jueves, febrero 07, 2019

El imperdible MASTER CLASS de los músicos de LUIS MIGUEL se apoderan del Teatro San Ginés

Comunicado de prensa

Éste 21 de Febrero el Teatro San Ginés se prepara para recibir a los increíbles músicos de LUIS MIGUEL en una MASTER CLASS que se tornará imperdible; dentro del equipo que conforma ésta inigualable sesión musical se encuentra:

Alejandro Carballo en el Trombón

Ramón Flores en la Trompeta

Greg Vail en el Saxofón

Ésta Master Class estará cargada de toda su experiencia como músicos de sesión donde podrán abrir un espacio para compartir temáticas como:

- Composición.

- Arreglos.

- Trabajo de Ensamble.

- Producción Musical.

Una vez culminada la Master Class, se realizará una sesión de preguntas a los músicos donde éstos darán respuesta a todas aquellas dudas o inquietudes manifestadas por el público, y además podrán tocar junto a los expositores.

Producción: Boris Rojas.

Jueves 21 de Febrero a las 21: 00 hrs

Adquiere tus entradas haciendo click aquí

miércoles, febrero 06, 2019

Tres cantantes nacionales incursionan en nuevos sonidos urbanos


Estudio muestra poca representación femenina en la música

El Mercurio

La investigación de la escuela de comunicaciones estadounidense USC Annenberg arrojó que un 17% de las 100 canciones más populares de Billboard durante 2018 son interpretadas por mujeres y apenas un 12,3% escritas por ellas. La cifra es idéntica a la de 2017.

Entradas a la ópera a precios inalcanzables

Cultura
El Mercurio


El 21 de marzo se presentará "La fuerza del destino", de Verdi, en el Royal Opera House, con un dúo pocas veces visto: Jonas Kaufmann y Anna Netrebko. Ya no quedan entradas en la taquilla, pero sí en el sitio de internet Viagogo, donde los precios han escalado tanto que un asiento que vale 125 libras, se revende a 1.800; los de 525 libras a casi 7 mil. La polémica es porque el teatro recibe una subvención estatal de 24 millones de libras al año para, entre otras cosas, poder vender asientos a precios moderados.

martes, febrero 05, 2019

Palmenia Pizarro y caso Frei Montalva: “Aunque hayan dicho que lo mataron, no lo creo, porque los políticos son tan mentirosos”

CNN

"Se están preparando para las nuevas elecciones, quieren poner de nuevo a Eduardo Frei de candidato. Eso es lo que quieren los demócratas. Eso me molesta. ¿Por qué tienen que hacer estas cosas para que salga alguien?", opinó la intérprete de "Cariño Malo" en Conversaciones CNN.

La cantante chilena Palmenia Pizarro, quien inició su carrera musical a comienzos de 1960 y es intérprete del éxito “Cariño Malo”, fue parte de Conversaciones CNN. Comentando temas de contingencia, se refirió a las dudas que tiene respecto al asesinato del ex presidente Eduardo Frei Montalva, a quien conocía personalmente y cuyo deceso fue resuelto como homicidio simple tras 19 años de investigación.

Algunas de las declaraciones más destacadas de esta entrevista, a continuación:
“Fíjate que yo sigo dudando. A mí me produce una sensación de que no fue así. O sea, yo no creo en lo que dicen. No creo. Yo creo que, más bien, el murió porque tenía un problema y punto“.

¿Pese a que haya una investigación?

“Aunque hayan dicho que lo mataron, no lo creo, porque los políticos son tan mentirosos. Perdóname,  por favor. No, no lo creo. Yo pienso que él murió porque tenía un problema, ¿me entiendes tú? Entonces eso, para mí, no tiene validez“.

Ayer supimos que la familia Frei está pidiendo recalificar el homicidio, porque se dijo homicidio simple y quieren homicidio calificado.

“Se están preparando para las nuevas elecciones, quieren poner de nuevo a Eduardo Frei de candidato. Eso es lo que quieren los demócratas. Eso me molesta. ¿Por qué tienen que hacer estas cosas para que salga alguien?”.

O sea, ¿lo ves como estrategia política?

“Estrategia política, así lo veo yo. Y no me gusta hablar mucho esta cuestión, porque después me odian, ¿me entiendes tú?”.

Pero tienes un tema con la política.

“Tengo una visión, claro. Su papá era un señorón, mis respetos para el papá de don Eduardo Frei“.

¿Y no crees que la dictadura de Pinochet quiso matarlo?

“No, fíjate que la verdad es que yo pienso que no, porque, para mí, él era una buena persona. Era un señor encantador. Cuando nos encontramos con él en la carretera, veníamos de gira con Los Charchaleros y Yaco Monti, nos bajamos todos, hicimos parar el bus de él.

Nos bajamos todos a saludarlo y a mí, cuando me ve, me dice: ‘Estoy enojado contigo, chiquilla’. Entonces, le digo: ‘Pero, ¿por qué, señor presidente?’. ‘Porque estuve en San Felipe y estuve con un premio en las manos para entregártelo y tú no apareciste’. ‘Pero si en San Felipe sabían que yo andaba en una gira’, le dije yo (…) “Para castigo”, me dijo, “para que me hagas el favor de la ingratitud que tuviste conmigo, cántame ‘Cariño Malo'” y ahí, acapella, con la guitarra le cantamos”.

*Mira la entrevista completa en el video.

lunes, febrero 04, 2019

Los nuevos desafíos de los renovados Huasos Quincheros



El Mercurio

Tras la salida de dos de sus integrantes más antiguos el año pasado, el conjunto prepara nuevos proyectos que buscan seguir con la protección y difusión de la música tradicional chilena.

2018 fue uno de los años más agitados dentro de la historia de más de ocho décadas de Los Huasos Quincheros, en parte por la salida de dos de sus integrantes más icónicos: Benjamín Mackenna y Ricardo Videla. Sin embargo, el despido de estos dos miembros no ha logrado afectar el núcleo del conjunto que hoy en día trabaja en varios proyectos paralelamente.

Lo primero que asoma en el horizonte son ideas para nuevas producciones discográficas, que incluyen un álbum donde trabajarán con compositores jóvenes de música tradicional chilena y un disco de boleros que rescata composiciones inéditas que Sergio Sauvalle le entregó al grupo en la década de los 70. "Estamos tratando de armar un buen disco de boleros porque las chiquillas nos piden eso", dice entre risas Enrique Barros: "Hay mucho material que quedó por ahí en las tertulias, en los ensayos y en los guitarreos".

Además, el conjunto manifiesta la intención de realizar un disco apuntado a un público infantil, grabando canciones tradicionales chilenas enfocadas en ellos. "Queremos hacer ese disco para que los niños conozcan estas canciones y se conserven grabadas", explica Antonio Antoncich.

La idea es que todo el nuevo material discográfico se publique también a través de las plataformas digitales, hecho que se une a la iniciativa de poder llevar los discos antiguos del conjunto a estos formatos.

Fuera de los nuevos álbumes, el grupo también ha retomado una idea que ya habían materializado en años anteriores. "Hay varias orquestas juveniles muy buenas en colegios de provincia, con las cuales se puede hacer un concierto con Los Quincheros, que permita llevar la tonada a la música docta", adelanta José Vicente León, quien se integró oficialmente al grupo tras la salida de Mackenna.

Los cuatro integrantes actuales de Los Huasos Quincheros coinciden en que estas ganas por mantenerse vigentes radican en su intención de proteger la tradición de la música chilena. "Tú cruzas la cordillera y lo primero que escuchas en la radio es un tango, una milonga o una zamba argentina. Aquí se escuchan canciones en inglés que son muy bonitas, pero no son nuestras", dice Antoncich. Cristián ´O'Ryan lo complementa: "Nosotros sentimos una responsabilidad gigante de seguir con esto, de levantar la bandera de la música chilena".

"Dado que esto no está en la moda, requiere doble trabajo y doble cariño para mantenerlo, porque eres un quijote en medio de los molinos de viento", sentencia José Vicente León.

En streaming

Uno de los proyectos actuales del conjunto es ir rescatando sus álbumes antiguos para incluirlos dentro de su catálogo en plataformas digitales.

domingo, febrero 03, 2019

Eduardo Peralta y sus 40 años de trova: “Chile vive en un ejercicio permanente de amnesia”

The Clinic

Eduardo Peralta es uno de los pocos representantes del Canto Nuevo que con 40 años de trayectoria permanece vigente. Todos los lunes, desde hace veinte años, comparte su canto en el Mesón Nerudiano, y otros escenarios culturales y académicos. Este hecho, bien podría considerarse mítico, dado el escaso reconocimiento y apoyo oficial al legado de esta generación de compositores.

Por Berenice Ojeda

Trovador, payador y traductor, a los 15 años comienza a escribir sonetos y dos años más tarde, a componer sus primeros temas. “El hombre es una flecha”, “Juan González”, “Canción de amor contigo y con todos”, “Navidad”, constituyen un claro ejemplo del valor poético y político de su quehacer creativo, el que con tintes de humor corrosivo y crítico, logró burlar la cruda censura en periodo de dictadura y permanecer durante cuatro décadas en la memoria colectiva del canto nacional.

En 1979 parte a Europa, viaje que marcará profundamente su historia y determinará hasta hoy al artista polisémico y carismático. Quién podría olvidar la risa contagiosa de Peralta y Pedro Yáñez en el programa “La noche de los payadores” de Radio Umbral, y quién desconocer el permanente intento de este artista por relevar la figura de los poetas nacionales relegados al olvido, por enriquecer y preservar el patrimonio literario y musical de Chile.

Reconocida es también la admiración de Peralta por el genial trovador francés Georges Brassens, a quien tradujo y adaptó de manera notable; trabajo que ha sido premiado en Francia con el título Chevalier des Arts et des Lettres, y el Grand Prix de la SACEM (Société des Auteurs, Compositeurs et Éditeurs de Musique).

Algo importante y significativo dijo y sigue diciendo Eduardo Peralta. La siguiente entrevista da cuenta de ello.

Qué significado asignas a la palabra Trovador, considerando que eres uno de ellos. Háblanos un poco de este personaje medieval, de sus orígenes y de su vigencia.

-Bueno, a mí siempre me ha gustado leer, soy un lector asiduo de poesía. Empecé con el Siglo de Oro a los 15 años. Además, mi abuela Rosa que murió a los 102 años, me recitaba sonetos de Lope de Vega, décimas de Núñez de Arce, poemas de Juan de Dios Peza o Amado Nervo que a ella le gustaban mucho. Entonces, me fui por el lado del verso consonante, del verso clásico. Me encantó el Siglo de Oro Español, y me sigue gustando, en particular Quevedo, Góngora, Lope. Pero comencé a buscar más atrás de ese siglo a nivel histórico, a nivel poético y ahí me encontré con estos “personajones” que eran los trovadores del siglo XII, XIII no solamente de España, que obviamente lo hay, y más que en el mundo madrileño en el mundo gallego tan ridiculizados siempre, yo creo que por el centralismo madrileño que se ríe de otras expresiones, siendo paradojalmente los gallegos mucho más civilizados que los madrileños.

Por supuesto también me interesé por los trovadores del Mediodía Francés, del Languedoc y de la Provenza, que tienen unas maravillas de personajes como Bernart de Ventadorn, Bertrán de Born, Marcabru… Me gustaba mucho Pero Da Ponte. A él yo lo grabé en el primer disco  del año ’83, cuando estaba empezando con mis aventuras musicales y poéticas, y creo ser el primer trovador chileno que grabó a un trovador medieval. Personaje encantador que murió muy joven –atravesado por una espada- porque solían los trovadores medievales enamorarse de las mujeres equivocadas, ligadas a las altas alcurnias; casadas  con un rey, un príncipe o un marqués. Obviamente eran bastante escogidas y bonitas, lo que despertaba odios importantes. Entonces, Pero Da Ponte era para mí un gran personaje, por eso grabé una canción que a veces la muestro como ejemplo de canción medieval (recita): “Se eu podesse desamar / a quem me sempre desamou, / e podess’algún mal buscar / a quem me sempre mal buscou!” Y esa es una canción que a mucha gente la ha acompañado, me comentan, gusta y preguntan ¿por qué te interesas en esto? Y yo les digo, porque siento que los trovadores -que pronto van a cumplir un milenio como fenómeno-, desde Guillermo de Aquitania, eran artistas que iban contra la teocracia de la época, pero en forma poética, ¡porque si no los quemaban simplemente!

Por eso hay un paralelo en lo que pasó con las dictaduras latinoamericanas, en los años ‘60  ’70, y lo que fueron los trovadores medievales, porque se vino la noche medieval, y sigue volviendo en Latinoamérica. Esta mezcla de política y religión, en un sentido opresivo, en un sentido de teocracia, que viene claramente en Brasil, con Bolsonaro y compañía. En Chile, Argentina, Uruguay en los años ’70 se vino la noche medieval, y los trovadores tuvieron que trabajar como los del siglo XII y XIII, y hubo que jugar con la metáfora, había que intentar de alguna forma pasar las redes de la censura a través de la poesía. Yo creo que esa fue la aventura más bonita que vivió Latinoamérica, que vio nacer artistas como Caetano, Chico Buarque, Silvio, y un poco más atrás en el tiempo a Yupanqui junto a Violeta que fueron los padres del folclor inteligente, crítico, un folclor que conversaba y dialogaba, y que por lo  tanto opinaba en forma poética, por supuesto. Por eso yo rescato la figura del trovador, lo que llaman el “eterno retorno”, algún filósofo alemán bigotudo hablaba de esto (risas). Yo siento eso, siento la sincronía.

Además, yo tengo algo de sangre francocanadiense por mi abuela Valin, del lado paterno. Los Valin eran unos canadienses que iban de Quebec hacia el oro de California en el siglo XIX, y una mujer que venía embarazada, se le adelantó el parto y tuvo que bajar en Coquimbo, esa fue la razón de que yo esté vivo.

Según lo que señalas, el trovador no sólo está ahí para visibilizar y denunciar, sino para a través de la poesía y el canto trascender estos hechos, sortearlos de una manera inteligente, metafórica, más allá de la mera denuncia.

– Efectivamente, la palabra trovador, proviene del verbo Trobar (con b), que es un verbo occitano, que luego dio origen al verbo trouver, que en francés quiere decir “encontrar”.  Entonces, el trovador es el artista del hallazgo, o trouvaille como dicen los franceses. El Hallazgo del verso, de la melodía, de la metáfora como dices tú, de lo que construye canción original, algo nuevo bajo el sol, como decía Huidobro, y que puede despertar el oído, el corazón, el espíritu de le gente gracias a ese hallazgo inicial proveniente del siglo XII, y presente hasta nuestros días en el oficio de los trovadores.

Retomando lo que mencionaste acerca de tus primeros acercamientos con la poesía, me llamó la atención que un joven de 15 años escribiera sonetos, ahora me queda clara la influencia de tu abuela Rosa. ¿Participabas de concursos? ¿Hubo un medio que se interesara por tus poemas?

-Claro, yo escribía sonetos. Yo escribí poesía antes de cantar. A esa edad yo escribía y mandaba mis escritos a diarios, a revistas como Mampato, que publicaba poemas míos. Unos poemas muy cursi (risas). De hecho Las Últimas Noticias me publicó un poema que hice a los 14 o 15 años por la muerte de Neruda. Lo titularon “Un niño canta a Neruda”, y lo publicaron completo (recita): “Vivías en la humedad y el fío del austro, pero tu gran mensaje ardió y aún arde. Le cantabas al pueblo de tu patria, dándole tu mensaje, y sucedió que tu humedad hirviente un día cruzó límites y mares, desiertos y montañas, arrasándolo todo, y fuiste conocido y reconocido en todo el mundo como insigne vate”.

¡Qué belleza! Para entonces ya estabas imbuido de un espíritu creador, eras la potencia de un este espíritu

-En aquella época no sabía nada de música, era un joven, un niño, y de pronto comencé a escuchar música y a interesarme en la guitarra y el piano, de hecho toco piano hasta ahora…

Y tu colegio, el Notre Dame, ¿de qué manera influyó en tu formación artística?

-El Notre Dame fue fundamental para dos cosas; para el francés, para el mundo francófono. Recuerdo al cura Polain, que era monarquista, un cura muy conservador, belga, pero con una visión de la educación muy revolucionaria, en libertad. Con los profes nos tratábamos de tú, cosa que era rarísima en plena dictadura. No usábamos uniforme, sino ropa de calle. Había una libertad especial. Este cura nos enseñaba a leer a Rimbaud, Baudelaire, Verlaine, que era su preferido; ¡imagina a los poetas malditos leídos por el cura! (risas). Nos enseñaba a recitar. Tuvimos un sustrato de la parte francesa en literatura, y de la parte musical también, porque había un coro muy activo en donde participé y también un grupo de teatro. Montábamos pequeñas obras de teatro y las presentábamos en pueblos chicos del sur de Chile, en giras universitarias de verano. Yo actué con Ricardo Larraín, el gran director de cine -que en paz descanse- quien era uno de los personajes en la obra “Los Ángeles Ladrones” y representaba a Platón, el paco que perseguía a los gatos ladrones. Yo era el músico en las obras, tocaba la guitarra y Germán Aburto, nuestro profe, un gurú que sigue tocando a veces conmigo en El Mesón Nerudiano. Tocábamos música de las canciones geniales de Vittorio Cintolesi (coautor de los Ángeles Ladrones junto a Jorge Díaz). Visitamos pueblos como Roblería, Bustamante, San Carlos, Chillán, toda esa zona campesina. En pueblos chicos, a veces hacíamos un fogón en las plazas y montábamos la obra y cantábamos.

Entonces, el arte lo desarrollé con mucha fuerza en el colegio y yo creo que me marcó para el futuro. Años después –recuerdo- hicimos un lunes con Vittorio en el Mesón Nerudiano, y cantamos algunas canciones de esa obra, ¡imagínate! la sincronía, el encuentro años después con ese personaje adorable de quien fui muy amigo.

A esa edad, terminando el colegio, ¿Ya tenías claro que querías seguir la vía trovera?

P: Me gustaba mucho, pero no tenía tan claro que era mi vocación total. Yo quería ser periodista, pero un modo muy idealizado. Yo adoraba a Mark Twain, y a Vargas Llosa y García Márquez en sus comienzos como periodistas. Es decir, la unión entre literatura y periodismo.

¿Hubo un hito que marcó tu entrada al oficio de trovador o fue un proceso?

– Bueno, primero entré a estudiar Periodismo en la Universidad Católica, y ahí comencé a componer canciones. De hecho en primer año es cuando compongo “Navidad”, “El hombre es una flecha” y “Juan González”, son de por ahí, año ’77, ’78.

El año ’79 vino la crisis, porque ya estaba cantando en festivales universitarios, los Encuentros de Juventud y Canto, la Peña Javiera en donde conocí a mi amiga Isabel Aldunate y otros grandes colegas. Y ahí comenzó la crisis, porque se estaba formando un tipo de periodista robot especialmente en la TV. Como decía MacLuhan “Los medios calientes de comunicación”, que estaban secuestrados, y aún lo están.

No me atraía la idea de ser un periodista amateur que tiene el hobby de tocar los fines de semana o ser un trovador que tiene el hobby de hacer algún artículo. Opté por ser un trovador profesional. Entonces, abandoné la Universidad.

¿En ese momento decidiste partir a Europa?

– Claro, pero primero me mandaron al psiquiatra, porque mi familia no entendía cómo consideraba opción ser músico.

¿Ahí conociste a tu esposa, la “psiquiatra bombón”?

-(risas) No, no, ésa fue otra. Ella vino después. Fue un psiquiatra muy simpático que a la tercera sesión me dijo ¡traiga la guitarra! Tuve la suerte de que este psiquiatra tenía un hijo músico –guitarrista clásico- estudiando en Barcelona. Entonces, llevé la guitarra y comencé a cantar mis canciones. Fue una sesión a las 7 de la tarde. Él escuchó dos o tres canciones y se fue a un bar pequeño que tenía en la consulta, sacó una botella de whisky, sirvió dos vasos (yo tenía 20 años). Nos tomamos el whisky con hielo, y me dijo “sigue cantando, me interesa escuchar”. Canté casi todo lo que había compuesto hasta entonces y en un momento me dijo: “tú tienes que dedicarte a la música”, y me extendió hasta un certificado para que mis padres se quedaron tranquilos (risas).

¿Qué edad tenías cuando partiste a Francia?

-Partí a Francia a los 20 y con permiso notarial, porque recuerda que en ese tiempo la mayoría de edad se alcanzaba a los 21.

¿Alguien te esperaba allá?

-No, nada, yo fui a la aventura con un pasaje de ida y con 250 dólares que me regaló un tío, y me quedé 10 meses en Europa, cantando en los metros, en actos latinoamericanos.

En términos creativos, ¿Qué significó para ti ese viaje?, ¿Qué experiencias marcadores viviste?

-Bueno, en el fondo fue un viaje iniciático. A los 20 años ¡imagínate! Estuve en 5 países. Me quedé 2 meses en Francia, después me iba 1 mes a Holanda y regresaba. Luego a Bélgica otro mes, también a Suiza. El centro de operaciones fue París.

¿Y cómo lograste establecer esos lazos o esas invitaciones a otros países, si nadie te esperaba en Francia?

-Bueno, fue una sorpresa para mí, porque algunas canciones ya eran conocidas a través de grabaciones caseras… Yo no había grabado formalmente todavía. Mi primer disco es del ’83, pero había grabaciones de temas que sonaban en la radio Galaxia, Chilena, y que la gente las mandaba al “exterior”, como se decía en ese tiempo. Entonces, yo llegué a algunos eventos latinoamericanos allá en Francia y conocían varios temas. Fue muy divertido ya que a raíz de eso me invitaron a algunos eventos y pude sobrevivir.

¿Te encontraste con otros artistas chilenos en exilio?

-Claro, allá también conocí a Isabel Parra, a los Quila. Illapu me invitó a un concierto precioso con Mercedes Sosa en el Théâtre de la Ville, justo en la cima del gusto europeo por la música latinoamericana, por lo que aquí estaba pasando.

¿Qué temas nacieron allá?

-“Ay, París”, Obviamente. “Golondrina chilota” la hice poco después de volver de Europa, porque en La Haya vi por la ventana una golondrina que volaba sola –creo que era abril, primavera europea-, en casa de un fotógrafo chileno muy simpático, y recordé que dos años antes había fijado mi atención también en una golondrina volando solitaria en Chiloé. Así nació ese tema que habla de la migración, del exilio.

¿Y te enamoraste durante el viaje? Porque un trovador que no se enamore…

-Un poco, sí, hay cosas confesables e inconfesables (risas). Pero hice muchos amigos y conocí gente muy interesante.

¿Y a uno de tus mentores -Brassens- alcanzaste a conocerlo?

-No, él ya no estaba en París y se encontraba muy enfermo. Murió al año siguiente de mi periplo europeo. Me hubiera encantado conversar con él. Estaba vivo todavía, pero muy delicado de salud, y además para entonces yo no conocía tanto sus canciones.

¡Ah! ese fue un primer acercamiento a Brassens. ¿Hubo alguien que te lo presentó musicalmente?

-Una amiga muy querida de la universidad, una semana antes de partir, en una cena en su casa me hizo escuchar dos canciones de Brassens. Ese fue el único contacto que tuve con él y me encantó. Sin entender todo, porque yo tenía a Baudelaire en la cabeza, pero no el francés cotidiano, no el “argot” que Brassens mezclaba admirablemente con el lenguaje poético.

Al mismo tiempo que descubría a Brassens, nació también la amistad fundamental con Payo Grondona en Alemania y con Chere Arenas, en Francia. Ambos lamentablemente nos dejaron hace pocos años.

Tú ya tenías esta veta irónica. Con este descubrimiento y las amistades que mencionas, ¿se potenció?

-Sí, claro, “Navidad” es un ejemplo, aunque era una ironía agridulce. Con Brassens y estos dos locos geniales (Grondona, Chere) me di cuenta que había –como dicen los franceses- “una otra” nueva canción chilena, que era una alternativa a los himnos, generalmente asociada a grupos de 7 a 8 músicos. Aquí nuevamente aparece la figura del trovador remitida a esa figura medieval solo con su instrumento (laúd, vihuela). Esa trinidad me marcó mucho, fue fundamental. Brassens a punto de morir, y el Payo y el Chere en plena actividad en el exilio. Con ellos forjé una gran amistad y seguí cantando durante muchos años cuando regresaron a Chile.

Qué enorme y escasamente reconocida es la figura del Chere Arenas. Él tuvo una participación fundamental en varios trabajos emblemáticos de la Nueva Canción Chilena, con Patricio Manns y otros…

-Él merece un gran homenaje, claro. Con todos los músicos que lo han cantado, desde los Quila hasta los Ángeles Negros, Cecilia Echenique, Tati Pena, Isabel Aldunate. Es de una diversidad maravillosa en las canciones, y especialmente su humor corrosivo y a veces bilingüe.

El Payo también es un personaje importante y querido para mí. De hecho, en un nuevo ciclo de recitales que comencé en Valparaíso y se extenderá -en principio- hasta febrero de este año, homenajeamos a Payo el 9 de enero, fecha que coincidió con los 5 años de su partida. Fue un encuentro emotivo en donde cantamos varios de sus temas emblemáticos. Aprovecho de agradecer a “La Pará Kultural”, el espacio en el que nos encontramos en estos “Miércoles Peraltianos, en calle Serrano, plena Plaza Sotomayor.

Después de tu periplo por Europa, ¿cómo te insertaste en el medio musical en ese difícil periodo?

-Volví en Octubre del ’80. Ahí comencé a componer mucho, cantar, traducir a Brassens y a viajar dentro de Chile. De hecho lo que más alegría me ha dado es poder viajar mucho. He recorrido 130 ciudades de Chile y 30 países con mi guitarra, y espero seguir ampliando esa bitácora.

El año 81, tuve la posibilidad de grabar con el sello Alerce unas antologías del Canto Nuevo.

El año 1983 surge la posibilidad de grabar a toda orquesta un disco, fue un proyecto de Filmocentro, la unión entre Alerce y el naciente sello La Música. Se invitó a muy buenos músicos (Pancho Aranda, Alejandro Espinoza, Edgardo Riquelme, Pablo Lecaros en bajo, el papá de Carmen Prieto, Mario, dirigiendo las cuerdas en dos o tres temas), y salió este primer disco, en formato vinilo y cassette. Gracias a esta producción varios temas se quedaron en la memoria de la gente, tuve una recepción musical que permitió esa inserción.

Junto a tu veta trovera, existe también la de payador ¿Cómo llegas a este oficio?

–Mi oficio de payador comienza poquito después de esa grabación. Yo creo que, en primer lugar, llegué por mis orígenes clásicos de escritura, la décima. Si yo hubiera nacido en el mundo campesino, hubiera escuchado el canto a lo divino, tal vez, pero nunca escuché eso, pero sí los libros y sí mi abuela que recitaba: “Guarneciendo de una ría, la entrada incierta y angosta, sobre un peñón de la costa, que bate el mar noche y día…”, de Núñez de Arce.

Un segundo factor tiene que ver con mi amistad con Pedro Yáñez, creo que el año ’84, ‘85. Nos caímos muy bien. A mí me gustaba ir a ver -por esta misma relación con la décima- a los payadores. Iba a escucharlos en Viña, en Santiago, Y ahí estaba Pedro, el Piojo Salinas –un personaje- Santos Rubio, entre otros. Comenzamos a conversar con Pedro, a reírnos y a forjar una amistad. En ese momento yo me fui de casa y me mudé a la suya en calle Carmen. Ahí comencé a improvisar, primero jugando y de un momento a otro me di cuenta que ya estaba preparado para comenzar a payar en público, y empezamos a hacerlo de a poco, y fue agarrando onda. Además nos divertíamos mucho, porque había un contrapunto natural: yo, el trovador anteojudo de la capital, y él con su voz campesina profunda, de Campanario, pueblo pequeño de la región de Ñuble.

Pedro, además de su notable y particular humor, es uno de los payadores reconocidos por dignificar el oficio del payador.

-Claro, el humor de Pedro es notable, y además tiene esa sabiduría campesina. Es un humor profundo. Eso siempre me apasionó de la paya y de Pedro, quien además es portador de una gran herencia, como tuvo la Violeta, una gran herencia en sus oídos, en su alma, en su cuerpo, en su guitarra, en su guitarrón, que emergía en los encuentros de payadores y en los recitales. De ahí se fue tejiendo esta complicidad.

Recuerdo que llegaron a tener un espacio propio en la recordada y querida Radio Umbral…

-Tuvimos durante dos años los días martes un programa llamado “La noche de los payadores”. Eso creó todo un mundo de gente interesada. Muchos jóvenes que escuchaban y mandaban “pie forzados”. De hecho artistas de hoy eran jovencitos que escuchaban esos programas. Eso fue un orgullo muy grande, porque se creó una irradiación en torno al fenómeno de la improvisación poética, sea en copla, décima, cueca o vals. Es muy interesante improvisar un vals en endecasílabos. Mi amigo Alexis Díaz Pimienta improvisa en sonetos maravillosamente. Ésa es la idea, buscar formas distintas de la improvisación y compartirla con la gente. Eso a mí me dio una experiencia distinta en el escenario. El disfrutar con Pedro, el goce de la creación instantánea, ayudó a mi trabajo propio, como también lo hicieron Brassens, el Payo y el Chere Arenas. El humor en la trova y en la paya ha sido fundamental en mi trabajo, porque si tú no estás contento en el escenario, si estás tenso, se nota y la gente lo percibe.

De hecho hasta hoy mantienes ese lazo con la paya

-Sí, claro, sigo improvisando mucho cuando se puede. A fines del año pasado hicimos un hermoso concierto de payadores en Pichilemu. Hacía años que no cantaba ahí y fue una tremenda experiencia. Asistieron cuatrocientas personas. Payé con Hugo González Hernández, Cecilia Astorga, El Chocho Rubio y Rodrigo Núñez.

A propósito de tu permanente relación con la improvisación, ¿cómo ves a la nueva generación de payadores?

-Muy contento, como te comentaba, de compartir con Hugo que era parte de estos jovencitos que escuchaban nuestro el programa de la Radio Umbral y hoy son notables creadores, improvisadores, guitarroneros, poetas. Hugo en particular es uno de los más talentosos y polisémicos payadores de Chile, porque puede hacer un soneto al estilo Lope de Vega, así como hacer una muy buena décima improvisada o escrita. Es un artista completo. Siempre subirse al escenario con Hugo, es fantástico.  También es grato improvisar con Cecilia Astorga, que ha sido la pionera de las payadoras en Chile y tiene una voz impactante. Muchas veces hacemos con ella personificaciones en coplas y es excelente. Su crecimiento ha sido exponencial en estos últimos años.

Ahora que mencionas sonetos y décimas, es reconocido en tu carrera el interés por musicalizar a poetas chilenos casi olvidados…

-Como te comentaba, he estado en contacto con la poesía desde pequeño. Leo también prosa con humor, como la de Bryce Echenique cuando habla y se ríe de París, pero principalmente he sido un lector, declamador y musicalizador de poetas. De hecho, antes de hacer mi primera canción yo había musicalizado poemas de Pedro Prado, Pezoa Véliz, Neruda. “Mariposa de Otoño” es uno de mis primeros trabajos. Empecé con eso y demoré muchos años en publicar, de hecho sólo en la última década logré grabarlos en dos discos: El primero, llamado “Veintiún poetas chilenos”, que incorporó el trabajo de vates del  XX, y “Encanto de la lluvia”, editado por Mapa Records y disponible para descarga on-line. En este último trabajé con poetas nacidos antes de 1900, es decir, los decimonónicos, poetas casi olvidados como Jorge González Bastías, Pedro Antonio González, Mercedes Marín de Solar, Pedro Prado, Carlos Pezoa Véliz, Manuel Magallanes Moure. En fin, poetas que quiero mucho y considero debieran ser más recordados, pero Chile vive en un ejercicio permanente de amnesia, y con estas musicalizaciones intento traerlos al presente y lograr que nuevas generaciones los escuchen y conozcan. Intento que a través del canto, de mis presentaciones musicales, ellos vuelvan del olvido.

A mí me emocionan y me enamoran ciertos poemas, en particular los breves como los sonetos. Los poemas que son de una página son más fáciles de hacerlos canción. Con los de mayor extensión tendría que hacer una suerte de oratorio (risas) o un motete, ópera, sinfonía, no sé. Yo me enamoro de poemas que son como un golpe de página, hasta por cómo están dispuestas las letras en él. Es el caso de “Un desconocido silba en el bosque” de Jorge Teillier, que es una página con cuatro estrofas. También el poema de Neruda “Dónde estará la Guillermina”. En ambos casos la gente canta conmigo, y eso es muy gratificante, porque significa que el trabajo está bien logrado, logra llegar al público.

Entonces, volviendo al caso de los poetas decimonónicos, que se podrían declarar como olvidados por los medios de comunicación, renacen en un concierto en que la gente los vive. Eso es estimulante. También está el tema nemotécnico, es decir, que una melodía te recuerde un poema. Varios trovadores lo han hecho, como Serrat. Brassens mismo tiene bellísimas musicalizaciones de Verlaine, Víctor Hugo, y otros poetas franceses importantes. Tú puedes recordar el poema entero a través de la melodía. Eso es precioso, es una forma de volver a circular estos poemas, y como la gente lee poco, la canción da una dinámica y una dimensión distinta. Permite que los poemas estén en la gente, en el oído, en el inconsciente colectivo.

Imagino que es un trabajo complejo

-Es muy difícil, porque la idea no es cambiar el espíritu del poema, sino intentar mantenerlo, tratar de jugar con su sonoridad, con sus acentos, con su prosodia. Desarrollarlo más, con más fuerza, y lograr el objetivo más importante que es llegar al corazón de la gente.

Además, como el tema de la memoria ahora es frágil, ya que nos hemos acostumbrado mucho más a las imágenes, el trabajo de musicalizar tiene un sentido de recuperación de ese patrimonio antiguo de dos siglos de poesía.

A propósito de pasado y presente, ¿Cómo observas el desarrollo de la nueva generación de trovadores?

-Muy bien, en Chile en particular. Algo conozco de lo que se está haciendo en Argentina o España en donde encuentras trabajos interesantes, pero en Chile hay un fenómeno de la Novísima Trova se podría decir, que es muy diversa, muy interesante, y en que el protagonismo lo están teniendo las mujeres. Hay muchas y muy buenas creadoras en la canción de texto y no solo en el folclor, no solo en la trova urbana, sino que en la paya también.

En el Rock Carnaza, hace poco, me encontré con Gepe, cantamos en el mismo espectáculo. Él está trabajando con folcloristas de primer nivel, como Miguel Molina de “Los dos maulinos” y Claudia Mena, que es una maravilla. Presentó parte de un disco dedicado a Margot Loyola. Se ve que hay un respeto, una continuidad, como existe también con Brassens a quien los rockeros homenajean con versiones divertidísima de canciones de hace 50 años.

Que exista diversidad en la creación y en la interpretación es muy importante, porque trabajar solo un tipo de canto hoy es complicado. El escenario pide diversidad, ese oleaje de distintas vertientes…

Esa diversidad que mencionas, ¿crees que ha sido un factor relevante en tu permanencia, en tu constante porfía de cada lunes en el Mesón Nerudiano –espacio casi mítico- o en otros escenarios dentro y fuera del país?

-Ochocientos y tantos lunes ya en el Mesón Nerudiano. Espero llegar a los mil. Claro, también tiene que ver con esta diversidad, pero creo que además esta permanencia se relaciona con una pequeña virtud que tengo: ser sociable, estar en la vida. Es decir, un trovador que quiere vivir de su arte, que quiere expresarse en un país tan complicado como éste, para desarrollar el arte precisamente, tiene que estar disponible en el mundo, en la calle, en la vida social, en las embajadas, en grupos, en actividades políticas y en presentaciones, obviamente.

Además, quise tener un espacio ritual permanente, pero no para mi disfrute solamente, ya que he podido estrenar canciones creadas un sábado y dos días después las presento por primera vez para el público que asiste al Mesón, sino para estar a la porteé como dicen los franceses, es decir, al alcance. Que la gente pueda conversar contigo, intercambiar ideas, imaginar nuevos proyectos. Creo que hay que salir a la vida. Eso te hace conocer personas y disfrutar del cariño de los colegas y del público. Así que toda esta aventura loca, lunática -esto de los lunes- depende de la complicidad de los artistas y de la gente que asiste. Los artistas no van ahí porque se harán ricos, no, sino por el amor por el contacto, por pasarlo bien un rato, tomar un vaso de vino y hacer unas canciones a dúo. Ese encuentro fraterno y artístico que se va reeditando cada lunes desde hace veinte años, es una alegría tremenda que tiene que ver mucho con la presencia de esos amigos y amigas que ya suman cerca de 400 en todo este tiempo, muchos de ellos extranjeros.

Uno de los temas emblemáticos de tu repertorio es “El hombre es una flecha”, tema creado en 1978 y que al parecer hoy recobra sentido…

-Esa canción yo creo que la tendré que seguir cantando hasta el final de mis días, porque desgraciadamente tiene mucha vigencia. Es una canción que hice hace 40 años y fue segundo lugar en el festival “Una canción para el hombre” en el teatro Caupolicán. ¡Imagínate 5000 personas!, repleto el Caupolicán el ’78. Fecha difícil, a cinco años del golpe. La gente coreaba y aplaudía esa canción. La cantó Clarita Domínguez con su voz maravillosa, yo a la guitarra y Daniel Ramírez, que vive en París hace varios años, acompañó con flauta traversa. El ‘78 era el año de los Derechos Humanos, por eso se llamó “Una canción para el hombre”. Fue la canción favorita del público y desde entonces la he cantado en 30 países y 130 ciudades de Chile. La gente siempre la pide ya que es una canción universal, de carácter filosófico que intenta rescatar los problemas profundos que tiene el ser humano para avanzar, es decir, las barreras que se le imponen al ser humano.

Al estar vigente 40 años, pareciera que has logrado salvar muchas de esas barreras o lo intentas al menos. ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que te has enfrentado?

-Lo intento, sí, pero no todas se pueden salvar. Las comunicacionales son las más difíciles, porque en un país entre comillas normal, yo debiera ser un trovador que está viajando a cada rato, con premios luego de 40 años de trabajo. Imagina que yo he recibido premios en Francia, y en Chile no he tenido grandes reconocimientos. He recibido ciertos aportes a algunos proyectos a través de FONDART o del Fondo del Libro, pero no es un país que haya dicho, “Sr. Peralta, estamos muy contentos de su trabajo”, al contrario, cuando regresé de Europa el año ’80, en el aeropuerto un tipo mal agestado me mira, me pide el nombre y comienza a buscar en un libro para ver si estaba en alguna lista de exclusión. Yo pensaba, ¡pero si estoy llegando a mi país!, y esa sensación de no estar en mí país la he sentido otras veces. Siento que estoy en un país secuestrado en muchos aspectos, especialmente en el comunicacional.

A pesar de eso, me siento contento después de 40 años, de seguir cantando y viajar al norte, al sur o fuera del país, pero creo que a Chile le falta en lo cultural una mirada benevolente hacia sus artistas. Tengo siempre la sensación de que hay que estar dando prueba. Todo este sistema de proyectos en donde debes dar prueba de lo que eres, de lo que has hecho y de lo que puedes hacer. Entonces, no existe un reconocimiento por el trabajo hecho profesional e intensamente. Yo me entretengo en Chile, porque puedo ver, puedo disfrutar y dialogar los lunes en el Mesón con artistas de mi generación y la nueva, pero me molesta que mí país y el país de mis colegas pareciera no serlo,  y en cambio ser país de las grandes compañías que traen a sus artistas, que a veces son buenos y a veces pésimos, y con eso llenan estadios y Movistar Arena, y el arte nuestro, el chileno, queda relegado a una especie de segunda o tercera división.

Esta suerte de desdén no es exclusivo de la dictadura o de una ideología de derecha. Al parecer ha sido bastante transversal…

-Sí, bastante transversal desgraciadamente, pero yo soy un positivo, un optimista. Quejarse por quejarse no tiene sentido. Lo que hay que hacer es actuar, ¡Agir! dicen los franceses. Hay que hacer cosas, proyectos. Teniendo proyectos se mira el futuro de otra forma. Si tú te dejas golpear, molestar por el ambiente cultural no sigues creando, te paralizas.

Y en lo venidero creativamente, ¿hacia dónde se dirige la flecha de Peralta?

-Ahora estoy terminando un disco de canciones infantiles. Seguramente se estrena en Marzo. Ya está casi todo grabado. La portada está siendo diseñada por un pintor maravilloso que se llama Guillermo Greve. Él creará las imágenes de los personajes de estas canciones. El disco tendrá una versión de “Tú eres un monstruo”, tema grabado con orquesta en un disco del año ’83, pero ahora saldrá solo en guitarra, porque es un disco trovero, para niños de hoy, pero trovero. Contendrá canciones infantiles inéditas que he compuesto en los últimos años. Una de ellas, y la que da nombre al disco se llama “La comarca fabulosa. Canciones para niños de cualquier edad”, premiada en el primer concurso Vittorio Cintolesi, que era el autor de las canciones de Pin Pon.

También estoy participando como autor en el libro “Historia de Chile en décimas” (LOM Ediciones), junto a otros payadores. Creo que marcará un hito, ya que será la primera historia de nuestro país, de sus sucesos, personajes populares, pueblos originarios, relatados en décimas. Se lanzará en septiembre del 2019.

Y seguiré con mis lunes, ya no Brassensianos, sino Peraltianos en el Mesón Nerudiano, y los miércoles Peraltianos en Valparaíso. Obviamente viajaré, espero viajar mucho y seguir enamorado del hecho artístico. A mí me encanta el escenario y vivir la maravilla que se produce en él. Por ejemplo, el otro día cantamos con el Pato Liberona una canción bellísima de su autoría (canta): “Alguien debe subir al escenario, con el alma transida de milagros”, una belleza de canción.

Compartir la música ha sido un regalo para mí. Yo me enamoro de mis colegas hombres y mujeres que se suben conmigo al escenario, porque ahí se crea una fuerza, una atracción, un cariño que, en definitiva, es lo que nos permite vivir.

Eduardo Carrasco: "Soy un cantante sin público, ya me acostumbré"


sábado, febrero 02, 2019

Amor, locura y muerte con Fito

Por Leila Guerriero
Entrevista
El Mercurio

"Sábado" estuvo con el gran músico argentino en su casa de Buenos Aires y en los ensayos antes de un concierto en Nueva York. Entre uno y otro lugar, habló de sus excesos, del día en que conoció a Charly García, del asesinato de su familia, de su carácter tirano y de cómo ha sobrevivido a los fracasos.



Ninguna de las cosas que suceden cuando una estrella de rock cruza una calle -ese chisporroteo que produce cada una de sus partículas singularísimas al entrar en contacto con el aire común, esa reverberación de las esquirlas de su fama- sucede cuando Fito Páez baja de un taxi a las cinco de la tarde del 12 de agosto de 2018 frente a la puerta de Museum, la discoteca del barrio de San Telmo, Buenos Aires, donde esa noche dará un concierto presentando su último disco, La ciudad liberada , y cruza. Llega a la hora exacta en que empezará la prueba de sonido, usando un pantalón gris de gimnasia, una campera negra y gafas de sol, aunque no hay sol y hace un frío violento. Camina con el mentón alzado, sacando pecho, como si el torso estuviera sostenido desde lo alto por un hilo invisible. El pelo corto, la barba más clara en el mentón, el rostro montado duramente sobre sus huesos, tiene el aspecto que cualquier persona podría tener un sábado en la tarde. No lleva el apresuramiento paranoico que sirve para evitar fans , ni la mirada fija en el frente como estrategia para evadir curiosos. Antes de abrazar a dos o tres personas de su equipo que están en la puerta -pegadas a sus teléfonos celulares, con el rostro que denota prisa y tensión que se utiliza a modo de uniforme de trabajo- se quita los anteojos. Después entra en Museum y no queda nada que indique que una de las mayores estrellas de rock de América Latina ha pasado por allí.

Dos días después del show en Museum, el 14 de agosto a las tres de la tarde, suena el timbre en un piso alto de un edificio de estilo francés ubicado en Retiro, frente a la plaza San Martín, una de las zonas más elegantes de Buenos Aires. Una voz dice:

-Ya pido que le abran.

Un portero de saco y corbata se acerca y abre. El ascensor antiguo sube rápidamente hasta el piso donde una mujer, en la puerta del departamento de Páez, espera.

-Pase, Fito ya viene -dice Mimí, que trabaja desde hace cinco años en la casa ocupándose de los dos hijos de Páez y haciendo toda clase de tareas.

El recibidor lleva una sala pequeña. En el centro hay una mesa oval y sillas Tulip blancas. Las paredes están cubiertas por bibliotecas donde los libros igualan en cantidad a las películas en VHS. Fito Páez llega de inmediato, usando un pantalón de gimnasia, un buzo amarillo.

-Estuve trabajando hasta recién en el guion de la película.

-¿Qué película?

-La próxima.

Siempre hay algo. Un disco, una película, un libro, un concierto a beneficio del colegio al que va uno de sus hijos: algo. El movimiento -que iba a ser perpetuo- comenzó en los 80 y trajo hasta hoy, además de tres libros y tres películas, veintitrés álbumes de estudio y cuatro en vivo, uno de ellos, con más de un millón de copias, el más vendido del rock argentino.

-Ahora esto parece Buckingham, pero cuando estoy trabajando es un basurero. Partituras, canciones, pianos, teclados.

Vive aquí con Eugenia Kolodziej, su pareja desde hace cuatro años y medio, y sus dos hijos, Martín, de 19, de su matrimonio con la actriz Cecilia Roth, y Margarita, de 14, de su relación con la actriz Romina Ricci.

-Yo no sé si me tengo tanto respeto. Pero sí le tengo mucho respeto a lo que hago. Supongo que soy un payaso. Pero cuando me siento delante de un grupo de músicos, cuidado con eso.

Esta podría ser la historia de un chico criado por su padre y sus abuelas, que se mudó a Buenos Aires donde a los 19 tocaba en la banda de un prócer del rock nacional, que se hizo solista, que tuvo éxito. Que el 28 de septiembre hará un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York. Podría ser esa historia. Solo que hay que tener en cuenta toda esa muerte, toda esa sangre derramada.

El 13 de marzo de 1963, cuando nació en la ciudad de Rosario, Margarita Zulema Ávalos, su madre, tenía 33 años. Estaba casada con Rodolfo Páez, empleado municipal.

-Cuando nazco no le sacan bien la placenta. Eso es lo que le genera la mola. Una masa de células de la placenta que se convierten en tumor. Cuando determinan que era una mola ya era tarde.

Margarita Páez murió cuando su hijo tenía ocho meses, y su marido continuó viviendo en la casa donde ya vivían, en la calle Balcarce, junto a su propia madre -Delia Zulema, apodada Belia- y su tía Josefa.

-Posiblemente en esa muerte de mi madre haya habido una especie de espada de Damocles que dice: "Nunca te vas a olvidar de lo que es importante". Y lo importante es el amor y la ausencia de las personas amadas. Pero también te da la idea del sinsentido. Mis excesos también tienen que ver con ese llamado de mi madre. Pero para eso tengo un método. Fumo solo cuando bebo, y bebo una vez por semana, si no tengo ni ensayo ni show . Y como un cosaco. Desde las 7, 8 de la noche, hasta la mañana siguiente. Hay algo ahí, derivado de mi madre. En los excesos está la ida al ataúd, al llamado de ella. ¡Y de paso, aprovechás y tomás más de la cuenta!

En Rosario no había abundancia. Se comía carne barata, la ropa era de segunda marca, pero cada sábado acompañaba a su padre a comprar uno o dos discos y todas las semanas iban al cine. Hizo la primaria en un colegio público y la secundaria en uno privado que nunca terminó: todavía debe inglés y matemáticas. Mientras, tomaba clases de piano.

-El momento en que dije "es esto" tenía 13 años. Fue el 7 de agosto de 1976 en la fundación Astengo viendo La máquina de hacer pájaros, la banda de Charly García. Nunca había estado en un lugar donde hubiera gente con esa energía. En mi casa era todo "Padre nuestro que estás en los cielos", tomé la comunión, hice catequesis... Yo me quería escapar de ahí. Me aburría. Por suerte apareció Charly.

Ese día Charly García y su máquina de fabricar peligro transformaron al niño sin madre en un pequeño Jeckyll que había probado sangre y que ya no descansaría hasta hacerla su alimento principal. Lo que siguió fue fulminante: tuvo dos bandas en el colegio, tocó y compuso en la de un gran músico rosarino, Juan Carlos Baglietto, y decidió mudarse a Buenos Aires.

-Vivía en un departamento de La Boca. Comía caramelos y mate. Ese era el menú. Cero peso. Y un día me llama un productor y me dice "Charly García te quiere ver porque va a hacer una banda". Esa noche no dormí. Fui a la oficina al día siguiente. Y García estaba allí. Allí.

Hace pendular el brazo señalando un rincón, como si estuviera viendo la figura de ese héroe que había escrito la banda de sonido de su adolescencia.

-Nos llevó en taxi a su casa, a escuchar Clics modernos . Yo no lo podía creer. Después, en los ensayos, nadie me daba bolilla. Nadie me miró. Yo me sentía completamente humillado. Y a la vez atento. Tenía que estar ahí. La primera vez que se me acercó Charly fue el viernes de la primera semana. Yo estaba tocando con cuatro dedos, me levantó dos y me dijo: "Es así". Y eso fue todo.

Eran tiempo veloces: conoció a la cantante Fabiana Cantilo, se enamoró, estuvieron juntos años que no fueron serenos. En 1984 grabó su primer álbum solista, Del 63 , elegido el mejor del año por la revista Pelo ; y en 1985 el segundo -Giros -, con el gen indestructible de hits como "11 y 6" o "Yo vengo a ofrecer mi corazón". Lo presentó el 6 de diciembre en el Luna Park ante miles de personas. Estaba empezando a brillar y a punto de quedarse solo.

-El 6 de diciembre hice el Luna, y mi viejo murió el 23. Habrá dicho: "Bueno, está bien, si ya llenó el Luna Park". Y al año fue el asesinato.

-En poco tiempo te quedaste...

-En un año.

En noviembre de 1986 estaba en Río de Janeiro, tocando. El día 7 su abuela Delia, de 76 años, su tía Josefa, de 80, y la empleada doméstica Fermina Godoy, de 33 y embarazada de seis meses, aparecieron asesinadas en la casa de la calle Balcarce. Él dormía cuando el director artístico de la EMI le avisó por teléfono: "Lo que te voy a decir es una noticia muy difícil".

-En un momento fui a buscar a la hinchada de Rosario Central para que me ayudaran a encontrar al que las había matado. Yo estaba armado con una 22. Quería ir a buscarlo y vengarme. Pero muy pronto entendí que abrazarte a la idea del amor es infinitamente más poderosa.

El 25 de agosto de 1987 una serie de casualidades llevaron a la policía a dar con el asesino, Walter Giusti, que fue condenado a cadena perpetua y murió de HIV en 1998.

-A mí siempre me criticaron, me dijeron de todo. Pero cuando tenés la conciencia de la muerte, todo te da risa. Las horas que me paso escribiendo y con el piano borran el ruido de la muerte golpeando la mesa con el martillo. Que es todo el día.

Después de la muerte de su familia, Páez habitaba un universo zombie: se había separado de Fabiana Cantilo, vivía en un estudio de grabación. Un día miró el mapamundi, puso el dedo en cualquier parte y cayó sobre Tahití. Le dijo a su amigo Alejandro Avalis, su actual stage manager : "Vamos". Arrastró, hasta ese mar de cristal, el infierno que llevaba dentro y allí compuso el disco que crecía en él como una araña rabiosa: Ciudad de pobres corazones . El disco, cuyo corte decía "En esta puta ciudad / todo se incendia y se va / Matan a pobres corazones", desorientó a las discográficas y al público, habituado a la energía utópica que emanaban sus canciones. Las radios se negaban a pasarlo porque contenía la palabra "puta". En 1988 entregó su siguiente disco, Ey! , y en la EMI le dijeron: "No vemos ni un solo tema". Editaron a regañadientes esa placa y le anularon el contrato. De modo que su siguiente disco, Tercer mundo , lo grabó sin compañía. Pero la Warner se interesó: le pagaron un adelanto con el que le propuso a Avalis ir a Europa para editar el disco allá. Les fue mal, pésimo y peor. Estaban en España, sin dinero, cuando desde Buenos Aires les avisaron que el disco había vendido 30 mil discos en veinte días. Páez regresó y encontró la ciudad empapelada con su rostro, anunciando el concierto en un teatro, mientras él vivía en una casa derruida usando un cajón de manzanas como mesa de luz.

Entonces, magia: atravesó el Río de la Plata hacia Punta del Este en una marcha que empezó sin gloria y terminó triunfal.

Cecilia Roth, una actriz argentina que había pasado una década de exilio en España donde había trabajado con Almodóvar, había regresado a la Argentina y se había transformado en alguien con quien todos querían trabajar. Ese año estaba en Punta del Este. El 11 de febrero se hizo una fiesta de disfraces en la que coincidieron. Hablaron durante horas. Al día siguiente la llamó, le cantó por teléfono "Ansiedad de tenerte en mis brazos...", y la invitó al cine.

La historia de amor de Páez y Roth fue como el encuentro de capas tectónicas, y produjo un efecto similar. En 1992, un año después, Warner editaba un disco llamado El amor después del amor del que se hicieron treinta mil copias estimando que se venderían en dos meses. Se vendieron en tres días. Hoy, con más de un millón de copias, es el disco más vendido del rock nacional.

Es 21 de agosto , tres de la tarde, y al otro lado de las puertas del departamento se escucha el sonido de un piano. Mimí abre la puerta y Páez aparece con un movimiento elástico, como si se dispusiera a saltar.

-Estaba haciendo algunas escalas -dice, sentándose-. Margarita, hija, ¿qué hacés acá, no tendrías que estar en casa de tu madre?

Margarita, la hija de 14 años que tuvo con la actriz Romina Ricci, atraviesa la sala contigua con paso de duende, saludando desde lejos.

-A Martín lo adoptamos en el 99. Llegó sobre el final de la relación. Pero fueron unos años hermosos. Cecilia jugaba en las altas ligas. Yo estaba entrando. Hay un momento de todo ese delirio que te toma. No podés bajar a la puerta a comprar cigarrillos, tenés a las fans en la puerta de tu casa cantándote tus canciones. Y no sé si no empezás a creerte algo. Que es la parte más peligrosa.

La gira de El amor después del amor se cerró en el estadio de Vélez, donde entran 40 mil personas, el 24 y 25 de abril de 1993. Él agregó otra fecha y donó todo lo recaudado (se habla de un millón de dólares) a Unicef.

-Había hecho 200 conciertos en un año y medio, una cosa delirante. Le digo a la discográfica: "No puedo más, déjenme de hinchar las pelotas". Y la discográfica y Fernando Moya me dicen: "No, tenés que grabar otro disco por contrato". Me obligan. En pos del vil metal. Lo que considero un gesto de una violencia impresionante. Pero yo, totalmente vacío y con esa presión encima, descubro en mí una fuerza inhumana. Y en esa jaula de oro hago Circo Beat .

Circo Beat se lanzó en 1994 y vendió 250 mil copias. Para entonces tenía prestigio, popularidad, dinero. Y decidió dirigir películas. A fines de los 90 empezó a rodar Vidas privadas , un proyecto en el que invirtió buena parte de lo que había ganado (el resto lo invirtió en el estudio de grabación Circo Beat, que tuvo que vender en 2013), y que cuenta la historia de una mujer que es torturada durante la dictadura argentina, que da a luz en cautiverio a un hijo al que cree muerto, que se exilia y regresa a su país en democracia, cuando contrata a un taxi boy para que le lea relatos eróticos. El chico es hijo de desaparecidos, pero no lo sabe, y la historia termina en incesto.

-Para decirlo claramente, estaba filmando mi Edipo con mi madre muerta representada por quien era mi mujer, Cecilia. Se estrenó el film en San Sebastián y no pasó un año y ya estábamos separados. No podés filmar el Edipo con tu mamá muerta, con tu mujer haciendo de tu mamá. Saltó todo por los aires.

Cuando se estrenó en San Sebastián en 2001, el diario El País publicó una reseña: "Todas las expectativas naufragaron (...) por un guion torpe (...); un libreto que acumula situaciones de tensión insoportable cuya falta de gradación las va anulando sistemáticamente una tras otra".

-En un momento vivíamos en un departamento pegado a la vía -dice su amigo, el músico Fena della Magiora-. Abajo del sillón donde él dormía, guardaba veinte cajas de casetes con puchos de cigarrillos apagados. Era todo un kilombo.

-Ahora dicen que es muy ordenado.

-Lo ordenan. Tiene un ejército de secretarios y sirvientes. Tiene vida de súper estrella. Y se la merece. Es un clásico que se va a recordar por siglos. Pero como director de una banda es un tirano. Yo lo llamo Máximo Romano. Es un emperador. Trata a los músicos como el orto. Pero el noventa por cierto se lo banca. Porque la compensación es grande. Viajes, mucha guita, prestigio.

-La construcción de una obra requiere de elementos que muchas veces no están ligados al hedonismo sino a la disciplina -dice Páez en su casa-. Me dicen tirano y no sé si soy tan tirano. Prefiero que me teman, igual. Cuando todo el mundo dice "ya está", yo digo: "No, está muy lejos de lo que quiero". Pero está bien, no me molesta. No admiro a ninguna persona que no haya sido tildada de tirana. Vamos bajando que tengo que ir a grabar una canción con Fena.

Sale de la sala y reaparece en dos minutos con pantalones negros y un suéter de cuello alto. Toma una llave y se acerca a la puerta.

-¡Arreglen comida sanita para la noche!

Cierra la puerta y, mientras espera el ascensor, dice:

-Dios. Nunca pensé que iba a tener que decir una cosa así.

El miércoles 22 de agosto a las tres de la tarde está en su casa, en pijama a rayas blancas y azules. Mimí llega con un plato. En el centro hay algo redondo, rojo.

-¡No! No me hagas comer esto, Mimí.

-Piense en el traje que le va a quedar divino en el Carnegie.

Mimí desaparece, dejando sobre la mesa el plato, el círculo rojo, una ensalada, un vaso de agua.

-Me quieren bajar cuatro o cinco kilos para el Carnegie. Estoy muy panzón. Flaco con panza es lo peor. Si me da asco no lo como.

Si ya había sido un cinéfilo que sintió la pulsión de dirigir, devino un lector que sintió la pulsión de escribir y, en 2007, publicó la novela La puta diabla (Mansalva); en 2017 Diario de viaje (Planeta), y en 2018 Los días de Kirchner (Planeta).

-Quiero problemas nuevos. No hay nada que perder. En mi vida fueron dos picos. El amor después del amor y Circo beat . Después todo fue pelea. Hasta hoy. Este año hicimos 40 conciertos, en condiciones a veces no muy óptimas. Me encanta tener que llegar a fin de mes. Acá hemos pasado momentos, este año y el año pasado, de economía de guerra. Charla familiar, se come tal cosa, no hay taxis.

Después de Circo Beat , aunque los megaestadios y las megaventas no se repitieron, siguieron muchos discos ( Euforia , Enemigos íntimos , Abre , Rey sol , Naturaleza sangre , Rodolfo ) y entre 2007 y 2009 recibió tres Grammy consecutivos. En 2011, cuando Mauricio Macri ganó las elecciones para jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires con el 47 por ciento de los votos sobre el candidato kirchnerista, la fuerza política que gobernaba el país, Páez escribió un texto que fue publicado por Página/12 : "Da asco la mitad de Buenos Aires (...) Buenos Aires quiere un gobierno de derechas". La reacción fue inmediata: las redes sociales explotaron con comentarios como "artista en decadencia" y, desde ese momento, cada una de sus acciones fue inspeccionada con lente de aumento.

-Se armó un kilombo bárbaro. Pero ahí hay algo simpático. Todos estos años me paseé por la calle sintiendo la energía de la gente que pensaba: "Sos un falopero, sos una mierdita". Ahora, cuando me cruces por la calle, vas a saber lo que pienso de vos. Una sweet revenge , con hidalguía. Las cosas que me preocupan son otras. Mis hijos. Sé que no soy tan bueno como creo, ni tan malo. Al final, todo es para intentar llevar una vida más linda. Sin obviar, por supuesto, la maldad, el terror, todo lo que también convive en nuestra casa. Esto... -dice, abriendo los brazos- ...es el palacio del horror y también de la belleza.

Los ensayos para el concierto del Carnegie Hall se llevan a cabo durante cinco días en el estudio Santito. Páez llega siempre puntual, en torno a las cuatro. El primer día usa un pantalón de gimnasia, una camiseta y una campera azul de tela polar. Durante toda la semana llevará diversas versiones de lo mismo. Al llegar, se dirige directamente a la sala donde los músicos -Juan Absatz en los teclados; Juani Agüero en la guitarra; Diego Olivero en el bajo; Gastón Baremberg en la batería y la cantante Ana Álvarez de Toledo- ensayan desde temprano. Cada vez que entra, el aire parece contraerse, como si llegara rodeado por su leyenda (como si allí, mucho más que en cualquier otro sitio, fuera todas las portadas de sus discos y todos sus recitales multitudinarios), y no demora más de un minuto en empezar a tocar. En Nueva York tocarán con una orquesta de 21 músicos, y su insistencia en la regulación del volumen para que banda y orquesta se acoplen bien es una doma lenta y precisa. El segundo día, cuando han arrancado a tocar "Cadáver exquisito", Páez los detiene.

-A ver, Juani, tocalo solo.

Se queda de pie delante del guitarrista que intenta dos, tres veces sin lograrlo. Entonces levanta un brazo y señala la puerta.

-Andá a estudiar. Lo quiero en quince minutos.

Después de las dos primeras horas de ensayo, marca una pausa de quince minutos durante la cual repasa el guion de la película o habla por teléfono con alguno de sus hijos, mientras los músicos toman té en la recepción. Ninguno de ellos le dice Fito, sino Rodolfo.

-¿Rodolfo, puedo ir al baño? -pregunta un día el baterista.

-Andá- le dice Páez.

De regreso, antes de sentarse frente al instrumento, el baterista chequea su teléfono.

-Era para el baño, no para el teléfono.

El 28 de septiembre de 2018, Fito Páez se presentó en el Carnegie Hall de Nueva York. Llegó a la ciudad acompañado por sus hijos, Eugenia, y amigos a los que les pagó el viaje. Salió al escenario con un ambo color calipso de Paul Smith, botas anaranjadas, y dio un recital fulminante ante una sala repleta. Cuando terminó, fueron todos a un bar y, más tarde, regresaron al hotel para continuar celebrando, pero descubrieron que el room service no servía alcohol después de las dos de la mañana. Entonces él, junto a sus amigos, recorrió los cuartos en los que estaban hospedados recolectando ínfimas botellas de whisky y vodka de los frigobares para mezclarlas con gaseosa. Mientras tanto, en todas partes, la prensa decía que había dado un recital consagratorio.

"Volví a ser la misma persona decepcionante que era antes"

Guillermo Tupper.
Vidactual
El Mercurio

Tras una pausa de seis años, Jason Pierce regresó con "And Nothing Hurt", un disco que podría ser el último firmado por su banda, Spiritualized. Aquí habla de la crisis del formato álbum, su rechazo a la cultura de la nostalgia y la enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte.



Cuando estaba haciendo su último disco, Jason Pierce (53) tuvo una idea: escribir una canción similar a la versión que Frank Sinatra hizo de "September Song", un estándar de Kurt Weill que data de 1938 y que también fue recreado por artistas como Ella Fitzgerald, James Brown y Lou Reed. El resultado fue "Let's Dance", cuya letra inmortaliza a una pareja madura que conversa en un bar. "Se hace tarde y están guardando todos nuestros sueños", canta. "Debería escapar, pero prefiero quedarme y bailar".

Con su tenue línea de piano, "Let's Dance" encarna el sentido de aceptación de un hombre que ya inició la segunda mitad de su vida, una temática central que cruza "And Nothing Hurt", la octava placa de Spiritualized. "Quería que el disco reflejara a alguien de mi edad", dice Pierce, con una voz cansada luego de un largo día de entrevistas telefónicas. "Siento que mucha gente hace discos copiando la forma en que ellos eran a los 20 o 30 años. Intentan ser las mismas personas y yo no quería fingir que soy más joven. Debido a eso, (la canción) tiene que ver con el paso del tiempo, la nostalgia y un sentido de quién soy ahora".

Por más de treinta años, la música de Pierce siempre trascendió los estilos dominantes de su época. En los 80, y bajo el alterego de J. Spaceman, fue uno de los capitanes de los embrionarios Spacemen 3, una banda que exploró la retroalimentación entre las drogas y el rock como acicate creativo. Tras su disolución, subió la apuesta como líder y fundador de Spiritualized, un proyecto en el que envolvió sus remolinos sónicos en estructuras de canción menos radicales y que alcanzó su cumbre con "Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space" (1997), elegido por el semanario New Musical Express (NME) como el mejor disco de aquel año, superando a portentos como "OK Computer" de Radiohead y "Urban Hymns" de The Verve.

En septiembre pasado, y tras una pausa de seis años, Spiritualized retornó con "And Nothing Hurt", un álbum que Pierce desarrolló y ensambló principalmente en el laptop de su casa de Londres, debido a la falta de financiamiento, y en el que reflexiona sobre la soledad, la fragilidad humana y su propia mortalidad. En el 2005, el cantante estuvo cerca de morir por una doble neumonía que detuvo su corazón y, poco tiempo después, por una severa enfermedad al hígado. Sin embargo, y tal como su título sugiere ("Y nada duele"), Pierce se distancia del dolor y le da la bienvenida a lo inevitable sin arrepentimientos.

-¿Su enfermedad cambió su forma de enfrentarse a la música?

"Probablemente, pero no lo sé. Perdí mucho de autoconfianza después de que me recuperé. Ahora puedo sentir que tenía esa arrogancia y estupidez de la juventud que, creo, es una gran parte de lo que hace al rock n' roll excitante. Pero lo dije en su momento: creo que volví a ser la misma persona decepcionante que era antes. Veo a personas que realmente cambian a partir de experiencias como aquella y se vuelven más caritativos, cariñosos y modifican sus vidas completas. Mi vida pareciera ser la misma: suena un poco ingrato, porque estuve muy agradecido de salir de todo eso. Pero parte de mí esperaba un cambio más grande".

Los hombres del espacio

Cuando era adolescente, Pierce pasó por una tienda de discos y quedó flechado con la imagen de un cantante de pantalones plateados y chaqueta de cuero con la imagen de un gato salvaje. Aunque no sabía de quién se trataba, compró el disco igual: era "Raw Power" de Iggy and the Stooges. "Creo que es la cosa más afortunada que alguna vez haya hecho", dice. "Volví a casa y empecé a descubrir esta gema arqueológica que nadie de mi círculo cercano conocía. Cuando eres joven, es muy importante encontrar tu propio pedazo del mundo, algo que sea único para ti. Y (ese disco) cambió mi vida: a partir de Iggy Pop, descubrí un hilo que seguía con Lou Reed, Sun Ra, MC5... todo hizo sentido".

En Rugby, una ciudad del condado de Warwickshire, Pierce formó Spacemen 3 con Pete "Sonic Boom" Kember, un amigo con el que pasaba de la música pop británica de moda. "No es que no me gustara nada (del pop inglés), pero había todo un mundo ahí afuera que no incluía a la música contemporánea, en la que parecía que todo el mundo quería venderte algo", recuerda. "Hay algo que tiene el escuchar música fuera de tu tiempo, que es como un llamado del cielo. Me encanta la música doo-wop, la que, obviamente, está vinculada a los años 50 e inicios de los 60, pero, para mí, suena como si viniese del espacio exterior. Podría escuchar 'Duke of Earl' -de Gene Chandler- hasta el final de los tiempos y a Patsy Cline por la misma razón. Te transportan en distintas maneras".

-Usted tiene fama de perfeccionista y dijo que se "volvió loco" con la grabación de "And Nothing Hurt"...

"Sí, más o menos. En parte, porque siento que es más complicado (hacer discos) a medida que envejeces. Conozco algo del proceso y cuán obsesivo llego a ser: excluyo todas las otras cosas que amo en la vida, como mi familia. Y ahora que estoy más viejo también siento una mayor responsabilidad de que un álbum no debería ser tomado a la ligera. Veo a muchos (músicos) lanzando álbumes como un medio para volver a salir de gira. Y, no sé, pienso que los discos merecen más respeto que eso".

-En los últimos años tuvo ofrecimientos para reformar a Spacemen 3, pero nunca aceptó. ¿Es poco sano mirar al pasado?

"Sí, totalmente, y eso solo ocurre en la música, y con los actuales oyentes, que les piden (a sus bandas favoritas) que hagan lo que hacían a los 19 años. Tú nunca le dirías eso a un pintor o a un escritor: 'Hey, te doy un montón de dinero para que escribas un libro como el que hiciste a los 19'. A pesar de que no tenía financiamiento para hacer mi último disco, el dinero nunca ha sido una motivación en mi vida. No estoy interesado. Puse la vara alta para mis propias metas, no pongo la vara alta para las metas de alguien más. Cada vez que hago un álbum veo si puedo saltar por encima de esa vara y, después, qué tan alto puedo ir la próxima vez. La idea de caminar hacia atrás me parece una locura".

Un disco de ruptura

En el 2016, y a pesar de su reticencia a vivir de glorias pasadas, Pierce se embarcó en una serie de conciertos en los que recreó "Ladies and Gentlemen..." con un coro gospel y una orquesta. Según el cantante, desde un comienzo quería que "And Nothing Hurt" explorara las mismas áreas que su disco de 1997 y la gira sirvió para recordarse a sí mismo cómo era recrear aquel sonido exuberante y contrastarlo con el tono casero de su material más nuevo. "Es extraño", dice. "Mi banda y yo nos dimos cuenta de que más de dos tercios de 'Ladies...' es free-jazz alocado e improvisado, pero tiene estos pequeños pasos que te permiten entrar en él, como esos pequeños retazos de música clásica europea. ¡Pero es un disco bastante difícil! No es un disco de canciones que te llega de manera directa. No sé por qué la gente se apegó a él de la manera en que lo hizo".

-Yo tengo una teoría: "Ladies and Gentlemen..." es un disco de ruptura y la gente se identifica con eso...

"Eso es bueno, ¿no? Hace algún tiempo fui a un concierto de Kris Kristofferson, justo para su cumpleaños número 82, y la audiencia completa coreaba cada una de sus palabras. Fue muy conmovedor y me di cuenta de que las canciones ya no pertenecían a Kristofferson: a pesar de que él las interpretaba, eran de las personas de la audiencia que se habían enamorado o desenamorado con ellas. Si hay una cosa que le puedes pedir a un autor es la verdad: si eres honesto en lo que escribes y dices, después eso viaja hacia un tipo de conexión que se pierde para el autor. Cuando escuchas 'I Can't Stop Loving You' de Ray Charles, no hay un solo momento de mi vida en el que haya pensado '¿a quién Ray Charles no podía dejar de amar?'. No tiene que ver con eso, sino que tú relacionas aquellas palabras con tu propia vida. Es un extraño tipo de magia que no obtienes de otras formas de arte".

-Hace algún tiempo anunció que "And Nothing Hurt" podría ser el último disco de Spiritualized. ¿Lo mantiene?

"Sí, tal vez. No es que iba a dejar la música, sino que, al hacer un disco, quiero que cada pieza sea utilizada como parte de un todo. Cuando tienes un disco, yo me imagino que es como una cinta de casete que pones en la radio del auto y que te lleva en un viaje en el que funciona de principio a fin. Y eso es lo que encuentro difícil, ¿sabes? Quizás el mundo ya no usa más los discos de la misma manera. La gente parece escuchar su música en orden aleatorio o solo pedacitos de canciones. Y yo todavía visualizo mi música y los discos de Spiritualized de la forma antigua. Cuando empiezo a hacer un disco sé que son dos años y medio de mi vida que se van. Necesito romper con eso y encontrar una forma alternativa de hacerlo".

Andy McCluskey, de OMD: "No tengo la necesidad de publicar lo que almorcé o si acabo de ir al baño"

Bárbara Alcántara
Vidactual
El Mercurio

Después de cuarenta años de carrera, los íconos del pop de sintetizadores debutan en Chile este sábado en el Teatro La Cúpula. La voz y principal compositor de Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD) conversó con "El Mercurio" sobre sus inicios, el reggaetón y, cómo no, la tecnología.



Ella llega vestida de rosado de pies a cabeza, se ve despampanante con el vestido que ha confeccionado gracias a restos de uno que le regaló su padre y otro que pertenecía a su mejor amiga. Tomada de su mano está su amigo Duck, sin embargo, ella está enamorada de Blane, un chico popular que la plantó e ignoró pero está arrepentido de haberlo hecho. Se saludan y se miran con amor, pero Blane abandona el lugar; ella lo sigue previo visto bueno de Duck y lo alcanza en el estacionamiento en medio de una noche lluviosa. Luego se abrazan y se besan al son de "If you leave", de Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD).

La secuencia relatada es el desenlace de "Pretty in Pink" (1986), clásico del cine adolescente de los ochenta, dirigida por Howard Deutch y escrita por John Hughes y monumental vitrina para los británicos OMD, agrupación configurada por Andy McCluskey, bajista y voz principal, y Paul Humphreys, en los sintetizadores y coros. Los compositores se dieron a conocer por la mencionada canción que fue concebida en una noche, "Hughes siempre fue un gran seguidor de la música inglesa, por lo tanto nos pidió un tema para la escena de la fiesta", dice Andy al teléfono, desde su casa ubicada en las afueras de Liverpool, y agrega que para ello "escribimos 'Goddes of love', sobre la que John dijo que le parecía bien, pero el final ya no era el original y la letra no tenía sentido por lo que tuvimos que escribir 'If you leave' en unas horas ya que al día siguiente nos íbamos de gira por Estados Unidos".

Once años antes, en 1975, McCluskey tenía dieciséis años cuando escuchó por primera vez "Autobahn" de Kraftwerk, canción que le causó una revelación en cuanto a la música que quería escuchar, pues "esto es diferente, no es rock cliché y sus letras son más interesantes que 'Uh, I love you baby'. Además el hecho de que fueran de Alemania los hacía parecer más misteriosos y excitantes". Después rememora sobre la primera vez que los vio en directo en el Teatro Liverpool Empire, "fue el 11 de septiembre de 1975, me senté en el asiento 236 y ese fue el primer día del resto de mi vida porque el concierto me cambió para siempre, ahí decidí que era eso lo que haría en el futuro".

En ese entonces el creador de "Sailing on the Seven Seas" ya tenía un bajo y Paul, a quien conocía desde la escuela primaria, lo invitó a tocar en la banda de un amigo. Con el paso del tiempo la química entre ambos se acrecentó debido al interés que uno y otro manifestaba por "la música electrónica rara", por lo que decidieron conformar su propio conjunto. Con instrumentos hechos por ellos mismos en un comienzo y luego con sintetizadores y teclados, el 12 de octubre de 1978 debutaron como Orchestral Manoeuvres in the Dark. Posteriormente y secundados por el sello de Tony Willson, Factory Records, publicaron su primer single, "Electricity", con una portada creada por Peter Saville, famoso por haber diseñado carátulas de Joy Division y New Order.

El resto ya es historia, con el paso de los años dieron vida a éxitos como "Dreaming", "Enola Gay" y "So in Love", entre otros. A pesar de una separación que alejó a Humphreys por quince años de la banda, OMD cuenta con un catálogo de trece discos a lo largo de sus cuarenta años de carrera. El último, rotulado como "The Punishment of Luxury" (2017), mantiene los sonidos electrónicos y sintéticos que los deslumbraron en sus inicios junto con un toque industrial y un mensaje antiexcesos materiales.

-Fueron cinco años desde "English Electric" (2013) a "The Punishment of Luxury", ¿qué tal el regreso?

"Lo que no queríamos era hacer un nuevo disco desastroso, para eso no lo hacemos y podemos seguir de gira con los antiguos éxitos. La parte más dura de estar en una banda por tanto tiempo es encontrar algo nuevo que decir, a nivel lírico y musical. Debido a esa búsqueda nos tomó bastante tiempo porque realmente queríamos hacer algo bueno y creo que lo logramos, así que ha sido muy satisfactorio".

-Ustedes crearon su música gracias a la tecnología, ¿qué piensa de cómo ha influido en la humanidad?

"Creo que una cosa es ser dependiente de la tecnología, porque lo somos, y la otra es ser adicto a las redes sociales. Tiene mucho que ver con la adaptación a las veinticuatro horas de conexión y el aprendizaje de la gente a desconectarse. Mi vida es lo suficientemente interesante para no tener que estar leyendo las publicaciones de otra gente todo el tiempo. No tengo la necesidad de publicar lo que almorcé o si acabo de ir al baño (risas)".

-¿Gracias a dicha tecnología es que tenemos acceso a diferentes géneros de música, ha escuchado reggaetón?

"Sí, cualquier género que esté bien hecho me gusta, siempre y cuando tenga una buena melodía y buenas letras. Cuando es solo relleno porque un artista o una compañía de discos necesita facturar, es solo una pérdida de tiempo".

CONGRESO: "Somos una banda mestiza porque tomamos influencias de todos lados"

Hernán Carrasco C.
Vidactual
El Mercurio

La histórica banda nacional cumple este año medio siglo desde su creación y para ello preparan una extensa celebración que los verá tocando tanto en Chile como en el extranjero. Será el corolario perfecto para una de las agrupaciones más importantes en la historia de la música chilena y un emotivo repaso a una carrera repleta de imborrables momentos.



Es miércoles por la tarde en Providencia. En una casa que a primera vista parece ser solo eso, se encuentra la sala de ensayo de Congreso, histórica banda nacional formada en Quilpué en el ya lejano 1969. Con diecisiete discos de estudio a su haber, exitosas giras internacionales y un arsenal de premios en sus estantes, el grupo liderado por Sergio "Tilo" González y Francisco Sazo, tiene razones de sobra para celebrarse a sí mismo este 2019, cuando cumplan cincuenta años desde su formación. "Creo que lo más interesante de la celebración será que queremos tocar cincuenta veces y hacerlo prácticamente en todas las grandes ciudades de Chile. Llevar invitados y darnos algunos gustitos que, a esta edad, podemos hacerlos y nuestro público nos va a aplaudir igual", explica Sazo, cantante de Congreso, en una sala adyacente a la de donde sus compañeros están ensayando para estos futuros shows.

¿Cómo se sienten ahora, después de medio siglo tocando juntos? El vocalista lo explica. "Uno no se da cuenta de cómo pasa el tiempo. Ha sido muy lindo y también muy triste en algunos episodios. Es una aventura que maravilla porque te permite hacer las cosas que a ti te gustan y además rodeado de amigos. Yo creo que nadie de la banda imaginó que en el 2019 aún seguiríamos haciendo música".

El conjunto ha pasado por varios cambios en su alineación durante su existencia, pero la esencia no se ha perdido. Esencia es la palabra correcta, porque es imposible encasillar a Congreso dentro de un estilo musical. "Partimos haciendo cosas raras", dice riendo Sazo, y agrega que "en la juventud, uno es como una esponja que absorbe todo lo que lo rodea. Había de todo un poco, influencias de lo británico, pero con cosas de acá también. Creo que la gracia es que los hermanos González (Sergio, Fernando y Patricio, fundadores del grupo) siempre andaban en una eterna búsqueda de sonidos. Yo creo que somos una banda mestiza, porque tomamos influencias de todos lados".

Si bien en sus comienzos se apegaron más al rock, los sonidos latinoamericanos y de origen étnico siempre estuvieron en su ADN, llevando a que su música tuviera un sello muy particular.

Los años oscuros

Para una banda con tantos años de trayectoria es imposible que no haya habido momentos complicados en su historia, pero ninguno de ellos fue lo suficientemente fuerte para derribarlos. "El golpe de Estado sin duda que fue el momento más difícil en la historia de Congreso. Habíamos sacado un solo disco y fue una época muy complicada para nosotros. Siempre estuvo el riesgo de que desapareciéramos como grupo, más aún con el nombre que teníamos. Pero perseveró la actitud de mis compañeros y continuamos haciendo música en ese entonces", explica Sazo.

Con el cierre de espacios culturales y de medios para difundir su música a partir de 1973, a la banda le costó dar a conocer sus creaciones al público chileno. De hecho, su segundo disco de estudio, "Terra Incógnita", pasó casi inadvertido para la gente. "No había donde tocar en esa época y teníamos que ser cuidadosos con lo que decíamos. Habían espacios de difusión donde se prohibía, por ejemplo, el sonido de la quena, porque les recordaba a la Unidad Popular y por eso nuestra música no sonaba. Era un país muy oscuro en esa época", afirma el cantante. Muy cerca del retorno de la democracia, las cosas mejoraron para Congreso, y luego de un par de ajustes en su alineación, volvieron a su mejor forma. Así llegaron dos de los que son considerados como sus mejores discos: "Estoy que me muero" (1986) y "Para los arqueólogos del futuro" (1989).

Durante los años noventa, con una mejor difusión y con más presupuesto para crear nueva música, el grupo logró una mayor notoriedad que la que había tenido en los primeros diez años de carrera.

La agrupación ha vivido casi todas las etapas de la industria discográfica chilena y ha tenido que acostumbrarse a las nuevas formas que tiene la industria. "Nos ha costado, la verdad. Nosotros somos de la época análoga. Ahora está todo digitalizado y hay nuevos medios para mostrar tu música. Los jóvenes se manejan muy bien en eso. Ahora hay que subir los temas en vez de entregarlos por courier como se hacía antes. Creo, eso sí, que hay una democratización, ya no es necesario ir a comprar el disco porque lo puedes escuchar en tu teléfono. Han cambiado cosas, lo que antes era importante ahora ya no lo es, por ejemplo, llegar a la televisión. Antes eso era imprescindible para un artista. Ahora hay músicos que no pasan por ahí y son archiconocidos. Eso sí, a los músicos jóvenes les cuesta más conquistar ciertos espacios porque la atención de la gente dura muy poco", reflexiona Sazo.

Repasando el legado

Las celebraciones en las que se embarcará Congreso para celebrar sus cincuenta años comenzaron la semana pasada con una serie de conciertos en el Teatro Municipal de Las Condes, con tres shows que contaron con invitados de lujo y en donde realizaron un repaso por los mayores hitos de su trayectoria. Luego de eso, y con fechas aún por definir, realizarán una gira nacional y también una internacional, que los llevará por varias ciudades de América Latina y Europa. Una exposición pública que mostrará material histórico de la banda también está en los planes. Celebración que esperan suceda sin contratiempos de último minuto, como les ocurrió hace un par de años en una función doble que dieron en Santiago y que Sazo recuerda con alegría. "El primer show salió muy bien, pero media hora antes del segundo, se quemó la mesa de sonido. Tilo me dijo que tenía que salir a explicar eso, mientras instalaban una mesa que nos habíamos conseguido. Salí a hablar con la gente que ya estaba media enojada -sin micrófono habilitado porque nada funcionaba- y les expliqué que comenzaríamos un poco más tarde. Momentos después salió el Seba (Almarza) y tocó 'Nocturno' en el piano. La misma gente empezó a cantar por su cuenta y el enojo se les fue. Instalamos la mesa y tocamos. Pero en ese momento la vi negra", recuerda riendo el vocalista sobre esa anécdota, una de las tantas que han cosechado en el medio siglo que llevan haciendo música.

Leo Rey continúa su gira de verano

Comunicado de prensa

Luego de sus exitosas presentaciones en Santiago, regiones y el Arena Monticello, el cantante nacional seguirá visitando varias ciudades del país.

Con 15 años de trayectoria, que celebró con un gran concierto en el Teatro Coliseo, Leo Rey se ha convertido en uno de los máximos exponentes de la música tropical y uno de los cantantes más solicitados para realizar su show en festivales y conciertos de verano. Como parte de esta gira, es que ya se presentó en Santiago, Punta Arenas, Quepe, Arica, Lago Ranco y Arena Monticello, quedando aún varias fechas que lo tendrán recorriendo gran parte del territorio nacional.

De esta forma, durante febrero Leo Rey realizará su show en Machalí (8 de febrero), Dichato (9 de febrero), Laja (14 de febrero), Rengo (15 de febrero), Pelluhue (16 de febrero), Puerto Domínguez (17 de febrero), Camiña (22 de febrero), Curepto (23 de febrero) y Talca (24 de febrero), donde estará presentando lo mejor de su repertorio junto con los temas de su último disco “Sigue el ritmo, de la Nueva Ola”, donde tributa a este fenómeno de la música popular, en versión cumbia. 

Después de los éxitos radiales “Baila” y “Tu pecado”, el cantante tropical lanzó esta nueva producción con covers de la Nueva Ola, donde contó con la colaboración de grandes cantantes nacionales. Algunos de los temas que incluye el disco son “Tan sólo un chiquillo”, con José Alfredo Fuentes; “No toques esa canción”, con Germán Casas y “El llavero de mi corazón”, con Patricio del Solar, además de otros temas inéditos. Asimismo, en este álbum Leo Rey se aventura con gran destreza en la balada romántica con toques mexicanos en “Ojos de mala”.

“Quiero ser más que tu amigo”, “Solita sola” y “Que nadie se entere”, entre muchos otros temas, además de sus nuevos singles y parte de su último disco “Sigue el ritmo, de la Nueva Ola”, es lo que Leo Rey continuará interpretando durante su exitosa gira de verano.

Pedro Aznar y Manuel García presentan su primer single



viernes, febrero 01, 2019

Massonico estrena video grabado en México y agenda concierto en Sala SCD

Comunicado de prensa

El trío Massonico sigue sumando nuevos singles a su catálogo. A sólo un par de meses del estreno de “Lo que tú eres” ahora la banda comparte su nueva canción “Fuga”, la cual llega con un video que registra su gira por México. Ambos temas son parte del ep “Tres”, que tendrá su premiere en vivo el jueves 7 de marzo en la sala SCD de Bellavista y a contar del viernes 15 estará disponible en las plataformas de streaming.

Sobre la creación de “Fuga”, el vocalista y guitarrista de Massonico, Marcelo Santolín detalla: “el tema nació con un loop del riff inicial. Como que agarraba la guitarra y siempre arrancaba ese acorde que sonaba algo misterioso. Así luego se fueron agregando la batería, el bajo y algunos sintetizadores. A las canciones que vamos trabajando les ponemos nombres tentativos y luego los cambiamos en relación a lo letra o lo que queremos expresar, pero en esta ocasión empezó y terminó llamándose “Fuga”.

Acerca de la inspiración de “Fuga”, Santolín revela: “habla sobre un viaje o escape mental, eso de estar harto de algo y decir “me quiero ir de aquí, me quiero fugar”. Pero como el ser humano es contradictorio, también tiene ese deseo de que al final del viaje alguien lo esté esperando”. El tema fue grabado en Estudio Master por Barry Sage quien también registra trabajos para New Order, The Rolling Stones y Pet Shop Boys.

 “Fuga” cuenta con un video que incluye imágenes de la gira que Massonico realizó en mayo del año pasado a Ciudad de México para presentar su disco “Morir en el intento”. En él se muestra a la banda en medio de un recorrido por varios lugares históricos de la capital azteca como el Zócalo, las ruinas de Teotihuacán, el Metro, el Estadio Azteca y varias avenidas célebres. “Es un homenaje a esa ciudad que tan bien nos recibió”, sentencia el baterista Mauricio Valenzuela.

Marzo será un mes agitado para Massónico. El viernes 1 estrenarán una canción llamada “Perdonar”, el jueves 7 presentarán su nuevo material en la sala SCD de Bellavista y desde el viernes 15 el ep “Tres” estará disponible en las plataformas de streaming. La banda está compuesta por Marcelo Santolín (voz y guitarra), Héctor Garcés (bajo y coros) y Mauricio Valenzuela (batería) y a la fecha han lanzado el ep “Despertar” (2016) y el disco “Morir en el intento” (2018).

The Beatles anuncian nuevo proyecto documental dirigido por Peter Jackson

Comunicado de prensa

Apple Corps Ltd. Y WingNut Films Ltd. se enorgullecen en anunciar una nueva y excitante colaboración entre The Beatles y el aclamado Sir Peter Jackson.

Esta nueva película estará basada en alrededor de 55 horas de material inédito de The Beatles en el estudio de grabación, entre el 2 y el 31 de enero de 1969. Estas tomas de grabación son las de su disco ganador del Grammy Let it be. El álbum fue lanzado 18 meses luego, en mayo de 1970, varios meses después de que la banda se separara.

Jackson trabajará con su habitual grupo de colaboradores y el material será restaurado por Park Road Post of Wellington, Nueva Zelanda para alcanzar los más altos estándares visuales, como se hizo con el documental sobre la 1er Guerra mundial, WW1, ganador del premio BAFTA a mejor documental, también realizado por el equipo de Jackson.

El film, sin título hasta el momento, está en etapa de producción y su lanzamiento será anunciado a su debido curso.

La producción cuenta con la total cooperación de Sir Paul McCartney, Sir Ringo Starr, Yoko Ono Lennon y Olivia Harrison.

Continuando el lanzamiento de esta nueva película, una nueva versión restaurada de la original Let it be dirigida Michael Lindsay-Hogg, también estará disponible.

A pesar de que The Beatles fueron extensamente filmados durante los 60 (en recitales, entrevistas y películas) este es el único material que los muestra trabajando y creando en el estudio.

Por qué todos aman a Paloma Mami



Público de Frutillar evalúa los primeros días del festival lacustre

Vanessa Leal Soto Desde Frutillar
Cultura
El Mercurio

Lo más destacado ha sido el concierto inaugural de la FACh, el recital de piano de Vladimir Petrov y el concierto de la Orquesta de Cámara de Chile junto a la soprano chilena Alyson Rosales.



Las Semanas Musicales de Frutillar llevan una semana y el público ya tiene sus favoritos. Muchos vienen siempre, pero otros, como Clara Andrade, jubilada de 74 años, vuelven después de años de ausencia. "Hace 20 años que no venía y lo hice porque me encanta. El programa de este año me parece bastante bien, aunque las cosas modernas cuesta entenderlas", dice en referencia a la presentación del dúo estadounidense de Annie Chalex Boyle (violín) y David Palmer (piano) que abordó obras de los compositores Eugène Ysaÿe y Arvo Pärt, además de Beethoven.

"El concierto inaugural me gustó mucho, con el acompañamiento de los bailarines del Teatro del Lago", agrega sobre la presentación de la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea de Chile, bajo la batuta de Fabrizzio de Negri. Aunque para Tomás Jiménez -jubilado de 83 años que asiste al festival desde hace ocho años-, Tchaikovsky, a quien estaba consagrado el repertorio, "no suena bien con instrumentos de viento".

Un recital muy bien recibido fue el del ganador del último Concurso "José Jacinto Cuevas", el pianista ruso-mexicano Vladimir Petrov. "El programa de este año no me parece tan bueno, con excepción de Petrov. Y llama la atención que la FACh se esté repitiendo", señala Cecilia Razeto (75), jubilada que asiste al festival desde sus comienzos.

En los alrededores del teatro, a punto de tocar para los turistas y frutillarinos, Leandro Riquelme (19), estudiante de violoncello , resalta como novedad la incorporación de repertorio chileno a la programación. En tanto, Pablo Potthoff (21), estudiante de violín, opina que es "poco novedosa, porque siempre se abordan los mismos compositores". A su juicio, también "falta ópera en un teatro que tiene capacidad de mostrarla", aunque destaca el recital de clavecín de Léon Berben, de Países Bajos, del miércoles, "porque revivió la música antigua de compositores como Bach".

"Alguna gente está más familiarizada con la música del siglo XVIII. De todas maneras, creo que siempre es importante presentar lo conocido y desconocido", dijo Berben después del concierto.

Otros estilos y repertorios se echan en falta. Para Claudio Etcheverry (70), es la música clásica española; para el abogado Víctor Reyes (73), la música popular. Mientras que Roberto Silva, profesor de historia de 70 años, dice: "Me gustaría volver a ver presentaciones de noche, como las de Los Cuatro Cuartos".

Quizá los dos conciertos mejor evaluados hasta el momento sean los de la Orquesta de Cámara de Chile bajo la dirección del peruano David del Pino Klinge, el primero de los cuales estuvo acompañado por la soprano chilena Alyson Rosales, ganadora del Concurso "Dr. Luis Sigall" 2018.

"Alyson hace una interpretación extraordinaria, tanto en las coloraturas y agudos como en su expresión corporal. Y el maestro Del Pino le saca brillo a la Orquesta de Cámara", dice Magdalena Novoa, diseñadora de interiores de 72 años que asiste al festival desde hace 25 años. Y agrega: "Me gusta lo que pasa en Frutillar con la música. Uno termina enriqueciéndose".