sábado, octubre 10, 2020

“La Violeta está en todas partes”


 El Mercurio


El Museo Violeta Parra cumple cinco años en medio de un eventual traslado al Centro de Extensión del Instituto Nacional, mientras se repara su edificio dañado durante el estallido. Cecilia García-Huidobro, su directora, dice que es esencial seguir difundiendo el legado de la autora chilena, y una de las novedades será la exhibición de una importante arpillera que acaban de adquirir.

Texto, Soledad Salgado S. Fotografías, gentileza Museo Violeta Parra.


El incendio del restorán vecino, la tarde anterior, fue el detonante. En la madrugada de ese día de noviembre, Cecilia García-Huidobro estaba en las puertas del museo que dirige liderando un complejo operativo: salvaguardar el legado de Violeta Parra y trasladar las obras y objetos a otra sede, lejos de los enfrentamientos en Vicuña Mackenna producto del estallido de octubre. “A las 06:00 hrs. teníamos todo organizado, conseguí un depósito, camionetas, e íbamos con la Milena, nieta de la Violeta, protegiendo esto, valiosísimo. Fueron kilómetros muy tensos”, recuerda la directora a casi un año del suceso.


El edificio, además de destrozos, sumó tres incendios. El último, a fines de febrero. Sin embargo, su estructura está intacta y a la espera de que la compañía de seguros evalúe los daños, tema postergado por el confinamiento. Cecilia García-Huidobro no imagina los costos, pero tiene claro que no será factible volver a asegurarlo, y que los trabajos tomarán un año o dos: “Hay un cronograma de largo plazo, hacer un proyecto que sea aprobado por el directorio, llamar a licitaciones para la reconstrucción, etc.”


No ha sido un año fácil, y a la contingencia se suman problemas internos de los que García-Huidobro prefiere no hablar. Su prioridad, dice, es la difusión de las obras, que no estén escondidas. Por eso, mientras los funcionarios trabajan de manera remota o en una oficina que les facilitó el CCPLM, se preparan para el eventual traslado al Centro de Extensión del Instituto Nacional, donde se exhibirá el legado de Violeta Parra mientras se repara el museo. “Hay que volver a compartirlo, y mostrar la arpillera nueva”, comenta. Se trata de “La Rebelión de los campesinos”, una de las más importantes de Violeta, presentada en el Louvre en 1964 y que después de estar 60 años en el sótano de un castillo francés regresó a Chile, gracias a la gestión conjunta de Ruth Valentini, viuda de Ángel Parra, y de Cecilia García-Huidobro, con la colaboración del Ministerio de Relaciones Exteriores. “La vamos a restaurar con una mínima intervención y posteriormente se va a exponer”, detalla.


La fuerte presencia en redes sociales y un variado programa digital –se lanzó también una nueva página web–, que incluye clases magistrales, talleres, visitas mediadas a asilos, colegios, centros penitenciarios y conciertos en alianza con otras instituciones, han contribuido a mantener activo el museo y el mundo cultural en general, así como vivo el lazo que han construido con el entorno. “Nuestra ‘Jardinera', que se convirtió en una plaza de 200 m{+2} con contenido museológico, era un espacio muy usado por la gente; venían de los edificios cercanos a dejar cosas para el reciclaje”, cuenta.


¿Involucrar a la comunidad tiene que ver con el alma popular de Violeta?


–Sí, claro. Pero también hay una reflexión sobre el rol actual de los museos. Deben resguardar el patrimonio, pero también atraer un público diverso, interactuar con las vanguardias y ofrecer nuevas experiencias, manteniendo su visión y misión. Sobre todo con una figura como la Violeta, que está en todas partes: en la música, la artesanía, en la calle, en el estallido, con un mensaje universal. La gente la siente propia.


¿Le preocupa la ubicación actual del museo?


–No tengo susto de que lo vuelvan a destruir, creo que está en un lugar histórico, simbólico. Soy optimista y pienso que volverá con fuerza y significado. Puede ser que más adelante el directorio considere un traslado definitivo, no lo sé, yo creo que está en el lugar indicado. Me gustaría hacer una jornada de pensamientos y futuros deseos en la explanada junto al edificio. Que la gente diga lo que tenga que decir; si para algo tiene que haber servido el estallido.


¿Piensan dejar rastros de él?


–Hemos pensado guardar algunos elementos encontrados entre los escombros, como una serie de mimbres quemados, e incorporarlos en una museografía futura.

No hay comentarios.: