El Mercurio
¿Faltan profesores de técnica? ¿Necesitan cambios las mallas de estudio? ¿Existen falencias en idiomas? ¿Hay estudiantes disciplinados? Profesores, alumnos y connotados cantantes desmenuzan el sistema pedagógico y académico en nuestro país, a raíz de las críticas de dos jóvenes sopranos.
Maureen Lennon Zaninovic
"Las mallas curriculares de las universidades en Chile están muy atrasadas. No hay profesores de técnica buenos, los cantantes aprendemos con muchos vacíos". Las palabras de la soprano chilena Marcela González publicadas en la Revista Ya del diario "El Mercurio" provocaron una incendiaria polémica entre alumnos, cantantes y profesores. En el mismo reportaje, otra cantante chilena, la soprano Pamela Flores, agregó una opinión lapidaria: "Aprendí que en Chile no hay verdaderos maestros de canto lírico", dijo.
El diagnóstico de Marcela González -quien recientemente sacó aplausos por su participación en "Romeo y Julieta"- es descarnado. A su juicio, "hoy en el mundo un operático sabe por lo menos tres o cuatro idiomas: inglés, italiano, francés y alemán. Aquí, a lo más, aprendes fonética para poder cantar tu rol. Te dicen que basta con que te aprendas tu aria y es un error. Uno debería saberse el rol completo al revés y al derecho. Cuando fui a Cardiff (importante concurso de talentos vocales de Gran Bretaña), conocí a jóvenes que habían estudiado óperas completas solo para cantar un rol menor. Eso es preparación que no existe en Chile".
Formada durante algunos años en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, sus declaraciones calaron fuerte en la Casa de Bello. La profesora Carmen Luisa Letelier -Premio Nacional de Música 2010- acusa el golpe y entrega a Artes y Letras sus descargos. "Dolida" y "traicionada" son palabras recurrentes en esta entrevista. "Si realmente no los preparáramos bien, muchos cantantes no estarían donde hoy están, triunfando en los más importantes teatros de Chile y del mundo" , señala Letelier, quien ha sido profesora, entre otros alumnos, de la mezzosoprano Evelyn Ramírez y de la soprano Paulina González, ambas con una destacada y ascendente carrera en el extranjero.
Los estudios de canto en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile duran ocho años, de los cuales tres son una suerte de plan básico donde se les enseña, entre otros tópicos, solfeo e historia de la música:
"Acá nos llegan jóvenes con una formación tremendamente débil, desde un punto de vista musical y cultural. Con honrosas excepciones, son pocos los que van a museos, escuchan un concierto o leen un libro . Por eso, cuando el alumno cree que uno puede ser un mago, que en dos meses lo puede convertir en cantante, está perdido. No podemos hacer malabares", aclara la contralto Carmen Luisa Letelier.
El profesor checo Hanns Stein -también docente de la U. de Chile y quien ha formado, entre otros talentos, al barítono chileno Javier Arrey- es un defensor de los ocho años de estudio. "En Europa hay escuelas de música municipales y distritales. Los jóvenes entran a la universidad con una sólida base. Acá eso no pasa. No nos podemos comparar con Europa ni con Buenos Aires, donde históricamente ha existido una tradición musical muy rica".
Carmen Luisa Letelier comenta que actualmente están en un proceso de innovación curricular. "Pero uno mira la malla, tan tupida, y la verdad uno se pregunta qué le podemos cambiar o suprimir. Bien poco, la verdad. Se habla de que hay que enseñarles gestión cultural y maquillaje. ¿A qué hora? Primero tenemos que enseñarles a solfear, fonética, actuación. Tenemos que partir por lo más básico para que, después, los propios alumnos comiencen a descubrir su propio camino profesional dentro del canto".
La crítica de un escaso dominio de idiomas, otra de las falencias aludidas por Marcela González, tampoco deja indiferentes a estos profesores: "En la U. de Chile les enseñamos fonética, es decir, les damos las herramientas necesarias para pronunciar bien los idiomas que más se usan en la ópera y en la música de cámara: el italiano, el francés y el alemán. Ahora, si un alumno quisiera dominar bien cualquiera de esas lenguas, se haría necesario extender la carrera. En ese caso podría durar, por lo menos, 10 años".
Stein considera que ese tema no les compete a los conservatorios: "Yo he dado clases en Alemania y conozco bien la realidad de otros países. En ningún plantel europeo se enseña idiomas , porque se supone que los alumnos ya los aprendieron en sus colegios. En Chile hay una falencia grande en esta materia, pero es un problema que se arrastra desde las escuelas. No nos podemos hacer cargo de esa laguna".
Carmen Luisa Letelier agrega que "no hay que pretender que la universidad les dé todo a los estudiantes. Uno es solo un guía, el resto lo tienen que trabajar los propios alumnos. Si una Evelyn Ramírez está hoy donde está, es porque desde el primer día fue muy responsable, no faltaba a clases y puso todo de sí para salir adelante".
Stein concuerda con este diagnóstico: "Recientemente estuve en Virginia (EE.UU.) viendo el debut de mi alumno Javier Arrey como Iago en 'Otello' de Verdi. Se me acercó el legendario barítono Sherrill Milnes y me preguntó que con quién se había formado Arrey. Le dije que conmigo y en Chile. ¡No lo podía creer! '¿En Chile?', me preguntó con cara de desconcierto. Tan mal no debemos estar en este país, pero también gran parte del mérito lo lleva mi alumno, quien desde el primer momento fue tremendamente disciplinado y responsable. Se tomó la carrera con seriedad y, lo más importante, mantuvo una continuidad con un solo profesor".
Mentalidad facilista
La destacada soprano Patricia Cifuentes, quien en octubre protagonizará a Adina en el elenco estelar de "Elixir de amor" de Donizetti, también imparte clases en la Facultad de Artes de la U. de Chile. Considera que de diez personas que entran al conservatorio al año, "solo una o dos valen la pena. El resto tiene una mentalidad facilista y cómoda. Hay mucha mediocridad y cuando uno quiere exigir un poco, mandan cartas de reclamo". Agrega que uno de los factores que se deben tener en cuenta al inscribirse en esta carrera es que la formación, por parte del alumno, debe ser permanente. "Yo misma perfectamente podría decir: 'basta, no estudio más'. Pero no ha sido así: este verano tomé clases con la soprano holandesa Margreet Honig, profesora de Elina Garanca, y fue un gran aporte".
Cifuentes, eso sí, considera que contar con un buen profesor no es una tarea fácil. "Siempre digo que es como un matrimonio: te puede ir muy bien o terminar peleados a muerte. En mi caso, tuve la suerte de formarme con Fernando Lara, con quien desde un principio me entendí a la perfección. Compartíamos los mismos códigos y él consiguió sacarme todo el provecho".
La universidad no hace al alumno
El Instituto de Música de la UC ofrece un programa que incluye un ciclo elemental y una licenciatura en música, mención interpretación musical (canto). Este último contempla ocho semestres con distintos ramos. Entre otros, taller de ópera, lectura y auditivo avanzado, y percepción del discurso musical. "Además ofrecemos al alumno electivos en otras disciplinas, porque nos interesa formar a cantantes integrales", señala la soprano y régisseur Miryam Singer, quien además es profesora del plantel.
Ante las críticas, la profesional es cauta: "Estamos ante una opinión y como tal hay que tomarla, como una visión parcelada de la realidad", dice. Agrega que "cada uno tiene derecho a opinar, pero basta ir a ver las temporadas del Teatro Municipal de Santiago, que se construyen con tres o cuatro cantantes de afuera. El resto son todos chilenos . Si no contáramos con grandes maestros, yo misma no podría estrenar mis montajes".
-Usted ha viajado bastante por el mundo. ¿Existen diferencias curriculares?
"He hecho master classes hasta en el Juilliard y puedo afirmar con convicción que las mallas siguen siendo las mismas. Y en todos los conservatorios sucede lo mismo: la universidad no hace al alumno, es él quien tiene que moverse y sacar el máximo de provecho a los conocimientos que está recibiendo", dice Singer.
Una opinión que es refrendada por el contratenor chileno Eduardo Rojas y estudiante en el Conservatorium van Amsterdam. Inicialmente, su ciclo básico lo cursó el Instituto de Música de la UC, bajo la tutela de Soledad Díaz y Miryam Singer:
"Soy testigo de que la mayoría de mis profesores en la teoría musical siempre quisieron entregar lo mejor de sí. Pero en un país que no cuenta con el auspicio cultural necesario, que no tiene los espacios adecuados y tampoco un background social y educativo, se hace cada vez más difícil que los profesores se sientan inspirados en transmitir sus conocimientos", dice Rojas. Agrega que en el caso de la carrera de canto, "las exigencias planteadas en Chile están lejos de estar a nivel internacional, pero son los alumnos los que debemos buscar las personas correctas , tomar las oportunidades y nunca ceder ante un medio que en parte puede ser decepcionante".
La historia de la soprano Verónica Villarroel siempre se ha considerado un caso excepcional en el mundo de la ópera. Por eso mismo prefiere no opinar de la realidad nacional, ya que estudió de manera exclusiva en en Juilliard. "La enseñanza que recibí en Nueva York fue la base más fuerte que recibí como cantante. El hecho de tener a maestros especialistas en canto, estilo musical, repertorio, dicciones -en italiano, francés, alemán, inglés- teoría, rítmica, pianistas acompañantes, maestros de historia y maestros actores, quienes realizaban un exhaustivo trabajo a nivel emocional, interpretativo y de actuación, resultaron vitales", dice Villarroel.
¿Un posgrado?
Tras terminar el conservatorio, los estudiantes pueden iniciar estudios de perfeccionamiento en el exterior o buscar trabajo en Chile. Soledad Díaz, profesora de la UC -ha formado, entre otras voces destacadas, a Catalina Bertucci-, considera que "los resultados que se logran en el campo formativo son lentos y están relacionados -entre otros aspectos- con las oportunidades laborales, que por lo general pasan por la ópera del Municipal o los proyectos de Miryam Singer".
La soprano Pamela Flores recientemente comentó a "El Mercurio" que "estuve cinco años en el Coro del Municipal. Para mí fue el posgrado que no pude hacer fuera de Chile". Jorge Klastornick, director del Coro del Teatro Municipal, en el que se acoge a muchos cantantes que han recibido formación en los conservatorios universitarios, entrega su diagnóstico: "Después de más 30 años en este país, puedo afirmar que en Chile hay muy buenas voces y abundan los talentos . Y en nuestro caso, el coro les da un training , no solo en lo vocal o en lo instrumental, ya que también les permitimos a nuestros integrantes que canten en otras producciones. No les cortamos la carrera. Todo lo contrario".
¿Con qué nivel llegan a esta agrupación coral, tras su paso por la universidad?
"Con buena base y formación musical. Me he topado con varias voces excepcionales que han triunfado en el exterior, como Luis Olivares y Cristina Gallardo-Domâs. Últimamente hemos sido testigos de la irrupción de varios talentos jóvenes. Habrá que esperar cómo será su evolución y desarrollo", puntualiza Klastornick.
Arrey: "Los maestros de canto son escasos en todos lados"
Graduado del Programa de Jóvenes Talentos de la Ópera de Washington que impulsa Plácido Domingo, el barítono chileno Javier Arrey (31) es hoy una de nuestras principales cartas vocales en el exterior. Radicado desde hace tres años en Estados Unidos, acaba de protagonizar un paso tremendamente importante para su carrera: encarnó con extraordinarias críticas a Iago en "Otello" (Verdi), en el Castleton Festival bajo la batuta del célebre director Lorin Maazel.
El cantante se formó íntegramente en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile -a diferencia de otros artistas de su generación que se han especializado en el extranjero- bajo la tutela del profesor Hanns Stein:
"Tuve la suerte de estudiar con alguien como él: un profesor de una cultura muy amplia. Puedo decir con orgullo que, gracias a que él me guió en toda la carrera, cuento con muy buenas bases", señala el barítono a Artes y Letras. Agrega que "los maestros de canto son escasos en todos lados. Esa realidad pasa en Estados Unidos, en Alemania, en cualquier país".
¿Ha notado diferencias entre EE.UU. y nuestro país?
"Cuando llegué a Washington, los primeros tres meses fueron caóticos: el ritmo era otro. Pero eso responde a una realidad cultural de nuestro país, sería injusto echarle toda la culpa al profesor. El gran problema de muchos alumnos en Chile es que descansan demasiado en el maestro de canto, como si él fuera una varita mágica. Los profesores son fundamentales, pero son solo guías. El 60% del trabajo les corresponde a los estudiantes . Yo, por ejemplo, tuve que asumir ese esfuerzo en Estados Unidos y ponerme al día. Eso sí, en cuanto a técnica, acá no he aprendido nada nuevo de lo que ya recibí con Hanns Stein", puntualiza.
Cristina Gallardo-Domâs: "Hay que actualizar los programas"
Siguiendo con el interés pedagógico que la llevó a organizar un exitoso campus lírico en la Universidad de Palmas de Gran Canaria y a su presencia constante en el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo del Palau de les Arts de Valencia, la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs dictó en mayo master classes e n la Escuela Moderna de Música. Y, junto con ello, por estos días trabaja intensamente en replicar el exitoso programa de campus lírico, esta vez en el Teatro del Lago de Frutillar:
"En Chile de que hay talento y voces importantes, nadie lo discute. El problema es que si bien en algunos aspectos hemos avanzado a pasos agigantados, en otras nos hemos quedado en la edad de piedra", denuncia la artista a Artes y Letras.
Agrega que tras realizar las clases maestras en la Escuela Moderna, se quedó con impresiones dispares: "En esta actividad participaron alumnos de distintos conservatorios del país y me encontré con realidades contrastantes. Algunos alumnos eran muy buenos, otros estaban bien encaminados, pero otro grupo importante estaba absolutamente fuera de camino. Lógicamente que quienes más me llamaron la atención contaban con un buen profesor detrás, como Carmen Luisa Letelier. Se notaba en ellos una base pedagógica sólida", dice. Gallardo-Domâs considera, eso sí, que es fundamental "actualizar los programas de estudios en Chile. En las master classes vi a muchos jóvenes desorientados en cuanto al repertorio, interpretación y postura en escena. Había jóvenes, a punto de titularse, absolutamente rígidos. ¡No puede ser! El género lírico ha cambiado a pasos agigantados, además de que piden a cantantes flacos y estupendos, hoy los teatros te exigen tener una técnica espectacular y te obligan a cantar en formas absolutamente inéditas", puntualiza la cantante.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
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domingo, septiembre 08, 2013
Generación de recambio en la ópera: Las nuevas divas
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| Cataliuna Bertucci |
Tienen entre 26 y 38 años, voces talentosas, persistencia y ángel, dicen los expertos. Crecieron en la estrechez económica, pero su pasión superó las limitaciones. Serias y estudiosas, van en directo ascenso al estrellato. Critican los programas de estudio y la falta de profesores líricos en Chile: "Aquí nos enseñan fonética; afuera se aprende inglés, italiano, francés y alemán".
Por María Cristina Jurado.
Fotografías: Sergio López. producción: carolina piña. maquillaje: nicole Rencoret. Pelo: Tobías Sevilla.
Pamela Flores, 38 años, una hija de siete, llora al recordar los cuatro años que pasó cantando arriba de las micros. Era una veinteañera y en su casa eran siete, una familia que sobrevivía en la Villa Frei con pequeños trabajos de su papá sociólogo, quien dejó de trabajar para el golpe de 1973. Aferrada a su pasión por la ópera, y para estudiar, Pamela cantó en micros de Santiago y Valparaíso; también vendió ropa usada en la feria de Arrieta. Lo recordó este año cuando la Fundación Ibáñez-Atkinson y el Teatro Municipal la enviaron, por su talento, a Ámsterdam, a perfeccionarse como soprano de coloratura con la maestra Margreet Honig, un motor en su carrera.
A los 24, después de años batallando por posicionarse en un escenario, la soprano lírica Paulina González sufría. Aunque todos reconocían su voz de oro, las críticas a su sobrepeso -más de treinta kilos ganados en su Osorno natal- no solo castigaban su autoestima: atentaban contra su carrera porque los roles importantes le pasaban por el lado. Cuando este 2013 se subió al escenario del principal teatro de ópera en Chile a cantar el rol de Julieta en "Romeo y Julieta" -el más importante en su carrera- recordó su operación de gastrectomía con manga que rebajó su peso en 2009 y le dio impulso a su camino en el canto.
Hubo un día en que la soprano Catalina Bertucci, 32, vivió en una modesta pieza y lavó platos en un hotel de Alemania, aferrada a su amor por el canto lírico. Esos días, impresos en su mente, los evocó a fines de 2012 cuando el maestro Juan Pablo Izquierdo, director de la Orquesta de Cámara de Chile, la invitó a grabar la Cuarta Sinfonía de Mahler para la empresa discográfica Mode en Nueva York, el sello más importante del mundo en música docta. Hoy, instalada en Colonia y ya posicionada, Catalina no abandona su persistencia: este año y el próximo será la invitada en teatros operáticos de Dresden, Freiburg y Norwich, en Inglaterra.
Recién casada con un barítono, Marcela González, 26 años, se lamenta de no haber empezado antes en la ópera. Muy joven, desde Peñaflor y creciendo sin holguras, tuvo que trabajar para sobrevivir y cantó en matrimonios y eventos sociales mientras se daba vueltas, algo perdida, en la música rock. Conocer a la prestigiosa preparadora musical Hilda Cabezas enderezó su rumbo. Cuando, en 2011, el Municipal la escogió entre todas las cantantes del país para participar en el Cardiff Singer of the World, una competencia a la que asisten solo veinte seleccionados en todo el mundo, recordó sus duros inicios. Cardiff fue un hito que hoy la tiene rumbo al estrellato, dice el director del Teatro Municipal, Andrés Rodríguez.
-Las voces de hoy son menos dramáticas que las de antes. Todas, Paulina, Catalina, Pamela y Marcela, tienen voces marcadamente líricas. Son profesionales serias, muy bien preparadas musicalmente y que están subiendo a los escenarios guiadas por un tesón personal que pocas veces se ve. Tengo confianza en esta generación de recambio en la ópera; ha hecho un camino que ha ido de menos a más. A fuerza de pequeños roles se pulió y se ganó la confianza de quienes deciden. Estas nuevas cantantes llegarán lejos por su seriedad, profesionalismo y porque tienen un talento raro que, después de muchas vueltas, cristalizó. Ellas saben que gran parte de su suerte depende de ellas mismas.
Andrés Rodríguez, una de las mayores autoridades del género en Chile y respetado a nivel internacional, ve en estas nuevas divas la esperanza del recambio. Y ellas -lo dicen con amplio reconocimiento- confiesan que el Teatro Municipal les ha sido clave.
-Estuve cinco años en el Coro del Municipal. Para mí fue el posgrado que no pude hacer fuera de Chile por falta de plata y porque me rechazaban por la edad. Es que empecé a los 32, lo que es tardísimo en la ópera. Antes hice jazz y estudié composición en la Escuela Moderna de Música. Una de las vallas difíciles de saltar en esta profesión es la edad: la carrera de soprano no es larga: ya, a los 30, muchos te consideran vieja.
Pamela Flores estudió música en la Universidad Católica y se recibió hace diez años. Cuando, en 2007, fue convidada a cantar "El rapto del serrallo" de Mozart, se reencontró con la lírica y nunca más la dejó. "Lo lírico exige depuración total del instrumento que es la voz. Una voz limpia con ritmo y notas exactas: es un género purista y exigente donde todo está escrito y se debe respetar hasta el último detalle, la dinámica, la duración de las notas, el texto. Si te gusta y tienes condiciones, te cambia la vida".
No solo el coro fue un posgrado para Pamela. También la orientación de la preparadora musical Hilda Cabezas-Gräbner, quien vive en Alemania, pero trabaja cada año en Chile, además de preparar cantantes líricos en escenarios de todo el mundo. Pamela:
-Me adoptó, eso lo hace con muchas cantantes que están empezando. Donde ve talento, no ceja. Con ella aprendí que en Chile no hay verdaderos maestros de canto lírico, no hay profesores de técnica vocal. Pasamos por la universidad, pero los programas tienen tremendos vacíos y cuando uno sale a competir fuera de Chile -el sino de un cantante de ópera- estamos en gran desventaja de preparación. Lo he suplido a punta de esfuerzo. Esta carrera exige corazón, pero también mucha cabeza. De diez que empiezan, siete no llegan.
La soprano Marcela González, casada con el barítono Ricardo Seguel, es lapidaria. Ella también encontró su rumbo de la mano de Hilda Cabezas-Gräbner, quien la hizo decidir entre sus estudios de clarinete y el canto lírico:
-Las mallas curriculares de las universidades en Chile están muy atrasadas. No hay profesores de técnica buenos, los cantantes aprendemos con muchos vacíos. Hoy en el mundo un operático sabe por lo menos tres o cuatro idiomas: inglés, italiano, francés y alemán. Aquí, a lo más, aprendes fonética para poder cantar tu rol. Te dicen que basta con que te aprendas tu aria, y es un error. Uno debería saberse el rol completo al revés y al derecho. Cuando fui a Cardiff conocí a jóvenes que habían estudiado óperas completas, solo para cantar un rol menor. Eso es preparación y no existe en Chile. Por eso aquí todos suplimos los vacíos con voluntad y decisión, porque si no avanzas, te quedas. He visto a muchos perder el foco porque las luces distraen, hasta dejan de estudiar. Se subieron a un escenario y creyeron que estaban en la cima. Pero esta carrera es interminable, si dejas de aprender, te estancaste.
Y desde Hannover, Alemania, Hilda Cabezas-Gräbner, con cuarenta años de experiencia preparando cantantes líricos, dice:
-La tecnología está marcando la ópera. Las exigencias han crecido al infinito, hoy las cantantes deben, además de tener perfecta técnica, ser buenas actrices y verse bien. Las régies están más exigentes: ya no basta figura y voz; hay que saber moverse, actuar, tener presencia escénica. Y ser culto, saber historia de la música, la historia de esa ópera y quién la escribió, y qué pasó en el estreno. Pero en Chile no hay buenos maestros técnicos y falta mucho conocimiento. Esta generación nueva, que vive al tres y al cuatro, está llegando lejos porque tomó conciencia de que afuera las cosas se hacen de otro modo.
Y se hacen de otro modo porque la competencia es feroz, como nunca antes en el escenario de la música. "Competencia despiadada" la llama el director del Municipal, Andrés Rodríguez. Hilda Cabezas-Gräbner lo observa diariamente en su trabajo en Europa:
-Los países orientales son los grandes exportadores de talentos hoy. He tenido alumnos coreanos, chinos, japoneses, y son una verdadera máquina, son como hormigas. Tú les haces una corrección que normalmente exige varios días, y se la aprenden en media hora. Te tocan la puerta y te dicen "ya me la sé". Y se la saben. Son implacables. Eso no pasa en Chile, allá hay que chicotear.
Las nuevas exigencias
En el medio operático el caso de la soprano estadounidense Deborah Voigt marcó precedente. En 2004, la Royal Opera House de Londres la despidió por su sobrepeso: no pudo cantar el rol de Ariadne en la ópera "Ariadne en Naxos", de Strauss. Voigt se hizo un triple bypass, perdió 60 kilos y volvió a cantar. Que la estética física en un cantante lírico es clave, es un signo del nuevo milenio. Esta exigencia se volvió implacable desde el 2000, ser delgado y estar en buena forma física es parte de los contratos, para hombres y mujeres. Y en sopranos y contraltos, un imperativo, tal como cultivar la voz. No fue el caso en los últimos cincuenta años, cuando dominaban divos como Enrico Caruso y Montserrat Caballé, quienes se imponían en escena con gran corpulencia. La excepción fue María Callas, quien, para ganar adeptos y salud, perdió 36 kilos entre 1953 y 1954 y nunca los recuperó.
La soprano Paulina González sufrió esta exigencia:
-Hace veinte, treinta o cuarenta años, bastaba con que te pararas en escena con tu traje de belcantista y ¡listo! Hoy lo estético, lo físico y lo vocal van a la par, y tienes que verte perfecta. A los 24, en 2009, terminé en el quirófano porque me aburrí de las tallas y de las críticas; profesores y preparadores me decían directamente que si no bajaba de peso, no llegaría a ninguna parte. Nunca me darían un rol importante como gorda. Desde que apareció el DVD esto cambió y se volvió muy visual. La competencia es tremenda y la exigencia mucho mayor porque debes ser muy expresiva. Bajé treinta kilos y empecé a recibir ofertas. La operación la pagué con un premio que me gané cantando en Alemania. Ganar el "Competizione Dell'Opera" en Dresden y Bremen ha sido lo más importante de mi carrera.
Marcela González y Pamela Flores concuerdan:
-La exigencia es tal que ni siquiera puedes ir a un ensayo desarreglada. Por el medio, ojalá te vieras como una modelo.
Para estas cuatro divas, la fuerza de voluntad y el enfocarse en la meta ha sido la gran marca de sus carreras ascendentes.
Pamela Flores:
-Hay una concordancia entre tener problemas económicos y surgir en el canto. Esta carrera exige instinto de superación y fe en sí mismo, todos los días tienes que reinventarte y no bajar la guardia frente a la envidia y a la extrema competencia. Mi fuerza la he sacado de haber pasado penurias, de la época en que cantaba en las micros y vendía ropa en la feria. Te duele, pero te hace fuerte. No es casualidad que muchos cantantes nuevos vengan de provincia y que casi todos vengamos de hogares con estrecheces y dificultades.
La mayoría estudió con becas y fondos concursables, desde el Fondart a los Amigos del Teatro Municipal.
-Soy presbiteriana y tengo la frialdad para saber que esta profesión no es solo una expresión del alma, también es un trabajo y uno debe intentar ser el mejor. No tuve papá, mi mamá es profesora básica, fui a un colegio público. Me costó mucho, me conseguí todas las becas que pude: los amigos del Teatro Municipal pagaron la mitad de mi carrera universitaria. Soy de Osorno, la pensión en Santiago me la pagué cantando en coros, en matrimonios, donde podía. Pero ese camino árido me rindió frutos: entendí que el rigor, como decía María Callas, es lo principal. ¿Cómo me iba a farrear lo que tanto me costó? La ópera es un retrato del ser humano: yo creo que hay afinidad entre el que sufre y el que quiere expresar -dice Paulina González.
Y, desde Colonia, Alemania, la soprano Catalina Bertucci recuerda sus días difíciles:
-Me vine en 2006 persiguiendo a la maestra Barbara Schlick, con la que quería estudiar. Al principio fue duro, no tenía mucha plata y no sabía cuánto me durarían los ahorros. Lavé platos en un hotel y amigos muy queridos me ayudaron. Después de un año me gané un Fondart, eso me alivió.
Y, para todos, la libertad y el autocuidado es fundamental.
La soprano Marcela González:
-Hay que cuidarse y cuidar la voz, que es nuestro instrumento. Si del mercado dependiera, terminaríamos con la voz destrozada en un par de años y es lo que a veces sucede cuando estás contratada en un teatro. Tu contrato te exige cantar cualquier rol, pero no todos los roles son para ti. En esto hay que ser cuidadoso, porque estás jugando con tu futuro. Tú puedes preguntar: casi todos hemos optado por la libertad, por un trabajo freelance. Porque podemos decir que no a un rol. Preferimos la autogestión. Vivimos con más altibajos y más inestabilidad económica, pero es más sano. La ópera es maravillosa, pero hay que ponerle cabeza. ya
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