martes, enero 06, 2026

Denisse Malebrán “He aprendido que como artista no conviene opinar”

 




El Mercurio

El año pasado Saiko realizó una gira por todos los teatros de Arica hasta Punta Arenas y fue galardonado con uno de los premios Presidente de la República a la Música Nacional. Denisse Malebrán, su vocalista, repasa sus polémicas, analiza las políticas en torno a la cultura y dice sobre su carrera musical: “Antes tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo”.

Por Juan Luis Salinas T. Fotografías: Sergio Alfonso López.

Un sol vertical caía sobre el Patio de los Naranjos en el Palacio de La Moneda. Mediodía del jueves 18 de diciembre. Entre los muros blancos y con el sonido del agua de la fuente, más de un centenar de invitados se ubicaba frente al escenario donde se entregarían los Premios Presidente de la República a la Música Nacional y las Artes Escénicas 2025. Denisse Malebrán esperaba el inicio de la ceremonia. A su lado estaban sus tres hijas, su padre, sus compañeros de Saiko.

Cuando empezó el acto, el Presidente Gabriel Boric nombró a cada uno de los galardonados. Partió por el director de la Orquesta de Cámara de Valdivia, Rodolfo Fischer, que es reconocido en la categoría Música Docta; luego nombró al sonidista José Oplustil por Edición Musical, siguió con Héctor “Titín” Molina por su aporte al folclor y la tradición oral; y finalmente, en la categoría Música Popular, habló de Saiko. Boric los felicitó por la gira que el grupo realizó durante el año por los teatros municipales de Chile. Pero se tomó un momento para referirse a la vocalista de la banda.

“En Denisse uno reconoce ese artista comprometido, que no tiene miedo a decir su opinión, que a veces puede ser filosa, que a veces puede molestarles a algunos, pero al final de eso se tratan las opiniones, y acá no somos nada monedita de oro. Acá no estamos para caerle bien a todo el mundo, estamos para construir, para construir y muchas veces hay que romper huevos”, dijo Boric antes de entregarle el premio a la banda.

Tres horas después de la premiación, cansada, pero alegre, Denisse Malebrán comenta ese momento. La cantante confiesa que le sorprendió cuando hace tres semanas la llamaron del Ministerio de las Culturas para anunciarle que premiarían a Saiko, pero le asombró que Boric se refiriera a ella y a sus opiniones en la ceremonia.

—Me gustó que lo hiciera. En el fondo es como decir; hay una crítica y una persona que te hace cuestionarte. Eso no quiere decir que yo tenga razón, pero creo cuando alguien te dice las cosas desde otro lado, capaz que otras personas, no digo específicamente en caso del Presidente, piensen: “Sí, en realidad podríamos hacerlo de otra forma” o decir: “Aquí hay una visión distinta de lo que nosotros creemos que está bien hecho”.

En diferentes ocasiones y contextos, las opiniones de Malebrán han causado polémica en las RR.SS. Entre las más conocidas ocurrió en septiembre de 2020, cuando habían pasado once meses del 18 de octubre, la cantante criticó la violencia en la Zona Cero. Entonces se dijo que era “semaforista”, por llamar a no destrozarlos. A comienzos de enero de 2023 defendió el legado musical de Benjamín Mackenna, el vocalista de Los Huasos Quincheros que había muerto. Le cuestionaron que se definiera como mujer de izquierda y la acusaron de “avalar a un grupo pinochetista”. Otros reconocieron que separara la obra de la persona. El año pasado, en un pódcast, Malebrán comentó que en la gestión del actual Gobierno “a su parecer” existía una gran desorganización interna y que se había perdido el foco.


—¿Se considera una mujer de opiniones “filosas” como señaló Boric?

—Es cierto, pero juro que nunca me lo propuse. A veces se me olvida que lo que uno dice puede tener alguna repercusión. Aunque no me considero tan importante, sin embargo, sí me lo han hecho notar: he perdido amigos, la aprobación de algunos artistas que consideraba cercanos, porque a nadie ni a los músicos les gusta mucho que alguien opine tan distinto a ellos. Siempre que causaba algún impacto o me funaban o pasaba algo con alguna opinión mía, yo me sentía como súper torpe y que había un castigo por no decir lo que el resto está diciendo. Hoy le puedo dar otro significado. Estoy más vieja, ya dejé de ocupar Twitter (Hoy X) por lo mismo. He sido poco hábil al opinar demasiadas cosas que obviamente no me benefician a mí como artista. Me reconozco como alguien que está muy pendiente de lo social, de lo que ocurre y de lo que leo, pero he aprendido que como artista no conviene opinar. La mayoría no lo hace porque perderían auspicios, pero yo me fui al otro lado.


—¿De los ataques por sus opiniones, cuáles fueron las que más le afectaron?

—Sin duda reconocer a Benjamín Mackenna como un par y que merecía tener honores en su fallecimiento, fue lo que más caló en mi gremio. No se entendió que espero que ellos, independiente de sus opiniones políticas, reciban el mismo respeto. Yo no soy como los que operaban en dictadura que te censuraban y que no te permitían dedicarte a lo que tú hacías por lo que pensabas. Así como yo espero que se valore mi opinión y la de gente de muy izquierda o de centroizquierda, de cualquier tipo de izquierda, también pienso que lo merece alguien de derecha.

Denisse Malebrán luego agregará:

—Asumí que hay muchas personas a las que les molesto. Hasta hice una canción que se llama así. Son personas a las que no les gusta que otras les digan cosas. Creo que la posición de un artista es incomodar, pero no solo al poder, también a quienes son cercanos a lo que uno piensa y que siento que se están equivocando.


—Ha dicho que la sorprendió que Saiko recibiera este premio.

—No lo esperaba. Creo que me sorprendió que quienes eligen este premio se hayan centrado 100% en la música. Uno no está acostumbrado a que no se dejaran llevar por otros factores. Soy una persona de pocos amigos y a veces en esta industria sirve tenerlos en todos los ámbitos: es gente que te va a poner ahí, que sugerirá tu nombre para ciertas cosas. Todos sabemos esto. Además, no me imaginé ser merecedora de reconocimiento y porque después de muchos años de carrera dejé de esperar nomás. Siempre veo cosas buenas en lo que hacen los demás, pero me cuesta mucho ver lo propio. Sin embargo, este año con Saiko que habíamos hecho tantas cosas: la gira por todos los teatros de Chile que se llenaron… Este premio es como al valor de la perseverancia.

A finales de los 90, Chile era un escenario tosco para cualquier mujer con ambiciones en la escena musical alejada de las baladas, pero para las cercanas al rock o al pop los referentes eran pocos, comenta Denisse Malebrán.

—Fue un camino mucho más áspero, más tosco, sobre todo para mí como mujer, porque prácticamente no había bandas con mujeres. A principios de esa década estaba Colombina Parra, con los Ex. También Javiera Parra que lideraba Los Imposibles y estaba la Nicole, pero éramos como una del pop por allá y otra por acá, versus 55 artistas y bandas de puros hombres. Era un entorno donde tenías que validar constantemente que tenías opinión y que no eras solo una cara puesta ahí por un sello.

Denisse Alejandra Malebrán Soto desde niña se interesó en la música. La primera canción que se aprendió fue “la de la mochila azul”, una ranchera que le gustaba a su padre. Mientras cursaba su enseñanza media en el colegio “Sagrado Corazón de San Bernardo” con algunos de sus compañeros formó Turbomente, una banda que alcanzó a publicar un único álbum antes de su disolución.

—Mis compañeros de esa banda me fueron a ver a La Moneda —dice Denisse Malebrán y recuerda que para reunir la plata para grabar ese primer disco ella participó en “¿Cuánto vale el Show?” que entonces animaba Leo Caprile, tenía de jurado a Enrique Lafourcade, Eric Polhamer y a Marcela Osorio.

—Me fue bien. Partí ganando el día, después la semana, el mes, pero no gané la temporada —dice y reflexiona—. Uno de alguna manera se abre camino, pero en esa época era difícil. Hoy ya los cabros que hacen música pueden subirla a una plataforma digital y ponerla en el Spotify. Hay más espacios.

Cuando Malebrán salió de cuarto medio entró a Sociología, y en paralelo a la escuela de canto Projazz. A los veinte años tuvo a su primera hija, pero no abandonó sus intenciones de dedicarse a la música. A comienzos de 1999, trabajaba como vendedora en una tienda de discos en el Jumbo de Bilbao, seguía sus estudios universitarios y se hacía cargo de su hija, la cantante escuchó en un programa de televisión que dos exintegrantes de La Ley, Luciano Rojas y Rodrigo Aboitiz buscaban una vocalista para su nuevo proyecto musical.

Dice que ella asistió a las audiciones solo para conocer cómo trabajaban los profesionales. Improvisó una melodía sobre una pista musical. La selección tomó su tiempo. Se reunieron varias veces, le dijeron que estaba preseleccionada entre otras tres cantantes.

—Cuando me llamaron para decirme que era seleccionada fue como ganar el Loto. Dejé la disquería, la universidad, armé un circo para ser madre y estar en el grupo.

Tenía que grabar un disco, tenía que hacer fotos, videos, entrevistas, empezar a trabajar con ellos. Iba todos los días a más de 12 o 15 horas a grabar un disco que se concluyó entre mayo y septiembre. El disco salió en diciembre de 1999. Me cambió la vida de un día para otro. Me empecé a dedicar a esto, a ser músico profesional.


—¿Cómo recuerda su relación con sus pares de la época?

—Cuando partimos, en esta generación, no había nada. Ni los premios. Existían los Apes, que entregaban los periodistas. Entonces uno se acostumbró a ser un obrero, a estar trabajando, trabajando, y que nadie le diga que es bonito, porque lo que más recibe uno cuando te va bien es chaqueteo, no es un aplauso, digamos. Y cuando no te va bien, indiferencia. Entonces, en el fondo siento que cuando haces un camino largo como ha sido el de Saiko, te acostumbras a habitar ambos espacios. Los que vienen después de nosotros, al revés, están acostumbrados a todo. Al reconocimiento, hay 200 premios nuevos, los que dan aquí, por allá, los de los medios, los de la radio… de alguna manera la generación después de la nuestra llega a un terreno un poquito más simpático.

Denisse Malebrán recuerda que hace unas semanas se juntó con la cantante Nicole, a quien considera su compañera de ruta, y su hija que tiene 13.

—Ella me preguntaba cosas. Mira, le dije, si nosotras no hubiésemos sido buenas en lo que hacemos, jamás nos hubiesen pescado. Hace 30 años, si no eras bueno no podías hacer una carrera. No había nada en tecnología. Tenías que saber cantar y cantar bien. Hoy alguien que no canta nada perfectamente puede ser la estrella más popular del mundo. Y da lo mismo. A la gente no le importa. Por eso, que hoy nos reconozcamos entre nosotras tiene un valor doble.

—¿Siente que se hace justicia a lo que ustedes pavimentaron?

—Me queda la sensación de que los jóvenes, incluso los periodistas, hablan de la nueva generación del pop chileno como si hubiera partido con los artistas que vinieron después del 2000. El problema es que hacia atrás pareciera que no hubiera existido ni Saiko, ni Los Bunkers. Pero partió mucho antes, partió con Aparato Raro, partió con La Ley, partió con Los Prisioneros. Es como que un pedazo de la historia dejó de contarlo.

La cantante medita y luego agrega:

—Las mujeres hoy han tomado el control de la música chilena, pero a nosotras nos tocó abrir ese búnker a patadas. Creo que dejando de lado el fenómeno urbano, hoy las mujeres han sido las más atractivas en la última década musical chilena. No hay una figura que se compare con Mon Laferte. Siento que los hombres, en ese sentido, se quedaron en un sector un poco más parecido a lo que se hacía antes. Pero ellas son las que dan la novedad, las mujeres. La Fran Valenzuela, la Denisse Rosenthal, la Javiera Mena, que tienen un público impresionante.


—¿Qué le exige el público joven que no pedía el fan de los noventa?

—Hoy existe una cosa medio obsesiva de las nuevas generaciones de querer que sus estrellas estén, al menos, opinando igual con ellos. Dicen, por ejemplo: “Rosalía no dijo lo que yo quería, no se atrevió”. Yo me pregunto: “¿Por qué Rosalía va a tener que pensar como tú? ¿Qué es esa obsesión que tienen de que sus artistas tienen que ser como ustedes para poder admirarlos? Antes no existía esa presión. Es cierto que los Bunkers, los Saiko, hicieron la gira de Bachelet, pero nadie nos andaba persiguiendo para que lo hiciéramos.


—Tampoco existían las redes sociales que dan esa sensación de inmediatez.

—Siento que todos los cabros que han salido en los últimos años han conseguido un éxito demasiado rápido. Son cabros que están llenando un Movistar, o sea, nunca tocaron en un pub para hacerse conocer. A mí me parece impresionante. Y admirable en el tiempo. Los Jaivas se demoraron como 50 años en una situación como esta.


—¿Qué opina de la música urbana?

—Aunque al inicio la gente creía que era una moda, ya cautivó una audiencia completa a tal punto que es reconocida por la prensa especializada… Hubo un tiempo en que me preguntaba por qué era tan popular, ahora lo entiendo. Nosotros nos movemos en un espacio tan reducido, pero si cruzas más allá, te das cuenta de que estos cabros quieren tener un referente muy parecido a sí mismos, a sus aspiraciones… Veo el fenómeno parecido a lo que ocurre con los futbolistas. Tiene que ver con lo que representa el éxito de una persona que venía de la misma población y que lo logró con muy pocos recursos.

La premiación de Saiko en La Moneda no aplaca el espíritu crítico de su vocalista. Hace una semana José Antonio Kast fue elegido como nuevo Presidente de Chile, y la actriz está convencida de que esta transición será difícil para el mundo de las artes y la cultura.


—Son muchos los que han cuestionado al Ministerio de Cultura.

—Creo que había muchas esperanzas con que se hubiera hecho más cosas, pero siendo realista creo que era muy difícil que eso ocurriera. Era muy poco tiempo, porque los períodos presidenciales son cortos, para haber hecho todos los cambios que el mundo de la cultura quería. Por eso hubo tanta desazón, gente que se sentía triste, desilusionada. Creo que hay cosas que efectivamente no aportan. Pero no solamente están alojados en los presupuestos del Ministerio de Cultura. Hay cosas que a mi parecer se hicieron como una mala costumbre.


—¿Como qué?

—Hay como fiebre de ferias a la que van muchos artistas, pero mi pegunta es: ¿qué pasa, con qué fueron?, ¿los trabajaron después?, ¿le empezó a ir bien a ese artista que fue a esa feria en España, México, Colombia, donde sea? No veo un trabajo de seguimiento y tiene que haberlo para poder después ver el fruto del Estado que invirtió.


—Saiko ganó este año un fondo para financiar una gira por los teatros de Chile.

—Por primera vez en 30 años de carrera postulé a un fondo que gané para montar la gira de Arica a Punta Arenas, pero antes nunca me lo gané y no me lo tomé como personal. Ahora cuando gané un fondo para ir a regiones, lo agradezco porque el propósito es que la gente de Punta Arenas o Arica pueda ver el mismo show que en Santiago. Montarlo acá sale uno, pero llevarlo allá sale 200 por los pasajes y el equipo. El Estado debe ayudar a que la cultura llegue a todas las comunas y regiones, no solo a los mismos de siempre.


—Muchas figuras del arte nacional que son reconocidas, ahora critican la falta de apoyo en la vejez.

—Es súper triste envejecer en un país como Chile para cualquier persona. Mi padre era policía y trabaja de conserje, de guardia, porque no le alcanza la plata. Todos conocemos a alguien que es viejo y no le da la pensión. Entonces debe ser difícil para ciertos artistas, no haber cachado hasta que estuvieron esta edad que les ocurriría esto. Quizás pensaron que el país les daría un trato distinto, pero a todos los adultos mayores les pasa lo mismo. Yo creo que es indigno. No deberían estar trabajando.


—Pero hay casos de artistas que terminan en la miseria.

—Por ejemplo, a Zalo Reyes, que para mí fue y sigue siendo una las figuras más importantes de la música popular, nunca le dieron este premio a pesar de haber contado con el cariño del pueblo, pero no necesariamente con la aprobación de quienes son los que dicen este es bueno y este no. Me acuerdo que costó un mundo que a la Cecilia le dieran el premio. Y para qué decir con Valentín Trujillo, imagínate la cantidad de años que lo postulábamos para que se ganara el Premio Nacional de Arte, de música. Evidentemente la gente de la academia no se lo quería dar a él porque era popular.

Denisse Malebrán retoma la reflexión sobre la vejez de los artistas:

—Les pasa a los actores, les pasa a los músicos. Somos muy pocos los que podemos vivir de esto, muy pocos los que no necesitamos hacer otro trabajo, muy pocos los que llegamos con ahorro. Uno tiene que tener claro que va a llegar un momento en que no se puede producir como a los 50 años. Yo digo, a los 70 no voy a tener ganas de tocar como ahora. Yo me siento afortunada de poder dedicarme a la música porque tengo un público que me lo permite. Ese es el verdadero sustento que nos permitirá jubilarnos, porque ellos nos seguirán apañando los próximos 20 años. Hoy en La Moneda fue importante, pero mi realidad sigue siendo la de una trabajadora. Siento que no me deben nada.



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