domingo, octubre 02, 2016

Sonido recobrado: El gran órgano franciscano después de 15 años

El Mercurio

Con apenas $4 millones y medio contó el proyecto de restauración de uno de los más importantes instrumentos de este tipo construidos en Chile por el organero Orestes Carlini, hace cien años. El proyecto buscará nuevos recursos para completar su impostergable recuperación.  

IÑIGO DÍAZ 

"Lo peor que le puede pasar a un órgano es quedarse en silencio. Si nadie lo toca, se resiente. Sus válvulas se resecan, y cuando se vuelve a tocar se revientan", explica desde Estados Unidos el organero y organista chileno Luis González. "Esas válvulas que permiten el paso de aire a los tubos están fabricadas en cuero. Si tienes una chaqueta de cuero te durará toda tu vida, pero si la cuelgas por 20 años y te la vuelves a poner, se deshace", agrega el organista holandés Marnix Doorn.

Desde esta óptica, Doorn y González iniciaron el año pasado un proyecto de recuperación patrimonial y musical del gran órgano de la iglesia de San Francisco, una pieza fundamental entre todas las que el luthier italiano Orestes Carlini fabricó en su taller hace cien años.

"Carlini fue un maestro organero, que construyó 40 órganos, uno por año. Por el tipo de mecánica que se observa en el instrumento franciscano, corresponde al período 1900-1920", dice González. Otras versiones lo datan en 1909 y en 1914, pero más allá de la antigüedad que ostenta, se le ha considerado el más grande en cuanto a dimensiones, frente a los órganos Carlini de las iglesias de Santa Ana, San Lázaro o San Saturnino, en la Plaza Yungay, el primero que se conoció con la firma del italiano.

Tiene 2.127 tubos, algunos de hasta 5 metros de altura, además de dos teclados de 58 teclas y una pedalera de 56. Su mueble se impone con más de 5 metros de frente, fondo y alto: un armatoste que descansa en el coro de la iglesia roja de 1618, la más longeva de Chile.

Escasez de fondos

Hoy, el órgano de San Francisco ha recuperado su sonido, después de 15 años de total silencio, con la primera etapa de restauración llevada a cabo por el equipo de especialistas, entre los que son protagonistas Luis González y su hermano Patricio González. Vienen trabajando en el órgano desde 1985, y desde el año pasado se internaron en las entrañas del instrumento para conseguir el funcionamiento básico que le permitiera volver a escucharse. Lo lograron en mayo y reestrenaron el órgano con un gran concierto en la iglesia.

Sin embargo, los restauradores aseguran que se trata solo de un paso inicial. "Bajo la lógica de si nadie toca el órgano, nadie lo escucha; y si nadie los escucha, nadie se anima a ayudar", dice el holandés, en referencia a los escasos recursos que se consiguieron para la primera etapa del proyecto. Apenas $4 millones y medio para la tarea de devolverle el sonido, al restaurar el teclado principal y la pedalera. Por eso se programa allí una serie de conciertos mensuales gratuitos. El próximo será el 9 de octubre, a las 18:00 horas, con obras de Bach y Mozart, además de transcripciones de piezas para piano de Satie y Albinoni, interpretadas por el propio Doorn y el organista James Báez. "Así estamos diciendo lo importante que es para la comunidad este bello órgano", agrega el músico.

Según los cálculos, para la segunda etapa, que consiste en la restauración del instrumento, se requieren unos $23 millones, que el equipo deberá reunir pronto para iniciar las obras en 2017. La tercera etapa está lejana, pero consistirá en la incorporación de un cuerpo de tubos que nunca fueron instalados según el proyecto de John Moir en los años 70 (ver recuadro). "Si se quisiera reemplazar el órgano de San Francisco por uno nuevo, dadas sus dimensiones habría que pensar en medio millón de dólares para comprarlo, trasladarlo, internarlo, montarlo y afinarlo en su lugar de destino. Por eso es importante recuperar el que ya existe", cierra Luis González.


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