomé la decisión de buscar otras oportunidades. Es una pena que se esté produciendo una fuga de talentos tan grande. Es muy duro emigrar". El clarinetista -quien se encuentra en Santiago con su esposa y dos hijos- se muestra satisfecho por los logros de su carrera: "Es una maravilla haberme formado en el 'Sistema' y soy un gran agradecido de mi puesto actual en la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile (el 22 y 23 de marzo, junto a esta agrupación interpretará el Concierto para clarinete de Aaron Copland). Este año, además, comenzaré a hacer clases en el Instituto de Música de la Universidad Católica", adelanta.
Un venezolano atípico
El violinista David Núñez (48) está radicado desde 2007 en Chile. Comenta a "Artes y Letras" que inició sus estudios en Caracas, junto al apoyo de importantes profesores argentinos y chilenos que por esos años vivían en el exilio. "Tuve la suerte de formarme con grandes docentes, así que la decisión de vivir en Chile también tiene que ver con esa admiración que partió en mi niñez", dice. Profesor del Instituto de Música de la UC e integrante del Cuarteto Surkos, Núñez está desarrollando una destacada carrera solista en nuestro país y en Argentina. Añade que si bien sus estudios iniciales fueron en Venezuela y estuvo ligado al "Sistema", siendo muy joven emigró y continuó con su formación en Bruselas.
"Me fui de mi país en 1988 y en se sentido quizás sea un venezolano un tanto atípico. Mis compatriotas suelen ser un poquito más nacionalistas; pero yo tengo una cierta distancia con esos nacionalismos. El haber vivido gran parte de mi vida afuera me ha permitido tener una mirada más amplia y panamericana", señala instalado en su casa de Peñalolén. Núñez ha sido testigo de cómo muchísimos músicos venezolanos "están llegando, se están adaptando. Los veo muy proactivos, armando grupos, tocando. Los venezolanos somos gente muy trabajadora y eso quedó en evidencia con esta enorme diáspora, y a pesar de que es tan triste dejar tu país y muchos los han hecho por necesidad, yo creo que a la larga esta experiencia va a ser un gran aprendizaje para todos".
El artista añade que por mucho tiempo "los latinoamericanos conocían a mi país por las telenovelas, los concursos de belleza y el petróleo, y ahí nos quedamos. La explosión del 'Sistema' fue maravillosa e hizo que muchos de nuestros músicos alcanzaran prestigio internacional".
David Núñez remata que actualmente en Chile somos testigos de un fenómeno revelador. "Hay abogados e ingenieros venezolanos que hoy trabajan en Starbucks o vendiendo arepas en la calle, pero en cambio el músico que trabajaba en una orquesta de mi país puede seguir tocando en México, en Argentina o en Chile. Eso es un mérito del 'Sistema' y una constatación de que nuestros músicos, estén donde estén, van a ser requeridos".
"Hay que abrir las puertas para que la ayuda humanitaria llegue imperiosamente a los venezolanos".
Gustavo Dudamel Director
"Muchísimos músicos venezolanos están llegando, se están adaptando. Los veo muy proactivos".
David Núñez Violinista
"Para mí, el gran éxodo de venezolanos es una tragedia...Es hora de un cambio".
Richard Biaggini Violinista
"Es una pena que se esté produciendo una fuga de talentos tan grande. Es muy duro emigrar".
David Medina Clarinete
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
Mostrando las entradas con la etiqueta inmigrantes. Mostrar todas las entradas
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domingo, febrero 17, 2019
lunes, junio 18, 2018
Franco El Gorila: El reggaetonero que cambió Puerto Rico por Santiago
El Mercurio
Luego de cosechar varios éxitos en su tierra natal y un par de años de inactividad por problemas contractuales, el cantante decidió radicarse en Chile en 2016, donde busca hacer crecer la industria de la música urbana.
Por Raimundo Flores S.
"La idea era venir seis meses y ya van dos años y medio", dice entre risas Franco El Gorila, cantante de reggaetón puertorriqueño que está actualmente radicado en Chile. Con más de 13 años de carrera y un nombre importante en la escena de la música urbana internacional, Luis Fernando Cortés -su verdadero nombre-, decidió cambiar la capital del reggaetón por Santiago a comienzos de 2016.
"En mi país ya hice lo que tenía que hacer. Tuve la oportunidad de ser exitoso y ser conocido. Creo que venir a Chile era lo que tenía que hacer, buscar otra inspiración, como Cristóbal Colón que se fue a buscar otros horizontes", dice el cantante, quien además de concentrarse en su propia carrera, dirige el sello Full Metal, que también funciona en Puerto Rico y que busca potenciar a intérpretes chilenos de música urbana.
Aunque la conexión con su tierra natal sigue intacta, Franco El Gorila, chef de profesión, asegura que su casa es parada obligada de los boricuas que vienen a presentarse al país. Es ahí donde les ha cocinado comida típica de Puerto Rico a músicos como Nicky Jam y Wisin y Yandel.
Una de las motivaciones detrás de la decisión del reggaetonero por instalarse en Chile fue la riqueza musical que vio en el país, el que visitó continuamente desde que vino a tocar por primera vez en 2007. "Chile es un país que absorbe y que es amante de todo tipo de música. Estamos tratando de hacer que el mercado en Chile se expanda y que la gente de afuera vea que aquí sí hay competencia", dice, mientras desliza una crítica: "Los chilenos no apoyan su mercado y su música. Si te pones a ver con el paso de los años, ¿qué artistas tiene Chile? Beto Cuevas y Mon Laferte. Y realmente en Chile hay miles de ellos, hay mucho talento, pero no se apoya".
Su llegada a Chile se dio después de un período de inactividad en su carrera, luego de tener problemas contractuales con su anterior sello, lo que lo tuvo cerca de dos años sin publicar música. "Venir a Chile fue un segundo aire", reconoce.
Desde que está en el país, Franco El Gorila ha colaborado con distintos artistas nacionales como Noche de Brujas y Negro Sambo. Además, alista el estreno de "La última tentación", un sencillo de Luis Jara en el que colaboró él y María José Quintanilla y que saldrá en las primeras semanas de julio. Contará con un videoclip dirigido por el dúo de bailarines Power Peralta.
Luego de cosechar varios éxitos en su tierra natal y un par de años de inactividad por problemas contractuales, el cantante decidió radicarse en Chile en 2016, donde busca hacer crecer la industria de la música urbana.
Por Raimundo Flores S.
"La idea era venir seis meses y ya van dos años y medio", dice entre risas Franco El Gorila, cantante de reggaetón puertorriqueño que está actualmente radicado en Chile. Con más de 13 años de carrera y un nombre importante en la escena de la música urbana internacional, Luis Fernando Cortés -su verdadero nombre-, decidió cambiar la capital del reggaetón por Santiago a comienzos de 2016.
"En mi país ya hice lo que tenía que hacer. Tuve la oportunidad de ser exitoso y ser conocido. Creo que venir a Chile era lo que tenía que hacer, buscar otra inspiración, como Cristóbal Colón que se fue a buscar otros horizontes", dice el cantante, quien además de concentrarse en su propia carrera, dirige el sello Full Metal, que también funciona en Puerto Rico y que busca potenciar a intérpretes chilenos de música urbana.
Aunque la conexión con su tierra natal sigue intacta, Franco El Gorila, chef de profesión, asegura que su casa es parada obligada de los boricuas que vienen a presentarse al país. Es ahí donde les ha cocinado comida típica de Puerto Rico a músicos como Nicky Jam y Wisin y Yandel.
Una de las motivaciones detrás de la decisión del reggaetonero por instalarse en Chile fue la riqueza musical que vio en el país, el que visitó continuamente desde que vino a tocar por primera vez en 2007. "Chile es un país que absorbe y que es amante de todo tipo de música. Estamos tratando de hacer que el mercado en Chile se expanda y que la gente de afuera vea que aquí sí hay competencia", dice, mientras desliza una crítica: "Los chilenos no apoyan su mercado y su música. Si te pones a ver con el paso de los años, ¿qué artistas tiene Chile? Beto Cuevas y Mon Laferte. Y realmente en Chile hay miles de ellos, hay mucho talento, pero no se apoya".
Su llegada a Chile se dio después de un período de inactividad en su carrera, luego de tener problemas contractuales con su anterior sello, lo que lo tuvo cerca de dos años sin publicar música. "Venir a Chile fue un segundo aire", reconoce.
Desde que está en el país, Franco El Gorila ha colaborado con distintos artistas nacionales como Noche de Brujas y Negro Sambo. Además, alista el estreno de "La última tentación", un sencillo de Luis Jara en el que colaboró él y María José Quintanilla y que saldrá en las primeras semanas de julio. Contará con un videoclip dirigido por el dúo de bailarines Power Peralta.
viernes, mayo 04, 2018
Los Amigos Invisibles: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes"
El Mercurio
La banda habla de la gran colonia de compatriotas que vive en Chile. Hoy los artistas de ese país se toman la cartelera local con música, teatro y humor.
Por José Vásquez
José Rafael Torres, el bajista de Los Amigos Invisibles, hace memoria histórica y termina la frase con una ironía demasiado ajustada al presente: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes de toda Sudamérica, y ahora estamos cobrándoles el recibo", cuenta al teléfono desde Ciudad de México, donde reside, antes de un nuevo viaje a la capital.
El músico vendrá con su banda para una presentación inédita junto a sus compatriotas de Desorden Público, el próximo 2 de junio, en La Cúpula Multiespacio, una fecha que se promociona como "una fiesta venezolana", que suma al DJ Rui y una barra de bebidas y comidas típicas de su país.
"Sé que en Chile hay una diáspora venezolana bien grande de gente que llega allá a diario buscando un mejor futuro, porque hoy en nuestro país no hay opción para eso", cuenta Torres, quien, consultado por las nuevas políticas chilenas para obtener una visa de residencia, dice: "Entiendo los contextos y que cuando mucha gente de un país se comienza a ir a otro se van a poner más duros. Me parece lamentable, pero, al mismo tiempo, inevitable, aunque sea de la idea de que la inmigración es un proceso humano ancestral que existe desde el inicio de los tiempos".
En cartelera
En 2017 se otorgaron 73 mil visas para inmigrantes provenientes de Venezuela, una cifra en aumento y que los ubica como la nación que más ha crecido en Chile en el último año, junto con los haitianos, y donde la mayoría (el 43,5%) son jóvenes de entre 15 y 29 años, según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior.
Esta nueva realidad social ha tenido una repercusión importante en la cartelera de espectáculos no solo en el apartado musical, sino que también en el teatro y el humor. Mañana hay panoramas por partida doble: mientras en el Club Chocolate debutará en suelo nacional el dúo SanLuis, en el Teatro Teletón habrá una función de la obra "Orgasmos", protagonizada por Norkys Batista.
Ricardo Montaner regresará el 21 de julio al Movistar Arena y el 30 y 31 de agosto llegará el stand up de George Harris, quien ya agotó la primera de sus dos presentaciones en La Cúpula Multiespacio.
La banda habla de la gran colonia de compatriotas que vive en Chile. Hoy los artistas de ese país se toman la cartelera local con música, teatro y humor.
Por José Vásquez
José Rafael Torres, el bajista de Los Amigos Invisibles, hace memoria histórica y termina la frase con una ironía demasiado ajustada al presente: "En Venezuela, durante mucho tiempo recibimos inmigrantes de toda Sudamérica, y ahora estamos cobrándoles el recibo", cuenta al teléfono desde Ciudad de México, donde reside, antes de un nuevo viaje a la capital.
El músico vendrá con su banda para una presentación inédita junto a sus compatriotas de Desorden Público, el próximo 2 de junio, en La Cúpula Multiespacio, una fecha que se promociona como "una fiesta venezolana", que suma al DJ Rui y una barra de bebidas y comidas típicas de su país.
"Sé que en Chile hay una diáspora venezolana bien grande de gente que llega allá a diario buscando un mejor futuro, porque hoy en nuestro país no hay opción para eso", cuenta Torres, quien, consultado por las nuevas políticas chilenas para obtener una visa de residencia, dice: "Entiendo los contextos y que cuando mucha gente de un país se comienza a ir a otro se van a poner más duros. Me parece lamentable, pero, al mismo tiempo, inevitable, aunque sea de la idea de que la inmigración es un proceso humano ancestral que existe desde el inicio de los tiempos".
En cartelera
En 2017 se otorgaron 73 mil visas para inmigrantes provenientes de Venezuela, una cifra en aumento y que los ubica como la nación que más ha crecido en Chile en el último año, junto con los haitianos, y donde la mayoría (el 43,5%) son jóvenes de entre 15 y 29 años, según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior.
Esta nueva realidad social ha tenido una repercusión importante en la cartelera de espectáculos no solo en el apartado musical, sino que también en el teatro y el humor. Mañana hay panoramas por partida doble: mientras en el Club Chocolate debutará en suelo nacional el dúo SanLuis, en el Teatro Teletón habrá una función de la obra "Orgasmos", protagonizada por Norkys Batista.
Ricardo Montaner regresará el 21 de julio al Movistar Arena y el 30 y 31 de agosto llegará el stand up de George Harris, quien ya agotó la primera de sus dos presentaciones en La Cúpula Multiespacio.
domingo, abril 29, 2018
Los venezolanos arman escena
La Tercera
En sólo unos meses, la cartelera santiaguina se repletó de bandas, comediantes y productores de ese país. Un fenómeno impulsado por una creciente colonia de migrantes decidida a salvar su patrimonio.
Por Andrés del Real
Mientras afinaban los últimos detalles del regreso a Chile de Ricardo Montaner, los encargados de su próximo concierto en el Movistar Arena informaron de la visita del baladista en una página de Facebook de venezolanos residentes en Chile. La idea, cuentan, era sondear el interés entre la colonia por ver a su compatriota en vivo en estas tierras. La respuesta fue contundente: 6 mil comentarios en 8 horas, que los convencieron de lanzar una preventa especial de entradas para el público venezolano. “Se vendieron cerca de tres mil tickets en tres días”, cuenta Claudio Castro, de la productora Free Time.
La experiencia piloto es una de las primeras que una compañía de este tipo impulsa en el país, y da cuenta de un fenómeno del que la industria local de los espectáculos en vivo ya toma nota. Con los cambios en las olas migratorias que se han producido en Chile en los últimos años, y una cifra total que según las últimas estimaciones supera el millón de personas nacidas en el extranjero viviendo actualmente en el país, la cartelera ha ido de a poco adecuando su oferta para un público que hoy es multicultural. Y en ese panorama, los venezolanos llevan la batuta.
Quienes conocen de cerca la situación ya hablan de una escena, un circuito paralelo que mueve a miles de personas y que en sólo meses convirtió a Santiago en una plaza ineludible para los más populares artistas del país llanero. Fue el caso de Guaco, orquesta tropical de Maracaibo que el mes pasado juntó a más de 5 mil asistentes en el Teatro Caupolicán, y de Desorden Público, institución del ska caraqueño que en junio regresa a un año de su exitoso paso por la capital. “Los trajimos en 2014 pero lo de junio pasado fue una locura, con mucha gente en el público llorando emocionada, porque son bandas que les recuerdan a su tierra, a sus familias”, cuenta Francisco Padilla, el mismo productor tras el debut de los venezolanos Rayawana, que a fines de 2017 agotaron dos Club Chocolate.
La próxima visita de Desorden Público grafica el estado de las cosas, con un show en conjunto con Los Amigos Invisibles, otro nombre fundamental del rock de la nación caribeña, en un evento en el Teatro La Cúpula que tendrá barra con cervezas y comida típica venezolana además de un DJ popular entre la comunidad residente. Las entradas para el concierto, que se promociona como “la fiesta para los venezolanos en Chile”, son comercializadas en tiendas y restoranes que son punto de encuentro para la colonia, como Guaio-io Marketplace y Papelón Sabroso.
“Comenzamos a trabajar con más cuidado los contenidos, porque a medida que llegan más venezolanos, más gente se interesa en hacer conciertos y la idea es generar un negocio suficientemente competitivo y ético para que todos puedan participar. De hecho, sumamos decenas de venezolanos a nuestro trabajo, desde el volanteo hasta el catering, así nos integramos y generamos alianzas”, explica Padilla sobre el show del 2 de junio.
No sólo músicos de ese país han convertido a Santiago en destino recurrente. También exponentes de otras disciplinas, como la comedia y el teatro. Así, el pasado 28 de marzo, debutó en la capital actor Carlos Fraga, con un “monólogo teatral de humor reflexivo” en el Teatro Nescafé de las Artes llamado Hombres, mujeres… sexo sin guerra. En tanto, este sábado 5 en el Teatro Teletón, regresará con su monólogo Orgasmos la comediante y ex Miss Venezuela Norkys Batista, declarada enemiga del gobierno por el presidente Nicolás Maduro.
“Los artistas también ponen de su parte para venir a Chile, a veces sin priorizar lo económico porque podrían ir a Miami y hacer cinco shows allá. Sin la colaboración de ellos no lo podríamos lograr”, comenta Belkys Massó, promotora detrás de las presentaciones de Batista. Nacida en Venezuela, llegó a Chile en 2002 y tras varios años dedicada a la producción de espectáculos ha puesto su foco en eventos dirigidos a la cada vez más numerosa colonia llanera en el país, que se estima supera las 300 mil personas.
La casa
Massó no es la única productora venezolana que realiza espectáculos para sus compatriotas en Chile. A ella se sumó La Sordera, compañía dedicada al entretenimiento que en 2016 se mudó a Santiago, y luego de regularizar sus trámites migratorios ha logrado levantar una interesante cartelera de conciertos en la capital con grupos como Mesoneros, el rapero Apache, La Vida Boheme -que se presentó ante un repleto Club Subterráneo- y próximamente el comediante George Harris, popular exponente del stand up comedy venezolano que agotó todos los tickets en un solo día para su actuación en el Teatro La Cúpula del próximo 31 de agosto.
“La audiencia se ha ido mezclando y va creciendo porque ahora muchos chilenos tienen un amigo venezolano, así que se termina dando un fenómeno súper interesante”, asegura Francisco Méndez, fundador de La Sordera, quien también ha incursionado en la gestión de shows de bandas chilenas. El promotor suma otra tesis para explicar el éxito de estos espectáculos: “En Venezuela, la misma crisis terminó centralizando los shows en las grandes ciudades, como Maracaibo y Caracas, pero como aquí los migrantes son de diversas regiones para muchos termina siendo la primera vez que ven a los artistas”.
El próximo evento de La Sordera es el retorno de Caramelos de Cianuro (16 de mayo, La Cúpula), otro emblema del rock venezolano, quienes también han vivido de cerca la crisis social que atraviesa su país. De hecho, en 2012, el mánager histórico de la banda, Libero Iaizzo, fue secuestrado y asesinado en las calles de Caracas. Su éxito La casa, de 2010, se ha convertido en himno en cada recital ante sus paisanos fuera de su patria.
“Creo que tiene que ver con la añoranza, con lo difícil que es emigrar y dejar tantas cosas atrás. Es algo que nosotros vivimos día a día. Me gusta que la gente mantenga sus raíces y para nosotros, los artistas, eso muy bueno también”, comenta Asier Cazalis, vocalista del cuarteto, consultado por la cada vez más nutrida cartelera venezolana en Santiago.
Si bien para muchos el fenómeno responde en gran medida al mayor poder adquisitivo que tendrían los inmigrantes de esa nacionalidad -en comparación con el de extranjeros de otros países vecinos-, Méndez cree que la explicación radica en factores más emocionales. “Los otros países no están en crisis humanitaria, nosotros migramos de uno que está quedando en el olvido. Por lo mismo, tenemos la responsabilidad de mostrar y rescatar nuestra cultura, tenemos que mantener vivas nuestras comida, nuestras fiestas y nuestras bandas”, explica.
En sólo unos meses, la cartelera santiaguina se repletó de bandas, comediantes y productores de ese país. Un fenómeno impulsado por una creciente colonia de migrantes decidida a salvar su patrimonio.
Por Andrés del Real
Mientras afinaban los últimos detalles del regreso a Chile de Ricardo Montaner, los encargados de su próximo concierto en el Movistar Arena informaron de la visita del baladista en una página de Facebook de venezolanos residentes en Chile. La idea, cuentan, era sondear el interés entre la colonia por ver a su compatriota en vivo en estas tierras. La respuesta fue contundente: 6 mil comentarios en 8 horas, que los convencieron de lanzar una preventa especial de entradas para el público venezolano. “Se vendieron cerca de tres mil tickets en tres días”, cuenta Claudio Castro, de la productora Free Time.
La experiencia piloto es una de las primeras que una compañía de este tipo impulsa en el país, y da cuenta de un fenómeno del que la industria local de los espectáculos en vivo ya toma nota. Con los cambios en las olas migratorias que se han producido en Chile en los últimos años, y una cifra total que según las últimas estimaciones supera el millón de personas nacidas en el extranjero viviendo actualmente en el país, la cartelera ha ido de a poco adecuando su oferta para un público que hoy es multicultural. Y en ese panorama, los venezolanos llevan la batuta.
Quienes conocen de cerca la situación ya hablan de una escena, un circuito paralelo que mueve a miles de personas y que en sólo meses convirtió a Santiago en una plaza ineludible para los más populares artistas del país llanero. Fue el caso de Guaco, orquesta tropical de Maracaibo que el mes pasado juntó a más de 5 mil asistentes en el Teatro Caupolicán, y de Desorden Público, institución del ska caraqueño que en junio regresa a un año de su exitoso paso por la capital. “Los trajimos en 2014 pero lo de junio pasado fue una locura, con mucha gente en el público llorando emocionada, porque son bandas que les recuerdan a su tierra, a sus familias”, cuenta Francisco Padilla, el mismo productor tras el debut de los venezolanos Rayawana, que a fines de 2017 agotaron dos Club Chocolate.
La próxima visita de Desorden Público grafica el estado de las cosas, con un show en conjunto con Los Amigos Invisibles, otro nombre fundamental del rock de la nación caribeña, en un evento en el Teatro La Cúpula que tendrá barra con cervezas y comida típica venezolana además de un DJ popular entre la comunidad residente. Las entradas para el concierto, que se promociona como “la fiesta para los venezolanos en Chile”, son comercializadas en tiendas y restoranes que son punto de encuentro para la colonia, como Guaio-io Marketplace y Papelón Sabroso.
“Comenzamos a trabajar con más cuidado los contenidos, porque a medida que llegan más venezolanos, más gente se interesa en hacer conciertos y la idea es generar un negocio suficientemente competitivo y ético para que todos puedan participar. De hecho, sumamos decenas de venezolanos a nuestro trabajo, desde el volanteo hasta el catering, así nos integramos y generamos alianzas”, explica Padilla sobre el show del 2 de junio.
No sólo músicos de ese país han convertido a Santiago en destino recurrente. También exponentes de otras disciplinas, como la comedia y el teatro. Así, el pasado 28 de marzo, debutó en la capital actor Carlos Fraga, con un “monólogo teatral de humor reflexivo” en el Teatro Nescafé de las Artes llamado Hombres, mujeres… sexo sin guerra. En tanto, este sábado 5 en el Teatro Teletón, regresará con su monólogo Orgasmos la comediante y ex Miss Venezuela Norkys Batista, declarada enemiga del gobierno por el presidente Nicolás Maduro.
“Los artistas también ponen de su parte para venir a Chile, a veces sin priorizar lo económico porque podrían ir a Miami y hacer cinco shows allá. Sin la colaboración de ellos no lo podríamos lograr”, comenta Belkys Massó, promotora detrás de las presentaciones de Batista. Nacida en Venezuela, llegó a Chile en 2002 y tras varios años dedicada a la producción de espectáculos ha puesto su foco en eventos dirigidos a la cada vez más numerosa colonia llanera en el país, que se estima supera las 300 mil personas.
La casa
Massó no es la única productora venezolana que realiza espectáculos para sus compatriotas en Chile. A ella se sumó La Sordera, compañía dedicada al entretenimiento que en 2016 se mudó a Santiago, y luego de regularizar sus trámites migratorios ha logrado levantar una interesante cartelera de conciertos en la capital con grupos como Mesoneros, el rapero Apache, La Vida Boheme -que se presentó ante un repleto Club Subterráneo- y próximamente el comediante George Harris, popular exponente del stand up comedy venezolano que agotó todos los tickets en un solo día para su actuación en el Teatro La Cúpula del próximo 31 de agosto.
“La audiencia se ha ido mezclando y va creciendo porque ahora muchos chilenos tienen un amigo venezolano, así que se termina dando un fenómeno súper interesante”, asegura Francisco Méndez, fundador de La Sordera, quien también ha incursionado en la gestión de shows de bandas chilenas. El promotor suma otra tesis para explicar el éxito de estos espectáculos: “En Venezuela, la misma crisis terminó centralizando los shows en las grandes ciudades, como Maracaibo y Caracas, pero como aquí los migrantes son de diversas regiones para muchos termina siendo la primera vez que ven a los artistas”.
El próximo evento de La Sordera es el retorno de Caramelos de Cianuro (16 de mayo, La Cúpula), otro emblema del rock venezolano, quienes también han vivido de cerca la crisis social que atraviesa su país. De hecho, en 2012, el mánager histórico de la banda, Libero Iaizzo, fue secuestrado y asesinado en las calles de Caracas. Su éxito La casa, de 2010, se ha convertido en himno en cada recital ante sus paisanos fuera de su patria.
“Creo que tiene que ver con la añoranza, con lo difícil que es emigrar y dejar tantas cosas atrás. Es algo que nosotros vivimos día a día. Me gusta que la gente mantenga sus raíces y para nosotros, los artistas, eso muy bueno también”, comenta Asier Cazalis, vocalista del cuarteto, consultado por la cada vez más nutrida cartelera venezolana en Santiago.
Si bien para muchos el fenómeno responde en gran medida al mayor poder adquisitivo que tendrían los inmigrantes de esa nacionalidad -en comparación con el de extranjeros de otros países vecinos-, Méndez cree que la explicación radica en factores más emocionales. “Los otros países no están en crisis humanitaria, nosotros migramos de uno que está quedando en el olvido. Por lo mismo, tenemos la responsabilidad de mostrar y rescatar nuestra cultura, tenemos que mantener vivas nuestras comida, nuestras fiestas y nuestras bandas”, explica.
domingo, febrero 04, 2018
Los bailes de ritmos caribeños conquistan con fuerza a los chilenos
El Mercurio
En Santiago son cada vez más las personas que se inscriben en clases de salsa, merengue o bachata. En menos de un año, se ha doblado la matrícula en las academias y hasta se formó un club de salseros de cuatro mil personas. Según los profesores, los gustos musicales de los extranjeros instalados en el país han ejercido su influencia.
Por JANINA MARCANO FERMÍN
A las 20:30 horas de un miércoles, 40 personas están reunidas en círculo en la academia de baile Go Salsa, ubicada en Santiago Centro. Apenas suena la música, Vivianne Ormazábal (45) toma del brazo a su compañero y empiezan a bailar juntos.
Ormazábal es ejecutiva de banco y se interesó por la salsa el año pasado. Desde entonces va a dos clases por semana.
"Empecé a atender clientes extranjeros que cuando me veían estresada, me decían '¿por qué no se va a bailar?'. Me mostraron videos de salsa y ahí quedé fascinada. Ahora esto es mi válvula de escape", cuenta.
Así como ella, otros 100 alumnos chilenos asisten a este estudio de baile. Las inscripciones aumentaron desde mediados de 2017, cuenta Benjamín Villarroel, bailarín y director de la escuela.
"Eran unos pocos en 2012, el año pasado había unos 40 y ahora estamos con 100", comenta Villarroel, quien asegura que la llegada de migrantes a Chile desde los países caribeños fue lo que impulsó esta tendencia.
"Fue muy evidente la influencia. Antes recibía consultas de personas que querían bailar para conocer gente. Ahora te dicen que tienen amigos venezolanos o colombianos y les llama la atención cómo son capaces de mover el cuerpo. El chileno vio eso y dijo 'quiero lo mismo para mí'".
Es el caso de Alejandro Peña (44), chofer de camiones y alumno de salsa desde hace tres meses, quien el año pasado empezó a compartir turnos con un joven venezolano. "En los viajes teníamos que intercalar su música con la mía y ahí conocí la salsa. Yo espero con ansias que llegue la hora de salir de la pega para irme a bailar, porque la paso bien y ando con mejor ánimo", dice.
Diversidad de ritmos
Aunque existen varios estilos de salsa, la de origen cubano es la que predomina en la mayoría de las academias. Se le conoce como "salsa casino". "Es la que más se expandió en los países del Caribe. Es más coreográfica y se intercambian las parejas durante la canción", explica Villarroel.
El profesor dice que en 2012 había solo cinco academias como la suya en Santiago; ahora son cerca de 20.
El merengue y la bachata, géneros de origen dominicano, también han ganado espacio. A petición de sus alumnos, Villarroel abrió hace dos meses un taller para enseñar estos ritmos. "Hay lugares como Venezuela o Dominicana donde se baila más merengue que salsa, y como siempre mezclan ambos en sus fiestas, el chileno también lo quiso aprender".
Un escenario similar es el que describe Adriana Rodríguez, encargada de la salsoteca y academia Orixas, también ubicada en Santiago. "En Colombia también se escucha la bachata. Y como ellos la trajeron a Chile, nos vimos en la necesidad de incluirla, porque la solicitaban mucho", dice.
En Orixas se triplicó la matrícula en un año, agrega Rodríguez. Si el promedio de 2016 era de 40 asistentes por día, actualmente llegan 150. Rodríguez comenta que las edades van entre los 35 y los 70 años.
Realizar sesiones de baile libre después de clases se ha convertido en un hábito en las academias. En Orixas, por ejemplo, desde hace tres años cuentan con un club de socios de salsa que formaron los alumnos, quienes continúan bailando después de las lecciones y realizan competencias. Actualmente está formado por cuatro mil personas, 80% de ellas chilenas.
"Se preocupan de perfeccionar, de poder competir con un extranjero en la pista. Creo que no se lo toman a la ligera", dice Rodríguez.
Nueva mirada
"La llegada de migrantes está constituyendo un aporte decisivo al enriquecimiento musical de Chile", opina Lorenzo Agar, doctor en Sociología, académico de la Universidad de Chile y experto en migraciones.
Según Agar, los ritmos caribeños han sido mal vistos por los chilenos desde hace décadas. Algo que estaría cambiando.
"Se está transformando esa mirada de que son vulgares y de los pobres. Ahora se ven chilenos de clase media bailando salsa y es porque en el Caribe la bailan todos, desde el más pobre hasta el gerente de una empresa, y eso se empieza a reflejar acá".
María Cecilia Toledo, músico y gestora cultural de proyectos internacionales, ve en esta tendencia una oportunidad para abordar la migración. "La música tiene un efecto multiplicador que produce una integración inmediata y podría ayudar a evitar la desconfianza y la discriminación que termina produciendo guetos, cosas a las que nuestra sociedad teme hoy día", puntualiza.
Kizombá, de Haití a Santiago
De origen africano, el Kizombá es un estilo musical muy típico en Haití y es otro de los ritmos que empieza a expandirse en Santiago. Se trata de un baile en pareja, en el que el hombre y la mujer marcan pasos suaves. El contacto se realiza fundamentalmente con las caderas.
"Aunque no ha tenido la misma fuerza que la salsa, sí se está haciendo presente en Chile", cuenta Bastián Ramírez, director de la academia Báilalo, donde se imparte este ritmo, además de salsa. Desde el año pasado, agrega, al menos cuatro academias en Santiago lo han incorporado.
En Santiago son cada vez más las personas que se inscriben en clases de salsa, merengue o bachata. En menos de un año, se ha doblado la matrícula en las academias y hasta se formó un club de salseros de cuatro mil personas. Según los profesores, los gustos musicales de los extranjeros instalados en el país han ejercido su influencia.
Por JANINA MARCANO FERMÍN
A las 20:30 horas de un miércoles, 40 personas están reunidas en círculo en la academia de baile Go Salsa, ubicada en Santiago Centro. Apenas suena la música, Vivianne Ormazábal (45) toma del brazo a su compañero y empiezan a bailar juntos.
Ormazábal es ejecutiva de banco y se interesó por la salsa el año pasado. Desde entonces va a dos clases por semana.
"Empecé a atender clientes extranjeros que cuando me veían estresada, me decían '¿por qué no se va a bailar?'. Me mostraron videos de salsa y ahí quedé fascinada. Ahora esto es mi válvula de escape", cuenta.
Así como ella, otros 100 alumnos chilenos asisten a este estudio de baile. Las inscripciones aumentaron desde mediados de 2017, cuenta Benjamín Villarroel, bailarín y director de la escuela.
"Eran unos pocos en 2012, el año pasado había unos 40 y ahora estamos con 100", comenta Villarroel, quien asegura que la llegada de migrantes a Chile desde los países caribeños fue lo que impulsó esta tendencia.
"Fue muy evidente la influencia. Antes recibía consultas de personas que querían bailar para conocer gente. Ahora te dicen que tienen amigos venezolanos o colombianos y les llama la atención cómo son capaces de mover el cuerpo. El chileno vio eso y dijo 'quiero lo mismo para mí'".
Es el caso de Alejandro Peña (44), chofer de camiones y alumno de salsa desde hace tres meses, quien el año pasado empezó a compartir turnos con un joven venezolano. "En los viajes teníamos que intercalar su música con la mía y ahí conocí la salsa. Yo espero con ansias que llegue la hora de salir de la pega para irme a bailar, porque la paso bien y ando con mejor ánimo", dice.
Diversidad de ritmos
Aunque existen varios estilos de salsa, la de origen cubano es la que predomina en la mayoría de las academias. Se le conoce como "salsa casino". "Es la que más se expandió en los países del Caribe. Es más coreográfica y se intercambian las parejas durante la canción", explica Villarroel.
El profesor dice que en 2012 había solo cinco academias como la suya en Santiago; ahora son cerca de 20.
El merengue y la bachata, géneros de origen dominicano, también han ganado espacio. A petición de sus alumnos, Villarroel abrió hace dos meses un taller para enseñar estos ritmos. "Hay lugares como Venezuela o Dominicana donde se baila más merengue que salsa, y como siempre mezclan ambos en sus fiestas, el chileno también lo quiso aprender".
Un escenario similar es el que describe Adriana Rodríguez, encargada de la salsoteca y academia Orixas, también ubicada en Santiago. "En Colombia también se escucha la bachata. Y como ellos la trajeron a Chile, nos vimos en la necesidad de incluirla, porque la solicitaban mucho", dice.
En Orixas se triplicó la matrícula en un año, agrega Rodríguez. Si el promedio de 2016 era de 40 asistentes por día, actualmente llegan 150. Rodríguez comenta que las edades van entre los 35 y los 70 años.
Realizar sesiones de baile libre después de clases se ha convertido en un hábito en las academias. En Orixas, por ejemplo, desde hace tres años cuentan con un club de socios de salsa que formaron los alumnos, quienes continúan bailando después de las lecciones y realizan competencias. Actualmente está formado por cuatro mil personas, 80% de ellas chilenas.
"Se preocupan de perfeccionar, de poder competir con un extranjero en la pista. Creo que no se lo toman a la ligera", dice Rodríguez.
Nueva mirada
"La llegada de migrantes está constituyendo un aporte decisivo al enriquecimiento musical de Chile", opina Lorenzo Agar, doctor en Sociología, académico de la Universidad de Chile y experto en migraciones.
Según Agar, los ritmos caribeños han sido mal vistos por los chilenos desde hace décadas. Algo que estaría cambiando.
"Se está transformando esa mirada de que son vulgares y de los pobres. Ahora se ven chilenos de clase media bailando salsa y es porque en el Caribe la bailan todos, desde el más pobre hasta el gerente de una empresa, y eso se empieza a reflejar acá".
María Cecilia Toledo, músico y gestora cultural de proyectos internacionales, ve en esta tendencia una oportunidad para abordar la migración. "La música tiene un efecto multiplicador que produce una integración inmediata y podría ayudar a evitar la desconfianza y la discriminación que termina produciendo guetos, cosas a las que nuestra sociedad teme hoy día", puntualiza.
Kizombá, de Haití a Santiago
De origen africano, el Kizombá es un estilo musical muy típico en Haití y es otro de los ritmos que empieza a expandirse en Santiago. Se trata de un baile en pareja, en el que el hombre y la mujer marcan pasos suaves. El contacto se realiza fundamentalmente con las caderas.
"Aunque no ha tenido la misma fuerza que la salsa, sí se está haciendo presente en Chile", cuenta Bastián Ramírez, director de la academia Báilalo, donde se imparte este ritmo, además de salsa. Desde el año pasado, agrega, al menos cuatro academias en Santiago lo han incorporado.
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