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martes, enero 06, 2026

Denisse Malebrán “He aprendido que como artista no conviene opinar”

 




El Mercurio

El año pasado Saiko realizó una gira por todos los teatros de Arica hasta Punta Arenas y fue galardonado con uno de los premios Presidente de la República a la Música Nacional. Denisse Malebrán, su vocalista, repasa sus polémicas, analiza las políticas en torno a la cultura y dice sobre su carrera musical: “Antes tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo”.

Por Juan Luis Salinas T. Fotografías: Sergio Alfonso López.

Un sol vertical caía sobre el Patio de los Naranjos en el Palacio de La Moneda. Mediodía del jueves 18 de diciembre. Entre los muros blancos y con el sonido del agua de la fuente, más de un centenar de invitados se ubicaba frente al escenario donde se entregarían los Premios Presidente de la República a la Música Nacional y las Artes Escénicas 2025. Denisse Malebrán esperaba el inicio de la ceremonia. A su lado estaban sus tres hijas, su padre, sus compañeros de Saiko.

Cuando empezó el acto, el Presidente Gabriel Boric nombró a cada uno de los galardonados. Partió por el director de la Orquesta de Cámara de Valdivia, Rodolfo Fischer, que es reconocido en la categoría Música Docta; luego nombró al sonidista José Oplustil por Edición Musical, siguió con Héctor “Titín” Molina por su aporte al folclor y la tradición oral; y finalmente, en la categoría Música Popular, habló de Saiko. Boric los felicitó por la gira que el grupo realizó durante el año por los teatros municipales de Chile. Pero se tomó un momento para referirse a la vocalista de la banda.

“En Denisse uno reconoce ese artista comprometido, que no tiene miedo a decir su opinión, que a veces puede ser filosa, que a veces puede molestarles a algunos, pero al final de eso se tratan las opiniones, y acá no somos nada monedita de oro. Acá no estamos para caerle bien a todo el mundo, estamos para construir, para construir y muchas veces hay que romper huevos”, dijo Boric antes de entregarle el premio a la banda.

Tres horas después de la premiación, cansada, pero alegre, Denisse Malebrán comenta ese momento. La cantante confiesa que le sorprendió cuando hace tres semanas la llamaron del Ministerio de las Culturas para anunciarle que premiarían a Saiko, pero le asombró que Boric se refiriera a ella y a sus opiniones en la ceremonia.

—Me gustó que lo hiciera. En el fondo es como decir; hay una crítica y una persona que te hace cuestionarte. Eso no quiere decir que yo tenga razón, pero creo cuando alguien te dice las cosas desde otro lado, capaz que otras personas, no digo específicamente en caso del Presidente, piensen: “Sí, en realidad podríamos hacerlo de otra forma” o decir: “Aquí hay una visión distinta de lo que nosotros creemos que está bien hecho”.

En diferentes ocasiones y contextos, las opiniones de Malebrán han causado polémica en las RR.SS. Entre las más conocidas ocurrió en septiembre de 2020, cuando habían pasado once meses del 18 de octubre, la cantante criticó la violencia en la Zona Cero. Entonces se dijo que era “semaforista”, por llamar a no destrozarlos. A comienzos de enero de 2023 defendió el legado musical de Benjamín Mackenna, el vocalista de Los Huasos Quincheros que había muerto. Le cuestionaron que se definiera como mujer de izquierda y la acusaron de “avalar a un grupo pinochetista”. Otros reconocieron que separara la obra de la persona. El año pasado, en un pódcast, Malebrán comentó que en la gestión del actual Gobierno “a su parecer” existía una gran desorganización interna y que se había perdido el foco.


—¿Se considera una mujer de opiniones “filosas” como señaló Boric?

—Es cierto, pero juro que nunca me lo propuse. A veces se me olvida que lo que uno dice puede tener alguna repercusión. Aunque no me considero tan importante, sin embargo, sí me lo han hecho notar: he perdido amigos, la aprobación de algunos artistas que consideraba cercanos, porque a nadie ni a los músicos les gusta mucho que alguien opine tan distinto a ellos. Siempre que causaba algún impacto o me funaban o pasaba algo con alguna opinión mía, yo me sentía como súper torpe y que había un castigo por no decir lo que el resto está diciendo. Hoy le puedo dar otro significado. Estoy más vieja, ya dejé de ocupar Twitter (Hoy X) por lo mismo. He sido poco hábil al opinar demasiadas cosas que obviamente no me benefician a mí como artista. Me reconozco como alguien que está muy pendiente de lo social, de lo que ocurre y de lo que leo, pero he aprendido que como artista no conviene opinar. La mayoría no lo hace porque perderían auspicios, pero yo me fui al otro lado.


—¿De los ataques por sus opiniones, cuáles fueron las que más le afectaron?

—Sin duda reconocer a Benjamín Mackenna como un par y que merecía tener honores en su fallecimiento, fue lo que más caló en mi gremio. No se entendió que espero que ellos, independiente de sus opiniones políticas, reciban el mismo respeto. Yo no soy como los que operaban en dictadura que te censuraban y que no te permitían dedicarte a lo que tú hacías por lo que pensabas. Así como yo espero que se valore mi opinión y la de gente de muy izquierda o de centroizquierda, de cualquier tipo de izquierda, también pienso que lo merece alguien de derecha.

Denisse Malebrán luego agregará:

—Asumí que hay muchas personas a las que les molesto. Hasta hice una canción que se llama así. Son personas a las que no les gusta que otras les digan cosas. Creo que la posición de un artista es incomodar, pero no solo al poder, también a quienes son cercanos a lo que uno piensa y que siento que se están equivocando.


—Ha dicho que la sorprendió que Saiko recibiera este premio.

—No lo esperaba. Creo que me sorprendió que quienes eligen este premio se hayan centrado 100% en la música. Uno no está acostumbrado a que no se dejaran llevar por otros factores. Soy una persona de pocos amigos y a veces en esta industria sirve tenerlos en todos los ámbitos: es gente que te va a poner ahí, que sugerirá tu nombre para ciertas cosas. Todos sabemos esto. Además, no me imaginé ser merecedora de reconocimiento y porque después de muchos años de carrera dejé de esperar nomás. Siempre veo cosas buenas en lo que hacen los demás, pero me cuesta mucho ver lo propio. Sin embargo, este año con Saiko que habíamos hecho tantas cosas: la gira por todos los teatros de Chile que se llenaron… Este premio es como al valor de la perseverancia.

A finales de los 90, Chile era un escenario tosco para cualquier mujer con ambiciones en la escena musical alejada de las baladas, pero para las cercanas al rock o al pop los referentes eran pocos, comenta Denisse Malebrán.

—Fue un camino mucho más áspero, más tosco, sobre todo para mí como mujer, porque prácticamente no había bandas con mujeres. A principios de esa década estaba Colombina Parra, con los Ex. También Javiera Parra que lideraba Los Imposibles y estaba la Nicole, pero éramos como una del pop por allá y otra por acá, versus 55 artistas y bandas de puros hombres. Era un entorno donde tenías que validar constantemente que tenías opinión y que no eras solo una cara puesta ahí por un sello.

Denisse Alejandra Malebrán Soto desde niña se interesó en la música. La primera canción que se aprendió fue “la de la mochila azul”, una ranchera que le gustaba a su padre. Mientras cursaba su enseñanza media en el colegio “Sagrado Corazón de San Bernardo” con algunos de sus compañeros formó Turbomente, una banda que alcanzó a publicar un único álbum antes de su disolución.

—Mis compañeros de esa banda me fueron a ver a La Moneda —dice Denisse Malebrán y recuerda que para reunir la plata para grabar ese primer disco ella participó en “¿Cuánto vale el Show?” que entonces animaba Leo Caprile, tenía de jurado a Enrique Lafourcade, Eric Polhamer y a Marcela Osorio.

—Me fue bien. Partí ganando el día, después la semana, el mes, pero no gané la temporada —dice y reflexiona—. Uno de alguna manera se abre camino, pero en esa época era difícil. Hoy ya los cabros que hacen música pueden subirla a una plataforma digital y ponerla en el Spotify. Hay más espacios.

Cuando Malebrán salió de cuarto medio entró a Sociología, y en paralelo a la escuela de canto Projazz. A los veinte años tuvo a su primera hija, pero no abandonó sus intenciones de dedicarse a la música. A comienzos de 1999, trabajaba como vendedora en una tienda de discos en el Jumbo de Bilbao, seguía sus estudios universitarios y se hacía cargo de su hija, la cantante escuchó en un programa de televisión que dos exintegrantes de La Ley, Luciano Rojas y Rodrigo Aboitiz buscaban una vocalista para su nuevo proyecto musical.

Dice que ella asistió a las audiciones solo para conocer cómo trabajaban los profesionales. Improvisó una melodía sobre una pista musical. La selección tomó su tiempo. Se reunieron varias veces, le dijeron que estaba preseleccionada entre otras tres cantantes.

—Cuando me llamaron para decirme que era seleccionada fue como ganar el Loto. Dejé la disquería, la universidad, armé un circo para ser madre y estar en el grupo.

Tenía que grabar un disco, tenía que hacer fotos, videos, entrevistas, empezar a trabajar con ellos. Iba todos los días a más de 12 o 15 horas a grabar un disco que se concluyó entre mayo y septiembre. El disco salió en diciembre de 1999. Me cambió la vida de un día para otro. Me empecé a dedicar a esto, a ser músico profesional.


—¿Cómo recuerda su relación con sus pares de la época?

—Cuando partimos, en esta generación, no había nada. Ni los premios. Existían los Apes, que entregaban los periodistas. Entonces uno se acostumbró a ser un obrero, a estar trabajando, trabajando, y que nadie le diga que es bonito, porque lo que más recibe uno cuando te va bien es chaqueteo, no es un aplauso, digamos. Y cuando no te va bien, indiferencia. Entonces, en el fondo siento que cuando haces un camino largo como ha sido el de Saiko, te acostumbras a habitar ambos espacios. Los que vienen después de nosotros, al revés, están acostumbrados a todo. Al reconocimiento, hay 200 premios nuevos, los que dan aquí, por allá, los de los medios, los de la radio… de alguna manera la generación después de la nuestra llega a un terreno un poquito más simpático.

Denisse Malebrán recuerda que hace unas semanas se juntó con la cantante Nicole, a quien considera su compañera de ruta, y su hija que tiene 13.

—Ella me preguntaba cosas. Mira, le dije, si nosotras no hubiésemos sido buenas en lo que hacemos, jamás nos hubiesen pescado. Hace 30 años, si no eras bueno no podías hacer una carrera. No había nada en tecnología. Tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo. Y da lo mismo. A la gente no le importa. Por eso, que hoy nos reconozcamos entre nosotras tiene un valor doble.

—¿Siente que se hace justicia a lo que ustedes pavimentaron?

—Me queda la sensación de que los jóvenes, incluso los periodistas, hablan de la nueva generación del pop chileno como si hubiera partido con los artistas que vinieron después del 2000. El problema es que hacia atrás pareciera que no hubiera existido ni Saiko, ni Los Bunkers. Pero partió mucho antes, partió con Aparato Raro, partió con La Ley, partió con Los Prisioneros. Es como que un pedazo de la historia dejó de contarlo.

La cantante medita y luego agrega:

—Las mujeres hoy han tomado el control de la música chilena, pero a nosotras nos tocó abrir ese búnker a patadas. Creo que dejando de lado el fenómeno urbano, hoy las mujeres han sido las más atractivas en la última década musical chilena. No hay una figura que se compare con Mon Laferte. Siento que los hombres, en ese sentido, se quedaron en un sector un poco más parecido a lo que se hacía antes. Pero ellas son las que dan la novedad, las mujeres. La Fran Valenzuela, la Denisse Rosenthal, la Javiera Mena, que tienen un público impresionante.


—¿Qué le exige el público joven que no pedía el fan de los noventa?

—Hoy existe una cosa medio obsesiva de las nuevas generaciones de querer que sus estrellas estén, al menos, opinando igual con ellos. Dicen, por ejemplo: “Rosalía no dijo lo que yo quería, no se atrevió”. Yo me pregunto: “¿Por qué Rosalía va a tener que pensar como tú? ¿Qué es esa obsesión que tienen de que sus artistas tienen que ser como ustedes para poder admirarlos? Antes no existía esa presión. Es cierto que los Bunkers, los Saiko, hicieron la gira de Bachelet, pero nadie nos andaba persiguiendo para que lo hiciéramos.


—Tampoco existían las redes sociales que dan esa sensación de inmediatez.

—Siento que todos los cabros que han salido en los últimos años han conseguido un éxito demasiado rápido. Son cabros que están llenando un Movistar, o sea, nunca tocaron en un pub para hacerse conocer. A mí me parece impresionante. Y admirable en el tiempo. Los Jaivas se demoraron como 50 años en una situación como esta.


—¿Qué opina de la música urbana?

—Aunque al inicio la gente creía que era una moda, ya cautivó una audiencia completa a tal punto que es reconocida por la prensa especializada… Hubo un tiempo en que me preguntaba por qué era tan popular, ahora lo entiendo. Nosotros nos movemos en un espacio tan reducido, pero si cruzas más allá, te das cuenta de que estos cabros quieren tener un referente muy parecido a sí mismos, a sus aspiraciones… Veo el fenómeno parecido a lo que ocurre con los futbolistas. Tiene que ver con lo que representa el éxito de una persona que venía de la misma población y que lo logró con muy pocos recursos.

La premiación de Saiko en La Moneda no aplaca el espíritu crítico de su vocalista. Hace una semana José Antonio Kast fue elegido como nuevo Presidente de Chile, y la actriz está convencida de que esta transición será difícil para el mundo de las artes y la cultura.


—Son muchos los que han cuestionado al Ministerio de Cultura.

—Creo que había muchas esperanzas con que se hubiera hecho más cosas, pero siendo realista creo que era muy difícil que eso ocurriera. Era muy poco tiempo, porque los períodos presidenciales son cortos, para haber hecho todos los cambios que el mundo de la cultura quería. Por eso hubo tanta desazón, gente que se sentía triste, desilusionada. Creo que hay cosas que efectivamente no aportan. Pero no solamente están alojados en los presupuestos del Ministerio de Cultura. Hay cosas que a mi parecer se hicieron como una mala costumbre.


—¿Como qué?

—Hay como fiebre de ferias a la que van muchos artistas, pero mi pegunta es: ¿qué pasa, con qué fueron?, ¿los trabajaron después?, ¿le empezó a ir bien a ese artista que fue a esa feria en España, México, Colombia, donde sea? No veo un trabajo de seguimiento y tiene que haberlo para poder después ver el fruto del Estado que invirtió.


—Saiko ganó este año un fondo para financiar una gira por los teatros de Chile.

—Por primera vez en 30 años de carrera postulé a un fondo que gané para montar la gira de Arica a Punta Arenas, pero antes nunca me lo gané y no me lo tomé como personal. Ahora cuando gané un fondo para ir a regiones, lo agradezco porque el propósito es que la gente de Punta Arenas o Arica pueda ver el mismo show que en Santiago. Montarlo acá sale uno, pero llevarlo allá sale 200 por los pasajes y el equipo. El Estado debe ayudar a que la cultura llegue a todas las comunas y regiones, no solo a los mismos de siempre.


—Muchas figuras del arte nacional que son reconocidas, ahora critican la falta de apoyo en la vejez.

—Es súper triste envejecer en un país como Chile para cualquier persona. Mi padre era policía y trabaja de conserje, de guardia, porque no le alcanza la plata. Todos conocemos a alguien que es viejo y no le da la pensión. Entonces debe ser difícil para ciertos artistas, no haber cachado hasta que estuvieron esta edad que les ocurriría esto. Quizás pensaron que el país les daría un trato distinto, pero a todos los adultos mayores les pasa lo mismo. Yo creo que es indigno. No deberían estar trabajando.


—Pero hay casos de artistas que terminan en la miseria.

—Por ejemplo, a Zalo Reyes, que para mí fue y sigue siendo una las figuras más importantes de la música popular, nunca le dieron este premio a pesar de haber contado con el cariño del pueblo, pero no necesariamente con la aprobación de quienes son los que dicen este es bueno y este no. Me acuerdo que costó un mundo que a la Cecilia le dieran el premio. Y para qué decir con Valentín Trujillo, imagínate la cantidad de años que lo postulábamos para que se ganara el Premio Nacional de Arte, de música. Evidentemente la gente de la academia no se lo quería dar a él porque era popular.

Denisse Malebrán retoma la reflexión sobre la vejez de los artistas:

—Les pasa a los actores, les pasa a los músicos. Somos muy pocos los que podemos vivir de esto, muy pocos los que no necesitamos hacer otro trabajo, muy pocos los que llegamos con ahorro. Uno tiene que tener claro que va a llegar un momento en que no se puede producir como a los 50 años. Yo digo, a los 70 no voy a tener ganas de tocar como ahora. Yo me siento afortunada de poder dedicarme a la música porque tengo un público que me lo permite. Ese es el verdadero sustento que nos permitirá jubilarnos, porque ellos nos seguirán apañando los próximos 20 años. Hoy en La Moneda fue importante, pero mi realidad sigue siendo la de una trabajadora. Siento que no me deben nada.



martes, febrero 07, 2023

Denisse Malebrán “Estamos en una época en que la salida más fácil es la cancelación”

El Mercurio

La voz de Saiko y exfuncionaria de la Dirección Sociocultural de la Presidencia durante el segundo gobierno de Bachelet analiza la polémica por sus comentarios sobre el legado musical de Benjamín Mackenna, el vocalista de Los Huasos Quincheros. Malebrán, quien ya ha sufrido amenazas de cancelación en las redes sociales, dice que la intolerancia y la intransigencia han aumentado. “Hay una generación que es muy delicada frente a lo que no le gusta”.

Por Juan Luis Salinas T. Fotografías: Macarena Pérez.
Denisse Malebrán estaba a punto de iniciar una presentación con Saiko —banda a la que se integró como vocalista en 1999— cuando se enteró de la muerte de Benjamín Mackenna, el vocalista de Los Huasos Quincheros. Eran las once de la noche del sábado 14 de enero. Ella leyó un tuit de Rodrigo Osorio —Don Rorro, vocalista de Sinergia y presidente de la Sociedad Chilena de Autores e Intérpretes Musicales (SCD)— donde lamentaba la partida del músico y lo describió “como uno de los sellos distintivos del folclor chileno”. Malebrán le puso un favorito a la publicación y subió al escenario del lugar donde actuaría en Coquimbo. No imaginó que se desataría una polémica en redes sociales.

—En la mañana leí los comentarios contra Don Rorro. Me parecieron injustos. Él cumplió con su deber como presidente de un gremio que reconoce a todos los artistas que fallecen. ¿Por qué no iba a publicar lo mismo que ha escrito sobre otros intérpretes, músicos o autores nacionales con una carrera destacada? —recuerda y agrega:

—Lo que vi en las redes sociales viene ocurriendo desde hace tiempo. Es un matonaje a la persona que opina distinto a lo que está instalado en ese espacio.

Ese domingo, antes de viajar a Santiago, Malebrán abrió un hilo en Twitter donde relató una situación que ocurrió en 2007, cuando la SCD decidió reconocer a Los Huasos Quincheros con el premio “Figura fundamental de la música chilena”. Entonces ella era secretaria general de la agrupación gremial y recuerda que cuando se debatió en una reunión de consejo quién les entregaría el premio nadie quiso hacerlo: les resultaba “conflictivo” porque el grupo folclórico estaba ligado a la dictadura (Mackenna fue secretario de Relaciones Culturales durante una etapa del régimen de Pinochet).

—Entendí los motivos porque los otros consejeros no podían entregar el premio. Algunos de ellos habían sido censurados o fueron dañados durante este periodo. Entonces, estando de acuerdo que había que entregárselos, les resultaba muy difícil hacerlo en una ceremonia. Los entendí plenamente y me ofrecí a hacerlo.

Ella recordó el episodio en Twitter: “Me sentí insignificante ante su trayectoria y pensaba en lo intransigentes que podemos llegar a ser con un legado incuestionable artísticamente”. Y agregó que Mackenna le parecía “una de las voces más lindas del canto tradicional chileno” y que otros lo dirían “pero se aterran de ser mal entendidos x un mundo estricto a la hora de juzgar al que no es como tú”.

—Lo escribí para contextualizar lo que publicó Don Rorro —comenta la vocalista de Saiko.

Pero de inmediato vino la segunda ola de esta polémica y los comentarios se focalizaron en ella. Muchos cuestionaron que se definiera como mujer de izquierda. La trataron de “amarilla”. La llamaron “negacionista” o la acusaron de “avalar a un grupo pinochetista”. Otros, en cambio, la felicitaron y aplaudieron “que supiera separar la obra de la persona”.

—La mayoría de los que responden en las redes sociales son personas que hacen un eco del odio, un eco de querer salir a pegarle a alguien porque traspasa el límite de lo que ellos consideran que es permitido… Me extraña que esto ocurra en un mundo progresista como la música o cualquier manifestación artística. Debiese ser al revés. Defender que cualquier persona tenga derecho a tener una opinión disidente.

—Pero aquí hay un factor político más que artístico. Usted escribió que se trata de un músico que participó de un régimen que instaló la anulación cultural.

—Es contradictorio que quien me dice que no es posible reconocerle el título de músico a Benjamín Mackenna, sea la misma persona que me dé una razón ligada al exilio y a la prohibición de hacer música impuesta a ciertos grupos. No estoy de acuerdo con que se prohibiera hacer música a quien fuera o negarle a una persona su oficio. Pero en lo musical, fuera de su posición política, creo que merece respeto. Porque veo a un tipo que vivió en un contexto político determinado. Uno elige tomar posiciones, pero no elige el momento que le toca (…) Veo a Benjamín Mackenna como un músico que nunca ocupó sus plataformas para hacer política. Tuvo muchos programas de televisión y trabajó con Valentín Trujillo que es comunista.

—Pero se burló de la viuda de Allende en el Patito chiquito…

—Hacer broma de eso me parece sumamente cruel. Jamás voy a estar de acuerdo con eso… Me parece muy respetable que personas que vivieron la desaparición de sus familiares o que fueron violentadas por la dictadura no quieran reconciliarse con alguien que participó en ella. Lo entiendo. Pero otros pinochetistas en nuestro entorno son bastante más virulentos. Comediantes, excantantes, actores que ocupan sus plataformas para defender la dictadura.

Han pasado tres semanas desde la polémica y Denisse Malebrán aún mantiene su postura. Dice que en el mundo real no ha sentido el maltrato de los comentarios en la RR.SS. Anoche animó el Festival de San Bernardo y se sintió bienvenida en un lugar que le trae recuerdos: estudió en un colegio del sector, sus primeras presentaciones musicales las hizo en la plaza de esa comuna y Ana Soto, su madre, que era folclorista e integrante del grupo Cucara, alguna vez tocó ahí.

—Ha dicho que respeta la música de Los Quincheros.

—Eran un conjunto excepcional. Ellos representaban un tipo de expresión cultural muy arraigada en el campo. Los que creen que solamente se escucha cueca chora, no es así. Hay todo tipo de expresiones folclóricas en el mundo rural que no pasan por la lectura política. Los Huasos Quincheros se escuchan mucho en el ambiente folclórico y negarlo porque sus integrantes son de derecha es absurdo… También relacionan su música con ciertas costumbres del mundo campesino que obviamente eran abusivas. Pero culpar a un conjunto folclórico por eso, sería ridículo

Denisse Malebrán detiene la conversación y recuerda a su madre, quien creció en Viluco, una localidad de la Provincia del Maipo, cerca de Santiago.

—Mi mamá fue mi primer farol a la música en el campo. Ella fue opositora a la dictadura, pero reconocía el valor de conjuntos como Los Cuatro Cuartos o Las Cuatro Brujas. Crecí escuchando de todo: Palmenia Pizarro, Cecilia, Los Quincheros, Violeta Parra y Víctor Jara. Me es difícil entender la intransigencia de quienes no aceptan que los artistas pueden tener una opinión política distinta.

Denisse Malebrán está convencida de que han aumentado la intolerancia y la intransigencia por el anonimato en redes sociales.

—Hay una generación que es muy delicada frente a lo que no le gusta. Estamos en una época en que la salida más fácil es la cancelación. Es como, “miren lo que dijo fulanito, no creen que es momento de castigarlo”. Eso opera de lado a lado, porque esto yo lo veo desde la extrema izquierda o de la extrema derecha, o de un mundo muy ultra progresista, donde hay un feminismo radical o un patriotismo descontrolado, entonces, llaman a sus pares a atacar y a perseguir a quien no los representa, lo cual me parece muy barbárico.

La cantante, que por estos días prepara una agenda de conciertos con Saiko y otros para presentar su tercer disco solista que debutó en pandemia, agrega:

—En eso algunos medios de comunicación tienen responsabilidad, porque de algo que uno dice en redes sociales hacen una noticia. Al masificarse, la gente se siente convocada a insultar y denostar porque no está de acuerdo con lo que alguien piensa.

Pero Malebrán aclara que existe diferencia entre alguien que cometa un delito.

—Es distinta la cancelación a partir de actos y de acciones. Por ejemplo de un tipo que se aprovechó de sus colegas actrices. Eso es repudiable y es normal que mucha gente diga: “Yo no quiero tener nada que ver con este personaje”, pero que te castiguen por lo que tú piensas no es justo. En eso no voy a claudicar. Aunque con muchos no estoy de acuerdo, voy a defender el derecho a que exista Natalia Valdebenito, Alberto Plaza, Claudio Narea, Óscar Andrade, o el que sea. Porque ellos, de alguna manera, representan la diversidad de pensamiento frente a un mismo hecho. Lo único que no estoy dispuesta a defender son los discursos de odio y el negacionismo.

Según la cantante, estamos en una época donde hay conflictos sin resolver y en un momento donde es muy fácil confundir cualquier tipo de opinión con un abanderamiento con ciertos movimientos.

—No hemos podido resolver qué pasa con la nueva Constitución, saliendo de un estallido que ha durado harto porque en el fondo una cosa fue el momento específico de 2019 y otra es lo que sigue ocurriendo y sigue ocurriendo. Entonces creo que hay que darle importancia al descontento, pero también entender que hay una generación de jóvenes que no quieren nada. Y también debe haber gente mayor que no quiere nada, pero en el fondo hay un mundo anarquista ahí que también tiene harta voz y que se amplifica ahora más que antes.

Está no es la primera vez que Malebrán se enfrenta a las polémicas en las RR.SS. Dice que “su primera cancelación” ocurrió a finales de 2006. Entonces anunció que dejaba Saiko —pero regresó en 2012— y recibió “un rechazo espantoso” de parte de los seguidores de la banda que “no eran capaces de comprender mi decisión de hacer una carrera solista”.

—De ahí salí fortalecida para entender que con la misma irracionalidad que alguien te puede amar, también existe una pasión negativa respecto a lo que tú eres o no eres.

Al año siguiente, cuando asumió como secretaría general de la SCD, vino otro momento complejo: debió defender una modificación de la propiedad intelectual.

—Significó enfrentarnos al populismo. Apareció la campaña “No soy delincuente” con artistas onderos, que hacían ver como que nosotros íbamos a cortar el internet a quienes descargaban música. No era eso, pero fue potente ver en YouTube un video de alguien con una máscara de mi cara que iba a cortar el internet a una casa.

Y luego vino la cancelación política por su trabajo como asesora de las actividades sociales y la producción de eventos de la Dirección Sociocultural de la Presidencia. Llegó al segundo piso de La Moneda en marzo de 2014, en el segundo mandato de Bachelet, para integrarse al equipo de Sebastián Dávalos. En febrero de 2015, explotó el caso Caval y el hijo de la Presidenta renunció al cargo. Aunque la mayoría de sus compañeros de equipo renunciaron, ella se mantuvo en su puesto por casi tres años.

—Caval para mí fue horrible. Lo viví cuando atravesaba uno de los momentos más tristes de mi vida. Esto fue el 6 de febrero y a la semana siguiente, mi madre —a quien cuidaba en su casa por un enfisema y una osteoporosis extrema— sufrió un accidente cerebrovascular y a los días murió. De ahí en adelante, puse el piloto automático y seguí trabajando por lo menos todo ese año…pero me debería haber ido. Pero no fui capaz, porque lo que me sostenía era la gente y el trabajo que hacíamos.

—¿Y cómo sintió la cancelación?

—Hubo acoso, seguimiento de la prensa, hubo sospechas y personas que siempre van a querer involucrarte. Pero el caso Caval era algo circunstancial en el trabajo de un equipo de profesionales que no tenían relación con lo que pasó.

—Se decía que Sebastián Dávalos y su mujer financiaron uno de sus discos

—Ellos solo aportaron, como tantas otras personas con una pequeña cantidad a un crowdfunding en 2013, mucho antes de que yo trabajara con él... Hace poco conocí, circunstancialmente, a uno de los encargados de prensa de la UDI. Pude decirle: “¿Con qué objetivo ustedes levantaron una polémica tan absurda?”. Porque era absurdo. Es como si empezaran a perseguir a un pintor, porque un comprador de sus cuadros está involucrado en un caso de corrupción.

—¿Qué le pareció el fin de la Coordinación Sociocultural, como la llamó el Gobierno?

—No comparto la idea que instaló el Gobierno de que abolir este cargo es un camino de movilización del Estado. Yo entendí cuando llegué a ese lugar que tenía un enorme valor, indiferente de si era o no era pareja del Presidente o la Presidenta, un familiar o alguien de confianza quien lo dirigía. Ahí se gestionaban actividades que el Estado no es capaz de ordenar, porque no llega a tiempo. Yo organicé las fiestas de la Presidencia, un espectáculo navideño familiar que creó la señora Leonor Oyarzún tras la recuperación de la democracia. Se hacía en el Estadio Nacional y se invitaba a la comunidad general a celebrar. Y muchas fiestas para niños con cáncer, y muchas en regiones. Además me tocó hacer cosas que requerían rapidez como el funeral de Margot Loyola… Desconozco cómo funciona ahora.

Denisse Malebrán medita y recalca su opinión.

—Funcionó con todas las primeras damas y las directoras socioculturales. Luisa Durán se abocó a una campaña hermosa que es “Sonrisa de mujer”. Cecilia Morel, desarrolló “Elige vivir sano”. Nosotros nos enfocamos en un programa que se llama “Chile cuida”. Hoy me alegra que este Gobierno lo recogió como un reconocimiento a los cuidadores. Pero partió con la Presidenta, digamos.

—Tras dejar La Moneda renunció al Partido Socialista.

—No es que dejara de creer, mi posición frente a lo que el partido representaba está intacta. Pero venía golpeada con lo que había pasado y sentí que no aportaba nada siendo militante. Mis grandes referentes en política son socialistas. Admiro a las personas que le devolvieron la democracia a Chile: el Presidente Aylwin, el Presidente Lagos, y qué decidir de la Presidenta Bachelet. Ella es mi referente.

—¿Qué pensó cuando Boric criticó a políticos que admira?

—Antes y cuando asumieron el Gobierno fueron muy críticos con la Concertación. Con lo que se logró durante estos 30 años y, por ende, es difícil sentirme representada por ellos. No me siento parte de esta generación política de izquierda, pertenezco a otra.

La otra gran cancelación de la época Twitter que enumera Denisse Malebrán ocurrió cuando criticó la violencia en la Zona Cero. Habían pasado once meses del 18 de octubre.

—Escribí que era suficiente, porque lo que estaban haciendo empoderaba para que la derecha ocupara esa violencia a su favor. Y así ocurrió. La campaña de Kast se basó en eso. Pero las respuestas fueron brutales, peores que ahora.

La cantante comenta que borró comentarios en redes sociales durante mucho tiempo.

—Lo que anunciara respecto a mi trabajo era replicado con un llamado a no consumir mi música o funarme. Incluso me sorprendió mucho una chica trans que llamaba a que no escucharan más a Saiko por esa crítica a la violencia. Uno imagina que alguien que ha enfrentado un proceso tan difícil como la transición quiere que nadie sea perseguido, que sea castigado por lo que piensa.

—Se dijo que era semaforista, por llamar a no destrozarlos.

—Me siento muy orgullosa de que me trataran de semáforo. Creo que de las brutalidades más grandes hoy es la justificación de la violencia. No hay nadie más perjudicado por actos de violencia que las personas que habitan en el espacio público y que tienen menos recursos. La gran mayoría de la población transita en locomoción colectiva. Cuando queman una micro, perjudican directamente a la persona que tú dices defender… No veo cómo alguien puede seguir justificando que, en honor a una lucha determinada, se siga destruyendo el centro de Santiago. Eso ya no tiene cabida.

—Al igual que ahora, la llamaron “amarilla”.

—Los colores no definen posturas. Estamos atrapados en una discusión arcaica. Creo que todos los que se han ido de la DC, los que han renunciado a sus distintas militancias, tienen derecho a hacerlo porque no hay nada más motivante que cambiar en la vida. No hay nada más lógico que buscar caminos de transformación. Todas las personas tenemos derecho a cambiar o a cuestionar lo que antes pensamos.

—Usted está trabajando con Rodolfo Carter, el alcalde de su comuna donde vive.

—En marzo de 2022 reclamé por una situación y llamó para juntarse conmigo. Fui y me explicó porque la municipalidad no podía resolver mi demanda, pero me invitó que le dijera cosas que me parecieran que no estaban bien en la comunidad. Independiente de su pertenencia política, construimos una relación muy cordial, porque yo sentí que teníamos la misma forma de ver las cosas. El problema más profundo en Chile es que no existe diversidad en los espacios de discusión. La gente convive en tribus, conversa entre ellas sin enfrentarse a opiniones distintas.

Hace unos meses Malebrán empezó a trabajar ad honorem, en la Corporación Cultural de la comuna.

—El sabe que soy muy crítica de las cosas de su sector político. Y sin embargo quiere tener cerca a una persona que piensa distinto. Es una forma también de no perder el foco. Pero yo, como defensora absoluta de la diversidad ideológica, nada de lo que diga me sorprende ni lo rechazo de plano.

miércoles, octubre 14, 2020

Denisse Malebrán: “Parir este disco fue sumamente difícil, pero el resultado me dejó en paz”

 El Mercurio


Su nuevo álbum, “Antípoda”, está cruzado en su gestación por una enfermedad autoinmune y el relato de su dura historia familiar.

JOSÉ VÁSQUEZ


La columna vertebral de “Antípoda”, el nuevo disco solista de Denisse Malebrán, es el dolor. Hace dos años, la cantante comenzó a sentir fuertes molestias en sus pies y en sus manos a los que no le dio demasiada importancia. “Me negaba a estar enferma”, cuenta la intérprete, quien aún busca un diagnóstico definitivo.


La voz de Saiko hoy sabe que padece una enfermedad autoinmune, una artritis reumatoide “que piensan que puede ser lupus”, señala, una noticia que está lejos de ser positiva, pero que en este camino de incertidumbre ya aceptó y hasta tradujo todo este proceso en una canción que tituló “Sin cuerpo” y que es una de las del álbum que lanza este 16 de octubre.


“Fue loco, porque al escribirla me empecé a sentir mejor. Entendí que si hay días en que me cuesta hacer cosas, me va a costar no más. ¿Qué tanto? No soy invencible. Al principio uno lo niega o lo trata de ocultar, ahora me da lo mismo, hay que normalizarlo”, dice Malebrán, quien no dramatiza con lo que le sucede. “Aprendí que a las enfermedades hay que hacerlas parte de tu vida, pero que no se transformen en tu vida”, plantea la intérprete.


“Sin cuerpo” fue el último tema que compuso para el disco que en 2019 estrenó “Hey” como primer sencillo y que hablaba de la depresión que sentía. “La escribí en el momento en que iba de un especialista a otro sin respuestas, mientras sentía una especie de fatiga crónica y cero motivación. La hice para salir de eso y desde la humildad, cuando entendí que necesitaba ayuda. Me siento súper fuerte, pero en esta no me la podía sola”, señala la cantautora que en este impulso decidió desnudar también su dura historia familiar en un recorrido que finalizó terapéutico.


“Parir este disco fue sumamente difícil, una cocción extra lenta, pero con un resultado que al final me dejó en paz y conforme con mi trabajo”, sostiene la voz de “A veces tú” que abre su intimidad de historias personales cantándole a su abuela en “Luisa”, quien abandonó a su hija al nacer; al tío de su mamá en “Elías”, que se hizo cargo de su madre; o en “Tarde”, que habla del quiebre con su padre.


“Toqué temáticas duras, como la de romper con tu familia o el tener que darle un espacio en tu vida a alguien al que te negaron, porque de chica me dijeron que no tenía abuela, aunque sí la tenía. Otra cosa es que ella no hubiera asumido su rol de madre… Mi mamá nunca se lo perdonó, hoy las dos están fallecidas y quizás puedan ahora descansar un poco mejor”, expresa la cantante, quien envolvió todas estas historias dolorosas en un pop de sintetizadores que hicieron el trance menos pesado.


“A lo mejor tiene una explicación freudiana, porque cuando me fui de Saiko, como hija adolescente que quiere parecerse lo menos posible a sus papás, busqué otros sonidos, me rebelé y en esa búsqueda me di cuenta de que mi sonido natural y con el que me siento más cómoda es la electrónica, la mixtura de lo orgánico con la máquina, entonces lo lógico era que volviera a esto, pero lo hice inconsciente”, explica sobre una búsqueda que se refleja liberadora a través de su voz, que sale muy alta en el disco.


“Trabajé mucho esa parte con el Seba (Gallardo, productor del disco), porque sentía que no se transmitía el dolor de lo que cantaba. Volvía a grabar y terminaba saliendo incluso más dulce que el registro anterior. Al final me di cuenta de que necesitaba esa dulzura, envolverme en algo más amoroso, porque no estoy contando solo mi vida, faltándole un poco el respeto a mi entorno y en eso tenía que ser muy respetuosa, entonces no podía ser a los gritos”, destaca la cantante que cerró su disco con el tema que le transmitía mayor esperanza.


“Lo quise cerrar así, con ‘Elías', porque representa un rol que hoy está presente en muchas familias compuestas, donde cuántas abuelas son abuela-papá, o tíos-papás teniendo a los padres. En mi caso, Elías, el tío de mi madre, asumió el rol de criar a mi mamá porque ella no tuvo ni padre ni madre.... y, a veces, uno encuentra a su papá en otros lados. ‘Elías' es un ejemplo de cuando el amor surge generoso y no como una obligación”, agrega.

lunes, septiembre 07, 2020

Denisse Malebrán contra la violencia en las manifestaciones

El Mercurio

Varias reacciones a favor y en contra generó el mensaje que la cantante nacional escribió en Twitter sobre las recientes manifestaciones registradas en la capital. “Rompiendo semáforos no instalas ningún discurso de cambio”, señaló la vocalista de Saiko. Y agregó: “No comunicas nada más que salvajismo y te pones al mismo nivel de atropello que tanto criticas. Esa violencia justifica el paseo de nuevos jueguitos y desacredita el manifestarse con argumentos y propósitos”.