lunes, octubre 12, 2015

Un canto en movimiento: “No nos moverán” en Estados Unidos, España y Chile en los siglos XIX y XX [*]




Por David Spener[**]

RESUMEN:

En este trabajo se presentan los resultados de un estudio que examina la historia de la canción “No nos moverán” y su canto en diversos contextos culturales y sociopolíticos durante el transcurso de dos siglos. Esta canción tiene su origen en las prácticas religiosas de los esclavos africanos en Estados Unidos del siglo XIX. En el siglo XX fue adoptada como himno por los movimientos sindicales y de derechos civiles estadounidenses. Posteriormente llegó a España, donde cumplió un papel en la resistencia al régimen franquista, antes de ser cantada en Chile para defender el proyecto socialista de Salvador Allende. Se emplean varios conceptos teóricos en el análisis, entre ellos la transculturación, el cosmopolitismo y el capital transcultural.

Introducción

En este trabajo se presentan los hallazgos de un estudio sociocultural sobre la historia de “No nos moverán”, una canción de origen religioso que prestó servicio militante en una variedad de movimientos sociales en varios países anglo e hispanoparlantes en los siglos XIX y XX[1]. Aquí se describe cómo la canción ha servido a los participantes de estos movimientos como un importante recurso expresivo y afectivo, que se ha difundido por medio de redes sociales que articulan diversos activistas de izquierda allende fronteras raciales, nacionales, culturales y lingüísticas. Con este objetivo, se utilizaron algunos conceptos teóricos tomados de la antropología cultural y de la sociología, para interpretar los significados que ha cobrado la canción en diferentes momentos de su historia. Entre ellos están la transculturación, el cosmopolitismo y el capital transcultural. Se utilizan para explicar cómo y por qué la canción que originalmente llevaba el título I Shall Not Be Moved —muchas veces traducida como “No vacilaré”, “No seré conmovido” o “No resbalaré” en las biblias publicadas en castellano; literalmente “No me moverán”—, basada en la salmodia bíblica judeocristiana, fue apropiada por diversos movimientos por la justicia social y cantada en tres idiomas diferentes (inglés, catalán y castellano), con letras que se iban cambiando constantemente de acuerdo con las circunstancias específicas en las que se encontraban los grupos que la cantaban.

En este artículo se comienza el relato de la canción al final de su cronología, en el Chile socialista de Salvador Allende, en el momento tal vez más dramático e insólito de su historia. Luego se vuelve a los orígenes de la canción en el sur esclavista de Estados Unidos a principios del siglo XIX, donde nace de un movimiento extático religioso llamado The Second Great Awakening (El segundo gran despertar). Partiendo de ahí, se describe su paso por los movimientos sindicales y de derechos civiles en Estados Unidos y su subsiguiente salto por el Atlántico a España, cuando los jóvenes opositores a la dictadura franquista la adaptaron en su lucha contra el régimen en los sesenta, antes de hacerla llegar a sus pares chilenos a fines de aquella década tumultuosa.

1. La historia de I Shall Not Be Moved y cómo llegó a Chile

El presidente de Chile Salvador Allende fue derrocado por un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. Radio Magallanes, la última emisora leal a su proyecto socialista que aún estaba en el aire, emitió su discurso final a la nación. Justo después, transmitió un tema emblemático de la nueva canción chilena, género íntimamente asociado con la causa de la izquierda chilena, que en los meses anteriores había servido de bandera de lucha frente al peligro de una insurrección militar, cuya letra decía: “Ni con un golpe de Estado ¡no nos moverán! Que el que no crea que haga la prueba, ¡no nos moverán!”[2]. Lo irónico de la selección de este tema, teniendo en cuenta el hecho de que el golpe de Estado gozaba del apoyo material del gobierno estadounidense, es que este tema —“No nos moverán”, del conjunto porteño Tiemponuevo— tenía su origen en territorio yanqui y sólo había llegado a Chile pocos años antes. Aquí se ofrece una discusión teórica de cómo y por qué esta canción ha cobrado importancia en los movimientos por la justicia social en tres países: Estados Unidos, España y Chile.

I Shall Not Be Moved es una tradicional canción religiosa de Estados Unidos cuyo autor y origen preciso son desconocidos. Su letra se deriva de uno o varios salmos bíblicos, y lo más probable es que naciera a principios del siglo XIX en una de las llamadas Camp meetings (reuniones de campo), que tenían lugar en las áreas rurales del sureste del país como parte del movimiento evangélico protestante Second Great Awakening. Estas reuniones consistían en bulliciosas expresiones colectivas del fervor religioso, en las que participaron tanto los artesanos blancos rurales como los esclavos negros. Estos últimos se destacaron por su canto extático, caracterizado por su alegría, fuerza, antifonía, tono mayor y cadencia rítmica[3]. Fue de estas circunstancias que emergió una variante de la canción Spiritual de los esclavos afroestadounidenses conocida como Jubilee Songs (canciones de júbilo)[4], cuyas características las cumple perfectamente I Shall Not Be Moved. Luego, la canción se difundió ampliamente en las iglesias protestantes evangélicas, tanto las blancas como las negras, en todo el sureste de Estados Unidos, a tal grado que para fines del siglo XIX se había convertido en una especie de estándar en la himnodia de estas congregaciones: Glory hallelujah, I shall not be moved, just like a tree planted by the water, I shall not be moved.

Sin embargo, fue durante la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX que este himno religioso se integró al repertorio de canciones del movimiento sindical estadounidense, primero entre los mineros del carbón en Virginia Occidental, los sharecroppers (inquilinos) en los campos de algodón y los obreros en las fábricas textiles en los estados sureños, y hacia fines de la década, en los sindicatos del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO), en especial en la industria automovilística en los estados del norte del país[5]. En sus muchas batallas contra terratenientes, dueños de fábricas y grandes corporaciones durante estos años de álgidos conflictos laborales, los sindicalistas sureños aprovecharon la simplicidad, la alegría, el ritmo y la estructura antifonal de la canción en su versión original religiosa, que era conocida por casi todos sus miembros, coreándola en sus huelgas, boicots y mítines con nuevas letras más aptas para sus objetivos sociales. Si en las iglesias se cantaba en primera persona singular sobre la salvación religiosa “Jesus is my savior, I shall not be moved”, ahora los sindicalistas cantaban “The union is behind us, we shall not be moved” —el sindicato nos respalda y no nos moverán— en sus enfrentamientos con los policías y los guardias contratados por las empresas para reprimirlos. La difusión de We Shall Not Be Moved entre los sindicatos del CIO no fue espontánea, sino fomentada por varias organizaciones no gubernamentales dedicadas a la capacitación de sindicalistas, de las que se destacaron la Brookwood Labor College, en el estado de Nueva York, y el Highlander Folk School, en Tennessee[6].

A principios de los años cuarenta del siglo pasado, en Nueva York un grupo de jóvenes músicos folcloristas —que militaba en el Partido Comunista y se llamaba The Almanac Singers (Los Almanaques), cuyos integrantes incluían a Pete Seeger, Lee Hays y Woody Guthrie— grabó una versión sindical de We Shall Not Be Moved en un LP titulado Talkin’ Union, acompañándose con banjo y guitarra, que popularizó la canción entre los activistas y bohemios de izquierda que se concentraban en aquella metrópoli. El Partido también incluyó el tema en varios cancioneros que publicó para sus militantes, y en uno de ellos apareció una versión con el verso “Lenin is our leader” (Lenin es nuestro líder)[7]. Así, la canción llegó a formar parte de un repertorio de canciones folclóricas “politizadas” que eran coreadas en los mítines y eventos culturales de la izquierda urbana durante los cuarenta, hasta que este tipo de reuniones abiertas fueron suprimidas por la ola de represión anticomunista conocida como “macartismo”. Al mismo tiempo, se debe tener en cuenta que los comunistas y los sindicalistas del CIO eran a veces los mismos, y que canciones sindicales como We Shall Not Be Moved siguieron cantándose entre los miembros de los sindicatos en los años cincuenta, aunque evidentemente sin los versos dedicados a Lenin y otros personajes y a causas veneradas por el comunismo internacional. También se debe reconocer que algunas de estas canciones fueron apropiadas luego por una nueva generación de jóvenes músicos folcloristas, que las habían aprendido de algunos de los cantantes de la llamada “vieja izquierda” como Pete Seeger y Lee Hays, quienes habían sido integrantes de los Almanac Singers.

Fue uno de estos folcloristas de la nueva generación, Guy Carawan, quien, a principios de los años sesenta, desempeñó un papel imprescindible en la adopción de las spirituals de los esclavos por parte de un incipiente movimiento por los derechos civiles de los afroestadounidenses. Carawan llegó a trabajar en la Highlander School como músico y educador hacia finales de los años cincuenta, época en la que esta organización había empezado a capacitar a los activistas negros en las técnicas de los movimientos sociales. Carawan fue uno de los primeros en darse cuenta del potencial de las spirituals (canciones espirituales) para animar y aglutinar a un cuadro de activistas en pro de los derechos civiles frente a situaciones de extrema adversidad, de la misma manera que algunas de estas canciones lo habían hecho en las luchas sindicales de los años treinta y cuarenta. Carawan les enseñó estas canciones y también las técnicas para adaptarlas a nuevas circunstancias a los miembros del Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC), quienes a su vez las pusieron en práctica en sus marchas, sit-ins (sentadas), ocupaciones y encarcelamientos, en contra de las leyes segregacionistas del sur del país[8]. Casi todos los jóvenes líderes de SNCC cantaron spirituals en sus prácticas de organización social y acción directa, y la agrupación también formó un cuarteto “profesional” llamado los Freedom Singers (Cantantes por la Libertad), que se dedicó a cantar en las grandes manifestaciones y en los conciertos que SNCC organizó en el norte del país para recaudar fondos que financiaran sus campañas antisegregacionistas en el sur. De esta manera, canciones como We Shall Not Be Moved llegaron a ser la banda sonora del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, en especial porque en la nueva era de la televisión las imágenes de fuerzas policíacas que reprimían brutalmente a pacíficos manifestantes negros eran transmitidas casi al instante a los hogares de todo el país.

We Shall Not Be Moved pasó al mundo hispanoparlante por varios caminos, independientes unos de otros. La primera vez fue en 1938, en San Antonio (Texas), donde miles de mujeres y niños mexicanos que trabajaban quitándole la cáscara a la nuez de pecán dejaron sus puestos de trabajo y, bajo el liderazgo de una joven llamada Emma Tenayuca, anunciaron una huelga en contra de la empresa nuecera que los empleaba en condiciones infrahumanas por un sueldo miserable. La huelga fue fuertemente reprimida por las fuerzas policíacas de la ciudad, liderada por el alguacil Kilday, y cientos de huelguistas fueron arbitrariamente detenidos y encarcelados[9]. Una noche, en la cárcel de San Antonio dos sindicalistas del CIO enseñaron unos himnos del movimiento laboral a sus compañeros detenidos para animarlos y distraerlos de las pésimas condiciones de hacinamiento que padecían. Una de las canciones que escogieron fue We Shall Not Be Moved, que espontáneamente tradujeron al castellano para que sus compañeros mexicanos de celda pudieran entender las letras que coreaban. Esta primera adaptación al castellano fue única y efímera, pues no se volvió a cantar de la misma manera después de aquella noche. Años después, uno de los dos sindicalistas del CIO relató que esta adaptación incluía la letra “como un peñón que resiste el viento” y un verso que decía “Kilday está loco”, y que sentía remordimiento por nunca haber escrito esta adaptación al castellano para luego compartirla con otros sindicalistas y obreros[10].

Si la primera versión de We Shall Not Be Moved en castellano se escuchó una sola noche en la cárcel de San Antonio, el segundo intento de promocionarla en la población hispana en los años sesenta, realizado por dos jóvenes activistas del movimiento por los derechos de los labradores agrícolas mexicanos en Estados Unidos, liderado por César Chávez, sí prosperó. Estos dos jóvenes, Agustín Lira y Luis Valdez, fundaron juntos una compañía de actores y cantantes (Teatro Campesino), que constituyó un importante frente cultural para el movimiento de los United Farm Workers (UFW). Una de las tareas que estos dos jóvenes emprendieron durante la primera gran huelga contra los dueños de las plantaciones de hortalizas en el fértil Valle de San Joaquín, a petición explícita de Chávez, fue traducir del inglés al castellano algunas canciones del movimiento laboral. Los dos ya estaban familiarizados con el uso de algunas de estas canciones en el movimiento afroestadounidense de derechos civiles, y una de las primeras canciones que tradujeron fue We Shall Not Be Moved: “No, no, no, no nos moverán, como un árbol firme junto al río, no nos moverán”. A diferencia del movimiento de derechos civiles de los negros, donde la otra canción espiritual —We Shall Overcome— se convirtió en el himno cuasi oficial del movimiento, “No nos moverán” llegó a ser la más reconocida del movimiento del UFW y, posteriormente, en el llamado Movimiento Chicano, que abogaba por los derechos humanos de los mexicano-estadounidenses. Se cantó en numerosas manifestaciones, picket lines (piquetes), boicots, peregrinaciones, y hasta en cortejos fúnebres asociados con los movimientos del UFW y de los chicanos, que a fin de cuentas constituyeron dos alas del mismo pájaro.

De los países hispanoparlantes, España —además de Estados Unidos— es el país donde “No nos moverán” sigue estando más vigente como canción de protesta y solidaridad. En el reciente movimiento de los “indignados” que ocuparon la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011, por ejemplo, la consigna más coreada por las multitudes congregadas ahí fue “no nos moverán”[11]. Parecería lógico pensar que la canción llegara a España a través de la versión en castellano creada por Lira y Valdez y popularizada en Estados Unidos por Joan Baez, pero no es el caso. En realidad, We Shall Not Be Moved fue introducida a España a mediados de los sesenta por un joven catalán (Xesco Boix), quien la había aprendido durante un año de estudios en Estados Unidos, donde fue testigo de la efervescencia de varios movimientos sociales —de los derechos civiles, los llamados jipis, y en contra de la guerra en Vietnam—, y se empapó de la música de protesta de raíz folclórica ejemplificada por Pete Seeger, que conoció y con quien entabló una amistad, y cuyo instrumento —el banjo de cinco cuerdas— aprendió a tocar. Al regresar a Barcelona, Boix se incorporó al movimiento estudiantil catalán que reclamaba el fin de la dictadura franquista.

Además, se dedicó a la música, y con unos compañeros formó el Grup de Folk, que se dedicó a cantar temas contestatarios. Mientras que otros conjuntos y cantantes catalanes de la misma época que se oponían al franquismo se inspiraron en el canto “de conciencia” de cantautores de Francia como Georges Brassens y Jacques Brel, los integrantes de Grup de Folk adaptaron el estilo folclórico de América del Norte al contexto de los enfrentamientos que los catalanes sostenían con las fuerzas de la dictadura en los sesenta. Así, en 1967 Xesco Boix “estrena No serem moguts en plena manifestación de estudiantes contra la dictadura en medio de la Avenida ‘Gran Vía’ de Barcelona sentado en el suelo con la guitarra y cantando con un grupo de estudiantes en medio de una carga de la policía franquista”[12].

Poco después de que Xesco Boix y sus compañeros en Cataluña formaran el Grup de Folk, un grupo de jóvenes músicos y cantantes opositores de la dictadura formaron en Madrid un colectivo que se llamó “Canción del Pueblo”. Los integrantes de este colectivo, algunos de los cuales posteriormente tendrían cierto perfil nacional como cantautores (Hilario Camacho, Adolfo Celdrán, Elisa Serna), también tomaron como ejemplo a seguir la música contestataria norteamericana de la época. Por lo mismo, en 1967 titularon su primer recital público Folk Song (música popular). Como es de suponerse, algunos de los cantantes y músicos de Canción del Pueblo llegaron a tener contacto con sus pares catalanes, y fue así que hacia fines de 1967 el joven madrileño Ignacio Fernández Toca aprendió la canción “No serem moguts” directamente de Xesco Boix, en un encuentro sociomusical en Barcelona. La tradujo textualmente al castellano, y a su regreso a Madrid se las enseñó a sus compañeros musicales de Canción del Pueblo[13]. Es por esta razón que el refrán que se canta en castellano en España dice “igual que el pino junto a la ribera”, y no “como un árbol firme junto al río”, pues se toma esta letra directamente de la catalana que le puso Boix, “igual que el pi aprop de la ribera”.

La canción “No nos moverán” se popularizó en los círculos universitarios en Madrid, dándose a conocer en recitales y en manifestaciones contra el régimen. En 1968, Fernández Toca grabó un sencillo de la canción para el sello Edumsa, “empresa” fundada por unos universitarios que juntaron sus pesetas para grabar canciones que sus compañeros tocaban. Nunca circularon más de mil ejemplares del disco, y éstos no contribuyeron mucho a la difusión de “No nos moverán” en España, que se debió al hecho de que la canción fue adoptada por los estudiantes universitarios en sus manifestaciones en contra de la dictadura. Según Antonio Gómez, otro integrante de Canción del Pueblo, “fue básicamente un himno universitario porque los universitarios eran los únicos que estaban en mayor disposición porque trabajan todos juntos en la misma área de la universidad y se veían todos los días y tenían mucho tiempo libre. Y lógicamente era en donde era más fácil hacer manifestaciones espontáneas y permanentes”[14].

Aunque el sencillo de Fernández Toca no cobró ninguna importancia comercial en España y tampoco contribuyó mucho a la difusión de “No nos moverán” en el país, resulta ser el “eslabón perdido” en la cadena que conectaba a los activistas y artistas de izquierda en varios continentes y culturas. Si Fernández Toca no hubiera grabado el tema, es poco probable que éste hubiera llegado a cantarse y a cobrar importancia en Chile durante los años de la Unidad Popular. Roberto Rivera Noriega, fundador del conjunto Tiemponuevo, explica cómo, hacia finales de la campaña de Allende por la Presidencia en 1970, un integrante del conjunto “llegó con una grabación casi casera de activistas españoles que cantaban para las acciones de protestas del movimiento obrero, hacia la dictadura franquista y me llama la atención hacia el tema ‘No nos moverán’ como una posibilidad para nosotros”. Sánchez había obtenido la grabación de parte de un joven chileno, hijo de españoles exiliados que vivían en Valparaíso. Según Rivera Noriega, la circulación de este tipo de grabaciones en los círculos de músicos de izquierda era bastante común en Chile en aquella época, y así habían aprendido canciones de otros cantautores latinoamericanos que posteriormente grabaron en sus propios discos, como el venezolano Alí Primera. Los integrantes de Tiemponuevo sintieron la libertad de cambiar tanto las estrofas como el estribillo de la canción para adaptarla al contexto sociopolítico de Chile, cambiando “igual que un pino junto a la ribera” por “que el que no crea que haga la prueba” e inventando versos como “construyendo el socialismo” y “ni con un golpe de Estado”[15].

2. Una reflexión sobre lo transcultural en la historia de “No nos moverán”

“No nos moverán” es una canción que ha transcendido muchas fronteras tanto culturales, lingüísticas y raciales como políticas y nacionales. Aunque cualquier canción, al cantarse, adquiere una dimensión física y material, las canciones son por excelencia expresiones simbólicas que comunican ideas, sentimientos y afectos en la dimensión cultural de la existencia humana; es así como van creando y reforzando identidades y lazos solidarios dentro de los grupos sociales, a la vez que los distinguen de otros grupos cuyo canto es diferente. En este apartado, se explora cómo y hasta qué punto un enfoque transcultural puede contribuir a la comprensión adecuada de las diferentes etapas en la historia de esta canción itinerante.

2.1 Teorización de lo transcultural

Como cualquier concepto académico, el de lo transcultural y sus derivados han sido elaborados y empleados de distintas maneras por diversos autores. Sin lugar a dudas, la perspectiva dominante en la literatura social científica y humanística sobre lo transcultural es la que está asociada con el proceso de transculturación, neologismo inventado por Fernando Ortiz a mediados del siglo pasado para ayudar en la interpretación de la historia y sociedad cubanas, caracterizadas por su mezcla de lo europeo, lo africano y lo indígena caribeño. Ortiz lo propuso como una alternativa al concepto de aculturación, cuyo uso en la literatura antropológica de aquel momento estaba en auge y que adolecía del sesgo de sobreenfatizar el movimiento unidireccional de los miembros de una cultura hacia otra, conllevando el abandono de sus prácticas culturales en su lugar de origen y su subsecuente integración desculturalizada a la sociedad receptora. En Cuba y en el resto de América, observó Ortiz, abundaban las evidencias de que el contacto entre europeos, africanos e indígenas no se trataba de que un grupo llegara a asemejarse culturalmente a otro, sino que se influyeran y transformaran mutuamente, aun cuando un grupo dominara al otro. Aseveró que “en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación, y este vocablo comprende todas las fases de su parábola”[16].

Para Ortiz y los analistas que siguieron sus pasos, la transculturación es un proceso dinámico que nunca termina de una vez por todas, sino que es un “proceso en el que los individuos y las sociedades integran diversos modos de vivir para formar un nuevo y dinámico todo” en el que “las interacciones subsecuentes y las vidas transculturales volverán a cambiar esta nueva —y transitoria— cultura”[17]. De especial interés para esta consideración de la historia de “No nos moverán”, Diana Taylor recuerda que los procesos de transculturación siempre tienen una dimensión política que ejemplifica cuestiones de poder y resistencia. Esto llama la atención sobre el hecho de que cuando los miembros de una cultura se enfrentan con los miembros de otra, éstos se vuelven conscientes de sus diferencias con “los otros”, para luego apropiarse y hacer uso diferencial de los variados símbolos a su alcance para contribuir a su propio empoderamiento como pueblo[18].

Con esta observación, Taylor resalta que los conocimientos obtenidos por los individuos y las comunidades subalternos en sus interacciones con otras culturas pueden servir como un recurso poderoso —llámese capital, en el sentido que Pierre Bourdieu le dio al término— en sus luchas por defender e imponer sus intereses en el ámbito sociopolítico[19]. Esto remite al trabajo de Triandafyllidou, quien habla del capital transcultural, que consiste en “el uso estratégico de los conocimientos, destrezas y redes adquiridos por migrantes a través de los nexos con sus países y culturas de origen, los cuales se activan en sus nuevos lugares de residencia”[20]. Aunque esta autora trata el caso de inmigrantes africanos en Europa, y no el de militantes de izquierda en diversos países, aquí se propone extender su definición de la siguiente manera: el concepto capital transcultural también puede referirse al uso estratégico de conocimientos, destrezas y redes que los individuos adquieren a través de sus nexos con otros países y culturas, los cuales se activan en sus países y culturas de origen.

2.2 Los aportes y las limitaciones de la perspectiva transcultural

Aunque es evidente que la evolución del tema I Shall Not Be Moved a “No nos moverán” exhibe fuertes rasgos del proceso de transculturación descrito por Ortiz en algunos momentos liminares de su historia, estos rasgos no han sido vistos con la misma intensidad en todas las etapas de su evolución. En este apartado, se revisarán algunos momentos en su evolución, reflexionando sobre cuánto una perspectiva transcultural ayuda a comprender cómo y por qué el tema ha cobrado importancia en tantos lugares y movimientos diferentes. Al revisar estos momentos de su historia, se tratará de matizar la comprensión no sólo de cómo el canto es empleado en los movimientos por la justicia social, sino también cómo se debe conceptualizar los procesos transculturales en su relación con la música y tales movimientos a nivel mundial.

Es en el origen de I Shall Not Be Moved en las reuniones de campo del Segundo Gran Despertar donde tal vez más se puede apreciar la canción como fruto del proceso de transculturación. Aquí se ve directamente cómo la colisión entre las culturas del África Occidental y de los angloprotestantes europeos dio un fruto bello e inesperado —la spiritual de los esclavos africanos conversos—. Según Jones, las spirituals emergieron como “una mezcla creativa de las tradiciones africanas y el cristianismo, que creó una nueva religión transformada, diferente tanto en forma como en substancia de la religión del esclavista”[21]. Este nuevo género de canto conservó algunos de sus rasgos expresivos y estructurales africanos, y a la vez comunicó una interpretación libertaria del evangelio que los protestantes inculcaron en sus esclavos africanos, llegando a servir de un importante recurso simbólico y comunicativo en la resistencia de los esclavos a su opresión y persecución. El legado musical africano que los esclavos conservaron en el Nuevo Mundo consistía en elementos tales como la integración del canto en la vida cotidiana como una actividad grupal[22]; coros repetitivos con un cantante “líder”; una estructura de llamada/respuesta (antifonía) en la que la repetición constante de la respuesta anima a que todos participen[23], y un fuerte ritmo, muchas veces con síncope[24]. La simplicidad de las canciones que se originaron en las camp meetings no sólo tenía que ver con las influencias africanas sino también con las condiciones físicas de dichos encuentros, que muchas veces tenían lugar de noche, a la luz de antorchas y con participantes en su mayoría analfabetos. O sea, en estas circunstancias, la simplicidad lírica y melódica, la repetición de los coros y los pegajosos ritmos facilitaban el rápido aprendizaje, memorización y difusión de las canciones que musicalizaban estos encuentros de exaltación religiosa.

Las características africanas de las spirituals de júbilo descritas arriba y su emergencia del crisol de las reuniones de campo han tenido un papel imprescindible en la adopción de I Shall Not Be Moved en todos los contextos sociales, políticos y lingüísticos bajo consideración en este artículo. En este sentido, la transculturación entre lo africano y lo angloprotestante europeo de la que nació la canción se ha sostenido en todas las etapas posteriores de su evolución, incluidas la catalana, la castellana y la chilena. Lee Hays, un activista del movimiento para sindicalizar a los sharecroppers (inquilinos) en los campos de algodón en Arkansas en los años treinta del siglo pasado, y quien posteriormente llevó consigo We Shall Not Be Moved a Nueva York, donde se las enseñó a sus compañeros de los Almanac Singers, fue una de las primeras personas en ver el potencial de este tipo de canciones como arma en las luchas sindicales. Estas luchas también contenían, además de su elemento didáctico y confrontacional, una profunda dimensión espiritual que se nutría del canto colectivo. La adopción de I Shall Not Be Moved por el movimiento sindical en Estados Unidos fue bastante natural, pues era una canción ya conocida por muchos trabajadores blancos y negros en el sur del país, y sólo faltaba cambiarle el “I” por el “We” y sustituir nuevas frases relacionadas con las luchas laborales, para que perfectamente pudiera ser usada como “himno” sindical adaptable a cualquier conflicto con empresarios o corporaciones. Aquí se podría decir que la transculturación no tuvo un papel demasiado significativo en la transferencia de la canción del ámbito religioso al ámbito laboral.

Curiosamente, en el momento en que los activistas del movimiento de los derechos civiles de los afroestadounidenses volvieron a apropiarse del tema I Shall Not Be Moved, se observa un mayor nivel de negociación transcultural que cuando el movimiento laboral aprovechó la canción para sus propios propósitos de lucha. Para entender el porqué de esto, se debe tener en cuenta que en las spirituals de los afroestadounidenses la palabra “I” solía referirse no tanto al individuo sino al colectivo afroestadounidense. De tal manera, la resistencia que oponía este “yo” frente a la opresión racial representaba, no el compromiso de un solo individuo que anhelara su liberación, sino al pueblo afroestadounidense en su totalidad. No obstante, cuando los activistas afroestadounidenses volvieron a aprender I Shall Not Be Moved de unos activistas blancos veteranos del movimiento laboral, tuvieron que ser persuadidos por estos blancos de que era necesario cambiar el “yo” por un “nosotros”, para enfatizar que ésta era una lucha colectiva, y no individual, esto según Bernice Johnson Reagon, conocida experta sobre el canto afroestadounidense y exintegrante de los Freedom Singers[25].

Se podría pensar que la transculturación cumplió un papel más significativo en la adaptación interlingüe de We Shall Not Be Moved a “No nos moverán” que en el caso de su transferencia de las iglesias protestantes al movimiento laboral y del movimiento laboral de los blancos al movimiento de los derechos civiles de los negros, pues no es una tarea fácil traducir una canción de manera adecuada de una lengua a otra y de un estilo de canto a otro. Sin embargo, no hay muchas evidencias de que fuera así, al menos en las primeras dos veces en que la canción fue adaptada al castellano en Estados Unidos. En primer lugar, la canción tiene una estructura, una melodía y una letra sumamente sencillas y flexibles. Segundo, el mensaje comunicado por la canción también es sencillo y transferible a innumerables situaciones de lucha social. Y tercero, los que tradujeron la canción en Estados Unidos, tanto en la cárcel de San Antonio (Texas) en los treinta como en el Valle de San Joaquín (California) en los sesenta, fueron sindicalistas que tomaron la decisión de traducir lo que ya era para ellos un himno laboral y aprovecharlo en otras luchas sindicales en su mismo país. Habría implicado un mayor esfuerzo transcultural si, por ejemplo, Lira y Valdez hubieran buscado transformar una canción religiosa que surgiera del mismo salmo que I Shall Not Be Moved, muy posiblemente la letra diría “Yo no vacilaré” o “No resbalaré”, tal como aparece muchas veces en las biblias cristianas publicadas en castellano. Además, la tradición religiosa angloprotestante distaba mucho de la hispana-católica practicada por la mayoría de los mexicano-estadounidenses. Lira y Valdez, en realidad, no enfrentaron un reto tan grande, pues no tenían como propósito adaptar una canción bíblica a su lengua, sino una canción de lucha laboral. En este sentido, la tarea de adaptación de “No serem moguts” a “No nos moverán” en España fue similar: se trataba de la traducción textual de una lengua a otra dentro de un mismo país y entre dos alas de un mismo movimiento cuyos participantes en su mayoría eran estudiantes jóvenes, que también contaban con este elemento cultural generacional en común.

El caso de la apropiación de We Shall Not Be Moved por parte del joven catalán Xesco Boix se puede considerar un punto intermedio entre los dos polos de lo transcultural que se han contemplado hasta aquí. Por una parte, “No serem moguts” es definitivamente un fruto del contacto que Boix tuvo con una cultura muy diferente a la suya durante su estancia en Estados Unidos, no sólo en el aspecto lingüístico, sino también en los aspectos políticos y musicales, representados más notoriamente tal vez por su uso distintivo del banjo de cinco cuerdas, instrumento nunca antes visto en la música catalana y emblema de su ídolo Pete Seeger, quien para él representaba la música de conciencia social y una actitud coherente que faltaba en su país[26]. Cabe mencionar que los jóvenes integrantes del colectivo madrileño Canción del Pueblo compartían con Boix actitudes similares sobre el canto de los norteamericanos del movimiento del “folk politizado” de los primeros años de los sesenta, y que algunos de ellos realizaron sus propias adaptaciones al castellano de temas que provenían de cantores como Seeger, Joan Baez y Bob Dylan. Adolfo Celdrán, por ejemplo, grabó sus propias versiones de otras dos canciones popularizadas por Seeger, Kumbayah y Little Boxes.

Por otra parte, se observa que la adopción de “No nos moverán” por Boix y, subsecuentemente, por los integrantes de Canción del Pueblo y el conjunto chileno Tiemponuevo tal vez no representa tanto la transculturación, sino la transmisión de ideas y formas de expresarlas musicalmente entre individuos y grupos que, aun antes de compartir entre sí un mismo objeto cultural, ya compartían ciertos valores, actitudes y proyectos políticos de izquierda, o sea, de justicia social. En este sentido, la apropiación de We Shall Not Be Moved para oponerse al régimen franquista o defender la Unidad Popular no requirió mucho más procesamiento transcultural que la tarea de traducción literal e invención de nuevas frases (sería mucho llamarlas “estrofas”) que emprendieron Lira y Valdez en California. Al mismo tiempo, se podría cuestionar si el proceso transcultural se exhibió de manera más fuerte en el caso de Boix que en el caso de la negociación entre los afroestadounidenses y los participantes blancos en el movimiento de derechos civiles, concerniente a la diferencia entre “no me moverán” y “no nos moverán”. Podría decirse, incluso, que la incorporación de We Shall Not Be Moved a contextos donde se canta en castellano sirve menos como un ejemplo de procesos de transculturación, y más como un ejemplo de cómo las características africanas y de las camp meetings que aún conserva la canción —simpleza, ritmo, repetición y antifonía— han facilitado su aplicación a nuevas situaciones en otros contextos culturales. O sea, el proceso transcultural más importante exhibido por la canción se dio antes de su adaptación interlingüe del inglés al catalán y al castellano.

3. Una cultura transnacional de izquierda en el siglo XX: globalización desde abajo

Los sociólogos definen la globalización como “los procesos a través de los cuales las vidas de todos los pueblos del planeta se vuelven cada vez más interconectadas en términos económicos, políticos, culturales y ecológicos, junto con la consciencia de tales interconexiones”[27]. En la prolífica literatura académica sobre la globalización, la mayor atención se ha prestado al proceso de la integración económica mundial “desde arriba”, como proyecto realizado por las élites políticas, económicas e intelectuales. A partir del comienzo del siglo XXI, sin embargo, se ha manifestado un creciente reconocimiento de los procesos de globalización desde abajo, iniciados por actores que no hacen parte de las élites. Entre otros fenómenos, la globalización desde abajo se ejemplifica con el auge de movimientos sociales antisistémicos con variados enfoques (ecologista, feminista, campesino, proletario) que coordinan sus estrategias y acciones atravesando las fronteras internacionales[28]. Como el lector ya debe apreciar, la historia de “I Shall Not Be Moved→No nos moverán” ejemplifica el proceso de la globalización desde abajo de una variedad de maneras a lo largo del siglo XX, mucho antes que se inventara este término académico.

En este artículo se hará énfasis en cómo el concepto de la globalización desde abajo ayuda a comprender los contactos e intercambios culturales entre los movimientos de izquierda en muchos países de Europa y América. Se quiere plantear aquí que distintos participantes de diversos movimientos sociales de izquierda de diversos países, al menos hasta cierto punto, pueden conceptualizarse como una especie de tribu transnacional, en la medida que comparten un conjunto de valores (cultura) y se comunican entre sí aprovechando unas infraestructuras sociales que canalizan su intercambio de ideas, información, valores y objetos culturales[29]. En otras palabras, a pesar de sus diferencias lingüísticas, los activistas que han tomado I Shall Not Be Moved y la han adaptado a sus propias circunstancias ya compartían una “cultura de izquierda” que facilitaba la integración de esta canción a sus propios movimientos nacionales y locales.

3.1 El internacionalismo de la izquierda marxista

La orientación profundamente internacionalista de los movimientos políticos de izquierda data de la publicación del Manifiesto comunista por Marx y Engels, en 1848. En el Manifiesto, hacen hincapié en que para ellos la lucha proletaria contra la burguesía era una lucha mundial en la que las batallas entre las clases dentro de los territorios nacionales no eran más que ejemplos específicos de una lucha de clases más generalizada dentro de un sistema capitalista mundial. Por esta razón, Marx y Engels hicieron declaraciones explícitamente antinacionalistas en el Manifiesto, aseverando que el pueblo trabajador no tenía un país que pudiera llamarse “propio”, y, por ende, necesitaba unirse atravesando las fronteras nacionales en su lucha conjunta contra la burguesía. No es trivial, por lo mismo, que declaren que “las clases dominantes” (plural) temblaban de miedo ante la revolución comunista y que cuando se acabara la explotación de un individuo por otro, también se pondría fin a la explotación de un país por otro[30].

No es accidental, entonces, que los movimientos comunistas en varios países en Europa se unieran en una serie de confederaciones llamadas “internacionales”, comenzando hacia fines del siglo XIX y continuando hasta mediados del XX[31]. La fundación de la Tercera Internacional, en marzo de 1919, fue acompañada de una explícita declaración de sus principios internacionalistas, antiimperialistas, antirracistas y multiculturalistas, que fue firmada por Lenin y Trotsky, entre otros reconocidos comunistas[32]. Como es bien sabido, algunos gobiernos estalinistas muchas veces no cumplieron estos principios sino que los violaron indiscriminadamente. Esto no quiere decir, sin embargo, que muchos militantes y simpatizantes comunistas en otras partes del mundo no creyeran en estos principios y no actuaran basados en ellos. De hecho, aun después de la caída de la Tercera Internacional, los gobiernos comunistas continuaron organizando congresos internacionales de sindicalistas, estudiantes, escritores, artistas y músicos que contaban con la participación de miles de individuos de muchos países del Tercer Mundo. Entre los participantes en este tipo de eventos estuvieron, por ejemplo, los aclamados cantautores chilenos Violeta Parra y Víctor Jara, en los años cincuenta, sesenta y setenta[33]. Cuba, desde luego, se convirtió en el anfitrión de este tipo de eventos para los latinoamericanos, a partir del triunfo de su revolución, en 1959.

3.2 El movimiento comunista

Sólo una pequeña proporción de todas las personas que han cantado We Shall Not Be Moved o “No nos moverán” en Estados Unidos, España o Chile militaba en un Partido Comunista. No obstante, los comunistas estuvieron presentes y muy activos en todos los movimientos que se han mencionado en este trabajo, a veces muy abiertamente, y otras veces de manera menos pública. Muchos participaron en las grandes campañas sindicales de los años treinta en Estados Unidos, por ejemplo, y otros excomunistas posteriormente lucharon en el movimiento de los derechos civiles de los afroestadounidenses. Pete Seeger, Lee Hays y Woody Guthrie, quienes participaron en la difusión de We Shall Not Be Moved, se hicieron militantes del Partido Comunista de Estados Unidos, y durante la represión del macartismo sufrieron por haberlo hecho. Aunque Xesco Boix nunca militó en ningún Partido Comunista, simpatizó y a veces colaboró con el Partido Socialista Unificado de Cataluña, de orientación marxista[34]. Algunos de los integrantes de Canción del Pueblo en Madrid, entre ellos Adolfo Celdrán y Elisa Serna, también fueron militantes del Partido Comunista de España o colaboraron en ocasiones con el partido en la resistencia a la dictadura franquista. Los integrantes de Tiemponuevo en Valparaíso fueron militantes del Partido Comunista Chileno y grabaron su adaptación de “No nos moverán” en Dicap, el sello de las Juventudes Comunistas de Chile. A ellos mismos, tras el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, en 1973, y la posterior instauración de la dictadura militar en el país, les fue otorgado asilo político por el gobierno comunista de la República Democrática Alemana.

Hay que tener presente que la izquierda chilena del siglo XX también fue internacionalista en su orientación ideológica. Un ejemplo de ello es cuando en los años treinta el gobierno popular de Pedro Aguirre Cerda recibió con los brazos abiertos a los refugiados republicanos de la Guerra Civil española, que el poeta Pablo Neruda logró rescatar y traer al país. Como militante del Partido Comunista de Chile, Neruda veneró a artistas e intelectuales de la izquierda de otros países y les colaboró activamente. En los años sesenta y setenta, militantes de la izquierda chilena conocían y apoyaban las luchas por la justicia social en curso fuera de su país, y no sólo en otras partes de América Latina. Así, por ejemplo, los universitarios chilenos de izquierda organizaron en 1967 una multitudinaria marcha de Valparaíso a Santiago en solidaridad con el pueblo de Vietnam en su lucha por expulsar a las tropas estadounidenses de su país[35]. Estos mismos activistas sabían de los movimientos de los negros en Estados Unidos y los apoyaban reclamando, por ejemplo, la libertad de Angela Davis, injustamente encarcelada por la autoridad estadounidense por supuestamente participar en el secuestro y asesinato de un juez federal[36].

3.3 La nueva canción chilena

El movimiento de la Nueva Canción Chilena emergió en Santiago a mediados de los sesenta, y se distinguió por su letra poética, el uso de instrumentos autóctonos de toda América Latina y un mensaje antiimperialista y de justicia social. Entre sus principales cantautores destacan los nombres de Violeta Parra, Víctor Jara, Rolando Alarcón y Patricio Manns, quienes promovieron una identidad y una voz latinoamericanas que activamente se opusieron a la dominación del continente por Estados Unidos, Europa y las élites criollas que se doblegaban ante estos poderes extranjeros[37]. Todos estos cantautores eran militantes del Partido Comunista de Chile, que siempre había atraído a sus filas a muchos artistas, músicos y escritores, incluido el premio Nobel Pablo Neruda. Todos ellos viajaban extensamente fuera de Chile, no sólo por América Latina sino también por Europa, incluida la asistencia a festivales y congresos culturales en los países socialistas. Los integrantes de los dos más destacados conjuntos del género —Quilapayún e Inti-Illimani— también eran militantes del partido, como lo eran, además, los integrantes de Tiemponuevo.

Esto no implica que las creaciones musicales de estos artistas fueran determinadas o controladas por el partido —aunque, como lo asevera Eduardo Carrasco, fundador de Quilapayún, el partido en realidad exhibió algunas tendencias bastante autoritarias en su organización interna—, sino que las simpatías y orientaciones ideológicas de estos artistas estaban alineadas con un movimiento que se veía, de manera significativa, como internacional, y no como una simple colección de movimientos nacionales individuales[38]. Partiendo de esta orientación, los compositores de la nueva canción escribían sobre las luchas, no solamente de otras partes de Latinoamérica, sino también de Vietnam, Angola y España. En su canción “Ayúdame, Valentina”, por ejemplo, Violeta Parra invocó el nombre de la famosa cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, quien en 1963 fue la primera mujer en viajar al espacio. Parra también hizo referencia en su canción “Qué dirá el Santo Padre” a la ejecución el mismo año del comunista español Julián Grimau por la dictadura franquista.

Los músicos de la nueva canción, además, adaptaron e interpretaron canciones de lucha, no sólo de otras partes de América Latina, sino también de países como España e Italia. Y aunque los creadores de la nueva canción tenían actitudes antiimperialistas hacia Estados Unidos, tanto en lo político como en lo cultural, esto no implicó que rechazaran cualquier expresión literaria o musical proveniente de aquel país. De hecho, al igual que sus contrapartes en España, los músicos de la nueva canción no titubeaban en traducir algunas canciones del inglés al castellano e integrarlas a sus repertorios. Así, se puede apreciar en el repertorio de Víctor Jara la canción “El martillo”, que fue su adaptación del tema If I Had a Hammer de Lee Hays y Pete Seeger, además de “Las casitas del barrio alto”, su versión de la canción Little Boxes de Malvina Reynolds. Rolando Alarcón, a su vez, tradujo al castellano Oh, Brother, Did You Weep (Hermano, llorarás), una canción que denunciaba la invasión yanqui en Vietnam, que fue escrita por Peggy Seeger, la media hermana de Pete, y su marido, el inglés Ewan MacColl.

No fue excepcional, entonces, que los integrantes de Tiemponuevo se enteraran del perfil de una canción como We Shall Not Be Moved en el movimiento libertario de los afroestadounidenses de la época y la consideraran más que apta para ser cantada en el contexto chileno. Al integrarla a su repertorio, ejemplificaron la apropiación serial de significados musicales a través de los grupos culturales discutida por Small, que consiste en que los miembros de un grupo asimilan seleccionados “pedacitos” de las prácticas musicales de otro grupo, dándoles un nuevo significado en un nuevo contexto[39]. Al mismo tiempo, si se puede conceptualizar a la izquierda “cantante” como una especie de tribu global que comparte algunos valores y orientaciones fundamentales en común, también se podría pensar en la trayectoria de I Shall Not Be Moved en los movimientos sociales a través del tiempo y el espacio como una ilustración de apropiaciones que en cierto sentido pueden conceptualizarse como intraculturales, en vez de interculturales, o sea que han sido facilitadas por afinidades valóricas subyacentes, en lugar de haber sido dificultadas por discrepancias culturales fundamentales.

3.4. La ciudadanía cosmopolita y las izquierdas internacionales

Sin querer “romantizar” la historia de las izquierdas en América y Europa en el siglo XX, que ha evidenciado variados conflictos internos y falta de congruencia con sus propios principios de justicia social, aquí se sugiere que, en sus mejores momentos, los luchadores sociales de izquierda han tendido a exhibir una visión cosmopolita de la sociedad y una apertura hacia la producción cultural de otros países, especialmente cuando ésta promueve ideales igualitarios. He aquí dos conceptos sociológicos entrelazados —el cosmopolitismo y la ciudadanía cosmopolita— que ayudan a interpretar este aspecto de la historia de “No nos moverán”. El teórico cultural Stuart Hall aseveró que el cosmopolitismo se refiere al proceso en el que los actores sociales “aprovechan las huellas y los residuos de muchos sistemas culturales, de muchos sistemas éticos [y representa] la capacidad de evitar que el guion de la vida de uno sea escrito por una sola comunidad, sea ésta una comunidad de fe, de tradición, de religión o de cultura”[40]. Además, según Beck, el cosmopolitismo implica el reconocimiento de que “las preocupaciones centrales humanas son problemas ‘mundiales’” que exigen la colaboración transnacional para atacarlos.

Más aún, sugiere que la resolución de los problemas que trascienden los Estados-nación individuales exige la creación de “partidos mundiales”, cuyas metas tienen una fundación cosmopolita, que apelan a “los valores y las tradiciones en toda cultura y religión”, y cuyos militantes “sientan una obligación hacia el planeta entero”[41]. Ignatieff, a su vez, asevera que mientras que cada intelectual o político cosmopolita “defiende los valores universales contra los nacionales”, es necesario distinguir entre los “cosmopolitas marxistas”, quienes “valoran la hermandad obrera o la hermandad de los pueblos colonizados y oprimidos contra las varias manifestaciones del nacionalismo reaccionario”, y los “cosmopolitas liberales”, quienes “proclaman su adherencia a los estándares universales humanos, en vez de las tradiciones culturales nacionales”[42].

De acuerdo con algunas o todas las explicaciones ofrecidas por estos autores sobre cómo se debe entender el cosmopolitismo, la ciudadanía cosmopolita se refiere a una especie de ciudadanía que no sólo comunica al individuo con su propia cultura nacional, sino con todas las culturas en todos los niveles de la sociedad, desde su barrio y su región dentro del país hasta otras regiones de su continente y comunidades de ultramar[43]. En otras palabras, la ciudadanía cosmopolita se refiere a situaciones donde la gente llega a comprenderse a sí misma como ciudadanos de un mundo compuesto de pueblos y culturas interconectados. Turino parece haber estado pensando en algo similar cuando habló de los cosmopolitas como pertenecientes a una formación cultural trans-estado cuyos miembros “son atraídos y relacionados con otros integrantes de la formación en el mismo y en otros sitios alrededor del mundo a través de un grado sustancial de similitud cultural además de sus viajes, instituciones y lazos concretos de comunicación”[44].

La mayoría de los participantes clave en la difusión de We Shall Not Be Moved como una canción “de movimientos” pueden entenderse de manera fructífera como ciudadanos cosmopolitas. En este sentido, Pete Seeger, cuyo gran repertorio de canciones y melodías fue multinacional y multilingüe, es ejemplar, habiendo buscado y aprendido las expresiones musicales de múltiples culturas, además de atravesar diversos límites culturales para interpretarlas. Pero Seeger no fue el único. En Highlander, en los cincuenta, el conocimiento que Guy Carawan tenía de las expresiones culturales tanto de negros como de blancos le permitió servir de catalizador para la creación de un repertorio canónico de freedom songs para el movimiento de los derechos civiles. Bernice Johnson Reagon, de los Freedom Singers, quizás no era cosmopolita cuando comenzó su carrera como activista y cantante, pero rápidamente llegó a serlo como consecuencia de su participación en el movimiento de los derechos civiles y sus experiencias como embajadora musical ante un público blanco y urbano en el norte del país. De manera similar, los fundadores del Teatro Campesino, Luis Valdez y Agustín Lira, a través de su trabajo sindical, muy rápidamente se volvieron conscientes de un mundo cultural mucho más allá de las vidas cotidianas de los labradores agrícolas del Valle de San Joaquín. Además, su bilingüismo y su biculturalismo nativos les aportaron desde su infancia una perspectiva un tanto cosmopolita.

A pesar de ser un nacionalista catalán, Xesco Boix se reconoció como un participante en procesos culturales y políticos más allá de los confines de su país y buscó aprender de las otras culturas, aplicando los conocimientos obtenidos a la situación en Cataluña. Igual que Boix, los integrantes de Canción del Pueblo en Madrid exhibieron actitudes y conductas cosmopolitas. Y no cabe duda de que los participantes chilenos en el movimiento de la nueva canción durante la época de Allende fueron conscientes de la relación entre los cambios sociales, políticos y culturales que ocurrían en su país y los cambios similares en curso en otras partes del mundo. En el caso específico de los integrantes de Tiemponuevo, su origen en la ciudad porteña de Valparaíso debe haber contribuido algo a la visión cosmopolita que los integrantes del conjunto tenían del mundo.

En este sentido, podría ser útil conceptualizar el cosmopolitismo como un aspecto de lo que Bourdieu ha llamado habitus, o sea, las actitudes, visiones del mundo y disposiciones hacia diferentes tipos de estímulos que son la huella dejada en los individuos por los variados tipos de socialización a los que han sido sometidos[45]. Estos tipos de socialización pueden abarcar una variedad de aspectos de la existencia humana, incluidos los siguientes: nacionalidad, religión, lengua hablada, clase social, ocupación, membresía en un grupo etnorracial, generación histórica y residencia rural versus residencia urbana. El habitus también puede ser el resultado de la socialización política, incluidas las experiencias que los individuos tienen en los movimientos sociales. Aunque no se usa el término de manera explícita, la conceptualización del cosmopolitismo como un aspecto del habitus que se sugiere aquí es congruente con la caracterización elaborada por Vertovic y Cohen del cosmopolitismo como “una actitud y una disposición” que se adquiere a través de la experiencia[46]. De esta manera, se puede pensar en el cosmopolitismo como una “forma de ser en el mundo”, o sea, un habitus asociado con las luchas políticas de izquierda en muchas partes del mundo. Aún más específicamente, se puede conceptualizar este habitus como una disposición dirigida a valorar y asimilar los aportes de otros grupos culturales en una lucha mundial por la justicia social, aunque este último concepto carezca de una definición consensuada y precisa.

Consideraciones finales

En este trabajo he intentado resumir la historia de una canción que ha tenido un papel significativo en una variedad de luchas por la justicia social en muchas partes del mundo en distintos momentos históricos. En mi análisis e interpretación de la historia de “I Shall Not Be Moved→No nos moverán” se ha intentado resaltar cómo esta canción ha servido de recurso simbólico y de verdadera arma de lucha para los participantes en los movimientos sociales dondequiera que se ha cantado. En este sentido, se insiste en que se puede entender la canción como un ejemplo de capital transcultural, es decir, un recurso que los miembros de los grupos que luchan por la justicia social han adquirido a través de sus contactos con los luchadores de otras culturas y de otros lugares y momentos históricos. No obstante, se debe tener en cuenta que estos luchadores, de diferentes países y que hablan distintas lenguas, de alguna manera comparten unos valores y una visión del mundo que llevan a preguntarse si se puede también decir que los intercambios que ocurren entre sus redes transnacionales, en cierto sentido, son intercambios intra- y no inter- o trans- culturales. En esta era de globalización desde arriba y desde abajo, lo cierto es que tanto las luchas sociales como el canto que las acompaña transcenderán cada vez más los límites territoriales de las naciones y las culturas.

Bibliografía

Fuentes primarias

Archivos:


  1. University of Texas at Arlington Library (UTAL), Arlington (Texas)-Estados Unidos. Sección Texas Labor Archives, Fondo Oral History Project.


Publicaciones periódicas:


  1. El Universal. México, 2011.
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Documentación primaria impresa:


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  4. Punto Final. “Todo por Vietnam”. Punto Final 1: 33 (1967), 1.

Entrevistas y correspondencia personal:


  1. Correspondencia electrónica con Lluis Panyella. Barcelona, 14 de junio de 2014.
  2. Correspondencia electrónica con Lluis Panyella. Barcelona, 28 de agosto de 2012.
  3. Correspondencia electrónica con Roberto Rivera Noriega. Berlín, 28 de abril de 2011 y 4 de enero de 2014. Entrevista telefónica a Antonio Gómez. Madrid, 22 de julio de 2013.
  4. Entrevista telefónica a Ignacio Fernández Toca. Madrid, 9 de junio de 2014.

Fuentes primarias virtuales:


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Fuentes secundarias


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[*] La investigación que originó este artículo fue financiada por una beca para estudiar “la nueva canción chilena”, otorgada al autor por la Trinity University (Estados Unidos).

[**] Director del Departamento de Sociología y Antropología de la Trinity University (Estados Unidos). Licenciado en Análisis Económico y Social de Beacon College (Estados Unidos), Magíster en Lingüística Aplicada de la Georgetown University (Estados Unidos) y Doctor en Sociología de la Universidad de Texas (Estados Unidos). Es autor del libro Clandestine Crossings: Migrants and Coyotes on the Texas-Mexico Border (Nueva York: Cornell University Press, 2009) y coautor, con los cantores chilenos Moisés Chaparro y José Seves, del texto Canto de las estrellas: Un homenaje a Víctor Jara (Santiago: Ceibo Ediciones, 2013). dspener@trinity.edu

[1] Además de las fuentes citadas explícitamente en las notas y la bibliografía, mucha información incluida en este artículo proviene de entrevistas conducidas por el autor a una variedad de informantes.

[2] René Largo Farías, “El 11 de septiembre en la Moneda”, Literatura chilena en el exilio 1: 2 (1977): 25-28.

[3] Eileen Southern, The Music of Black Americans: A History (Nueva York: W.W. Norton & Company, 1997 [1971]), 82-85.

[4] Samuel A. Floyd, Jr., The Power of Black Music: Interpreting Its History from Africa to the United States (Nueva York: Oxford University Press, 1995), 41-42.

[5] David Alan Corbin, “‘Frank Keeney Is Our Leader and We Shall Not Be Moved’: Rank-and-File Leadership in the West Virginia Coal Fields”, en Essays in Southern Labor History: Selected Papers, Southern Labor History Conference, 1976, eds. Gary M. Fink y Merl E. Reed (Westport/Connecticut: Greenwood Press, 1977), 144-156; Mary Heaton Vorse, Labor’s New Millions (Nueva York: Modern Age Books, Inc., 1938); Robin D. G. Kelley, Hammer and Hoe: Alabama Communists during the Great Depression (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1990); John Salmond, “Southern Struggles: Aspects of the Fight for Economic and Social Justice in the Twentieth Century American South”, Australasian Journal of American Studies 22: 1 (2003): 49-65.

[6] Aimee I. Horton, The Highlander Folk School: A History of Its Major Programs, 1932-1961 (Nueva York: Carlson Publishing Inc., 1989); Richard A. Reuss y JoAnne C. Reuss, American Folk Music and Left-Wing Politics, 1927-1957 (Lanham: The Scarecrow Press, Inc., 2000), 92.

[7] Earl Robinson, America Sings (Nueva York: Workers Book Shop, 1937).

[8] Josh Dunson, Freedom in the Air: Song Movements of the Sixties (Westport: International Publishers, 1965); William G. Roy, Reds, Whites, and Blues: Social Movements, Folk Music, and Race in the United States (Princeton: Princeton University Press, 2010).

[9] Zaragosa Vargas, “Tejana Radical: Emma Tenayuca and the San Antonio Labor Movement during the Great Depression”, Pacific Historical Review 66: 4 (1997): 553-580. DOI:dx.doi.org/10.2307/3642237.

[10] “Entrevista a George Lambert por Dr. George Green”, Dallas-Texas, 9 de septiembre de 1971, en University of Texas at Arlington Library (UTAL), Arlington (Texas)-Estados Unidos, Sección Texas Labor Archives, Fondo Oral History Project, OH Documento 19.

[11] Ana Anabitarte, “España: Miles dicen ‘no nos moverán’”, El Universal, México, 21 de mayo, 2011.

[12] Correspondencia electrónica con Lluis Panyella, músico catalán y amigo y biógrafo de Xesco Boix, quien murió en 1984. Barcelona, 28 de agosto de 2012.

[13] Entrevista telefónica a Ignacio Fernández Toca, Madrid, 9 de junio de 2014.

[14] Entrevista telefónica a Antonio Gómez, Madrid, 22 de julio de 2013.

[15] Correspondencia electrónica con Roberto Rivera Noriega. Berlín, 28 de abril de 2011 y 4 de enero de 2014.

[16] Fernando Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978), 96-97.

[17] Dirk Hoerder, “Historians and Their Data: The Complex Shift from Nation-State Approaches to the Study of People’s Transcultural Lives”, Journal of American Ethnic History 25: 4 (2006): 91.

[18] Diana Taylor, “Transculturating Transculturation”, Performing Arts Journal 13: 2 (1991): 91.

[19] Pierre Bourdieu, “The Forms of Capital”, en Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education, ed. John G. Richardson (Westport: Greenwood Press, Inc., 1986), 241-258.

[20] Anna Triandafyllidou, “Sub-Saharan African Immigrant Activists in Europe: Transcultural Capital and Transcultural Community Building”, Ethnic and Racial Studies 32 (2009): 94. DOI: dx.doi.org/10.1080/01419870802196021.

[21] Arthur C. Jones, Wade in the Water: The Wisdom of the Spirituals (Maryknoll: Orbis Books, 1993), 7.

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[24] Wyatt T. Walker, Somebody’s Calling My Name: Black Sacred Music and Social Change (Valley Forge: Judson Press, 1979), 52-59.

[25] Vincent Harding, Bernice Johnson Reagon y Rachel E. Harding, “Singing to Freedom”, Sojourners Magazine 33: 8 (2004): 32-35.

[26] Comunicación electrónica con Lluis Panyella (amigo y biógrafo de Boix). Barcelona, 28 de agosto de 2012.

[27] Richard P. Appelbaum y William Chambliss, Sociology (Nueva York: Longman, 1997 [1995]), 5.

[28] Véase, por ejemplo, Jeremy Brecher, Brendan Smith y Timothy Costello, Globalization from Below: The Power of Solidarity (Boston: South End Press, 2000).

[29] Al respecto, el tropo de la tribu en Arjun Appadurai, Modernity at Large: Cultural Dimensions of Globalization (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1996), 159-164.

[30] Carlos Marx y Federico Engels, Manifiesto del Partido Comunista (Santiago: Centro de Estudios “Miguel Enríquez”, 1848).

[31] C.L.R. James, World Revolution 1917-1936: The Rise and the Fall of the Communist International (Londres: Martin, Secker, and Warburg, Ltd., 1937).

[32] C.L.R. James, World Revolution, 113-114.

[33] Claudio Acevedo, et al., Víctor Jara: Obra musical completa (Santiago: Fundación Víctor Jara, 1999), 10-23, e Isabel Parra, El libro mayor de Violeta Parra: un relato biográfico y testimonial (Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2009), 225-229.

[34] Comunicación electrónica con Lluis Panyella. Barcelona, 14 de junio de 2014.

[35] Punto Final, “Todo por Vietnam”, Punto Final 1: 33 (1967), 1.

[36] Véase un mural de la Brigada Ramona Parra y un afiche que exigía la libertad para Davis en Fernando Orellana, Chile: Breve imaginería política: 1970-1973, exposición itinerante y electrónica (Santiago: Fernando Orellana, 2000), disponible en línea <http://www.abacq.net/imagineria/exp29.htm>; y un cortometraje de la visita de Davis a la Universidad Técnica del Estado en 1972, en “Angela Davis en la UTE (1972)”, Archivo de Documentación Gráfica y Audiovisual, Universidad de Santiago de Chile, 1972. <http://www.archivodga.usach.cl/index.php/en/> o en <https://www.youtube.com/watch?v=p6YdNf7Z31Y>.

[37] Moisés Chaparro, José Seves y David Spencer, Canto de las estrellas: Un homenaje a Víctor Jara (Santiago: Ceibo Ediciones, 2013); Juan Pablo González, Oscar Ohlsen y Claudio Rolle, Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970 (Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile, 2009); J. Patrice McSherry, Chilean New Song: The Political Power of Music (Filadelfia: Temple University Press, 2014).

[38] Eduardo Carrasco, Quilapayún: La revolución y las estrellas (Santiago: RIL Editores, 2003), 137-142.

[39] Christopher Small, “Prologue: Misunderstanding and Reunderstanding”, en Music and Solidarity: Questions of Universality, Consciousness, and Connection, eds., Felicity Laurence y Olivier Urbain (Nueva Brunswick: Transaction Publishers, 2011), XV-XVI.

[40] Stuart Hall, “Political Belonging in a World of Multiple Identities”, en Conceiving Cosmopolitanism: Theory, Context, and Practice, eds., Steven Vertovec y Robin Cohen (Oxford: Oxford University Press, 2002), 26.

[41] Ulrich Beck, “The Cosmopolitan Manifesto”, New Statesman, Londres, 20 de marzo, 1998, 28-30.

[42] Michael Ignatieff, “Benign Nationalism? The Possibilities of The Civic Ideal”, en People, Nation, and State: The Meaning of Ethnicity and Nationalism, eds. Edwin Mortimer y Robert Fine (Londres: I. B. Taurus, 1999), 142.

[43] Donald Cuccioletta, “Multiculturalism or Transculturalism: Towards a Cosmopolitan Citizenship”, London Journal of Canadian Studies 17 (2002): 4.

[44] Thomas Turino, “Are We Global Yet? Globalist Discourse, Cultural Formations and the Study of Zimbabwean Popular Music”, British Journal of Ethnomusicology 12: 2 (2003): 51-79. DOI: dx.doi.org/10.1080/09681220308567363.

[45] Pierre Bourdieu, Outline of a Theory of Practice (Londres: Cambridge University Press, 1977).

[46] Steven Vertovic y Robin Cohen, “Introduction: Conceiving Cosmopolitanism”, en Conceiving Cosmopolitanism: Theory, Context, and Practice, eds., Steven Vertovec y Robin Cohen (Oxford: Oxford University Press, 2002), 13.


jueves, octubre 01, 2015

Parte Entrecuerdas, el mayor festival de la guitarra


El Mercurio

Serán 25 conciertos con entrada liberada en Santiago, el Maule y Valdivia. Figuras internacionales y chilenas actúan en formato solista, de dúo y también con orquesta. Se presentará, incluso, un original ensamble de guitarras eléctricas.

Romina de la Sotta Donoso

El virtuoso guitarrista Alberto Cumplido lo logró nuevamente: mañana parte el 16° Festival Entrecuerdas, el mayor evento dedicado a la guitarra en nuestro país. "Son 16 años sin interrupción. Como tengo tantos amigos en el mundo de la guitarra, viene mucha gente que podría cobrar 4 mil dólares por un concierto, pero se ajusta para apoyar. No todo es materialidad y plata en esta vida", comenta.

Con financiamiento de un Fondo de la Música por tres años -cuya ejecución partió en 2014-, este año habrá 25 conciertos gratuitos, desplegados en las regiones Metropolitana, del Maule y de Los Ríos.
La inauguración será mañana, en el Centro Cultural Las Condes, con el Dúo a Zero, que integran Alexandre Gismonti y Jean Charnoux. "Son la típica guitarra brasileña, que viene desde Baden Powell, pero evolucionada. Alexandre es hijo de Egberto Gismonti, lo que es como ser hijo de Mozart", dice Cumplido.

El programa se completa con la original sonoridad de Planeta Minimal, ensamble de guitarras eléctricas de la Universidad de Valparaíso que dirige Ismael Cortés, junto al Coro Femenino UCV, de Boris Alvarado. Abordarán obras de Egberto Gismonti, Javier Farías y Patricio Wang.
Hasta el sábado 10, el festival tendrá lugar en la Casa de la Ciudadanía de Montecarmelo, la Cepal y el Salón Parroquial de Isla de Maipo.

Entre los invitados extranjeros se cuentan Irene Gómez (Colombia), Quique Cruz & María Acuña -dúo de fusión jazz latinoamericana-, el Dúo Catrumano -del Nordeste de Brasil, especialistas en viola caipira -, Christine Sandsengen (Noruega), Fabio Montomoli (Italia), Sebastien Deshaies (Canadá) y André Madeira (Portugal), además del Dúo Isaleo (Alemania) -voz y guitarra-.

Entre los chilenos convocados hay representantes de todas las escuelas, estilos y tendencias. Están Juan Antonio "Chicoria" Sánchez, Alexandros Tefarikis, Camilo Sauvalle y los emergentes Karla García y el Dúo Cruz & Souper. Se sumará el propio Cumplido, y esta vez se atreverá con un repertorio que no es el habitual: la Suite en Mi Menor de Bach. El Ensamble de Guitarras de Chile, que dirige Eugenio González, abordará música contemporánea chilena.

En la Región del Maule habrá una docena de presentaciones, entre el 14 y 24 de octubre, y un concierto al día en la Casa Prochelle de Valdivia entre el 28 y el 30.

Entre los hitos de esta edición del festival se cuentan los cuatro conciertos que ofrecerá la Orquesta Clásica del Maule con guitarra solista. Luis Orlandini y Romilio Orellana abordarán el Concierto para dos guitarras de Javier Farías, el 22 de octubre en el GAM, y el día 24 en el Teatro Regional del Maule. También actuarán con el argentino Alberto de Alessandro y el mexicano Martín Madrigal, en Constitución y Linares.

Programación en Mynotauro.wix.com/entrecuerdas-2015.

domingo, septiembre 27, 2015

Violeta Parra aterriza finalmente en su museo


El Mercurio

Un moderno edificio de mil 300 metros cuadrados, emplazado a pasos de la Plaza Italia, será el sitio permanente que alojará el legado de la artista chilena. El Museo Violeta Parra se proyecta como un espacio dinámico con diversas actividades que se inserta dentro de un circuito cultural relevante de la ciudad. Concebido como un conjunto museístico, tendrá enfrente un recinto que construirá Argentina en homenaje a Mercedes Sosa.

El 4 de octubre, día del cumpleaños 98 de la artista, se inaugurará oficialmente este recinto diseñado por el arquitecto Cristián Undurraga. Emplazada en avenida Vicuña Mackenna, la construcción cuenta con 1.330 m2 de superficie y dos niveles, en un recorrido ascendente. Uno de sus sellos programáticos será la educación, y su oferta será amplia, más allá de su carácter museal, con diversas actividades: talleres, conciertos y conferencias. Así lo confirman los miembros del directorio del museo y el ministro de Cultura, Ernesto Ottone.

Por Maureen Lennon Zaninovic 

"El anuncio me pilló por sorpresa. Estoy encantada. Hace 20 años que estamos esperando", comentaba a este diario, en 2009, Isabel Parra, hija de la célebre autora de "Gracias a la vida", al enterarse de que el presupuesto 2010 de la nación contemplaba una transferencia del Estado a la Fundación Violeta Parra, que ella preside, de $1.167.250.000, para la construcción del Museo Violeta Parra.

"Que quede claro que yo no lo dirigiré. Deben administrarlo museólogos profesionales; tendrá que haber un equipo determinado por la Fundación y el Estado", señalaba a "El Mercurio", y añadía que "este museo tiene que ser inaugurado, aunque sea una sala, por nuestra Presidenta. Ella fue quien tomó en sus manos este tema".

Justamente la Presidenta Michelle Bachelet liderará el próximo domingo 4 de octubre -día en que se conmemora el cumpleaños 98 de la artista- la apertura de la flamante construcción -diseñada por el arquitecto Cristián Undurraga- y que acogerá de manera definitiva el legado de esta creadora. La idea es mostrar de forma permanente la obra que la Fundación Violeta Parra posee; entre otras piezas, arpilleras, óleos y papel maché. En principio, el edificio acogerá 48 obras, entre donaciones y comodatos.

Ubicado en avenida Vicuña Mackenna, la partida oficial del recinto -que originalmente sería inaugurado a fines de 2011, pero su apertura se retrasó y luego se entregaron varias otras fechas, todas sucesivamente canceladas- marca el fin de una verdadera "teleserie" de anuncios y desmentidos. Basta recordar que han sido varios los intentos fallidos de fundar este museo; entre otros, el proyecto más mediático fue liderado por el empresario Carlos Cardoen, quien decidió financiar el edificio que se emplazaría en el Parque Forestal ("El castillito"), cedido en comodato por Joaquín Lavín, quien fuera alcalde de Santiago desde el 2000 al 2004. Como es de público conocimiento, la propuesta no fructificó, y pasó a mejor vida en 2005.

Pero la Fundación Violeta Parra no se quedó de brazos cruzados y se abocó a la tarea de impulsar la construcción del recinto en otro escenario: en Vicuña Mackenna, en un lugar que acogió entre 1967 y 1997 a la embajada de Francia y que luego pasó a manos del Instituto de Salud Previsional y después al Estado. Para levantar el museo se ocupó este sitio eriazo que colinda con la embajada de Argentina, a pasos de la plaza Baquedano y cargado de significación, porque fue ocupado durante 19 años por la compañía Gran Circo Teatro de Andrés Pérez, para montar sus obras; entre ellas, su exitosa "La Negra Ester".

En el camino también sufrió mutaciones de nombre. Originalmente se llamaría "La Jardinera", en homenaje a la composición homónima de la autora de "Volver a los 17" y a la forma de guitarra del edificio, pero finalmente se optó por el de Museo Violeta Parra.

Vidrio y mimbre

"La construcción cuenta con 1.330 m2 de superficie y está desarrollado en dos niveles", adelanta a "Artes y Letras" el arquitecto Cristián Undurraga, responsable también de otros importantes recintos santiaguinos, como el Centro Cultural Palacio La Moneda y el Museo de Artes Visuales (Mavi). Y añade que el terreno donde se emplaza, en avenida Vicuña Mackenna, acoge, por un lado, al Museo Violeta Parra hacia el lado norte, y al futuro Centro Cultural Argentino (en honor a Mercedes Sosa) hacia el lado sur, construyendo entre ambos un paseo peatonal. "El nuevo pasaje peatonal propuesto se extenderá entre Vicuña Mackenna y la calle Ramón Corbalán Melgarejo, estableciendo una nueva conexión urbana con el parque San Borja. De esta manera, el Museo Violeta Parra se convertirá en la puerta de entrada de un circuito cultural tremendamente relevante para la ciudad de Santiago. A través del parque San Borja llegamos al GAM, luego cruzamos al Mavi, al Museo de Bellas Artes y, finalmente, al de Arte Contemporáneo (MAC). Me parece muy bonito que la figura de la Violeta sea quien abra este recorrido", advierte el arquitecto.

La fachada principal del Museo Violeta Parra, orientada hacia el sur, está conformada por un cerramiento de doble vidrio con una cámara interior, dentro del cual se instaló un tejido de mimbre preparado especialmente para el edificio por artesanos de Chimbarongo. "Este tejido continuo, semitransparente, matiza el ingreso de luz indirecta al interior y da carácter a los espacios a lo largo de todo el recorrido. La fachada concilia dos cuestiones fundamentales: lo actual, con lo primitivo y artesanal; el tejido de mimbre y el vidrio como expresión de lo contemporáneo", agrega Cristián Undurraga.

El profesional se explaya en su propuesta: "El proyecto contempla un paseo peatonal nuevo para la ciudad de Santiago, y lo interesante es que este paseo no fue concebido como un atajo, sino como un espacio que invita -junto con el mimbre del edificio- al descanso, a un caminar más cansino, dejando atrás el ruido urbano. La idea es que el visitante se adentre de manera más plena en el legado de la Violeta".

El museo -al igual que otras construcciones características del arquitecto- privilegió el uso del hormigón: "Es un material que se conecta muy bien con el espíritu de la artista. Siento que la factura de hormigón se conjuga muy bien con lo arcaico del mimbre. También diseñamos un patio interior, un jardín con la naturaleza que tanto amó la Violeta, con una escala muy humana", dice Undurraga, y añade que la arquitectura considera un recorrido ascendente, "mediante una rampa que funciona como una compresión entre las distintas salas de exposiciones, y los muros de vidrios y mimbre. Se genera, de esta forma, un recorrido ascendente lleno de emociones".

El Museo Violeta Parra contempla dos salas de exposiciones -de 80 metros cuadrados, aproximadamente, cada una-, una sala audiovisual, una sala didáctica donde se realizará mediación cultural y con distintos objetos, como una máquina de coser, una radio antigua y maletas alusivas a la época de la creadora; una biblioteca, una tienda, cafetería, oficinas y un auditorio con capacidad para 100 personas y que fue financiado por la región francesa de Île-de-France, que aportó $140 millones para su construcción. En palabras simples, su infraestructura apunta -más allá de su especificidad de museo- a la condición de un centro cultural con una oferta amplia y múltiples posibilidades programáticas.

Escandalosa postergación

"El auditorio se llama Antar, en honor al fallecido hijo de Tita Parra. No será una peña, sino un espacio para la difusión de creadores, pensadores, músicos e intelectuales de prestigio", precisa Ángel Parra hijo, miembro del directorio Fundación Museo Violeta Parra que velará por el funcionamiento de este espacio. Y añade que la concreción de este lugar es "un alivio para Chile, para nuestra familia. Son tantos años de lucha por lograr un espacio digno para mi abuela. Nuestro país aún tiene importantes deudas con varios próceres nacionales, y Violeta estaba en esa lista escandalosa de postergación, hasta que se concretó este edificio, que no tiene nada que envidiarle a cualquier museo de punta del mundo. Como familia, estamos tremendamente emocionados con su arquitectura", afirma el guitarrista.

El directorio de la Fundación Museo Violeta Parra también lo conforman Isabel Parra (vicepresidenta), hija de la creadora y presidenta de la Fundación Violeta Parra; Ángel Cabeza, director de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam); la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá; el músico Manuel García y Guillermo Miranda, quien fue director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el Cono Sur de América Latina. La presidenta del directorio, en tanto, es Cecilia García-Huidobro, ex agregada cultural de Chile en México, con una reconocida experiencia en gestión y temas de patrimonio. Su cargo fue designado por el ministro de Cultura, Ernesto Ottone (ver entrevista).

"Es un honor que el ministro me designara en la presidencia. A mí lo que me llena el alma es el Chile profundo; es decir, todo aquello que no ha pasado ni por las instituciones ni por la farándula o el mercado; y dentro ese universo, la figura de Violeta Parra resulta descollante", manifiesta García-Huidobro, y rememora que cuando le tocó integrar el primer directorio del Centro Cultural Palacio La Moneda, hizo la gestión para que este espacio -de manera temporal- albergara las obras de la autora de "Gracias a la vida", antes de que construyera su museo definitivo. "Y estuvieron durante un buen tiempo en una sala un tanto reducida, pero con una visibilidad impresionante. Recibió muchísimas visitas". La presidenta del directorio confiesa que al descubrir la obra gráfica de esta creadora, "la figura de la Violeta se me completó. Ella fue un genio artístico único: compuso, recopiló, pintó, documentó, emprendió. Tuvo la valentía de llegar al Museo del Louvre, hablar con sus directores y exponer ahí. ¡Increíble!".

Cecilia García-Huidobro añade que el edificio cuenta con un equipo museográfico encabezado por Milena Rojas, hija de Isabel Parra, y que a través del directorio se asignarán los dineros provenientes del Estado, vía Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes. "Toda la línea conceptual tiene que ser revisada por el directorio. Y en el caso mío, deberé reportar al ministro de Cultura Ernesto Ottone, de manera directa, sobre la gestión del museo, la rendición presupuestaria y la ejecución de los proyectos".

Siguiendo el organigrama, Leonardo Mellado (1973) -músico, académico y máster en museo y quien con anterioridad integró los equipos del Museo Histórico (fue subdirector de extensión, educación y comunicaciones) y del Museo Benjamín Vicuña Mackenna- fue designado director ejecutivo del Museo Violeta Parra.

"Leonardo es una persona muy idónea, que tiene bastante experiencia, y a mí me deja en un estado de tranquilidad absoluta saber que la obra de la Violeta finalmente quedará en manos del Estado de Chile y que la cuidará un equipo muy competente. Este museo no es una institución privada, sino pública, y eso es algo que la Violeta siempre hubiera querido", manifiesta Ángel Parra hijo, y añade que muchas de las personas que se han integrado al funcionamiento de este edificio "no tienen nada que ver con nuestra familia. Son gente preparada, profesionales que han estudiado a fondo el trabajo de mi abuela y que darían todo por participar en un proyecto tan alucinante como es el cuidado, la restauración, la extensión, y todo el rescate que se puede hacer en torno a su obra".

Parra puntualiza: "La familia mantendrá una distancia muy sana, como sucede con todas las instituciones serias del país. Es el Estado y un equipo de expertos los que tendrán un papel más protagónico".

 Ernesto Ottone: "El sello del Museo Violeta Parra será la educación y habrá un comité de programación"

"Para el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes esto es una gran noticia", comenta a "Artes y Letras" Ernesto Ottone, ministro de Cultura, y añade: "Es un orgullo para todos los chilenos que por fin abra el Museo Violeta Parra". También confirma que a la inauguración del domingo 4 de octubre asistirá la Presidenta Michelle Bachelet. "Ella estará, pero queremos que sea una ceremonia muy sencilla, en torno a la familia, con algunas intervenciones musicales", advierte Ottone.

El profesional agrega que -junto con esta inauguración- se está saldando una deuda muy importante con el legado de la autora de "Volver a los 17", y destaca que por el momento se exhibirá parte de la colección que cedió la Fundación Violeta Parra, "pero ha sido muy bonito constatar cómo poco a poco también estamos recibiendo donaciones de privados, donaciones de otros coleccionistas e instituciones que valoran la seriedad de este proyecto museográfico. Y confiamos que llegarán muchos más aportes", complementa el Ministro de Cultura.

- ¿Es un museo de financiamiento público o financiamiento público-privado?
"El Museo Violeta Parra ya está en la Ley de Presupuesto 2015 y forma parte de la Ley de Presupuesto del 2016, próxima a aprobarse. Hay claramente una fuerte inversión pública, lo que no quita que el propio director ejecutivo, Leonardo Mellado, y el directorio de la Fundación Museo Violeta Parra levanten recursos propios y consigan otros aportes de la empresa privada".

-¿Su entrada será gratuita?
"Hasta diciembre la entrada será liberada, para que la mayor cantidad de personas pueda recorrer este edificio y disfrutar del legado de Violeta Parra. Después, como el museo no forma parte de la red Dibam, la idea es cobrar una entrada accesible, además que no hay que dejar de lado el fuerte interés turístico -y en especial de turistas extranjeros- que va a generar este espacio, lo que sin duda también sumará ingresos para el museo".

-¿Cuál es la planta del museo?
"Estamos hablando de alrededor de 12 funcionarios. Una cifra que debería aumentar en el tiempo, conforme la expansión del número de visitantes y estudiantes, y los recursos que ingresen".

-¿Cuál va a ser el sello de este recinto?
"Además de las exposiciones, uno de los sellos fundamentales será la educación, a través de talleres y distintas actividades. De hecho, acaba de finalizar el proceso de selección del encargado de educación del museo. En esa línea, también funcionará un comité asesor de programación integrado por Chantal Signorio, directora de Puerto de Ideas; la antropóloga y Premio Nacional de Humanidades Sonia Montecino y el artista visual Samy Benmayor".

-¿Qué va a pasar con el Centro Cultural Argentino en honor a Mercedes Sosa?
"La última información que recibí de la propia embajada argentina es que las obras deberían comenzar a fin de año. El anuncio es muy importante, ya que con él se refuerza un polo cultural tremendamente relevante para Santiago y, junto con ello, concluirá el proyecto del arquitecto Cristián Undurraga, que contempla un paseo peatonal que comunicará ambos edificios".

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III Ciclo de Música Antigua



Como es tradición desde varios años, el mes de Octubre en la UC, está dedicado a la Música Antigua. En esta oportunidad tendremos la oportunidad de escuchar, como en otras ocasiones, repertorio para diversos instrumentos de esta familia, en repertorio poco conocido escrito en nuestra América, pero también disfrutaremos de obras emblemáticas de este estilo como es El arte de la Fuga de Johann Sebastian Bach, en la conmemoración de sus 330 años.

Estos conciertos se realizarán los días martes del mes de octubre, en el Salón de Honor UC a las 19:30 hrs. Al igual que en su versión anterior, estos conciertos se repetirán los días jueves a las 13:00 hrs en el Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaróa. La entrada en ambas salas es liberada.

Martes 6 de octubre  Pájaros barrocos: música vocal e instrumental inspirada en el canto y el vuelo de los pájaros Este programa, establece un recorrido por el imaginario musical barroco en torno al canto y al vuelo de los pájaros, símbolo poético del espíritu divino, la libertad, su canto como lengua primigenia del Edén y muchas otra asociaciones simbólicas que los músicos del barroco incorporaron como alegoría en cantatas, óperas, sonatas y conciertos. La primera parte, incluye obras europeas de los siglos XVII y XVIII, y la segunda parte, se sitúa en los géneros del barroco colonial hispanoamericano.

Los intérpretes de este concierto son el Estudio MusicAntigua e invitados: Doris Silva, soprano; María José Brañez, soprano; Igor Hernández, altotenor; Gonzalo Cuadra, tenor; Sergio Candia, flautas dulces; Gonzalo Beltrán, violín barroco; Karla Bocaz, violín barroco; Florencia Bardavid, soprano y viola da gamba; Gina Allende, viola da gamba; Humberto Orellana, viola da gamba; Eduardo Figueroa, archilaúd; Camilo Brandi, clavecín.

Repetición: Jueves 8 de Octubre en el Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaróa del Campus San Joaquín a las 13:00 hrs. Entrada Liberada.

 Martes 13 de octubre Per l’orchestra di Dresda En este concierto disfrutaremos de música de la Orquesta de la Magnífica corte de Dresden, liderada en forma legendaria por el gran Johann Georg Pisendel (1687-1755) Este programa incluye el estreno en Chile de la sonata en la menor para violín solo.

Los intérpretes son: Rafael Espinoza, flauta traversera; Oriana Silva, violín; Gina Allende, viola da gamba; Alejandro Reyes, clavecín.

Repetición: Jueves 15 de Octubre en el Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaróa del Campus San Joaquín a las 13:00 hrs. Entrada Liberada.

Martes 20 de octubre Piezas de clave del Libro Sesto de órgano de María Antonia Palacios Esta jornada, oiremos una selección del libro Sesto de órgano de María Antonia Palacios, rarísimo testimonio de la música instrumental colonial a nivel continental, hallado en nuestro país hace algunas décadas por el musicólogo Guillermo Marchant, cuyo volumen ha sido recientemente integrado al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional de Chile.

La interpretación está a cargo de Camilo Brandi

Repetición: Jueves 22 de Octubre en el Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaróa del Campus San Joaquín a las 13:00 hrs. Entrada Liberada.

Martes 27 de octubre J.S. Bach, 330 años: El arte de la fuga El programa de esta jornada, contempla una de las infinitas propuestas de ensamble instrumental para la interpretación de esta obra canónica del arte contrapuntístico. Se presentan las distintas obras en diversas combinaciones con instrumentos de época y bajo criterios filológicos de interpretación musical.

La interpretación está a cargo del Estudio MusicAntigua UC, integrado por: Sergio Candia, flautas dulces; Juan Fundas, oboe barroco; Gonzalo Beltrán, violín barroco; Gina Allende, viola da gamba; Humberto Orellana, viola da gamba; Florencia Bardavid, viola da gamba; Eduardo Figueroa, archilaúd; Camilo Brandi, clavecín.

Repetición: Jueves 29 de Octubre en el Auditorio del Complejo Andrónico Luksic Abaróa del Campus San Joaquín a las 13:00 hrs. Entrada Liberada.

martes, agosto 25, 2015

Escuela Internacional de Profesores Visitantes 2015 PUC


Durante el mes de Septiembre, nuestra Escuela Internacional de Profesores Visitantes, contará con la presencia de Emmanuel Sejourné, uno de los más connotados percusionistas del mundo.

Emmanuel Séjourné es percusionista y compositor francés cuya música rítmica, romántica y energética, se inspira tanto en la tradición clásica occidental como en la cultura popular (jazz, rock, etc.). Aclamado por miembros de la comunidad percusionista, sus trabajos han sido encargados y grabados por Gary Cook, John Pennington, Ju-Percussion group, Bob Van Sice, Nancy Zeltsman, Marta Klimasara, Katarzyna Mycka, y  Amsterdam Percussion Group. En 2006 compuso un nuevo concierto para Marimba y Cuerdas, encargado e interpretado por Bogdan Bacanu y Salzburg Solisten. Desde 2007, el concierto se ha convertido en una pieza fundamental del repertorio para marimba. Séjourné ha compuesto asimismo piezas para música de cámara y coro.

Fascinado por la relación entre las diferentes formas de expresión artística, escribe música para televisión y teatro. Compuso la música para el espectáculo Los Invasores, de la compañía  Ballet du Rhin, interpretado durante el 2000 aniversario de la ciudad de Estrasburgo, y la comedia musical School Boulevard, encargo del Teatro Nacional de Luxemburgo.

Fundó el grupo Noco Music junto al saxofonista Philippe Geiss, con el que ganó el Gran Premio Audiovisual Europeo. Como solista y con el grupo Accroche-Note, ha estrenado más de cien piezas incluyendo conciertos, música de cámara y solos. Emmanuel Séjouné también es Jefe del Departamento de Percusión del Conservatorio de Estrasburgo.

Concierto: Martes 16 de Septiembre a las 19:30 hrs, Espacio Oriente, Jaime Guzmán 3300.

Concierto Jugend Gitarrenorchester Baden-Württemberg & Ensamble de Guitarras IMUC


Dentro del marco de la visita a Chile del ensamble de guitarras alemán Jugend Gitarrenorchester Baden-Württemberg se realizará un concierto en conjunto con el ensamble de guitarras IMUC de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Este concierto es el cierre de una serie de actividades que el ensamble alemán tendrá en Santiago y que consitirá básicamente en un intercambio músico-cultural con alumnos de guitarra del Instituto de Música de la Universidad Católica.

Durante los días 1 a 3 de  septiembre los dos ensambles prepararán un repertorio en conjunto, este repertorio incorporará arreglos y obras originales para ensamble de guiatrras y la idea es realizar un programa que mezcle tanto el repertorio que tradicionalmente el ensamble de guitarras alemán presenta en sus conciertos como también arreglos de música chilena realizados por el ensamble de guitarras IMUC.  El concierto junto al Ensamble de guitarras IMUC será la culminación de la semana de trabajo e intercambio que tendrán los guitarristas alemanes en santiago.

El ensamble de guitarras Jugend Gitarrenorchester Baden-Württemberg cuenta con una gran trayectoria y prestigio internacional. Fue creado en el año 1991 y hasta la fecha han realizado mas de 10 producciones discográficas además de realizar giras internacionales que los han llevado a presentarse en importantes escenarios del mundo.  Sin duda será un evento de intercambio cultural muy trascendente para ambos ensambles y para el público asistente una oportunidad de escuchar un programa muy atractivo y un evento sin precedentes en escenarios chilenos.


III Ciclo de Voces Chilenas. Septiembre 2015



Esta versión del ciclo de Voces Chilenas, está íntegramente dedicada el género del Lied desde su forma más tradicional para voz solista y piano, pasando por sus versiones para coro y sus variaciones más modernas para instrumento melódico y voz.

En esta oportunidad, este ciclo tendrá lugar en el Salón de Honor de la Casa Central UC, los martes del mes de septiembre a las 19:30 hrs, siendo de entrada liberada.

Martes 1 de Septiembre Liebestod: Wagner y Debussy Este programa está pensado en el quiebre de paradigma que significó Tristan und Isolda, y su trascendencia en la historia de la Música. En la primera parte, disfrutaremos del ciclo Wesendonk Lieder de Richard Wagner (1813-1883), conocido como el germen de Tristan und Isolda, por su estrecha relación temática y musical con esta ópera. La segunda parte del programa, está dedicada al ciclo Cinq Poémes de Baudelaire de Claude Debussy (1862-1918), obra emblemática para mostrar la influencia de esta ópera en otros compositores a pesar de los diferentes estilos.
La interpretación estará a cargo de: Doris Silva, soprano; Pablo Terraza, piano; Angelo Solari, director de escena.

Martes 8 de Septiembre La Voz del Violín Este programa, contempla obras para canto y violín del periodo moderno, compuestas por Gustav Holst (1874-1934), Ralph Vaughan-Williams (1872-1958) y Heitor Villalobos (1887-1959), entre otros. Llama la atención en estas obras, la combinación poco usual de instrumentos, probablemente por compartir un registro similar, lo que nos muestra la maestría de estos compositores al crear obras de ricas líneas melódicas y armonías claras.
Los intérpretes de este concierto son: Andrea Aguilar, soprano; Rodrigo del Pozo, tenor; David Nuñez, violín.

Martes 22 de Septiembre Die Schöne Müllerin En este programa, tendremos la oportunidad única de escuchar de manera integral, uno de los más famosos ciclos de Franz Schubert (1797-1828) Die Schöne Müllerin, escrito con textos de Wilhem Müller (1794-1827), donde narra la historia de un joven quien se enamora de una bella molinera.
Los intérpretes de este concierto son: Rodrigo del Pozo, tenor; y Liza Chung, piano.

Martes 29 de Septiembre Una velada con Franz Schubert Este programa, nos invita a un recorrido por la música vinculada a las Schubertiadas incluyendo música coral, música de cámara y el género solístico del Lied.
Los intérpretes de este concierto son: Claudia Trujillo, soprano; Mariana Karachov, mezzosoprano; Diego Arellano, tenor; Rodrigo del Pozo, tenor; Penelope Knuth, viola; Alejandro Tagle, violoncello; Carlos Arenas, contrabajo; Miguel Ángel Jiménez, piano; Mario Lobos, piano; y Coro de Cámara UC bajo la dirección del profesor Mauricio Cortés.


1er concierto. 1° de septiembre. Salón de Honor UC 

Liebestod

I Parte
Richard Wagner (1813-1883)
Wesendonk Lieder
I. Der Engel 
II. Stehe still! 
III. Im Treibhaus 
IV. Schmerzen 
V. Träume 

II Parte
Claude Debussy (1862-1918)
Cinq poèmes de Baudelaire
I. Le balcon
II. Harmonie du soir
III. Le jet d'eau
IV. Recueillement
V. La mort des amants

Intérpretes: Doris Silva Saavedra, soprano
Pablo Terraza, piano
Angelo Solari, puesta en escena

Notas al programa
En todos los aspectos Tristan und Isolde es la esencia del estilo wagneriano. Su irrupción en el mundo musical, afectó no sólo a las generaciones posteriores, sino  también a los compositores contemporáneos a Richard Wagner (1813-1883). En Francia, su presencia se expresó básicamente en dos bandos, los partidarios a experimentar con estas nuevas ideas, o los que eran abiertamente adversarios, como Claude Debussy (1862-1918), quien  buscaba la manera de “evolucionar” musicalmente con un sello francés, escapando lo más lejos posible de la invasión extranjera.

Wesendonk Lieder, son las únicas canciones del período maduro de Wagner con textos que no son de su autoría. Son producto de su aventura con Mathilde Wesendonk (1828-1902), autora de los poemas, que surgió cuando ella y su esposo Otto, un prominente mercader de seda en Zürich, se convirtieron en sus devotos patrocinadores durante su estadía en Suiza.

Durante este mismo tiempo, Wagner había comenzado a escribir el libreto de Tristan und Isolde, utilizando estas canciones como un ejercicio de composición de esta ópera. Al igual que en Tristan, los poemas de Mathilde se desarrollan en la misma sintonía, mostrando que el dolor y el sufrimiento son necesarios para alcanzar la verdadera felicidad.

Musicalmente destacan Träume e Im Treibhaus por resultar una anticipación del estilo melódico y armónico que apreciamos en Tristan, con pasajes que podemos reconocer en el preludio y segundo acto de la ópera. Stehe still! por su parte, es un anticipo del primer acto.

En el concierto de esta noche, presentamos este ciclo en su versión original para soprano y piano.

La segunda parte del concierto, está centrada en el ciclo Cinq poèmes de Baudelaire de Debussy, canciones que fueron escritas entre 1888 y 1889, tiempo que coincide con su viaje al Festival de Bayreuth, en donde conoció la música de Wagner.

A pesar de manifestar su aversión a esta música, Debussy escogió para estas canciones poemas de Charles Baudelaire (1821-1867), uno de los más insignes defensores de Wagner en Francia, quien incluso le dedicó un largo ensayo titulado Richard Wagner et Tannhäuser à Paris.

Lo cierto, es que Debussy sentía un paralelismo entre sus ideas musicales con las ideas de escritura de Baudelaire. En una carta de 1885 describió el tipo de música que quería hacer: “un género de música suficientemente flexible y entrecortada para adaptarse a los movimientos líricos del alma y a los caprichos de la ensoñación”. Estas palabras hacen eco, sin duda, a un pasaje del prefacio-dedicatoria de los Petites poèmes en prose, donde Baudelaire se refiere a sus búsquedas formales: “¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus momentos de ambición, con el milagro de una prosa poética, musical pero sin ritmo ni rima, flexible y suficientemente entrecortada para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones de la ensoñación, a los sobresaltos de la conciencia?”.

De este ciclo de canciones, cuyos textos están tomados del libro Les fleurs du mal, Le Balcon ha sido señalada como la más Wagneriana, debido a su suntuosidad y armonías orquestales en el piano, además del uso de cromatismos –junto con Harmonie du soir-: son una remembranza, una forma de exorcizar el final del amor, a través de una mágica recreación del pasado. 

Le jet d’eau, es un poema erótico que toma lugar en una noche de luna llena en el cuarto de los amantes. Debussy pide un fino y sustancioso legato en el que Wagner se aprecia a través del uso crescendos y diminuendos con gran pasión, en donde la línea vocal se torna más forzosa en el refrán.

Finalmente, Recueillement y La Mort des Amants evidencian una alusión temática a Tristan und Isolde. En la primera, Debussy crea un comienzo con una intensa, oscura y dramática melodía y una progresión de acordes suave y sugestiva. En la segunda, desarrolla una canción con tres secciones, en donde cada una representa la atmósfera sensual del amor, la apoteosis de la pasión y el más allá, en una línea melódica llena, apoyada con un acompañamiento lujoso. La transición de los cinco compases de la línea vocal entre la segunda y tercera sección preparan la sublime evocación que significa pasar del amor terrenal al amor espiritual.
Doris Silva Saavedra

2° concierto 8 de septiembre La voz del violín

Programa

Along the Field (1922)                                   Ralph Vaughan-Williams( 1872-1958)    
-We'll to the woods no more
-Along the Field
-The Half -Moon westers low
-In the Morning
-The sigh that heaves the grasses
-Good-Bye
-Fancy's Knell
-Whit rue my heart is Laden

Papalote (2000)                                                                     Hilda Paredes ( 1957)
                                                                                                                   
4 Songs Op.35                                                                  Gustav Holst(1874-1934)

Altazor (1990)                                                                           David Nuñez ( 1970) 
 
Dos Canciones (1965)                                              Norbert Rousseau (1907-1975)
-Complainte
-Le Grillon 

Suite para Voz y Violín (1928)                                     Heitor Villalobos (1887-1959)                       
-A menina e a Cancao
-Quero ser alegre

-Sertaneja

Intérpretes: Andrea Aguilar, soprano
Rodrigo del Pozo, tenor
David Núñez, violín
         
      El origen del violín está íntimamente relacionado con la voz humana. Una vez que las voces femeninas fueron aceptadas en la liturgia católica, naturalmente se dio la necesidad de construir instrumentos agudos para doblar, acompañar e imitar dichas voces. Originalmente las voces más importantes eran las voces centrales de registro medio, pero paulatinamente las melodías más importantes se fueron perfilando en las voces más agudas. En la música de Bach y de Haendel así como en numerosos compositores barrocos, encontramos ejemplos de arias que combinan un violín solista y un solista vocal. En el siglo XIX el redescubrimiento de las 6 Sonatas y partitas de J.S. Bach, junto a los 24 Caprichos de Niccolo Paganini pusieron en evidencia las enormes capacidades polifónicas del instrumento, con la consecuencia lógica de que numerosos compositores se aventuraran en la escritura de obras donde las posibilidades armónicas y contrapuntísticas del violín se encuentran exploradas hasta su límite. Esta tendencia se mantiene hasta hoy. Entre esas obras encontramos las que conforman este programa que tiene como hilo conductor la rarísima combinación de la voz humana acompañada tan solo por un violín.

Después del controversial estreno de la Consagración de la Primavera, la música de Igor Stravinsky se consolida como uno de las  influencias más dominantes de la primera mitad del siglo XX. En su obra “Historia del Soldado”  de 1914 Stravinsky  utiliza unos pocos instrumentos de forma sintética (entre ellos el violín) obteniendo un resultado superlativo. Esta influencia está presente en la suite de Heitor Villalobos, obra escrita en la década de los veinte cuando el compositor  visitaba  Paris por primera vez. Además de la influencia  de Stravinsky  esta presente la cultura popular Brasileña, en especial en el último movimiento, donde el violín en pizzicato evoca el cavaquinho, una variedad de  guitarra afinada  en cuerdas  agudas  muy usada  en Brasil.

La influencia  de Stravinsky  también se encuentra  en  Holst (conocido sobre todo por su maravillosa obra los planetas  para orquesta sinfónica) y también en Vaughan-Williams  pero de forma totalmente  diferente. Apegados a la tradición romántica inglesa, se reconoce una voluntad de síntesis totalmente moderna.

Norbert Rousseau (1907-1975) nació en Gantes (Bélgica). A pesar de lo que puede sugerir su apellido Francés, Rousseau fue un destacado compositor dentro de la zona Flamenca (el lado norte de Bélgica, de habla neerlandesa), entres sus obras se destacan numerosas piezas vocales especialmente litúrgicas. En lo estético  se definía así mismo como un ecléctico.

La compositora mexicana Hilda Paredes es una de las compositoras más activas de la actualidad, su música se interpreta con regularidad por los ensambles  más prestigiosos. Reside en Londres  desde hace varias décadas. Papalote es el nombre a lo que en Chile se llama volantín.

Escribí Altazor hace más de veinte años, después de una entusiasmada lectura del poemario de Huidobro y escucha de la Suite de Villalobos. Se mantuvo sin estrenar durante mucho tiempo (quizás por la dificultad de cada una de sus partes), hasta que en el año 2012 cuando se estreno en el Goethe Institut de Chile, durante el Encuentro de Compositores del año 2012. 
David Núñez

3er concierto. 22 de septiembre, Salón de Honor UC

Die schöne Müllerin - La bella molinera


Programa

Franz Schubert (1797-1828)
Die schöne Müllerin (La bella molinera), D.795 (Op.25)

1. Das Wandern / El caminar
2. Wohin? / A donde?
3. Halt! / Alto!
4. Danksagung an den Bach / Gratitud al arroyo
5. Am Feierabend / Al cesar el trabajo
6. Der Neugierige / El curioso
7. Ungeduld / Impaciencia
8. Morgengruß / Saludo matinal
9. Des Müllers Blumen / Las flores del molinero
10. Tränenregen / Lluvia de lágrimas
11. Mein! / Mía!
12. Pause / Pausa
13. Mit dem grünen Lautenband / Con la verde cintad del Laúd
14. Der Jäger / El cazador
15. Eifersucht und Stolz / Celos y orgullo
16. Die liebe Farbe / El color favorito
17. Die böse Farbe / El color odiado
18. Trockne Blumen / Flores secas
19. Der Müller und der Bach / El molinero y el arroyo
20. Des Baches Wiegenlied / Canción de cuna del arroyo

Intérpretes: Rodrigo Del Pozo, tenor
Liza Chung, piano

Notas al programa

Schubert murió a la temprana edad de 31 años pero durante su corta vida fue un compositor prolífico, dejando entre otras, más de 600 obras vocales. A pesar de no haber obtenido fama ni reconocimiento durante su vida, exceptuando un pequeño círculo de admiradores en Viena, el interés por sus composiciones fue creciendo significativamente en los decenios posteriores a su muerte. Mendelssohn, Schumann, Liszt y Brahms, entre muchos otros compositores del siglo XIX, fueron descubriendo y sucesivamente alabando sus obras, llevándolo así a ser considerado uno de los grandes compositores de fines de la era clásica y comienzos de la romántica.

Entre sus obras vocales pertenece su primer ciclo de canciones “La bella molinera”, música compuesta sobre poemas de Wilhelm Müller. Dicho ciclo dio un nuevo peso al género de la música vocal y de cámara: amplió el drama del Lied ligando las canciones una a otra, abarcando unos sesenta minutos de duración, donde se narra una historia y se explora sentimientos y caracteres profundos de una manera que no había sido posible hacer en el marco de una sola pieza. El ciclo consta de veinte canciones, la mitad con una forma estrófica simple, y van desde un optimismo alegre a la desesperación y la tragedia, desarrollando temas típicamente románticos: el amor, la espera, la decepción amorosa, la tristeza, la muerte, la búsqueda personal, el viaje, la naturaleza.

La historia cuenta de un hombre joven que vaga alegremente por el campo y se encuentra con un arroyo. Este sigue el curso del arroyo hasta llegar a un molino donde encuentra y se enamora de la hija del molinero (de allí el título, La bella molinera). Intenta impresionarla, pero sin resultados. De pronto aparece un cazador vestido de verde, el color de una cinta que él le había entregado a la molinera. En su angustia experimenta una obsesión con dicho color, luego con una fantasía de muerte en la que las flores nacen de su tumba para expresar su amor eterno (similar fantasía se encuentra en el Lied “Adelaida” de Beethoven). Al final el joven, en su desesperación y dolor por el amor no correspondido, supuestamente se ahoga en el arroyo, aunque no queda muy claro si en efecto se suicida o se trata de una fusión abstracta entre el joven y el arroyo, entre el hombre y la naturaleza. El último Lied es una canción de cuna cantada por el arroyo en donde consuela y protege el sueño del joven. La pregunta queda: ¿es el arroyo realmente el amigo del joven o quizás su demonio, como Mefistófeles en la leyenda de Fausto, y lo lleva a su caída y destrucción?

Liza Chung



4° concierto. Martes 30 de Septiembre Salón de Honor UC.
 
Una velada con Franz Schubert


1. Gebet D. 815
2. Psalm 23 D. 706
3. Gesang der Geistern über den Wassern D. 714
4. 2 Polonaises D. 599
5. An Sylvia D. 891
6. Der Gondelfahrer D. 809
7. Ständchen D. 920
8. Ungeduld D. 795
9. Im Gegenwärtigen Vergangenes D.710
10. Lebenslust D. 609

Intérpretes: 
Coro de Cámara UC
Director: Mauricio Cortés L.
Director Asistente: Felipe Ramos T.

Penélope Knuth, Viola
Alumno de Penélope Knuth, viola
Alejandro Tagle, Cello
Alumno de Alejandro Tagle, Cello
Carlos Arenas, Contrabajo
Claudia Trujillo, Soprano
María José Uribarri, Mezzosoprano
Rodrigo del Pozo, Tenor
Diego Arellano – Alumno de R. del Pozo, Tenor
Mario Lobos, Miguel Ángel Jiménez; Piano 
Franz Schubert (1797-1828): Maestro hijo de maestro

Schubert fue hijo de un maestro de escuela de Viena, y en su infancia fue educado como miembro del coro de la capilla de la corte imperial. Gran parte de su vida la pasaría en Viena, disfrutando mucho de la compañía de amigos, pero nunca conociendo la celebración de cualquier posición en el quehacer musical o atraer el tipo de patrocinio que Beethoven tenía 20 años antes. Sus años finales fueron empañadas por una infección sifilítica. Murió de 31 años de edad, dejando gran parte de su obra sin terminar. Sus dones se habían expresado sobre todo en el canto y su talento para la melodía siempre fue evidente en sus otras composiciones. En este sentido las obras corales cobran mucha importancia. 

Schubert escribió sus más famosas composiciones vocales como canciones o Lieder –con textos que van desde Shakespeare a sus amigos contemporáneos en una cantidad aproximada de 600-. Sin embargo el trabajo fino de ensemble coral que se ve reflejado en su obra para voces mixtas, voces masculinas y voces femeninas, es sin duda, una parte central de su repertorio.

Partimos el programa con algo sacro, donde Gebet y el Salmo 23 resaltan por su tonalidad (La bemol mayor es la tonalidad de la reflexión y la plegaria en Schubert). Ambas composiciones tranquilas e inusualmente espirituales para un autor que no estaba inmerso en el mundo de la religión. 

Gebet una muy profunda religiosidad acompañada por acordes suaves del piano y una sección final aún más etérea y el Salmo 23, alejado de la tradición germana de los coros masculinos y compuesto más bien como un encargo –para las alumnas de canto de Anna Fröhlich-. Schubert escoge nuevamente el tono de La bemol mayor como símbolo de quietud y reflexión. Acompañando con tresillos el salmo parece venir casi del cielo. Una sección central provee duda y drama, pero pronto la atmósfera vuelve a su original. 

Durante su corta vida, Franz Schubert escribió más música para piano a cuatro manos que cualquier otro compositor. Aparte de la satisfacción que él obtenía tocando estas piezas en el entorno familiar y con sus amigos, encontró que los editores de música estaban más interesados en publicar estas obras que las orquestales o de agrupaciones de cámara. Su primera obra para cuatro manos la compuso a la edad de trece años y la última unos meses antes de su muerte.
Schubert tenía veintiún años cuando compuso las Polonesas D.599 en julio de 1818. Dentro de sus obras tempranas, estas piezas están muy lejos de ser obras juveniles; después de todo, prácticamente ya había completado seis sinfonías y había escrito los famosos Lieder Gretchen am Spinnrade y Erlkönig. Aunque estas polonesas son menos ambiciosas que la Polonesa en Do mayor Op.89 de Beethoven  y menos brillantes que las contribuciones de Chopin a éste género, no deben ser subestimadas; son relativamente breves y su clara estructura proporcionan una sutil prueba de la inmediatez y pureza emocional de la pluma del compositor. Con sus sencillas melodías y la polifonía en las dos partes, los tríos de estas obras son absolutamente encantadores.

An Sylvia D.891

Un día que Schubert disfrutaba en una cervecería junto a sus amigos, encontró sobre la mesa un libro de poesías de Shakespeare. Inmediatamente después de haberlo leído y con la asombrosa espontaneidad que lo caracterizaba, concebía esta canción estrófica con un simple acompañamiento de acordes repetidos que van dando marco a la descripción cada vez más entusiasta de la protagonista: Sylvia. La dificultad de este Lied, aparentemente simple, radica en sus tres estrofas idénticas musicalmente; éstas deben tener una expresión y color que las vaya diferenciando en el transcurso, aunque la melodía sea la misma cada vez, resaltando de manifiesto el significado que el poeta deseaba cuando se produce una nueva frase. 

Los atributos de Sylvia en la primera estrofa son tales como para golpear los ojos, dando la impresión de una hermosa, pero fría estatua. En el segundo verso, con un acompañamiento muy suave, el poeta se pregunta si su naturaleza interna, sus cualidades humanas de amor y simpatía, se corresponden con su aspecto exterior. El tercer verso expresa una leve insinuación y la adulación de un amante deseoso de congraciarse con su señora, perdiendo gradualmente el efecto tenue a medida que crece más audaz, afirmando libremente su supremacía sobre todos los mortales para finalmente, ofrecerle guirnaldas como a una deidad.

El Canto de los espíritus sobre las aguas -Gesang der Geistern über den Wassern- está en do sostenido menor y el acompañamiento fluye uniforme y misterioso hasta la entrada de las voces. Desde el principio tenemos un estado de ánimo de la mayor tranquilidad contemplativa donde semicorcheas del piano presagian la circulación de agua y el coro murmura su línea vocal en pianissimo casi inaudible. La modulación en Do sostenido mayor en Wasser dem gleicht parece afirmar, con tranquilo regocijo hacia el interior, la inmortalidad asegurada por estos interludios. 

De la obra, no tenemos el manuscrito completo del autor, pero Schubert nos ha dejado las partes corales intactas con lo que tenemos al menos un esqueleto de la armonía básica de la obra. El acompañamiento de piano es muy convincente para reflejar los estados de ánimo variables de agua (según dice el texto) De esta manera, el piano va a su parte aguda cuando hay luz y se requieren texturas brillantes, y cuando la fuerza de Ragen Klippen dem Sturz entgegen tiene un motivo de la Quinta Sinfonía de Beethoven (tres corcheas optimistas y un golpe en el primer tiempo). Extremadamente precioso es el movimiento de Schubert a Re bemol mayor hacia el final donde emerge gradualmente, en el acompañamiento del postludio, el resplandor de la imagen de las estrellas reflejada en la superficie del agua. 

En la segunda parte, continuamos con una de las temáticas del Romanticismo con Der Gondelfahrer, una imagen bella del gondolero surcando las aguas acompañado por la luna. 

En Ständchen el coro de mujeres acompaña a la mezzo, siendo esta la segunda idea de Schubert. La imagen de una gran cantidad de mujeres que merodeaban por la noche a cantar a la Freundin habría parecido algo ridículo para un compositor en la tradición galante de la serenata, sin embargo la sonoridad resultante fue más bella. La música en sí es exquisita: aparece la noche y una suave canción de cuna en fa mayor. La idea de coqueteo de puntillas, con el más ligero y el más discreto de los golpes en la puerta, está magníficamente transmitida por el suave acompañamiento. El pasaje cuasi-fuga magistral y desde la tercera estrofa una indicación de que el contrapunto era interesante: Schubert pronto iba a querer tomar clases. La amistad y el amor ('Freundschaft, Liebe') cortan una sección y a la vez un extraordinario toque de humor es la sonrisa incorporada del compositor en la longitud de la pieza: justo cuando la novia ya se ha entregado, y creemos que lse acerca el final, nos pide una palabra más noch ein Wort y la música se pone en marcha de nuevo. La salida se realiza con encanto en un estilo casi operístico y de hecho, este trabajo tiene algo en común con el coro nocturno que abre la ópera Alfonso y Estrella.

Ungeduld (Impaciencia) D.795

Pertenece a uno de los primeros ciclos de canciones del romanticismo, compuesto en 1823, La bella molinera es una de las obras maestras de Schubert, en la que a través de una historia va narrando las peripecias de un viajero que llega a trabajar a un molino y se enamora de la hija del dueño de éste. El piano lleva el peso expresivo de la obra, por lo que rara vez es un simple acompañamiento. Son veinte canciones que transitan desde el alegre optimismo a la desesperación y la tragedia. Ungeduld, (impaciencia), es la séptima del ciclo y esta impaciencia se ve reflejada de inmediato con los primeros tresillos del preludio inicial realizado por el piano; Nos encontramos ante el Lied más tenso de todo el ciclo y también el de la tesitura más extrema, siendo la nota más elevada de estos veinte Lieder un la agudo situado en la palabra dein, tuyo, en cada verso final de estrofa, cuyo texto es el siguiente: dein ist mein Herz, und soll es ewig bleiben tuyo es mi corazón y eternamente lo será. El texto se desarrolla aquí de forma silábica, perseguido por el incesante e inquieto acompañamiento del piano. 

Un salto significa Im gegenwärtigen Vergangenes. Es sin duda la menos conocida de las excursiones Schubert en la poesía cuasi-oriental, y sin duda una de las menos conocidas de sus versiones de Goethe. Es también inusual el híbrido de una parte de piano mucho más independiente de lo que es habitual en este género. Se inicia con un largo y hermoso solo de tenor. Luego la segunda sección (marcada Allegretto) es un dueto para dos tenores, donde la adición de la segunda voz es una verdadera sorpresa para el oído; la tercera sección (Allegro moderato) florece en un cuarteto masculino y el final Andantino quasi allegretto da protagonismo una vez más al tenor solista.

Terminamos el concierto con la alegría de Lebenslust. Un lied simple en comparación a otros, pero no por eso menos interesante y romántico a la vez: eso es la maestría de Herr Schubert.



Mario Lobos y Felipe Ramos

miércoles, julio 22, 2015

Cristián Cuturrufo, trompetista: “La SCD es más turbia que la chucha”

 



The Clinic

22 de Julio, 2015


En unas semanas más, Cuturrufo llegará con su trompeta al Olimpo del jazz. Tocará en el Blue Note, el club más famoso en el mundo por el que han pasado Dizzi Gillespie y Chick Corea. Y junto a The Chilean Project –que integra junto a Christián Gálvez, Fareed Haque y Alejandro Espinoza– se paseará durante un mes por distintos bares de Nueva York, donde todos quieren tocar. Antes de la gira, hablamos de su vida de pandillero en Coquimbo, del combo que le puso a Scaramelli y de su odio a la bachata y al programa “The Voice”: “Esos cantantes sirven pa cantarle el cumpleaños a la abuelita”, califica.


Por Macarena Gallo


Los Cuturrufo son de Coquimbo. ¿Es cierta la fama de que los coquimbanos son todos choros, mañosos y chuchetas?

-Tal cual. Y a veces cogoteros. Coquimbo es una ciudad muy especial. La caleta, los pescadores, Coquimbo Unido, La Pampilla…


Tu familia decía en una entrevista que allá tenías fama de desordenado.

-Yo era el más revolucionario y desordenado. A los 13 años fui pandillero. Fue en un verano que repetí primero medio. Salía con todos los chicos de mi barrio a huevear por Coquimbo, íbamos a pelear con otro grupo de otra población con linchacos y cadenas. Entretenido.


Esa onda.

-Éramos rudos pero al peo. Cabros chicos tontos, nomás. Todo hasta que me sacaron la cresta y me salí.


¿Es verdad que una vez le sacaste la cresta a Scaramelli?

-Eso fue más tarde. Como en los 90. Soberbia suya. Y una tontera. Nosotros éramos los músicos de la orquesta del Festival de Huasco y los de Cinema llegaron con mucha prepotencia a sacarnos la punta. Y como somos mecha corta los Cuturrufo, terminó de tocar Scaramelli y le sacamos la cresta.


A lo mejor ese fue el inicio de su yetismo…

-No creo, ja, ja, ja. Bien pegado el combo, en todo caso.


En tu época pandillera, ¿ya estabas metido en la música?

-No, la música fue más tarde. Después que quedé repitiendo primero medio, mi papá un día me dijo: apréndete este solo del tema “La Bamba” en trompeta y recién ahí te voy a dar permiso pa una fiesta. Le hice caso y me lo aprendí. Cuando me estaba yendo a la fiesta, mi papá me para cinematográficamente y me dice: “Acuérdate de mí, algún día se te va a prender la ampolleta y no vas a saber lo que va a pasar”. Tal cual. Sucedió. Y me puse a estudiar trompeta, trompeta, trompeta. Y escuchar a Chick Corea, George Gershwin, Cole Porter. Y me transformé en un autista. Nunca más fui a fiestas. Del más malo de la trompeta en el colegio pasé a ser el más bacán, gané todos los puestos en la orquestas. De primero a cuarto medio no tuve ningún cuaderno. Tenía todos los ramos rojos en la Escuela de Música de La Serena. Era pura música.


Una vez dijiste que la Orquesta Sinfónica de La Serena era como el pico.

-Sí. Me había fumado un pito y un periodista maricón me pilla volando bajo y me pregunta por la orquesta y yo le respondo “como el pico”.


¿Pero no pensabas que la orquesta era como el pico?

-O sea, sí. Pero no es que me crea la raja, porque así se entendió… Pero bueno, es verdad: me creo la raja.


¿En serio?

-Sí, me creo un trompetista muy así: la ra ja. Feliz de la vida. Pero eso no me hace ni ser ni déspota ni prepotente, ni nada. Decir que uno se cree la raja en este país cae como las huevas. Pero no me importa. Tengo el ego bien alto y la gente misma te alimenta el ego. ¿No te parece poco todo lo que me huevean? Me dicen que soy mafioso, porque estoy a cargo de todos los festivales, porque voy a todos lados y tengo mi bar. Y dicen que me creo la raja y todo el cuento. Bueno, es así. En el ambiente también se ha creado la atmósfera del Vito Corleone del jazz. O sea, me han dicho que soy el Vito Corleone del jazz. Eso me ha hecho ser un músico jazzista intimidante. Muchos hueones como que me tienen miedo: Cuturrufo, chucha, uf. No soy el más simpático. Eso me ha hecho ser conocido como el hueón cabrón.


¿Quién es el mejor trompetista de Chile? ¿Cristián Cuturrufo?

-No, yo creo que el mejor trompetista de jazz en este país es Jorge Inostroza, mi alter ego.


Ya…

-Mucha gente me conoce por ese nombre. A veces llamo y me hago pasar por Jorge Inostroza, el productor de Cristián Cuturrufo, el jazzista.


Y con el ego tan alto, ¿cómo lo harás en Nueva York, donde vas a ser uno más del montón?

-No me comparo con nadie. Soy yo, nomás. En el mundo del jazz no existe el mejor, uno se codea con todo el mundo. No es que me crea el mejor, pero sí me creo la raja, porque me encanta tocar trompeta, el estilo de jazz que toco me encanta, me siento cómodo, y eso me hace creerme la raja. Es como andar bien en mountainbike. O ser malabarista y que te vaya la raja. Mi ego es absolutamente personal que ni expongo ni lo impongo. Yo solamente toco en el escenario y dejo la cagada. Reviento vasos con mi trompeta. Y eso alimenta mi ego.


¿A los jazzistas los siguen muchas groupies?

-Sí, caleta. Muchas minurris. Pasa, es la realidad. Pero soy hombre casado y con tres hijos. Pero es cierto que uno arriba del escenario tiene una especie de encanto con el sexo opuesto. Más uno, que viene con el ADN de galantería de su abuelo.


LA POLÍTICA Y LA BACHATA


¿El jazz es apolítico?

-Puede ser. A no ser que haya figuras estereotipadas políticamente, como Daniel Lencina que le hizo el jingle a la campaña del SÍ y lo hicieron pico. Pero eso ha cambiado. Yo organizo festivales de jazz para el alcalde Francisco de la Maza, pero también con el Sadi Melo. Soy músico y transversal en lo político. No tengo color político, no me gusta ni la derecha ni la izquierda. Y puedo decir que de diez trabajos en municipios, en siete u ocho veces con la izquierda he tenido rollos. Siempre son con los pagos, salen con sus bicicletas, chanchullos. Con la derecha nunca he tenido problemas de lucas. ¿Qué me dice eso? Algo les pasa a los de izquierda.


¿Votas?

-Por nadie. Mi candidato perfecto es Gladys Lavín, ja, ja, ja. Politizarse es como meterse en una religión. Y la religión de la Nueva Mayoría es primitiva. En Chile está todo envenenado, está la cagada, todo confuso. Este país tiene muchas espinillas. Entre los aluviones, los volcanes, la corrupción, las AFP, la ANFP y la envidia no está tan grato. Está penca la cosa. Menos mal que salimos campeones de América, porque la gente quiere alegría un rato ante tanta mala onda.


¿Cómo celebraste el triunfo de Chile?

-Lloré. Lo vi con mis tres hijos y mi señora en mi casa. Quebré una silla y boté la parrilla eléctrica de una patada cuando Bravo atajó el último penal argentino. Después me fui a mi club, el Jazz Corner, y toqué arriba de la barra. Dejé la cagada. Estábamos todos eufóricos.


¿Tampoco estuviste politizado cuando empezaste en la música? Eran los 80, ¿no te metías en las protestas?

-No, pero con mis amigos grandotes universitarios, con los que tocábamos, me vinculé en tocatas que se hacían en medio de las manifestaciones con lacrimógenas y todo. Uh, la cagá, impresionante. Pero yo siempre detrás, nunca participé. Pero sí, a modo personal y familiar, botamos todos los letreros de Büchi a puros peñascazos y palos. Recorríamos la carretera desde Peñuelas a Coquimbo botando letreros. Cada vez que los reponían, nos dábamos la paja de botarlos de nuevo.


¿Cómo era recibido el jazz en una época en que todos escuchaban a Los Prisioneros?

-Era una pugna súper cerrada. El jazz era como un oasis musical. Estaba todo politizado, con un ambiente bien hostil y aparecía el jazz. Los que pescaban eran los universitarios más volados y experimentales. Se hacían como unas peñas, unos conciertos de jazz medio clandestinos. Era muy chiquito el círculo.


¿Y qué te parecían Los Prisioneros?

-Nunca me ha gustado la música de Los Prisioneros. Ni de Narea y Tapia que son horribles. Sus instrumentos los tocan mal, pero con esa simpleza hicieron maravillas. Y con tres acordes. Eso se valora.


¿Y lo que está haciendo ahora Jorge González?

-No, nada. Me gusta el Pedro Piedra, lo encuentro notable, tiene una simpleza compleja. Su música es simple, pero tiene un fundamento y una identidad que se le nota. Ese me encanta.


¿Pero lo tuyo siempre fue el jazz?

-No soy jazzista, sino que un músico que toca jazz. Soy fanático número uno de la buena cumbia. Me encantan los Viking 5, soy su fan número uno. Primero los Viking 5, después Miles Davis y Herbie Hancock.


Y si te gusta lo bailable, ¿también el reggaetón?

-No, por Dios, es un cáncer para la música pop. Así como la bachata. Metería en una olla con aceite hirviendo al Américo –que lo único bueno que tiene es su trompetista–, a Noche de Brujas y toda esa tracalá de cumbia romántica, chillona, ahueoná, que quiere ser como Marc Anthony. A todos esos hueones los quemaría.


¿Por qué tanto?

-La odio. Es pésima. No me provoca nada, solo malestar auditivo. El estilo de la bachata lo meto a la hoguera. No es que sea clasista, pero la encuentro chula, picante la hueá, horrible, una mierda. Me da vergüenza la bachata. Se va a derrumbar mi casa antes de escuchar bachata. No conquistaría a una mina con un tema de Américo ni cagando.


¿Te gusta la música chilena?

-Me encanta. Pero no escucharía nunca a Lucybell. No me gustan.


¿Por qué no?

-Con todo respeto, pero Lucybell es como un zapato de cuero, pero de plástico. O como un Ferrari chino. Mula. Los Bunkers son insoportables.


¿Qué te parece el programa de talentos “The Voice”?

-El otro día lo vi para sapear. Y nada, una vergüenza ajena. Ese prototipo de jurados, hablan como cantando y opinan como si supieran. Un tongo. Horrible. Hablan bien de un hueón que canta mal. O mal de uno que canta bien. ¿Cómo un jurado hueón se transforma en un jurado si no tienen por dónde? No entiendo. El jurado es de segunda división.


¿A quiénes pondrías?

-En su lugar pondría una bomba.


Más allá de eso, ¿ves talentos en este tipo de programas?

-No hay. El talento es otra cosa. Esto es solo people meter. Esos cantantes sirven pa cantarle el cumpleaños a la abuelita, pero de ahí a ser estrellas, no. Nómbrame a algún hueón que haya salido de un reality en Chile, que sea cantante, y sea una estrella. ¡Nadie poh! Si es una mierda, nomás.


¿Algo más que agregar?

-La SCD, alias SQM de los músicos, porque la hueá es más turbia que la chucha, va a ser mejor –y yo sería feliz– cuando su director sea Patricio Manns, mi máximo ídolo, y deje de serlo Álvaro Scaramelli.

viernes, julio 10, 2015

El guitarrista clásico Horacio Salinas

El Mercurio

El director de Inti-Illimani Histórico actúa esta noche en el Palacio Schach con su hija cantante Martina.

IÑIGO DÍAZ

El adolescente Horacio Salinas no solo debía lidiar con el rigor del estudio académico de la guitarra, sino con la animadversión que su profesora, la eminente Liliana Pérez Corey, tenía ante los gustos musicales del alumno. "Es que me encantaba el folclor, el rasgueo de los argentinos. Ella se enfadaba con eso. No quería que me alejara de la guitarra clásica", recuerda hoy, a los 64 años, el guitarrista, compositor y director de Inti-Illimani Histórico.

Esta noche, en el Palacio Schacht (Nueva Providencia 1995, 19:30 horas, $3.000), el concierto titulado "Música y canciones para soñar" tendrá una doble dimensión. Por un lado, es un regreso de Horacio Salinas a la guitarra sola, en un formato de concertista clásico y los repertorios de autores latinoamericanos como Agustín Barrios Mangoré ("Julia Florida") o Atahualpa Yupanqui ("Lloran las ramas del viento"), pero también será un estreno para Martina Salinas.

"Crecí en un ambiente de guitarras y canciones. De ahí proviene mi gusto por la música latinoamericana. Después estudié danza en Espiral, y en Sevilla profundicé en el baile flamenco. Ahora estudio psicología. Tengo tres actividades", dice Martina (29).

Tras una primera parte de guitarra sola, la dupla padre-hija abordará una serie de canciones escogidas, donde destacan piezas de Chavela Vargas ("Paloma negra", "El último trago"), Simón Díaz ("Tonada de luna llena") "y una tonada medio triste de Violeta Parra que se llama 'Por la mañanita' y que simboliza el tono de este concierto", dice Martina.

"Mi primera pasión fue la guitarra. Después, con Inti-Illimani no hubo mucho espacio para ella. Hace poco hice una itinerancia por el sur solo con guitarra. Ninguno de mis discos solista son de guitarra, pero este año grabaré un repertorio completo en ese formato", cierra Horacio Salinas.


lunes, junio 29, 2015

“Margot no está enferma. Pero es como una velita que se cansó de alumbrar y se está apagando..."



Radio U de Chile

Tiene 96 años y ya no da entrevistas ni participa de actividades pero junto a su marido Osvaldo Cádiz continúa preparando libros y entregando su conocimiento a sus incontables alumnos. De cuecas, tonadas, bailes y amor por los pueblos hablan aquí quienes han conocido de cerca a la más importante de las investigadoras de nuestras tradiciones que continúa con vida.

Por Rodrigo Alarcón

Antes de estudiar Pedagogía en Castellano, antes de ser alumno y luego ayudante de Margot Loyola, antes de codirigir el conjunto Palomar y antes de publicar innumerables libros y artículos junto a su mujer acerca de variadas tradiciones chilenas, Osvaldo Cádiz vivía en San Fernando y estaba obsesionado con el rocanrol. Con el baile, para ser precisos.

“Me fascinaba. En los ‘50 iba a ver las películas de Gene Kelly y Fred Astaire y en mi casa trataba de imitar sus pasos. Luego vino el boom del rock. Empezó a sonar en las radios y nos decían cómo era, pero no lo conocimos hasta que llegó la película Al compás del reloj (Rock around the clock). La estrenaron en el cine Real, que quedaba en Compañía, al llegar a la Plaza de Armas de Santiago”, recuerda ahora.

Osvaldo Cádiz era tan fanático, que consiguió algo de dinero y un lugar donde alojar y tomó un tren a Santiago. Vio la película no una ni dos ni tres veces, sino muchas: “Como estaba metido en la juventud católica, me quedé en una casa de reposo y me aprendí el recorrido de memoria: tenía que llegar a La Moneda, cruzar la Plaza de la Constitución en diagonal, caminar otra cuadra y subir. Me quedé como dos o tres días y, como era rotativo, me iba lo más temprano posible después de almuerzo y me quedaba toda la tarde viéndola. Tenía como 14 años y de tanto ver bailar, aprendí y llegué a San Fernando a enseñarle a mis compañeros”, relata.

Luego, en 1958, cuando se instaló en Santiago para estudiar, Osvaldo Cádiz seguía siendo un joven “colérico”, pero ganó un concurso de baile en una radio y el premio era un curso de cueca, enseñada por Margot Loyola. Aunque han pasado las décadas desde entonces y han viajado, dictado clases y hecho publicaciones juntos, Osvaldo Cádiz corrige cuando se le dice que en el pasado fue alumno de Margot Loyola.

“Sigo siéndolo”, precisa.

Células activas

Osvaldo Cádiz es el más cercano de los innumerables alumnos que ha tenido Margot Loyola Palacios, nacida un 15 de septiembre de 1918 en Linares. Luego de formar el dúo Las Hermanas Loyola junto a su hermana Estela y de sus primeras incursiones en los campos para recopilar canciones tradicionales, en 1949 Margot Loyola se integró a las Escuelas de Temporada que realizaba la Universidad de Chile y comenzó una labor pedagógica que ni siquiera hoy se ha detenido.

También tuvo sus maestros, algunos de los cuales homenajeó cuando recibió el Premio Nacional de Artes, en 1994: Carlos Isamitt, por ejemplo, quien le mostró el mundo mapuche. Blanca Hauser, su maestra de canto. Flora Guerra, quien le enseñó piano. Pablo Garrido, Eugenio Pereira Salas, Cristina Miranda y hasta su amiga Violeta Parra.



A ellos habría que sumar a todas las anónimas personas que le enseñaron cantos, danzas y tradiciones que luego ella se ha encargado de transmitir a sus alumnos: “El sistema de trabajo en terreno que tenemos con Margot es ser una célula activa dentro de la comunidad, pasar a ser uno más de ellos”, explica Osvaldo Cádiz. “Cuando estudiamos el cachimbo, por ejemplo, nos llevó más de cinco años en Pica, Matilla, Tarapacá, Iquique, toda esa zona. Estudiábamos la danza, la mostrábamos y la gente nos decía: está bien, pero algo nos dice que ustedes son del sur tratando de bailar como el norte. Entonces les preguntábamos: ¿es por el pañuelo? ¿Los pasos? No, está todo, nos decían. ¿Entonces qué falta? Hay algo que no dice no más poh, nos respondían. Era eso interno que debe tener todo intérprete, captar el espíritu de esa danza para luego poder entregarla con fidelidad. Así, recién a los cinco años nos dijeron: ahora son como nosotros”.

Una de las principales herramientas de la pareja para enseñar es Palomar, el conjunto que fundaron en 1962 y que busca encarnar ese método de trabajo: “Cada vez que escuches al Palomar, siempre será distinto. Lo mismo pasa con la danza. Nosotros entregamos todas las posibilidades de pasos, de movimientos, y cada vez el alumno tiene que recrear la danza, hacerla propia, internalizarla, no repetirla”, asegura Osvaldo Cádiz.

Hoy, Palomar está a cargo sobre todo de un coordinador general, Richard Faúndez, quien se integró al grupo en 1984, cuando ensayaban en la Recoleta Domínica. Así recuerda el primer encuentro con la maestra: “Yo llevaba muy poco tiempo y cuando mis compañeros supieron que iba Margot, se produjo una cierta tensión que en su momento no entendí. Es que Margot siempre se ha caracterizado por ser directa y si algo no le gustaba, lo decía”, rememora.

La casa de Osvaldo y Margot

A la labor de Palomar hay que sumar una multitud de grabaciones, artículos y extensas investigaciones. Solo entre los más recientes: los libros La tonada: Testimonios para el futuro (2006); La cueca: Danza de la vida y de la muerte (2010); y 50 danzas tradicionales y populares en Chile (2014); el disco Otras voces en mi voz (2010); y un ciclo de 25 programas radiales, Conversando Chile con Margot Loyola y Osvaldo Cádiz.

“Ahora estamos completando cuatro libros, con la ayuda de nuestros alumnos”, añade Osvaldo Cádiz, apuntando a otra arista de su labor: la gran cantidad de personas que llega a su casa en La Reina para aprender.

Una de ellas es la cantautora Natalia Contesse, quien se acercó a Margot Loyola en 2009, luego de un viaje a Bolivia en que tocó música chilena y se dio cuenta que “en realidad no sabía nada”. Así, comenzó a visitar a la pareja, escuchaban música y ella les mostraba sus composiciones, hasta que llegaron a una conclusión: “En el fondo, lo que yo estaba buscando era la tonada”, dice Natalia Contesse.


También llegó a su casa, más de una vez, Daniel Muñoz. En su caso, fue luego de actuar junto a 3 x 7 Veintiuna en el Festival del Huaso de Olmué: “Hicimos un espectáculo de cueca y días después me invitaron a su casa”, recuerda el actor. “Nos agradeció la difusión de la cueca y comenzó una amistad. Cada cierto tiempo nos reuníamos, conversábamos, nos hacían comentarios y nos pasaban material”.

Luego, Daniel Muñoz se hizo cargo de la obertura del Festival de Viña del Mar y se basó en la investigación que Margot Loyola había hecho sobre la cueca en Latinoamérica, sobre la cual gira también el espectáculo que hoy presenta junto a su banda, Los Marujos. Con ellos, más tarde, grabó el disco Cueca (2013), que les provocó un reproche: “Hicimos una cueca que pensábamos que era cuyana, pero Osvaldo y la señora Margot nos dijeron que era una tonada simple, así que nos destruyeron un diez por ciento del disco”, recuerda entre risas el cantante. “Tuvimos que volver a buscar hasta encontrar una cueca cuyana como corresponde, que es lo que cantamos ahora en vivo”.

Otro que recibió el llamado de Margot Loyola y Osvaldo Cádiz después de actuar en Olmué fue Daniel Riveros (Gepe), quien también llegó a su casa para cantar y conversar: “Para que me escuchara, tenía que cantarle al lado de su oído y fue súper emocionante, porque me decía ‘qué bonita esa parte’. Estaba muy atenta y ponía todo su esfuerzo para escuchar. Fue inolvidable”, recuerda.

Daniel Riveros dice que le llamaba la atención “que una persona aparentemente tan ortodoxa como Osvaldo Cádiz pudiera apreciar o interesarse por algo tan poco ortodoxo como lo que hago. Ya era genial que no lo encuentre una falta de respeto. En general, el mundo más ortodoxo no me tiene tanta buena y me parece natural, casi obvio, entonces es divertido que una autoridad del folclor tuviera esas ganas de conocerme”.

Una vela que se apaga

¿Qué fue lo más importante que te enseñó Margot Loyola? Es una pregunta para la que muchos se toman un momento antes de responder. Natalia Contesse, por ejemplo, dice que fueron demasiadas, pero ensaya una respuesta: “Fue la confirmación de la profundidad del folclor, que la vi en la pasión y certeza de ella. También en las experiencias que me cuenta, en sus caminos, en cuando encuentra a la gente. Ella me decía: uno camina para adentro por los campos, se siente el viento y ahí está la tonada, la fuerza, la profundidad, el sentimiento, el llanto de una tonada. Esa es la confirmación de que este lenguaje es muy profundo y muy importante tomarlo, más si uno está en este territorio”, explica.



Daniel Muñoz, en tanto, acude a un recuerdo particular: “La palabra dinámica me quedó grabada de una conversación que tuve con ella. Que el folclor tiene que ver con una dinámica, con algo que está en constante movimiento, como el mar que va transformando una orilla o una roca, la va moldeando o la roca se va acomodando a lo que le propone el mar. Si bien nuestras tradiciones son sólidas, no quiere decir que sean inmutables. Es lo que atesoro mucho de las conversaciones con ella: que estamos en presencia de algo vivo, no algo que está en un museo para ser venerado y adorado”.

Gepe, por su parte, recurre al asombro: “Cuando la conocí ella tenía más de 90 años, apenas escuchaba, pero le ponía mucho entusiasmo. Hablaba como si tuviera 15 ó 20, con el mismo entusiasmo de una persona joven o de una persona que está obsesionada con algo. Era un entusiasmo profundo, esa llama que tiene adentro”.

Osvaldo Cádiz, finalmente, dice que lo primero que aprendió de Margot Loyola es “el profundo amor y respeto por los pueblos y el dolor por las injusticias que sufren”. Luego, recuerda cuando hacían clases juntos: “A los alumnos les decíamos que no íbamos a enseñarles que esta es la verdad absoluta. Venimos a mostrar puertas y ventanas, ustedes sabrán por qué ventanas miran y por qué puertas salen y qué camino toman, pero lo que hagan, que esté cimentado en un profundo estudio y cariño por el hombre que es portador de estas manifestaciones. Eso les decíamos y es otra gran enseñanza que me deja Margot: aprender a ver, a respetar y a querer. Más que la danza, lo que importa es su portador; más que la canción, importa quién la canta, cómo la canta y por qué la canta”.

El próximo 15 de septiembre, Margot Loyola cumplirá 97 años. Continúa recibiendo personas en su casa, pero ya no da entrevistas ni tampoco hace apariciones públicas. En mayo pasado, incluso, un comunicado salió al paso de un supuesto deterioro de su estado salud.

¿Cómo está ella ahora?

Osvaldo Cádiz, su marido, su compañero de investigaciones, su alumno, lo responde: “Margot no está enferma. Le hemos hecho exámenes y está todo muy bien, pero es como una velita que se cansó de alumbrar y se está apagando. Como decimos en el campo, tiene 96, pero anda en los 97. Ella decidirá el momento en que diga “me voy de Chile y me despido de toda la gente que me quiere y pregunta por mí’. Está muy tranquila, eso es lo principal”.

lunes, junio 22, 2015

III Ciclo de Vientos y Percusión



Comunicado de prensa

Ya convirtiéndose en una tradición,  en este tercer Ciclo de Viento y Percusión UC, al igual que en sus dos versiones anteriores, destaca  la gran inclusión de obras del siglo XX y XXI.
En esta oportunidad este ciclo tendrá lugar los días martes del mes de julio en el Centro Cultural Gabriela Mistral. La entrada es liberada.

Martes 7 de Julio Compositores franceses del siglo XX, de Claude Debussy a Gérard Grisey Tal como lo indica el título de este concierto, este concierto está dedicado a obras de compositores franceses del siglo XX, haciendo un recorrido que incluye obras emblemáticas como el Prélude à l'après-midi d'un faune de Claude Debussy (1862-1918), pasando por obras de otros íconos como Pierre Boulez (1925) y  Oliver Messiaen (1908-1992),  y finalizando con Gérard Grisey (1946-1998).
La interpretación está a cargo del Ensamble Contemporáneo UC integrado por: Karina Fischer, flauta; Rodrigo Herrera, oboe; Dante Burotto y Francisco Gouet, clarinetes; Davor Miric y Gonzalo Beltran, violines; Penelope Knuth, viola; Alejandro Tagle, cello; Carlos Arenas, contrabajo; Luis Alberto Latorre, piano; Mario Alarcón, armonio; Gerardo Salazar, percusión; Aliocha Solovera, dirección.

Martes 14 de Julio Clásicos e Iberoamericanos en Cuarteto de Saxofones  El programa de esta jornada, nos muestra las distintas facetas interpretativas del Cuarteto de Saxofones como agrupación, a través de un repertorio ecléctico que abraca la música clásica, latinoamericana y el jazz.
Los intérpretes de este concierto son el Cuarteto de Saxofones Oriente integrado por: Alejandro Rivas, saxofón soprano; Pablo Vega, saxofón alto; Miguel Villafruela, saxofón tenor; Karem Ruiz, saxofón barítono.

Martes 21 de Julio Los Clásicos de Siempre para Piano y Vientos  El programa de esta jornada, incluye  las obras más populares de los diferentes estilos y nacionalidades para quinteto de vientos y piano. Todas ellas, de alguna manera, han servido de inspiración para sus contemporáneos, y al mismo tiempo han establecido una agrupación estable a lo largo de la historia de la música.
Los intérpretes de este concierto son: Karina Fischer, flauta; Rodrigo Herrera, oboe; Francisco Gouet, clarinete; Marina Martelli, fagot; Ricardo Aguilera, corno; Camilo Gouet, piano.

Martes 28 de Julio Clásicos de la percusión del Siglo XX y más El último programa de este ciclo, está dedicado íntegramente a la percusión. En la primera parte, escucharemos obras del ámbito académico, en donde destaca la Tercera Construcción de John Cage (1912-1992).
La segunda parte del programa, se centra en música de raíz más popular, en donde destaca el estreno en Chile de Piedra Negra  Víctor Mendoza.
La interpretación de este concierto está a cargo de: Sebastián Moya, contrabajo; y el Grupo de Percusión UC integrado por: Felipe Bravo, Felipe Leiva, Cesar Vilca, Tomas Moreno y el profesor Carlos Vera Pinto en la dirección.



miércoles, junio 03, 2015

Concierto de Aniversario UC 2015

Comunicado de prensa

Este 2015, en la conmemoración del día del Sagrado Corazón, queremos rendir homenaje a nuestra casa de estudios a través de sus alumnos, que son los que le dan vida a la universidad y reflejo de su misión de excelencia en conocimientos y entrega de valores al servicio del país. Es por esto que en este significativo concierto, serán protagonistas cuatro de sus más destacados estudiantes, que serán acompañados por sus compañeros y profesores.

En la primera parte del programa, disfrutaremos del Divertimento en sib mayor K137 para orquesta de cuerdas de W. A. Mozart; la Ciaccona en sol menor de T. Vitali, en la realización de F. David y orquestación de O. Respighi; y el Rondó Op.94 de  A. Dvorak.
La segunda parte del programa estará dedicada íntegramente a W. A. Mozart. De él escucharemos el concierto en sol mayor KV 313/285c  para flauta sola y orquesta y el aria de concierto Misero! o sogno  K431.

Como es tradición, este concierto se realizará en el Salón Fresno del Centro de Extensión UC, ubicado en Alameda 341, metro Universidad Católica, el jueves 11 de junio a las 19:30 hrs. La entrada es liberada.
La interpretación está a cargo de la Orquesta Academica UC, concertino Profesor Gonzalo Beltrán; los solistas: Fernando Espinoza, violín; Marco Carrasco, violonchelo; Alexis Contreras, flauta traversa; y Diego Arellano, tenor; dirección general Profesor Alejandro Reyes.