jueves, abril 25, 2019

El legado de Víctor Alarcón

Jaime Donoso Arellano
Cultura
El Mercurio


Es sabido que el vasto mundo de las cantatas sacras de Bach es fuente inagotable para el conocimiento de su estilo. Por ello, el visionario proyecto del malogrado y querido director Víctor Alarcón de interpretar las más de 200 cantatas que se han conservado es una empresa gigantesca y necesaria. A Dios gracias puede comprobarse que la labor del colectivo Bach Santiago, legatarios naturales de Alarcón, permite avizorar la continuidad del proyecto con un alto nivel de calidad. Eso quedó demostrado el martes, en el Templo Mayor del Campus Oriente de la UC, en el marco del XVI Encuentro de Música Sacra del Instituto de Música de la universidad.

Se interpretaron 3 cantatas. Las dos primeras, Der Himmellacht! (¡Rían los cielos!), BWV 31, y Erfreuteuch, ihrHerzen (Alegraos, corazones), BWV 66, comparten la alegría de la Resurrección y resultó oportuno ejecutarlas justo en estas fechas. Ambas expresan el brillo uniendo los colores de trompetas, oboes, fagot, timbales y cuerdas a las voces de solistas y coro, en portentosos frescos contrapuntísticos de gran dificultad para todos los intérpretes.

Es loable que estas obras se ejecuten en los lugares adecuados de acuerdo a la intención litúrgica original; en el caso de la música sacra es preferible un templo antes que un teatro, pero un recinto con excesiva reverberación -como es el Templo Mayor- no contribuye a apreciar las delicadas filigranas de la textura. Eso fue evidente al inicio del concierto: la Cantata 31 comienza con una Sonata instrumental concebida casi como una fanfarria, y solo el pulso certero del director Felipe Ramos consiguió evitar un guirigay. La aparición de los recitativos y arias, al adelgazarse las texturas, despejó el aire enrarecido y permitió el lucimiento de los intérpretes.

Llama poderosamente la atención cómo en los últimos años se ha ido conformando una generación de cantantes jóvenes cuyo profesionalismo para la interpretación estilística de Bach era impensable en un pasado reciente. La soprano Vanessa Rojas, la contralto Cecilia Barrientos, el tenor Felipe Gutiérrez y los barítonos Nicolás Suazo y Cristián Moya fueron muestra palpable de esto y sortearon las dificultades (a veces, ingratas) con bellos timbres y expresiva elocuencia. El Coro, preparado por Javiera Lara; la orquesta, con David Núñez como concertino, y la sobria dirección de Felipe Ramos contribuyeron decisivamente a la excelencia del concierto.

Se concluyó brillantemente con la breve cantata Nunist das Heilund die Kraft (Han llegado la salvación y la fuerza), BWV 50, y el espíritu de Víctor Alarcón pareció sobrevolar y presidir esta celebración. Sin dudas estará tranquilo y orgulloso de escuchar a sus herederos.

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