La Tercera
De Green Day a Madonna, de Arcade Fire a Audioslave: la escena musical anglo se ha reunido contra un enemigo común: el Presidente de EE.UU.
por Paula Castillo
Viernes 20 de enero, Washington D.C. Bret Michaels, ex vocalista de Poison, se apronta para subir a la tarima del Warner Theater en solitario. El evento lleva por nombre “Heroes Ball IV” y su objetivo es celebrar indirectamente la llegada de Donald Trump al Salón Oval, además de recaudar fondos para militares veteranos estadounidenses. Los asistentes apenas llenan la mitad del recinto, que cuenta con 1.800 butacas.
Al mismo tiempo, en el Tellagram Ballroom de Los Angeles, se realiza el anti-show inaugural “Power to the People”, encabezado por Prophets of Rage, conjunto que une a miembros de Rage Against The Machine, Cypress Hill y Public Enemy. El encuentro, a cargo de la súperbanda que se presentará en Chile el 3 de mayo, trajo consigo el reencuentro de Audioslave -después de 10 años- además de contar con otras figuras de la escena musical.
Estos hitos reflejan de manera simbólica el escenario político, social y cultural que divide a Estados Unidos frente a la asunción de su 45° presidente. El mensaje de Trump ha impactado con especial énfasis a la escena musical desde los días de campaña, cuando un centenar de bandas y artistas repudiaron el discurso del actual presidente republicano.
Por ese entonces, diversos músicos del país del norte -y extranjeros- reclamaron la utilización de sus canciones durante la gira del magnate: The Rolling Stones, Neil Young, R.E.M y hasta Adele prohibieron cualquier vinculación. Otras estrellas como Cher, Madonna, Shakira, Miley Cyrus y Demi Lovato alzaron la voz contra el candidato. Esto, sin considerar la negativa de figuras como Elton John a participar en la ceremonia de inauguración.
A pesar de la transversalidad del fenómeno, que cruza a prácticamente toda la escena norteamericana, el volumen se elevó en la industria tras los resultados de las elecciones del 8 de noviembre pasado. Desde entonces, apareció un “activismo sonoro” más explícito así como las primeras canciones anti Trump.
Fiona Apple, por ejemplo, lanzó una canción alusiva para la reciente Marcha de las Mujeres contra Trump, Tiny hands. Activistas, políticos y figuras del entretenimiento participaron en la multitudinaria actividad desde la calle o sobre el podio, dejando postales de inmensas multitudes manifestándose en el primer día de la administración Trump.
El día anterior, la propia Reina del Pop, Madonna, colmó el Brooklyn Museum de Nueva York para hablar sobre el desafío del feminismo en la era Trump. La “chica material” también participó de la marcha en Washington D.C., mientras que Miley Cyrus y Ariana Grande hicieron lo propio en otras ciudades.
Los canadienses de Arcade Fire también han demostrado solidaridad con la realidad de sus vecinos. El jueves, un día antes del cambio de mando, el sexteto liderado por Win Butler presentó su single I give you power, como primer adelanto del sucesor de Reflektor (2013). Durante la misma jornada, Gorillaz, el proyecto liderado por Damon Albarn de Blur, rompía años de silencio para subir a la web Hallelujah money, un oscuro corte que sintetiza su visión de lo que viene bajo el mandato Trump.
Con dedicatoria
Si en el pasado fue George W. Bush quien desató la indignación de Pearl Jam -quien dedicó Bushleaguer al mandatario- o el bullicioso American idiot (2006) de Green Day, hoy esta retórica aprovecha la democratización de las plataformas digitales para incentivar un movimiento opositor.
Green Day es fiel a su esencia. El trío liderado por Billie Joe Armstrong se adelantó con su reciente álbum, Revolution radio, una nueva bandera de lucha para destacar su disidencia política. A principios de este mes lanzaron su tercer sencillo, Troubled times, acompañado de un video que contrasta la realidad en los tiempos de Martin Luther King con el caos que arrastra Donald Trump.
Algo muy distinto a lo que ocurrió con los integrantes de U2, quienes no esperaban enfrentar un escenario de incertidumbre. Sin embargo, con el actual panorama, los irlandeses decidieron aplazar el lanzamiento de su disco Songs of experience, e incluso reescribieron algunas canciones. Así lo detalló el guitarrista The Edge a Rolling Stone: “Tenemos que darnos un momento para pensar este disco y cómo se relaciona con lo que está pasando en el mundo”.
Los patriarcas del rock también se han sumado al movimiento. “La resistencia comienza hoy” se titula el mensaje que Roger Waters difundió a través de Facebook el sábado pasado, junto a un video de su show de octubre en el Zócalo de Ciudad de México, donde proyectó ante 300 mil personas, frases como “Trump eres un pendejo” e imágenes satíricas del presidente. Otro que lanzó su propio slogan fue Bruce Springsteen, quien el mismo sábado, durante un concierto en Australia, lanzó un discurso similar al del ex Pink Floyd: “Somos la nueva resistencia americana”, dijo por los parlantes. Y por algo lo apodan El Jefe.
Este es un blog que tiene como misión recopilar información o noticias sobre música chilena, la Industria musical y la industria cultural de nuestro país aparecida en diversos medios de comunicación. Por lo tanto los textos son propiedad de los medios y de los periodistas que encabezan cada nota.
martes, enero 24, 2017
Vecinos de Pumanque relatan el drama por la pérdida de casas, animales y trabajos
El Mercurio.
En las localidades de La Gloria, Peñablanca y Rincón La Mina se concentran las mayores pérdidas por el fuego, que cumplió su sexta jornada. Los afectados reconocen que les costará mucho levantarse.
JULIO JERÉZ Y CORRESPONSALES
"Las parras prendieron como grasa. Había seis compañías de Bomberos y no se pudo apagar... Esto era el trabajo de toda la vida, y ahora quedamos sin nada". Entre sollozos, Olga Reyes recorre las cinco hectáreas de viñedos que tenía en el sector de Peñablanca, Región de O'Higgins, arrasadas por el devastador incendio forestal que ya completó seis jornadas.
Olga es el rostro de los miles de afectados en la comuna de Pumanque, epicentro de la tragedia, que ya suma 44.685 hectáreas quemadas. Con el paso de los días, el incendio se ha convertido en uno de los más destructivos en la historia del país.
En La Gloria, Peñablanca y Rincón La Mina se concentran los vecinos afectados, quienes perdieron casas, animales y trabajos. Ahora solo piensan en recuperarse, pero para ellos es una situación a largo plazo.
Olga tuvo suerte, porque el fuego rodeó su casa y la dejó en pie, pero las llamas se llevaron las plantaciones de uva listas para la cosecha. "Estas viñas las heredamos de nuestros padres, y ellos de sus padres, y ahora no tenemos nada, nada", se lamenta, mientras recoge racimos calcinados. "Es difícil recuperarse cuando está todo quemado".
Saúl Enrique Valenzuela es otro caso que simboliza a quienes el fuego golpeó con rudeza. Perdió su "casucha", como él dice, que le había regalado Rogelio, su hermano, en Rincón La Mina. Perdió además sus herramientas y su parte de la cosecha de avena. Resignado muestra los restos de la casa que lo albergó por cinco años, y como pensando en voz alta dice: "Perdí todo, todo, me quedó el catre y alguna ropa, que alcancé a sacar".
Denota amargura, hace una pausa y comenta: "Cuando llegamos el fuego estaba allí -a metros de su casa- y no había nada que hacer, solo salvar algunos animales". Asegura que el futuro se ve muy incierto. "Está todo quemado, pero en algún momento tenemos que volver a empezar", se lamenta, de brazos cruzados.
Luis Becerra Vásquez es poeta y cantor a lo divino. Vive en La Gloria, en donde hasta la semana pasada tenía un próspero terreno. El fuego destruyó la casa y todo lo que estaba en el predio. "Perdí todo, esta propiedad tiene 20 hectáreas y solo he salvado unas cinco. Los pocos animales que se salvaron andan sueltos. Espero que las autoridades o los carabineros no vayan a sacarme un parte porque se salen a la calle...", comenta, con cierta sorna, la situación que enfrenta.
Como una manera rápida de revertir esta situación, le pide a la "Conaf que nos den permiso para cortar árboles libres y sacar leña, porque si hay que sacar un plan de manejo, es caro y se demora. Que nos den un permiso libre para llegar y cortar, porque aquí ya no va a haber árboles en 10 años más", explicó.
En tanto, la ayuda solidaria comenzó a llegar a la zona. El municipio y la escuela de Pumanque se convirtieron en centros de acopio de alimentos y ropa, la que será entregada directamente a los miles de afectados por personal del Ejército.
lunes, enero 23, 2017
Los nuevos caminos de las Semanas Musicales de Frutillar
El Mercurio
Este viernes parte una nueva edición | En 2018 celebrará sus 50 años.
Al cumplirse casi un año del fallecimiento de Flora Inostroza -líder histórica del festival de música clásica más tradicional del verano-, reconocidos intérpretes, gestores, críticos y la actual presidenta del evento, la inglesa Harriet Eeles, destacan las fortalezas de las Semanas Musicales, sin desconocer importantes retos en programación y sustentabilidad.
Maureen Lennon Zaninovic
"Uno pregunta en la boletería de dónde viene usted y te responden de San Francisco, Grecia o París. También tenemos melómanos que durante 30 años no se han perdido este festival. Eso nos llena de orgullo, porque acá todo ha sido muy a pulso".
Son palabras de la cellista , pianista, profesora y gestora cultural Flora Inostroza (1930-2016), una figura inseparable del desarrollo de las Semanas Musicales de Frutillar, la cumbre artística que encabezó desde 1979 -como presidenta de la corporación cultural que la organiza- y que desde este viernes celebrará su versión número 49.
El 2016, sin duda, marcó un punto de inflexión para este importante evento veraniego. Inostroza no pudo asistir a los conciertos y el 12 de febrero falleció en Osorno, de un cáncer de páncreas. Diego Matte, director del Centro de Extensión Artístico y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC), afirma que la versión 2017 del festival frutillarino estará dedicado a ella. "La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile ejecutará una obra en su homenaje: Andante para cuerdas, de Alfonso Leng".
Comenzó a tomar vuelo
Es sabido que Arturo Junge (1913-1994) y su coro Singkreiss fue el momento cero de esta tradición que ya lleva casi medio siglo. Su pasión por el mundo de los sonidos lo llevó a fundar, en 1968, las Semanas Musicales. Luego, desde 1979, Flora Inostroza tomó las riendas e impulsó uno de los hitos del festival: el convenio con la Universidad de Chile y que ha posibilitado que todos los años se presenten en el balneario los cuerpos estables de esta casa de estudios. A lo largo de casi medio siglo de vida, se fue sumando como socio estratégico la FACh y se integraron nuevas agrupaciones, como la Sinfónica Nacional Juvenil, además de importantes artistas nacionales y extranjeros.
"Arturo Junge fue el fundador. Fue la base de todo lo que conocemos hoy", comenta el pianista Luis Alberto Latorre, quien desde 1981 ha participado -casi sin intervalos- en esta cita veraniega y también estará en la edición 2017 (ver nota relacionada). Y añade que Junge "era una persona muy cálida, vibrante y muy musical, que vio a Frutillar como una importante escuela de formación".
Latorre considera que "Flora Inostroza, en cambio, le dio una visión mucho más futurista al festival. Gracias a su aporte, el evento se convirtió en una instancia más institucional y organizada. Tomó vuelo. La proyección nacional e internacional es obra de Flora".
Tras el crecimiento y consolidación de esta cita, sus organizadores se dieron cuenta de que debían buscar mejores condiciones de desarrollo. Por eso, la propia Flora Inostroza, junto al fallecido empresario Guillermo Schiess, consiguió -con el apoyo de la Municipalidad de Frutillar- que el lugar donde se encontraba el Hotel Frutillar (destruido por un devastador incendio, en 1996) se les traspasara para la construcción de un moderno teatro. Así, gracias a su empuje, la visión de las autoridades de la comuna y el aporte fundamental de Guillermo Schiess y sus familiares, como también el de muchos donantes y amigos, se comienza a hacer realidad el Teatro del Lago, que se inaugura en noviembre de 2010.
"Sin Flora Inostroza, claramente no tendríamos Semanas Musicales. No me gusta comparar peras con manzanas, porque ahora parte una nueva etapa, distinta, otra forma de liderazgo. Hay un equipo organizador, con una química diferente, que quiere trabajar en conjunto y que se dio cuenta de que quizás habían dejado un poco sola a Flora en esta tarea", señala a "Artes y Letras" Nicola Schiess, hija del empresario Guillermo Schiess y presidenta de la Corporación Cultural Teatro del Lago, quien puntualiza que si bien ella integró el directorio de la Corporación "Semanas de Musicales de Frutillar" y luego se retiró, por una residencia familiar en Europa, hoy las relaciones entre ambas entidades son muy positivas, sin las desavenencias del pasado. "Les manifesté a las nuevas autoridades que seguiré como socia, aportando en lo que sea necesario, pero no puedo volver al directorio porque mi meta primordial, para la próxima década, será enfocarme en la sustentabilidad del Teatro del Lago", advierte Nicola Schiess.
Los cambios que se avecinan
Desde marzo del 2016, la inglesa Harriet Eeles (1944) asumió la presidencia de la Corporación "Semanas Musicales de Frutillar" (desde hace 22 años integraba el directorio y estuvo a cargo de conciertos de extensión).
"Estamos viviendo momentos de muchos cambios", dice Eeles a "Artes y Letras" y añade que, entre otras transformaciones, "hemos inventado nuevas formas de trabajo en equipo, junto a nuestro personal permanente y, sobre todo, con los directores. Cuando asumí la presidencia lo hice con la condición de que, entre todos, podemos llevar adelante este desafío de mantener la calidad impulsada por Flora".
Uno de los cambios más visibles es que desde fines de 2016 tienen una oficina permanente en Frutillar. "No podíamos seguir con nuestra sede central en Osorno. Ahora vamos a poder estar más presentes y generar redes con la Municipalidad de Frutillar, con el Teatro del Lago y su Escuela de las Artes y con la comunidad", explica Harriet Eeles.
También colaboraron en la postulación de Frutillar como Ciudad Creativa por la Unesco y están recibiendo fondos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para instituciones sin fines de lucro. "Son cerca de 78 millones, que nos permitirán avanzar en la sustentabilidad y en la programación 2018, ya que para nuestros 50 años queremos traer a artistas internacionales", señala la presidenta, quien aclara que, aproximadamente, el financiamiento anual asciende a los 250 millones de pesos, que provienen de la venta de entradas, aportes del municipio y fondos del Gobierno Regional, además del apoyo de la empresa privada, como el Banco Santander y Nestlé, vía Ley de Donaciones Culturales.
Otra de las novedades es que se está avanzando en una renovación del convenio con la Universidad de Chile. "Estamos hablando de un convenio que se firmó en los 80 y que faltaba actualizar, con miras a los nuevos desafíos que enfrentamos", advierte Eeles.
Artistas ad honoren
Uno de los sellos que caracterizan, desde sus inicios, las Semanas Musicales de Frutillar es que todos los artistas que participan deben postular y, una vez aceptados por el directorio, la organización les financia solo el alojamiento y la alimentación: "Si avanzamos en la sustentabilidad ese tema podría estar más resuelto. Por lo menos para los 50 años y como estamos pensando en traer a artistas internacionales, se está analizando el tema de pagar honorarios" , adelanta Harriet Eeles.
El pianista Luis Alberto Latorre entrega otra mirada: "Eso ya es un tradición. Es parte del espíritu de Frutillar. Todos los que vamos, estamos agradecidos de ir y no esperamos una paga a cambio".
La programación de excelencia también ha tenido algunos años de altibajos. Diego Matte, director del CEAC, comenta que, "efectivamente, ha habido críticas y nos estamos haciendo cargo de ellas. Por eso creamos un comité de programación que -más allá de nuestros 50 años, que de todas maneras van a suponer una mejora en esta materia- contribuya a mantener una calidad más pareja, sin perder nuestro foco: no nos interesa ofrecer espectáculos excesivamente caros, que sean excluyentes para el gran público. No queremos convertimos en un festival de élite".
Juan Antonio Muñoz, crítico de "El Mercurio", asiste a este festival desde la década de los 80. A su juicio, la gran fortaleza de las Semanas Musicales es su historia de ya casi 50 años. "Medio siglo de música, que ha dejado huellas en muchos chilenos y extranjeros. El aura artística de Frutillar se debe a las Semanas Musicales y eso hay que mantenerlo. También es una gran fortaleza el ambiente artístico tan colaborativo que se genera y del que participa el público. Siento que, independientemente de que haya algunos artistas internacionales invitados, el trabajo no pasa por producir una competencia con el Teatro del Lago. Las Semanas debieran ser una vitrina de los mejores talentos nacionales de alto nivel que muchas veces no tienen dónde tocar. Me refiero a talentos jóvenes probados y también a los artistas ya reconocidos; gente como el pianista Gustavo Miranda y el director Paolo Bortolameolli, entre los primeros, o Alfredo Perl, Francisco Rettig y Juan Pablo Izquierdo, entre los segundos".
Muñoz puntualiza que tal vez hay que repensar el financiamiento del encuentro, "en aras de que los conjuntos y los solistas tengan la posibilidad de ensayar más y ser pagados. Solo así los programas musicales podrían ser más novedosos y no solo las obras que los conjuntos ejecutan durante el año en Santiago. Soñando un poco, por qué, sin abandonar las Semanas históricas del verano, no pensar en un ciclo de invierno, tal vez más breve, o para Semana Santa, con música religiosa. Sería excelente".
Luis Alberto Latorre remata: "El gran desafío programático es mantener un equilibrio entre las obras 'más oreja' y un repertorio más novedoso. Hace algunos años se estrenó la Sinfonía de Berio. Mi sueño sería que la Sinfónica aborde la Turangalila, de Olivier Messiaen, sin dejar de lado el repertorio más tradicional. Una vez que se ha alcanzando un nivel alto, no se puede retroceder o pensar solo en el gusto del veraneante".
Cristina Gallardo-Domâs: "Un reto es poder acercarse al mundo de la ópera"
Radicada en España, la célebre soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs confirma a "Artes y Letras" que se integrará a la Semanas Musicales como asesora musical internacional y, de manera especial, colaborará en generar contactos y programas atractivos para la edición 2018, cuando el evento cumpla medio siglo de existencia.
"El Teatro del Lago, durante los tres años que estuve en Chile, albergó mi proyecto de Campus Lírico y, luego, las Semanas Musicales no quisieron desaprovechar mi proyección como figura internacional y así permitirme contribuir a la trascendencia de este festival, como uno de los encuentros de música clásica más antiguos de Latinoamérica", señala la cantante chilena.
- ¿Cuál va a ser su labor con miras al 2018?
"La idea es ser un medio de contacto con distintos artistas internacionales. Otro de los retos es poder acercarse al mundo de la ópera y ofrecer propuestas, aunque sean semiescenificadas. La idea es acercar el género lírico a una amplia gama de público, en un escenario tan natural y fantástico como Frutillar".
Algunos imperdibles de esta versión
La versión número 49 de las Semanas Musicales de Frutillar se realizará entre el 27 de enero y el 5 de febrero. La programación completa se puede revisar en www.semanasmusicales.cl.
La Banda Sinfónica de la FACh dirigida por Fabrizzio de Negri abrirá este viernes el festival veraniego con "Los Planetas" (Holst), y, al día siguiente, sus integrantes actuarán con Los Jaivas.
La Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y Rodolfo Fischer abordarán varios desafíos: la Octava de Dvorák (domingo 29), el Concierto para orquesta, de Bartók, la Suite N° 2 "Dafnis y Cloe" de Ravel y "Plegaria para orquesta", del chileno Tomás Brantmayer (lunes 30).
"El gran reto es tocar a Maurice Ravel y el Concierto de Bartók en un solo programa. Hace una década, esto probablemente habría sido impensable y refleja el continuo progreso técnico instrumental logrado en nuestro país. También destacaría la obra de Brantmayer. Creo que la inclusión de un compositor chileno de la edad de los chicos de la orquesta será una hermosa colaboración artística", señala a "Artes y Letras" el propio Rodolfo Fischer.
La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile-una de las estrellas de las Semanas Musicales y con las entradas prácticamente agotadas- invitó para la edición 2017 al joven director Helmuth Reichel Silva (1983). El conductor, radicado en Alemania desde hace 15 años, es la primera batuta chilena en llegar a la final del prestigioso Concurso Besançon. Él ejecutará Danzas Polovtsianas de Alexander Borodin, la Quinta de Tchaikovsky y el Andante para cuerdas de Alfonso Leng (1 de febrero. Gala Nestlé); y la Novena de Beethoven junto al Coro Sinfónico de la Universidad de Chile (5 de febrero). También la Orquesta Sinfónica protagonizará un "Festival Strauss" (3 de febrero).
Un mensaje trascendental
"Los programas son muy diferentes en su contenido. El primero contiene las Danzas Polovtsianas de Borodin, una obra sumamente colorística y folclórica, que destaca el estilo melódico intenso del compositor. Luego se interpretará la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, que, sin duda, representa uno de los momentos creativos más críticos del músico ruso, donde se ven reflejados muchos aspectos de los conflictos interiores que vivía en esa época. Lamentablemente me parece que Tchaikovsky ha sufrido un poco de una fama de ser sentimental, pero eso lo atribuyo simplemente a la romantización excesiva de su estilo, que la verdad es muy directo, a veces implacable", explica Helmuth Reichel Silva.
Sobre la Novena Sinfonía remata que "no olvidemos que Beethoven ya estaba sordo por más de veinte años cuando terminó de componer esta pieza. No creo que muchas personas puedan soportar una situación así, lo que lo convierte en un mensaje trascendental y personal del compositor".
El piano también tendrá bastante presencia. Polonia traerá al virtuoso de 21 años Szymon Nehring (31 de enero), y Luis Alberto Latorre y Tamara Buttinghausen (29 de enero) presentarán el arreglo para cuatro manos del propio Stravinsky de "La Consagración de la Primavera". Latorre comenta que "lo que suele ocurrir con esta versión es que los pianistas la suelen tocar con dos pianos, porque es muy incómodo tocar a cuatro manos. Nosotros, en cambio, la abordaremos tal cual fue concebida por el músico ruso".
Además, se sumarán el jazz (Eric Byrd Trio, 2 de febrero) y varios talentos jóvenes como el ganador del Concurso "Dr. Luis Sigall" 2016: el cellista Ivan Karizna (29 de enero).
Gondwana celebra sus 30 años de historia con un concierto y un disco
El Mercurio
La banda conmemorará sus tres décadas de carrera con "Carpe diem", un álbum que cuenta con Ky-Mani Marley como invitado. El conjunto, además, festejará en vivo su aniversario con un show el 12 de mayo en el Teatro Caupolicán.
José Vásquez
I-Locks no lo duda, su carrera en Gondwana fue la jugada de su vida: "Soy el más viejo de la banda, aposté el 100% de todo, nunca hubo margen de error para mí. Yo vivía en La Pincoya, entonces no tenía muchas expectativas de éxito ahí. Lo aposté todo al conjunto y siempre ha sido así, vivo de ese vértigo, es mi vida y me encanta", dice el líder del grupo cuando mira en retrospectiva la historia de sus últimos 30 años.
El músico es el cerebro de la banda chilena con mayor presencia en los escenarios extranjeros. Solo el año pasado, en poco más de dos meses, realizaron una maratónica gira por Estados Unidos que totalizó casi 60 fechas, por eso, a la hora de los balances, la cuenta es positiva, aunque al comienzo todo fue muy difícil, recuerda I-Locks: "Hemos sentido todos los golpes de la vida, partimos con la adversidad encima, sufrimos mucho para sacar nuestro primer disco, tardamos 10 años en lograrlo. Veíamos cómo en las salas de ensayo otras bandas grababan y hacían lanzamientos frente a nosotros. Finalmente, esa experiencia nos hizo más fuertes, porque aprendimos a torcerle la mano al destino", cuenta el músico, mientras afina los detalles de su próxima producción en los Estudios del Sur.
Hoy, en época de aniversarios, Gondwana prefiere mostrar un nuevo rostro antes que repasar su carrera con algún disco determinado. Los dueños de éxitos como "Sentimiento original" trabajan desde comienzos de 2016 en un nuevo álbum, "Carpe diem", que esperan lanzar en abril, un trabajo enfocado en el amor y que cuenta con colaboraciones como la de Ky-Mani Marley (hijo del legendario Bob Marley) como músico invitado. La celebración llegará en grande al escenario, ya con material nuevo estrenado, el 12 de mayo en el Teatro Caupolicán. "Queremos hacer algo en gratitud a nuestro público, algo que será importante también para nosotros y que queremos compartir con la gente. El Caupolicán es emblemático para el grupo, ahí hicimos nuestro primer show importante, junto a Los Pericos, en 1994".
I-Locks cuenta que este nuevo trabajo surgió por la necesidad de refrescar su repertorio y agradecer así al público que los acompaña. "Somos una banda longeva con un cancionero súper amplio, pero sentíamos la necesidad de mostrar algo nuevo para la gente. Aunque no hubo una idea preconcebida, yo encuentro que las nuevas canciones son bien románticas. Hemos tenido discos más rockeros y con temáticas sociales, pero ahora hay muchos temas referidos a como se vive el amor a nuestra edad, con aciertos y desaciertos", dice el músico.
El disco, que durante febrero se mezclará en Miami, muestra un reggae enriquecido con sonidos funk. "La vida es un soplo, y nosotros tenemos la bendición de que ninguno de nosotros, de los que llevamos más años en esta banda, hemos sufrido grandes atentados de salud. Disfrutamos el momento, el hoy, y por eso decidimos ponerle 'Carpe diem' al disco", cuenta I-Locks, que ya planea su próximo encuentro masivo con el público chileno. La banda aún define su calendario de presentaciones durante el año, pero desde ya asoma una cita importante junto a las multitudes en Lollapalooza el próximo 2 de abril, para el que dice estar preparando "un show de acuerdo a las expectativas y al marco de público que habrá".
Nuevo single
En febrero, Gondwana planea lanzar el primer destacado de su próximo álbum.
La trilogía electroacústica de Alejandro Albornoz
El Mercurio
"Fluctuaciones" se titula la serie de discos publicados por el sello Pueblo Nuevo de este compositor e investigador.
IÑIGO DÍAZ
Ha sido un nombre en la revitalización de la música electroacústica desde 2004, con la puesta en marcha del festival Ai-Maako. Ha sido jurado del Concurso Latinoamericano de Composición Electroacústica y Electrónica Gustavo Becerra-Schmidt. Ha participado en encuentros como "Cruces sonoros" y en el concierto "Noche blanca", que dura diez horas y termina a las 9:00 de la mañana.
Pero hasta aquí el compositor, artista sonoro y visual e investigador Alejandro Albornoz (1971) no había terminado de estampar su nombre en una obra editorial. "Fluctuaciones" se titula una reciente serie de obras suyas de carácter acusmático (música compuesta por medios electroacústicos).
Son tres discos publicados en simultáneo por el netlabel Pueblo Nuevo y con libre descarga en su plataforma de internet, que Albornoz reunió de distintas épocas, y que terminó de procesar en Inglaterra. Allí se encuentra desde 2015, realizando un doctorado en la Universidad de Sheffield, donde estudia la voz humana, el lenguaje y la poesía en función de la música electroacústica.
"Mi trabajo tiene que ver con el tránsito que tiene la voz desde que es solo sonido hasta cuando se convierte en el soporte de un mensaje. La poesía, el texto recitado, siempre ha estado presente en la eletroacústica", señala Albornoz.
Los dos primeros volúmenes de "Fluctuaciones" consideran obras acusmáticas creadas en laboratorio durante el período 2004-15. Incluye piezas que Albornoz produjo en Sheffield, como "La lumière" y "Un regalito misterioso", dedicada a la fallecida artista cinética Matilde Pérez. "Lo veo como un recorrido autobiográfico. Estos discos son el cierre de un ciclo de creación que fue muy fluctuante, con cosas muy diversas a través del tiempo", dice el músico.
El tercer volumen, en tanto, lleva el subtítulo de "Live electronics". Incluye solo improvisaciones suyas con laptops, osciladores analógicos y circuitos reproductores de ruido, capturadas en directo en lugares como el Centro Cultural de España o Piso Tres. Una experiencia que vuelve a conectar a Albornoz con sus inicios en la música. "Comencé en la electrónica no académica. De adolescente, en los 80, con el grupo Arteknnia, editando casetes. Luego usé el alias de Mankacen y así hice dos discos con el sello Crisis Records. El desarrollo de las tecnologías y el lenguaje ha ido avanzando, hasta entrar ahora en una etapa nueva", completa.
Artesanía chilena es invitada de honor en bienal francesa
El Mercurio
La prestigiosa Bienal Révélations de artesanía contemporánea, que se celebra en el Grand Palais de París, mostrará piezas de 27 creadores nacionales hechas en madera y cerámica, además de platería y textiles, inspiradas en Violeta Parra.
Vanessa Leal Soto
En 2015, Chile participó por primera vez en la Bienal Révélations de París, uno de los mayores eventos de artesanía contemporánea en Europa. En ese momento se exhibieron creaciones nacionales de ganadores del Premio Maestro Artesano y el Sello de Excelencia a la Artesanía que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA).
El minimalismo y la austeridad de esas piezas convencieron al comité parisino de selección de aceptar la postulación de Chile para ser el país invitado de honor en la tercera edición de la bienal, que se desarrollará entre el 3 y 8 de mayo en el Grand Palais.
Adelantándose al centenario de Violeta Parra, el CNCA hizo el año pasado una convocatoria a creadores, artesanos y artistas del país para que presentaran piezas inspiradas en la artista nacional. De allí se acaban de seleccionar las propuestas de 27 creadores -en madera, cerámica, textil y platería- que pasarán a exponerse en el evento organizado por Ateliers d'Art de France, un sindicato profesional de oficios artísticos.
"No se trataba de hacer un remedo de Violeta, sino de releer y pensar a una mujer que fue vanguardista en los años 60", explica Nury González, artista, directora del Museo de Arte Popular Tomás Lago y curadora de la participación chilena.
En el ala central del Grand Palais habrá una exhibición llamada "Le banquet" , en la que Chile, junto a otros países, expondrá cinco obras seleccionadas por un representante de Ateliers d'Art de France durante una visita a nuestro país. Allí habrá piezas de Cristián Salineros, Paula de Solminihac, Elisa Aguirre, Marcela Undurraga y Bernardo Oyarzún.
"Queríamos mostrar la capacidad del creador chileno de presentar obras muy contemporáneas; con un savoir faire ancestral que responde a tradiciones artesanales y artísticas, pero que también dialoga con el mundo moderno y contemporáneo", dice Henri Jobbé-Duval, comisario general de la bienal. Para él, los artesanos chilenos tienen valores y un acercamiento a la creación que responde a las expectativas de la bienal.
Alrededor de ese "banquete" habrá stands que complementarán la exposición de más 400 participantes, entre artistas, artesanos, diseñadores y arquitectos de diferentes partes del mundo. El de Chile mide 150 metros y fue diseñado por Nury González y el artista Pablo Núñez. Allí, sobre esa franja que simula ser el mapa del país, se dispondrán piezas que representarán nuestras riquezas: volúmenes en cobre al norte; fuentes de madera en el centro y en el sur; y formas en cochayuyo y platos de cerámica, en representación de los 6.435 kilómetros de mar.
Paola Moreno, una de las artistas, expondrá volúmenes textiles y superficies bidimensionales, y dictará talleres para niños de tejeduría con lana de oveja traída del sur. "En Chile el público no valora mucho lo que está hecho con las manos y lo que está relacionado con artesanía, al revés de lo que pasa en Europa. Nuestra principal intención es transmitir a los niños un quehacer patrimonial y que se entretengan, porque a través de la emoción es que se logra conocer las cosas", dice Moreno.
"Esto es un salto cuantitativo y cualitativo. El salón de Révélations, que tiene 40.000 visitantes, es un espacio de visibilidad absolutamente impresionante y vamos a estar al mismo nivel que todos los creadores de arte y oficio franceses y europeos", continúa González.
Las anfitrionas del stand chileno utilizarán llamativos distintivos, tejidos en crin, y además se exhibirán videos del quehacer artesanal del país. La bienal también operará como un gran mercado, en donde amateurs, coleccionistas y galeristas europeos podrán adquirir piezas chilenas.
Música, baile y humor tendrá el XXI Festival de Verano de Ñuñoa
Las actividades, que serán totalmente gratuitas, se desarrollarán entre mañana y el lunes 30 en la Casa de la Cultura de esa comuna.
Una serie de obras de teatro y espectáculos musicales y de humor contempla el XXI Festival de Verano de Ñuñoa, que se inicia mañana y que se extenderá hasta el próximo lunes 30.
La jornada inaugural será con la obra "La Prole", de la compañía Chilean Business, protagonizada por Rodrigo Muñoz, Claudia Pérez y Daniela Muñoz. Esta pieza trata de cómo cambia la vida de una pareja con la llegada de los hijos.
Para el miércoles 25 está programada "Ideológicamente falsos: ¿Boleta o factura?", escrita y dirigida por Rodrigo Muñoz, y que se centra en la historia de políticos y empresarios que se enfrentan con la justicia por fraudes. El elenco lo integra el propio Muñoz, junto a Renato Munster, Carlos Embry y Andrés Pozo.
Un día después será el turno del humorista argentino Jorge Alís, quien se presentará acompañado de una orquesta y un cuerpo de baile.
El sábado 28 se dará la obra "Revueltos", con Claudio Arredondo, Katyna Huberman, Mariana Derderian y Christian Zúñiga. La trama muestra a dos parejas que, por diversas circunstancias, se ven enfrentadas a intercambiarse, para realizar un "swinger".
En la parte musical, el viernes 27 se presentarán los hermanos Zabaleta, con todos sus éxitos, mientras que el domingo 29 se rememorará la década de los 80 con la actuación de Miguelo, Juan Carlos Duque, Cristóbal y Álvaro Scaramelli.
La cantante Andrea Tessa será la encargada de cerrar este festival, el próximo lunes 30. La intérprete nacional hará un recorrido por sus tres producciones discográficas: "Tribute" (2006), "Leaving home" (2008) y "Jazzy" (2012). Además, incorporará boleros y canciones francesas e italianas.
Previamente se presentará el grupo J.J. Jackson Cuarteto, asentado en Brasil y que fue cercano y compañero de la escuela de Jimi Hendrix.
Todas las jornadas, que son gratuitas, se realizarán a las 21:00 horas en la Casa de la Cultura de Ñuñoa (Irarrázaval 4055). El ingreso al recinto, que tiene capacidad para 4 mil personas, será por orden de llegada.
Festival Focus!: Música chilena en Juilliard
El Mercurio
La Juilliard School de Nueva York dedica su 33er Festival Focus! a Latinoamérica. Tres obras chilenas serán estrenadas en EE.UU.. Hoy será el turno de "Estreliano", de Alejandro Guarello; el miércoles, de "Will There Be Someone Whose Hands Can Sustain This Falling?", de Rafael Díaz, y el jueves, de "Entrelunas", de Eduardo Cáceres.
La Juilliard School de Nueva York dedica su 33er Festival Focus! a Latinoamérica. Tres obras chilenas serán estrenadas en EE.UU.. Hoy será el turno de "Estreliano", de Alejandro Guarello; el miércoles, de "Will There Be Someone Whose Hands Can Sustain This Falling?", de Rafael Díaz, y el jueves, de "Entrelunas", de Eduardo Cáceres.
Violeta Parra, dentro y fuera de libreto
La Tercera
Su historia ha sido reconstruida por cientos de voces cercanas, pero hasta hoy, en el año de su centenario, aún hacía falta la suya: Violeta Parra en sus palabras, el título publicado por PeriodismoUDP-Catalonia, reúne 14 entrevistas que van desde 1954 a 1967, y que arrojan, en primera persona, un retrato fresco e iluminado de la cantautora y artista chilena.
por Pedro Bahamondes Ch.
De no habérselo relatado ella misma a la grabadora, el denso y amargo recuerdo de ese día pudo haberse extraviado con los años o entre sus cuadernos o madejas de lana: “Me obligaron a aceptar un nombre cuyos trabajos no me agradan”, le dijo Monsieur Farré, el director del Museo de Artes Decorativas del Louvre de París, a pocos días de que el nombre de Violeta Parra desapareciera de la pizarra en la que se anunciaban las exposiciones de su siguiente temporada. “No puede ser”, contestó ella, “se me ocurre que la comisión no vio mis trabajos”. Operada poco antes de apendicitis, la artista y cantautora chilena tomó un taxi hasta el Hotel de Flandre, en el Barrio Latino, donde días antes se había instalado junto a sus tres hijos, su guitarra y varios metros de tela. Estaba desolada.
Al rato volvió al edificio con algunas arpilleras sobre la espalda. El mismo Farré la recibió: “Prométame no estar preocupada y no llorar de aquí al jueves. Esto se arregla”. Pero ese jueves la hermana de Nicanor, la mujer que este año hubiese cumplido 100 años no tuvo ánimos para levantarse. En su lugar envió a su hijo Angel, quien al cabo de unas horas volvió a la habitación con la cara luminosa.
“Del museo llamaron a la Embajada de Chile, diciendo que la exposición era muy importante y que deberían tratar de ayudarme. Respondieron que sí, que mandarían a ver mis trabajos, pero que anticipaban que no había presupuesto para actividades culturales. Después Jorge Edwards -entonces secretario de la embajada chilena en París- me contactó con la oficina de Corfo, donde Angel Meschi dijo: ‘Yo me cuadro con Violeta Parra’, y me dio 200 dólares para mandar a imprimir el catálogo”, contó ella al entonces reportero de la revista Ercilla, Juan Ehrmann, en un artículo que no sería publicado sino hasta su retorno a Chile, en agosto de 1964.
El resto se sabe y recuerda, pero no todo: en Francia, en abril del mismo año, el Pabellón de Marsan abrió una mañana exhibiendo 23 obras suyas con cuecas y tonadas grabadas por ella de fondo. “El primer tapiz lo compró la baronesa de Rothschild; el segundo, Arturo Prat -un “amigo aristócrata”, según le contaría años más tarde y por carta Violeta Parra a su futuro esposo, Gilbert Favre-; el tercero, un fotógrafo francés; el cuarto, Angel Meschi”, anotó el periodista en su crónica, a la que tituló, sin más ni menos, La que cantó en París.
“La baronesa pagó como baronesa. Los chilenos pagaron como chilenos. Fueron los mismos tapices que, cuando los expuse a orillas del Mapocho -siguió Violeta ante la grabadora-, no los vio la gente. Mi mayor gusto fue cuando vi entrar a la exposición a Germán Gassman”, director de la Feria de Artes Plásticas del Parque Forestal de Santiago, donde expuso en 1959 y 1960. “Seguramente fue a la copucha. Entró al son de las mismas cuecas que en la feria me silenció. ‘Estas son las arpilleras del Mapocho’, le dije”. La anécdota vuelve a ser recogida en una de las 14 entrevistas reunidas en Violeta Parra en sus palabras, el volumen que acaba de llegar a librerías como parte de la colección Tal Cual de PeriodismoUDP-Catalonia.
“Lamenta uno que las entrevistas de Violeta Parra con medios escritos y radiales no sólo hayan sido pocas... sino que en muchos casos también dejen gusto a poco. (...) La creadora chilena parece haber sido vista por parte de la prensa de su época como una investigadora, intérprete y autora ocupada por fuera de las clasificaciones que muchos medios mantenían en sus páginas de espectáculos o de cultura; por lo tanto inubicable en las unas y en las otras”, escribe en el prólogo Marisol García, responsable de la búsqueda y recopilación de las entrevistas publicadas y transmitidas por radio y televisión entre 1954 y 1967, poco antes de su muerte, y tanto en Chile como en Argentina, Francia y Suiza.
Con 37 años y casada con un hombre ajeno al arte, aunque “colaborador en sus programas radiales”; madre de tres hijos y otro en camino, Violeta Parra ya desempolvaba, medio en verso y coqueta en 1954, sus orígenes cerca de Chillán. También su temprano acercamiento con la música y hasta un retrato hablado de su familia: “Mi padre, aunque profesor primario, era el mejor folclorista de la región (...). Mi madre cantaba las más hermosas canciones campesinas mientras trabajaba frente a su máquina de coser. (...) Mi interés por el folclor español nació a iniciativa de mi hermano mayor” y “él me mandó a buscar canto”, decía sobre Nicanor Parra, mientras que del cuequero Roberto años después se referirá como un poeta “vulgar de alta calidad”.
De sus hijos no hablará nunca más allá de lo estrictamente sanguíneo, eludiendo siempre, escurridiza, cualquier opinión acerca de su carrera como músicos: “Como madre de Angel e Isabel no puedo definirlos artísticamente. Sería un tanto feo que yo misma hiciera propaganda a mi familia. En todo caso, como hijos sólo me han dado satisfacciones”, declaró en 1966 a la revista chilena Aquí Está. “Como mujer y esposa, mi Gringo (Gilbert Favre) tiene la palabra (...); como madre, creo que debo ser un demonio de siete cabezas. Y como artista soy una hormiguita que busca bajo la tierra dónde poder refugiar su corazón”, agregó.
“Era muy perspicaz. Aguda. No tenía un libreto y salía del paso con respuestas breves, muchas veces con respuestas pícaras y respondiendo lo que quería responder, que no son grandes detalles sobre su pareja o sus hijos, aunque nunca esquivando esas preguntas del todo. Tiene mucha gracia, simpatía con los entrevistadores, hasta con los más impertinentes”, dice Marisol García.
El encuentro en su taller en Ginebra con Madeleine Brumagne, de la Sociedad Suiza de Radiodifusión y Televisión, en 1964, es una de las transcripciones más extensas e incómodas del libro. Casi al final de la conversación -un tira y afloja rudo por parte de la periodista-, esta última dice: “Es una cuestión de flojera” pintar todo lo que se tenga que pintar de negro sobre una tela para no lavar más de una vez el pincel. Violeta Parra respondió: “No, pero es que no es lo mismo limpiar el pincel que hacer un personaje. Tendría que tener una secretaria para que me lave los pinceles y así tenerlos siempre limpios”.
“También es curioso ver cómo se perfila a sí misma como artista, sobre todo cuando se refiere a sus modelos a seguir”, cree Marisol García. El nombre de una de ellas se repite una y otra vez: “La única intérprete verdadera es Margot Loyola. ¡Qué pena me da ver a tantos elementos de calidad, como el Dúo Rey Silva, el Dúo Bascuñán-Del Campo, y Margarita Alarcón y otros que no tienen una orientación clara respecto a cómo es el folclor!”, declaró en una entrevista a la revista Ecran en 1954, titulada Una tarde con Violeta Parra. Años después, sin embargo, volverá a referirse a su colega investigadora y folclorista, aunque con distancia, con Norberto Folino de la revista argentina Vuelo, de 1962: “Ella comenzó antes que yo, pero hay una diferencia en nuestros trabajos. Yo recogí lo que ella no apreció del todo. Ella es mujer de ciudad urbanizada. Yo le doy mayor importancia a la expresión legítima del pueblo”.
Más que una crítica, para García sus palabras denotan las diferencias entre ambas: “Sé que Violeta se fue acercando a ella con los años, aunque me parece interesante que establezca esas distinciones que están lejos de ser un ataque, y eso es evidente al leer otras declaraciones. Lo que une estas entrevistas es la coherencia de una mujer que intenta enseñar. Su carácter didáctico. Ella tomaba las entrevistas, con quien fuera, como una oportunidad de compartir lo que veía como su misión, que era difundir no su obra ni sus ideas ni su arte: ella prefirió hablar del folclor chileno, y un gran ejemplo es el de Víctor Jara, a quien resaltó mucho antes de que él grabara su primer disco”, añade la periodista.
Cuando le insistieron por las “figuras descollantes de la música chilena”, Violeta Parra vuelve a nombrar a Margot Loyola, pero otros reciben sus arañazos: “Como conjuntos, el más destacado era el Cuncumén. Digo era, porque con su última presentación en el Municipal las cosas cambiaron: perdieron la autenticidad y, completamente disfrazados, partieron a Europa presentando nuestras canciones en una mezcla de teatro, mimo, ballet y arte popular, sin enfocar el asunto desde un ángulo positivo para la danza y música chilenas. (...) Hay -sin embargo- un elemento masculino que interpreta las canciones folclóricas increíblemente bien, y que es Víctor Jara”, comentó a El Siglo en 1961.
En la misma charla apuntó con el dedo también a los nuevos sonidos que se colaron en Chile esos años: “En este momento de terrible invasión de música extranjera, especialmente norteamericana (sin ofender a Paul Anka), hay que valerse de todos los elementos musicales para entrar de una vez por todas en el oído del público, el cual no está entregado por su propio gusto a esta música extranjera, sino porque la radio se la ha macheteado en la cabeza”.
Otros de sus dardos fueron a dar hacia las autoridades, allá por 1966: “Realmente no puedo definir a nuestro pueblo. Creo que son los presidentes los que tienen la palabra en esta materia, pues son ellos los que juegan a la pelota con nosotros y nos definen a su propio gusto y antojo”. También a la prensa chilena, a la que subió y bajó en una entrevista televisada en Suiza, sin fecha conocida aunque emitida en 1970, después de su muerte, el 5 de febrero de 1967, hace 50 años: “Para ellos la palabra folclor ya es algo racista. (...) Cada vez que me meto en política, esa gente (los burgueses) se enoja conmigo; quisieran que sólo fuera cantante”.
“Hay algo valioso en cada entrevista pues recorren por varias líneas en paralelo dentro de ella: su vida, su trayectoria artística y su propia configuración de todo”, opina la investigadora. “Sin embargo, yo creo que lo más relevante, en términos artísticos, es cómo una artista se ve a sí misma en el tiempo”, agrega. Urge entonces la comparación entre dos fechas frente a la misma pregunta y en la mente de la misma mujer: “Vuelvo a repetir: no soy más que una cantora y, más que eso, pintora. Todo lo que hago es porque me nace así. Escribo, pinto y canto en forma espontánea e instintiva”, respondía algo molesta, cansada y decepcionada para 1966.
Pocos días después, para el Año nuevo de 1967 y un mes antes de suicidarse en su carpa en La Reina, concedió una última entrevista a René Largo Farías, de Radio Magallanes: “(...) Y después de conocer de cerca el paisaje de Chile, así milímetro a milímetro, surgieron las canciones que ya mencioné: Gracias a la vida, Volver a los 17 y el Run Run se fue pa’l norte, (...) las más lindas, las más maduras... Perdónenme que diga canciones lindas habiéndolas hecho yo, pero qué quieren ustedes: yo soy huasa y digo las cosas sencillamente, como las siento. (...) Yo estoy contenta de considerarme, en estos momentos, como compositora. En 1967”.
viernes, enero 20, 2017
Radio.Garden, la página web con la que puedes escuchar miles de radios de todo el mundo
BBC Mundo
Un globo terráqueo da vueltas en mi pantalla como si estuviera en mis manos. Puedo girarlo, acercarlo y alejarlo a mi antojo. Conforme arrastro los continentes voy viendo puntitos verdes que me indican que puedo escuchar inmediatamente y de manera gratuita qué se está emitiendo en vivo en esa ciudad.
Hay algo casi mágico en Radio.Garden, un proyecto interactivo desarrollado por el Instituto Holandés para el Sonido y la Visión en cooperación con seis universidades de Alemania, Holanda, Dinamarca y Reino Unido . Es lo más parecido a viajar por el mundo en tiempo real y en sonido sin moverme de mi escritorio.
Mientras escribo este artículo desde Londres sintonizo primero con la radio de mi ciudad natal en España y compruebo que en la Radio Galega hablan de la victoria del Celta de Vigo frente al Real Madrid. Luego me muevo hacia lugares más exóticos, mientras escucho ese ruido blanco tan familiar de cuando uno sintoniza una radio analógica.
De camino a América me paro en medio del océano sobre Hamilton, Bermuda, donde en radio Hott suena una canción de pop en inglés.
En Radio Melodía Arequipa, en Perú, hablan de unos mineros que están atrapados desde hace días en una mina. Busco en Google para saber más, mientras compruebo que Radio.Garden puede ser también una excelente herramienta para periodistas.
Luego me planto en un punto que no puedo identificar de algún lugar de Rusia. Es Omsk. No hablo el idioma pero puedo adivinar que acaban de dar el tiempo.
Y termino mi vuelta al mundo en 10 minutos escuchando una canción de iraqimix.com, que emite desde Bagdad, la capital de Irak.
Esta instalación digital forma parte de un proyecto de investigación llamado Encuentros Radiofónicos Transnacionales, con el que se explora cómo la radio cruza las barreras lingüísticas y geográficas.
Hay muchas aplicaciones en el mercado que puedes descargar para escuchar radios de otros países, algunas de ellas son gratuitas, aunque a menudo incluyen publicidad.
La diferencia con Radio.Garden es la visualización interactiva, como si la pantalla fuera un mapamundi. Además como Radio.Garden es una página web interactiva y no una aplicación no hay nada que descargar, funciona en cualquier dispositivo con sólo con el vínculo.
Radio.Garden no ofrece todas las estaciones del mundo. Cuando se lanzó el proyecto, a mediados de diciembre, había unas 8.000 emisoras. Hoy ya son 9.000 y cada semana los curadores van añadiendo más.
"Conceptualmente, lo que era realmente importante para nosotros era que no aparecieran los nombres de las ciudades ni de los países ni las líneas fronterizas, y dejar al usuario con esta especie de Tierra desnuda", explica Jonathan Puckey, parte del equipo que creó la instalación, formado por las compañías de diseño Studio Puckey y Moniker, de Amsterdam.
Los autores se llevaron una gran sorpresa cuando Radio.Garden se hizo popular y empezaron a recibir en pocos días cientos de e-mails de emisoras que querían formar parte.
Desde su lanzamiento más de 15 millones de usuarios han entrado en Radio.Garden, según Puckey. La gran mayoría, un 84%, lo hicieron desde sus celulares.
Además de sintonizar en directo con estaciones de radio la instalación también ofrece un apartado de clips históricos, comentarios de radioyentes y sintonías radiofónicas.
Artistas de diversos países se unen en un disco tributo a Los Tres
La Tercera
El grupo penquista es homenajeado en un LP que será lanzado próximamente en México, con versiones de sus temas a cargo de músicos mexicanos, colombianos y chilenos como Mon Laferte y Pedropiedra.
por Andrés del Real
La prolongada historia de Los Tres en México, con los años, ha ido dando pie a una relación recíproca. Desde sus primeras visitas, a fines de los años 90, el grupo que lidera Alvaro Henríquez no sólo se ha consolidado como uno de los invitados más recurrentes de los escenarios y festivales mexicanos, sino que también en referente para una generación completa de grupos y solistas de ese país, como parte de una dinámica de intercambio que se ha hecho evidente, por ejemplo, en el EP Vale callampa que Café Tacuba publicó en 2002 -con cuatro covers del conjunto chileno-, o en el último trabajo de estudio de los penquistas, Por acanga (2015), que incluye una versión de un tema del joven cantautor mexicano Juan Cirerol.
Es ese legado el que busca recoger un nuevo disco en homenaje a los autores de Déjate caer, que se trabaja desde comienzos del año pasado en México y que vería la luz en las próximas semanas. Titulado -hasta ahora- simplemente Un tributo a Los Tres, el álbum nació por iniciativa de Discos Valiente, sello independiente con base en la capital azteca que desde 2014 trabaja con diversos artistas emergentes radicados en ese país, entre ellos la chilena Mon Laferte.
La solista, de hecho, es una de las que participa en el disco, con una versión de Tírate que desde hace algunos días se puede escuchar en las plataformas de streaming. No es el único nombre local del proyecto: Pedropiedra, cuyos álbumes también son distribuidos por Discos Valiente, también es parte del tributo con un cover de No me falles que grabó junto al ex Primavera de Praga Leo Saavedra.
El listado lo completan grupos mexicanos de diversas corrientes. Por ejemplo, el quinteto rockero Los Fascinantes, que versiona Sudapara, uno de los clásicos del debut homónimo de los chilenos de 1991, mientras que Pastilla, trío de indie rock radicado en Los Angeles, entrega su versión de Hojas de té. También están presentes cantautores del pop joven de ese país, como Caloncho (con Amor violento), David Aguilar (Gato por liebre) y el mencionado Juan Cirerol, además de artistas de otros países como los venezolanos Okills (La torre de Babel) y el colombiano Esteman.
Se espera que en los próximos días el sello oficialice los detalles del LP, en el que también se espera la participación de grupos consolidados de la escena mexicana -como Café Tacuba y Zoé-, y que eventualmente sería distribuido por la filial mexicana de Universal Music.
El grupo penquista es homenajeado en un LP que será lanzado próximamente en México, con versiones de sus temas a cargo de músicos mexicanos, colombianos y chilenos como Mon Laferte y Pedropiedra.
por Andrés del Real
La prolongada historia de Los Tres en México, con los años, ha ido dando pie a una relación recíproca. Desde sus primeras visitas, a fines de los años 90, el grupo que lidera Alvaro Henríquez no sólo se ha consolidado como uno de los invitados más recurrentes de los escenarios y festivales mexicanos, sino que también en referente para una generación completa de grupos y solistas de ese país, como parte de una dinámica de intercambio que se ha hecho evidente, por ejemplo, en el EP Vale callampa que Café Tacuba publicó en 2002 -con cuatro covers del conjunto chileno-, o en el último trabajo de estudio de los penquistas, Por acanga (2015), que incluye una versión de un tema del joven cantautor mexicano Juan Cirerol.
Es ese legado el que busca recoger un nuevo disco en homenaje a los autores de Déjate caer, que se trabaja desde comienzos del año pasado en México y que vería la luz en las próximas semanas. Titulado -hasta ahora- simplemente Un tributo a Los Tres, el álbum nació por iniciativa de Discos Valiente, sello independiente con base en la capital azteca que desde 2014 trabaja con diversos artistas emergentes radicados en ese país, entre ellos la chilena Mon Laferte.
La solista, de hecho, es una de las que participa en el disco, con una versión de Tírate que desde hace algunos días se puede escuchar en las plataformas de streaming. No es el único nombre local del proyecto: Pedropiedra, cuyos álbumes también son distribuidos por Discos Valiente, también es parte del tributo con un cover de No me falles que grabó junto al ex Primavera de Praga Leo Saavedra.
El listado lo completan grupos mexicanos de diversas corrientes. Por ejemplo, el quinteto rockero Los Fascinantes, que versiona Sudapara, uno de los clásicos del debut homónimo de los chilenos de 1991, mientras que Pastilla, trío de indie rock radicado en Los Angeles, entrega su versión de Hojas de té. También están presentes cantautores del pop joven de ese país, como Caloncho (con Amor violento), David Aguilar (Gato por liebre) y el mencionado Juan Cirerol, además de artistas de otros países como los venezolanos Okills (La torre de Babel) y el colombiano Esteman.
Se espera que en los próximos días el sello oficialice los detalles del LP, en el que también se espera la participación de grupos consolidados de la escena mexicana -como Café Tacuba y Zoé-, y que eventualmente sería distribuido por la filial mexicana de Universal Music.
La melancólica memoria de Patti Smith
La Tercera
Cantó en la ceremonia del Nobel a su amigo Bob Dylan. Música y letras es lo suyo: aunque parece una figura exitosa, su último libro la muestra más bien solitaria.
por Patricio Tapia
Con cabello gris, casi siempre cubierto con un gorro de lana y aspecto de descuidado (o quizá cuidado) desaliño, más que como una reina del rock o incluso del punk, Patti Smith luce como una mendiga sin casa, tal vez rodeada de gatos con los que charlar. De la lectura de M Train, su segundo libro de memorias, se desprende que ella está muy consciente de su apariencia, que tiene casa (más de una) y tiene gatos, con los que efectivamente conversa, aunque también lo hace con su colcha, con el control remoto del televisor, con cordones de zapatos, con un busto del inventor Nikola Tesla; más que nada conversa con algunos espectros de su pasado.
En los años 70, Smith logró convertirse en una figura del punk y la bohemia neoyorquina: poesía y luego música: su álbum Horses (1975) sería emblemático, ya desde su carátula, con foto de Robert Mapplethorpe y alguna canción posterior alcanzó las listas de éxitos. Tras esa cúspide no muy alta hay una suerte de retiro no anunciado. En 1980 se casó con el músico Fred Smith y se marchó a Detroit para dedicar gran parte de los siguientes 15 años a su familia.
Podría haber sido una más de esas estrellas fugaces de la música. Pero en 2010 publicó Eramos unos niños, su primer libro de memorias, una nostálgica reconstrucción de su vida junto a Robert Mapplethorpe. Era el retrato de ambos como artistas adolescentes.
Mapplethorpe, quien había hecho su propia celebridad como fotógrafo de flores y sadomasoquismo, murió en 1989, de Sida. Fue la primera de una serie de muertes que afectaron a Smith: al año siguiente de Mapplethorpe, murió el pianista de su grupo; en 1994 murió su marido, y un mes después, su hermano menor.
Si en Eramos unos niños los recuerdos giran en torno a Mapplethorpe, en M Train es su marido muerto: Fred “Sonic” Smith. Siempre está la evocación de los momentos que pasaron juntos: ya en la Guayana francesa recopilando piedras para Jean Genet, ya escuchando por radio partidos de béisbol en un barco que no pudieron reparar y mantenían en el patio de la casa.
Mezcladas con sus recuerdos, están sus actividades actuales. Viaja mucho, invitada como una suerte de embajadora cultural. En Islandia, tras conseguir permiso para fotografiar la mesa en la que jugaron ajedrez Bobby Fischer y Boris Spassky en 1972, la llamó el guardaespaldas de Fischer para concertar un encuentro a medianoche; de primera, no parecieron congeniar, pero luego llegaron incluso a cantar juntos temas de Buddy Holly. O visita la casa de Frida Kahlo en México y fotografía sus muletas o un vestido. O viaja a Tokio y va en busca de las tumbas del director Akira Kurosawa y del escritor Osamu Dazai.
Atesora no sólo recuerdos, sino también fotografías y cosas (o fotografías de cosas) como amuletos. Guarda el escritorio de su padre, el cebo con el que iba de pesca con su marido. Toma fotos de las pertenencias de sus ídolos; los artistas como santos y sus posesiones como reliquias: el arco para guitarra de Kevin Shields, las zapatillas de ballet de Margot Fonteyn, la máquina de escribir de Hermann Hesse, el sombrero de paja de Robert Graves, la silla de Roberto Bolaño, las gafas de Samuel Beckett, el bastón de Virginia Woolf.
Cuando no está viajando, Smith se pasea por su barrio, Greenwich Village, bebiendo café y comiendo tostadas con aceite de oliva. Si en Eramos unos niños era sorpresivo que ella no fuera una feroz toxicómana como sus amigos, en M Train nos enteramos que sí tiene adicciones: la más constante, el café (litros de él fluyen por sus páginas); la más inesperada, las series de detectives de la televisión (The Killing, Law & Order, CSI: Miami). Está obsesionada con ellas (”Los poetas de ayer son los detectives de hoy”), al punto que un fin de semana, en el transbordo de Berlín a Nueva York, hizo escala en Londres, y como su vuelo se retrasó, impulsivamente se marchó a un pequeño hotel a verlas sin interrupción, incluso imitando a sus protagonistas (si ellos comían algo, eso mismo pedía ella al servicio del hotel).
También le gusta la playa, Rockaway Beach, donde un amigo abre un café y donde compra un bungalow destartalado que es golpeado, pero no destruido por el huracán Sandy. Para comprarlo, cuenta, se vio obligada a trabajar todo un verano, aceptando conciertos, lo que demuestra hasta qué punto su vida es privilegiada: tiene dinero, amigos y fans en todo el mundo.
Con todo, el libro está lejos de ser triunfal. Ella trata de sobrevivir y la sensación es de soledad, acompañada por sus gatos (al final, sólo le queda uno), sus recuerdos y sueños , de los que tiene una memoria sorprendentemente precisa. Lo que la sostiene es el arte, el suyo y el de otros. Puede pasar una mañana haciendo la listas de obras maestras de la literatura y sus ídolos se reiteran: Genet, W.G. Sebald, J.G. Ballard, Bolaño, Aira, Murakami y otros. Sus libros, un conjunto de tomos apilados (entre ellos figura Discursos de sobremesa, de Nicanor Parra) la ayudan y la guían. Buscando en una librería uno de Henning Mankell, llegó, por la letra M, a Murakami y leyó varios, hasta llegar a Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: “Ese fue el libro que me perdió, pues disparó una trayectoria irrefrenable, como un meteoro lanzado a un sector de tierra yerma y totalmente inocente”.
En cierto momento, recuerda un juego para combatir el insomnio o los mareos en viajes en autobús: pronunciar un torrente de palabras que comienzan con una determinada letra, por ejemplo, señala, la “m” y deja correr varias; ni en inglés ni en su traducción figuran las que mejor definen su libro: “melancolía” y “memoria”
Cantó en la ceremonia del Nobel a su amigo Bob Dylan. Música y letras es lo suyo: aunque parece una figura exitosa, su último libro la muestra más bien solitaria.
por Patricio Tapia
Con cabello gris, casi siempre cubierto con un gorro de lana y aspecto de descuidado (o quizá cuidado) desaliño, más que como una reina del rock o incluso del punk, Patti Smith luce como una mendiga sin casa, tal vez rodeada de gatos con los que charlar. De la lectura de M Train, su segundo libro de memorias, se desprende que ella está muy consciente de su apariencia, que tiene casa (más de una) y tiene gatos, con los que efectivamente conversa, aunque también lo hace con su colcha, con el control remoto del televisor, con cordones de zapatos, con un busto del inventor Nikola Tesla; más que nada conversa con algunos espectros de su pasado.
En los años 70, Smith logró convertirse en una figura del punk y la bohemia neoyorquina: poesía y luego música: su álbum Horses (1975) sería emblemático, ya desde su carátula, con foto de Robert Mapplethorpe y alguna canción posterior alcanzó las listas de éxitos. Tras esa cúspide no muy alta hay una suerte de retiro no anunciado. En 1980 se casó con el músico Fred Smith y se marchó a Detroit para dedicar gran parte de los siguientes 15 años a su familia.
Podría haber sido una más de esas estrellas fugaces de la música. Pero en 2010 publicó Eramos unos niños, su primer libro de memorias, una nostálgica reconstrucción de su vida junto a Robert Mapplethorpe. Era el retrato de ambos como artistas adolescentes.
Mapplethorpe, quien había hecho su propia celebridad como fotógrafo de flores y sadomasoquismo, murió en 1989, de Sida. Fue la primera de una serie de muertes que afectaron a Smith: al año siguiente de Mapplethorpe, murió el pianista de su grupo; en 1994 murió su marido, y un mes después, su hermano menor.
Si en Eramos unos niños los recuerdos giran en torno a Mapplethorpe, en M Train es su marido muerto: Fred “Sonic” Smith. Siempre está la evocación de los momentos que pasaron juntos: ya en la Guayana francesa recopilando piedras para Jean Genet, ya escuchando por radio partidos de béisbol en un barco que no pudieron reparar y mantenían en el patio de la casa.
Mezcladas con sus recuerdos, están sus actividades actuales. Viaja mucho, invitada como una suerte de embajadora cultural. En Islandia, tras conseguir permiso para fotografiar la mesa en la que jugaron ajedrez Bobby Fischer y Boris Spassky en 1972, la llamó el guardaespaldas de Fischer para concertar un encuentro a medianoche; de primera, no parecieron congeniar, pero luego llegaron incluso a cantar juntos temas de Buddy Holly. O visita la casa de Frida Kahlo en México y fotografía sus muletas o un vestido. O viaja a Tokio y va en busca de las tumbas del director Akira Kurosawa y del escritor Osamu Dazai.
Atesora no sólo recuerdos, sino también fotografías y cosas (o fotografías de cosas) como amuletos. Guarda el escritorio de su padre, el cebo con el que iba de pesca con su marido. Toma fotos de las pertenencias de sus ídolos; los artistas como santos y sus posesiones como reliquias: el arco para guitarra de Kevin Shields, las zapatillas de ballet de Margot Fonteyn, la máquina de escribir de Hermann Hesse, el sombrero de paja de Robert Graves, la silla de Roberto Bolaño, las gafas de Samuel Beckett, el bastón de Virginia Woolf.
Cuando no está viajando, Smith se pasea por su barrio, Greenwich Village, bebiendo café y comiendo tostadas con aceite de oliva. Si en Eramos unos niños era sorpresivo que ella no fuera una feroz toxicómana como sus amigos, en M Train nos enteramos que sí tiene adicciones: la más constante, el café (litros de él fluyen por sus páginas); la más inesperada, las series de detectives de la televisión (The Killing, Law & Order, CSI: Miami). Está obsesionada con ellas (”Los poetas de ayer son los detectives de hoy”), al punto que un fin de semana, en el transbordo de Berlín a Nueva York, hizo escala en Londres, y como su vuelo se retrasó, impulsivamente se marchó a un pequeño hotel a verlas sin interrupción, incluso imitando a sus protagonistas (si ellos comían algo, eso mismo pedía ella al servicio del hotel).
También le gusta la playa, Rockaway Beach, donde un amigo abre un café y donde compra un bungalow destartalado que es golpeado, pero no destruido por el huracán Sandy. Para comprarlo, cuenta, se vio obligada a trabajar todo un verano, aceptando conciertos, lo que demuestra hasta qué punto su vida es privilegiada: tiene dinero, amigos y fans en todo el mundo.
Con todo, el libro está lejos de ser triunfal. Ella trata de sobrevivir y la sensación es de soledad, acompañada por sus gatos (al final, sólo le queda uno), sus recuerdos y sueños , de los que tiene una memoria sorprendentemente precisa. Lo que la sostiene es el arte, el suyo y el de otros. Puede pasar una mañana haciendo la listas de obras maestras de la literatura y sus ídolos se reiteran: Genet, W.G. Sebald, J.G. Ballard, Bolaño, Aira, Murakami y otros. Sus libros, un conjunto de tomos apilados (entre ellos figura Discursos de sobremesa, de Nicanor Parra) la ayudan y la guían. Buscando en una librería uno de Henning Mankell, llegó, por la letra M, a Murakami y leyó varios, hasta llegar a Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: “Ese fue el libro que me perdió, pues disparó una trayectoria irrefrenable, como un meteoro lanzado a un sector de tierra yerma y totalmente inocente”.
En cierto momento, recuerda un juego para combatir el insomnio o los mareos en viajes en autobús: pronunciar un torrente de palabras que comienzan con una determinada letra, por ejemplo, señala, la “m” y deja correr varias; ni en inglés ni en su traducción figuran las que mejor definen su libro: “melancolía” y “memoria”
Hallan muerta a la cantante brasileña de la "Lambada"
El Mercurio
Loalwa Braz Vieira habría sido quemada viva por delincuentes que intentaron robar hostal donde vivía.
El cuerpo de Loalwa Braz Vieira -que en 1989 popularizó "Chorando se foi", también conocida como "Lambada", junto a la banda Kaoma- fue encontrado ayer carbonizado dentro de un vehículo cercano a su residencia en Saquarema, a unos 100 kilómetros de Río de Janeiro.
Según la investigación realizada por la policía local, tres hombres entraron en el hostal de propiedad de la artista de 63 años, donde ella también hacía presentaciones musicales, con la intención de robar. Luego la pusieron en el auto para evitar que sus gritos alertaran a los vecinos y la habrían quemado viva. Sin embargo, testigos declararon haber visto a dos hombres armados rondando el área, lo que permitió el arresto de uno de ellos, Wallace de Paula Vieiria, de 23 años, que trabajaba en el hostal y habría confesado el crimen.
La policía además recuperó algunos de los objetos robados, el que incluía un disco de oro obtenido por Kaoma.
Aunque principalmente recordada como la reina de la lambada, Loalwa tuvo una extensa carrera donde compartió con algunos de los grandes de la música brasileña, incluyendo a Caetano Veloso, Gal Costa, Gilberto Gil y Maria Bethania. Antes de hacerse conocida por "Chorando se foi", vivió en París. Su más reciente disco, "Ensolarado", apareció en 2011.
También experimentó la polémica cuando Kaoma fue demandada por plagio, ya que la famosa canción era una versión del tema folclórico boliviano "Llorando se fue".
jueves, enero 19, 2017
Tras 16 años, el casete se vuelve a fabricar en Chile
El Mercurio
La compañía Laser Disc junto con el sello Plaza Independencia produce 20 mil unidades.
Amparo Troncoso R.
En Chile, se dejaron de fabricar en 2004. Pero hace tres meses, una planta situada en Colina apostó por su regreso y desempolvó las máquinas que tenía guardadas hace 16 años. "Lo que estamos haciendo es un experimento que recién comienza. Aunque la respuesta ha sido buena, no sabemos hasta dónde puede llegar el negocio", afirma Lionel Rodríguez, gerente general del Grupo Laser Disc, la firma que elabora y distribuye la mayoría de los soportes físicos -CDs, DVDs y vinilos, entre otros-que se venden en el país. El año pasado, junto con el sello Plaza Independencia, lanzó una serie de casetes que se están vendiendo en algunos locales de Cencosud (Paris y Jumbo) y disquerías como La Tienda Nacional. De esta última aseguran que comercializan cerca de tres unidades mensuales por sucursal (sic), aunque la cifra va al alza.
El primero fue "Con razón y sentido" de Illapu, y luego le siguieron álbumes de Camila Moreno, Guachupé y Los Jaivas, entre otros. "También queremos salir con un catálogo importante de casetes, con grupos como Coldplay, Iron Maiden y Led Zeppelin. Eso no se está haciendo en ningún lugar del mundo", agrega Rodríguez.
Laser Disc está produciendo 20 mil unidades, pero puede llegar a fabricar 100 mil si es que la demanda aumenta.
Pancho Amat, músico cubano: «Yo empecé en Chile»
Facebook Marisol García
Le llaman el «tresero mayor», porque es hoy uno de los músicos cubanos más requeridos para colaboraciones internacionales, en todo tipo de géneros. El talento superlativo de Pancho Amat sobre el tres no es sólo técnica: es apego a la tradición, amor por la búsqueda sonora y disposición a encantar con ese conocimiento a la audiencia que tenga enfrente. Es Premio Nacional de la Música; «¡y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba!», dice con cierto pudor. En su segunda visita —invitado este mes a los conciertos de Inti-Illimani Histórico—, Amat se reencuentra con una vieja memoria de privilegio, forjada hace cuarenta y cinco años junto a muchos de los protagonistas de la Nueva Canción Chilena: «Yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé».
Por Marisol Garcia Correa
Cuando, en 1971, Pancho Amat vino a Chile por primera vez no tenía cómo saber que esos pasos que daba como estudiante en gira de intercambio cultural iban a ser tan significativos en su vida. Para siempre, y por al menos dos razones.
La primera, más amplia, es que fue una visita que le permitió estar al centro de un movimiento musical todavía bullante, como lo era entonces la Nueva Canción Chilena. Amat era un extranjero de 20 años que se topaba en ensayos con Inti-Illimani, recibía lecciones musicales de Quilapayún, iba a un estudio y conversaba con Luis Advis… incluso llegó a grabar junto a Víctor Jara («la primera vez que entré a grabar a un estudio fue con Víctor», asegura).
La segunda razón, más personal, es cómo ese primer enfrentamiento con la canción chilena de entonces lo marcó como auditor y músico.
«Yo empecé en Chile», dice ahora, categórico, una de las figuras más importantes para la actual música cubana; hombre de viajes incesantes, de encargos constantes desde todo el mundo, de premios y de grabaciones sin pausa. Fundador del grupo Manguaré y luego director del proyecto Cabildo del Son, Pancho Amat está en los créditos de discos de Silvio Rodríguez, Ry Cooder, Oscar D'León, Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Santiago Auserón. Es, para el mundo musical, «el tresero mayor»: el hombre que más sabe, mejor toca y a más alto vuelo ha llevado ese cordófono nacido en las zonas rurales de Cuba, tensado con tres órdenes de cuerdas dobles, y capaz de un sonido preciso y envolvente.
Pancho Amat conoció Santiago como un estudiante de Pedagogía sin aspiraciones musicales de alto rango, y vuelve ahora, cuarenta y cinco años más tarde, convertido en una figura con una poderosa historia a cuestas. Permanecerá todo enero en el país, acompañando a Inti-Ilimani Histórico en la primera parte de su gira de verano en celebración por sus cincuenta años.
«Ahora que estoy junto a Inti-Ililmani choco con mi primera experiencia como músico profesional, la de 1971 en Chile», dice Amat con una voz cálida en una conversación matinal tranquila en un departamento de Ñuñoa. Nadie más nos escucha: no hay necesidad de complacer con palabras de extranjero halagador:
—Fue una visita muy bonita y vibrante para mí, porque yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé. Hasta entonces, yo tenía el sueño de ser músico, pero no se me había dado la posibilidad. Aunque tú ya sabes: la cabra tira pa’l monte.
Llegó entonces a Santiago como parte de un conjunto de seis integrantes, y luego de una invitación hecha en La Habana por Quilapayún. Habían sido, simplemente, «El grupo de Pedagogía», por su vínculo como estudiantes en la universidad, pero ya luego serían Manguaré. Interpretaban música tradicional cubana, y comenzaban a interesarse por la raíz latinoamericana y la emergente Nueva Trova. Escuchar por primera vez a Quilapayún los impactó:
—Fue una sorpresa chocar con aquella música que entonces en Cuba no se conocía. Escuchar quenas, charangos… ese trabajo vocal. Nos entusiasmó mucho la idea de seguir en contacto con ellos, y Eduardo Carrasco se ofreció a recibirnos en Santiago y trabajar en las lecciones que pudieran ayudarnos como conjunto.
Una de las primeras versiones que montaron con una canción chilena fue “A mi viejo profesor”, del Trío Lonqui. Eran estudiantes de Pedagogía asomándose a nuevos sonidos y temáticas.
—Hablas de lecciones importantes en Santiago. ¿Cuáles y con quiénes, exactamente?
—En un primer momento, con Quilapayún. Eduardo Carrasco nos enseñaba la quena, y con Hernán Gómez aprendí charango. Willy Oddó me enseñó sobre guitarra sudamericana (más rasgueada que la nuestra), y me decía algo que nunca olvidé: «¡Mírame!». Con eso quería decirme que no basta con escuchar a un músico, que al mirarlo captas cosas fundamentales que no hay cómo enseñar. Al instrumento hay que sentirlo, hay que entenderlo. Y si estás tocando con alguien, es importante que te conviertas en su cómplice. No basta con que te pares ahí, y toques; tienes que vibrar con él.
»Los Inti-Illimani eran muy jóvenes, no tocaban cómo lo hacen ahora, pero estaban llenos de curiosidad. Ernesto Pérez de Arce me enseñó a construir las quenas [sonríe]. Además, junto a ellos viví una anécdota que fue muy importante para mi aprendizaje. Estábamos juntos en un ensayo, y llegó el maestro Lucho Advis. Él había hecho para el grupo unos arreglos de orquestaciones para unas canciones de Violeta Parra [para el disco Autores chilenos, publicado por Dicap]. Me pareció que tenía una imaginación muy grande para darle forma a la música, agregar elementos, introducir nuevas armonías. Y además, él hacía algo con el cambio de tono que me llamó muchísimo la atención.
Normalmente, los tocadores de bolero lo que hacemos es que, cuando cambiamos de tono, preparamos el camino para que el cantante se enganche. Pero aquí no había nada de eso. Él iba de aquí para allá como si fuese muy fácil… y sonaba muy lógico.
»Entonces yo voy y le pregunto: “Maestro, en tal canción usted hace un cambio de tono que a mí me resulta interesante, muy diferente a lo que yo conozco. ¿Cómo lo hace usted? ¿De dónde saca usted ese criterio?”. Y él me contesta: "Yo no".
—¿Cómo “no”?
—Yo no: Brahms, Cuarta Sinfonía.
»El mensaje estaba dicho: estudia. Entonces, con el maestro Advis aprendí que no tiene por qué haber divorcio entre lo culto y lo popular. Y llegué a Cuba e inmediatamente me matriculé en un Conservatorio para estudiar guitarra clásica. Más tarde hice posgrados de composición.
—¿Y Víctor Jara?
—Víctor Jara nos enseñaba la proyección escénica, porque tú sabes que él venía del teatro. Sus consejos eran qué decir para presentar la canción, dónde tienes que ponerte de pie, lo importante de estar concentrado sobre el escenario. Porque llegar al público es responsabilidad del artista, eso lo aprendí también aquí.
—También grabaste con él.
—La primera vez que entré a un estudio de grabación fue con Víctor Jara. Porque Víctor hacía entonces la música para los entreprogramas del canal 7, ésos donde salía un Perrito. Y entonces yo llevaba el tres, el bongó; a veces tocaba charango, quena. Recuerdo que en una ocasión él llevó un arpista al estudio, y aprendí sobre ese instrumento en el folclor chileno. Víctor era alguien que no necesitaba explicarte todas las cosas. Él predicaba con el ejemplo.
»Hicimos una gira al norte: La Serena, Copiapó, Antofagastsa, Chuqui, una salitrera que ya estaba casi abandonada, a Concepción y a Lota. Los mineros nos decían: "¿Cuba? Qué duro que debe ser el trabajo de la caña...", y nosotros les respondíamos: "Sí, pero al menos sabes que no te va a caer el cielo encima". Porque la mina sí que es peligrosa.
—Todo lo que cuentas coincide con otra de las marcas que ha tenido tu trabajo, que es el de la colaboración. Tienes tus grupos, tienes tus discos, pero también estás en los discos de muchísima otra gente.
—La capacidad de adaptarse a otros estilos: eso es lo enriquecedor. Trabajar con otras personas te empieza a quitar el polvo, porque en la medida que tú haces tu música, y sigues en lo mismo, sin salir, te empiezas a empolvar. Las colaboraciones te permiten ir renovando tu sonoridad. Y además te dan ilusión de vivir, porque si no uno piensa que todo está hecho, hasta ahí llegaste.
—Te has convertido en algo así como un promotor internacional del tres. A tu condición de música sumas algo cercano a lo pedagógico, desde el escenario y las entrevistas.
—Yo me siento muy honrado con que a mí en 2010 me dieron el Premio Nacional de la Música. ¡Y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba! Si fuese por tocar bien un instrumento, creo que merecería un premio después de tocar quinientos años. Por eso creo que el premio vino por lo que he hecho con la difusión del tres, que hoy ya es considerado como el cordófono nacional. Tiene hasta un monumento en Santiago de Cuba. Pero no todos los cubanos saben lo que el tres. Entonces, cada vez que se da la oportunidad trato de que el público entienda qué es el instrumento… para que lo ame. Para que vea todo lo que se puede lograr con él y la estatura que tiene.
»Y, te soy sincero, no me lo propuse. Cuando me interesé en el tres, en el año ‘73, me di cuenta de que a ninguno de los músicos alrededor mío les interesaba. Tuve que buscar todas las cosas antiguas que estaban grabadas por ahí, ir a músicos más viejos, llegar por supuesto a Arsenio Rodríguez, quien llegó a ser dueño y señor de ese sonido en los años cincuenta, radicado en Estados Unidos. Poco a poco, los músicos que querían hacer una referencia al aquel sonido antiguo de la trova tradicional me fueron convocando. Sucedió con Silvio [Rodríguez], con Pablo [Milanés], con Sara González. El tres les daba otro color a sus discos y conciertos. Y luego comenzaron a invitarme los viejos soneros. Eso me estimulaba. El tres dejó de ser visto como un instrumento acompañante, y se entendió que podía tener un lugar protagónico. Empezó a aparecer en los festivales de jazz; incluso en conciertos de música clásica. Y en torno a mí se dio todo este fenómeno que, te seré franco, fue espontáneo.
Pancho Amat estará hasta fines de enero en Chile, apoyando las presentaciones de Inti-Illimani Histórico (con quienes ya estuvo hace unos meses en el estudio Abdala de La Habana durante la grabación del disco Fiesta).
—Es un grupo que me gusta porque no ha abandonado su concepto inicial pero mira cómo su música se ha ampliado. Eso significa que han tenido que crecer. De otro modo, estaríamos aplaudiendo su obra, pero en pasado... como si fuesen los Beethoven de la Nueva Canción Chilena [sonríe]. Los grupos deben avanzar desde aquello que los ha ubicado en la atención del público. Cada historia es diferente, pero en general esa exigencia es fundamental. Mirar atrás, saber de dónde vienes, y entonces puedes saber mejor a dónde vas, y entonces avanzar.
—Pensé que hablaríamos sobre todo de música cubana. Pero la música chilena está mucho más presente en tu trabajo de lo que uno pensaría.
—Claro. El proceso de aprendizaje que tuve acá, de la manera en que se hizo, a mí me marcó mucho. Son consejos que me sirvieron para toda la vida. Por ejemplo, yo estuve dos años dando clases de tres en el Conservatorio de La Habana, y recordaba eso de aprender mirando. Una cosa es tocar lo que está en el papel, y otra cosa es la salecita que le pone el pueblo. Para mostrar cómo quiere que se toque una obra, un compositor no puede anotar hasta la saciedad en la partitura detalles sobre gente, época, estilos por regiones… hay cosas que no caben en el papel: hay que verlas, hay que oírlas. Y eso es algo que yo aprendí aquí en Chile: salir y ver en directo cómo se hace la música. Que la música es más tronco que ramas.
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Para escuchar Grabaciones registradas en Chile les sugerimos visitar este Link del Blog Discoteca Nacional Chile
Le llaman el «tresero mayor», porque es hoy uno de los músicos cubanos más requeridos para colaboraciones internacionales, en todo tipo de géneros. El talento superlativo de Pancho Amat sobre el tres no es sólo técnica: es apego a la tradición, amor por la búsqueda sonora y disposición a encantar con ese conocimiento a la audiencia que tenga enfrente. Es Premio Nacional de la Música; «¡y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba!», dice con cierto pudor. En su segunda visita —invitado este mes a los conciertos de Inti-Illimani Histórico—, Amat se reencuentra con una vieja memoria de privilegio, forjada hace cuarenta y cinco años junto a muchos de los protagonistas de la Nueva Canción Chilena: «Yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé».
Por Marisol Garcia Correa
Cuando, en 1971, Pancho Amat vino a Chile por primera vez no tenía cómo saber que esos pasos que daba como estudiante en gira de intercambio cultural iban a ser tan significativos en su vida. Para siempre, y por al menos dos razones.
La primera, más amplia, es que fue una visita que le permitió estar al centro de un movimiento musical todavía bullante, como lo era entonces la Nueva Canción Chilena. Amat era un extranjero de 20 años que se topaba en ensayos con Inti-Illimani, recibía lecciones musicales de Quilapayún, iba a un estudio y conversaba con Luis Advis… incluso llegó a grabar junto a Víctor Jara («la primera vez que entré a grabar a un estudio fue con Víctor», asegura).
La segunda razón, más personal, es cómo ese primer enfrentamiento con la canción chilena de entonces lo marcó como auditor y músico.
«Yo empecé en Chile», dice ahora, categórico, una de las figuras más importantes para la actual música cubana; hombre de viajes incesantes, de encargos constantes desde todo el mundo, de premios y de grabaciones sin pausa. Fundador del grupo Manguaré y luego director del proyecto Cabildo del Son, Pancho Amat está en los créditos de discos de Silvio Rodríguez, Ry Cooder, Oscar D'León, Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Santiago Auserón. Es, para el mundo musical, «el tresero mayor»: el hombre que más sabe, mejor toca y a más alto vuelo ha llevado ese cordófono nacido en las zonas rurales de Cuba, tensado con tres órdenes de cuerdas dobles, y capaz de un sonido preciso y envolvente.
Pancho Amat conoció Santiago como un estudiante de Pedagogía sin aspiraciones musicales de alto rango, y vuelve ahora, cuarenta y cinco años más tarde, convertido en una figura con una poderosa historia a cuestas. Permanecerá todo enero en el país, acompañando a Inti-Ilimani Histórico en la primera parte de su gira de verano en celebración por sus cincuenta años.
«Ahora que estoy junto a Inti-Ililmani choco con mi primera experiencia como músico profesional, la de 1971 en Chile», dice Amat con una voz cálida en una conversación matinal tranquila en un departamento de Ñuñoa. Nadie más nos escucha: no hay necesidad de complacer con palabras de extranjero halagador:
—Fue una visita muy bonita y vibrante para mí, porque yo aquí recibí lecciones que nunca más olvidé. Hasta entonces, yo tenía el sueño de ser músico, pero no se me había dado la posibilidad. Aunque tú ya sabes: la cabra tira pa’l monte.
Llegó entonces a Santiago como parte de un conjunto de seis integrantes, y luego de una invitación hecha en La Habana por Quilapayún. Habían sido, simplemente, «El grupo de Pedagogía», por su vínculo como estudiantes en la universidad, pero ya luego serían Manguaré. Interpretaban música tradicional cubana, y comenzaban a interesarse por la raíz latinoamericana y la emergente Nueva Trova. Escuchar por primera vez a Quilapayún los impactó:
—Fue una sorpresa chocar con aquella música que entonces en Cuba no se conocía. Escuchar quenas, charangos… ese trabajo vocal. Nos entusiasmó mucho la idea de seguir en contacto con ellos, y Eduardo Carrasco se ofreció a recibirnos en Santiago y trabajar en las lecciones que pudieran ayudarnos como conjunto.
Una de las primeras versiones que montaron con una canción chilena fue “A mi viejo profesor”, del Trío Lonqui. Eran estudiantes de Pedagogía asomándose a nuevos sonidos y temáticas.
—Hablas de lecciones importantes en Santiago. ¿Cuáles y con quiénes, exactamente?
—En un primer momento, con Quilapayún. Eduardo Carrasco nos enseñaba la quena, y con Hernán Gómez aprendí charango. Willy Oddó me enseñó sobre guitarra sudamericana (más rasgueada que la nuestra), y me decía algo que nunca olvidé: «¡Mírame!». Con eso quería decirme que no basta con escuchar a un músico, que al mirarlo captas cosas fundamentales que no hay cómo enseñar. Al instrumento hay que sentirlo, hay que entenderlo. Y si estás tocando con alguien, es importante que te conviertas en su cómplice. No basta con que te pares ahí, y toques; tienes que vibrar con él.
»Los Inti-Illimani eran muy jóvenes, no tocaban cómo lo hacen ahora, pero estaban llenos de curiosidad. Ernesto Pérez de Arce me enseñó a construir las quenas [sonríe]. Además, junto a ellos viví una anécdota que fue muy importante para mi aprendizaje. Estábamos juntos en un ensayo, y llegó el maestro Lucho Advis. Él había hecho para el grupo unos arreglos de orquestaciones para unas canciones de Violeta Parra [para el disco Autores chilenos, publicado por Dicap]. Me pareció que tenía una imaginación muy grande para darle forma a la música, agregar elementos, introducir nuevas armonías. Y además, él hacía algo con el cambio de tono que me llamó muchísimo la atención.
Normalmente, los tocadores de bolero lo que hacemos es que, cuando cambiamos de tono, preparamos el camino para que el cantante se enganche. Pero aquí no había nada de eso. Él iba de aquí para allá como si fuese muy fácil… y sonaba muy lógico.
»Entonces yo voy y le pregunto: “Maestro, en tal canción usted hace un cambio de tono que a mí me resulta interesante, muy diferente a lo que yo conozco. ¿Cómo lo hace usted? ¿De dónde saca usted ese criterio?”. Y él me contesta: "Yo no".
—¿Cómo “no”?
—Yo no: Brahms, Cuarta Sinfonía.
»El mensaje estaba dicho: estudia. Entonces, con el maestro Advis aprendí que no tiene por qué haber divorcio entre lo culto y lo popular. Y llegué a Cuba e inmediatamente me matriculé en un Conservatorio para estudiar guitarra clásica. Más tarde hice posgrados de composición.
—¿Y Víctor Jara?
—Víctor Jara nos enseñaba la proyección escénica, porque tú sabes que él venía del teatro. Sus consejos eran qué decir para presentar la canción, dónde tienes que ponerte de pie, lo importante de estar concentrado sobre el escenario. Porque llegar al público es responsabilidad del artista, eso lo aprendí también aquí.
—También grabaste con él.
—La primera vez que entré a un estudio de grabación fue con Víctor Jara. Porque Víctor hacía entonces la música para los entreprogramas del canal 7, ésos donde salía un Perrito. Y entonces yo llevaba el tres, el bongó; a veces tocaba charango, quena. Recuerdo que en una ocasión él llevó un arpista al estudio, y aprendí sobre ese instrumento en el folclor chileno. Víctor era alguien que no necesitaba explicarte todas las cosas. Él predicaba con el ejemplo.
»Hicimos una gira al norte: La Serena, Copiapó, Antofagastsa, Chuqui, una salitrera que ya estaba casi abandonada, a Concepción y a Lota. Los mineros nos decían: "¿Cuba? Qué duro que debe ser el trabajo de la caña...", y nosotros les respondíamos: "Sí, pero al menos sabes que no te va a caer el cielo encima". Porque la mina sí que es peligrosa.
—Todo lo que cuentas coincide con otra de las marcas que ha tenido tu trabajo, que es el de la colaboración. Tienes tus grupos, tienes tus discos, pero también estás en los discos de muchísima otra gente.
—La capacidad de adaptarse a otros estilos: eso es lo enriquecedor. Trabajar con otras personas te empieza a quitar el polvo, porque en la medida que tú haces tu música, y sigues en lo mismo, sin salir, te empiezas a empolvar. Las colaboraciones te permiten ir renovando tu sonoridad. Y además te dan ilusión de vivir, porque si no uno piensa que todo está hecho, hasta ahí llegaste.
—Te has convertido en algo así como un promotor internacional del tres. A tu condición de música sumas algo cercano a lo pedagógico, desde el escenario y las entrevistas.
—Yo me siento muy honrado con que a mí en 2010 me dieron el Premio Nacional de la Música. ¡Y tú sabes la cantidad de buenos músicos que hay en Cuba! Si fuese por tocar bien un instrumento, creo que merecería un premio después de tocar quinientos años. Por eso creo que el premio vino por lo que he hecho con la difusión del tres, que hoy ya es considerado como el cordófono nacional. Tiene hasta un monumento en Santiago de Cuba. Pero no todos los cubanos saben lo que el tres. Entonces, cada vez que se da la oportunidad trato de que el público entienda qué es el instrumento… para que lo ame. Para que vea todo lo que se puede lograr con él y la estatura que tiene.
»Y, te soy sincero, no me lo propuse. Cuando me interesé en el tres, en el año ‘73, me di cuenta de que a ninguno de los músicos alrededor mío les interesaba. Tuve que buscar todas las cosas antiguas que estaban grabadas por ahí, ir a músicos más viejos, llegar por supuesto a Arsenio Rodríguez, quien llegó a ser dueño y señor de ese sonido en los años cincuenta, radicado en Estados Unidos. Poco a poco, los músicos que querían hacer una referencia al aquel sonido antiguo de la trova tradicional me fueron convocando. Sucedió con Silvio [Rodríguez], con Pablo [Milanés], con Sara González. El tres les daba otro color a sus discos y conciertos. Y luego comenzaron a invitarme los viejos soneros. Eso me estimulaba. El tres dejó de ser visto como un instrumento acompañante, y se entendió que podía tener un lugar protagónico. Empezó a aparecer en los festivales de jazz; incluso en conciertos de música clásica. Y en torno a mí se dio todo este fenómeno que, te seré franco, fue espontáneo.
Pancho Amat estará hasta fines de enero en Chile, apoyando las presentaciones de Inti-Illimani Histórico (con quienes ya estuvo hace unos meses en el estudio Abdala de La Habana durante la grabación del disco Fiesta).
—Es un grupo que me gusta porque no ha abandonado su concepto inicial pero mira cómo su música se ha ampliado. Eso significa que han tenido que crecer. De otro modo, estaríamos aplaudiendo su obra, pero en pasado... como si fuesen los Beethoven de la Nueva Canción Chilena [sonríe]. Los grupos deben avanzar desde aquello que los ha ubicado en la atención del público. Cada historia es diferente, pero en general esa exigencia es fundamental. Mirar atrás, saber de dónde vienes, y entonces puedes saber mejor a dónde vas, y entonces avanzar.
—Pensé que hablaríamos sobre todo de música cubana. Pero la música chilena está mucho más presente en tu trabajo de lo que uno pensaría.
—Claro. El proceso de aprendizaje que tuve acá, de la manera en que se hizo, a mí me marcó mucho. Son consejos que me sirvieron para toda la vida. Por ejemplo, yo estuve dos años dando clases de tres en el Conservatorio de La Habana, y recordaba eso de aprender mirando. Una cosa es tocar lo que está en el papel, y otra cosa es la salecita que le pone el pueblo. Para mostrar cómo quiere que se toque una obra, un compositor no puede anotar hasta la saciedad en la partitura detalles sobre gente, época, estilos por regiones… hay cosas que no caben en el papel: hay que verlas, hay que oírlas. Y eso es algo que yo aprendí aquí en Chile: salir y ver en directo cómo se hace la música. Que la música es más tronco que ramas.
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Para escuchar Grabaciones registradas en Chile les sugerimos visitar este Link del Blog Discoteca Nacional Chile
Américo desclasifica el álbum con el que giró al pop
El Mercurio
El cantante, referente de la música tropical local, envolvió con nuevas vestiduras su estilo, que va ahora de la balada a la cumbia con un sonido más internacional, acompañado de invitados como Yuri.
José Vásquez
Américo dio un golpe de timón en su carrera y su nuevo destino apunta, ahora sí, definitivamente al mercado internacional. El cantante ariqueño dice que su nuevo álbum, que estará en las disquerías desde mañana, "es un upgrade " en su historia musical, un título que bautizó con su chapa artística y que grabó en Miami, de la mano de José Luis Pagan, responsable de varios de los éxitos de Chayanne y Marc Anthony.
Lo nuevo de la voz de "Que levante la mano" es lo más pop que ha realizado, un sonido que cubre por completo su primer disco con un sello multinacional, Sony Music, pero que, para tranquilidad de sus fanáticos, no olvida su acento tropical. "El cover de 'Esta es para hacerte feliz', que hice en TVN -'Puro Chile'-, de Jorge González, el año pasado, fue una idea muy pensada. Me habían propuesto hacer otro, pero yo dije que ese era el tema que quería hacer", cuenta sobre una decisión que tomó de acuerdo al giro musical que estaba incubando y que va desde la balada pop a la cumbia, que no deja de lado, pero con nuevos revestimientos. "Esto es lo que soy, amplificado y lo digo con orgullo. Respeto mucho cuando alguien ya se siente conforme y tiene una sola forma de trabajar, pero yo voy por lo otro, por cambiar, por seguir probando cosas distintas. Hay que ser atrevido y eso afuera se valora mucho", dice Américo, que este verano volverá a presentarse en el Festival de Viña del Mar.
El cantante desclasificó con "El Mercurio" su nuevo álbum, canción por canción, y estos son los conceptos que entrega sobre un trabajo donde aparecen invitados como la mexicana Yuri, el argentino Jorge Rojas (ex cantante de Los Nocheros) y también Alberto Plaza, como compositor, quien le cedió una canción donde incluso se atreve a rapear.
"20 veces": "Estructuralmente es bastante parecida a 'Te vas', con una letra que tiene un desarrollo muy picaresco, con un coro muy popular. Se mantiene dentro de mi propuesta más clásica, pero trae algunas cosas nuevas, como una guitarra funky al final".
"La duda": "Yo quise que este fuera el primer single, porque encierra lo que es el disco: empieza romántica, con una guitarra electroacústica, como una balada pop que después rompe en una cumbia que incluso tiene arreglos electrónicos. Es el mejor resumen del álbum".
"Te tengo": "Se concibió con una acentuación bien reggae, pero que sale bien pop. Canto con Yuri, que fue muy generosa con su participación. Siento que está perfecta para ser parte de una teleserie: es muy fresca y ágil".
"Amándote": "Es una balada que tiene una línea melódica de José Luis (Pagan), con arreglos de cuerda en el estilo de 'Ahora quién', de Marc Anthony. Años atrás yo soñaba con trabajar con él en algo así. En lo personal, es de mis canciones favoritas".
"Ya no te miento": "Es una canción mía que tenía guardada desde hace 10 años. No me atrevía a sacarla, quizás porque la había concebido como una balada y no me hacía sentido con mi material anterior, pero ahora que el pop estaba muy metido en el disco entró perfecto".
"Si tú me olvidas": "Es una bachata, pero bien pop, que tiene como invitada a Sarah Lenore (estadounidense), una tremenda cantante que salió de 'America's got talent'. Viene en dos versiones: en español y en spanglish".
"Me quema": "Invité a Jorge (Rojas) porque él tiene también este sentido folclórico y andino. Tiene una base pop, parecida a lo que hace Gepe. Incluye cumbia, zampoña, quena y charango. Apostamos por la interpretación: la cantamos con el corazón, desde las entrañas".
"Será": "Es muy parecida en esencia a 'La duda' y no me cabe duda que se instalará en el corazón de la gente, sobre todo en aquellos que están pasando por una delicada situación amorosa".
"Estar contigo": "Si no la grababa yo, lo iba a hacer Alejandro Fernández, así es que me apuré. Tiene un sonido de balada vintage . Esta canción, que mezcló Humberto Gatica, va a ser single".
"Amantes": "Marca un upgrade de la cumbia que se instaló acá, sobre encuentros furtivos en moteles. Va en la misma línea, pero con mayor picardía y con mayores matices, con un abanico de sonidos mucho más grandes".
"Amigo tú": "Alberto (Plaza) me la dio en Ecuador. Su idea era que fuera andina con una especie de rapeo y en el estudio le dimos un ritmo más rumbero. La canté con mucha fuerza".
"Cómo quisiera": "De todos los trabajos románticos que he hecho, esta es la balada que sin duda más me ha llenado. Tiene cuerdas grabadas en Nashville y yo me la jugué, demostrando que tengo una capacidad interpretativa para abarcar también otros ritmos. Estuvo a punto de llamarse 'A mi manera'".
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