domingo, julio 23, 2017

Palmenia Pizarro y Ensamble Musicactual. 22 Julio 2017


Desde que supe que iba a ocurrir este concierto quise darme el tiempo para poder darme una vuelta y finalmente fui.

La ocasión era un Concierto de Doña Palmenia Pizarro acompañada por Conjunto de Cámara dirigido y con arreglos de Sebastián Errázuriz, que iba a ocurrir en ese horrible adefesio arquitectónico de la Universidad San Sebastián entrando por calle Bellavista. 

By the way independiente de las actividades que ahí realicen ese edificio deberían echarlo abajo.

Volviendo a lo nuestro, el concierto comenzó casi puntual a las 19.00, en una sala llena, excelentemente habilitada, con capacidad para unas 500 personas si no me falla el cálculo. Partió la orquesta con un pequeño preludio que se unió a los primeros compases de Cariño Malo, momento en el cual hizo su presencia en el escenario Doña Palmenia Pizarro para  a interpretar el tema con la Orquesta.

Lo que vi en esa hora y media fue único. Cuando uno ve un concierto como este, uno se da cuenta que en ciertos caminos de la música si existen diversos idiomas musicales, diversas vías de la perfomance. Por un lado un músico popular, con una vasta carrera, que tiene flujos de interpretación propios, personales, y que se acompaña siempre por músicos que la conocen al revés y al derecho por los años que llevan juntos, y que saben leer, anticipar, adivinar, sentir, cada variación en los tempos, en cada rubbato, en cada acelerando que va a realizar y realiza, en las variaciones infinitas, en el sentimiento de agregar vueltas al final, en las pausas, y que finalmente se van plegando a la piel del músico y todo suena perfecto.

Por otro lado, es lo que vi en este concierto, están los músicos doctos que se apegan directamente a lo escrito en la partitura, a las directrices del director, a cierta rigidez en la interpretación, pero que no necesariamente llevan años tocando con un músico.

A que viene todo esto?, a que fueron varios los pasajes en el concierto en que los tiempos de la interpretación de la cantante y de la orquesta no fueron alineados, así era posible que Palmenia acelerara, o se tomara más tiempo en algunas frases, y la orquesta seguía por su camino a pesar de los esfuerzos del director de alinearse a las fuerzas interpretativas de Palmenia.

Pero no hay que dejar de reconocer que también hubieron varios pasajes del concierto en que los flujos interpretativos de Palmenia y de la Orquesta se aunaron, dando celestiales resultados. Ahí, uno podía percibir que los arreglos musicales estaban hechos con cariño, con respeto, en algunos casos tratando de emular el sonido de las Orquestas que acompañaban a los músicos en la década de 1950 o 1960 en las radios;  ya que para el director hubiera sido totalmente factible tomar un camino de arreglos difíciles, con enmarañados armonías y rítmicas, pero no, todo fue con respeto, con sincero homenaje a la cantante.

Mientras el concierto iba avanzando Doña Palmenia iba contando historias de cada una de las canciones con una memoria prodigiosa para recordar cada detalle, y esto también hacía que ella misma se fuera relajando mientras iba avanzando el concierto. Así por ejemplo, fue posible escuchar al final del concierto un bis de Cariño Malo brillante, si bien el concierto comenzó con este tema, el tema en su primera versión presentó los detalles de los tempos que comenté párrafos más arriba, pero ahora todo fue perfecto.

Tal vez si hubieran hecho una segunda función, todo hubiera salido perfecto; pero es claro que en muchos casos lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y este concierto, en donde se aunaron dos universos de la música chilena, bien valía la pena las casi 3 horas de viaje en total, en una muy buena presentación de Palmenia Pizarro junto a la Orquesta dirigida por Sebastián Errázuriz.

Espero que un evento como este se pueda volver a repetir, y que ideas como estas, de juntar estos universos, puedan ser eternamente posibles.

Víctor Tapia



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