lunes, mayo 07, 2007

Noches de parreo

La Nación, Domingo 6 de Mayo de 2007
Leonora Parra entra al cuarto oscuro de su padre en una biografía que publicará este año. Putas, siquiátricos, alcohol y homosexuales lanzados a las líneas férreas del sur desfilarán como décimas de cabaret. Acá un adelanto del material y el amor de una hija que aún siente su olor.
Fragmento de Resurrección
Dame solo una palabra
Que ya he perdido la calma
Y todo perfume me marea
Que Dios apure sus tareas
Y te diga de una vez
іDespierta Roberto Parra!.
Leonora Parra

Por Gabriela García

Acaba de recibir el alta médica. Aún no entera 18 años y silba en la puerta del Hospital Psiquiátrico de Santiago. El sol de verano enciende las calles de los años 30. Su nombre es Luis Roberto Parra Sandoval y todavía no tiene bigote. Apenas un puñado de canciones improvisadas en prostíbulos del sur y un prontuario de hambre, frío, alcohol y muerte en sus bolsillos. El hombre silba alejándose del lugar donde había estado interno por pulmonía. La enfermedad la agarró al dormir en el barro.
Quien recuerda esta imagen es su hija Leonora Parra (34), una mujer de ojos oscuros que hace un año pasa en limpio las bitácoras de su padre. Ella bautizó a su pequeño hijo con el nombre del escritor, músico y poeta nacido en el Hospital San Borja el 21 de junio de 1921. Ella también escribe versos y ahora sentada en el “Rincón del Tío Roberto” (un pequeño museo de la calle Las Nieves de Puente Alto) estruja su memoria. En el museo-casa vive Catalina Rojas, su madre y única esposa del creador de las cuecas choras.
“Yo creo que mi mamá quiso ordenar a mi papá y nunca se acercó mucho a los Parra porque sentía que lo devolvían al caos, al vino, al circo. Mi mamá lo civilizó. Los Parra iban y venían, le avivaban la cueca y mi papá volvía a tomar y a enfermarse”, dice a bajo volumen. Porque el lugar -construido gracias a un Fondart tres años después que un cáncer a la próstata enterrara a Roberto el 21 de abril de 1995- es su templo.
En las vitrinas descansan sus camisas, cuadernos, uñetas, escritos en décima, suspensores, zapatos, fotografías y las guitarras que alguna vez construyó en un taller de la calle Serrano, en Pudahuel. También están las boletas de honorario del hermano de Nicanor, Hilda, Violeta, Eduardo, Caupolicán, Elba, Lautaro y Óscar Parra. Los amarillentos comprobantes dicen escritor.
ARCHIVOS X
Leonora empezó a escudriñar en los cuadernos íntimos de su padre, sólo después de su muerte, cuando hace un año la Editorial Pehuén le pidió que escribiese su biografía. “Mi papá era muy hermético con su pasado. Yo sabía que había vivido en prostíbulos, pero sólo leyendo me di cuenta de lo terrible que fue vivir en ese mundo tan decadente. Fue súper triste descubrir que siendo un niño de 14 años, vio muertes injustas de prostitutas y homosexuales que se emborrachaban y que terminaban siendo arrojados a la línea del tren. ‘No les bastaba con quitarles la plata, tenían que matarlos’, dice mi papá en sus décimas. Y eso es sólo en Chillán, después vino Bulnes, Talcahuano…”, confiesa con un nudo en la garganta.
El libro (aún sin título), develará el lado b del artista chileno y saldrá del horno este año. “Va a tener de todo un poco. Música pasada a partituras, fotografías, canciones de cueca e historia: desde su infancia hasta su muerte”, revela.
A esto se suma su aporte en el guión de la película que el actor y director Boris Quercia, prepara sobre el mentor del jazz guachaca para el 2008. “Él me llamó para que lo ayudara con la historia de la cinta, así que le mandé mucha información”, dice entusiasmada.
Pero para esta hija, escribir sobre el “Tío Roberto” fue como entrar en su cuarto privado. Desclasificar un pasado que quedó atrás en 1971, cuando el compositor se enamora de Catalina Rojas, se casa y se convierte en padre de dos hijas (Catalina y Leonora). “No sabía por dónde empezar, así que entré a la DIBAM y empecé a ver todas las fotos de la capital desde 1900 pa’ delante. Encontré una fotografía donde él tiene 16 años y aparece en Mapocho, caminando por la calle con una guitarra. Fue a partir de esa imagen que pude entrar a su mundo. Fue súper bonito quererlo con todas sus contradicciones”, afirma Leonora.
“Cuando mi papá murió creo que no había personas más tristes que mi hermana, el tío Nicanor y yo. En el velorio, yo sentí que me cayó una piedra en el rostro y nunca más me la saqué. Fue en ese momento cuando el tío Nicanor me dijo que teníamos que fabricar una máquina del tiempo e ir a buscarlo. Yo siento que ahora lo encontré. Incluso, a veces hasta siento su olor. Un olor a tierra, a campo, a fruta, a Chile”, admite tocando el lomo de una guitarra burdeo.
De los años junto a él recuerda el barrio Pudahuel. “Ahí vivimos los tiempos más duros y pobres de la dictadura. Todos los días salía con mi mamá a tocar a La Vega. Y llegaban pasado el almuerzo con mucho sencillo, con canastos de fruta. Eran días muy bonitos pero muy extremos también por la pobreza de mi barrio y de la época. En esa época él estaba al margen de todo medio de comunicación. Por otro lado estaba la gente amiga, las peñas, las reuniones sociales en parroquias. Recuerdo que mi papá nos llevaba a ese mundo y nos contaba millones de cuentos. Lo pasábamos muy bien con él. Era picarón como el folclore. Nos hacía mucho reír”, cuenta soltando una carcajada de cabra chica.
PUTA MADRE
Roberto Parra nació en Santiago pero fue criado por sus padres, Clara Sandoval Navarrete y Nicanor Parra Parra, en Chillán. Su vida trashumante comienza a muy temprana edad, ya que su progenitor muere repentinamente cuando él cumple los ocho años. Comienzan tiempos de pobreza para la familia Parra y los hermanos recorren pueblos, plazas, mercados y circos con guitarra en mano. Fue esa necesidad de pan lo que llevó a Roberto a los callejones. Ahí dónde las putas redentoras se vendían al mejor postor.
Leonora tose secamente y dice: “Eran calles llenas de casas de mujeres y él se metía en todas, primero como músico y observador, luego como protagonista. Partió como garzón. Más de una vez lo mandaron a dejar comida a la cárcel. Pero luego se fue enamorando de la fiesta, de la alegría y la tristeza de los prostíbulos. Decía que ‘los colitas eran más chistosos que Chaplin’ y se divertía, quizás intuyendo que más adelante iba a escribir cuecas en coa”.
Entre aplausos y polvos pagados apareció la sed compulsiva. “Empezó a tomar vino desde muy chico, en barril y en pipa. Muchas veces para llenar la guata, para ahogar dolores. Cuando leí párrafos de Talcahuano, vivió en el pasaje Cortéz Canto, me deprimí mucho porque él decía que en los prostíbulos tiraban cueros no más para dormir, cueros al lado del barro y que todos los músicos que tocaban con él, murieron de pulmonía”, rememora Leonora.
Él también estuvo con un pie en la tumba. De hecho, fue Clara Sandoval quien tuvo que rescatarlo en Concepción, traerlo a Santiago y hospitalizarlo. “Estuvo como un año enfermo de frío y de enfermedades venéreas. Perdió el conocimiento. Luego, estuvo seis meses más hospitalizado en el siquiatrico, donde lo desintoxicaron. Se volvía medio loco cuando tomaba. De hecho, estuvo tantas veces preso por copete que aprendió a hacer anillos en la cárcel”, dice señalando la vidriera.
Leonora respira profundo antes de seguir buceando en la memoria y agrega: “Él era enfermo, entonces cuando tomaba se largaba y terminaba en el siquiátrico. Más de alguna vez fuimos a verlo con mi mamá. Le íbamos a dejar cuadernos para que escribiera. Cigarros, camisas. Para nosotros era súper difícil ver cómo se sumergía en sus dolores. Pero luego me di cuenta que era parte de su creación. Que su vida era un tobogán de emociones y aprendí a quererlo así. Era todo un cuento porque se disfrazaba para salir a tomar a las picás del barrio. A veces hasta andaba de frac. A mí me daba vergüenza porque tenía 12 años y le decían “el loco Parra”. Ahora en cambio, pienso que todo eso era parte de su fantasía. Que no hay nada más top que salir a tomar disfrazado”, afirma con ternura.
Cuando Leonora le preguntaba al viejo Roberto por “La Negra Ester” (obra que éste escribió para inmortalizar la figura de una prostituta que le robó el corazón en su juventud), el tío le respondía “No se meta en huevás, mijita”. Sin embargo, ella siente que esa mujer, que inspiró uno de los montajes más notables del teatro chileno y que fue adaptada a fines de los 80 por el Gran Circo Teatro de Andrés Pérez, es “parte de su familia”. “Tengo que admitir que la primera vez que vi ‘La Negra Ester’ me salí a la mitad de la obra, porque era una cosa muy fuerte para mí ver a mi papá ahí. Sabía que era una prostituta y que había sido su amor, pero de ahí a verlo….fue chocante. Había todo un pasado que no conocía de él”, confiesa mientras afuera, el ruido de un megáfono anuncia la feria del fin de semana.
-¿Alguna vez viste fotos de ella, te contaron cómo era?
-No, pero dicen que era maciza, no muy bonita de cara pero sí de cuerpo. Que era muy agradable. Fue una etapa muy bonita en la vida de mi papá, de mucha libertad y mucha onda. Creo que si la Negra Ester hubiese estado viva se hubieran seguido comunicando. Recuerdo que un día mi papá fue con el tío Nicanor a San Antonio. Volvieron tarde y sin ganas de comer. Mi abuela preguntó que qué les pasaba y fue la única vez que habló de ella. “Fuimos a ver a la Negra Ester y nos dijeron que ya había muerto”, respondió con tristeza. LCD

http://www.lanacion.cl/cgi-bin/print_page_02.cgi?URL=http%3A//www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20070505/pags/20070505172203.html

lunes, abril 30, 2007

El derecho de tocar en paz

La Nación
.Marcos Moraga L.
“¿Y a ti qué te pareció el disco?”, pregunta Gepe en medio de los árboles enredados y el sol flojo que cae sobre el Campus Lo Contador de la Universidad Católica. Daniel Riveros (25) ronda el recinto, apurando su tesis de diseño. Conversa sobre su desprecio contra el lenguaje poético-bohemio en las canciones (“Sabina no, por favor”), su actual desidia por el rock y lo entusiasmado que está con el pop de Simply Red y George Michael. Le da pudor ver a Amaro Gómez Pablos hablando en la tele de su disco y recordar la visita a Punta Arenas, donde la gente lo coreaba y guardaba silencio total en perfecta coordinación. Y todavía le preocupa, genuinamente, lo que un tipo pueda decir sobre su nuevo disco “Hungría”.
El segundo LP ya está listo. Mientras afina el lanzamiento, Riveros ronda la Católica. Se toma fotos. Pasó “Gepinto” (2005) y en mayo debuta “Hungría”.
Desde Quemasucabeza (QSC), el sello que publica sus discos, lo persiguen para que haga prensa. Hace dos años, los papeles eran inversos. Daniel Riveros tenía una grabación: el EP “5x5”, editado por Jacobino Discos, y le seguía la pista a Rodrigo Santis, ex Congelador y director de QSC. Pero Santis llegaba sólo a las últimas canciones. Hasta una presentación en el Club Bizarro donde lo escuchó de principio a fin. Gepe -porque era Gepe arriba del escenario- lo vio entre el público, le mandó un mail, pidió reunión y le regaló el “5x5”. Quería distribución más allá de lo que Jacobino podía ofrecer. “Justo nosotros estábamos en una renovación del sello”, recuerda Santis, “y decidimos que ‘Gepinto’ fuera el primer disco de esa etapa. Nunca pensamos en el efecto que iba a tener. Pero cuando lo estábamos terminando, sabíamos que estábamos cocinando algo bueno. Daniel me decía que sentía que iba a dar que hablar”.
Santis fue el productor de ese primer disco y sí dio que hablar. Gepe se convertía en el primer cantautor independiente del nuevo siglo, capaz de moverse entre las noticias de las nueve y las fiestas en La Berenjena, entre la ambición expansiva de su música y el chaleco de lana descuidado. Vinieron las comparaciones con Víctor Jara, que a Riveros ya poco le importan. Quienes escuchen “Hungría” con expectativa folclórica, capaz que salgan corriendo con la primera mitad del disco, con beats electrónicos y el bajo tan arriba.
A CABALLO
Pero lo cierto es que los referentes son poco asibles en su biografía. Gepe recuerda los dos primeros casetes que compró Daniel Riveros padre en Santa Rosa: uno de Woodstock –“yo creía que Woodstock era un grupo”, dice- y otro de Wilfred y la Ganga que traía el hit “Mi abuela”. Antes, vagos recuerdos de Fito Páez y la omnipresencia de Mazapán.
Cerca de los cinco años, Daniel Riveros decidía ser baterista, hipnotizado por el solo percutivo en “Soul sacrifice” de Santana en Woodstock. Y comienza a aporrear la escalera de madera en su casa de San Miguel. Después una batería chica, otra más grande y llega la guitarra. Metal, Guns’n Roses, Sonic Youth. Proyectos de bandas de brit pop paralelos a un grupo hip hop. Muy cerca, Javier Cruz, compañero de curso y bajista, lleva adelante bandas más metaleras, hasta que una actividad de alianzas casi terminando la media en el Instituto Miguel León Prado los junta.
“En el colegio él tenía bandas con un compañero que ahora es monje hare krishna”, se acuerda Cruz, “con nombres como Bacinica o Jirafa Voladora. Pero cuando nos juntamos, cachamos al tiro que iba bien. Me acuerdo que él era súper sano; hasta harto tiempo después que salió del colegio no tocaba el copete”. Porque los excesos quedaban para el escenario. Riveros hasta terminó tocando
con la cara sangrando por un platillo disparado en una tocata de 2004 en la Escuela de Cine de Macul.
Era simple. Cruz tenía que asomarse a la ventana de su dormitorio en San Miguel y veía la pieza de Daniel. Cruzaba el patio y a ensayar: “Era música instrumental, hasta que tuvimos una variación bastante grande. Antes del disco, teníamos como 60 canciones grabadas. Pero él empezó a bajar las revoluciones y pasó porque nos sentimos enfrascados en lo que estamos haciendo. A Daniel le encanta borrarse y reinventarse, cualquier cosa que se estanca le incomoda”.
En paralelo funcionaba Gepe, su proyecto personal, que de a poco fue ganando espacio. Los días de aporreo ahora están en pausa. Riveros se cambió a un departamento en Plaza Italia -vive de la música-, lo que es igual a poner la batería en espera. “Me encantaría retomar el Taller Dejao. Pero ahora no me gusta el rock. Ningún brillo. No tengo idea qué hacer con Taller, pero me encanta tocar en vivo. Queda la cagá y la batería no la controlo, es una huevá a caballo”, cuenta Riveros. Por el momento, “Hungría” ocupa el nuevo departamento. “Soul sacrifice” y Santana están lejos.
El desmarque
La presentación en sociedad de “Hungría” será el mismo 18 de mayo en que salga al mercado en el Cine Arte Normandie, aunque todavía está por definir horario y precios. “Hungría” cambiará la forma en que Gepe se presenta en vivo, principalmente porque la nueva lista de canciones añade más electrónica e instrumentación que su antecesor “Gepinto”. Mucho tiene que ver con el nuevo productor a bordo, Vicente Sanfuentes, alias Original Hámster y ex Hermanos Brothers.
Sanfuentes y Riveros se conocieron en un Mutek (Festival de música electrónica) realizado en Valparaíso el año 2005. “Lo escuchaba desde una vez que lo vi en la Sala Master y me gustó mucho, unos cinco meses antes de conocerlo personalmente”, cuenta Sanfuentes. Después del Mutek comenzaron a conversar y ya para la gira de los Encuentros Internacional de Música Actual (EIMA) compartían escenario. Unión curiosa: el Hámster es más conocido por su dedicación a la música electrónica y experimentos prendidos como el “Surtek Collective”, donde cultiva el reggaetón ácido con Uwe Schmidt; Gepe, por otro lado, ya era comparado con Víctor Jara, por esos días dedicado al folk de “Gepinto”.
Pero desde diciembre, ambos comenzaron a citarse en la casa de Sanfuentes y los estudios Triana. Sanfuentes se convirtió en el productor del disco, y un cuarto de “Hungría” contó con la participación en las perillas de Gonzalo González -productor de Tiro de Gracia y Los Bunkers- y Pedro Subercaseaux de CHC. “La sutileza de la voz de Gepe y la sensación de intimidad que genera su estética, creo que, para este disco, debían ser cristalinas sonoramente”, comenta Original Hámster sobre sus objetivos al empezar la cooperación. “Es un disco liberador para Gepe”, sigue, “ya que es de transición entre el ‘Gepinto’ y el derecho de hacer música en paz”.
Justamente el desmarque que Gepe quería. “La referencia al cantautor latinoamericano me importa cero”, dice. Pero sólo con su guitarra Ibáñez para zurdos, fue número fijo en universidades durante todo el 2006. La modalidad le encanta, cuenta. Pero mientras sus fotos comenzaban a expandirse por los diarios y su voz por el dial, el susto afloró. Era otra voz la que hablaba en las revistas. Abajo del escenario era más tímido. Y cuando componía sus nuevas canciones, había un combate permanente contra lo que sonara poético en sus versos. “Letras como la de ‘Esgrima’ (el tema que abre el disco) fueron un parto”.
La solución, de nuevo, fue arrancar. Los beats de “Celosía” -el single que ya suena en radios- lo confirman. Pero el rechazo a la poesía no excluye a la literatura. El libro de cabecera de Gepe es “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, y ahí en los restos del real visceralismo es donde hay una de las pocas explicaciones a sus letras: “Es la creación involuntaria de sí mismo: el huevón se sale tanto de su eje que se convierte en otros personajes. Me lo imagino hablando como asesino, abogado o Cesárea Tinajero. Con los sombreros mexicanos o los poemas de Cesárea, el lenguaje se vuelve tan emotivo que se convierte en signos. Siempre hablo de cosas íntimas, pero sacándola de mi mundo, poder observarla, que se cristalice y no sea mía. Despersonalizarse”.
Personajes y un disco más pop, explica. En la última canción de “Hungría”, “Hebra prima”, aparece algo cercano a una cueca, con su voz despidiendo el disco poco después de los 35 minutos de iniciado. Es Gepe, recordando que todavía está ahí, caminado y mirando hacia atrás.
EN ACCIÓN
“Hungría” sale al mercado el 18 de mayo. Ese mismo día será presentado en vivo en el Cine Arte Normandie.

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20070421/pags/20070421184815.html

sábado, abril 28, 2007

Quelentaro hoy

Cuantas veces hemos escuchado a Quelentaro?, Muchas Veces.
Les adjunto unas 4 tomas de la presentacìón realizada el día de ayer, en la sala master de la radio de la universidad de chile.

http://rapidshare.com/files/28441820/quelentaro_27_04_07.rar.html

La calidad sonora del registro no es de lo mejor, pero se aprecia lo primordial.

La nueva escena chilena se presenta en París

Varios de los mejores elementos de la escena musical y artística chilena se congregarán este domingo para la segunda versión del Festival Si, Po!, organizado por el músico Philippe Boissier y que se lleva a cabo en el centro cultural Mains d’Oeuvres de la ciudad de París.
El electro pop de María Perlita, la cumbia electrónica de Panamericana y el down beat del temuquense René Ballesteros animarán la velada que, a su vez, contará con las exposiciones de artistas nacionales como Nicolás Grum, Francisca Sánchez e Ignacio Gumucio, entre otros.
Mains d’Oeuvres es un lugar de programación muy avant garde, con muchos espacios y cosas interdisciplinarias. La idea de base es dar a conocer la cultura chilena bajo otra mirada ya que aquí siempre se ha representado a Chile y sus artistas bajo una misma óptica: Inti Illimani, Quilapayún y los Parra se han repetido el plato diez mil veces”, afirma al teléfono Boissier, el mismo que anota presencia en bandas como Luna in Caelo, Pánico y Mambotaxi y gestionó los festivales EIMA, durante los dos últimos veranos.
La versión del año pasado de Si, Po! se llevó a cabo en la localidad de Saint- Ouen y tuvo como números estelares a Gepe, Barco, René Ballesteros e Icalma, además de artistas plásticos como Claudia Huidobro y el fotógrafo Christian McManus. “Hace tres años, viendo lo que pasaba en la escena musical y artística en Chile, me pareció algo importante sacar la representación de Chile de cualquier tipo de conmemoración latinoamericana. La idea es mostrar que no somos muy distintos a Japón, México, Suecia o Islandia; que la música independiente tiene las mismas inclinaciones y la diferencia no la imponemos nosotros, sino que los propios artistas”.
¿Cómo ves la escena independiente francesa en comparación a la chilena en cuanto a diversidad y nivel?¡Es que en Francia hay tantas cosas! Hay de todo: música bruitista, absurda, performances, y mucho clonaje tipo rock post Strokes. En Chile todo es más chico y, por lo mismo, existe una conexión más fuerte con el carácter del país, la timidez y la idea de la originalidad. Si, Po! no es un festival donde Gepe pueda venir y hacerse un nombre, más bien tiene que ser utilizado como una suerte de trampolín. La meta es poder sostenerse a lo largo de los años y poder moverlo a otras ciudades. En eso estamos para el Si, Po! 3.


http://www.super45.cl/2007/04/28/la-nueva-escena-chilena-se-presenta-en-paris/

jueves, abril 26, 2007

Violeta Parra llega a La Moneda


EL PRÓXIMO 4 DE OCTUBRE SERÁ INAUGURADA MUESTRA DE LA ARTISTA EN EL CENTRO CULTURAL PALACIO LA MONEDAVioleta Parra llega con camas y petacas a La Moneda
Los 25 óleos, 13 arpilleras y 9 trabajos en papier maché fueron sometidos a un proceso de conservación. Ahora sólo falta habilitar el espacio para que permanezcan en un recinto de estándar internacional por los próximos cinco años.
Susana Freire
La Nación
El 4 de octubre, el mismo día que se cumple un año más del natalicio de la autora de “Gracias a la vida”, es la fecha elegida para que la obra de Violeta Parra sea exhibida en el Centro Cultural Palacio La Moneda (CCPLM).
Veinticinco óleos, 13 arpilleras y 9 trabajos de papier maché, que estaban en manos de la Fundación Violeta Parra, fueron sometidos a un proceso de conservación y en algunos casos de restauración por un equipo de profesionales encabezado por la conservadora y restauradora Anita Anselmo.
La muestra habitará en el nivel menos uno del recinto por cinco años, espacio que será habilitado especialmente para recibir la obra de la artista para mantenerla en buen estado.
Dentro de un mes se llamará a concurso de museografía para que expertos sean los encargados de habilitar la nueva casa de los trabajos plásticos de Violeta Parra. “Elegiremos la oficina que mejor interprete lo que para nosotros significa Violeta Parra, que tiene que ver con un tema de identidad, es un hito de la cultura popular chilena y el equipo que logré interpretar eso de la mejor manera es el que desarrollará el proyecto”, explica la directora de exposiciones del CCPLM, Dominic Hughes.
Las arpilleras fueron las piezas que más ayuda necesitaron para detener el proceso de deterioro. “Les hicimos lo que nosotros llamamos los primeros auxilios estéticos, que no es un tratamiento de restauración pero sí es la mínima intervención con materiales reversibles para darle una cierta lectura estética”, dice Anita Anselmo.
La temperatura y la humedad son dos factores que van asociados y que son nefastos para la conservación de textiles, razón por la cual el proyecto de museografía incluirá equipos de climatización, de control de humedad y de rayos ultravioletas.
Arpilleras sensibles
Anita Anselmo ahonda en el tema de la conservación y explica que “los textiles son más sensibles que los óleos al clima y a la luz donde están expuestos. Ahora, creo que más que tener las condiciones ideales como lo dicen los estándares internacionales, aunque deberíamos ir a eso, es tener estabilidad de los cambios bruscos y no tanto de temperatura y humedad. Quizá no contemos con el ambiente ideal pero siempre que sea estable. Con los textiles también es recomendable no tener toda la colección expuesta al mismo tiempo para que no se deteriore”.
La puesta en escena de la muestra será organizada en tres partes con tres guiones curatoriales, lo que permitirá que la colección vaya rotando para que siempre esté el factor novedoso, además, responderá a las condiciones de la materialidad de las arpilleras, que no pueden ser expuestas por más de ocho meses. “No sólo se pensó en el público sino que en las obras”, dice la directora de exposiciones.
A la muestra permanente de los trabajos plásticos de la artista nacional se le podrían sumar proyectos editoriales y audiovisuales


http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20070425/pags/20070425200228.html

lunes, abril 23, 2007

Ya no queda nada del gimnasio

Ayer en la tarde cayó la última columna de lo que fue el gimnasio de la Confederación Deportiva. Con el derrumbe de la fachada, concluyó la historia del recinto, inaugurado en septiembre del año 1950.
Por Marino Muñoz Agüero La última vez que pasamos por ahí, aún quedaban cuatro de las ocho columnas exteriores de ese sueño siempre inconcluso, el tan ansiado “gimnasio cerrado” de Punta Arenas. Fue el deseo de toda una comunidad en los años ‘40. Hace casi siete décadas, una quimera, hoy un índice de rentabilidad: los croupier reemplazarán a los árbitros y sofisticados tragos de inspiración foránea serán bebidos en el mismo espacio donde tantas veces, en el entretiempo de algún encuentro deportivo, nos deleitamos con una botella de “La Pradera” (“…la bebida refrescante y verdadera…”). Este ejemplo de organización comunitaria fue plasmado en el modelo de arquitectura grecorromana, gracias a la venta de acciones, rifas y diversos beneficios. Dirigió la cruzada Carlos Botti; un destacado abogado, no fue el único, pero lo nombramos a él pues surge un aspecto afectivo, había perdido a su hijo de siete años producto de un accidente. Quienes recuerdan a Botti, dicen que la memoria del hijo estuvo presente en el tesón puesto en la campaña. La obra se inauguró en 1950 y la comunidad magallánica pudo disfrutar de la época de oro del básquetbol, de veladas boxeriles con púgiles de los más bravos, repartiendo mazazos a diestra y siniestra y de la magia del circo. La ruda estructura del recinto cobijó también la efervescencia política de la época; llenar el gimnasio equivalía a llenar el Caupolicán en Santiago, sus gradas supieron de banderas, consignas y encendidos discursos, por ahí pasaron los alessandristas, los de la Patria Joven y los de la Unidad Popular. En ese lugar tocó la Orquesta Sinfónica de Chile y se realizaron los Festivales Folclóricos en la Patagonia. Llegaron las más recordadas embajadas artísticas, el Show 0007 con artistas plenamente vigentes: Cecilia, José Alfredo Fuentes y los más representativos de la nueva ola. Incluso actuaron astros internacionales como el inolvidable Yaco Monti, los exponentes del rock latino o el español Manolo Galván, quien en la cúspide de su popularidad trajo su propia orquesta, incluyendo un sintetizador Mellotron, que por primera vez se escuchó en la ciudad. A su improvisado escenario arribó el locutor René Largo Farías con su peña itinerante “Chile ríe y canta”, compuesta por los más destacados folcloristas del país, entre otros, Rolando Alarcón, Héctor Pavez, Cuncumén, Patricio Manns y por supuesto Violeta Parra, de quien se dice cantó por primera vez “Gracias a la vida”… ahí mismo donde se instalará una máquina tragamonedas. Que la construcción era fea, que estaba “en bruto”, que el proyecto original que contemplaba una piscina nunca se concretó, que los baños, que la calefacción, que el tablero marcador y vendavales de críticas anexas atravesaron en todo momento la existencia del coliseo. Seamos sinceros, siempre estuvimos disconformes con lo que hoy añoramos y muy poco hicimos para mejorarlo, entonces pudieron más las expectativas de rentabilidad y la decisión fue la venta para construir un casino. Nunca más pasaremos por esa maravillosa puerta giratoria de nobles maderas, de pequeños vidrios biselados con marcos de bronce: ¿qué habrá pasado con ella?, ¿estará sepultada bajo los escombros?, ¿ su giro será reemplazado por el de una ruleta? Hace un par de semanas comenzó la demolición, fueron cayendo paulatinamente los muros, el techo, el frontis y hace poco días las columnas, que en principio se iban a conservar; era una última esperanza, “ a lo menos quedarán las columnas originales”, -comentábamos- pero implacables informes técnicos recomendaron derribarlas. Nadie podría discutir dichos informes y que las columnas son huecas y no tienen cadena de fierro, tampoco. Pero, ¿alguien podría explicarnos cómo soportaron durante casi sesenta años, el viento, la lluvia, la nieve e incluso un sismo -el de 1949-, un año antes de la inauguración? La ciencia y la técnica pueden predecir y explicar muchas cosas, pero no todas, en ciertas ocasiones hemos conocido historias de enfermos a quienes sendos pronósticos les dan un mes de vida y terminan asistiendo al funeral de su médico. Eso lo explica la fuerza, el corazón, las ganas de vivir, aquello que nos faltó para defendernos del temporal de la rentabilidad, ahí se nos fueron abajo las columnas y el gimnasio completo con nosotros adentro. Pero ningún martillo hidráulico, ninguna evaluación de rentabilidad, ni menos un informe técnico, borrarán de nuestra memoria lo que vivimos en el “gimnasio cerrado”. Las frenéticas vueltas de una ruleta con sus promesas de luces para los ganadores y oscuridad garantizada para los perdedores, jamás reemplazarán los giros de esa maravillosa puerta que nos daba paso a la sana competencia deportiva, la magia del circo o los acordes inolvidables de una canción que se escapa lentamente hacia el mar, hacia el estrecho de Magallanes.

http://www.laprensaaustral.cl/lpa/noticia.asp?id=25065

domingo, abril 22, 2007

Hugo Lagos-Guitare de Andes. Sello Araucaria-Francia 2006.

Hay un par de Hugo Lagos dentro de la música chilena, uno es el integrante de los Hermanos Lagos, folclorista profundo de nuestra música y que entregó su vida y su obra sobre los escenarios de Chile, tan así que nos dejó sobre el escenario de Chile Ríe y Canta, mientras Rene Largo Farías no podía entender como se le iba un amigo en frente de sus ojos.
El otro Hugo Lagos es aquel que hemos conocido como integrante del Quilapayún, y que ha estado en su formación desde el año 1972, encargado de las cuerdas, de las quenas y de una voz sencilla pero hermosa, que vino a tomar mas protagonismo dentro del repertorio del Q a partir de la década de los ochenta.
Actualmente radicado en Francia Hugo Lagos editó el año 2006 el CD Guitare de Andes. Y lo primero que llama la atención en este CD es la pulcritud de su interpretación, y como los arreglos de cada uno de las obras esta hecho para que la guitarra muestre todas sus capacidades melódicas y armónicas.
Este tipo de interpretación está mucho más cercano al mundo del conservatorio, con un repertorio popular y folclórico bajo interpretaciones finas, hermosas. Esto lo hizo hace bastantes décadas don Atahualpa Yupanqui, que dejó una estela de admiración en algunos intérpretes de la Nueva Canción Chilena, como Víctor Jara, Ángel Parra, Horacio Salinas, Pedro Yañez; que incorporaron de una u otra forma dentro de sus obras esta guitarra pulsada con precisión, con menos rasgueo, con limpieza en cada una de sus notas. Tomando esto en cuenta no es extraño que dentro de las 14 pistas del CD, 5 sean de la autoría de Don Atahualpa. Además se consideran 4 temas que cuentan con la autoría de Hugo Lagos, una de las cuales ya conocíamos en la versión del Q..
Las obras instrumentales deben tener ciertos cánones de desarrollo armónico y melódico que deben atraer y mantener la atención del oyente durante toda su extensión; en este caso Hugo Lagos desarrolla unos arreglos que cumplen con su misión de hacer permanecer al oyente atento a sus interpretaciones; por cierto que son arreglos que no arriesgan en disonancias ni en complejidades rítmicas, son melodías con buenos arreglos al servicio de una guitarra excelentemente interpretada. Estos arreglos e interpretaciones me parecen precisas y correctas en todas los temas, excepto en el par de obras que son versiones de temas de Violeta Parra y Víctor Jara. La obra de Violeta Parra es el Gavilán, a la cual le falta esa fuerza y brutalidad que la Violeta inculcó en la sangre de esa obra, por lo cual encontramos pobre la coda y el calderón que adornan los últimos compases de ese arreglo; algo parecido ocurre con Ventolera de Víctor Jara, que llega solo a Viento. El resto, excelente. Extrañamos que Hugo no muestre mas de sus capacidades interpretativas dentro de su grupo, si bien era algo que intuíamos, recién ahora podemos dimensionar en su total amplitud la fuerza artística de Hugo Lagos.
"Atacama y los Andes, desierto y cordillera, transparencia de cielo, silencio de la montaña y de la tierra".
Santiago, 21 de abril de 2007.

http://purochile.podomatic.com/

viernes, abril 20, 2007

"Pueblo en fiesta"

Alumnos y egresados de la Universidad de Chile presentan disco "Pueblo en fiesta"

La cinta de Nemesio Terán titulada "Entrada para el 24 de diciembre", fue grabada en 1969 en la localidad nortina y es una de las 31 canciones que componen "Pueblo en fiesta. Músicas tradicionales de Chile", disco que recoge una pequeña muestra del trabajo de digitalización del Archivo de Música Tradicional Chilena (AMTCh) de la Facultad de Artes. La tarea la lleva a cabo un equipo interdisciplinario de estudiantes y egresados de la :Universidad de Chile Mariana León (Antropología), Ignacio Ramos (Historia), y Alex Geel y Jorge Véliz (Licenciatura en Arte con mención en Sonido), en colaboración con el encargado del Archivo, Rodrigo Torres.El AMTCh contiene, principalmente, grabaciones en terreno a cultores y cantantes populares chilenos desde Arica a Chiloé. Diversos investigadores y colaboradores ilustres, como Margot Loyola o Violeta Parra, fueron alimentando el archivo con cintas que registran entrevistas y canciones muchas veces anónimas que luego nutrieron el repertorio de varios grupos folclóricos nacionales.Ese archivo, conservado en cintas Reel (un formato arcaico y descontinuado), fue digitalizado en cerca del 50%. El disco comprende registros entre 1958 y 1984 y es una selección con fines de difusión. Se ordena en torno a tres ejes permeables entre sí: música religiosa, música profana y música étnica."Lo importante de lo que se digitalizó es que en general fueron trabajos en terreno y eso es sumamente interesante para este tipo de música, porque se va donde vive el cultor, donde vive la persona, y en muchos casos (la grabación) está dentro de la misma fiesta. Entonces, el contexto y el uso social de la música es muy distinto al que se pueda presentar en un escenario formal", dice Mariana León.Ignacio Ramos, en tanto, agrega que "hay gente que hace folclor, que toma la música tradicional de distintas zonas, aunque no sea la suya, y la interpreta. Esto es distinto, es la tradición oral misma fotografiada por los investigadores en terreno. Los que tocan ahí no son músicos, son gente común y corriente que hace música".El disco, financiado por el Consejo de Fomento a la Música, es sólo una muestra de un proyecto mucho más extenso que obtuvo un Fondo de Desarrollo Institucional (FDI) el 2005 y que superó todas las expectativas iniciales: partieron con la idea de digitalizar unas 70 cintas y finalmente traspasaron 230. Y quieren continuarlo."Como tenemos este master digital, la idea es trabajar con él y hacerlo accesible. Para eso hay que trackearlo, documentarlo y hay que incorporarlo a la red de la Facultad, para que pueda ser consultado. La idea es que pueda quedar al acceso de cualquiera", afirma Alex Geel.Mariana León, en tanto, concluye que "el patrimonio tiene que estar en un dispositivo que pueda ser utilizado, donde cualquier interesado tenga acceso a saber sobre la historia de nuestra música. No tiene sentido tener la información apilada para que la escuche una sola persona".Fuente: Universidad de Chile / CBA / FOM.

9 Bandas Nacionales Se Desenchufan

Ron Mitjans invita a hacer Salud por el Rock. Diferentes bandas deleitarán los oídos de los jóvenes que asistan a La Batuta, el clásico epicentro de la cultura musical de Plaza Ñuñoa, ubicado en Jorge Washington 52. Desde el 28 de abril hasta el 15 de diciembre, reconocidos grupos participarán de un ciclo acústico, iniciativa organizada por la licorera nacional.
El primer show – el 28 de abril - estará a cargo del conjunto punk Los Miserables quienes tocarán en el formato unplugged, al igual que las otras bandas. Luego, es el turno de El Cruce (26 de mayo), Claudio Narea (30 de junio), Sinergia (28 de julio), Dorso (25 de agosto), Chancho en Piedra (29 de septiembre), De Saloon (27 de octubre) y Alejandro Silva (24 de noviembre). Casanova cerrará el circuito el 15 de diciembre.
El equipo organizador lleva tres años promoviendo esta interesante actividad musical. Para Nicolás Kittsteiner, Product Manager de Licores Mitjans, la participación en estos eventos es vital. “Queremos ofrecer una muestra amplia del rock nacional, en un formato nuevo donde las bandas tienen plena libertad para tocar sus temas, conocidos y nuevos, en una versión distinta”, explicó.Para quienes quieran pasarlo bien y brindar por la música nacional deberán acercarse a Ticketmaster y comprar las entradas que tienen un valor de $4.000 para los hombres y de $3.000 para las mujeres

Roberto Parra vuelve al disco

Jueves 19 de Abril de 2007 12:29 El Mercurio OnlineSANTIAGO.- La voz del desaparecido cantor popular y poeta y miembro de honor del clan de artistas chilenos que se apellidan Parra (Violeta, Nicanor, Eduardo, Hilda), volverá a escucharse en un nuevo disco que lleva por título el descriptivo y revelador Cuando me vine del campo.El gestor de los famosos jazz guachacas y cuecas choras actuó en la Biblioteca Nacional en 1992 y de ese archivo fonográfico se obtuvo el material para este disco que será lanzado mañana en el mismo espacio donde Roberto Parra se presntó hace 15 años.El álbum reúne canciones y de relatos de vida hilvanados por Roberto Parra. En el portal enciclopédico de patrimonio musical chileno musicapopular.cl se recogen impresiones de folcloristas que estuvieron cerca de Parra."En ese tiempo ofrecimos la grabación a algunos sellos para que la editaran", recuerda la propia Catalina Rojas, cantante, guitarrista y viuda de Roberto Parra. "Pero no les gustaba, porque decían que Roberto ‘hablaba mucho’. Él siempre contaba historias en las actuaciones".Cuando me vine del campo será presentada este viernes 20 de abril a las 19 horas en la Sala América de la Biblioteca Nacional, en Moneda 650, Santiago.
http://www.emol.com/noticias/todas/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=253157

domingo, enero 07, 2007

El folklore de Chile Vol. I- VIOLETA PARRA-CANTO Y GUITARRA.

Se ha escrito mucho de Violeta Parra, se sabe de su legado y de su obra; pero si nos ubicamos en términos concretos solo se tiene acceso a algunos registros sonoros disponibles en las tiendas de discos y a reseñas de su vida que se pueden encontrar en algunos textos o en Internet. Pero hoy en día es imposible encontrar en librerías sus décimas, su libro mayor, sus textos recopilatorios; es imposible encontrar en las tiendas en forma integra sus discos grabados en Chile entre 1957-1965, y solo podemos acceder en términos parciales a long play que originalmente fueron publicados uno a uno bajo su propio concepto. Es así como creo necesario difundir registros de Violeta Parra para que todos los interesados puedan acceder a él. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes el disco “El folklore de Chile Vol. I- VIOLETA PARRA-CANTO Y GUITARRA (1957)” a 50 años de su publicación. Quiero compartir el disco en toda su extensión, por eso en el registro que comparto se incluye la lectura de toda la información contenida en la contratapa del L.P. (que me parece fue escrito por Gastón Soublette), esta información permite comprender de mejor forma las obras interpretadas por Violeta Parra y las circunstancias de su recopilación o creación; desde ya pido disculpas por las condiciones técnicas bajo las cuales se grabó la lectura de la contratapa y el ruido de perros, pájaros y buses que se colaron en la grabación, pero lo mas importante es que el canto de Violeta permanece inalterable.
El registro contiene los 17 surcos en el orden que se incluyen en el disco de 1957, tomadas del vinilo original, salvo en el caso que el tema estuviera disponible en CD situación en la cual elegí compartir la grabación digital.
Para evitar que el registro fuese utilizado con fines comerciales decidí marcar cada uno de los temas; la idea en un mediano plazo es dejar disponible a través de una interfase como radioblog cada uno de los surcos, con lo cual se puede evitar las lecturas y las marcas de los temas. Desde ya agradezco cualquier asesoría que me puedan dar para partir con radioblog.
Finalmente los dejo con el registro al cual pueden acceder en la dirección

http://purochile.podOmatic.com/entry/2007-01-07T15_00_58-08_00

Desde ya agradezco sus comentarios, colaboraciones, reclamos, etc.,

Puro Chile !

Se puede hablar o comentar demasiado sobre música, pero el hecho fundamental, el acto, es LA MUSICA, y esta página ha tenido su origen principalmente en tener un espacio personal sobre la música, y específicamente sobre la música chilena. Y después de tener este espacio a la deriva por un largo período creo que es necesario dar un paso: quiero compartir registros de música chilena. En un principio me iré por registros que por alguna razón se encuentran actualmente descatalogados, después el tiempo dirá. La idea es escuchar música chilena cada dos o tres meses, con algún agregado que pueda dar consistencia al origen de su creación, y comenzar a percibir entre todos el amplio arcoiris de sonidos y silencios que pueblan nuestra tierra.
Si quieren comentar o aportar, sean bienvenidos.

Los medios son escasos, las ganas son demasiadas. Atención todos, escuchemos música chilena.

viernes, agosto 18, 2006

Quilapayún 30 de Julio 2006. Teatro Caupolicán

Regalando entradas se puede entrar a un concierto, mala publicidad para un recinto tan grande. Llegando al teatro, gente dura y poca, militantes de izquierda, de la izquierda dura, como esta don Pedro Henríquez?, aun soñando con la umbral?; (de reojo aparece don Manuel, bendito entre los periodistas); sr insunza que tal, como va el partido?, su abrigo lo donaría para llenar la olla común?, Pocas entradas abiertas y faltaban menos de 20 minutos para las 7, entramos de a poco, y al entrar podías sentarte donde quisieras, elige hermanito, el teatro esta completamente disponible para ti. Eran las 7 de la tarde y el teatro esta a un 10% de su capacidad… se merecía el conjunto Quilapayún tan horrible asistencia?; se hacían presentes mis pesadillas de finales de los 90: yo solo como único espectador. Esta bueno que a uno le gusten cosas raras, pero nunca tan raras como para disfrutar solo del paraíso. El público comenzó a llegar, como esta señor Rocco?, x que no se dedicó a la música en vez de mentirle a los pobres?, parece que los traían en camiones al publico, llegaron raudos, para llenar en un 40% el recinto.
19.45, Partió el recital.

Oscuridad total…,
Dos luces direccionadas desde el centro van a los extremos del escenario, dos teclados, dos interpretes, para una versión instrumental con variaciones del pueblo unido, nunca me imagine una entrada tan simple, pero tan profunda, tan desde el fondo, que grupo de mierda antes había hecho eso?.
Se encienden las luces, Quilapayún en formación casi anónima, como pueden entrar tantos huevones nuevos tan luego?, solo reconozco al maestro Wang, (sensei , caperuzo, ídolo, ni en dos vidas voy a poder tocar el piano como él, ni crear tan formidables obras musicales); a Parhada, y a Castillo, de los otros no tengo idea; nada, no tengo idea de nada.
Que dirá el santo padre fue lo sgte, en una versión soberbia. Hasta este momento no se distinguían la fuerza de las voces en forma individual, pero en forma grupal sonaban espectacularmente bien.
De ahí habló Parada, que tan solo al hablar ya se nota que tiene problemas con las cuerdas vocales, y comenzó temporía, en una versión correcta, no tan ricamente entregada como en el disco con esa cantidad de instrumentos invitados, pero con gusto . Entramos a plegaria a un labrador, comenzando con parada en la voz en la primera estrofa, después entró Ortega y anduvo cambiando el orden de la letra, pero nada tan vistoso entre el público, solo unas miradas de reojo entre los integrantes.
De ahí partió Soy del Pueblo, en versión A Palau, con flauta traversa y percusión bastante desarrollada, con Maestro Wang en el tiple (déjate un instrumento).
Después de eso nos fuimos con Creer es Ver, no con “creer es poder” como presento Arriagada.
Después Chacarilla con Wang en la zampoña (cortala po!) que tuvo una leve variación en el final (en relación a la coda).
El pimiento con Castillo en la voz principal. Suite Movie (espectacular!!!). Después vino un estreno: Con la primavera, una composición de Wang con letra de Neruda, en ritmo de Rin, bastante bien llevada y con un estilo compositivo de Wang mas cercano a la música popular que a sus conocidos ritmos irregulares. Aquí estamos, más parecido a un tema rítmico de los Illapu de los 90 que a un tema de los Quila.
Vamos Mujer, Allende, Yaraví y Huayno ( con arriagada en la quena), el niño mudo, fuerzas naturales (al final explicando castillo que era un tema muy difícil y que le había costado como un año aprendérselo, de eso estamos seguros, y así fue como lo vimos hace como 10 años en el festival de Olmué), la diferencia con la versión de esa época fue que las zampoñas no iban por dos interpretes, sino por uno solo, con lo cual se evitaba las fallas en la interpretación con zampoñas pareadas y con figuras sincopadas (lo mas difícil de grabar según confidencio Venegas hace unas chorrera de tiempo). Después un tema nuevo Preludio-Según el favor del tiempo, con lo cual el Quila retoma a Violeta Parra en un ritmo similar al tema original pero con un canto mas lento (las cosas van mas lento-Panico), que al final toma la idea original; memento, La Batea, final.

Después entre los aplausos del público, vemos entrar a Parada y Wang, y empiezan a aplaudir, me dio la sensación que nos pusieron un espejo, era lo mismo que estábamos haciendo nosotros hacia ellos, y ahora ellos lo hacían hacia nosotros ( una situación que te descoloca, pero hermosamente llamativa), con lo cual el aplauso después del clapping fue mas maravilloso que al comienzo del mismo, y cerramos con Malembe, versión A Palau con variaciones a las letras según la actualidad, y con un solo de percusión extraído de los mejores conciertos de Latin Jazz de la historia (ojo que los quila habían traído un baterista en los noventa antes que Illapu adoptara esta forma), (incluso una guitarra eléctrica el 99), como tocaba ese negrito, incluso dentro de solo maravilloso, entre la galería un señor de edad comenzó a cantar a viva voz “Duerme , duerme negrito”, con lo cual nos sacó una carcajada de la cual aun no se me borra la sonrisa…
Para rematar con un fragmento de la muralla, y me fui, el publico seguía aplaudiendo de pie, otros gritaban “Mi Patria”.

Que sacar?, valió la pena, faltó mas publicidad, mas medios, tal vez un teatro mas pequeño, en donde el conjunto se pudiera mostrar con un marco de gente acorde a su tradición. El logo de Parada “Modernidad y Tradición” esta bien puesto en escena, con un conjunto afiatadísimo el cual muestra su regularidad en excelentes interpretaciones, con una lista de temas que permite al publico disfrutar de los antiguos temas, y escuchar la sonoridad mas moderna del conjunto, tal vez lo que se echa de menos es la creatividad del conjunto, ya que este Quila esta volviendo a ser un grupo de interpretes, y las creaciones vendrían solo de los aportes musicales de Wang, (que sabe Dios de donde vienen).
Solo quiero plantear la sgte situación, cual sería la opinión sobre este conjunto sino se hubiese formado un Quila Histórico?, de seguro los aplausos arrasarían, y nadie se hubiese restado a uno de las buenas entregas del quila que me a tocado ver, nosotros vamos a ver al quila que esta tocando mas cerca, esta vez fue el de Parda, y la sorpresa fue mayúscula, fue mucho mas y mejor de lo que esperaba, tal vez me afectó que a los únicos LP del Quila que tuve acceso el mismo año de su edición fueron el Latitudes y el Al Horizonte, antes que el Quila se partiera en dos, y tanto que los ponía en casa estos discos, que pasaron a mi hermano (quien me acompañaba) y a mi dentro del inconsciente, estoy seguro que no son los mejores discos pero están marcados en épocas de mi vida que pude retomar en vivo después de tantos años, xq carrasco no los incorpora?, por que no Parada incorpora temas de Carrasco y hacemos un super show, ya nada de Inti + Quila, sino que Quila+ Quila, y vivamos y disfrutemos de la buena música sin prejuicios y sin intereses creados.

Un desafío para Carrasco: armar un concierto con mas de 20 temas, sin ninguna cantata

Comparemos el listado de temas ordenados por años de antigüedad del recital en el estadio chile el 15 de octubre del 99 y del California el 30 de julio de 2006.

1999:


Yaraví y Huayno de la quebrada de humahuaca (1968) versión 1992.
La Muralla (1969)
La CARTA (1969)
Plegaria a un labrador (1970)
Tan alta que esta la luna (1972) versión 1999.
El pueblo unido (1973)
Contraste (1975)
Malembe (1975)
Vals de Colombes (1976)
Vamos Mujer (1970) (1980)
Canto Negro (1980)
Memento (1980)
Fuerzas Naturales (1992)
Allende (1992)
La batea (1992)
A los niños con suerte (1999)
Temporía (1999)
El pimiento (1999)
Más allá (1999)
Alharaca (1999)
Suite Movie (1999)
La FLOR DEL ROMERO (1999).

2006:

Que dira el Sto Padre1968
Yaravi y Huayno1968-1992
La Muralla1969
Plegaria a un labrador1970
Vamos Mujer1970-1980
Soy del Pueblo1971
El pueblo Unido 1973
Chacarilla1975
Malembe1975
Memento1980
El Niño Mudo1986
Creer es Ver 1992
Allende1992
Fuerza Naturales1992
La Batea1992
Temporía1999
El Pimiento1999
Suite Movie1999
Aquí estamos2005
Con la primavera2006
Según el favor del viento2006
Clapping2006

Este conjunto deja derechamente fuera a Carrasco, fuera la creación de aquellos que partieron y decidieron crear un grupo paralelo, igual de legítimo. Parada se sitúa principalmente en la última creación, siendo bastante generoso en el término ya que estaríamos abarcando más de 15 años en este periodo. Lamentablemente la dirección de Parada en los hechos no ha podido concretar demasiado desde finales de los ochenta, y tal vez fue necesaria la irrupción del Quilapayún con Carrasco a la cabeza para que Parada por lo menos se moviera un poco más. Como decían los originarios del sistema de mercado, no hay nada como la libre competencia, y mientras hayan dos quila cada uno se esforzará lo mejor posible para mostrar una mejor propuesta, pero ojo que la creación no debe ser mirándose al ombligo, debe ser al futuro, con lo cual nosotros seguiremos disfrutando de Quila por un buen tiempo mas.

miércoles, agosto 09, 2006

Geografía de la tonada, según Margot Loyola

Ester Soré “vistió la tonada popular de seda y terciopelo, de traje largo y flores en el pelo”. Doña Blanca Tejeda de Ruiz, con voz cuidada y académica, la interpretó con acompañamiento de piano en elegante salón y doña María Concepción Toledo la aprendió en plena trilla.
Son algunos de los testimonios que rescata Margot Loyola en su libro “La Tonada, Testimonio para el Futuro”

Por Carmen Mera O.
“Fui acumulando dentro de mi tantas y tantas tonadas que hoy podría llenar una carreta”. Es la afirmación que hace Margot Loyola como punto de partida para escribir su libro “La Tonada, Testimonio para el Futuro”, que recientemente vio la luz editorial, y que constituye otro aporte al patrimonio folclórico, con cd incluido, de esta recopiladora, investigadora y cantante.
Mejor dicho “cantora”, como lo especifica en el prólogo el profesor Carlos Miró Cortez. “Cantora, con una formación docta y popular -reafirma-, una síntesis que armoniza de manera perfecta”.
“Esta es una memoria, porque está cimentada en vivencias adquiridas desde las cantoras hacia mí -asegura la artista y de mi hacia ellas. Estas letras y melodías, pasadas por mi propio cuerpo y el corazón, me han ido cambiando, acercándome al meollo del fenómeno musical y social de la tonada, hasta desembocar en un análisis esquemático”.
Con el apoyo del Fondo Fomento Nacional del Libro y la Lectura y la Universidad Católica de Valparaíso, que le ha concedido el grado de Doctora Honoris Causa, la publicación reúne historias de vida, letras y partituras, análisis y caracterización de la tonada.
Todo, enriquecido por tres discos compactos con grabaciones en terreno realizadas por la también docente en sus entrevistas de investigación; las voces precursoras que llevaron la tonada chilena a la ciudad y la interpretación de temas inéditos, hasta ahora guardados sólo en la memoria de la Premio Nacional de Arte, Mención Música.
Este material, que data de 1940, recoge las historias personales de las entrevistadas, la selección de las distintas interpretaciones que pudieran reflejar los estilos y matices que adopta la tonada; la transcripción de las letras y la esquematización de las partituras.
Según han indicado expertos, entre ellos el profesor Carlos Miró, la obra constituye el “estudio más completo y riguroso que se haya realizado en el país”, una expresión popular de alcance nacional y el género musical más importante en nuestro país, fundamentalmente femenino.

De la trilla al terciopelo

“Artesana y amasandera, meica, santiguadora y rezadora, buena bailarina de cueca, guitarrera y proverbial cantadora de tonadas, ella representa para mi el prototipo de la mujer de estirpe campesina”. Es la forma de describir que tiene Margot, por ejemplo, para doña María Concepción Toledo, oriunda de Rari, una mujer “siempre amarrada al canto” y que, como cantora, tuvo su mejor escuela en la trilla.
Este y otros testimonios de otras doñas como Francisca González y Juana Chávez y de don Macario Muena, están contenidos en el capítulo “Memorias de vida”, en tanto que personajes como Esther Soré asoman en la sección “Precursores del Cantar Criollo” y a quien responsabiliza de haber “vestido la tonada popular de seda y terciopelo, de traje largo y flores en el pelo”.
Agrega Margot que Ester Soré, Marta Yupanqui ante el Registro Civil y “la Negra Linda” para su público, “dejó una propuesta innovadora, un camino por donde más tarde transitarían artistas de la talla de Margarita Alarcón, Silvia Infantas, Carmencita Ruiz y Aída Salas”.
El sereno de mi calle/ tiene una voz tan bonita/ que cuando grita ¡las ocho!/ el corazón me palpita/. Son versos de la tonada “El sereno se mi calle”, que una porteña del Cerro Florida de Valparaíso le entregara a Margot Loyola, y que a menudo interpretaba Gabriela Pizarro. Es parte de un pequeño homenaje que la autora rinde a esta amiga y discípula ausente.
A la hora de los recados, no duda: “Te necesitamos para unir fuerzas, Gabriela. Este mundo está al revés, como decía mi comadre Violeta. ¡Si la ves, dile que nos están ignorando, que la música de los silencios ya no se oye, que los ojos ya no ven, que el avance tecnológico está secando manantiales y quitándonos en al aire, dile que el hombre se alejó de Dios!”
“En un país acostumbrado al sonido brillante y vibrante del estilo criollista, ella sonaba extraña”, dice en alusión a otra amistad que partió: Violeta Parra. “Con su voz de contralto y timbre algo oscuro, nos llevaba de golpe al dolor de la tierra. En ella no había alegoría ni paisajes bucólicos, sino una mezcla de desgarro y esperanza”.

Cantante y no cantora

Margot afirma que habitualmente las cantoras provenían del campo y que su formación generalmente la constituía el aporte de otra mujer de la familia que le entregaba repertorio.
No es el caso de doña Blanca Tejeda de Ruiz, soprano que habitaba en una señorial casa de Avenida Matta en Santiago. “Ella venía de otro estrato -detalla Margot- y eso se podía apreciar a simple vista, ya fuese en la sobriedad de su vestuario, la elegancia de sus abalorios o la expresión augusta de su semblante”. Así, con voz cuidada y académica, interpretó la tonada con acompañamiento de piano y la llevó al elegante salón, casi con voz operática, pero no por ello, menos chilena.

También ellos

*En Chile de conoce la tonada como un género musical cantado, interpretado preferentemente por voces femeninas.
Margot Loyola apunta que de función eminentemente festiva, aunque también religiosa, ha caminado junto a la guitarra, su instrumento preferido. Pero también se le ha llamado “esquinazo” o “tonada de saludo”, “parabienes”, dedicados a los novios en su día de bodas; y a veces “tonadas al Niño Dios”, ofrecidas en época de Navidad.
Tiene sus dominios en el centro del país, en las provincias de Colchagua, Maule y Ñuble, en la VI, VII y VIII regiones, respectivamente. Sus principales elementos configurativos en música y texto debieron llegar a Chile con familias españolas durante el período colonial y que a través del tiempo adquiere un sello de chileno.
* La autora de este libro también alude a la importancia de las voces masculinas que aportaron al conocimiento y difusión de la tonada. Se cita la obra del musicólogo Juan Pablo González, “Clásicos de la Música Popular Chilena 1900-1960” la que destaca omo grupos señeros del cantar criollo a Los Cuatro Huasos, Los Huasos Quincheros, Los Provincianos, Los Cuatro Hermanos Silva, Los Hermanos Lagos y los dúos masculinos Molina-Garrido, rey Silva y Leal del Campo, entre otros.
* Otra variedad es la “tonada pregón”, basada en la creación de cantos de pregoneros. Por ejemplo, “El Naranjero”, Donato Romñan Heitman, “El Yerbatero”, de Nicanor Molinare, “La Castañera”, de las Hermanas Cabrera, “El Motero”, de Raúl Gardy, “La Feria de Chillán”, de Elena Carrasco, y “El Tortillero”, tonada tradicional.

www.lanacion.cl

domingo, febrero 05, 2006

NUEVOS COMPOSITORES CHILENOS Ellos cantan solos

Crecieron en un país donde la música juvenil salía casi siempre de bandas, admirando a tríos y cuartetos que hablan de sí mismos en plural. Aunque su sonido y códigos formales son diversos, hay al menos algo en común en varios nuevos cantautores solistas chilenos: la convicción de que con su voz basta.

La Nación

Marisol García

Los símbolos musicales chilenos deben apretarse para salir en la foto. Tras el paso luminoso de la Nueva Canción Chilena -que sí impuso a solistas suficientes para llenar discos enormes-, la música popular local ha sido asunto de hermandades eternas (Los Jaivas), tríos de afectos impredecibles (Los Prisioneros) y sociedades de provincia dispuestas a enfrentar unidos la amenaza capitalina (Los Tres). Con esos referentes crecieron quienes hoy se aplican en la música a sus 20 ó 30 años de edad. Sufren, por eso, la comparación constante con los símbolos de la cantautoría extranjera: Dylan, Spinetta, Silvio.
La distancia generacional con esos nombres es significativa. Los nuevos cantautores ya no cargan con la obligación de antaño de representar una voz colectiva. Tampoco son fundamentalistas con su condición de solistas, e incorporan a los colaboradores que les ayuden a llevar a buen puerto sus ideas. Su aproximación a la canción es tan respetuosa como estética, en el sentido de poner todo a disposición de piezas que, al menos en el caso de estos tres chilenos, han revelado una exposición emocional que probablemente envalentone a quienes les sigan. Pocos músicos chilenos han sonado tan transparentes evitando los clichés de la balada. Sus arreglos, por lo demás, reflejan que están abiertos a la multitud de influencias que caracteriza a la época del “download”: los jóvenes cantautores no tienen por qué circunscribirse, como antes, a un género. Si sus discos parecen imaginativos es porque hay en ellos un valioso desprejuicio.

LEO QUINTEROS (30 AÑOS)
Nuevo disco: “Leo Quinteros, ahora!” (Cápsula Discos)
Single en radios: “Fiesta pagada”
Comentan: “No hay razón para dejar pasar este disco. Ni siquiera el gusto enraizado por el pop radial. Gustavo Cerati mataría por un caudal de ideas tan frescas” (Emol).
Trayectoria: Hasta entonces con título y experiencia laboral de abogado, Quinteros trabajó durante el 2003 un primer disco (“Fallando”), del cual logró ubicar en Vía X el video para el tema “Invisibilidad”. Un año más tarde presentó “1A”, un trabajo de inequívoco carácter de autor, en el que el nativo de Arica introducía las que hasta hoy son sus principales fortalezas: un canto cuidado, letras profundas de reflexión entre sentimental y urbana, y melodías vigorosas a disposición de canciones planteadas y desarrolladas como tales. A falta de grupo, Quinteros patentó en Chile el concepto de lo que alguien calificó como “hombre-banda”: una disposición de trabajo en vivo que lo apoya únicamente en su guitarra y una máquina de samplers capaz de texturas que parecen infinitas. Algunas de sus presentaciones incluyen al baterista Cristián Sotomayor o el bajista Gonzalo Planet.
Por qué canta solo: “Más que nada, por necesidad. Nunca encontré gente con la que compartiera una devoción por las canciones y las letras. Existe mucho músico enamorado de su instrumento, casi freudianamente, y otros preocupados por cosas aun más absurdas. En todo caso, no siento que lo mío sea trova, sino música popular. Aunque esté solo”.
Su método: “En términos sonoros soy bien jodido. Si haces un registro, tiene que ser claro, porque si no altera lo que quieres registrar. En el ‘1A’ tenía una estética a la cual quería llegar y llegué. Ahora quería hacer las cosas de una manera. Y también siento que lo logré”.
Sus versos: “Cuando chico leía mucho. Hoy leo arbitrariamente. Para mí, las palabras son importantes porque si no puedes nombrar algo es porque no lo entiendes. Ezra Pound decía que la poesía era mezcla de ritmo, imagen y contenido. Algo de eso me interesa, aunque tampoco creo que yo sea capaz de llegar tan lejos. Digamos que prefiero plantear las cosas de una manera clara, aunque se trate de algo muy confuso”.

GEPE (DANIEL RIVEROS) (24 AÑOS)
Nuevo disco: “Gepinto” (sello Quema Su Cabeza)
Single en radios: “Namás”
Comentan: “... un compositor que se hunde en sus raíces para dar salida a composiciones de alcoba, canciones de cuna que dan espacio a la imaginación, a una lírica sencilla y poética, y al sonido puro de los instrumentos autóctonos. Ideal para sumergirse en un sueño plácido con identidad nacional y para estimular el ingenio musical” (sitio web Super 45).
Trayectoria: La existencia de Daniel Riveros experimentó algo parecido a una revelación cuando, a los 13 años, escuchó por primera vez al grupo neoyorquino Sonic Youth. Su estética, su intensidad y su filosofía lo influenciaron de tal modo que se aplicó de inmediato a componer canciones, inspirado tal vez por aquella máxima punk del “cualquiera puede hacerlo”. Pero la relación de Riveros con la música era ya un asunto infantil, con una primera batería a los cinco años y sucesivos ensayos sobre la guitarra y el teclado. Sus primeras composiciones quedaron registradas en decenas de casetes que aún nadie más conoce. El trabajo público de Riveros comenzó en el dúo Taller Dejao (junto a Javier Cruz), cuyas presentaciones fue alternando con sus propias experimentaciones solistas. Publicó en el 2004 el EP “5x5” y, un año más tarde, “Gepinto”, quizás el más alabado disco chileno independiente del 2005. A veces baterista para Javiera Mena, Riveros cumple también con estudios de diseño gráfico. Pasó hace un tiempo por los Hare Krishna: “Me encantaba que cantaran, pero no me la pude con la autodisciplina; es demasiada”, explica.
Por qué canta solo: “Creo que, mientras más desnudas, las canciones son más sensibles y directas. No me interesa mediatizarlas. Además, había llegado a un momento en que lo que hacíamos con Taller Dejao no me tenía contento”.
Una influencia: “’Run Run se fue pa’l norte’ es la canción más linda que he escuchado en mi vida. Esa capacidad que transmite Violeta [Parra] para aceptar la desgracia, esa... ‘displiscencia’ que para mí tiene ella, en el sentido de mostrarse siempre de a poco, como guardando distancia”.
Una reflexión: “Creo que en Chile ha habido mejores letristas que músicos, porque somos un país de tradición oral. Esa expresión de ‘contar el cuento’ lo refleja. Sin embargo, no me siento con la autoridad para decir nada en plan de consejo; me importa mucho más transmitir un sentimiento que sea real: ser honesto con la alegría, con la tristeza, con la pobreza... Me interesa mucho que mi disco se entienda”.

MANUEL GARCÍA (35 AÑOS)
Nuevo disco: “Pánico” (sello Alerce)
Single en radios: “Tu ventana”
Comentan: “Uno de los lanzamientos musicales chilenos del año. Es un disco denso, de tanta música que encierra, y con él Manuel García gana espacio entre los mejores nuevos autores populares chilenos” (Emol).
Trayectoria: Manuel García aún es parte del grupo Mecánica Popular, el cual fundó en 1999 y con el que ha publicado hasta ahora tres álbumes. Antes formó parte del conjunto Coré, y ha trabajado en musicalizaciones para teatro y documentales. Nacido y criado en Arica, siguió en esa ciudad estudios de música e historia y geografía. Ya cumplió 10 años de residencia en la capital y asegura que se siente cada vez “más santiaguino”. Es probable que del material sobrante de “Pánico” -un álbum producido por el cubano Fidel Orta- publique pronto otro álbum, si bien su prioridad será en el 2006 la grabación con Mecánica Popular.
¿Por qué canta solo?: “Creo que ‘Pánico’ es un disco muy solista porque los temas que trata son muy íntimos, y les tengo mucho cariño. No hay ninguno que si se toca en guitarra no funcione. Sin embargo, también yo he sido siempre un compositor que trabaja sobre sus límites, y jamás le quitaría a una canción algo que otro músico le pueda aportar, por una cuestión de ego [en el disco, de hecho, se escuchan piano, violines, acordeón, percusiones y contrabajo]. Siento que el disco es una suma de ideas, pero totalmente dentro de la sonoridad que yo imaginaba”.
Sus influencias: “Este es un disco de guitarras; o, más bien, de un cantante y su guitarra. Eso para mí significa Thom Yorke haciendo un unplugged de Radiohead. O Silvio Rodríguez haciendo ‘Días y flores’. O la Violeta en ‘Últimas composiciones’. O Atahualpa Yupanqui”.
Sus versos: “Esencialmente, éste es un disco de canciones de amor, que se van atravesando con algunas obsesiones que tienen que ver con la historia reciente. Quería hacer un disco que reflexionara sobre la historia chilena y latinoamericana, que es la que a mí más me inquieta. Ahí cabe, por ejemplo, ‘El viejo comunista’. Por otro lado, fue inevitable incorporar canciones de amor. ‘Hablar de ti’ es como una especie de salvavidas que me tiré yo mismo. Hay veces en que una relación amorosa comienza a transformarse en una crisis existencial, y entonces te das cuenta de que quizás lo que necesitas es vivir dentro de los recuerdos de la otra persona. Ser el pasajero entre los sueños es una forma de vivir en alguien también. Para eso sirven un poco las canciones”.
Su canto: “Creo que la afinación es importante, pero también la sinceridad de cómo se canta. Me importa que, cuando se escuche lo que estás cantando, tenga sentido. Que los defectos que puedan ocurrir a la hora de enfrentarse a los micrófonos sean lo más cercano posible a lo que quieres decir”.

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060204/pags/20060204164630.html

viernes, enero 13, 2006

Expediente Víctor Jara

Septiembre/2003


La sangre de un poeta

Con un cancionero cargado de pólvora revolucionaria, Víctor Jara fue líder de un movimiento musical que identificó al gobierno de Salvador Allende, derrocado por el golpe militar que en septiembre de 1973 encabezó Augusto Pinochet.


A 30 años del asesinato del artista, su familia mantiene viva su memoria y reclama justicia a través de un proceso que ya tiene sospechosos. Los criminales, dice su hija Amanda Jara en entrevista exclusiva, cometieron un grave error: ahora su padre es inmortal.

Parado a la entrada del Estadio Chile, el militar a cargo del comité de recepción de detenidos se encontró con la sorpresa: Víctor Jara, el cantante más renombrado de la Unidad Popular, venía en el grupo capturado la madrugada del 12 de septiembre en la Universidad Técnica del Estado. Hasta los soldados quedaron paralizados.

Avanzando a pasos cortos y apurados, atizada por culatazos, la fila de prisioneros se frenó en seco ante el grito del oficial.

–¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!

Parado a la entrada del Estadio Chile, el militar a cargo del comité de recepción de detenidos se encontró con la sorpresa: Víctor Jara, el cantante más renombrado de la Unidad Popular, venía en el grupo capturado la madrugada del 12 de septiembre en la Universidad Técnica del Estado (UTE). Hasta los soldados quedaron paralizados.

–¡A ése, mierda, a ése! –apuntó el oficial de rostro tiznado, casco y traje de campaña.

Por unos segundos, al tenerlo frente a sus narices, el rostro del militar se tornó levemente complaciente y burlón, segundos en que el silencio se apoderó de una tarde que consumía sus últimas luces.

–Así que tú eres el famoso cantante, ¿no? –preguntó sin esperar respuesta. Apretó los dientes y empezó a golpear.

Según recuerdan los testigos, el militar estaba fuera de sí, enardecido. Pateaba al cantante en el suelo y le sacaba en cara un incidente ocurrido en el colegio Saint George de Santiago. El asunto, dio a entender a viva voz, era personal: el hermano del oficial había sido uno de los alumnos de ese colegio que en 1969 intentaron agredir al cantante. Para entonces, algunas de las canciones de Jara tenían pólvora de denuncia y revolución: proclamaban un proyecto de gobierno popular que se aprestaba a conquistar el poder por las urnas. Cuatro años después, el gobierno de Salvador Allende era aplastado por un golpe militar cuyas primeras consecuencias estaban a la vista de los prisioneros del Estadio Chile.

–Si hay una cosa siniestra y terrible, que no se olvida nunca, es el golpe de una bota pegando contra las costillas de un cuerpo indefenso –dice Boris Navia, abogado y ex funcionario de la ute que hace treinta años formaba la fila de la que fue sacado Víctor Jara–. En un momento [el militar] desenfunda su pistola y pensamos que le iba a disparar. Pero en lugar de eso, toma el arma y le empieza a golpear en la cabeza. Había mucha gente ahí, y los que vimos aquello, el rostro ensangrentado de Víctor, quedó en nuestras retinas para siempre.

(Esa imagen ya la había vivido el mismo cantante. En vísperas de la Unidad Popular, tras su regreso de una estadía en Londres, comenzó a padecer inexplicables angustias ante el temor de separarse de su familia. Según relata su viuda Joan Jara en el libro autobiográfico Un canto truncado, “periódicamente tenía pesadillas que se volvían más frecuentes y más graves con el paso del tiempo, pesadillas de las que despertaba bañado en sudor frío o gritando como si fuera presa de terribles dolores”.)

Cuando por fin se detuvo, el militar ordenó a un par de soldados que aislaran al prisionero Jara.

–Este –anunció– me lo reservo para mí.

La fila retomó su marcha. Como antes, a culatazos, avanzando a pasos cortos y apurados, ingresó en el Estadio Chile.

Recuerdos de Amanda
Quintay es el refugio ideal para aislarse del mundo y, a la vez, seguir perteneciendo a él. Ese estatus ambiguo se alcanza a la altura de Casablanca, virando hacia la costa por la ruta que une Santiago con Valparaíso. Lo que viene son curvas que serpentean entre los cerros y acantilados que conducen a la casa de Amanda, la hija de Víctor Jara.

En esta caleta de pescadores, Amanda encontró el lugar perfecto para desprenderse del estigma de ser la hija del principal mártir de la música chilena. Contra todo lo esperado, ella no canta públicamente. Tampoco suele dar entrevistas ni participa de foros sobre temas de derechos humanos. El vínculo con su padre es íntimo y, cuanto más, se delata en algunas fotografías familiares que cuelgan en una pequeña pared de la casa. Aquí no hay afiches en blanco y negro del cantante, de esos que pueblan los puestos de ferias artesanales, ni reediciones de sus discos en formato digital. La leyenda del padre, tejida a partir de su brutal muerte ocurrida días después del golpe, cobra otro valor cuando su hija se encarga de tareas hogareñas: con la teleserie de la tarde como música de fondo, Amanda prepara carne de vacuno a la olla, puré de papas y lechuga costina.
Amanda tenía 8 años cuando su padre apareció muerto con 44 balazos en el cuerpo. Un mes después partió a Londres con su madre y su hermana Manuela, hija del coreógrafo Patricio Bunster, cargando maletas en las que apenas llevaban ropa: el equipaje estaba reservado para discos de vinilo, fotografías y cartas personales del músico.

–No puedo decir que lo pasé mal en Londres. Tengo que estar agradecida de la beca Pinochet, ¿no? –ironiza sobre un exilio de casi diez años en los que vivió una doble vida: su tiempo se repartía en peñas y actuaciones junto a Mayapi, un grupo folclórico integrado por hijos de expatriados chilenos, y juntas con amigos británicos que la llevaban a conciertos de The Clash y Madness–. Así es el exilio, una cosa rara entre dos mundos. Igual me sentía súper chilena, imposible no dejar de serlo, pero en mi casa no se escuchaban discos de mi papá, nunca. Recién vine a escucharlos cuando volví a Chile.

En 1983 regresó por segunda vez a Chile con la idea de permanecer un año. Los planes fueron cambiando sobre la marcha.

–Tal vez tuvo que ver que entré de oyente a estudiar al Arcis y ahí, por ser la hija del Víctor, me sentía protegida.

–¿Te lo hacían sentir?
–Sí, lo sentía fuerte. Pero siempre he tenido la capacidad de salirme de eso. Una cosa es que yo sea hija de mi papá, que es algo calientito, rico, y otra es ser la hija del Víctor de todos, reconocerme en él. Igual era raro ir a las protestas con toda la gente gritando “Compañero Víctor Jara, presente”. Yo gritaba igual que todos los demás.

–Pero te negaste a tener una figuración pública, a representar el papel de la hija de..., ¿por qué?
–Es que nada que ver. Por qué voy a ser vocera, por qué tener una figuración. Si tuviera talento, si tuviera algo que decir, te creo, pero ¿sólo porque soy hija de Víctor Jara? Es como un cartel que te ponen y yo no quiero colgármelo.

–¿Tuvo que ver el hecho de que tu mamá entregara su vida a la causa de tu papá?
–Pero a mí no me corresponde… mi mamá diría lo mismo, pero fue lo que le tocó a ella y la admiro por eso. En ese momento era necesario que hiciera eso. Mi madre es como mi conciencia. Me dice que participe más, que esté, que no demore tanto en hacer las cosas. Yo trato de ir lo menos posible a Santiago.

Tal vez fue esa negación a representar un papel incómodo la que llevó a Amanda a aislarse en Quintay a comienzos de los 90. Llegó sola, sin un plan definido, al tiempo que su madre conseguía la constitución legal de la Fundación Víctor Jara.

–Había trabajado en publicidad y en películas, pero estaba aburrida de eso. Tenía ganas de pintar, de respirar oxígeno, de sentir la tierra, y me vine.

Aunque desde entonces su vida permanece anclada a Quintay, donde vive con su pareja, un pescador nacido en el pueblo, en el último tiempo sus viajes a Santiago han sido frecuentes. Impulsada por la conciencia de su madre, Amanda comprometió una mayor participación en la Fundación, que se amplió a un nuevo edificio y abrió un galpón de espectáculos. Unos días de trabajo en Santiago han bastado para que palpe la dimensión que aún hoy, a tres décadas del golpe, tiene su padre en la sociedad chilena.

–El otro día llamé a una radio para pedir que anunciaran un concierto en el galpón y me dijeron: “Ah, llamas por Víctor Jara. Nosotros no anunciamos cosas de Víctor Jara”. ¿Te cachai? “¿O sea que si el día de mañana viene Peter Gabriel y actúa en el Galpón del Víctor, tú no vas a anunciar nada?” Uno se encuentra con ese tipo de cosas todavía. No quiero que se malinterprete lo que voy a decir, pero a mí me da lata esa identificación política que existe con el Víctor. O sea, él participó en política, pero era un artista, no un político, y a veces eso se confunde.

Permanecemos sentados en un tronco del jardín que mira al mar. Desde este lugar, no queda otra que encontrarle la razón a Amanda. ¿Para qué moverse a Santiago si se está tan bien aquí? Pero ella me invita a movernos. Salimos a pasear a sus tres perros.

Mientras atravesamos las praderas de Quintay, hablamos acerca de los traumas de la generación que fue protagonista de la Unidad Popular, de los casos de corrupción recientes, de las volteretas ideológicas de los antiguos líderes combatientes. De vuelta, al bajar por una quebrada, Amanda lanza una interrogante.

–A veces me pregunto en qué estaría ahora mi papá si viviera.

Es una buena pregunta de ficción. ¿Jara militaría en una agrupación política moderada como el Partido por la Democracia? ¿Seguiría fiel al Partido Comunista? ¿Tendría algún cargo en el gobierno? ¿Permanecería aferrado a las viejas canciones? ¿Ya habría colaborado con un músico techno? ¿Habría grabado un disco con Los Prisioneros? ¿Su música tendría la valoración que tiene hoy? Es una difícil respuesta para la que su hija prefiere ganar tiempo.

–O sea, yo entiendo que haya toda una leyenda que se forma a partir de las circunstancias de su muerte. Por eso me pregunto, ¿en qué estaría? Me lo pregunto y la verdad, no tengo ni idea. Por lo menos se salvó de todo esto.

Oscurece en Quintay y a esa hora Amanda alimenta a sus dos caballos, Lola y Lennon. Uno de los perros insiste en molestar a este último, metiéndose entre sus patas traseras. Su ama lo recrimina con un grito en inglés. Pero el perro es porfiado y está a punto de ganarse una patada de Lennon. Amanda pierde la paciencia.

–Ya hueón, te fuiste pa’ la casa –le grita, arrojándole una piedra. El perro obedece en buen castellano.

–¿Cómo crees que vería tu papá la vida que llevas?
–Creo que le gustaría, estaría súper orgulloso de la vida que elegí.

Jueves 13
La mañana del jueves 13 de septiembre de 1973, los prisioneros que permanecían en el Estadio Chile fueron sorprendidos por los focos de un reflector que apuntaba a un militar muy cómodo en su lugar, jactancioso, como si tratara de una estrella de cine en la premiación de los Oscar. Era un tipo alto, provisto de una metralleta punto 30, casco de combate y lentes oscuros modelo Augusto Pinochet. Tras recorrer con la mirada a los detenidos, probó su autoridad:

–¿¡Me escucha la escoria latinoamericana!? ¿¡Me escucha la cloaca marxista!?

Como obliga el protocolo castrense, la increpación debía ser respondida por afirmativos gritos de “¡Sí, señor, sí señor!”. El hombre tenía porte y voz de mando. De acuerdo con los testimonios de los sobrevivientes, gozaba con el papel estelar.

–El tipo se vanagloriaba del timbre de su voz, que a diferencia de otros no necesitaba micrófono para dirigirse a los detenidos –cuenta Osiel Núñez Quevedo, quien hasta el 11 de septiembre era presidente del Centro de Alumnos de la ute–. Después que le respondíamos a sus gritos, nos miraba y decía: “Qué bien hablo, soy un Príncipe”.

El apodo quedó grabado en la memoria de los detenidos y pasó a conformar una leyenda oscura entre los sobrevivientes del Estadio Chile.

–De todos los militares –agrega Núñez–, el Príncipe fue el más destacado por su crueldad. Hablaba de las sierras de Hitler, que llamaba así porque podían cortar a una persona, o atravesar a varias a la vez. Nos pedía que le diéramos la oportunidad de usarla, que le diéramos una razón para matarnos. En una oportunidad, un muchacho se tropieza con uno de los soldados y ambos comienzan a forcejear. Pero el muchacho sólo quería que el soldado no le pegara. En esto aparece el Príncipe, pide un fusil y le pega al detenido un culatazo en la cabeza tan fuerte que rompió la culata.

Mientras aquel muchacho quedaba tendido, desangrándose, otro prisionero también yacía en el piso.
Aislado por orden superior, Víctor Jara había pasado la noche en uno de los pasillos del mismo estadio en el que en 1969 había ganado el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena con el tema “Plegaria a un labrador”. La actuación, la primera que realizaba en ese recinto, significó su consagración como líder de un movimiento que renovó el folclore chileno con letras más profundas y comprometidos, abriendo su campo de influencias a sonoridades latinas. A partir de entonces, Jara –que había realizado una reconocida labor como director de teatro– fue el más visible y prolífico de los cantantes de la Nueva Canción Chilena, guiando el trabajo de grupos como Quilapayún e Inti Illimani. Cuatro años después de aquella histórica actuación en el Estadio Chile, el cantante pagaba tributo a su fama.

–Víctor es exhibido como trofeo de guerra por el Príncipe frente a otras delegaciones de las Fuerzas Armadas que iban llegando al estadio –recuerda el abogado Boris Navia–. Esa primera noche del día 12 se acercan dos oficiales de las fach y uno de ellos que estaba fumando le arroja una colilla al suelo. “¿Quieres fumar?” . Víctor levanta la cara y no le contesta, entonces el militar le grita: “¡Fuma, huevón, fuma!”. Cuando Víctor extiende su brazo para recoger la colilla, le aplasta la mano con la bota. “A ver si vai a poder tocar tu guitarra ahora, comunista de mierda”, le dice.

¿Nace aquí el mito acerca de un Jara con sus manos amputadas, cantando “Venceremos”, el himno de la Unidad Popular, frente a todo el estadio? La imagen, desmentida por los testigos y por la propia Joan, se desperdigó por el mundo, alimentando una leyenda que aún no tiene un origen claro. Según Carlos Orellana –otro de los detenidos de la ute que presenciaron las últimas horas del cantante–, la historia fue relatada en un libro sobre el golpe de Estado en Chile escrito por un periodista brasileño.

–No fue así –confirma Orellana–, pero lo cierto es que le pegaban culatazos en las manos y le decían: “¿Ahora vai a tocar conchatumadre?”.

El Estadio Chile fue un pequeño holocausto en los días posteriores al golpe, coinciden los que estuvieron detenidos allí:
–Yo después pasé por el Estadio Nacional y por Chacabuco, pero nada fue tan fuerte como en el Chile. Allí sentí el olor del miedo, de mi propio miedo, al ver escenas como las de un compañero que se tiraba de un segundo para quitarse la vida; al no lograrlo, comenzó a pegarse cabezazos contra la pared –recuerda Osiel Núñez.

Boris Navia evoca el caso de un estudiante peruano que fue confundido por cubano.
–Al pobre le cortaron la oreja con un corvo y se la metieron en la boca. “Cuéntale a Fidel cómo tratamos en Chile a los marxistas”, le dijeron. El muchacho no paraba de gritar.

Boris Navia permanecía con Orellana en un grupo de doce detenidos. Era el número con que los militares iban reuniendo a los presos, que para el mediodía del miércoles sumaban cerca de 3 mil. El constante ingreso de nuevos inquilinos hizo que los militares descuidaran por unas horas a Víctor Jara. Fue la oportunidad para que se arrastrara hasta el grupo más cercano.

–Lo primero que hicimos fue darle agua y limpiar su rostro ensangrentado –relata Navia–. Después intentamos disfrazarlo un poco, para que se confundiera con el resto. Andaba con una camisa roja campesina, de esas que usaba siempre. Un carpintero de la ute se sacó su chaquetón azul para que se lo pusiéramos, y con un cortaúñas que alguien había conservado tratamos de cortarle el pelo. Logramos sacarle rulos, reducirle esa cabellera ensortijada que tenía.

–¿Cómo se veía en ese momento?
–Muy mal. Tenía un ojo casi cerrado por una patada, dos o tres costillas hundidas y hematomas por todo su cuerpo.

A las golpizas se sumaba otra debilidad: ninguno de los internos había recibido alimento desde el día anterior. Uno de los prisioneros del grupo había conseguido ingresar un frasco de mermelada que compartió con sus compañeros. Otro se encontró con un soldado al que conocía y le pidió cualquier cosa para comer. Al rato volvió con un huevo crudo. Nadie puso en duda que esa ración estaba reservada para el cantante.

–Con un fósforo lo perfora por arriba y por abajo, y empieza a chuparlo lentamente. Decía: “Así en mi tierra de Lonquén aprendí a comer los huevos”. Nosotros confiábamos en que podíamos salvarlo, en que se confundiría. Incluso, cuando por los parlantes nos anuncian que al día siguiente vamos a ser trasladados al Estadio Nacional y nos piden hacer una lista con los nombres de cada grupo, lo inscribimos con su nombre completo para ver si despistábamos a la guardia.

Esa noche, Víctor Lidio Jara Martínez, de 40 años, durmió con el grupo de los doce, hundido en los tablones del estadio, como un prisionero más.

viernes 14 45
La mañana del viernes 14, los detenidos despertaron con el mismo rito del día anterior. Mientras los reflectores dibujaban su figura, el Príncipe se dirigió a la audiencia, anunciando que ese día se concretaría el traslado al Estadio Nacional. Pero esta vez el oficial apareció a rostro descubierto, exhibiendo rasgos caucásicos, de cabellera rubia y ojos azules, que se grabarían en la memoria de los sobrevivientes.

El traslado, sin embargo, demoró más de la cuenta y prolongó una jornada que se hizo eterna. Un plato de porotos, el primer alimento en tres días, reanimó a los internos, quienes aprovecharon un cierto relajo en la disciplina para estirar las piernas.

–Esa noche del viernes –dice Boris Navia–, cuando ya se canceló definitivamente el traslado, Víctor conversa con nosotros. Habla de su compañera, de sus hijas, del presidente Allende, de la universidad. Le preguntamos qué iba a hacer de su vida y decía: “No sé yo qué voy a hacer, tal vez me vuelva a la tierra”.

–¿Estaba lúcido en ese momento?
–Absolutamente. No divagaba. Estaba lúcido. Y sonreía, pese a todo. Víctor fue un hombre que murió sonriendo.

Sabado 15
La madrugada del sabado hubo movimiento de tropas, signo inequívoco de que esta vez sí se concretaría el postergado traslado de prisioneros. En el grupo del cantante, que había pasado la noche en la cancha, se corrió la voz de que dos o tres detenidos de la ute iban a ser liberados. Era la oportunidad de comunicarse con el exterior.

En una libreta de apuntes, varios escribieron mensajes para sus familiares. Cuando las hojas llegaron a manos de Víctor Jara, éste comenzó a garabatear un poema titulado “Estadio Chile” que trascendería como testimonio de un horror:

¡Canto qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto! Espanto como el que vivo Como el que muero, espanto. Lo que veo nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento...
Cuando estaba escribiendo, un par de soldados se acercaron a sus espaldas. Venían a buscarlo por encargo del Príncipe.

–Lo llevaron hasta una de las casetas de transmisión y pudimos seguir viéndolo difusamente desde abajo –recuerda Navia–. El Príncipe había recibido la visita de unos oficiales que comenzaron a golpearlo. Lo divisamos dos veces más a través del vidrio. Después desapareció.

Boris Navia nunca lo volvió a ver con vida. No así Carlos Orellana. Horas después de esta última golpiza, fue contactado por un estudiante que traía un mensaje: Víctor Jara estaba en los subterráneos y necesitaba urgentemente hablar con él.

–¿Por qué conmigo? –se pregunta hoy Orellana, uno de los principales editores de Chile–. Por el carácter que yo tenía de dirigente del Partido Comunista, era uno del equipo más cercano al rector.

En uno de los camarines del subterráneo, Orellana divisó a Víctor Jara y le hizo una seña al pasar.

–Estaba custodiado por un soldado y pidió permiso para ir al baño. Ahí nos encontramos a solas. Ya estaba hecho un desastre. La cara era una masa de sangre, apenas podía hablar, se movía con dificultad.

Mientras ambos orinaban y un soldado vigilaba la puerta de los baños, Jara reveló el misterio de la reunión: en el grupo de los doce había un soplón.

–Según me contó, mientras lo torturaban había escuchado al soplón en confidencias muy amistosas con uno de los milicos –relata Orellana–. “A este hueón”, me dijo, “hay que cagarlo. Denúncialo”. Ni siquiera me envió un mensaje para la Joan. Era sólo eso, además que el soldado lo apuraba. Yo me olvidé del nombre, soy pésimo para recordar nombres. Esa fue la última vez que lo vi. Después fuimos trasladados al Estadio Nacional.

Autopsia express
A treinta años de ocurridos los hechos, los testimonios tienden a confundirse. Muchos perdieron la noción del tiempo y reconocen lagunas mentales: la amenaza constante, la ausencia de alimentos y los focos encendidos permanentemente, configuran un estado que roza el delirio. Golpes más o menos, días antes o después, todos, sin embargo, coinciden en que el cantante fue brutalmente maltratado y, de seguro, nunca salió vivo del estadio.

–Eran cerca de las 7 de la tarde del sábado cuando nos hicieron formarnos en una fila donde estaban los pesos gordos, como nos llamaban. En esa fila estaba Víctor –recuerda el ex dirigente Osiel Núñez–. Poco antes de avanzar, pasó un oficial que separó de la fila a Víctor y a Danilo Bartulín, uno de los médicos de Salvador Allende, que después logró salvarse. Cuando lo apartaron, Víctor pasó a mi lado y nos dirigimos una pequeña sonrisa, leve, aunque a esa altura entendíamos que lo que estaba pasando era muy grave: habíamos aprendido que cuando te separaban de un grupo, se venía algo muy feo.

Lo que venía estuvo a los ojos de los últimos prisioneros que abandonaron el estadio: tendido en uno de los pasillos, inmóvil, el cuerpo de Jara estaba rodeado de un charco de sangre.

–Lo vi a dos metros, tirado en el suelo. Ya no se movía. Dos militares lo señalaron y nos advirtieron que nos pasaría lo mismo si no nos comportábamos –declaró el matemático César Fernández. Esta versión es confirmada por Boris Navia:

–Cuando abandonábamos el estadio, vi un espectáculo dantesco: en el foyer habían reunido cadáveres: entre ellos estaba Víctor. Su cuerpo, lleno de sangre y cal, seguramente había sido arrastrado hasta la entrada.
Aunque sobran los testigos que pueden declarar en este caso, ninguno de ellos presenció el momento del asesinato. Sobre las causas de su deceso no existen dudas. El informe de la autopsia, realizada el 18 de septiembre de 1973, entrega pruebas contundentes:

“El cadáver de sexo masculino que yace vestido con la ropa manchada con sangre y tierra, mide 1,67 y pesa 61 kilos. Rigidez ausente, livideces pálidas en el dorso. En la región parietal derecha hay dos superficies de entrada de bala; en la región toráxica hay 16 orificios de entrada de bala y 12 orificios de salida de diferentes tamaños. En el abdomen hay seis orificios de entrada de bala y cuatro de salida; en la extremidad superior derecha hay dos heridas a bala; en las extremidades inferiores hay 18 orificios de entrada de bala y 14 de salida. Conclusiones: las causas de la muerte son las heridas múltiples de bala. Saluda atte., doctor Exequiel Jiménez Ferry”.

Jiménez Ferry trabajaba en el Instituto Médico Legal cuando se enfrentó al cuerpo de Víctor Jara. Hoy presta servicios en el Laboratorio de Criminalística de Carabineros y dice no haber reconocido la identidad de ese cadáver, encontrado la mañana del domingo 16 de septiembre junto a otros cinco cuerpos en una de las paredes externas del Cementerio Metropolitano. Todos llegaron a la morgue como nn. Al cantante se le asignó el número 86.

–Usted comprenderá que en esa época llegaron unas 2 mil personas al Instituto Médico Legal en los dos primeros meses –se disculpa el doctor Jiménez Ferry–. Sólo después supe de quién se trataba.

–Pero debe haber sido impactante practicar autopsia a un hombre con 44 balas en el cuerpo.
–No tanto, fíjese. Si una persona está frente a una metralleta que dispara 600 tiros por minuto, en unos segundos el cuerpo gira y recibe impactos por varios lados. Una vez que partió la metralleta, es muy difícil pararla.

El médico reconoce que el procedimiento forense no fue el habitual.
–Había una enorme cantidad de trabajo, por lo que se practicó un informe económico.

Martes 18
La ultima vez que Joan Jara vio a su marido con vida fue la mañana del martes 11 de septiembre de 1973. Enterado del golpe de Estado que estaba en marcha desde la madrugada de ese día, el autor de “El cigarrito” tomó la decisión de dirigirse a la ex ute, hoy Universidad de Santiago, donde se desempeñaba como profesor de la Escuela de Artes y Oficios. En ese lugar, Allende tenía previsto ese mismo día anunciar un plebiscito para dirimir la crisis política por la que atravesaba el país. Desde la asunción al poder del gobernante socialista, en noviembre de 1970, Chile vivía un estado de revuelta, fomentado por el primer experimento de revolución democrática y una decidida campaña de desestabilización impulsada por la cia norteamericana y la derecha chilena. Allende nunca arribó a la ute: mientras el gobernante resistía desde La Moneda el ataque de soldados, tanques y aviones Hawker Hunter, Víctor Jara cruzaba la ciudad rumbo a su lugar de trabajo. Como otros 900 estudiantes y funcionarios que llegaron a la universidad, ingenuamente creía que el golpe podía ser contenido sin armas. Esa noche la pasó al interior de la escuela, sitiada por soldados en pie de guerra.

En la madrugada del miércoles 12, los militares ingresaron en la universidad y, horas más tarde, trasladaron en los detenidos hasta el Estadio Chile. Seis días después, Joan sería alertada por un funcionario de la morgue sobre el destino de su marido. En su declaración judicial, Joan recuerda que reconoció a su esposo entre una hilera de cadáveres apilados en el segundo piso de la morgue:

–Tenía su camisa y suéter subidos, su pecho estaba desnudo, tenía tres o cuatro hoyos en línea recta en el pecho. Estaba más o menos en posición diagonal, tenían los pantalones alrededor de los tobillos y sus calzoncillos estaban medios cortados y se le divisaba una rotura en su cuerpo como a la altura del lado derecho de su abdomen... El cuerpo se veía llenos de moretones y la cara ensangrentada. Sus manos estaban llenas de moretones, como si se hubieran zafado de sus muñecas, éstas colgaban en forma muy extraña. Estaba muy delgado: creo que había perdido unos diez kilos de peso aproximadamente desde la última vez que lo vi.

Aunque recién el 18 de septiembre quedó claro que Víctor Jara estaba muerto, hacía días que su familia vivía un ambiente de duelo.

–Con Manuela nos escondíamos debajo de la mesa cuando pasaban los aviones hacia la casa de Allende, en Tomás Moro, que estaba cerca de la de nosotros –recuerda Amanda–. Yo me di cuenta que algo había pasado con mi papá porque mi hermana pasaba llorando todo el día. Incluso los niños del pasaje nos miraban un poco raro. Estábamos en el living de la casa cuando mi mamá me lo dijo: “El papi no va a volver más”.

Secreto de sumario
Joan y Amanda jara son querellantes de un proceso criminal presentado el 12 de enero de 1998 por la muerte de Víctor Jara. Abierto en primera instancia por el magistrado Juan Guzmán Tapia y traspasado dos años después al juez con dedicación exclusiva Juan Carlos Urrutia, del Quinto Juzgado del Crimen, el litigio está dirigido contra Augusto Pinochet Ugarte.

Esta, sin embargo, es la segunda causa que siguen los tribunales chilenos por este caso. La primera fue entablada el 12 de septiembre de 1978 y en cuatro años el tribunal asignado nunca pudo determinar a los responsables del asesinato: el 31 de agosto de 1982, el entonces juez del Quinto Juzgado del Crimen, Alejandro Solís Muñoz, sobreseyó el proceso al no encontrar responsables. El expediente de 1978 fue adjuntado a la nueva causa, hoy bajo secreto de sumario y conocida por Rolling Stone a través de fuentes judiciales. Su lectura sirve para hacerse una idea sobre cómo operaba la Justicia en aquella época.
En un oficio del tribunal dirigido al entonces ministro del Interior y hoy senador del derechista partido Unión Demócrata Independiente, Sergio Fernández, se solicita la identidad de las autoridades militares que estuvieron a cargo del Estadio Chile. Responde el ministro: “No se consiguieron datos de esa naturaleza (…); las personas que tenían a su cargo tales recintos eran, seguramente, integrantes de las Fuerzas Armadas, cuya identidad se ignora”.

Por sugerencia del mismo Fernández, el juez remite el oficio al Ministerio del Defensa. La respuesta viene firmada por el jefe de la cartera de ese tiempo, teniente general Carlos Forestier Haensgen: “Cumplo con informarle que (...) no se designó a ninguna persona en especial como jefe de estos centros, sino que ellos estuvieron a cargo de las distintas unidades que hay en Santiago en forma rotativa, por lapsos de horas solamente”.

–En Chile no sólo se anularon los servicios policiales, sino también todos los organismos auxiliares de la Justicia –sentencia Nelson Caucoto, abogado que lleva la nueva causa en representación de la familia Jara. Esta situación, agrega el jurista, cambia a contar de 1998, coincidiendo con la detención de Pinochet en Londres.

–La policía está investigando y tenemos varios testigos que han declarado –dice Caucoto, confiando en que el caso terminará resolviéndose del mismo modo en que se han aclarado otros de derechos humanos–. A la larga, los conscriptos son los que terminan hablando. A estas alturas del proceso, el magistrado ya presenta una lista de sospechosos que se desprende de los últimos testimonios. Uno de éstos, entregado por el abogado Hugo Pavez Lazo, confirma la identidad de al menos uno de los militares más nombrados por antiguos prisioneros. En su declaración judicial de octubre de 2002, Pavez Lazo dice:

“El Estadio Chile se encontraba a cargo del coronel Manríquez, quien al parecer desarrollaba funciones administrativas, porque quienes practicaban los interrogatorios y torturaban a los prisioneros eran el teniente Miguel Krassnoff Marchenko y otro teniente cuyo nombre no recuerdo”.

La identidad completa del coronel Manríquez está por establecerse; sobre el segundo aludido, no hay dudas: Krassnoff Marchenko está involucrado en un centenar de casos de detenidos desaparecidos y ejecutados, entre ellos los del diplomático español Carmelo Soria y del sacerdote de la misma nacionalidad Antonio Llidó. A la lista negra se suma una faceta desconocida del militar: en un careo realizado hace tres meses en el Quinto Juzgado del Crimen, seis sobrevivientes del Estadio Chile identificaron a Krassnoff como el Príncipe.

–Yo fui el primero que pasé. Cuando me enfrenté a él le dije al magistrado que tenía la convicción más absoluta de que Krassnoff era el Príncipe –recuerda Boris Navia.

¿Cómo reaccionó él?
–Se indignó. “¡Ah, qué desfachatez más grande!, ¿con qué vergüenza vienen a contar mentiras?”, gritó, levantándose de su asiento. “¿Quién es usted, de adónde sale, puedo saber su nombre?” Entonces el magistrado le dijo: “Señor, no le he dado autorización para que hable, este es un recinto judicial”. Se sentó enfadado.

El patrón de conducta del ex brigadier se repitió con los que vinieron después.

–“Usted está mintiendo, señor”, me dijo cuando lo reconocí –relata Carlos Orellana–. “¿Y por qué cree que es capaz de recordar su figura?”, me preguntó el juez. “Porque esa arrogancia con que habla es la misma que tenía en el estadio, sus ojos azules, el pelo rubio, la voz, el porte.”

Al término del careo con Osiel Núñez, éste notó que Krassnoff se levantaba con dificultad de su asiento.

–Se tocó la espalda y me miró como diciendo: “Ay, este dolor de espalda, qué tontera ¿no?”. Entonces le dije: “No me mire así pidiéndome condescendencia, que yo también sé lo que significan esos dolores, pero no por los años: los adquirí cuando me quebraron las costillas en el Estadio Chile”.

¿Qué le respondió?
–“¡Ah!”, gritó.

A desalambrar
Serena es uno de los bares en los que Amanda Jara almuerza cada vez que viene a Santiago. Emplazado en avenida Brasil, a un par de cuadras de la Fundación Víctor Jara, el antiguo tugurio guarda un estilo de vida en retirada: ambiente familiar, comida casera y parroquianos que no tienen horario para beber. El menú del día es merluza frita con arroz, pero Amanda me dice que, por precaución sanitaria, sólo come pescado en Quintay.

Cuando Amanda quiere comer mariscos, no tiene más que bajar a las rocas a buscarlos. Pero en el último tiempo la tarea tiene una dificultad mayor: la reciente construcción de un complejo de departamentos en Quintay, al que acuden rutilantes estrellas de la televisión, impide el acceso a los pescadores.

En los tiempos en que su padre vivía, la propiedad privada era un concepto cuestionable. En ese entonces, el socialismo estaba en auge y el llamado, como lo proclamaba uno de los temas que cantaba Víctor Jara, era a desalambrar. Hoy, que los cercos delimitan Quintay, esa época permanece como un recuerdo difuso en la memoria de Amanda.

–Hacíamos hartos paseos en una renoleta a la que le echaban el asiento trasero para atrás y ponían un colchón donde nos tirábamos con mi hermana Manuela. Ibamos llenos de cosas en el auto, con bacinica y guitarra. Siempre el Víctor llevaba su guitarra, adonde fuera.

Desde el primer encuentro en Quintay, algunas cosas importantes han ocurrido para la familia Jara Turner. A los avances en el proceso judicial, se suma la decisión del gobierno de renombrar definitivamente el Estadio Chile como Estadio Víctor Jara. Días pasados, en su casa en Quintay, Amanda comentaba que hubiese preferido otro gesto:

–El estadio me parece siniestro. Lo mejor que se puede hacer con ese lugar es echarlo abajo con una bomba y construir un parque.

Es muy probable que por el momento el Estadio Víctor Jara siga en pie. Por lo pronto, el 12 y 13 de este mes se programa ahí una ceremonia de bautizo que coincidirá con la apertura en la Fundación de una muestra permanente de fotografías, textos y discos del músico, en la que Amanda ha venido trabajando en los últimos meses. Ella no quiere una inauguración pública de la muestra; se basta de gestos privados para saldar cuentas con el pasado.

–¿Has ido a alguna Funa? –pregunta, refiriéndose a las manifestaciones públicas de denuncia contra represores de la dictadura.

–No, ¿y tú?
–Sí, una vez fui.

¿A la de Krassnoff?
–No, me encantaría haber ido a ésa. Pero igual es una cosa tan liberadora, como una limpieza para el alma.
Amanda tiene una interpretación optimista de la tragedia. A treinta años del asesinato de su padre, los vencidos, concluye, son otros.

–El Víctor tenía mucho que decir todavía, era muy talentoso, tenía siempre la palabra justa, por eso duele mucho que lo hayan matado. Pero creo que los que lo mataron cometieron un error. Son tan imbéciles que no se dieron cuenta de lo que estaban haciendo. Ahora Víctor es mucho más grande.

Cristóbal Peña
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