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sábado, junio 08, 2024

Humo blanco para el valioso legado de Nicanor Parra


 

El Mercurio


Finalmente, sus herederos han llegado a un acuerdo. Personaje clave en este acercamiento fue el rector de la UDP, Carlos Peña, abogado, profesor de Derecho, conocedor y admirador de la obra de Parra.

María Teresa Cárdenas Maturana

“De lo que no cabe duda, a mí me consta, y es bien importante decirlo, es que él tenía la firme voluntad de que parte de su quehacer, tanto de su obra material (artefactos) como de su obra poética, se preservara para las futuras generaciones”, asegura Carlos Peña sobre un punto clave del acuerdo al que llegaron los herederos directos de Nicanor Parra, sus hijos Catalina, Alberto, Francisca, Ricardo, Colombina y Juan de Dios. En ese sentido, el abogado y rector de la UDP remarca que “el tema de la fundación fue para él siempre un propósito; desde mucho antes de su muerte, persistentemente dijo que eso lo obsesionaba. Yo creo que había algo, ¿cómo decirlo?, en la estatura que Parra con toda justicia se autoatribuía, y que era ponerse a la altura de Neruda y de Huidobro, eso era muy fuerte en él. Solía asomarse a su casa de Las Cruces y te mostraba: ‘allá está la tumba de Huidobro, allá está Neruda'. Esa voluntad de permanencia se manifestaba en este anhelo de la fundación, que afortunadamente se va a cumplir”.


Esto, después de seis años del inicio de la disputa legal entre los herederos, en junio de 2018, tras la muerte de Nicanor Parra, el 23 enero de ese mismo año. Radicados en el extranjero, Catalina y Alberto Parra Troncoso impugnaron entonces el testamento de su padre, en el que favorecía a Colombina Parra Tuca y la nombraba albacea de sus bienes. En la contraparte se ubicaron los otros cuatro hijos, de tres madres distintas. “Yo creo que es bueno decir que no fue impugnado desconfiando de nadie, no hay desconfianzas personales en esto”, enfatiza Carlos Peña. Y hace un breve recuento: “Hubo un litigio muy largo, muy sostenido, y finalmente, como consecuencia de varias conversaciones, todos convinieron en ejecutar la voluntad de Nicanor, en el entendido de que esta era que existiera una fundación. Más bien la discrepancia era en cómo hacerlo, porque la fundación, que ahora se va a modificar, nació en medio de esto, y eso impedía que todos se sintieran acogidos y representados en ella. Eso ya se resolvió”.


Peña destaca, en ese sentido, la generosidad de Alberto y Catalina, y de la hija de esta, Isabel. Ellos actuaron a través del abogado Jorge Meneses, mientras que la abogada Claudia Sarmiento procedió por la otra parte. Finalmente, el avenimiento se firmó en mayo en una notaría de Santiago, pero decidieron que no fuera público. Carlos Peña, figura clave en todo este proceso y quien además actuará como árbitro arbitrador —“lo hago totalmente ad honorem, en homenaje a Nicanor, sobra decirlo”—, entrega los términos más relevantes del acuerdo.


Se abrirán las casas


Respecto de la Fundación Nicanor Parra, cuyo directorio pasará de nueve a siete integrantes, detalla: “Lo que se convino fue que los herederos van a nombrar a los directores. Cuatro por una parte y dos por la otra; luego se nombra al presidente o presidenta. De los herederos que están en Chile, uno de ellos podrá ser director, y lo mismo con los herederos que están fuera. Por la parte de Catalina y de Alberto está Isabel, que ha sido extremadamente generosa y colaboradora. Lo mismo Colombina. El resto de los directores habrá que nombrarlos satisfaciendo ciertos criterios que se enuncian y que se van a convenir. El proceso que viene ahora es la reforma de los estatutos sobre la base de estos principios”.


—¿En qué plazo?


“Debiera ser dentro de 60 o 30 días; los abogados ya están trabajando en eso, y si no hay acuerdo entre ellos, me mandataron a mí, de común acuerdo, para que yo resuelva. Va a ser rápido. La idea de todos es no excluir a quienes hoy día son directores. Ya los herederos decidirán quiénes se mantienen y quiénes no, pero todos están muy agradecidos de la labor que hicieron”.


Sin ocultar su satisfacción, Carlos Peña precisa: “Los herederos convinieron transferir en propiedad la casa de Las Cruces a la fundación, con el encargo de que sea un lugar público, de acceso abierto, con los muebles que la guarnecen, destinado a preservar la memoria y la obra de Nicanor. También se conviene aportar a la fundación, y esto no es menor, la casa de La Reina más un sitio circundante de hasta 2 mil metros en comodato indefinido, con el encargo de que se desarrolle ahí un proyecto para preservar la obra de Nicanor”.


En lo que resta del patrimonio, explica, decidieron mantener una regla de igualdad. “Cada heredero lleva una porción equivalente. Esas asignaciones ya están hechas. Ahora lo que viene son dos fases, que pueden ser paralelas: la reforma de los estatutos, para que toda la familia concurra en el tema de la fundación, y segundo, la distribución de los bienes en particular, que será de común acuerdo y donde no haya acuerdo voy a decidir yo, por encargo de ambas partes”.


—¿Y qué pasó con el testamento impugnado?


“Todo eso quedó sin efecto. Todos convinieron en que son herederos equivalentes y se reconocieron recíprocamente esta calidad, todos reconocieron tener la misma voluntad de preservar la voluntad de Nicanor, y todos se agradecieron recíprocamente los esfuerzos que hasta ahora han hecho, a pesar de los malentendidos. Sería bueno ponerlo así”.


La fundación quedará a cargo de “la administración de los bienes, los derechos de autor, la manera en que se exhibirán sus cuadernos, que es la obra secreta de Parra, y que es muy interesante”, detalla Peña. Muchos de esos cuadernos se perdieron, e incluso se realizó una campaña, en vida de Nicanor, para recuperarlos. “Muchos se perdieron, pero muchos se salvaron —enfatiza—. Los herederos no renuncian a la propiedad que tienen sobre ellos, evidentemente, pero los entregan a la fundación para su custodia y para que se vea si se divulgan o no, y cuándo”.


—¿Qué pasará con las obras de Violeta Parra que tenía Nicanor?


“Hay cosas de Violeta Parra que están en la casa de La Reina, que eran de Nicanor, en consecuencia, forman parte de su patrimonio”.


El espacio físico destinado a la fundación será la casa de La Reina, que empezó a ser restaurada cuando Nicanor Parra aún estaba vivo. “Estamos hablando de una familia que no es rica, pero que así y todo cede parte de su patrimonio a la cultura nacional. A mí esto me parece extraordinario. Esto yo lo pondría de manifiesto”, afirma Peña.


—¿Tendrá alguna participación el Estado en la fundación?


“Hasta ahora, ninguna. La fundación, con el patrimonio que tiene, va a empezar a desarrollar proyectos; por supuesto va a haber que presentarse a fondos concursables y solicitar a algunas personas que contribuyan. Pero la familia ha dado un ejemplo notable, realmente, en un país donde la filantropía se hace por fines ideológicos. Lo que se discutió fue cómo hacemos para respetar la voluntad de Nicanor Parra con nuestra propia fuerza”.


—Eso habla también de respetar la independencia de Parra.


“Por supuesto. Yo creo que es una figura que puede enseñarle mucho a Chile. En un país donde hay tanta tentación tribal, un tipo como Parra, que fue de una independencia insobornable toda su vida, hasta viejo, es un ejemplo. Un tipo que nunca pidió ayuda a nadie, de origen popular, una clase media rural, brillante, capaz de sostenerse a sí mismo, con un sentido de la individualidad tan radical. Es un ejemplo para las nuevas generaciones, realmente”.


—¿Cuándo podrá el público beneficiarse de este acuerdo, visitando por ejemplo las casas?


“Bueno, yo confío que de aquí a comienzos del próximo año esté todo funcionando. Gracias a este acuerdo, el público en general, que es a quien le hablaba Parra y cuya voz Parra intentaba reproducir en la poesía, va a poder visitar las casas, ver cómo era Parra, cómo vivía, las cosas que tenía”.


E incluso visitar su tumba, en el terreno de Las Cruces, donde él quiso ser enterrado. “Yo creo que esa voluntad tan porfiada de Parra de estar ahí tiene que ver con su autoconciencia, con el lugar que él tenía, entre Huidobro y Neruda. A mí me parece extraordinaria esa situación física. Siendo Parra quien era, un renovador de la poesía en castellano”.


Como rector de la UDP, Carlos Peña tuvo una larga relación con Nicanor Parra que también se traspasó al plano personal. Aquí, en 2007. José Alvújar


domingo, octubre 15, 2023

“El cuaderno de Oxford”: el diario en que Nicanor Parra ideó los antipoemas

 

Nicanor Parra Por Francisco Javier Olea


El Mercurio


Entre 1949 y 1952, el poeta estudió en Inglaterra un doctorado en Cosmología, pero lo que en realidad hizo fue afinar el tono de la antipoesía. Mantuvo un diario de trabajo que también era una bitácora de vida donde logró cristalizar el método iconoclasta de su obra y, entre otras cosas, ideó el nombre del libro “Poemas y antipoemas”. Desconocido, pero alguna vez mencionado como una leyenda, el cuaderno hoy lo tiene el librero especializado en títulos antiguos y raros Eduardo Morel. Son 150 páginas que conforman un laboratorio de preocupaciones íntimas y literarias de valor decisivo para indagar en su obra. Parra siguió por años dejando notas en el diario hasta que lo cerró en 1986.

Roberto Careaga C.

Llevaba ocho meses viviendo en un departamento ubicado el 31 de Norham Road, en la ciudad de Oxford, cuando decidió dibujar posibles portadas para un conjunto de poemas que estaba trabajando hacía años. El sábado 19 de mayo de 1951 Nicanor Parra tomó el cuaderno que usaba como diario de trabajo o bitácora diaria, y en una página hizo cinco bocetos sencillos con lápiz pasta azul en los que básicamente aparecían títulos. Nombres tentativos: “Notas al borde de un abismo”, “Memorias de un ataúd y otras historias”, “El joven experto”, “Versos a lo humano y lo divino” y, finalmente, “Poemas y antipoemas”. Ese último sería el título que Parra escogió para un libro que haría temblar los cimientos de la poesía en español.


Pero aún faltaban al menos tres años para que Parra publicara “Poemas y antipoemas”. Después de su primer libro, “Cancionero sin nombre” (1937), avanzó a tiras y aflojas en el tono iconoclasta de la antipoesía y, según él mismo contaría, fue en Inglaterra donde la idea terminó por cuajar. La historia es clásica: un día en Londres ve en la vitrina de una librería un libro del francés Henri Michaux llamado “Apoems” y se activa su inspiración. “Me llamó mucho la atención esta palabra ‘apoems'”. Pero, simultáneamente, me pareció una palabra que estaba a medio camino. ¿Por qué no le pondría directamente ‘antipoemas'?”, contó el escritor en una charla en el Liceo de Temuco en 1982.


En esa misma charla, justo antes de hablar del libro de Michaux, Parra mencionó que estaba puliendo varios textos: un “mamotreto”, fue la palabra que ocupó. Lo que no dijo es que, paralelamente, llevaba un diario personal en que anotaba las bambalinas de esos trabajos y que lo acompañó durante toda su estadía en Inglaterra, entre 1949 y 1952. Entre sus 30 y 33 años. Es un cuaderno de tapas duras negras, de alrededor de 30 centímetros de alto y de 200 páginas, de las cuales el poeta llenó 150 con innumerables apuntes, poemas, anotaciones diarias, citas, dibujos y fórmulas matemáticas. Es un laboratorio de preocupaciones íntimas y literarias que en su primera página anuncia el tono general en un par de frases: “Commonplace, book of a day to day (lugares comunes, libro de un día a día). Notas, apuntes. Work book (libro de trabajo)”.


Fallecido el 23 de enero de 2018 con 103 años, Parra dejó un legado cultural incalculable que no solo puso en cuestión las formas clásicas de la poesía contemporánea, sino que también retrató el desasosiego del sujeto de fines del siglo XX desde un sospecha radical. “Durante medio siglo / La poesía fue / El paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / Y me instalé con mi montaña rusa”, escribió Parra en 1962, luego de haber entrenado su mordacidad por años. Precisar el inicio de esa rebelión es imposible, pero durante sus años en Inglaterra, estudiando un doctorado en Cosmología en la Universidad de Oxford, llegó a cristalizar el método de la antipoesía.


La ruta de los diarios


Es probable que el cuaderno de Oxford sea la pieza faltante para armar el rompecabezas de la creación de Parra. El poeta cuidó del objeto por años: no solo lo trajo desde Inglaterra a Chile, sino que lo visitó de cuando en cuando y fue dejando notas esporádicas ahí hasta 1986, cuando lo cerró para siempre con un par de líneas a dos días del atentado a Augusto Pinochet, el 7 de septiembre de ese año. Fue un secreto al que pocos tuvieron acceso y, sin embargo, existe. Antes de que falleciera, el cuaderno salió de su casa en La Reina, pasó por manos de algunos coleccionistas y hoy está en poder del librero especializado en libros antiguos y primeras ediciones Eduardo Morel. Y está en perfectas condiciones.


“Lo tengo desde hace ocho años. Originalmente fue vendido hace como 15, en 2008, por uno de los hijos de Nicanor Parra, el Barraco (Juan de Dios). Lo tenía un coleccionista, Javier Echeverría Prieto, y él me lo vendió a mí”, cuenta Morel en su librería, un local ubicado en la Galería La Merced que siempre está cerrado. En la puerta tiene un letrero que pide a los interesados ubicar al dueño a través de un celular. Adentro está lleno de primeras ediciones y libros raros, entre los que ciertamente no está el cuaderno de Oxford. Ese está en la bóveda de un banco. “Cuando lo vi supe que debía ser para el Estado de Chile. Esto es un patrimonio, esto no puede irse fuera de Chile. Es de una importancia fundamental. Registra todo el proceso mental de cómo Parra concibe la poesía y llega a la antipoesía”, añade.


La ruta que ha seguido el cuaderno de Oxford es parte de un camino complicado que siguieron otros cuadernos de Parra y que incluso llegó a la justicia. A fines de 2017, la hija del antipoeta, Colombina Parra, y su hijo, Cristóbal Ugarte, denunciaron la pérdida de aquellos papeles e hicieron un llamado público para que quienes los tuvieran los devolvieran a la familia. “La cagué vendiendo algunos cuadernos y papeles de mi padre, pero no me robé el Louvre. Sus cosas eran también mis cosas, y siempre lo tomé como un empeño”, reconoció Barraco en el diario La Tercera en 2018. Paralelamente, el reconocido bibliófilo César Soto fue acusado del delito de receptación por tener “escrituras, pensamientos escritos, papeles íntimos o inéditos” de Parra, pero en octubre de 2019 el Octavo Juzgado de Garantía de Santiago declaró inadmisible la querella contra Soto.


“Yo tenía este cuaderno en barbecho, pero me asusté un poco cuando la familia de Parra hizo denuncias a la justicia por la procedencia de estos papeles. Pero fue el hijo de Parra quien los vendió. ¿Cómo iba a ser que uno los devolviera de forma gratuita? Por eso es que la justicia ya dictaminó que eso no ha lugar”, cuenta Eduardo Morel con confianza en su pertenencia. Y relata que ya han existido interesados en comprarle el cuaderno de Oxford. Entre ellos, uno de importancia: el Presidente Gabriel Boric. El primer mandatario, según dice Morel, revisó el documento en la misma librería a inicios de este año, le sacó fotos y evaluó la posibilidad de adquirirlo para que lo preservara el Estado. Desde La Moneda, sin embargo, declinaron comentar el asunto.


Un despistado en Oxford


“Lo ‘vi' alguna vez en la casa de La Reina de Nicanor, creo que fue en el año 1992, pero fue una noche con amigos y mucho vino, y no llegué a leer nada”, recuerda Niall Binns sobre el cuaderno de Oxford, en un e-mail desde España. Académico británico especialista en la antipoesía y parte del equipo que editó las Obras completas de Parra para Galaxia Gutenberg, en 2011 Binns publicó un ensayo llamado “¿Qué hay en un nombre? ‘Poemas y antipoemas'. Oxford 1950”, donde menciona la noche en que vio el cuaderno. “Poder revisar ese cuaderno de su época ayudaría a aclarar el impacto que tuvo en el poeta su estancia en la ciudad universitaria por antonomasia de Inglaterra”, escribió.


Según cuenta Binns, en 1951 Enrique Lihn anunció la futura publicación de dos libros de Parra: “Oxford 1950” —quizás los futuros “Poemas y antipoemas”— y otro de apuntes titulado “Notas al borde del abismo”. “Supongo que el cuaderno de Oxford sería la base de ese libro”, dice Binns. “¡Cuánto me gustaría verlo y cuánto lamento, en esa noche de risas y vino, haber postergado mi curiosidad! Años después, en Las Cruces, me puse con Nicanor a buscarlo, pero no estaba entre los cuadernos que tenía allí”, añade.


Lo más probable es que aún estuviera en la casa de La Reina, donde, luego de dejar Santiago, Parra mantuvo una biblioteca entre la que se incluían decenas de cuadernos de diferentes épocas. Combinando lápiz pasta y grafito, Parra escribió el diario alternando entre el inglés y el español. “Para mí un individuo se encuentra al borde del precipicio. Meditaciones abordo: para mí no existe otro más que el que llevamos en la cabeza”, anota al iniciar la bitácora, a la que va sumando notas domésticas, apuntes de sus estudios y citas del físico Niels Bohr, Goethe, Da Vinci o Platón. Pronto llega hasta las páginas la sueca Inga Palmen, con quien se casó en Inglaterra terminando el matrimonio con Ana Troncoso, quien se había quedado en Chile.


Becado por el British Council, Parra se matriculó en el Saint Catherine's College, perteneciente a Oxford, el 19 de octubre de 1949 para estudiar mecánica moderna y vivió el primer año en Pembroke Street, donde escribió poemas como “El soliloquio del individuo”. El cuaderno de Oxford lo empieza a llevar cuando se cambia al departamento de Norham Road, en agosto de 1950. En una de las primeras anotaciones en el diario cuenta esa mudanza, un trámite tan sencillo que hacia la dos de la tarde ya estaba listo para su cuarta clase de manejo: “Partí a la perfección y solo una vez cometí el error de no soltar el acelerador. Aprendí sin dificultad dar una vuelta en la esquina, ya sea a la derecha o a la izquierda. Me divertí como un chino”, escribió.


Ese mismo día, Parra anduvo en bicicleta y se juntó con amigos. “A las 16:30 terminé de desempaquetar y me miré al espejo. Tengo una expresión de agotamiento, la camisola verde me da un aspecto de ridículo, el pelo me está escaseando de forma dramática en el centro del cráneo. Y hacia los lados se ven algunas canas. Además estoy chupado como una manzana. Debí haberme echado a dormir, pero a las 17:15 tenía que jugar tenis con Guillermo y unas jóvenes españolas”, cuenta el escritor que ya tenía 31 años.


Por entonces, el poeta empezó a trabajar con el astrofísico Edward Arthur Milne en una tesis que tuvo como título “Some unsolved problems on kinetic relativity” (“Algunos problemas no resueltos en la relatividad kinética”). Y aunque en el diario deja una nota sobre el tema que dice “estudiar la teoría del movimiento relativo”, sus apuntes empiezan a ser dominados por citas a filósofos, listas de poemas, ideas literarias. “Fui al siquiatra para que me viera el tarot”, escribe sin contexto. Y luego, otra vez sin explicaciones: “La neurosis no niega la realidad, se limita a no querérselas ver con nada de ello. La sicosis la niega e intenta sustituirla. Octopus, el block maravilloso, la máquina infernal”.


“Él no es un estudiante serio de matemáticas. Sugiero que él haga lo pertinente para aprovechar las oportunidades de Oxford, y que no sea presionado para seguir los cursos”, dice en carta a las autoridades de la universidad el profesor Milne, y al parecer la recomendación funcionó. Entonces llega al 19 de mayo de 1951, día que, entre unos bosquejos de cartas en inglés, cuenta que mantuvo unas partidas de ajedrez que perdió “miserablemente”. “El final de la partida con el hindú sudafricano me derrumbó como una pirámide de letras en conserva. Dolores de cabeza, opacidad, confusión de sentimientos, taquicardia”, anota y luego hace los dibujos de las portadas donde aparecerá “Poemas y antipoemas”. A un lado, deja una palabra: “Despistado”.


El destino del cuaderno


Parra persistió en el diario hasta 1958, aunque cada vez con menos regularidad. De regreso a Chile, junto a Inga Palmen, aborda detalles de la elaboración de “El Quebrantahuesos”, los collages con recortes de prensa que realizó junto a Jodorowsky y Lihn y exhibió en el restaurante El Naturista y frente a los Tribunales de Justicia en 1952. “Ayer colgamos Jodorowsky y el que habla un número del Quebrantahuesos que me tocó hacer a mí solo. La gente sigue riendo a carcajadas, pero me siento exhausto de mi esfuerzo tan sostenido. A ratos no veía más que una mancha negra delante de mí, un juego obligatorio de mis más ingratos trabajos”, anota en mayo de ese año. Luego, deja una frase: “Poesía funambulesca, pintoresca”.


En los años siguientes, los apuntes en el diario son cada vez más espaciados. Habla de Violeta Parra; menciona a Luis Oyarzún, Tomás Lago, Jorge Millas, Gastón Soublette. “Pongo en práctica uno de los consejos de Don Quijote a Sancho: anda despacio”, anota sin contexto. En 1968 cuenta que su hija Catalina se casa con el poeta Ronald Kay y escribe junto a esa información: “Dogmatizar y filosofar. Ojalá que me corten la cabeza”. En los años 70 casi no hay notas y en 1986, la última: “Antenoche fue el atentado contra P. (Pinochet). Hoy al mediodía comienza mi nuevo semestre. ‘El barco que se hunde', Robert Louis Stevenson”.


Enorme, laberíntico, lleno de notas oblicuas, la mayoría personales, el cuaderno de Oxford requeriría a un especialista parriano para ser descifrado. O más de uno. Hace unos años, el coleccionista y editor en el sello Pequeño Dios, Guillermo García, accedió al cuaderno. El librero Eduardo Morel se lo mostró pensando en que García podría completar una colección de primeras ediciones y diversos papeles de Parra que ha reunido. Entre ellos, algunos cuadernos más contemporáneos del poeta, en los que solía trabajar en uno o dos poemas por decenas de páginas. Evaluó comprarlo, pero su colección ya está cerrada.


“El cuaderno de Oxford relata una etapa fundamental en su poesía. Vendría a ser como los manuscritos de ‘El canto general' de Neruda a la obra de Parra. Ese es el valor que tiene. Ahí es cuando surge la antipoesía”, dice García. “Ningún cuaderno marca hallazgo decisivo como para cambiar la historia, pero este es un cuaderno fundamental. Es el más importante de los que se tiene conocimiento. Y proviene de una época donde prácticamente no hay material más que las publicaciones. Hay que recordar que Nicanor también era muy desprendido con sus cosas. Que él lo halla conservado significa que lo consideraba relevante”, agrega.


Es posible que el cuaderno de Oxford tenga que ser leído con al menos otros dos libros que Parra dejó inéditos: el poemario “Simbad el marino”, fechado en 1939, y un cuaderno de mecánica racional no datado, pero de la década de 1940, que tiene decenas de poemas, casi todos inéditos. Ambos son parte de la colección de César Soto y no están a la venta. En cambio, Morel sí tiene a la venta el diario de Inglaterra. En sus planes, espera que sea el Estado de Chile quien pueda acceder a él para que no se pierda el patrimonio del poeta. Si no, cree, es probable que lo adquiera una entidad extrajera. Incluso podría ser la Universidad de Oxford. Quizás hay que seguir al pie de la letra una indicación que dejó Parra junto a otra portada que dibujó y que tituló “Consejos teóricos y prácticos. 1950”. Ahí dice: “Lámpara: frotarla, puede ser la de Aladino”.


Nicanor Parra en Oxford, Inglaterra, donde estudió en 1949 y 1952 y llegó a concebir la idea de la antipoesía. Archivo Nicanor Parra





sábado, julio 11, 2020

Nicanor Parra puertas adentro: inédita exposición revela sus artefactos y jardín

El Mercurio

El recorrido virtual, disponible desde hoy, ocurre en su terreno de La Reina y se complementará con un ciclo de diálogos.
Daniela Silva Astorga
Basta que la reja se abra para entrar a un territorio íntimo. Tal como si Nicanor Parra (1914-2018) esperara visitas en La Reina, desde hoy la pantalla —del computador o celular— permite caminar, al encuentro de sus ideas, por el sendero de tierra, piedra y hojas secas que conduce hasta su puerta. En el trayecto, así como alguna vez él lo hizo —pero en privado—, van apareciendo 39 de sus artefactos. Uno tras otro, en ubicaciones transitorias y nada solemnes, arman un recorrido virtual que comienza con la ausencia de Cristo en su “Voy & vuelvo”, sigue con creaciones teñidas de sensualidad (“Explosión demográfica”) y de humor negro (“El maletín del Doctor Mortis” o “Los delincuentes comunes”). Piezas visuales en sintonía con las contrariedades de hoy, que pueden verse en 360° o desde muy cerca, para después mirar incluso a los árboles. En la antiexposición “No siga la flecha”, los límites del confinamiento se borran.

“Desde la Fundación Nicanor Parra la percibimos como un regalo para la cuarentena, tiempos en los que mucha gente se ha visto prácticamente privada de libertad”, comenta Cristóbal “Tololo” Ugarte, nieto del antipoeta y quien recibió en su representación el Premio Cervantes de 2011. Y agrega: “Como este recorrido virtual incluye toda la parcela, muestra puntos importantísimos para la cultura de Chile y del mundo, como caminos de piedra hechos por Roberto Parra, y lugares simbólicos que recuerdan el paso de Violeta Parra, como la terraza donde se encontró con Nicanor un día antes de morir”. La casa, además, fue edificada por su hija Francisca, quien instaló puertas y ventanas de demoliciones. Parra continuó la línea de las intervenciones y así le dio un sello a la cabaña. “Él denominaba la casa como una ‘población callampa, de lujo, pero callampa'”, cuenta “Tololo”.

La idea de esta exposición fue del abogado José Alfredo Rojas, administrador proindiviso de la sucesión: “Como no se nos permite salir, se me ocurrió pensar la forma en que el público nacional y extranjero accediera a determinados artefactos de Parra desde su casa —relata—, y de inmediato contacté a Cristóbal Ugarte y a Colombina Parra, y conté con todo el apoyo de la fundación, junto con el del Ministerio de las Culturas. La muestra reúne trabajos prácticos confeccionados entre 1976 y 2006, que reflejan un espíritu rupturista y desafiante, además de un humor indestructible”.

Reflexiones de hoy

El español Adolfo Montejo Navas —quien contempló en la XIV Bienal de Curitiba una muestra del antipoeta— seleccionó los artefactos en conjunto con la Fundación Nicanor Parra. Al teléfono desde Brasil, el curador cuenta que lleva toda una vida estudiando la obra del Premio Reina Sofía 2001: “Conocí su poesía en 1972, debido a la publicación de ‘Antipoemas' en España. Me produjo una sensación sísmica, porque eran poemas en estado de perplejidad, y además tenían humor y crítica. En aquella época no creía que esa propuesta lírica fuese factible, ¡era un agujero en el muro! Después conocí sus trabajos visuales, pero sin extrañeza, pues en sus poemas hay muchas intuiciones objetuales, dimensiones tridimensionales y poemas performáticos”. Montejo Navas escribió, para esta exhibición virtual, el texto “Desconfines”.

Estará anclada desde hoy y durante treinta días en www.fundacionparra.cl, pero el plan es generar nuevos contenidos en el futuro. El recorrido fue compuesto virtualmente por Danilo Pantoja y Juan Pablo Espínola, a través de imágenes hechas con tecnología 360°. Los arquitectos Smiljan Radic y Mathias Klotz participaron también en este proyecto, como asesor y revisor, respectivamente. “Es clave destacar la colaboración de varios profesionales —añade Cristóbal Ugarte—, como Celina Neves, quien paralelamente a esta antiexposición, creó un catálogo con tarjetas postales y un logo para la fundación, con una ecuación parriana”. Asimismo, el fotógrafo Camilo Bustos contribuyó con imágenes de las obras; el artista Alberto Vega, con el montaje, y Cristalina Parra, con un texto de presentación.

“El foco principal de esta exposición es dar cuenta de la vasta capacidad exploratoria, prácticamente circular e infinita, que Parra demostró en esta faceta antipoética objetual. Particularmente, nos interesamos por obras que hablarán directo de los problemas de la actualidad”, apunta su nieto. Son trabajos prácticos, o artefactos, que entre otros rasgos, reflejan “su permanente juego con la muerte y la resurrección, su puesta en evidencia de las grandes desigualdades sociales, su crítica al equilibrio incómodo entre democracia y dictadura, o izquierda y derecha, y las dudas frente a la solemnidad y seriedad de la Iglesia Católica”.

Parra y sus dimensiones

Obra, figura y legado del autor de “Poemas y antipoemas” serán revisados en el ciclo “No siga la flecha”, que la Fundación Nicanor Parra y el Ministerio de las Culturas emitirán por YouTube. El primer encuentro será entre el poeta y doctor en filología César Cuadra y Marcela Aguilar (14 de julio, a las 20:00 horas). Al día siguiente, y a la misma hora, los arquitectos Mathias Klotz y Fernando Pérez (director del MNBA) conversarán con Colombina Parra y Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio. “Pondremos el foco en las casas y en las cosas de Parra. Para entender la importancia global de su obra es necesario abordar la discusión sobre sus trabajos prácticos, más de la corriente de Duchamp. Era acumulador, más que coleccionista, que luego descontextualizaba las cosas transformándolas en objetos poéticos, y sus casas respondieron a esa misma lógica de configuración”, dice De la Cerda. Y el ciclo continúa con “La antipoesía como rollo de alambre de púas”, el 16 de julio. María Teresa Cárdenas, subeditora de Artes y Letras, moderará un diálogo entre Francisco Casas, Erwin Díaz, Francisco Véjar y Carmen Berenguer.

Próximo libro

El curador Adolfo Montejo Navas cuenta que este año terminará “100 + 3 Parras para Nicanor”, una antología de poemas . “Será una gran edición, como de libro de artista”, dice.

sábado, junio 20, 2020

Isabel Parra: "“No queremos reconstruir el museo”"



El Mercurio

En febrero de este año, el Museo Violeta Parra, ubicado a pasos de la Plaza Baquedano, fue atacado e incendiado en tres ocasiones en medio del estallido social. Isabel Parra, hija mayor de Violeta, habla de su desolación por la violencia, de los años de trabajo recolectando la obra de su madre, de la controversia con los herederos de Nicanor Parra y de su discrepancia sobre cómo estaba siendo manejado el museo en el último tiempo: “Se fue convirtiendo en un museo fome”.
Por Antonia Domeyko

Cuando Isabel Parra se levanta por las mañanas durante estos días de cuarentena, lo primero que ve son los cuadros de su madre que tiene colgados en los muros de su departamento en Providencia.

—Veo un mono de la Violeta Parra ahí, bailando cueca en el living. Voy a la otra pieza y tengo otros monos más chicos, maravillosos. A mí me da mucha energía eso, ¿sabes? Me contenta en los momentos más desolados. Miro un cuadro de mi mamá y siento que ella está. Hay muchos monos que se parecen a nosotros, porque éramos sus modelos; también están los perritos, los quiltros que ella cuidaba en La Reina. Esos son mis tesoros. Es una cosa muy fuerte, muy linda. Es mi compañía.

Isabel Parra vive sola. Pero durante el confinamiento ha tenido cerca a su hija Milena Rojas, que vive en otro departamento en el mismo edificio, y a su mascota, un perro salchicha. También mantiene contacto telefónico con su hija Tita. Pero lo que más la acompaña, a sus 80 años, son las canciones, dice. En estos meses se ha dedicado a escribir y componer, reflexionando sobre la pandemia y el “estallido social truncando”, para el nuevo disco que está grabando junto a Manuel Meriño, que se suma a la veintena de álbumes que ha lanzado durante su extensa carrera.

Sin embargo, añade, lo que acapara la mayoría de sus pensamientos hoy es el Museo Violeta Parra. Este proyecto, que albergaba y exhibía una gran colección de la obra de la artista, que Isabel y su hermano Ángel habían recopilado por décadas, está cerrado desde octubre, luego de que detonara el estallido social. Unos meses después, en febrero de este año, en medio de las manifestaciones, fue incendiado y atacado tres veces consecutivas en un mismo mes. Las reiteradas llamas devoraron la infraestructura casi por completo.

—Lo que más me preocupa ahora es el destino de lo que fue el Museo Violeta Parra, del ex Museo Violeta Parra.

—¿Por qué exmuseo?

—Después de los incendios, en la última reunión de directorio, salí con esa idea. Para mí se acabó el museo. No existe.

El trabajo de juntar y recopilar la obra de Violeta Parra, dice Isabel, ha sido una labor que ella ha realizado continuamente a lo largo de su vida.

—La Viola era muy itinerante, hacía sus trabajos, y se iba de viaje, dejaba cosas aquí, cosas allá, y me tocaba a mí, siempre me tocó, ir detrás de las cosas, ordenarlas y guardarlas. Ella me decía de repente “qué bueno tener una secretaria”. Me parecía una frescura esa cuestión, porque yo no era su secretaria. Yo la ayudaba porque ella era mi mamá, porque yo la quería y porque había que ayudarla, simplemente. La palabra secretaria no me caía muy bien. Pero de cierta manera había que hacerse cargo.

Recuerda especialmente los años en que su madre trabajaba en el proyecto de un centro cultural en una carpa instalada en un terreno baldío cedido por el alcalde de La Reina.

—Le costó tanto a mi pobre madre hacer ese proyecto, que era un proyecto loco, descabellado. Cuando la cosa funcionaba, entre comillas, ella se iba a Bolivia, y dejaba todo ahí. Eran muchos cachos todo eso, porque mi hermano y yo éramos grandes ya, y teníamos una vida, pero así y todo estábamos siempre ahí junto a ella.

Tras la muerte de Violeta Parra, en 1967, Isabel, que entonces tenía 27 años, se quedó con varias de las obras de su madre, que más tarde guardó en su propia casa en Ñuñoa. Unos años después, luego del golpe militar, Isabel y Ángel partieron al exilio y se instalaron finalmente en París.

—Si nosotros teníamos que trasladarnos, nos trasladábamos con ese patrimonio. Pasaron las cosas más increíbles que yo te pueda contar para sacar en plena dictadura, hacia un destino de exiliados, parte importante de la obra visual de la Violeta Parra —relata.

Desde París, al igual que su madre, visitaba diferentes países cantando sus canciones, y en el camino buscaba obras que Violeta Parra había dejado en sus viajes por Europa. Recuerda que en una presentación en Ginebra, al llegar al camarín, se encontró con un mensaje en un papelito que decía en francés: “Yo tengo cuadros de Violeta Parra”.

—La Violeta había dejado también montones de pinturas en el taller de Ginebra, pensando que volvería a buscarlas. Y aparece este suizo milagrosamente para decir: “Tengo los cuadros de la Violeta”. Después, este señor nos los entregó. Tenía prácticamente todos los óleos que se han exhibido. Todo fue así, son años de trabajo, de espera, de energía, de andar preguntando, tocando puertas a personas que uno no conoce, que te dieron un dato.

De a poco, su departamento en París se comenzó a llenar de obras de su madre.

—Yo iba a la cocina a pelar papas y tropezaba con un cuadro de mi mamá. No era uno, eran cinco, 10 cuadros, además de los que tenía colgados (…). Tenía mi casa invadida de obras de la Viola. En el edificio había una bodeguita comunitaria con los otros propietarios, y yo la tenía llena de Violeta Parra con arpilleras, papel maché, cartas, manuscritos, etc. Estaba exiliada sin saber qué iba a pasar con todo esto.

En 1987, Isabel Parra regresó a Chile. Una de las razones, entre muchas otras, dice, era volver a hacer algo con el legado de su madre. Cuatro años después, en 1991, creó junto a su hermano Ángel la Fundación Violeta Parra.

—Creamos la fundación para proteger la obra. Nosotros lo vimos como una gran manera de protección, porque cualquiera cae en la tentación de querer vender.

—¿No han vendido alguna?

—Las hemos cuidado como si fueran hijos de nosotros. Jamás hemos vendido, creo que ni un monito ni un dibujo.

Tras la creación de la Fundación, en la mente de Isabel estaba el objetivo final de crear un museo.

—Me demoré cerca de 20 años en convencer a los gobiernos democráticos de lo importante que era tener un Museo Violeta Parra. De andar enseñándole a los chilenos quién era Violeta. Fue arduo. El nombre de la Violeta es muy querido y muy amado en todas partes del mundo. Chile es el país número uno para desconocer y estar ciego de las cosas que ocurren a los grandes artistas chilenos. Y a mí me tocó la pega chica, de andar cargoseando con la Violeta Parra.

En octubre de 2015 se inauguró el museo, construido con fondos del Estado y hoy financiado por el Ministerio de Cultura. Isabel y Ángel Parra donaron las obras al Estado chileno para la colección. Ella, como parte de la Fundación Violeta Parra, es la vicepresidenta del directorio del museo.

Aún Isabel sigue recibiendo contactos de personas que tienen cuadros y obras de su madre, y, dice, el museo ha comprado también algunas piezas que han ido apareciendo. Pero, asegura, hay parte del trabajo de Violeta Parra que está en la casa de su tío, el poeta Nicanor Parra, fallecido en enero de 2018.

—En su casa de La Reina se acumularon montones de arpilleras, de cuadros, que están ahí hasta el día de hoy. Quienes tienen la palabra son los hijos del tío. Ya todos están grandotes, no son los cabros chicos, tendrían que pronunciarse, y devolver lo que no les pertenece. Frente a la gran herencia que tienen, que se ha publicitado en todos los medios, estamos todos con la boca abierta de la mansa fortuna que hay ahí. Entonces, con mayor razón que devuelvan esos cuadros. Si bien tienen un valor económico, supongo, muy elevado, deberían volver a sus dueños. Y espero que ocurra.

Hace poco más de un mes se hizo público en varios medios un informe elaborado por el abogado interventor de la herencia de Nicanor Parra que indicaba que el patrimonio corresponde a $3.400 millones, además de cinco inmuebles, y que hoy está en medio de una disputa legal entre los hijos herederos.

—Usted presentó una carta formal pidiendo los cuadros, habló también de tomar posibles acciones legales.

—Acciones legales he tomado tantas veces en mi vida, que no me voy a meter en esa cuestión a esta altura. Yo apelo a la cordura, a la generosidad, a la comprensión y, en definitiva, apelo a no quedarse con lo ajeno. Así de simple. Yo tengo confianza en que en la medida en que se desenrolle el enredo que tienen los hermanos, que este patrimonio de cuadros de la Violeta Parra no pase a ser parte de la fortuna, bastante grandota, que se van a repartir.

—Se decía que Nicanor Parra le había comprado esos cuadros a Violeta.

—Es que hay todo tipo de cuentos. Hubo una historia de que “pobre Violeta que no tenía plata”. Esa es una falsedad total y absoluta. Los hermanos, el Nicanor con la Viola, siempre tenían historias de plata. La Viola, siendo una mujer pobre, le prestaba plata al hermano. Hasta yo me acuerdo en un momento que el tío Roberto llegó a mi casa y me dice que a Nicanor le estaban ofreciendo una casa muy barata en Isla Negra, pero que necesitaba unos dineros. Yo tenía mis ahorros y le presté, y el tío vino después y me pagó. Se prestaban plata los hermanos. Ellos tenían sus transacciones económicas privadas.

—¿Ha mantenido contacto con sus primos, los hijos de Nicanor Parra?

—Fui en una época muy amiga de la Catalina, era mi prima más querida. Ahora está en Nueva York, pero no escribe, no sé lo que pasa. Después de todos estos enredos mediáticos que han ocurrido con la familia Parra de ese lado, me imagino que es por eso. No tengo idea. Pero yo he conversado con la Colombina sobre este tema. Yo tengo su número y le he mandado recado, pero no me pesca, hasta el día de hoy.

Al lado del río/ donde se encontraba el corazón vivo de Violeta Parra/ queda el humo negro/ quemada la historia/ y el corazón vivo de Violeta Parra.

Es la estrofa final de una de las canciones que Isabel ha estado escribiendo en el último tiempo. Es de febrero de este año, cuando ocurrió el incendio del museo. Dice que cuando comenzó el estallido social tuvo sentimientos encontrados.

—Lo que me pareció muy dramático fueron los actos violentos. Todo lo que signifique destruir, quemar, romper, a mí me parece de una violencia que no soy capaz de justificar. No me gusta esa forma, para nada. Yo estoy desolada de constatar lo que ha ocurrido, pero al mismo tiempo estaba contenta con el estallido, por supuesto. Cuándo la gente iba a mostrar esta desigualdad chilena, esta injusticia, esta sociedad que vive a expensas de la explotación de otros, un país que desprecia las minorías, un país donde los hombres matan a sus mujeres, y la lista es muy larga. La gente aquí no tiene qué comer. Entonces, por supuesto que encuentro razonable que haya una explosión de reclamo. Cómo no.

Con el comienzo de las manifestaciones en Plaza Baquedano, en Vicuña Mackenna, a una cuadra de la plaza, el Museo Violeta Parra tomó la decisión de cerrar sus puertas. Y hasta hoy, ocho meses después, no ha vuelto a abrir.

—Se clausuró. Yo no estaba de acuerdo. El Museo Violeta Parra no tuvo ningún compromiso social durante esta revolución. No se proyectó el espíritu social de la Violeta, jamás.

—¿Cómo hubiese querido que fuera?

—Bueno, yo nunca pretendí ser la directora del Museo Violeta Parra, no tengo nada que ver con eso. No soy funcionaria pública y no ando buscando esa pega. Soy una mujer artista, que hace música (…). Como a mí no me tocó, las cosas que nosotros inventamos nunca se pudieron concretar, ideas que planteábamos. Yo creo que hay personas que podrían hacerlo mejor, que podrían tener otra visión. Por ejemplo, el centro cultural del GAM se la jugó a muerte con el estallido social y organizó miles de cosas. Claro, ellos tienen una gran infraestructura, pero el Museo Violeta Parra se cerró.

La noche del viernes 7 de febrero, Isabel Parra se enteró por la televisión de que el museo se quemaba en medio de una protesta. La infraestructura, que este 2020 cumplía cinco años desde su inauguración, se caía a pedazos. Las obras, por suerte dice Isabel, las habían retirado al inicio del estallido para resguardarlas.

—Cuando lo vi en la televisión, partimos con la Milena (su hija) de inmediato para allá. No hay nada peor que un incendio; esas llamaradas incendiarias, es como una guerra, como sentirse estropeada, humillada. Quemar un lugar de encuentro, un lugar creativo, que costó tanto hacerlo.

—Antes de que esto ocurriera, ¿usted pensó que podría llegar a pasar algo así al museo que representa a Violeta Parra?

—Viendo el desastre en el transcurso de los días, era como para pensar que se podía empezar a romper; rompieron vidrios, pero siempre con una esperanza estúpida de que no iban a tocar el Museo de Violeta Parra. La ingenuidad perfecta. Eso era lo que yo sentía.

Hoy hay una investigación en curso, pero Isabel dice que aún no ha tenido información de quiénes habrían originando el incendio. Al día siguiente del ataque, Carabineros hizo una declaración en la que indicaba que algunos testigos habían visto un grupo de encapuchados iniciar el fuego.

—Al lado del museo había un sitio baldío, que era como de guerra, ahí pasaban las fuerzas del orden, los encapuchados y los locos que quemaron el museo; qué Dios sabrá quiénes son. No ha llegado ningún resultado de la investigación.

El 28 de febrero hubo un segundo incendio en el museo. Y al otro día, la infraestructura volvió a arder por tercera vez.

—Yo estoy confiada en que esta revolución, que quedó trunca, continúe. Tiene que continuar, pero de otra manera. Yo me opongo a los actos violentos.

Como todos los centros culturales, abrir las puertas al público no es una posibilidad hoy debido a la pandemia. Y en el caso del Museo Violeta Parra, esa opción, con la infraestructura destruida, es aún más lejana.

—Nosotros, como Fundación Violeta Parra, no queremos reconstruir el museo, considerando en el estado catastrófico en que se encuentra la economía chilena. Construir ese museo fue carísimo, mantenerlo es carísimo. Es bueno que la gente sepa que los Parra no han recibido nunca un peso por entregar esa obra y que los dineros que entrega el Consejo de la Cultura es para mantener a los funcionarios y para hacer las actividades que tiene que hacer un museo.

—¿Cuál sería, entonces, para usted el futuro del museo?

—No vamos a reconstruir ese museo por miles de razones. Ese museo fue destruido. La intención que nosotros tenemos como fundación es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero de otra manera. De una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente, en una casa, que no tenga que tener 25 personas que hagan aseo. La sencillez de la Violeta es la que tenemos que poner frente a un nuevo proyecto. La gente tiene que saber cómo era la Violeta Parra. ¡Por Dios! Si la Violeta se fue a vivir a una carpucha de tierra. Yo no te digo que vamos a hacer la carpa, porque yo odio la carpa, pero tenemos que hacer un proyecto cariñoso, amable con las personas, entretenido, creativo.

—Cuando fue el incendio, usted dio declaraciones en las que mencionaba que no coincidía en cómo se estaba manejando el museo. ¿Sigue pensando eso?

—Reafirmo lo que digo. Yo creo que hay personas que no están preparadas para dirigir un Museo Violeta Parra. Creo que mi hermano y yo nos equivocamos profundamente en confiar en esta persona, en creer en ella. No creo que sea fácil dirigir un museo, pero este es un museo bien dirigido en lo administrativo y en lo técnico, y eso a mí me importa un rábano. Está lleno de gente que puede hacer eso, pero hay muy poca gente creativa que inventa cosas, que se deleita creando. Eso no lo tenemos y no lo tuvo nunca el museo.

—¿A qué se refiere?

—Mientras el museo existió, creo que ocurrieron cosas buenas, como que se bailaba cueca el primer sábado de cada mes, era una cuestión maravillosa (…). Pero fue muy difícil, porque hacer un museo Violeta Parra vivo es muy complicado. El museo se fue convirtiendo en un museo fome, sin divisar a la Violeta en sus múltiples facetas. Nunca hubo una programación profunda. Nunca hubo estudios sobre la Violeta Parra, nunca salió a las regiones, nunca tuvo proyección con museos del mundo. Se quedó ahí en la calle Vicuña Mackenna con unos talleres. Mejor ni hablo de eso, porque me deprimo.

—…

—Hacer talleres de cómo se hace el terremoto, qué se toma para el 18, es para morirse. Te pongo ese ejemplo que es dramático. La Violeta, además, era contra el alcohol, y hacer talleres así en un país de alcohólicos como el nuestro… Ese tipo de cosas puede ser un detalle risible, pero en el fondo es una mierda... o talleres de sopaipillas. Yo adoro las sopaipillas, pero haber luchado todo lo que te conté para terminar haciendo sopaipillas. Por favor, tenemos que cortarla.

—La directora del museo, Cecilia García-Huidobro, dijo que las decisiones se han tomado en el directorio, al cual usted no había asistido en el último tiempo.

—Lo que pasa es que esas reuniones de directorio son un chiste, porque ahí llega el pastel cocinado, y la Fundación Violeta Parra no tiene mayoría en el directorio. Los pasteles vienen cocinados a las reuniones y no creo que solamente en este directorio, yo creo que todos los directorios funcionan así.

Hoy, el museo funciona en formato digital, ofreciendo actividades en línea. Pero Isabel piensa en otra cosa y mira hacia atrás:

—Después de todo ese esfuerzo, de todo lo que pasó, de tanto patalear y pelear, viene el estallido social con las consecuencias que conocemos. Entonces, en realidad, si uno se pone a sacar la cuenta de lo que ha sido esta historia, quedamos en punto cero.


Isabel Parra dice que la intención es seguir mostrando la creación de la Violeta, pero “de una manera más simple, menos cara, más en contacto con la gente”. En la foto, ella junto a su madre. ZIG ZAG

domingo, marzo 17, 2019

Las nuevas pistas sobre los cuadernos de Parra a un año de la querella por receptación

El Mercurio

El 10 de enero de 2018, 13 días antes de que el poeta Nicanor Parra muriera, su hija Colombina y Cristóbal Ugarte Parra presentaron en el Octavo Juzgado de Garantía de Santiago una querella por presunta receptación en contra del coleccionista César Soto quien, de acuerdo a la acción judicial, habría adquirido un grupo de "cuadernos personales" de autoría de Parra. En la acción judicial se adjuntan notas de prensa en que Soto señala tener en su poder un cuaderno de Parra de la década del 40.

Ha pasado un año y también una serie de diligencias que entregan nuevas pistas sobre el paradero de estos manuscritos.

El caso está en manos de la Fiscalía Oriente, la que indaga si efectivamente hubo una sustracción y se generó una receptación. César Soto ha señalado que esos manuscritos se los compró al hijo del poeta, Juan de Dios Parra, "Barraco".

Fuentes de la investigación señalan que actualmente el foco investigativo no está solo en César Soto, también, y a raíz de una declaración dada por Colombina Parra en el Ministerio Público, se está indagando a otro experto coleccionista que tiene una librería en la comuna de Santiago.

Sobre el proceso investigativo y todo este año de intentos para recuperar los manuscritos de Parra, el abogado de Colombina, Luis Valentín Ferrada, explica que "hay que destacar que durante el año pasado la cantidad de cuadernos que se pudieron recuperar, en lo que pudiésemos llamar como una gestión paralela de entrega voluntaria, tuvo un éxito de bastante consideración. Se recuperó una cantidad bien considerable de cuadernos (...). Él compraba estos cuadernos universitarios y anotaba recuerdos, datos personales, anécdotas. No todos ellos son representativos de manuscritos literarios o artísticos. Es un diario de vida. Los manejaba con mucho cuidado, porque representaban su intimidad. No es posible precisar cuántos son. Sí sabemos, así se indicó en la declaración de Colombina en la fiscalía, quiénes han dicho tener cuadernos de Nicanor Parra y cómo los habrían adquirido", indicó.

Luego agregó: "El señor Soto ha sostenido que estos cuadernos fueron vendidos por Juan de Dios Parra, y los adquirió de un modo que él entendió era legítimo. Pero evidentemente no los adquirió de quien era su dueño, porque los cuadernos no son manuscritos de Juan de Dios Parra, sino que de su padre. La querella es por receptación (...). La investigación está abierta y aquí se ha mezclado un tema que ha dificultado proseguir la acción. Ha sido un obstáculo para la investigación el hecho del conflicto que nació con motivo del testamento de Nicanor, porque, a decir verdad, hoy, de acuerdo con la ley, esos manuscritos y cuadernos hacen parte del inventario de bienes".

Defensa de Soto

Sobre este proceso, el abogado de César Soto, Hugo Rivera, señala que su defendido "es uno de los mejores bibliófilos de Chile, y que ha escrito obras importantes sobre Pablo Neruda. A él le vendió Juan de Dios Parra Tuca libros de autoría de Nicanor Parra y hojas anilladas de fotocopias de concursos en donde en el reverso escribía don Nicanor Parra. Revistas, hojas con recortes de periódicos, y también le pagó a este señor, Juan de Dios, con cheques nominativos que fueron cobrados en el banco por esa misma persona, el segundo semestre de 2009 y el primer trimestre de 2011. Fue por una cantidad cercana a los $2.800.000 de la época".

En relación con otro manuscrito que Soto tenía en su poder, Rivera señala que no se trata de un cuaderno, "sino que de unas anotaciones que tienen unas tapas de cartón, pero no es de los cuadernos universitarios. Eso se lo compró el 23 de diciembre de 1991 a un dramaturgo y se acompañó un certificado emitido por él".

Respecto de la razón por la cual se querellaron contra Soto, Rivera señaló que "la verdad es que yo no encuentro ninguna explicación, ni ningún fundamento, para estar ejerciendo acción penal contra él. Estas adquisiciones fueron absolutamente legítimas".

sábado, febrero 23, 2019

Continúa la guerrilla judicial por el legado de Nicanor Parra



Pedro Pablo Guerrero
Cultura
El Mercurio

Sus dos hijos mayores presentaron ahora un recurso contra la Municipalidad de Las Condes -donde se constituyó la fundación-, para invalidar la resolución que aprobó sus estatutos.


Un nuevo frente legal se abrió en la disputa que mantienen los herederos de Nicanor Parra. Sus hijos mayores, Catalina y Alberto Parra Troncoso, presentaron una demanda contra la Municipalidad de Las Condes para anular el permiso concedido a la Fundación Nicanor Parra -domiciliada en ese municipio-, que obtuvo su personalidad jurídica en diciembre pasado.

"El 7 de enero -dice el abogado patrocinante, Jorge Meneses- le solicitamos a la Municipalidad de Las Condes que invalidara la resolución que aprobó los estatutos de la Fundación Nicanor Parra, ya que había incurrido en una serie de ilegalidades, especialmente en lo relativo al uso no autorizado del nombre de don Nicanor Parra. La municipalidad se negó, y por ello el 11 de febrero presentamos una reclamación en su contra ante el 14° Juzgado Civil de Santiago".

El año pasado, Catalina y Alberto Parra Troncoso demandaron la nulidad del testamento firmado por Nicanor Parra en 2017, el que favorecía a su hija Colombina, para que el patrimonio se distribuyera en partes iguales. Ahora buscan dejar sin efecto la fundación mediante este recurso contra la Municipalidad de Las Condes.

En 2001, el antipoeta concedió un mandato a su hija Colombina para que lo representara en la administración y gestión de su obra visual y escrita. Ese documento también la facultaba para tramitar la personalidad jurídica de una fundación que llevaría su nombre. Con este fin. Colombina cedió la mitad de sus derechos hereditarios.

"Si Colombina quiere constituir una fundación con el nombre de don Nicanor Parra, tiene que solicitar la autorización de todos los herederos", afirma Jorge Meneses.

Luis Valentín Ferrada -abogado que representa los intereses de Colombina y sus otros hermanos- dice que la resolución adoptada por la municipalidad tuvo a la vista todos los antecedentes, y principalmente el mandato de Nicanor Parra de 2001. "Naturalmente, nosotros vamos a tener que actuar en este juicio como coadyuvantes en nombre de la fundación", afirma.

La voz de Carlos Peña

Uno de los directores de la fundación, el abogado y rector de la U. Diego Portales, Carlos Peña, recuerda que su vínculo con la fundación viene al menos desde 2010. "Nicanor Parra me consultó, en una larga conversación en su casa de La Reina, de qué forma podría asegurar que su patrimonio intelectual y su obra se mantuvieran íntegras a su muerte", señala. "Él estaba genuinamente preocupado por la posibilidad de que su obra intelectual y su soporte -la casa de La Reina, manuscritos, cuadernos- se perdieran. Mi sugerencia fue constituir una fundación que llevara su nombre y que administrara esos bienes. Hasta donde sé, él prefirió no constituir la fundación en vida". Parra, en cambio, mantuvo el mandato a su hija Colombina para que lo hiciera.

Carlos Peña es claro en señalar que su participación en la fundación "deriva del hecho que me consta que esa fue la voluntad de Nicanor Parra que -al margen de las vicisitudes legales o la validez del mandato que es lo que está en discusión-, debe ser en mi opinión respetada sobre todo si, como creo, ello es plenamente compatible con los intereses de todos sus herederos".

Fuera de las consideraciones legales, Peña subraya que está en el interés de la cultura nacional preservar la obra de Parra. "Va más allá, me parece, de los derechos de autor. Se trata de preservar también la materialidad de esa obra. Y pienso que, una vez salvado el compromiso emocional de este tipo de litigios, eso es plenamente compatible con los intereses de todos los involucrados".

miércoles, noviembre 14, 2018

Luis Valentín Ferrada, abogado de Colombina Parra, respecto de la fundación del poeta: "Todo está y no hay problema en mostrarlo"

El Mercurio

Ferrada señala que llevarán los documentos pedidos por la jueza cuando llegue la notificación. Por su parte, los abogados de Catalina y Alberto Parra definirán sus acciones a seguir a la vista de los papeles. 

María Soledad Ramírez R.
En la arista abierta entre los herederos de Nicanor Parra sobre la constitución de la fundación que llevaría el nombre del poeta, nuevas acciones judiciales se han pedido por estos días. La jueza Sofía Gutiérrez, del 12º Juzgado Civil de Santiago, decretó que la parte demandada por Catalina y Alberto Parra -su hermana menor, Colombina Parra- debe mostrar el mandato que le entregó Parra en 2001, instruyéndola a crear la fundación tras su muerte.

Esta notificación aún no llega a las manos de Colombina, pero su abogado, Luis Valentín Ferrada, señala que "todo está y no hay ningún problema en mostrarlo". "Este problema es muy simple. Ella está cumpliendo un mandato por escritura pública del año 2001, clarísimo, para ser cumplido después de la muerte de Nicanor, en orden a constituir una fundación con el nombre de él".

Ese mandato se fundamenta, explica el abogado, en una disposición específica del Código Civil, la 2.169. "En virtud de este mandato, Colombina hace envío de la escritura pública de la fundación, en la cual se establecen los estatutos y se designa el primer directorio", agrega Ferrada y señala que ahora están en la etapa de obtención de la personalidad jurídica de la entidad.

Ferrada señala que tienen todos los papeles que pide la jueza, excepto el que se refiere a las cuentas de la fundación. "Tendrá su cuenta corriente el día que esté constituida con el RUT y todo".

-La parte demandante señala que esos documentos no son válidos tras la muerte de Nicanor Parra.

"Es una falta de conocimiento legal. Porque si leen la disposición legal del Código Civil relativa a los mandatos que pueden otorgarse para ser cumplidos para después de muerte, expresamente hay una disposición que consagra esa opción como un derecho absoluto de la persona. Entonces, el decir lo contrario es una aseveración sin ningún fundamento".

Y Ferrada comenta: "Advierto que en vez de querer resolver sus problemas hay como una guerrilla de cosas muy menores, no sé por qué lo hacen, francamente".

Preparar demandas

Por su parte, el abogado de Catalina y Alberto Parra, Jorge Meneses, del estudio Grasty, Quintana, Majlis, señala que "ahora Colombina aparece queriendo cumplir un mandato extinto y obsoleto, luego de 17 años desde su otorgamiento".

Explica que la acción prejudicial "permite conocer y comprender el alcance de las actuaciones de Colombina, principalmente en lo relativo a la constitución de una fundación en la que el uso del nombre de don Nicanor Parra no es consentida por todos los herederos".

Agrega el abogado que "la exhibición de estos documentos, si existen, permitirá preparar las demandas que correspondan. Además, de ser efectivos los avances en la constitución de una fundación, la municipalidad que intervino también deberá revisar sus actuaciones".

Meneses señala que el tema relativo a la fundación "es una arista en el contexto de un conflicto mucho más grave, donde se debate la nulidad de un testamento aparentemente suscrito por don Nicanor un día antes de cumplir 103 años".

martes, noviembre 13, 2018

Medida prejudicial: Jueza pide los papeles de la Fundación Parra

El Mercurio

En la causa que sostienen los hijos de Nicanor Parra  -Catalina y Alberto contra Colombina- por la creación de la Fundación Parra, el jueves 8 de noviembre, la jueza María Sofía Gutiérrez, del 12 {+°} Juzgado Civil de Santiago, decretó que Colombina Parra deberá entregar al tribunal: los documentos constitutivos de la fundación, los estatutos o borradores de esta, la copia del poder entregado por Nicanor Parra en 2001 a Colombina para crearla y la escritura de cesión de los derechos hereditarios que configurarían el patrimonio de la entidad. La medida señala que en cinco días hábiles, a las 9:00 de la mañana, deberán presentarse los papeles en el tribunal.

sábado, octubre 27, 2018

Sello judicial en casa de Parra en Las Cruces

El Mercurio

El 17 de octubre pasado,  el notario público Jenson Kriman, mandatado por el Segundo Juzgado de Letras de San Antonio, llegó a la casa de calle Lincoln 129, en Las Cruces, para proceder a poner los sellos judiciales que impiden que se pueda acceder al inmueble, para sacar o mover los objetos que están en su interior. Este procedimiento judicial se da en el marco de la disputa entre los herederos del poeta. Si el sello es roto, al culpable se le pueden aplicar penas determinadas en el Código Penal.

sábado, octubre 20, 2018

El anuncio de la Fundación Nicanor Parra enfrenta a sus hijos

El Mercurio

Colombina Parra asegura tener un poder de 2001 con el mandato de su padre para crear la fundación y de hecho ya la constituyó. Mientras, sus hermanos mayores Catalina y Alberto rechazan el proyecto y su abogado plantea que "la integridad del legado del poeta está bajo amenaza". 

Roberto Careaga C.
El pasado 5 de septiembre, la casa de Nicanor Parra de Las Cruces estuvo abierta para la comunidad. Era parte de la celebración del primer cumpleaños del poeta tras su muerte y contempló varias actividades culturales en el balneario. Entre los preparativos, ordenar la casa fue decisivo, pero no fue un trabajo de última hora: en los últimos meses, Colombina Parra y Cristóbal "Tololo" Ugarte, hija y nieto del escritor, respectivamente, han estado supervisando el ordenamiento y clasificación de los bienes que dejó Parra. Lo que, entre otras cosas, también se ha traducido en renovar su casa de La Reina. Las labores se enmarcan en un proyecto mayor, crear la Fundación Nicanor Parra. La idea ya está en los ajustes finales, pero una parte de la familia podría obstaculizar el plan. Los hijos mayores del autor, Catalina y Alberto, no han entregado su consentimiento para la fundación.

"No puede haber ninguna fundación que lleve siquiera el nombre Nicanor Parra sin consentimiento de todos los herederos. Mientras no haya un acuerdo, ningún 'cuaderno' o 'artefacto', ningún derecho de autor y, en general, ningún bien puede ser adscrito a una fundación simplemente porque la ley lo prohíbe", dice a "El Mercurio" el abogado Jorge Meneses, parte del estudio Grasty Quintana Majlis y Cía., quien representa a Catalina y Alberto Parra desde poco después de la muerte de su padre, el 23 de enero pasado. Si tomaron su representación es porque han tenido diferencias tan radicales con el resto de los herederos de Parra, que en junio pasado presentaron una demanda civil solicitando la nulidad del testamento de su padre, que designa a Colombina como albacea de la herencia.

Presentada dicha acción legal, la relación entre los hijos de Parra ha estado dividida: representados por el abogado Luis Valentín Ferrada están los hermanos Juan de Dios Parra, Ricardo y Ana Francisca, junto a Colombina, no solo albacea en el testamento, sino heredera de "la cuarta de mejoras y la cuarta libre" -que en total le entrega el 58,33% del patrimonio-. Ella, sin embargo, habría cedido esos privilegios a la fundación. Por el otro lado, Catalina y Alberto, actualmente en Estados Unidos y Noruega, respectivamente, tienen a su abogado apuntando a Colombina: tras solicitar la nulidad del testamento, el abogado Jorge Meneses sostiene que "no hemos tenido comunicación alguna de la supuesta albacea, ni de las labores de inventario o resguardo patrimonial que entretanto no se declare la nulidad del testamento le correspondería cumplir".

La fundación de Parra

Ante los cuestionamientos a la labor de inventario, el abogado Luis Valentín Ferrada asegura que ya está "completamente concluido, y como todo el país sabe, lo realizó la Universidad Católica. Fue muy riguroso y está hasta el último alfiler". Y ante el reclamo del abogado de Catalina y Alberto, de que no habría mostrado los avances, sostiene que "bastaría que me lo hubieran pedido".

Pero hay algo más de lo cual Alberto y Catalina no están informados: que en 2001, cuando tenía 87 años, Nicanor Parra le entregó un poder a Colombina para que llevara adelante una fundación con su nombre. Así lo cuenta Ferrada, y de hecho, la Fundación Nicanor Parra ya ha sido constituida y están en los últimos pasos legales. Para tales efectos, informa el abogado, Colombina cedió a la fundación los derechos hereditarios que Nicanor le dejó expresamente -la cuarta libre y cuarta de mejoras-, quedándose solo con lo que le corresponde como hija (un sexto del patrimonio).

"Lo que Colombina está haciendo como apoderada de Nicanor Parra, con independencia del testamento y en virtud de este poder del año 2001, es proceder a la creación de la fundación y dotarla de los medios para que pueda funcionar. En esto no lleva ningún privilegio ni aspira a tener un peso más de lo que le corresponde como heredera normal", asegura Ferrada.

Estos hechos, según Ferrada, anulan los cuestionamientos que hace la representación legal de Catalina y Alberto a la fundación. Pero el abogado Jorge Meneses sostiene que "de existir un mandato como aquel, se extinguió luego de que don Nicanor falleciera".

Acciones contra Colombina

Actualmente, las relaciones entre las partes están congeladas. El abogado Jorge Meneses sostiene que lo que viene será en tribunales: informa que se han interpuesto acciones legales para que Colombina entregue detalles sobre su gestión con el legado del poeta y también otra para que las casas de Parra sean desalojadas por cualquier residente. Y añade algo más sobre la fundación: "Ellos no nos han llamado, no han propuesto nada, y comprenderá que luego de haberse confabulado nada menos que un testamento, actualmente no hay confianzas. No es el momento de hablar de gestiones de legados, ni de museos o fundaciones".

-¿Por qué se les hizo necesario pedir a la justicia el detalle de la gestión de albacea de Colombina?

"De acuerdo a información fidedigna que hemos recibido por otros medios, Colombina no está cumpliendo su rol aparente de albacea. Doña Catalina y don Alberto no están disponibles para esta injusticia, no quieren que los pisoteen y que los mismos que siempre vivieron a expensas de don Nicanor lo sigan haciendo, y menos aún armando testamentos o escondiendo bienes. La preservación e integridad del legado de don Nicanor, en este ambiente de conflicto y de ocultación, claramente está bajo amenaza, y por ello es que, además de la nulidad del testamento, se ha hecho necesario iniciar otras acciones judiciales y, en este contexto, ya hemos solicitado la guarda y aposición de sellos (cierre con llave) para las casas de La Reina y Las Cruces. Colombina debe rendir cuenta de todo lo que ha hecho y, con mayor razón, de todo lo que ha dejado de hacer".

-¿Por qué pidieron que se cerrara la casa de La Reina?

"Aquí, independiente del ideal de preservación de la obra de don Nicanor, entretanto no haya un acuerdo entre los herederos, no hay ninguna razón para que un grupo familiar utilice la casa de La Reina. Esta casa estuvo prácticamente abandonada, y quienes tuvieron la responsabilidad de cuidarla facilitaron que entraran personas extrañas, que robaron mucho, que la desvalijaron de manera importante. Fue de esta misma casa que muchos de los denominados 'cuadernos' de don Nicanor fueron sustraídos para venta a coleccionistas y terceros. Incluso, el hijo menor de don Nicanor, Juan de Dios, reconoció que vendió cuadernos y papeles de su padre. Es inexplicable que todo aquello haya ocurrido a los ojos de quienes hoy dicen ser los guardianes del legado material de don Nicanor".

domingo, septiembre 09, 2018

Libro recoge 40 años de entrevistas y poemas de Parra en "El Mercurio"

El Mercurio

Publicado en 2012, el volumen de María Teresa Cárdenas ahora tiene una segunda edición que incluye artefactos y un poema inédito a Gabriela Mistral. 

Roberto Careaga C.
El jueves 23 de abril de 1953, en las páginas de "El Mercurio" apareció una pequeña noticia titulada: "Primer premio de poesía obtuvo Nicanor Parra". Se trataba del concurso del Sindicato de Escritores, que Parra ganó con el libro "Poemas y antipoemas", un premio que recibió un poco a regañadientes: envió los poemas bajo el seudónimo de Rodrigo Flores, lo que ya supuso un problema para que fuera identificado como el autor verdadero, pero sobre todo, porque el certamen incluía la publicación de los textos y Parra creía que aún les faltaba antes de lanzarlos. En cualquier caso, el día de la premiación se le ve feliz: la foto de la noticia lo muestra sonriente al recibir el diploma. Como parte de los archivos del diario, ahora la fotografía está en la nueva edición de "Así habló Parra en El Mercurio", de María Teresa Cárdenas.

La foto de 1953 está en el Epílogo y se sale del marco original del libro, que abarca 40 años de apariciones de Parra en "El Mercurio", desde 1968 hasta 2008. Están las entrevistas que dio, pero también una serie de intervenciones poéticas, como una sección que el escritor tuvo en los años 80 llamada "El averiguador particular". Según cuenta María Teresa Cárdenas, subeditora de Artes y Letras, el volumen fue ideado cuando el poeta ganó el Premio Miguel de Cervantes, en 2011. Trabajó contra el tiempo en el archivo y algunos textos quedaron fuera. "Se pasaron algunas cosas, como unos 'Artefactos Quijotescos', 'El rap de la Sagrada Familia', un poema inédito en homenaje a Gabriela Mistral y una entrevista sobre el tema de la traducción", cuenta, enumerando las novedades de esta edición.

"Ya no soy poeta lírico, sino dramático. Guardando las distancias, soy dramático en el sentido que Shakespeare y Cervantes lo fueron. Yo soy un escenario en que aparecen toda clase de personajes", decía el antipoeta en una entrevista de 1970, la primera propiamente tal incluida en "Así habló Parra en El Mercurio". Realizada por Silvia Pinto, encuentra al escritor en medio de las históricas controversias con la izquierda, que le acarreó el encuentro con Pat Nixon en la Casa Blanca. Aún afectado, cuenta que ha rendido cuentas de sus actos ante los estudiantes del Pedagógico, pero reclama el derecho a la "libertad integral" y se cuadra con la revolución de los yippies estadounidenses (los hippies intelectuales). Cuarenta años después, entrevistado por el rector de la UDP, Carlos Peña, Parra decía que "nunca había tenido una relación con el poder cien por ciento amistosa", y recordaba que tras el golpe de 1973, Pinochet le ofreció ser ministro, embajador, lo que quisiera. Él solo pidió que no lo echaran de la Universidad de Chile.

Por cierto, no todo es política en el libro. "Todos los escritores asumen un personaje a la hora de dar entrevistas periodísticas", dice Cárdenas. Y añade: "Lo curioso con Parra es que él fue encarnando distintos personajes a lo largo de los 40 años que recoge el libro, de acuerdo a los temas que le interesaban y la obra que estaba desarrollando. Desde ese punto de vista, aquí está el energúmeno, el ecologista, el profesor, el lector de Hamlet, el Cristo de Elqui, el anacoreta...".

- ¿Cómo definiría la relación que tuvo Parra con "El Mercurio"?

"La relación fue siempre buena y de mucho respeto mutuo, en gran parte -considero-, por el respaldo que recibió del crítico José Miguel Ibáñez, Ignacio Valente, desde que este empezó a escribir en 'El Mercurio', en 1966. En vista de esa relación, en 1981 le propusieron que colaborara en este diario. No creo que le hayan dado mayores directrices, pero de todas maneras, él consultó con alguien si era conveniente que aceptara esta invitación. En uno de los textos de 'El averiguador particular' (salieron seis intervenciones) dice que le preguntó a su sombra, pero alguna vez me contó que su 'consejero' había sido Mario Vargas Llosa. Y coincide, porque ese mismo año, Vargas Llosa estuvo en Chile. No lo he podido chequear con él, pero según Nicanor, este le dijo que sí, mientras no lo censuraran. Cosa que no ocurrió, por supuesto".

jueves, septiembre 06, 2018

En el 104º aniversario de su nacimiento: Emotivo homenaje a Nicanor Parra en el Teatro Municipal de Chillán

El Mercurio

En el marco de la inauguración oficial de la Región de Ñuble, ayer se realizó un espectáculo en recuerdo del antipoeta fallecido este año, a cargo de su nieto Cristóbal Ugarte. 

M. T. C. M.
En 1938, un joven profesor de física y matemáticas del Liceo de Hombres de Chillán quiso ser parte del homenaje que esa ciudad le había preparado a Gabriela Mistral. Así, aunque no estaba incluido en el programa, Nicanor Segundo Parra Sandoval logró subir al escenario del Teatro Municipal y leer ante ella su poema "Canto a la escuela". Ya en la segunda estrofa, la poetisa se levantó de su asiento para observarlo. Al terminar, Gabriela Mistral lo señaló como "el futuro poeta de Chile".

La anécdota, narrada varias veces por el propio Nicanor Parra, volvió a cobrar vigencia ayer, cuando su nieto Cristóbal Ugarte, el Tololo, le rindió un homenaje al antipoeta fallecido el pasado 23 de enero. Un homenaje de gran simbolismo, ya que se realizó en el 104º aniversario del nacimiento de Parra y en el mismo escenario en el que 80 años antes recibió el beneplácito de Gabriela Mistral.

La ceremonia, a la que asistieron el Presidente Sebastián Piñera -quien confundió a Parra con Arrau-, ministros y diversas autoridades, se inició con la presentación de Cristóbal Ugarte, quien interpretó en el piano dos temas de su primer disco, "Analfabeto", para acompañar la voz de Nicanor Parra leyendo sus célebres poemas "Hay un día feliz" -"Nunca pensé, creédmelo, un instante/ Volver a ver esta querida tierra,/ Pero ahora que he vuelto no comprendo/ Cómo pude alejarme de su puerta..."- y "El hombre imaginario". Todo esto, mientras en el escenario se proyectaban imágenes del antipoeta con el sistema de video mapping . La intervención de "Tololo" finalizó con la lectura de un poema de su autoría, "Pila de agua bendita".

 También en su cumpleaños
Ayer se inauguró en el Archivo Nacional de Chile una muestra artística que reúne obras de internos de cárceles concesionadas de Santiago, Puerto Montt y Valdivia inspiradas en Nicanor Parra, así como en su hermana Violeta.

La exhibición, que estará abierta al público hasta el 25 de septiembre, se titula "Hermanos, unidos en la poesía y en el arte" e incluye las obras de 30 internos que se formaron en los talleres de arte realizados por la Concesionaria Grupo 3, como parte de su programa de Reinserción Social.

sábado, junio 09, 2018

Acusaciones entre hermanos: el patrimonio de Parra en conflicto


Ayer Colombina, hija menor, habló tras la demanda de nulidad del testamento. “Ella me odia desde que nací”, dice de Catalina. El poeta dejó en su cuenta US$ 1 millón.

Por Javier García

Fue una despedida masiva en la Catedral de Santiago, el miércoles 24 de enero pasado. Era su velorio. Al día siguiente, sus restos fueron trasladados a Las Cruces. Hubo momentos tensos, a pesar de que el féretro de Nicanor Parra, quien había fallecido un día antes en su casa de La Reina, a los 103 años, ya estaba instalado a pasos del altar.

“Dicen que no pueden poner a Violeta Parra en la iglesia… ¡Entonces nos vamos!”, fue la reacción de Colombina (1970), hija menor del antipoeta, cuyas palabras después de tensos 15 minutos y diálogos, pasaron a ser una anécdota. Sin embargo, las diferencias entre los hermanos ya era evidente. En la primera fila del templo, Colombina estaba con su hijo, Cristóbal Tololo Ugarte. Varios metros atrás estaban Catalina (1940), hija mayor del autor de Artefactos, junto a su hija Isabel Soler. Y más retirados, casi en la mitad de la Catedral, Ricardo junto a sus descendientes. De los seis hermanos, nacidos de tres parejas de Nicanor, solo participaron tres. Por diferentes motivos no llegaron al funeral los otros hijos, Francisca, Juan de Dios ni Alberto.

“Ninguno de Uds. sabe el estrés que sufrimos el día de su muerte en que llegó Catalina a pelear por que el papá no se enterrara en Las Cruces, si no que en un cementerio. Toda la familia Parra presenció esta discusión cuando mi padre todavía estaba tibio”, contó ayer Colombina en su cuenta de Facebook, luego de informarse de la demanda de nulidad del testamento interpuesta por sus hermanos Catalina y Alberto.



El documento testamentario la designa albacea y beneficia con un 58,33% del total de la herencia. El recurso judicial presentado el miércoles en el 24 Juzgado Civil de la capital, cuestiona la salud mental de Parra al momento de testar, acusa a la menor del clan de “injerencias indebidas” y “aprovecharse de su edad y estado de dependencia”.

El relato de Colombina en la red social es crudo y revelador: “Siento rabia por cómo estos hijos que dejaron al papá en el abandono ahora vienen por sus lucas”, dice, y desmiente cualquier problema mental del poeta: “El papá estaba viejo y sordo, pero no loco (…) Jamás lo tuve preso como dice ella”.

La cantante detalla otras solicitudes de Catalina en los funerales del padre. “Luego exigió que se embalsamara a lo que nos tuvimos que oponer nuevamente. Embalsamar para que Alberto que llegaba en unos días más alcanzara a ver el cadáver. Luego dio la orden de que se le velara en la Catedral a lo que no me opuse porque ya sería mucha pelea (sic)”, cuenta.

Luego se detiene en la relación personal con su hermana y artista visual: “Ella me odia desde que nací. Así de simple y no hay nada en el mundo que la pueda hacer cambiar de opinión. Yo no la odio. Hasta la admiré en una época pero ya no”, agrega para terminar su carta: “No basta con vivir en manhattan y exponer en el moma (sic). no basta guachita culebra. (…) chao pescao y nos vemos en tu juicio final”.

La UC se retira

La publicación hace evidente el conflicto entre los herederos, que estalló a solo días de la muerte del Premio Cervantes 2011.

“Las familias chilenas me recuerdan aquellas familias rusas que aparecen en los dramas de Chejov”, le dijo Parra al poeta Jorge Teillier, en una entrevista de 1968. “Todos se van quedando solos o van acumulando resentimiento que de pronto se encarnizan en echarse en cara unos a otros”, agregaba.

Una de las consecuencias de la disputa entre los hermanos y sus abogados ocurrió por estos días e involucra a la UC y su rector, Ignacio Sánchez: la interrupción de la ayuda otorgada por la casa de estudios en el inventario de los bienes del poeta, luego de aportar con dineros y sobre todo con profesionales para este fin.

“El rector dijo ‘si van a existir peleas familiares, yo no quiero estar al medio’. Entonces pidió una carta de todos los herederos que aprobaran el trabajo de la universidad”, dice Juan Esteban Montero, director jurídico de la UC. “Cuando Arturo Majlis (abogado de Catalina y Alberto) nos informa que iniciarán acciones legales -demanda- entre los hermanos, en ese momento decidimos que no nos correspondía estar metidos en enredos familiares”, añade.

Otra arista de la pugna tiene relación con los cuadernos recuperados de Parra, luego que su hijo Juan de Dios los vendiera a algunos coleccionistas. Un valioso material biográfico de uno de los más grandes poetas de Hispanoamérica.

Hace algunas semanas Luis Valentín Ferrada, abogado de Francisca, Ricardo, Colombina y Juan de Dios Parra, le informó a Arturo Majlis que los manuscritos del escritor quedarían resguardados en la biblioteca de la Facultad de Arquitectura de la U. Católica. Información que fue negada por el rector Sánchez e incluso por el mismo Emilio de la Cerda, arquitecto por entonces a cargo de la llamada Operación Inventario.

“Eso es verdad, pero se tomó la decisión bien excepcional de no hacerlo ya que iba en contra del tema del albaceazgo. Efectivamente los cuadernos, todos numerados, están dentro de sobres especiales sellados”, cuenta Ferrada, quien lamenta la distancia con la UC: “Es una pérdida enorme de colaboración, porque además se incluía la restauración de los cuadros de la Violeta”. Obras cuya propiedad está en discusión .

Trabajos poéticos

No era un secreto que el autor de Versos de salón era una persona austera. Cuando hizo clases, en los 80, en la Escuela de Ingeniería de la U. de Chile, cada cierto tiempo invitaba a un grupo de alumnos a almorzar, a una picada en Vergara 723 cerca de Blanco Encalada. En el restaurante, Parra pedía cazuela de ave o el menú casero del día. No solicitaba ni más ni menos de lo disponible. No era de excesos, le gustaba almorzar en restaurantes típicos del Litoral Central. Uno de sus artefactos titulado Salario mínimo, dice: “Nadie debe ganar + que el Presidente de la República/ ni menos”.

“Colombina como albacea no puede disponer del dinero para sí misma, pero los impuestos y contribuciones hay que pagarlos”, comenta Ferrada. El profesional se refiere a las propiedades de Parra. Parte de su patrimonio material consiste en una casa en Isla Negra, adquirida tras obtener el Premio Nacional en 1969; su hogar de Conchalí (hoy Huechuraba), donde apuntó su poema El hombre imaginario; la casa de Las Cruces, donde hoy descansan sus restos, y el hogar de La Reina. Este último mantiene un avalúo fiscal por $ 518 millones. Además, Parra conservaba terrenos en la comuna de Peñalolén avaluados en $ 300 millones. En EEUU, en tanto, se halla el departamento de Nueva York, ubicado en Cathedral Parkway 527.

Y confirman los abogados de ambas partes que también el artista dejó en su fondo de cuenta corriente US$ 1 millón. Parra, quien decía “que el poeta tiene que ser un empresario”, recibía dineros de su jubilación de la U. de Chile; académico emérito de la U. Diego Portales; los derechos de autor administrados por la agencia Carmen Balcells (que duran 70 años más) y la mensualidad del Premio Nacional. Además se sumaban los contratos de los libros. Por ejemplo, por Conversaciones con Parra, Chicago 1987, de René de Costa, aparecido en 2016 y editado por el Banco Estado, recibió $ 10 millones.

“El albacea es el administrador y tiene la facultad de la conservación de las propiedades. Es más, si ella no lo hiciera estaría cometiendo una falta”, señala Ferrada sobre la labor de Colombina, quien viene llegando de España, donde estuvo a cargo del montaje de una exposición que incluyó parte de la obra de su padre, en el Museo Vasco de Arte Contemporáneo.

Por otra parte, los abogados de Catalina y Alberto Parra dicen que Colombina no debería hacer ningún movimiento bancario, ya que “el testamento está objetado”. Ante las acusaciones en su contra de aprovecharse de los recursos del padre, Ferrada responde: “Es Catalina quien vive en un departamento en Nueva York comprado con dinero de su padre, cuando ella dice que eran sus hermanos menores los que vivían a costa de Nicanor”.