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miércoles, octubre 24, 2018

Sting y Shaggy unieron fuerzas con su inédita dupla de sincronía jamaiquina

El Mercurio

Los músicos presentaron anoche en el Movistar Arena, ante más de 10 mil personas, su álbum "44/876", además de sus éxitos propios. 

José Vásquez
La partida no fue inglesa a pesar de iniciar con uno de los clásicos solistas de Sting. Pasadas las 21:20, el británico aparece por uno de los costados del escenario del Movistar Arena y por el otro, su nuevo colega, Shaggy, quien empieza como un animador de masas antes de la primera de la noche: "Englishman in New York" que a medio camino muta a "Jamaican" en la Gran Manzana, con el músico caribeño sacando una bandera de su país del bolsillo, que sacude para dejar más que claros sus orígenes.

El nuevo socio del otrora líder de The Police asume el trabajo de ser quien agite al público pidiendo palmas -algo de lo que no precisa el británico-, mientras su compañero, siempre con su bajo pegado a la cintura, sube la intensidad con el primer clásico de su exbanda, "Every little thing she does is magic", que puso por primera vez de pie al público, que permaneció sentado en un importante porcentaje del show mientras pasaban los temas que impulsaron el inédito proyecto.

No son necesariamente mundos opuestos, pero la reunión de Sting con Shaggy generó una extrañeza que se resuelve fácil en su punto de encuentro: el pulso reggae jamaiquino. En abril pasado lanzaron su álbum titulado "44/876" -los códigos telefónicos de Inglaterra y Jamaica- y salieron a recorrer Europa y Estados Unidos, antes de recalar anoche en Santiago frente a más de 10 mil personas en el gran domo del Parque O'Higgins.

Las canciones de este trabajo se sostienen dignas en directo y así pasan la homónima "44/876", "Morning is coming" y una aplaudida "Gotta get back my baby", con un impecable apoyo desde el coro.

Pero esta amistad en vivo asoma asimétrica en cuanto al predominio en el listado de canciones propias, donde Shaggy incluye temas en una proporción absolutamente menor, como "Angel", "It wasn't me" y una "Boombastic", innecesariamente mezclada con "Roxanne", que antes del bis se termina desinflando como un desafortunado remix discotequero.

sábado, septiembre 22, 2018

Sting: "¿Mi mejor recuerdo de Chile? En los 80, cuando vine al Festival de Viña"

El Mercurio

Guillermo Tupper.
Espectáculos
El Mercurio

En una de las colaboraciones más improbables del último tiempo, Sting unió fuerzas con el músico jamaicano Shaggy para lanzar un disco de inspiración caribeña que presentarán en octubre en Movistar Arena. En conversación con "El Mercurio", ambos cantantes hablan de su devoción por el reggae, su pasado como inmigrantes y el desafío de hacer música luminosa en tiempos turbulentos. "Estados Unidos debería ser un modelo de libertad y lo estamos perdiendo", dice el británico.



Orville Richard Burrell, más conocido como Shaggy (49), suelta la primera carcajada de la tarde cuando rememora su primer encuentro con Sting (66). Fue en Ámsterdam, cuando él se encontraba en el backstage de una presentación del ex líder de The Police. "Lo conocí tras bambalinas y luego salté al escenario mientras tocaba 'Roxanne'", recuerda el jamaicano. "Fue uno de esos impulsos del momento. Él dijo: 'oh, Dios, ¿quién es este tipo?'".

"De hecho, fue un desastre", complementa Sting. "Me tomó diez años recuperarme de esa experiencia. Pero lo perdono y ahora todo está bien".

Desde Curazao -una isla perteneciente a los Países Bajos y situada en el sur del mar Caribe- Sting y Shaggy, protagonistas de una de las colaboraciones más singulares de los últimos tiempos, ponen el teléfono en altavoz para anticipar su próxima venida a Santiago (ver recuadro). Faltan algunas horas para su presentación en el festival "North Sea Jazz" -en el que comparten un ecléctico cartel con figuras como Christina Aguilera, Grace Jones y Burt Bacharach- y, lejos del choque de egos propio de estrellas de su magnitud, su diálogo transcurre entre bromas mutuas y frases que empieza uno y termina el otro. "Tenemos varias cosas en común", señala Sting. "De partida, los dos tenemos nombres estúpidos".

Desde su sorpresiva presentación en la última ceremonia de los Grammy, el anuncio de un disco conjunto entre ambos generó muecas de incredulidad: ¿qué tenían que ver el explosivo toaster jamaicano con el refinado rockero nombrado comandante del imperio británico? Unidos por su gusto por las sonoridades caribeñas, y en particular por el reggae, el resultado fue "44/876", un álbum cuyo título hace referencia a los respectivos códigos telefónicos de Gran Bretaña y Jamaica. "Una de las formas de identificar el estrellato es una voz única. Tener una impronta como la de Shaggy, que no podría ser de nadie más, eso es ser una estrella. La primera vez que escuché 'Boombastic', dije: 'oh, ¿qué es esto?'", dice Sting. "(El disco) es la conversación entre dos individuos de culturas muy diferentes, cantando sobre asuntos que nos importan mucho, desde dos puntos de vista ligeramente distintos y en los que, a menudo, estamos de acuerdo".

La colisión de ambos universos musicales fluyó a pesar de sus radicales diferencias de rutina: si Shaggy solía sentarse a componer pasadas las 2:00 de la mañana, con Sting tuvo que levantarse temprano y ponerse a trabajar en horario de oficina. "¡Este tipo es un demente!", protesta la voz de "Boombastic", quien también fue animado por el propio Sting para incursionar en el canto, tal como lo hace en "Dreaming in the USA". "Definitivamente, Sting es alguien que me empujó hasta mis límites y me llevó a hacer cosas con las que, normalmente, no me sentía cómodo. Estoy muy agradecido de él. Nunca hubiese sabido qué tan bueno era, ni qué tan cómodo me sentía, si él no hubiera insistido".

"En realidad, él es un muy buen cantante", complementa Sting. "Pero era muy importante que él y yo saliéramos levemente de nuestra zona de confort para que pudiéramos innovar y ser creativos. Para eso, necesitas ser un poco sacudido. Así, Shaggy debía escribir la canción correcta en el momento, y yo lo iba a sacar de sus esquemas al exigirle que cantara. La contribución desde ambos lados fue significativa porque él puede hacer cosas que yo no puedo y me ha provisto de ellas".

Shaggy: "Pero lo principal es que es buena música. Se siente como el verano, tiene un montón de felicidad y esperanza. Es el tipo de música que te pone en un buen estado de ánimo".

El viejo sabor de lo nuevo

Desde sus inicios, las sonoridades del Caribe ejercieron un gran influjo en Sting. En Inglaterra, creció rodeado de la música ska, calipso y reggae traída por la comunidad de inmigrantes de las Indias Occidentales. Luego, aquellas influencias fueron recogidas por The Police y canciones como "So lonely", "Walking on the moon" o "One world (not three)" derribaron barreras con un contagioso cruce entre pop bailable y reggae. En los 80, para escapar del acoso mediático, Sting vivió un tiempo en la casa que tenía Ian Fleming en la costa norte de Jamaica. En la misma mesa en que el escritor dio vida a las novelas de James Bond, el blondo cantante compuso "Every breath you take", uno de los mayores éxitos del trío.

La pequeña isla de las Grandes Antillas volvió a ser su principal fuente de inspiración para "44/876". En la canción que le da el nombre al disco, Sting rinde tributo a su gran mentor ("El fantasma de Bob Marley me frecuenta hasta hoy; hay una verdad espiritual en las palabras de su canción", reza la letra). Para el ex The Police, conocer a Marley en el Londres de los 70 fue un shock cultural que marcó su hoja de ruta. "Quería agradecerle de algún modo", admite. "Él fue una gran influencia e inspiración en mi vida, no solo musicalmente, sino que también política y espiritualmente. Cuando volví a retomar el reggae en este disco, quería incluir su nombre. Todavía me obsesiona, pero de una manera positiva".

Aunque muchos la acusaron en su momento de "apropiación cultural", la música de The Police reverberó con fuerza en la isla. El propio Sting lo pudo comprobar en enero pasado, cuando formó parte de "Shaggy & Friends", un concierto bienal de reggae organizado por el autor de "It wasn't me" y cuyas ganancias fueron destinadas al Hospital Bustamante, el único recinto pediátrico en el Caribe de habla inglesa. El evento convocó a unas 15 mil personas y recaudó cerca de un millón de dólares, pero también marcó un hito al ser el primer show de Sting en Jamaica en sus cuarenta años de carrera.

"Sting vio que la gente conocía todas sus canciones y se hizo evidente lo conocida e importante que fue la música de The Police para la cultura del país", cuenta Shaggy, quien frisaba los 14 años cuando el trío londinense estaba en el apogeo de su popularidad. "Cuando yo era niño, en las radios populares de Jamaica predominaba la música extranjera y The Police era muy bien recibido porque fueron los pioneros en poner al reggae en el mainstream ". Para Sting, la experiencia de volver a la isla "fue maravillosa. No había estado en Jamaica en veinte años y Shaggy, quien fue mi guía, es un tipo enormemente amado y respetado ahí".

Si Sting y The Police pusieron el reggae en el tope de las listas pop, Shaggy hizo lo propio con el dancehall, un estilo híbrido con raíces en el reggae, pero que incluye un DJ cantante, letras picarescas y ritmos interpretados por cajas de ritmos y considerablemente más rápidos. Su primer éxito fue 'Oh Carolina' (1993), una versión moderna de la canción del grupo de ska jamaicano The Folkes Brothers. "Yo no quería ser otro artista dancehall, así que jugué con sonidos diferentes", relata. "En ese punto, no sabía que éramos el primer disco de ese estilo en llegar al número uno de las listas británicas. Después vinieron 'Boombastic' y otras canciones pero, definitivamente, fuimos una fuerza que abrió puertas".

-Aquel cruce de estilos con sonidos caribeños, que en su momento fue muy innovador, hoy se convirtió en un estándar para estrellas pop como Drake, Sia y Ed Sheeran...

Shaggy: "Es un trabajo que no solo hicimos Sting, The Police y yo, sino que también Shabba Ranks, Maxi Priest, Chaka Demus & Pliers y Sean Paul. Hoy, ese es el sonido de las radios más populares. El reggaetón es un hijo del dancehall. Cuando escuchas el tropical house, que es de lo que están hechos la mayoría de los discos populares actuales, todo eso viene de las vibraciones del reggae y el dancehall. Es una cultura muy fuerte y, ciertamente, nosotros (con Sting) hicimos una parte para que formara parte de la cultura popular. No creo que lo hayamos hecho concientemente, simplemente tratamos de expresarnos creativamente y ser diferentes".

La canción del inmigrante

En sus conciertos, Sting y Shaggy suelen abrir con "Englishman in New York", uno de los primeros éxitos del inglés tras la disolución de The Police. A pesar de que su letra está parcialmente inspirada en el escritor Quentin Crisp, este himno a la soledad en el extranjero toma un nuevo significado en medio del actual escenario político. Cuando Sting canta "soy un extraterrestre, un extraterrestre legal, soy un hombre inglés en Nueva York", es inevitable no vincularlo a los recientes arrestos a comunidades de inmigrantes en Estados Unidos. "Es vergonzoso lo que está pasando con las familias en la frontera", dice el cantante. "Todavía no logran reunir a muchos niños con sus padres, que estaban separados en los centros de reclusión, y eso es absolutamente inmoral".

Tanto Sting como Shaggy comparten la experiencia de ser inmigrantes. Mientras el primero arribó a Nueva York mediados de los 80, el jamaicano lo hizo a los 18 años, y tiempo después se integró a la Infantería de Marina y fue enviado a la Guerra del Golfo, donde condujo vehículos y trabajó en la artillería. "Hay tantas cosas que damos por sentadas y no sabes qué tan importantes son", señala. "En la guerra me di cuenta de lo buena que era mi mamá como cocinera (sonríe). Uno da por sentado algo tan simple como tener una cama hasta que duermes en un saco de dormir en la tierra y te das cuenta de que de verdad te gusta tu cama. Cuando estás en una guerra, y no sabes cómo vas a salir, te gustaría tener la oportunidad de decirles a las personas que ves todos los días lo importantes que son en tu vida. Gracias a Dios salí de ahí sin ningún rasguño y tuve esa chance".

En la canción "Dreaming in the USA", Shaggy y Sting escriben una carta de amor a Estados Unidos y enumeran las razones por las que ambos se enamoraron de su cultura ("los únicos jeans que visto son de los Estados Unidos; las zapatillas de mi pie fueron fabricadas en América; Presley, Monroe y Dean son de Estados Unidos; Louis Armstrong, Sinatra y Marvin Gaye"). Sin embargo, Sting advierte que el sueño americano está en peligro en la era Trump. "Pienso que todas las cosas por las que Shaggy peleó en esa guerra, y la amenaza de este régimen que domina en este momento es una cosa seria: Estados Unidos debería ser un modelo de libertad. Y lo estamos perdiendo", sostiene.

-¿Qué recuerdos tienen de sus anteriores visitas a Chile?

Sting: "Mi mejor recuerdo de Chile es cuando estuve en el Festival de Viña del Mar, creo que a inicios de los 80. Era una época muy diferente. Llegué a conocer a los chilenos y la situación (política), trabajé con Amnistía Internacional y conocí a las madres de los desaparecidos. Después hicimos un concierto genial con las madres. Tengo una larga relación con Chile y siempre me siento muy bienvenido ahí. Estoy ansioso por volver".

Shaggy: "Estuve ahí hace un par de años (fue en el 2015). Hicimos un concierto en la costa (se refiere al festival 'Surfbeats', en Pichilemu) y fue multitudinario, no se podía ver hasta dónde llegaba la masa de gente. Se supone que iba a volver dos veces y creo que en la primera hubo una cancelación porque no tenían los permisos (Festival Frontera 2016). Y, en la otra, no pude viajar, de nuevo, por temas de promotores y permisos (Surfbeats 2018). Me puse muy triste en ambas ocasiones, pero ahora que voy con Sting no podría ser mejor. Es casi un mejor escenario volver con él porque es un show increíble y, después de hacer mis canciones por tantos años, es muy divertido hacer las de alguien más (sonríe). Es muy bueno estar frente a una audiencia con este hermano que tengo".

Sting & Shaggy se presentan el próximo 23 de octubre, a las 21:00, en Movistar Arena. Entradas a la venta por Puntoticket (precios desde $20.900 a $207.000).

domingo, marzo 11, 2018

Sting & Shaggy, cantautores: “Los dos somos profesionales en hacer híbridos”

La Tercera

Los artistas hablan con La Tercera de la llamativa alianza que los une en el álbum que sale en abril y de cómo compatibilizan dos sensibilidades que parecen antagónicas.

Autor: José Manuel Simián

La atmósfera de Nueva York no podía ser menos contraria a la misión que Sting y Shaggy tenían el miércoles pasado. Una furiosa tormenta de fines de invierno cubría Manhattan de hielo y lluvia mientras los dos cantantes entraban a los estudios Reservoir para presentar 44/876, el álbum “de inspiración caribeña” que compusieron y grabaron juntos. Pero ambos -el inglés vistiendo jeans y un largo sweater negro estilo Principito, el jamaiquino una chaqueta bomber, anillos y una gorra de béisbol- exhiben la calma de una playa soleada al sentarse a conversar con La Tercera en la primera de muchas entrevistas que darán esa tarde.

“¿Chile? Al menos no hace frío aquí adentro”, dispara Sting con sobriedad británica antes de la primera pregunta, haciendo un juego de palabras con la tormenta y el sonido del país en inglés: chilly, helado.

“Yo voy a ir a Chile pronto”, dispara Shaggy, aludiendo a su calidad de cabeza de cartel en la nueva edición del Festival Surfbeats, el próximo 31 de marzo en Pichilemu. “Ya estuve ahí. ¡Queda fucking lejos!”.

El breve diálogo es una buena síntesis del contraste de personalidades entre ambos artistas, de sus dos variantes de lo cool: Sting, protegido y refinado; Shaggy, espontáneo y explosivo. Esa química inestable alimenta las doce pistas de 44/876 -el título alude a los códigos telefónicos de sus respectivos países-, un viaje anclado en el reggae y dancehall que se pasea por el pop, el R&B y el rock con aires de jazz que es marca registrada de Sting. Un trabajo que se debate entre las tensiones y encuentros naturales de sus estilos y voces.

“Para mí es como una placa de Petri”, dice Sting, en referencia al artículo que los biólogos usan para cultivar células en el laboratorio. “Tiras dos elementos que quizás nunca se han encontrado antes y quizás salen chispas. Puede ser peligroso, un desastre. O puede ser maravilloso. Eso fue lo que hicimos”.

“Los dos somos profesionales en hacer híbridos”, acota Shaggy, especialmente ante la idea de que éste pueda ser catalogado como un disco de reggae. “Eso es exactamente lo que hicimos aquí: crear un híbrido”.

Los artistas se entusiasman tanto hablando de la música que crearon juntos (“Anoche lo estábamos escuchando por primera vez en mucho tiempo juntos y, guau, ¡hicimos un muy buen disco!”, dice Shaggy), como de lo que aprendieron el uno del otro en este “proceso sin agenda” que emprendieron componiendo y grabando juntos entre Jamaica y Nueva York.

“Shaggy se concentra en este vibe maravilloso del reggae y el dancehall, y mi interés está en la estructura”, sostiene el exlíder de The Police. “Básicamente, yo soy un compositor de canciones tradicional -me gusta verso, coro, verso, coro, sección del medio, cambio de tonalidad, coda-, mientras que la mayoría del dancehall se queda en un lugar, no se mueve armónicamente. A mí me gustan los cambios de acordes. Así que lo que estaba haciendo era traer ese interés en los cambios de estructura a la vibra de Shaggy. Creo que esa fue mi mayor función”.

“Pero también aprendí de Shaggy la espontaneidad del artista”, continúa. “Mi proceso creativo es mucho más privado que el de él. Me encierro a escribir (hace gesto de anotar en una libreta, encorvado) y pienso en cosas, mientras que él puede crear una buena canción en el momento. Le aparece. Es como un meme. Y me vi obligado a funcionar a ese ritmo. No fue cómodo para mí, pero me hizo bien. Tenía que ser capaz de crear algo en el momento, porque eso es lo que él hace. Y nos desafiamos mutuamente; los dos tuvimos que subir nuestro nivel de juego en distintas formas, pero fue todo muy cordial y divertido”.

“Hay días en que (Sting) llegaba al estudio y yo decía, ‘¿Qué es eso? ¡Ahora tengo que hacer algo igual de bueno!’, porque lo que ponía sobre la mesa eran cosas geniales”, dice Shaggy riéndose.

Shaggy no sólo tuvo que “subir su juego musical” para trabajar con Sting. También cambió radicalmente sus horarios para ajustarse a los hábitos mañaneros de Sting, quien de niño se levantaba a las 5am para ir a repartir leche junto a su padre (“Eso se quedó conmigo”, dice).

“Esta es la primera vez para mí que hago un disco como si fuera a la oficina”, afirma Shaggy sorprendido. “Me levantaba a las 9 de la mañana, desayunaba, entrábamos al estudio a las 11am y comenzábamos a trabajar, y para las 7 de la tarde, nos íbamos a la casa”.

“Mi proceso normalmente es comenzar a grabar a las 3am… Te juntas con un montón de tipos y no te quieres mover de tu asiento; todos tienen que tomarse algo y fumarse algo para entrar en onda… Pero este proceso fue ¡tanto más fácil! En verdad, la gente o no se da cuenta de esto o lo da por sentado, pero cuando te despiertas temprano por la mañana, tu energía es diferente. Y tus ideas fluyen mejor que en la noche, cuando ya pasaste un día entero. En la noche recibes ideas cansadas”.

Las ideas de ambos ya han generado dos singles que se escuchan en la radio, Don’t Make Me Wait y Morning Is Coming, quizás las canciones del álbum que más se anotan en el registro del reggae y que por eso quizás tienen mayor potencial comercial que las pistas con carácter más híbrido de 44/876.

Sin embargo, Sting se resiste a la idea de que éste sea un disco de “retorno a sus raíces” por la cuota de reggae que había en la música de The Police. Algo parecido hace Shaggy.

“El reggae es la zona común que tenemos los dos”, dice Sting, reflexivo. “Por supuesto que estoy familiarizado con el reggae, lo he tocado y lo respeto. Pero eso fue el subterráneo, y comenzamos a construir canciones desde ahí hacia arriba. Es un álbum pop, la verdad, con rock and roll y sonidos de Motown… No sé cómo describirlo, excepto decir que es el álbum que hicieron juntos Sting y Shaggy”.

“Si miras la obra de Sting, verás que él ha entrado y salido de tantos estilos”, agrega el hombre originario de Kingston. “Pero si miras mi obra, verás que yo no hago reggae en su forma auténtica, para nada. Lo conozco, crecí con él, lo respeto, pero tengo que encontrar mi propio nicho con el que conectar. Porque, ¿cómo voy a hacer reggae tradicional, algo que hizo Bob Marley? ¿Cómo superas a Bob Marley? ¿Cómo superas a Dennis Brown? ¿Cómo superas a Gregory Isaacs?”.

De la misma forma ambos rechazan la conexión entre la fecha oficial del lanzamiento del álbum, el 20 de abril, y el que en la cultura pop estadounidense ese sea el día no oficial de la marihuana (“420”, abreviación de esa fecha en inglés, es también slang para fumar la hierba).

“Sólo fuimos bendecidos con esa fecha”, dispara Shaggy, risueño.

“Tuvimos que resistir la idea de llamar al álbum Joint-Venture”, dice Sting, haciendo otro juego de palabras, esta vez entre su empresa conjunta y un cigarrillo de marihuana.

Lo que a ambos les interesa dejar en claro es que este disco tiene un mensaje de alegría y esperanza.

“Es un disco feliz”, dice Sting. “Tiene mucha alegría y rayos de sol en él. Y creo que eso es algo necesario en este oscuro momento político. Los dos nos tomamos la función de la música muy en serio. Así que es un disco de corazón liviano, pero por debajo hay una sensación de que el mundo está colgando de un hilo”.

“Si te fijas, hay un montón de canciones sobre la mañana, como Morning Is Coming o Break of Day, por ejemplo”, continúa. “Y la verdad es que espero -esta idea atraviesa el disco- que las cosas pueden cambiar para bien. Tenemos que creer en eso. Creo que es una buena estrategia asumir que el mundo será mejor, porque la estrategia opuesta también funciona, como hemos visto. Y no queremos eso”.

Esa misma esperanza en un futuro mejor y en el rol que puede tener la música en él sigue animando a Sting a 30 años de haber lanzado la canción They Dance Alone (Cueca Solo), su tributo a las madres y viudas de los desaparecidos en Chile-un recuerdo y una emoción que no olvida.

“Uno de los conciertos más memorables de mi vida fue en Chile”, le explica Sting a Shaggy, “tocar en el estadio con las madres de los desaparecidos, las mujeres que habían perdido a sus maridos e hijos a manos del régimen de Pinochet, y bailar con ellas en el escenario. Nunca voy a olvidar eso. Fue una de las experiencias más emotivas y profundas de mi vida… Todavía soy amigo de algunas de ellas”.

Ambos emprenderán una gira conjunta por Europa en junio, una serie de conciertos en los que ambos prometen “entrar y salir de los mundos del otro”, Shaggy cantando y rapeando sobre los clásicos de Sting, y éste tocando bajo en los temas del otro, además de tocar algunas de sus nuevas canciones conjuntas.

Lo que todavía no está claro es si esa gira los traerá a Sudamérica.

“Nos encantaría ir a Chile de gira”, dice Sting, antes de disparar otro de sus dardos a Shaggy: “¡Pero tú acabas de gastar el turno!”.