domingo, junio 24, 2012

Juan Orrego-Salas vuelve a Chile para trabajar con jóvenes músicos

El Mercurio


El Premio Nacional de Música será compositor en residencia de la Youth Orchestra of the Americas y homenajeará a Jorge Peña Hen, en La Serena. Además, el martes lanza su libro "Testimonios y fantasías. Improvisaciones en mi computador".  

Romina de la Sotta Donoso

Tras cuatro años de ausencia, Juan Orrego-Salas (1919) volvió a Chile. El martes lanzará el libro "Testimonios y Fantasías. Improvisaciones en mi computador". Y el viernes viajará a La Serena, para trabajar quince días con los instrumentistas de la Youth Orchestra of the Americas (YOA), como compositor en residencia. Luego los acompañará a Santiago y Frutillar.

"Conversaré con ellos intensamente", dice, y adelanta que en La Serena rendirá homenaje al hombre que fundó la primera orquesta infantil del continente, y quien fuera asesinado por la Caravana de la Muerte: Jorge Peña Hen. "A Jorge lo llevó a La Serena el Presidente González Videla para que instalara un conservatorio, y después él concibió organizar una orquesta de niños. Era muy sencillo, muy generoso y muy idealista".

En su gira por el país, la YOA interpretará la "Obertura Festiva" de Orrego-Salas. "La compuse en 1947 para celebrar el nacimiento de mi hija Francisca. Y con ella quiero estar en esta visita, igual que con los nietos y bisnietos. Porque ya mis amigos se han ido moviendo para el otro mundo".

"Testimonios y Fantasías..." (270 páginas) es publicado por Ediciones Radio U. de Chile, la Facultad de Artes de la misma universidad, y Liberalia Ediciones. Se lanzará el martes, a las 19:00 horas, en la Sala Máster, cuando Vivian Lavín entreviste al Premio Nacional de Música 1992 en "Vuelan las Plumas".

"Este libro lo escribí de la siguiente manera: me sentaba en el computador y me acordaba, por ejemplo, de mi abuela y de las barras de hielo, y escribía un cuentito de eso", reconoce Orrego-Salas. La carne, recuerda en el libro, se mantenía con barras de hielo que "eran transportadas una vez a la semana por un muchacho fuerte y descalzo, a quien mi abuela compensaba con una propina que él siempre debe haber encontrado mezquina, a juzgar por la expresión de tristeza con que la contemplaba en la palma de su mano".

Y hay más: "En el curso de mi tardía niñez y adolescencia comencé a sentir que algo no estaba bien en el mundo en que vivía, puesto que mientras a mí me mantenían, veía a pordioseros en las calles, trabajadores que ganaban salarios insuficientes para mantener a sus familias".

-¿Ha sido difícil vivir en esta suerte de contradicción?
"Difícil no, porque eso soy yo. Mi vida ha transcurrido no sólo con el interés centrado en la música y los estudios de arquitectura. Los problemas sociales han sido muy importantes para mí".

En sus textos, Orrego-Salas describe sus encuentros imaginarios con figuras como Bach y Beethoven. Y al lado de esas fantasías está la política concreta: "Escuché en la televisión de Estados Unidos las palabras que pronunció Salvador Allende al anunciar la nacionalización del cobre en Chile (...). Le escribí una nota felicitándole".

-En el libro, aparece cierta cicatriz por no haber vivido en Chile...
"Siempre he estado comprometido con el pensamiento en Chile. He vivido más de la mitad de mi vida en Estados Unidos y sigo siendo chileno, porque si solicitara mi ciudadanía debería renunciar a mi ciudadanía chilena. Y yo eso no lo acepto".

El compositor también escribe que Domingo Santa María nunca emitió un juicio negativo de nadie, y habla de Carlos Botto ("su obra es reducida, pero trascendental y sugerente") y de Pedro Humberto Allende ("severo, indiferente y de pocas palabras"), entre muchos otros.

"La obra de Gustavo Becerra merece ser escuchada en profundidad y extensión como lo han sido en Iberoamérica las de Heitor Villa-Lobos, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas o Alberto Ginastera", confiesa. Describe a sus maestros Randall Thompson y Aaron Copland, y destaca la "bonhomía e inteligencia" de Elliot Carter, de quien es amigo hace 66 años.

También hay anécdotas: los consejos sobre calcetines que le pidió Igor Stravinsky en su visita a Chile, y lo que le dijo uno de los más famosos directores del siglo XX, con quien unos años más tarde pasearía por Viña del Mar: "I am sure you know I am Leonard Bernstein, but everybody calls me Lenny".

Confiesa, además, por qué renunció al Instituto de Extensión Musical de la U. de Chile, en 1958: el rector pospuso el nuevo reglamento que establecería el reemplazo, por concurso, de los puestos débiles de la Sinfónica de Chile. Tres años después, el compositor se instalaría en Estados Unidos, para siempre.

1 comentario:

David Eduardo Huerta Arias dijo...

Gran compositor chileno -no hace mucho he comenzado a escuchar parte de su obra y me ha sorprendido gratamente. Me parece que merece mucha más difusión en Chile, reeditar sus grabaciones pues no es fácil conseguir su música.
Saludos