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sábado, octubre 17, 2020

Ennio Morricone tendrá un disco póstumo

 El Mercurio


El próximo 6 de noviembre se lanzará el álbum “Morricone segreto”, que incluirá piezas del compositor italiano fallecido el pasado 6 de julio, creadas entre las décadas de los años 60 y 80, incluyendo siete piezas inéditas. La colección incluye temas poco conocidos del artista, compuestos para el cine, y donde incluso experimenta con la electrónica.



domingo, julio 12, 2020

Ennio Morricone: Música sinfónica para todos

Ernesto Ayala
Cuando la música docta o sinfónica comenzó a exigir serios esfuerzos de parte del auditor pasada la primera mitad del siglo XX, después de Mahler, Ravel, Joaquín Rodrigo o los primeros trabajos de Stravinski, la música hecha para cine empezó a ocupar parte de la tierra abandonada. La funcionalidad que el cine le exige a la música, el que haga de comparsa y no de protagonista, el que ayude a profundizar atmósferas o emociones en juego y no que sea un ruido que distraiga (cuestiones que por supuesto no siempre se logran), la mantuvo cerca de donde la música sinfónica siempre estuvo: apegada a la melodía. De la enorme producción de música para películas del siglo XX aparecieron melodías que comenzaron a acompañarnos en la vida cotidiana, sumándose a las recurrentes de Bach, Mozart, Beethoven o el mismo Ravel. Ennio Morricone (1928-2000) fue una de las estrellas de esa tendencia.

El sitio web Imdb, dedicado al cine, registra que entre 1960 y 2016 Morricone compuso música para 369 largometrajes de ficción. Si a eso se agrega lo que hizo para documentales y la televisión suma casi 500 trabajos. Prolífico es poco decir. Pero quizá hubiera bastado un solo trabajo para ponerlo en el estrellato pop con que Morricone ha sido homenajeado la semana de su muerte: la música compuesta para “La Misión” (1986), de Roland Joffé. La cinta no ha envejecido bien posiblemente, pero la pieza que Morricone hizo para un oboe acompañado de un clavecín lleva tocándose por al menos dos décadas en cuanta ceremonia religiosa puede permitirse un pequeño conjunto musical. De haber podido cobrar esos derechos de autor, Morricone hubiera podido gozar seguramente de otro departamento palaciego sobre la Piazza Venezia.

Ahora, en la categoría de música sinfónica para todos no está solo. Si bien es cierto que ciertas piezas que hizo para “El bueno, el malo y el feo” (1966) y otras cintas de Sergio Leone hoy gozan también del estatus de lugar común, tiene en esa categoría la dura competencia de John Williams, que solo de la “Guerra de las galaxias” (1977) sacó tres hits memorables, a los que hay que sumar los logrados para “Tiburón” (1975), “Superman” (1978) y “Los cazadores del arca perdida” (1981).

John Williams, sí, es norteamericano y conectó con la generación de Spielberg, Lucas y la revolución del cine de espectáculo de fines de los setenta. Morricone era furiosamente italiano, nunca dominó bien el inglés y a este lado del Atlántico trabajó muy poco con directores importantes; entre otros, dos veces con Brian de Palma; una, con Terrence Malick, John Carpenter, el olvidado Phil Joanou y Mike Nichols, además de, claro, con Tarantino, que lo rescató en 2015, con casi 87 años de edad, para “Los ocho mas odiados”, trabajo que le dio el único Oscar ganado en competencia de su carrera (Williams, a todo esto, lleva cinco).

En la limitada oportunidad de trabajar más en películas importantes puede haber influido, todo hay que decirlo, el hecho de que su música carece de cierta tensión esencial propia de los grandes compositores para el cine, como Dimitri Tiomkin, colaborador habitual de Hawks; Bernard Herrmann, fundamental en Hitchcock; Danny Elfman, quizá su heredero más cercano, o el propio Williams. Morricone compuso melodías pegajosas, fácilmente digeribles, a veces decorativas, a veces sentimentales y a veces derechamente melosas. La cercanía que tuvo con Giuseppe Tornatore a partir de “Cinema Paradiso” (1998) no hizo más que acrecentar cierta tendencia al sentimentalismo. Cuando la música es evidente y unívoca en su lectura, en su invocación a una sola emoción, exenta de ambigüedades, de humor o de sexo, deriva fácilmente al kitsch.

Su mejor trabajo, en la pequeña porción a la que hemos tenido acceso, estuvo, posiblemente, con Leone, con quien se conocía desde el colegio. Con arreglos innovadores, el uso de guitarras eléctricas e instrumentos muy poco usuales tanto entonces como ahora, Morricone fue fundamental en determinar la atmósfera vacía, extraña, y el tono crepuscular de los westerns del italiano, al punto de sacarlos desde la categoría de cine B, donde fueron producidos, para encumbrarlos a piezas de culto, de arte o como se quieran clasificar hoy. Dicho en corto, sin Morricone es muy posible que Leone hubiera pasado al olvido de los tiempos. Leone, a su vez, hizo de Morricone una figura, un personaje, que luego se sentiría cómodo para regalarnos melodías llenas de sentimientos fáciles de seguir.

viernes, julio 10, 2020

Roberto Bravo rendirá un tributo a Ennio Morricone

El Mercurio

Desde su casa, el pianista chileno homenajeará mañana, a las 19:00 horas, al compositor italiano, quien falleció el lunes último en Roma. Bravo, que ha incluido las obras de Morricone en su repertorio, lo hará en el sitio web de la Corporación Cultural de Las Condes (www.culturallascondes.cl) y en el canal de YouTube de esa entidad. En la ocasión interpretará “El oboe de Gabriel”, de “La misión” (1986); la suite de “Cinema Paradiso” (1988), y temas de “La leyenda de 1900” (1998), entre otras composiciones.


jueves, julio 09, 2020

Inti Illimani desmiente a Baradit por colaboración de Morricone en himno del FPMR: "Es una idiotez"

Bio Bio

Por Emilio Contreras

¿Colaboró realmente Ennio Morricone en la grabación del “Himno del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR)”? La pregunta se instaló en redes sociales esta semana a raíz del fallecimiento del célebre compositor italiano ocurrido este lunes en Roma, pero las dudas abundan.

El rumor se acrecentó con un tweet del escritor Jorge Baradit, en el que relataba una anécdota a raíz del deceso: “Muchos buenos amigos cuicos fueron a ver a Morricone al parque centenario en Vitacura pagando altas sumas. Después me burlaba contándoles que Ennio era comunista y que había prestado su estudio y músicos en Italia para grabar el himno del FPMR”, escribió.

“Me lo recordó un comentario que escuché en la radio, donde contaban que esas entradas se peleaban “a capa y espada”, la reventa fue feroz. Uno de ellos pagó 100 lucas. No poco en esa época”, agregó.

Pero, ¿qué tan verídica es esta historia? Lo cierto, es que la pieza fue escrita y compuesta por el exvocero y uno de los colaboradores más cercanos del FPMR: Patricio Manns, quien grabó el tema con la formación en el exilio de Inti Illimani en el estudio Forum Music Village, propiedad de Morricone, en 1982.

Editado primero como single, fue el lado A de un disco que incluyó en su cara B El cancán del piojo, publicado -entre otros- por el sello Aconcagua. La canción trascendió para los integrantes del grupo armado: otro mito, cuenta que fue esa pieza la que utilizaron como una de las señales sonoras en su atentado a Pinochet en 1986.

De acuerdo a Horacio Salinas, director de Inti Illimani en esa época y ahora líder de Inti Illimani Histórico, la veracidad de la colaboración “es de una lejanía sideral”, resume a BioBioChile.

“No prestó ningún estudio, tiene que haber sido contratado el estudio para grabar, pero eso de ‘colaborar’, es un poquito una idiotez”, agrega. “Decir que lo hizo Morricone es demasiado”, afirmó.

Alejandra Lastra, esposa y principal colaboradora de Manns, recuerda con matices la historia detrás de la canción. “Era el estudio donde grababa Morricone, Inti Illimani y Patricio. Era el estudio más importante que había en Roma”, cuenta.

“Los músicos que acompañaron a Patricio fueron del Inti Illimani, pero es una producción de Patricio ese disco… Él estaba grabando un álbum con el Inti. Estaban todos en Roma, pero nosotros no vivíamos ahí. Grabamos el himno con la ayuda del Inti, que hicieron coros y otras cosas”, recordó la que también fue productora de la canción.

Jorge Coulon, líder de Inti Illimani (agrupación que montó junto a Baradit el espectáculo de música e historia “Siempre”, en 2019), y quien también estuvo en dicha sesión, constata el hecho. “El lugar donde se grabó es verdad, en el estudio de Morricone. Nosotros lo arrendábamos, pero no tenía nada que ver con el himno”, rememora en diálogo con BioBioChile.

“Era suyo, donde grababa la música de sus películas, donde nosotros grabamos muchísimo tiempo”, recuerda sobre la estadía de la banda en el inmueble, construido en las inmediaciones de la Iglesia Sagrado Corazón de María, y que se prolongó alrededor de diez años.

Sin embargo, el músico aclara: “Morricone no tuvo nada que ver con el himno, ni se enteró siquiera que lo habíamos grabado”. De hecho, ni siquiera estuvo presente en la grabación.

“Muchas veces asistimos a grabaciones de artistas, pero él no estuvo ahí. La parte mitológica, es que él prestó el estudio, pero no fue así. Pasa que todo lo que grabábamos (en Roma), lo hicimos ahí”, explica.

Y de pasada, desmiente otro mito del compositor italiano: “Lo otro que no es cierto, es que él fue comunista”. La leyenda, cuenta que fue esta afiliación política la que lo marginó de los premios Óscar durante tantos años: recién en 2006 recibió el Óscar Honorífico.

“No habría sido raro que lo fuera, Raffaella Carrá por ejemplo… Era de lo más normal serlo, pero él no era comunista: era independiente”, aclara.

Alejandra Lastra, por su parte, aporta otro matiz a la historia: “Que Morriccone se haya entusiasmado con la idea de que se estaba grabando el himno del Frente (en su estudio), es totalmente factible, pero eso no quiere decir que haya estado ahí”.


martes, julio 07, 2020

Murió Ennio Morricone: El cine pierde a uno de sus músicos más prolíficos y fundamentales


El Mercurio

Autor de más de 500 bandas sonoras para el cine y la TV, el responsable de inolvidables melodías de cintas como “La misión”, “El bueno, el malo y el feo” y “Cinema Paradiso” falleció ayer a los 91 años luego de complicaciones debido a una caída que puso fin a una carrera en plena vigencia.
Por FERNANDO ZAVALA

“Yo, Ennio Morricone, he muerto”. Así comenzaba una carta que el compositor escribió, poco antes de su deceso, la mañana de ayer en un hospital de Roma. “Lo anuncio así a todos los amigos que siempre me fueron cercanos y también a esos un poco lejanos que despido con gran afecto”, continuaba el texto que fue leído a las afueras del establecimiento por su abogado y amigo, Giorgio Assumma. Aunque tenía 91 años, el emblemático autor de inolvidables bandas sonoras estaba en plena actividad. Pero una caída en su casa, en la que se fracturó el fémur, lo llevó a estar hospitalizado durante 10 días en los que su estado de salud se deterioró rápidamente. Junto a él estaban sus cuatro hijos, amigos como el director Giuseppe Tornatore (“Cinema Paradiso”) y su esposa, Maria Travia, a quien en su carta dedicó “su adiós más poderoso”. “A ella le renuevo el extraordinario amor que nos une y a quien lamento abandonar”.

Así, llegó a su fin la vida y la carrera de uno de los compositores fundamentales de la historia del cine. Sin duda, era uno de los más prolíficos, con más de 500 bandas sonoras en cine y televisión. Partió haciendo historia al musicalizar las películas de su amigo y compañero de colegio Sergio Leone, para quien compuso siete bandas sonoras, entre ellas las de emblemáticos “spaghetti western”, pero a Morricone nunca le gustó el nombre con que se bautizó ese subgénero, tampoco que lo asociaran solo con esos filmes. En su carrera de más de seis décadas, compuso música para todos los géneros y para variados directores. Entre ellos, Bernardo Bertolucci (“1900”), John Boorman (“El exorcista II”), Edouard Molinaro (“La jaula de las locas”), John Carpenter (“La cosa”), Pedro Almodóvar (“Átame”), Franco Zeffirelli (“Hamlet”), Wolfgang Petersen (“En la línea de fuego”) y Mike Nichols (“Lobo”).

Nunca compuso para su también amigo Clint Eastwood, algo de lo que se arrepentía, y se dice que estuvo a punto de trabajar con Stanley Kubrick en “La naranja mecánica” (1971). En entrevista con “El Mercurio” contó: “Ya estaba de acuerdo con Kubrick, pero él, por cortesía, llamó a Leone, como si yo hubiera tenido exclusividad con él. Y Leone le dijo que en ese momento yo estaba trabajando en una película suya. Kubrick después de eso no me llamó más”.

Postuló al Oscar seis veces, pero lo ganó recién en la última, por “Los 8 más odiados” (2015), de Quentin Tarantino, cineasta que mucho antes de colaborar con él lo citaba como una inspiración. En 2007 recibió una estatuilla honorífica y en 1987 corría como favorito a Mejor Banda Sonora por “La misión”, pero fue derrotado por la cinta “Cerca de la medianoche” (1986), que incluía material no original y que motivó un cambio en las reglas de la Academia para esa categoría. También recibió dos Globos de Oro, un Grammy y hace poco fue anunciado como ganador del premio Princesa de Asturias junto a su colega John Williams. La ceremonia de premiación, que habitualmente se realizaba en octubre en Oviedo, España, estaba en duda por la pandemia y su fecha aún no es confirmada.

Nació en Roma en noviembre de 1928, su padre era trompetista y este instrumento fue el primero que aprendió. Ya a los seis años comenzó a componer. Estudió en el Conservatorio de Santa Cecilia y muy joven empezó a escribir música para radioteatros. En 1954, tras graduarse, fue “escritor fantasma” de varias bandas sonoras (que eran firmadas por otros músicos) y hacía arreglos para orquestas de la RAI. En esa época trabajó con artistas como Mario Lanza, Paul Anka y Charles Aznavour.

Su primer crédito en el cine lo tuvo en 1961 con “Il federale”, de Luciano Salce, con quien había colaborado en teatro. El éxito llegó cuando Leone lo llamó para componer la música de su primer western, “Por un puñado de dólares”, en el que director y compositor figuraban en los créditos como Bob Robertson y Dan Savio, respectivamente. Era una estrategia para convocar al público italiano que en esa época ya estaba cansado de producciones locales del género.

Hasta el año pasado, Morricone seguía activo, componiendo para cine y TV. Según el sitio Imdb.com, dejó un proyecto pendiente, una adaptación animada de “El fantasma de Canterville”, de Oscar Wilde. En paralelo, para este año se contempla el estreno de un documental sobre el músico, dirigido por Tornatore, con quien colaboró en una decena de títulos.

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Opinión

Un ícono del Siglo XX
Aníbal Vidal Compositor de bandas sonoras
Para la cultura popular, Ennio Morricone es sinónimo de westerns y vaqueros, pero la verdad es que esa etiqueta no le hace justicia a una carrera que se desarrolló de múltiples formas.

Se inició como trompetista y luego arreglista, hasta llegar a ser director de orquesta. Hizo obras para el teatro y la televisión, pero lo que realizó en cine terminó siendo su faceta más reconocida. Ahí, muchas veces su trabajo tuvo tal calidad, que podía transformar cualquier película en un éxito de taquilla. Él supo desenvolverse en todos los géneros cinematográficos y siempre tuvo la destreza para mantener su propia voz como creador.

Junto a John Williams, son los últimos grandes compositores de una era en la que todavía no se introducían masivamente los sonidos digitalizados, una era donde aún el oficio del compositor para cine era escribir, lápiz en mano, la partitura para las orquestas sinfónicas, una época que fue quedando atrás gradualmente con la llegada de la tecnología.

En ese sentido, su legado es ser un ícono de un tiempo donde la música era ciento por ciento acústica y que se traspasó en la cultura popular con adeptos tan disímiles como Metallica, que desde 1984 abre sus conciertos con “The Ecstasy of Gold”, U2, Radiohead, Muse y hasta Jay-Z. Su música destacó por la inclusión de instrumentos inusuales para una orquesta, en busca de combinaciones tímbricas genuinas y que le dieron identidad a sus bandas sonoras más exitosas como el uso del arpa de boca (trompe) o la armónica en la “Trilogía del Dólar", la saga de películas de Sergio Leone.

Con él se despide una era del cine Italiano y mundial y, por supuesto, que fue una influencia para mi trabajo. Recientemente compuse el tema principal de la serie “Helga y Flora”, inspirado en el sonido de guitarras eléctricas empleado en su música western, para un resultado que a mí me gusta llamar ahora como un “western patagónico”.

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Tres historias tras sus visitas a Chile

Por JOSÉ VÁSQUEZ

2008: El caos y la devoción

Augusto Giusti, entonces gerente de marketing de Celfín Capital, cuenta que las tratativas para que viniera por primera vez fueron directamente con su mánager. El plan era traer a Ennio Morricone para celebrar los 20 años de la empresa y desde entonces, “la tarea fue titánica”, según señala.

“Él quería venir con la orquesta con la que tocaba habitualmente y eso multiplicaba los costos por cinco”, dice Giusti y recuerda que cuando todo ya tomó forma, con el centenar de artistas de la Sinfónica de Roma comprometidos, “comenzó a crecer la bola de nieve y quedó la escoba, porque todo el mundo quería ir al concierto”.

Las entradas para las dos presentaciones en el Parque Bicentenario de Vitacura fueron gratuitas, pero para conseguir un boleto, la demanda superó con creces la oferta. “Me tocó estar en la repartición de entradas en la Estación Mapocho, llegamos dos horas antes y ya la fila era gigante. Terminamos de entregarlas, la fila seguía siendo enorme y se generó un caos que solo se pudo controlar con carabineros”, relata.

Sobre los shows, el ejecutivo dice que la entrada pedía una vestimenta formal, porque Morricone no quería ver a gente con zapatillas. “Esa medida no fue muy bien recibida por las personas más acomodadas. En cambio, la gente más sencilla sí lo tomó bien y llegaron muy elegantes. Muchos estaban felices y dijeron que lo hicieron por respeto a Morricone”.

2011: Un rock star
El productor Alfredo Alonso recuerda que sabían del furor que causó la visita tres años antes de Morricone al país, pero no tenían un parámetro para medirlo ahora con venta de entradas. Lo que terminó siendo un gran éxito otra vez.

En esa ocasión fueron dos shows en el Movistar Arena, dispuesto a la mitad de su capacidad para favorecer la experiencia del artista y el público, en cuanto a la amplificación acústica y la cercanía.

“Me tocó compartir con él en una comida y contó que le llamó mucho la atención la reacción del público, que estaba en silencio cuando tocaba una pieza y mostraba su algarabía cada vez que terminaba. Él decía que parecía un concierto de rock”, cuenta Alonso, quien estuvo con él también cuando se le entregó un premio Apes honorífico. “Él accedió feliz, lo sintió como un reconocimiento importante”, plantea.

2013: El incidente con Patton

Fue durante un encuentro previo a su actuación que Ennio Morricone le preguntó a Mike Patton si lo iría a ver al otro día a su show. Jorge Hurtado, uno de los productores de la última venida del italiano al país, señala que en ese momento todos quedaron un poco descolocados con la pregunta, porque el concierto en el Estadio Bicentenario de La Florida era una cita doble, pero no le dieron mayor importancia, hasta que al otro día la situación desató una crisis.

El compositor de “El bueno, el malo y el feo” no sabía que la voz de Faith No More iba a abrir su espectáculo con su proyecto de clásicos italianos ––con citas incluidas al mismo Morricone— Mondo Cane. Su negativa entonces fue rotunda, el músico no permitía que nadie tocara antes que él.

La descoordinación con su equipo solo tenía una solución: que el cantante estadounidense, reconocido fan del italiano, modificara la programación y tocara después de él. “En algún momento la gente de Patton dijo que con el cambio de condiciones optarían por cancelar el show”, recuerda Hurtado y agrega: “Fuimos a hablar con él a su hotel y luego de una reunión, Patton dijo: ‘Es Ennio Morricone, él puede hacer lo que quiera'”, recuerda el productor, ya tranquilo con el fin del problema.

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Cinco bandas sonoras inolvidables y esenciales

“El bueno, el malo y el feo” (1966), de Sergio Leone, con la que saltó a la fama.

“La misión” (1986) es su banda sonora más exitosa en términos de ventas.

“Cinema Paradiso” (1988), de Giuseppe Tornatore, con quien hizo doce filmes. 
“Los Intocables” (1987), de Brian De Palma, uno de sus aciertos hollywoodenses.
“Los 8 más odiados” (2015) le valió un adeudado Oscar competitivo.